jueves, 3 de junio de 2010

Matrimonio homosexual en el Senado argentino (A192)

El proyecto de ley de matrimonio homosexual está siendo debatido en comisiones en el Senado argentino. Sin sorpresas: los activistas anti-derechos de las iglesias evangélicas (aunque no todas) y los líderes católicos, cada uno por su lado, han redoblado sus manifestaciones en contra. Los senadores parecen, al menos, estar dispuestos a escuchar y debatir, lo cual es mucho.

Los evangélicos fundamentalistas agrupados en ACIERA y FECEP, que se caracterizan por su fervor pueril y por una ignorancia supina de las complejidades de la sexualidad humana, del derecho y de la sociología, organizaron una gran concentración frente al Congreso el 31 de mayo pasado, trayendo a fieles militantes de templos de la provincia de Buenos Aires, bajo la consigna de defender el matrimonio entre un hombre y una mujer y el derecho de los niños a tener un papá y una mamá (es decir, defender una cosa que no está amenazada y otra cosa que no existe). Tanto éxito tuvieron que la noticia llegó a España, publicada por la nacionalcatólica cadena COPE (regenteada por el Episcopado), que dijo que habían sido cincuenta mil personas, aunque según el izquierdista Página/12 la cifra fue de entre mil y dos mil, y para el conservador La Nación, unas ocho mil. Nuestra vieja amiga la diputada Cynthia Hotton estuvo allí y dijo “Somos millones”, cosa que probablemente sea cierta en referencia a la homofobia (también hay millones de argentinos racistas, antisemitas o simplemente detestables; claro que la mayoría no se manifiesta públicamente para demostrarlo). Quienes tengan Facebook podrán ver algunas fotos de la movilización en el perfil de ACIERA y, si se hacen amigos, comentar en ellas.

Para no ser menos, el arzobispo de Resistencia, Fabriciano Sigampa, encabezó una manifestación de la muy improbable ONG ad hoc “Ciudadanos Chaqueños Autoconvocados”. Además de la cháchara mentirosa biensonante sobre la vida y la familia, explicó que no es discriminatorio rechazar las uniones homosexuales porque “no se ha visto que un toro se una a otro toro; el toro se une a la vaca”. (Ésta es la gente que luego no acepta que el ser humano es un animal y se opone a la educación sexual moderna porque dice que reduce todo a la genitalidad.) Por alguna razón, posiblemente porque no conseguía suficiente número, Sigampa compartió el liderazgo con algunos pastores evangélicos y llevó a la diputada provincial Clelia Ávila, quien dijo que los homosexuales tienen “el derecho que la naturaleza les ha dado”, barrabasada que debe haber hecho revolver en sus tumbas a todos los difuntos profesores y académicos de Derecho del país. Ávila también se encargó de hacer llegar un petitorio al Congreso Nacional expresando su oposición al proyecto y pidiendo que se discuta en las provincias.

No es probable que sea coincidencia que Chaco, gobernada por el genuflexo Jorge Capitanich, sea la primera provincia donde se celebrarán audiencias públicas. A falta de otras razones, algunos han venido argumentando que el derecho al matrimonio es una inquietud de los homosexuales militantes, progres y sofisticados de Buenos Aires, y no un reclamo nacional, federal, que amerite una modificación del Código Civil (en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya hay unión civil). El reclamo de federalismo está políticamente en el aire desde hace un tiempo, y los porteños tienen una merecida fama de ignorar lo que ocurre en el “país profundo”, lo cual alimenta esta clase de maniobras. Lo cierto es que incluso en la sociedad conservadora y católica de las provincias hay homosexuales y parejas homosexuales (y ateos, y creyentes de religiones minoritarias, y otras aberraciones); lo que ocurre no es que no haya reclamos, sino que éstos son traumáticos y sumamente difíciles de visibilizar.

El sitio católico Notivida ha tenido que desmentir una nota publicada en Clarín por el muy leal Sergio Rubín que decía que la Iglesia favorecería la aprobación del proyecto de ley de unión civil a nivel nacional, como “mal menor” para evitar que se apruebe el de matrimonio. En su siguiente boletín, los de Notivida se dedicaron a denostar a los expositores de la segunda reunión de comisión en el Senado, entre los que estuvieron el actor Pepe Cibrián y la activista María Rachid, llamando al matrimonio entre homosexuales “homomonio”, recurso infantil que movería a risa si no fuera porque se trata de personas mayores (en otros sitios católicos más serios directamente se refieren al “putomonio”).

El futuro de este proyecto en el Senado no está claro. La batalla desde lo dialéctico, desde lo científico y hasta desde lo emocional está perdida para los fundamentalistas (esto último porque aunque muchos argentinos son homofóbicos, a muy pocos les importa realmente si los homosexuales se casan), pero la presión política y los prejuicios de un puñado de senadores pueden retrasar la resolución del tema. Estaremos viendo qué sucede.