lunes, 13 de abril de 2009

Alerta 87: Apuesta de Pascal forever

Si Dios existe, el no creyente lo ha perdido todo, dijo Raniero Cantalamessa, monje capuchino y predicador oficial vaticano, el viernes pasado, día en que centenares de millones de católicos en todo el mundo conmemoraron la tortura y muerte de Jesús comiendo pescado o yéndose de vacaciones. Cantalamessa divagó en particular sobre la importancia del sufrimiento y sobre el mensaje de los autobuses ateos (aquellos del "Probablemente Dios no existe…").


El susodicho mensaje implicaba, no que "la fe es enemiga de la alegría", como Cantalamessa interpreta, sino que no debemos preocuparnos tomar en serio las amenazas de condenación infernal y eterna tortura que subyacen a las exhortaciones cristianas. El sistema moral cristiano se puede resumir en:
  1. Dios manda hacer ciertas cosas y no hacer otras.
  2. Dios castiga la desobediencia con la condenación.
  3. Por lo tanto, si uno no quiere sufrir por toda la eternidad, debe obedecer a Dios.
Visto así, es natural que ciertas personas vivan muy preocupadas por hacer lo que Dios manda. Esto suele ser bastante difícil de determinar, ya que cada secta y facción del cristianismo tiene opiniones distintas, las Escrituras son ambiguas, cuando no contradictorias, y los intermediarios nombrados por Dios no suelen predicar ni elocuentemente con las palabras ni convincentemente con el ejemplo. En ese sentido, advertir al creyente preocupado que Dios probablemente no existe y que no debe preocuparse tanto es una buena acción.

El predicador vaticano continúa divagando sobre el sentido del sufrimiento, diciendo una serie de cosas que en realidad no tienen sentido alguno y recurriendo al ejemplo de quienes han sufrido una desgracia o viven bajo una terrible injusticia: sin fe en Dios, ¿de qué manera van a "disfrutar de la vida" esas personas? "El ateísmo es un lujo que se pueden permitir sólo los privilegiados de la vida", declara. Y luego ataca la palabra "probablemente", buscando en ella una concesión que no es tal (la palabra fue colocada allí no por tibieza o para conformar a los agnósticos, sino para evitar la censura del organismo regulador de la publicidad).

Del fondo de toda esta perorata en la que el sacerdote se dirige a los "hermanos no creyentes" emerge la Apuesta de Pascal, uno de los argumentos apologéticos menos sofisticados y más trillados de la historia, que reduce a la fe a un simple "seguro de eternidad" y pretende confinar la variedad de la experiencia religiosa a una pregunta de sí/no. Tan tonta es esta "apuesta" que hasta Homero Simpson la refutó sin pensarlo mucho durante su breve roce con la herejía; para el creyente es una falta de respeto, sugiriendo que su fe está motivada por un análisis costo-beneficio, y para el no creyente es lisa y llanamente un insulto a la inteligencia. (Para completar, en cierto blog acabo de leer una breve explicación sobre por qué el que cree en un Dios inexistente sí pierde y mucho, al contrario de lo que pretende Pascal.)

Hay muchísimas personas que no requieren de la fe religiosa excepto como escape en situaciones límite, donde se busca significado y justificación a lo que no lo tiene. La mayoría de los creyentes, por otro lado, maneja diestramente la hipocresía y la compartimentalización para preservar y profesar su fe por un lado, y actuar el 90% del tiempo como si Dios no existiera; para subrayar y leer repetidamente las partes bellas de la Biblia y pasar por alto las desagradables y confusas; para ver la paja en el ojo ajeno y olvidar la viga en el suyo propio. El anuncio de los autobuses ateos no refleja la "pobreza de ideas" de los no creyentes, sino que es un ataque, y no el mejor, a uno solo de los muchos aspectos dañinos de una religión como el cristianismo, cuyo leitmotiv es un ciclo eterno de culpa, sufrimiento y sacrificio.