domingo, 7 de junio de 2009

A104: Ud. no tiene derecho a estar en pelotas

Visitando el blog del espantoso Muévete Chile, me topé con algo muy divertido. Un poco para agarrarnos la cabeza ante tanta estolidez y tanta represión mental, los invito a leer el artículo sobre el apoyo del gobierno chileno a las playas nudistas donde entre otras cosas se nos informa que "la impudicia es un mal moral", que no somos dueños de nuestro propio cuerpo, y que de alguna manera (que no tiene que ver con nuestras fantasías religiosas, ¿eh?) mostrarse desnudo ante otras personas que también están desnudas, con mutuo consentimiento y lejos de la vista de quienes puedan no estar de acuerdo, es sucio, malísimo, inmoral y lleva a la perdición para toda la sociedad.

Y digo divertido porque las contorsiones filosóficas necesarias para aprobar esta inmensa estupidez de que no tengo derecho a estar en pelotas son dignas de un artista circense. Más todavía porque se intenta hacerlo desde una especie de sentido común o consenso mínimo, sin recurrir (por alusión directa al menos) a la tradición cultural judeocristiana represiva y antisensual ni a la doctrina cristiana explícita, como la de San Pablo ("el cuerpo es templo del Espíritu Santo") que es la fuente oculta pero obvia de este argumento. A cambio se nos ofrecen una serie de non sequiturs por los cuales deberíamos llegar a la conclusión de que proteger nuestra propia intimidad es una obligación en vez de un derecho, y que exhibir el propio cuerpo es como convertir al individuo en una cosa, como un esclavo en el mercado (!?).

En nuestra sociedad nadie tiene "derecho a estar desnudo en público" sólo porque nuestra cultura le tiene pudor a la exhibición de ciertas partes del cuerpo, y por lo tanto se ha consagrado en la ley la idea (subjetiva) de que es inmoral exhibir esas partes, y de que existe un "derecho" común a no ver esas partes de los cuerpos de los demás en lugares públicos. Eso es todo, y no tiene más sentido que ése.

Aquí suelen sacarse a colación los niños ("¿Alguien quiere pensar en los niños?"), que se transforman en un escudo tras el cual los puritanos cobardes esconden su culpable temor a los genitales. ¿Alguien cree que los niños pueden resultar dañados por la visión del cuerpo humano desnudo? Los inconvenientes del caso los padecerían los adultos vergonzosos ante las preguntas (perfectamente normales, y perfectamente inocentes) de los niños.

Las raíces del pudor son en parte antropológicas, en parte biológicas, pero en cualquiera de los dos casos el pudor no es argumento para nada. La cultura cambia, y la biología pura y dura ya no rige nuestra sociedad. ¿Por qué será que algunos no pueden dejar en paz a los demás cuando es obvio que no hacen nada malo?