
Bien, como ejemplo de que la religión tiene poco sentido y demasiado poder, llega a mí la noticia de que en Italia los rastafaris podrán fumar marihuana libremente, ya que su sistema de creencias utiliza esta droga como ayuda para la oración y la meditación. Es decir, entendamos bien: si uno quiere fumarse un porro para divertirse, es una droga ilegal horrible que lo llevará al infierno de las drogas duras y lo transformará en un adicto, delincuente y mal ejemplo para los niños; pero si uno fuma porque el vuelo de la droga le permite creerse más cerca de un amigo imaginario llamado Jah, entonces está todo OK.
Las leyes y jurisprudencias de todos los países están llenas de ejemplos como éste, en que una prohibición se hace excepción porque algún libro viejo o tradición inmemorial, sin base alguna más que la supuesta respetabilidad de la fe, tienen más valor en nuestra cultura que cualquier argumento científico o que el sentido común. Y si no, miren qué poco problema se hacen los desaforados defensores de la galletita mágica...