viernes, 14 de mayo de 2010

Cynthia Hotton, las creencias y los hechos (A187)

Cynthia Hotton
En algún momento entre ayer por la tarde y esta mañana la diputada nacional y cristiana evangélica fundamentalista Cynthia Hotton decidió que ya no quería ser mi amiga en Facebook, de manera que ya no podré ilustrar por ese medio a ella y a la feligresía que la acompaña y la cubre de bendiciones cada vez que pronuncia sus discursitos melosos sobre los niños “que necesitan un papá y una mamá”.

Ha sido una experiencia interesante. El muro de Hotton está abierto, de todas formas, así que podré seguir leyéndolo. En realidad, me sorprende que la amistad no se haya cortado antes, en vista de mis ocasionales pero filosas observaciones. Entiendo que la gota que rebalsó el vaso debe haber estado en esta conversación (hacer click para ver la imagen original):


En general Hotton no se mete mucho en su propio muro, y sus amigoscasi todos ellos evangélicos fundamentalistas— charlan entre sí. Pero después de la aparición de Hotton hablando contra el matrimonio homosexual en dos programas de televisión en esta última semana hubo en el muro una inundación de comentarios aprobatorios (y alguno crítico o irónico), y Hotton, halagada, se puso a leerlos uno por uno. Como se ve, al final de la conversación donde intervine, dejó una frase de cierre definitiva, y que dice mucho de ella:
no trates de convencernos, estamos muy seguros de lo q creemos
Hay unos cuantos temas sobre los cuales yo podría decir lo mismo, y cualquiera de mis lectores también, creo. Pero si uno lee con cuidado, queda claro que no se trata de convencer. Hotton y sus seguidores piensan en términos de creencias, y proyectan esa manera de pensar hacia todos. Convencer es usar la retórica y un cierto grado de influencia emocional para que el otro cambie de idea o —así lo entiende Hotton— descarte sus creencias.

Yo, por ejemplo, creo que debe existir un consenso, y respetarse como cosa casi sagrada, sobre los derechos humanos. No tengo argumentos objetivos que respalden la idea de que todos los seres humanos debemos ser iguales ante la ley; es una creencia mía, una de ésas de las que le diría a cualquiera “no trates de convencerme, porque estoy muy seguro de lo que creo”. Si quisiera que otro pensara como yo, tendría que buscar convencerlo. Podría usar argumentos racionales de toda clase pero en último término sería cuestión de cambiar creencias.

Por otra parte, yo creo que los homosexuales deben tener derecho a casarse y adoptar hijos, pero lo creo porque que los argumentos en contra basados en supuestos daños a la personalidad y desarrollo de los niños han sido desmentidos por la ciencia. Si alguien intenta hacerme cambiar de idea, lo que tiene que hacer es mostrarme evidencia científica, no convencerme. No es cuestión de creencias o de convencimiento si los homosexuales pueden o no criar niños sanos; es cuestión de hechos.

Ante el destino incierto del asunto de la adopción por parte de parejas gay, Hotton está promoviendo que se realice un plebiscito o consulta popular vinculante para que la población se exprese. Esta noción apela a la instintiva y bastante estúpida idea, común en nuestra Argentina progresista-sólo-en-teoría, de que “cuanto más democrático, mejor”, y encuentra adherentes incluso entre algunos progresistas verdaderos que apoyan personalmente el derecho a la adopción, pero no están seguros de que la sociedad esté lista para ello, o bien creen ingenuamente que la mayoría de los votantes esté a favor.

La realidad es que probablemente no es así, ya que muchos prejuicios y temores irracionales permanecen; pero en todo caso, y como ya dije incontables veces, los derechos civiles no se plebiscitan. Un derecho se reconoce o se niega, pero no se somete al capricho de las mayorías. El caso de la adopción por parte de parejas homosexuales es uno de ésos en que la ley debe ir por delante del consenso social.