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viernes, 14 de febrero de 2014

Abortofobia y zapatitos de bebé

«Un nuevo “delito” está a punto de ser inventado: la “abortofobia”», leo en un portal de noticias cuyo lema reza “Buscando la Verdad” (así con mayúsculas). La bajada del tremebundo titular se indigna: «Francia condena a un ciudadano de 84 años por dar un par de zapatitos de bebé a una mujer embarazada». El portal se llama Aleteia, es católico y la noticia me llega vía InfoCatólica. Ah, suspira el lector, eso explica todo.

Como los católicos mienten pero no inventan tanto (obispos defensores de pederastas aparte), trato de desentrañar qué hay de cierto. Resulta que un tal Xavier Dor, activista “pro-vida” que a sus 84 años no se ha cansado aún de joder la vida al prójimo, fue declarado culpable de interferir con la decisión de una mujer de interrumpir su embarazo. Dor irrumpió, según parece, en una clínica donde se practican abortos, donde nada tenía que hacer, para “ofrecer” sus ideas sobre el aborto (reforzadas con un par de zapatitos alusivos al ”bebé”, que probablemente no era más que un embrión del tamaño de una castaña de cajú) a quienes se encontraban esperando su turno. La ley que lo condenó castiga precisamente esta clase de presión psicológica sobre mujeres que con frecuencia se encuentran muy vulnerables a la presión en ese preciso momento. Roberta Sciamplicotti, la cronista, lo explica así:
El paladín de los derechos de los abortistas parece ser Francia, donde la ley Weil, de 1975, creó el “delito” de obstrucción del aborto”. Quien comete ese “delito”, el de obstaculizar el aborto, puede ser considerado un “abortofóbico”.
Naturalmente, la última frase es de su cosecha, al igual que las comillas en torno a la palabra “delito”. Lo que la ley penaliza es delito, sin comillas.
Una nueva medida legal propuesta en Francia, contraria a quien está contra el aborto, incluye dos artículos de extraordinaria gravedad: el primero altera la ley actual, que ya permite el aborto para las mujeres “en situación de dificultad”. (…) Aún así, el texto será alterado y la nueva ley dirá que el aborto está permitido para las mujeres “que no desean llevar a cabo el embarazo a término”. (…)

La segunda alteración en la legislación francesa prohíbe obstaculizar el aborto no sólo físicamente, lo que ya estaba en vigor, sino también psicológicamente. La lectura de los trabajos preparatorios revela que la intención del legislador es prohibir que en los hospitales las mujeres sean informadas sobre las alternativas al aborto; prohibir, también, que los voluntarios de los centros de apoyo a la vida circulen por los hospitales; y prohibir, incluso, aun fuera o en la proximidades de los hospitales que haya protestas o divulgación de informaciones pro-vida a las mujeres.
Es seguro que la ley no propone “prohibir que en los hospitales las mujeres sean informadas sobre las alternativas al aborto”. La única alternativa al aborto es el curso natural de la gestación y eventualmente el parto, y las mujeres ya la conocen.

Es debatible si en un estado de derecho se puede prohibir la protesta o la divulgación de “informaciones” (pasemos por alto la exactitud de esa información y el interés detrás de su divulgación) en torno a determinados lugares, sin infringir inadmisiblemente las libertades ciudadanas. Mucho menos debatible es que en el interior de un hospital se prohíba la circulación de personas dedicadas a convencer a las pacientes de que la labor del hospital es inmoral y criminal, proclamando que la intervención que la paciente desea realizarse tiene efectos secundarios terribles o buscando que renuncien a ella con promesas de asistencia material (para dar un ejemplo). Si las “informaciones” que los “pro-vida” reparten en sus giras por hospitales y en sus protestas callejeras es la misma que circula en sus sitios web y en sus materiales para consumo interno, uno debe preguntarse si el legislador no debería ser incluso más duro en la prohibición.

