miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cerdos y creyentes

“Según muchas autoridades de la Antigüedad, la actitud de los primeros semitas hacia el cerdo era tanto de veneración como de repugnancia. Comer carne de cerdo se consideraba algo especial, incluso un privilegio con ciertos rasgos rituales. (Esta demencial confusión de lo sagrado y lo profano puede encontrarse en todos los cultos y en todas las épocas.) La atracción y repulsión simultáneas procedían de una raíz antropomórfica: el aspecto del cerdo, su sabor, sus chillidos agónicos y su evidente inteligencia recordaban demasiado desagradablemente al ser humano. La porcofobia y la porcofilia se originaron tal vez en la noche de los tiempos de los sacrificios humanos e incluso del canibalismo, del que los textos «sagrados» suelen hacer algo más que una insinuación. Nada que sea optativo, desde la homosexualidad hasta el adulterio, se castiga jamás a menos que quienes lo prohiben (y exigen castigos furibundos) sientan un deseo reprimido de participar.” 
— Christopher Hitchens, Dios no es bueno, cap. 4, “Breve digresión sobre el cerdo, o por qué el cielo detesta el jamón”.

lunes, 31 de octubre de 2011

La inhumanidad básica de los pro-vida

Me vengo guardando hace un tiempo mi indignación para escribir sobre una nota que apareció hace bastante en InfoCatólica. La escribe un médico ginecólogo perteneciente a una organización contra los derechos reproductivos (“pro-vida”, que les dicen). En ella este profesional del cuidado de la salud afirma que las embarazadas no deberían realizarse el test prenatal para saber si están gestando un feto con síndrome de Down. Dado que en los países donde el aborto es legal y este test es de rutina ya casi no nacen niños con síndrome de Down porque los embarazos son interrumpidos en la mayoría de los casos, no hacerse el test “salva vidas”.

He escuchado mucha desinformación pseudocientífica, mucho argumento filosófico retorcido, mucha teología vacua y mucho discurso de culpabilización de parte de los “pro-vida”, incluso de gente que debería saber de qué está hablando, pero es la primera vez que soy testigo de un pedido activo —de parte de un médico, nada menos— de no informar al paciente, de bloquear el acceso a un dato médico importantísimo. Este médico español pide a las mujeres que se priven a sí mismas de información. No es difìcil imaginar que si estuviera en sus manos (y de hecho debe estarlo en su consulta particular), el test prenatal simplemente sería eliminado y esa ignorancia sería obligatoria en vez de electiva.

El asunto me puso a pensar en qué otras cosas pueden estar haciendo los ginecólogos y obstetras antiabortistas. Uno de los casos más claros donde hay peligro claro e inminente es el del embarazo ectópico, que ocurre cuando el embrión se implanta donde no debe, generalmente en una trompa de Falopio. Tal embarazo es sumamente peligroso para la madre y además es casi siempre inviable, por lo cual el dilema ni siquiera debería existir. Pero como la doctrina católica no permite el aborto sino sólo como consecuencia indirecta y no deseada de otra acción, el médico católico practicante debe pensar seriamente qué va a hacer: es decir, tiene que comportarse como si tuviera que decidir entre matar a un niño indefenso y dejar morir a su madre.

Hay varias formas de lidiar con un embarazo ectópico. Una posibilidad es utilizar una droga llamada metotrexato para inducir el aborto; es el procedimiento más seguro y menos invasivo, pero el médico católico no puede emplearlo. Otra posibilidad es la salpingostomía, que consiste en hacer una incisión en la trompa de Falopio para retirar el embrión implantado; no es factible en todos los casos pero es recomendable si la opción medicamentosa no está disponible. La salpingostomía tampoco es admisible para el católico, porque es un atentado directo contra el “niño indefenso”. La tercera posibilidad es la salpingectomía, que es la remoción quirúrgica de la trompa. Esto, claro está, mata al embrión, pero es permisible para el católico porque la muerte es consecuencia indirecta de un acto destinado a salvar la vida de la mujer. Esta vía de escape bastante hipócrita para la conciencia del médico, además de ser la opción más invasiva, tiene el desafortunado efecto secundario de esterilizar a la mujer en un 50%, dejándola con la mitad de sus óvulos disponibles (salvo que se empleen métodos artificiales para extraerlos y fecundarlos… métodos que la Iglesia también condena).

Llamamos humano o humanitario a lo que se hace en reconocimiento de la dignidad de los seres humanos, e inhumano a lo opuesto. Tratar a una bolita de células apenas diferenciadas como a un ser humano y a la vez tratar a un humano adulto como a un mero recipiente, haciendo al segundo sacrificable al bienestar del primero, es profundamente inhumano. Debería inquietarnos bastante cómo esta inhumanidad de raíz infecta la moral de algunos de aquellos en cuyas manos ponemos nuestra salud y nuestras vidas.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Podcast, ep. 15: Elecciones, la continuidad y el no-debate de temas importantes


En esta edición del podcast de Alerta Religión: pasadas las elecciones en Argentina y reelecta Cristina Fernández de Kirchner, un recuento de lo que el gobierno kirchnerista hizo y no hizo en temas de laicidad y religión, un repaso por las posturas partidarias, y la advertencia de Héctor Aguer (por una vez con razón) sobre los candidatos que rehúyen los temas conflictivos.

