martes, 2 de junio de 2009

A102: Osel Hita, el "niño lama"


Osel Hita (foto: FPMT)
Antes de nacer en Granada (España), a su madre ya le habían hecho creer que él era la reencarnación de un lama budista muerto hacía unos meses. Al año y medio de vida, ella lo entregó para que se lo llevaran a Dharamsala (India), donde el Dalai Lama vive con su corte en el exilio desde que el Tibet fue invadido por China. Lo entronizaron y lo veneraron en un monasterio, hasta que a los 18 años Osel Hita Torres (el Lama Osel) decidió colgar sus túnicas y descubrió que le habían robado su niñez y su adolescencia.

Parece una historia de película pero es real. Y aunque no tiene todavía una conclusión, al menos esta parte del argumento apunta a un final feliz, o lo suficientemente abierto para dar lugar a la esperanza. Osel tiene ahora 24 años, vive en Madrid, estudia cine, y dice que está desorientado, que le falta madurar, que debe aprender muchas cosas que no pudo aprender antes porque nunca estuvo expuesto a ellas.

Para la Fundación para la Preservación de la Tradición Mahayana [sitio en inglés], Osel es la reencarnación del Lama Yeshe (su fundador) y todavía un lama, al que "le gusta ser conocido como Osel Hita Torres" (!). Hace unos años decían en su página, evidentemente desactualizada, que estaba "siguiendo un curso de Estudios Occidentales, en el cual le va muy bien" y que la FPMT respetaba "su pedido de privacidad mientras completa sus estudios en Europa", y luego mencionan una visita suya en 2006 a California en la que conversó con estudiantes. Al parecer, para la FPMT Osel no se ha alejado, sólo ha salido del monasterio de Sera a estudiar.

Pero la nota que Osel Hita dio al diario El Mundo (titulada "El niño lama se hace agnóstico" y publicada este domingo) sugiere otra cosa ("Me sacaron de mi familia y me metieron en una situación medieval en la que he sufrido muchísimo"), y en The Guardian ("Niño elegido por el Dalai Lama le da la espalda a orden budista") directamente se habla de la "consternación y hasta cierta vergüenza" que sienten los budistas tibetanos al ser abandonados por alguien en quien habían depositado tantas esperanzas: "Osel Hita Torres ahora viste pantalones anchos y usa el cabello largo, y es más probable que cite a Jimi Hendrix que a Buda".

Aquí no hablamos mucho de budismo por la sencilla razón de que en Argentina y en Latinoamérica es una religión absolutamente minoritaria y con influencia pública/política insignificante. No obstante, nótese que esta historia comienza con una familia española común (excepto en su profesión de budismo como religión) y no con campesinos tibetanos, indios o chinos. Y hay que tener en cuenta que algunas ideas del budismo, que es mucho más plástico que las religiones dogmáticas occidentales, suelen ser parte de la idiosincrasia New Age que tantos abrazan en nuestro tiempo, incluso los ateos, con la idea (equivocada) de que se trata de una religión "blanda", exenta de extremismos y fundamentalismos.

Se dice correctamente que el budismo es adogmático, ateo y sin jerarquía; pero este correcto budismo es también un ideal inexistente; en la realidad, cada una de las centenares de ramas del budismo mantiene posiciones inflexibles e ideas indemostrables sobre tal o cual tema, se veneran como a dioses o semidioses a diversas figuras, y el budismo tibetano en particular es de todo menos anárquico: de hecho es el cimiento religioso de una teocracia en el exilio, férreamente encabezada por el Dalai Lama. (Conviene recordar, cuando se habla de las violaciones a los derechos humanos perpetradas por China en el Tibet ocupado, que la situación anterior no era precisamente paradisíaca.)

Y Osel Hita Torres viene a mostrar un lado más concretamente siniestro del budismo: en nombre de una creencia en la reencarnación, se sacó a un bebé de su hogar y se lo colocó en un trono en un país extraño, metiéndole en la cabeza toda clase de ideas sobre su supuesta vida anterior y su propósito en la actual, y privándolo de una vida normal. Irónico, considerando la historia personal del mismísimo Siddharta Gautama, criado en medio de los privilegios y escudado del mundo exterior por aquellos que más decían amarlo...

[¡Gracias Alberto por alertarme de esta historia!]