¿Y quién es Xavier Dor, el pobre anciano multado por dar un simple par de zapatitos a una mujer que quería asesinar a su bebé? Dice la Wikipedia en francés que Xavier Dor es uno de los iniciadores de los “comandos anti-aborto” y que al mando de su organización SOS Touts-Petits solía irrumpir, hace años, en hospitales y clínicas (incluyendo áreas restringidas de los mismos), para montar un espectáculo piadoso, rezando en voz alta hasta que la policía se lo llevaba. Los susodichos “comandos” estuvieron muy activos entre 1987 y 1995, y obtuvieron explícito apoyo de la jerarquía de la Iglesia Católica, que se preocupó de remarcar su carácter “no violento”.

Violento o no violento, y aunque sea un ancianito con un par de zapatitos de bebé, Xavier Dor es la clase de persona que la ley debe mantener alejada de decisiones que no le conciernen. Cuando más pronto dejemos de tolerar a los intolerantes como estas pandillas de luchadores contra los derechos de los demás, mejor.

sábado, 11 de enero de 2014

Libertad para impedir

Estoy oficialmente de vacaciones pero no quería dejar olvidada esta noticia. Algunos quizá sepan del gran lío que se le armó a Barack Obama cuando quiso que se aprobara su paquete de salud pública (rápidamente bautizado Obamacare). Una parte de la oposición se centró específicamente en la obligación legal, de parte de todos los empleadores, de ofrecer a sus empleados un seguro que cubriese servicios de salud reproductiva.

Al contrario de lo que sus detractores más alucinados proclaman, Obama no es un criptocomunista decidido a instaurar una dictadura cuasi-soviética en su país, y la ley incluía un compromiso por el cual quedan exentas de esta obligación las organizaciones religiosas en sentido estricto. Vale decir: si un templo de una religión que se opone a la anticoncepción o al aborto tiene empleados, el empleador puede ampararse en este hecho para no ofrecer un plan de salud que incluya esas prácticas.

Manifestantes católicos pidiendo libertad para poder privar de sus derechos a otras personas.
Manifestantes católicos pidiendo libertad para poder privar de sus derechos a otras personas.

En un mundo donde las religiones se dedicaran a enseñar o predicar doctrinas y servir como puntos de reunión o de ritos compartidos, eso debería haber bastado. Pero ocurre que las grandes religiones nunca son realmente eso; son organizaciones que edifican estructuras de poder muy similares a las corporaciones empresarias. La Iglesia Católica, particularmente, regentea un sinnúmero de escuelas, universidades, institutos de investigación e incluso hospitales, además de muchas ONGs y fachadas varias anotadas como “sin fines de lucro”. Las parroquias en sí son una pequeñísima parte de su estructura; la exención legal no les bastaba. ¿Se imaginan a una escuela católica pagándole a sus maestras un plan de salud con el cual tuvieran acceso a la píldora?

Las ONGs católicas, entonces, solicitaron ser exceptuadas de ese punto del Obamacare. Y lo lograron: en la víspera de Año Nuevo, la jueza de la Corte Suprema Sonia Sotomayor les otorgó una suspensión temporal (hasta que la Corte escuche y decida sobre el caso, lo cual puede tomar tiempo). Lo único que tiene que hacer una ONG religiosa para negarle a sus empleados el acceso a la salud reproductiva a su costa es llenar un formulario. El formulario autoriza a la empresa de seguros de salud a prestar el servicio por su cuenta, sin que el empleador pague ni se entere siquiera.

Hasta aquí, una historia más de la ruindad de la Iglesia Católica. ¡Pero hay más! Enterados de la medida de Sotomayor, unas adorables monjitas han presentado una demanda… contra el llenado del formulario que les permite quedar exentas de la ley. Completar el formulario, dicen, es una violación de su libertad religiosa, porque firmarlo equivale a facilitar que se provean anticonceptivos.

