Es verdad que Darwinius masillae no es el Eslabón Perdido (así, con mayúsculas) sino apenas un fósil importante (un eslabón faltante hasta entonces) donde no existían otros comparables. Es verdad que la maquinaria de la divulgación científica, que no escapa de la mediocridad y el sensacionalismo al que ya nos tienen acostumbrados los otros medios, convirtió indebidamente un esqueleto similar a un lémur en el ancestro perdido del hombre o algo así. Pero no pasa de eso.
Cuando ví que en Protestante Digital habían publicado un artículo titulado El falso marketing del eslabón perdido, sospeché enseguida que me encontraría con la típicamente tortuosa falsedad creacionista. No me equivoqué. Uno lo lee y no ve, es cierto, nada científicamente incorrecto; apenas una afirmación discutible de parte de un científico citado rigurosamente entre comillas. La falsedad la da el contexto: Protestante Digital es una agencia de noticias pero también un órgano propagandístico cristiano evangélico, y aunque no sale en las noticias diarias, escarbando apenas en el sitio uno encuentra artículos de Antonio Cruz, biólogo (me pregunto qué le habrá ocurrido después de lograr su título), con títulos como Teoría de la evolución: imaginación y dogma, ¿Dónde están las formas intermedias de la evolución? y Darwin ha muerto, Dios sigue vivo, tras lo cual no es posible engañarse con respecto a la deshonestidad científica del lugar. Y digo deshonestidad porque la teoría de la evolución no está en crisis, no tiene problemas ocultos, es aceptada por un porcentaje abrumador de los biólogos, y su supuesta alternativa, el diseño inteligente, no ha logrado producir una sola prueba positiva de su afirmación de que existe un Diseñador o Creador.
El fósil es una hembra joven, bautizada Ida; tiene 47 millones de años y se parece superficialmente a un lémur, pero no pertenece a esa rama evolutiva, sino a la de los haplorrinos, la que lleva a los monos y grandes simios actuales, incluyendo el hombre. Claramente parece apresurada la afirmación de que "El fósil no tiene ninguna implicación sobre el origen del hombre ni aporta nada nuevo, ni es ancestro de nada, ni va a cambiar absolutamente nada de lo que ya se sabe. No tiene ninguna relación con la línea humana", por parte de Salvador Moyá-Solá, director del Instituto Catalán de Paleontología.
Ciertamente no sabemos si Ida es nuestro ancestro (es perfectamente posible) o si pertenece a una rama lateral (luego extincta) de nuestra evolución. Sin embargo, esta desafortunada y tajante frase ha terminado citada por toda internet, incluyendo el artículo de Wikipedia sobre D. masillae. ¿De dónde salió originalmente? ¿Por qué no se repreguntó? Los periodistas generalmente saben muy poco de ciencia y nada sobre cómo chequear y confrontar datos; al periodismo actual le basta con repetir citas, si es posible excusando la falta de desarrollo mediante el recurso de notar que quien las profiere es un "experto reconocido mundialmente" en lo que sea.
Y si el experto tiene un título se puede decir que es un científico, y así tenemos a un tipo con supuesta autoridad, como el tal Antonio Cruz que escribe para Protestante Digital, diciendo burradas como que "en las últimas décadas, la ciencia ha cambiado su manera de entender el origen del universo, acercándose más a los planteamientos de la Biblia", cosa que ningún científico honesto puede decir y que sólo puede provenir de un iluso ignorante o de un sinvergüenza sin escrúpulos.
Éste es el enfoque opuesto al de los acomodacionistas, que buscan reconciliar a la ciencia con la religión. A diferencia de éstos (también ilusos o dishonestos o ambas cosas), los creacionistas cristianos son plenamente conscientes de la amenaza que la evolución representa para sus preciosos textos míticos y sus ridículas concepciones morales. Su táctica en respuesta es simple: distorsión, falsas implicaciones y muchas, muchas mentiras.