sábado, 22 de octubre de 2011

Feliz Día de Juan Pablo II

Hoy, 22 de octubre, es la fiesta del Beato Juan Pablo II. Se supone que el papa polaco, nombrado beato en mayo de 2011, debe servir como ejemplo para todo aquél que desee estar más cerca de Dios, aunque por ahora su uso principal ha sido azuzar la superstición y la necrofilia de las multitudes. Esto es bastante inofensivo, pero no deja de ser molesto cuando el venerable ídolo sale del ámbito de la secta católica devota e invade el espacio público a hombros de políticos sin nada mejor que hacer, generalmente, y con el mensaje implícito de que todos deberíamos ser como Juan Pablo II.

Juan Pablo II con el dictador argentino Leopoldo Galtieri.
Quizá dentro de algunos años, quizá incluso el año que viene, haya en el mundo unos cuantos niños católicos nombrados Juan Pablo (o Jean-Paul, Giovanni Paolo o João Paulo) por haber nacido en esta fecha. La costumbre de buscar el nombre del recién nacido en el santoral es antigua, pero debe conservarse en más de un lugar (de hecho, el Papa lo recomienda). Sin más, no hace demasiados años yo recibí de mis padres dos nombres famosamente bíblicos y sólo un cromosoma Y me salvó de ser nombrado como una advocación de la virgen… Tampoco faltarán, probalemente, niñas donde se esperaba un varón y que terminen llamadas Juana Paula (o Jeanne-Pauline, etc. —creo que ya me entienden) en honor a este papa que protegió a uno de los más desagradables y corruptos “hombres de Dios” que hayamos visto en tiempos recientes, su amigo Marcial Maciel, que alegremente abusaba de niños y procreaba hijos (de los que también abusaba luego) con mujeres aquí y allá mientras Juan Pablo pontificaba llamando inmorales a millones de adultos que practicaban el sexo con otros adultos, de pleno acuerdo mutuo y sin romper ningún voto sagrado, sólo porque lo hacían con una pareja del mismo sexo o porque utilizaban un medio anticonceptivo. Una persona enferma de entrometimiento en la vida ajena, que pasaba por ecuménico y abierto yendo a celebraciones interreligiosas mientras su teólogo en jefe, Joseph Ratzinger, escribía diciendo que los no católicos son deficientes ante Dios, y él mismo, Juan Pablo, declaraba en una conmemoración del Holocausto que sólo una ideología atea podía cometer un acto tan horrible. Un beato —que quiere decir bendito por Dios— que estrechó gustoso la mano ensangrentada de Augusto Pinochet y que premió a Carlos Menem, artífice de la peor crisis social y económica de la historia argentina, con una condecoración por haber defendido a los “niños por nacer”, mientras los niños verdaderos nacían a un país puesto de rodillas por una pobreza feroz.

Feliz día, sí, o mejor dicho, que sea un día provechoso: un día para recordar los orígenes de los ídolos y derribarlos.

jueves, 20 de octubre de 2011

Superstición de origen

(…) El comisario los miró [los libros] con temor, casi con repulsión. Luego, se echó a reír.
—Soy un pobre cristiano —repuso—. Llévese todos esos mamotretos, si quiere; no tengo tiempo que perder en supersticiones judías.
—Quizás este crimen pertenece a la historia de las supersticiones judías —murmuró Lönnrot.
—Como el cristanismo —se atrevió a completar el redactor de la Yidische Zaitung. Era miope, ateo y muy tímido.
— Jorge Luis Borges, La muerte y la brújula 

miércoles, 19 de octubre de 2011

Los teólogos

“Proscribiendo el uso de la inteligencia moderna para la vida moderna, la Iglesia se ha habilitado para continuar explicando los hechos del presente con la inteligencia del pasado, y pudiendo así acuñar verdad obligatoria para sus fieles, con errores, mentiras y absurdos, puede confeccionarles dogmas de fe sobre lo inexplicable, lo desconocido y lo incomprensible, sobre el pasado y el futuro de la existencia humana. De ahí que los teólogos se hayan distinguido siempre, como dice Buckle, por su profundo conocimiento sobre las cosas de que no se sabe nada.”

martes, 18 de octubre de 2011

Espiritualidad oriental

“Con el fin de establecer la paz eterna en el Asia oriental, despertando la magnánima benevolencia y compasión del budismo, a veces somos transigentes y a veces contundentes. Ahora no nos queda otra elección que ejercer la benévola contundencia de «matar a uno con el fin de que sobrevivan muchos» (issatsu tashō). Esto es algo que el budismo mahayana aprueba únicamente con la máxima seriedad.”

— Expresión de apoyo de los líderes budistas japoneses a la invasión a China y demás operaciones militares en el este asiático. Entre 1937 y 1945 el ejército japonés mató (según cálculos conservadores) a unas seis millones de personas, en su mayoría chinos étnicos, y esclavizó a muchas más o las usó para experimentos (vivisección, pruebas de armas biológicas, etc.). Citado por Christopher Hitchens en God Is Not Great.