miércoles, 7 de abril de 2010

Congreso de Ateísmo, día 1, parte 1

Alberto de la Torre
La jornada inicial del II Congreso Nacional de Ateísmo fue el viernes 2 de abril. Esa mañana llegamos a Mar del Plata después de 9 horas de viaje nocturno desde Rosario y fuimos recibidos por Pedro y Ana María, que nos llevaron a su casa y nos dieron un rico desayuno. Salimos a dar una vuelta y después fuimos al Teatro Diagonal, donde nos habían pedido que estuviéramos a eso de las 13 hs. para no demorar el Congreso.

En la presentación habló primero Alberto de la Torre, vicepresidente de Ateos Mar del Plata, que organizaba el evento. Nos contó de cómo se había fundado, de cuáles eran sus objetivos, y del disenso que a veces encontraban entre ellos y que consideraban parte inevitable y necesaria de un movimiento como éste.

Después habló Fernando Lozada, presidente de AMDP, presentando propiamente el tema del Congreso, la libertad. El tema, dijo, fue elegido porque en 2010 se cumplen doscientos años de la emancipación argentina del dominio colonial español, y sin embargo todavía no estamos realmente emancipados: Argentina arrastra rémoras dogmáticas y a los ciudadanos nos falta debatir y aplicar el pensamiento crítico a todos los ámbitos, incluyendo la política.



En tercer lugar habló brevemente el director de la Escuela de Enseñanza Media Nº 19 de Mar del Plata, cuyo fundador fue un activista anarquista, y que fue elegida como destino para las donaciones recibidas durante el Congreso (una abanderada y sus escoltas, de corta edad, estaban paradas algo incómodas en un extremo del escenario, frente al teatro lleno).

Fernando Lozada abrió formalmente las ponencias hablando de ateísmo adogmático, con el subtítulo “¿Cómo evitar que la religión sea el opio de los ateos”, que me pareció genial. Fernando expuso con claridad algo que debería ser una obviedad pero que para un número sorprendente de personas (ateos y creyentes) no lo es: que el ateísmo no es una religión, que es sólo un punto de partida, y que cada ateo debería construir su sistema de creencias (ética, moral) personal, prescindiendo no sólo de dioses y religiones sino de todo tipo de dogma o superstición. El “Olimpo contemporáneo”, como lo llamó, incluye tanto a la New Age como a los postulados de la economía, además de muchos dogmas atávicos. La tolerancia, palabra algo devaluada y muy denostada, es un término útil para designar el respeto a las personas: no el respeto a las ideas, que no merecen más reconocimiento que el que puedan ganarse por sus méritos.

En la visión adogmática y constructiva del ateísmo, no cabe el viejo slogan “Conócete a ti mismo”, que tanto proponen hoy los gurúes de autoayuda, y que presupone un ser íntimo esencial y preexistente; el lema debería ser más bien “Constrúyete a ti mismo”.

En el apartado “La experiencia atea” Fernando notó que de ninguna manera los ateos estamos exentos de experiencias que los creyentes llaman religiosas o místicas. Yo diría así: somos todos seres humanos, con las mismas potencialidades a nivel corporal y mental, y por lo tanto no debemos cometer el error de pensar que los creyentes están locos o alucinados; en todo caso, nuestras percepciones son motivadas por experiencias similares, más aptas para nuestra forma de pensar. (Recordemos que muchos creyentes le niegan al ateo la capacidad de tener una espiritualidad o de experimentar lo numinoso.)

Continúa mañana…