El Pew Forum on Religion and Public Life auspició recientemente un debate sobre la supuesta preocupación de ciertos creyentes y líderes religiosos acerca de la aceptación y protección legal de las uniones entre personas del mismo sexo, en un contexto en que gran parte de la población adhiere a religiones que oficialmente rechazan esas uniones como inmorales y antinaturales. La preocupación se plantea así: si la homosexualidad se acepta como normal y si es legal que dos homosexuales se casen, ¿no es discriminatorio, según la ley, predicar que la homosexualidad es una abominación y que los matrimonios homosexuales van contra la ley de Dios? Y en ese caso, ¿no entrarán en efecto las leyes que castigan la discriminación?
Arriba, sin embargo, he escrito "supuesta" porque en realidad dudo que alguien albergue tal preocupación. En ninguna parte del mundo civilizado existen leyes que prohíban la propalación de doctrinas religiosas discriminatorias, siempre y cuando no se llame en ellas a la violencia, e incluso ante esos casos se suele hacer la vista gorda. La libertad religiosa, como forma de las libertades de expresión, pensamiento y asociación, no se discute, y es difícil que eso pueda cambiar en un lapso previsible. La "preocupación" de los líderes religiosos es un espantapájaros sacado a la luz para instalar el tema en las congregaciones y los medios. La escena del pastor bajado del púlpito y arrestado por dar un sermón contra la homosexualidad es irreal.
Supongamos que una ley antidiscriminatoria demasiado restrictiva terminara por producir este resultado. ¿Cuánto duraría esa ley antes de ser anulada como anticonstitucional? ¿Entonces? Fuera de esa posiblidad está algo más concreto:
También está la preocupación por las instituciones religiosas, como hospitales y universidades, que temen verse obligadas a proporcionar los mismos beneficios a las parejas del mismo sexo que actualmente proporcionan a los esposos heterosexuales.En otras palabras, lo que realmente preocupa a los líderes religiosos ahora es el "derecho de admisión" y la posibilidad de tener que compartir espacios con personas diferentes a ellos. Y en el fondo hay un odio profundo y totalmente irracional, el odio de quien necesita un enemigo, un Otro anormal y repulsivo, alguien menos humano, para sentirse seguro en su posición. El temor expresado por estas personas es sencillamente el temor a tener que tratar como iguales a personas que ellos consideran (sin justificación alguna) inferiores e indignas.
La única salida viable para estos intolerantes es el recurso a la tantas veces manoseada y abusada objeción de conciencia, pero las autoridades judiciales ya no caen tan fácil en eso. Algunos casos preocupantes para los homófobos:
- La comisión de derechos civiles de Nuevo México obligó a una fotógrafa cristiana a pagar 6.637 dólares en costas judiciales tras negarse a fotografiar la ceremonia de compromiso de una pareja homosexual.Si yo decido agasajar a mis amigos con una gran parrillada, y contrato a un fotógrafo para que tome fotos del banquete, ¿tiene el fotógrafo (ya contratado y pagado por adelantado) derecho a negarse alegando que es vegetariano? Si yo soy blanco y mi esposa es negra, ¿tiene derecho mi psicólogo a negarse a hablar de mi matrimonio porque considera antinaturales las relaciones interraciales?
- Una psicóloga fue despedida en Georgia al negarse, por motivos religiosos, a dar consejo a una lesbiana sobre su relación.
En algunos casos la situación no es tan clara; tal es el caso de la asociación de estudiantes cristianos a la que se le negó reconocimiento oficial "por rechazar a miembros que practicasen el sexo fuera del matrimonio tradicional", aunque aquí seguramente tenga algo que ver el principio de separación de iglesia y estado que rige en Estados Unidos, por el cual (si mal no recuerdo, y entre muchos otros corolarios) se ha establecido que un grupo religioso sólo puede recibir reconocimiento en una institución estatal si la admisión es libre (sin filtro por religión, como en el estado).
Hace tiempo que vengo llamando la atención sobre la tendencia de las grandes religiones a enfocar toda su prédica contra asuntos políticamente cargados pero de escasa importancia global. El matrimonio homosexual es uno de esos asuntos: no debería molestar a nadie y podría reducirse a cambiar un par de palabras aquí y allá en las leyes, pero se lo plantea como una amenaza a la familia, a la libertad religiosa, y hasta a la supervivencia de la raza humana (!). Ésas son las consecuencias de convertir los prejuicios personales en religión.