La única forma de ser un ateo consecuente parece ser para Busso, practicar el perfil bajo y dejar el terreno libre para que la Iglesia haga su negocio sin obstáculos.
Durante la campaña de apostasía colectiva unos cuantos creyentes opuestos a la Iglesia e incluso algunos no creyentes planteaban que uno puede ser ateo sin hacer "escándalo", sin faltar el respeto a las creencias de los demás, sin protestar, supuestamente para no reforzar la imagen del ateo como un tipo amargado y resentido. Este sacerdote ahonda esa idea utilizando una división entre los ateos y los "antiteístas": unos simplemente están perdidos; los otros están furiosos por la pérdida. Entre ambos prefiere, obviamente, a los primeros, porque se quedan callados.
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