domingo, 13 de diciembre de 2009

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo pero no se atrevía a preguntarle a su sacerdote (A159)

No es ya noticia pero vale al menos para algunas sonrisas (o para rascarse la cabeza de pura perplejidad): un manual sobre sexo para católicos, que los medios, con gran injusticia para la gran obra clásica india, han dado en llamar “el Kamasutra católico”, cuyo autor es Ksawery Knotz, un cura franciscano capuchino polaco.

El libro parece ser todo un ejemplo de lo que representa el sexo para las parejas devotas. Desde la contratapa el autor se ve obligado a advertir que “no hay nada malo en una buena vida sexual”, aunque la definición de lo que constituye una buena vida, sexual o no, es bastante discutible. Para la Iglesia todo sexo es pecaminoso excepto si lo realizan dos personas de diferente sexo, casadas por iglesia, y pensando únicamente en hacer un bebé. Es sexo simplificado, de libro de biología, o como el sexo de las tomas eléctricas: el elemento macho se inserta en el elemento hembra, como Dios lo quiso y lo diseñó, y eso debe ser todo (aunque hay espacio para castas caricias y cartitas de amor durante la abstinencia que los esposos deben guardar si no desean concebir un hijo).

Además de todas estas doctrinas represivas que todos los católicos conocen y que casi ninguno cumple, hay una mención de la fertilización artificial que llama la atención por lo acientífica, por lo sentimentaloide, por lo superficial y estúpida:
“El método in Vitro permite la concepción de un niño fuera del cuerpo humano, convirtiendo el misterio de la vida en un simple proceso de producción”.
¿Cuál es el misterio de la vida? El embrión (que no es “un niño”) es concebido cuando un espermatozoide fecunda un óvulo. Esto puede ocurrir o no, fuera o dentro del cuerpo femenino, según un montón de factores físico-químicos que no son en absoluto misteriosos, aunque no sean fáciles de discernir o de predecir. Este curita es un tonto, pero además es un bruto, porque está diciendo que las personas que nacieron a partir de la fertilización in vitro son meros productos, y sus padres, simples imitadores baratos de Dios —mientras que esa minoría importante de personas que nacieron sin ser deseados, porque sus padres no tenían idea de cómo protegerse o se olvidaron de tomar las precauciones necesarias, son verdaderos regalos de Dios.

El misterio de la vida es algo mucho más profundo que no saber si algún espermatozoide alcanzó al óvulo y ponerse a imaginar que Dios está decidiendo si sacar de la galera un alma nueva o no.