Dudo antes de escribir, porque esta noticia ya no es noticia, pero parece que hay que repetir lo conocido con la esperanza de que alguna vez el mensaje le llegue a algún desinformado. En la católica ACI tenemos un artículo publicitario de Courage Latino, organización en la cual se busca que la presión de los pares y las admoniciones de los curas logren que los homosexuales que se unen a ella repriman su orientación y actúen como lo único que los homosexuales pueden ser en la Iglesia: como eunucos.
Courage Latino (¿no les resulta desagradable ya desde el vamos el nombre made in USA e importado a la fuerza a la parte subdesarrollada de nuestro pobre continente con el expediente de ponerle latino al final?) es una respuesta de la Iglesia a la repercusión social que causan, cada vez más, las expresiones de odio y desprecio por las minorías sexuales de muchos de sus jerarcas. Parece decir, “¿ven que nos queremos ocupar de ustedes?”. Lamentablemente es imposible ocuparse de nadie si se parte de mentiras, como las que dice el coordinador del grupo, un mexicano llamado Guillermo Márquez que decidió “abandonar el estilo de vida homosexual”.
Entre otras cosas Márquez dice que las parejas homosexuales no pueden ser felices, que la vida del gay está llena de “inseguridad, miedo, insatisfacción, vacío profundo, enojo” y que la mayoría de los homosexuales son adictos al sexo, la pornografía, las drogas y el alcohol. No parece cruzársele por la cabeza que quizá ésa fue su experiencia, y la de otros que caen en la trampa de organizaciones como Courage Latino, porque además de homosexuales son creyentes de una religión que los condena y miembros de una cultura que los discrimina, los desprecia y los impulsa a la autonegación; una sociedad tan enferma como ellos creen estar.
El mensaje espiritual de Courage Latino aparece bastante claro en el gráfico que ilustra uno de sus retiros-taller: un hombre joven, con rostro sufriente, derrumbándose de cansancio y dolor en brazos de Jesús, que lo sujeta. En una mano el hombre lleva un martillo o mazo de madera; en la otra, un clavo. ¿Cómo puede no sentirse una basura el homosexual cristiano, cuando se le dice que ejercer su sexualidad es como clavar a Cristo en la cruz una y otra vez?
Pero el supuesto respaldo de la ciencia detrás de esta espiritualidad perversa no es mucho mejor. “La homosexualidad no es genética”, dice Márquez, con autoridad, a pesar de que esto es llanamente falso y además esconde otras incomprensiones. La homosexualidad no es 100% genética, pero sí es (según los estudios hechos hasta hoy) en buena parte de origen biológico, parcialmente genética, parcialmente ambiental, fijada en la niñez e inalterable. La ignorancia popular sobre el tema lleva a pensar que si no hay un “gen de X” entonces X es, o una enfermedad que se puede curar, o una actitud que se puede reeducar. En Courage Latino incluso disfrazan su mentira con la sigla pseudocientífica AMS (Atracción por el Mismo Sexo), comparable a las que designan trastornos médicos o psicológicos.
En otras oportunidades nos hemos ocupado de las mentiras católicas sobre la homosexualidad, como las afirmaciones de que los niños criados por padres homosexuales padecen traumas y tendencias suicidas, que la homosexualidad se relaciona con la pedofilia, o, como en este caso, que la homosexualidad es una enfermedad comparable a la disforia de género y que se puede curar. La mayoría de estas falsedades provienen de un pequeño grupo de usinas de pseudociencia alimentadas por teología católica o evangélica, que se citan entre sí y que no reciben atención alguna de los científicos serios. Aunque quizá deberían: los científicos y las autoridades están dejando, en nombre de la libertad de conciencia, que se trate a personas sanas como enfermas.