
El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, fue a hacer lobby de su doctrina ante los diputados, y luego dijo que esto "no es una discriminación para las personas que tienen una orientación sexual diferente", sino que su objetivo es "salvaguardar el bien de la familia, el bien del matrimonio, el bien de la sociedad".
Hasta donde sé, en El Salvador existe la institución del matrimonio civil, distinta de la del sacramento del mismo nombre. ¿Qué es lo que hay que salvaguardar? Los sacerdotes católicos tienen derecho a no casar por iglesia a los homosexuales. Es su coto privado, sus reglas: dentro del templo, su derecho a discriminar está a salvo. Pero fuera de este exclusivo (excluyente) club, ¿qué tiene que decir un obispo o quien sea sobre un contrato civil celebrado de mutuo consentimiento entre dos individuos adultos y responsables?
En resumen: ¿Qué tienen los católicos contra los homosexuales? (Nada, dirán, no somos homofóbicos, sólo creemos que es inmoral.) No les he visto este enfático ensañamiento contra nada comparable: ni contra los adúlteros, ni contra los abusadores de niños, ni contra los que explotan a los trabajadores, ni siquiera contra los dictadores. Y eso que, a diferencia de todas esas personas, los homosexuales no hacen daño a nadie por su condición. La homosexualidad no es contagiosa, tampoco.
La Biblia condena la homosexualidad (mal que les pese a ciertos homosexuales cristianos, que por alguna razón inexplicable quieren seguir viviendo dentro de una institución que los aborrece), pero la Biblia se puede "reinterpretar"; al fin y al cabo hay en ella todo tipo de cosas tan espantosas como ridículas que nadie cumple. No es ésa la razón.
La única conclusión a la que puedo llegar es que simplemente odian y temen lo que es diferente, rasgo muy común y hasta sensato desde el punto de vista evolutivo, pero peligroso y antisocial en este punto de la historia, además de objetivamente sin sentido. La homofobia tiene estos mismos puntos en común con la xenofobia y el racismo: se basa en el rechazo visceral o asco irracional hacia quien parece ser de alguna manera distinto de "nosotros", aun cuando no nos afecte en nada.
Lo que ocurre es que esta sensación subjetiva se ve justificada y apoyada por la mismísima "Palabra de Dios": aunque claramente no me hace ningún daño que dos hombres o dos mujeres se unan en matrimonio (o como se llame), si Dios dice que está mal, entonces está axiomáticamente mal, y si yo no estoy en contra, entonces estoy contra Dios. Es uno de esos casos en que la moral religiosa contradice los instintos morales superiores de la raza humana.
La elección debería ser clara, como es claro que está mal apedrear gente por adúltera o por blasfema (ambas cosas prescriptas por la Biblia, casualmente muy cerca de donde se condena a la misma pena a los sodomitas): cuando la religión manda rechazar a quienes no nos han hecho nada, hay que dejar de obedecer a la religión y abrazar una ética verdadera humana.