miércoles, 23 de diciembre de 2009

Matrimonio homosexual en México DF (A161)

El pasado lunes 21, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de México aprobó una ley que permite el matrimonio entre parejas sin importar su sexo. Como corresponde, además, estas parejas tendrán el derecho a adoptar niños (punto al que algunos legisladores se opusieron en el caso de las parejas homosexuales, aparentemente sin darse cuenta de que eso equivaldría a sancionar una diferencia entre matrimonios de primera y de segunda clase). Las primeras bodas de parejas homosexuales podrían celebrarse en febrero, pasados los 45 días necesarios para que la norma entre en vigor.

Enseguida, claro, se escucharon las voces del pasado con los argumentos de siempre. De poco sirve repetirlos, pero quizá venga al caso sólo porque todavía hay quienes no tienen en claro que la Iglesia Católica odia a los homosexuales, como odia toda sexualidad que no entre en su angostísima visión moral.
Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiocesis de México afirmó que esta ley es inmoral porque el matrimonio sólo se da entre un hombre y una mujer, por lo tanto, la iglesia católica condena esta propuesta, aunque aclaró que "no condena a las personas, sino a los actos homosexuales y la propuesta del matrimonio entre el mismo sexo", expuso.
El Cardenal Norberto Rivera Carrera, dijo luego también que esta decisión “llevará la sociedad a la ruina”, aunque no se explica cómo, ya que según él mismo “las uniones entre individuos del mismo sexo no tienen futuro” porque pocos homosexuales desean casarse. ¿Cómo es que algo minoritario y sin futuro va a destruir la sociedad?

En fin, más que “argumentos” debería haber escrito “letanías”, porque esto no es más que repetición. Sr. Valdemar, señor arzobispo y demás: el matrimonio, desde ahora en México DF, es para parejas sin importar si se trata de dos hombres, dos mujeres, o (como en la mayoría de los casos, cosa que no va a cambiar) un hombre y una mujer. El gobierno del DF no necesita ni ha requerido autorización de ningún funcionario dependiente de una teocracia extranjera para redifinir una institución como el matrimonio.

Y no insista con lo de la condena al pecado y el amor al pecador, porque nadie le cree. Si la Iglesia amara a los homosexuales, el Vaticano hubiera apoyado la iniciativa de la ONU para pedir a todos los países que despenalicen la homosexualidad (castigada con multas, prisión y muerte según los lugares), y los grupos ultracatólicos no trabajarían constantemente para quitarle derechos a las parejas homosexuales, prohibirles formalizar su unión, y preservar el derecho de los fanáticos homofóbicos para discriminar y vilipendiar a los homosexuales. Asuman su asco, su odio, su temor, y dejen de fingir que les interesa ser parte de las sociedades modernas y progresistas que a pesar de ustedes hemos sabido construir.