domingo, 14 de junio de 2009

A107: Ritos ridículos

En España (o por lo menos en algunas de sus comunidades) es posible "bautizar por civil" a los niños, lo que oficialmente se conoce como "ceremonia civil de otorgamiento de carta de ciudadanía". Un concejal lee los Derechos del Niño y se declara ciudadano al bebé, y puede haber música, poesía y demás al gusto de los padres. Nada fuera de lo común. Pero a Mariano Rajoy, líder del derechista Partido Popular español, le cayó mal la noticia del primer "bautizo laico" efectuado en Madrid y lo calificó como "ridículo interplanetario".

Y es que a la Iglesia Católica, por largo tiempo poseedora del monopolio en esta cuestión de ritos, le molesta que existan alternativas, porque éstas ponen al descubierto el hecho de que cada vez menos personas son católicas por convicción. Si un funcionario político leyendo los Derechos del Niño es ridículo, mucho más ridículo es un bautismo cristiano para los padres que no creen en la nefasta doctrina del pecado original ni tienen la menor intención de educar a su hijo en los dogmas arbitrarios de la fe católica.

Las religiones, y especialmente el catolicismo como lo vivimos en Iberoamérica, tienden a integrarse en (y apoderarse de) los momentos más importantes de nuestras vidas. El cristianismo no deja al hombre en paz en ningún momento: desde que, desnudo y ensangrentado, sale de su madre, ya se lo decreta manchado por un pecado que no cometió (¡que fue cometido hace milenios por dos figuras mitológicas!); enseguida hay que efectuar un rito mágico, con agua "bendita" y rechazando a Satanás, para "salvarlo" de la condenación; después hay que convencerlo de que reafirme esas promesas que nunca hizo, y que acepte comer una oblea de pan que mágicamente ha sido transformada en el cuerpo de un tipo muerto hace dos milenios; cuando se acerca la muerte hay que llamar otra vez a un sacerdote para que unte aceite sobre el enfermo y haga otro poco de magia; y después se requiere nuevamente al sacerdote para sellar el tránsito a un supuesto otro mundo.

En España, tanto o más que en Argentina, la mayoría de los que se autodenominan "católicos" no cree en todas estas fábulas que sustentan la gran narrativa mitológica cristiana. En realidad, la mayoría ni siquiera las conoce, o las conoce de oídas, distorsionadas, como cuentos medio olvidados de la época en que fuimos enviados al catecismo. He asistido a unos cuantos bautismos y casamientos católicos, y siempre me han parecido vacíos, con forma pero sin contenido, llenos de hipocresía. En gran parte de los casos los motivan las (muy justificables) ganas de reunir a la familia en torno a un acontecimiento feliz, combinadas con una cierta presión social, pero nada más.

La Iglesia sabe perfectamente esto, pero pocas veces se la escucha elevar la voz diciendo, por ejemplo, "si no creen en lo que hacen, no se casen por iglesia". Las ceremonias de bautismo y casamiento son una parte importante de los ingresos de ciertas parroquias. ¿Qué sacerdote va a espantar a los feligreses que vienen a bautizar un hijo o a casarse, pidiéndoles seriamente que crean en lo que ellos mismos prometerán ante Dios?


[Gracias a Alberto por el enlace que inspiró este post.]