Desde el punto de vista de las monjas, tienen razón, claro, aunque cabe preguntarse por qué no van más lejos: idealmente, deberían dejar de pagar impuestos al gobierno de Obama, o trabajar ellas mismas en vez de tomar empleados formalmente, o tomar sólo empleados y empleadas que no vayan a necesitar jamás servicios de salud reproductiva (mujeres postmenopáusicas y poco más, supongo), o ir a hacer su tarea a un lugar más respetuoso de su “libertad religiosa” (hay muchísimos lugares así, aunque afortunadamente no tantos). Mantener estrictamente la moral católica de todo un grupo de personas mientras se monta una organización legal en un país moderno es, como se dice en Estados Unidos, pretender quedarse con la torta y a la vez comérsela.

En último término, la razón por la cual las ONGs católicas no quieren llenar el dichoso formulario no pasa por su “libertad religiosa”, sino por el objetivo real, que siempre ha sido claro, de quitarle a todas las personas posibles el acceso a la salud reproductiva. Si una organización puede negarse a ofrecer un seguro de salud con cobertura de anticoncepción y aborto y además no tiene que llenar un formulario autorizando a las aseguradoras a ofrecer estos servicios por su cuenta, el resultado es que el empleado no puede acceder a ellos ni como parte del seguro de su empleador ni por fuera de éste: sólo puede hacerlo privadamente, abonando los costos completos, que pueden ser prohibitivos (el costo de la salud en Estados Unidos es el más caro del mundo por lejos).

Ofrecer una mano y terminar dando hasta el codo: tal es el resultado de conceder a las organizaciones religiosas privilegios que no merecen.

sábado, 4 de enero de 2014

La laicidad del estado vs. las “raíces cristianas”

Algo más sobre aquel tema de la “cristianofobia” que el cura chileno Raúl Hasbún denunciaba, apuntando a ciertas medidas laicistas del plan de gobierno de Michelle Bachelet. Más bien, algo sobre por qué Hasbún arguye (y quizá cree) que la laicidad es irracional.
Hoy tiende a configurarse, en los mundos que se dicen “desarrollados”, una fobia contra el ejercicio público de la fe cristiana. Lo irracional y anormal de esta fobia radica en que surge precisamente en culturas que tienen, en el cristianismo, su raíz y sustento fundacional.
Hasbún ya explicó antes lo que es una fobia de una manera que deja en claro que no entiende, o no quiere entender, lo que es una fobia. La exhibición pública de la religión —como cualquier exhibición pública— puede causar disgusto en algunas personas o puede disparar en ellas ciertos prejuicios, pero es poco probable que sea una verdadera fobia. (En este sentido, claro está, deberíamos moderar severamente el uso de la palabra “homofobia”. Una persona que odia a los homosexuales no tiene una fobia.) Por ejemplo, a mí me provocó cierta vez una gran pena teñida de asco ver niños marchando en una procesión antiabortista con un sacerdote al frente; eso no significa que yo tenga fobia a los curas ni a los católicos antiabortistas, ya que puedo muy bien acercarme a ellos, hablarles y hasta discutir, si viniera al caso.

Pero lo que Hasbún quiere decir es que no tiene sentido (o sea, no tiene razón lógica) que las personas de una cultura con raíces cristianas rechacen la exhibición pública de la fe cristiana. Implícitamente, además, Hasbún proclama que atacar al cristianismo es atacar las mismas bases de la civilización (su “sustento fundacional”). Aquí no puedo dejar de recordar que la palabra “fundamentalismo” significa precisamente aquella actitud que defiende Hasbún, vale decir, la de volver a los valores “básicos”, supuestamente originales, de la religión.

Ahora bien, ¿por qué estamos obligados a conformarnos con nuestras “raíces”? ¿Por qué no —siguiendo la metáfora vegetal— permitir que nuestra cultura eche ramas, florezca, se cruce con otras y fructifique produciendo algo mejor? ¿Por qué es mejor la endogamia cultural, el cierre total a esa hibridación de civilizaciones que ha sido la marca de las naciones y los imperios más prósperos?

Y pasando a las metáforas arquitectónicas ahora: si el cristianismo es de hecho el sustento de nuestra civilización y nuestra identidad, ¿cómo podemos abandonarlo? Y si lo abandonamos, ¿por qué no se desmorona toda nuestra sociedad? Naturalmente, ésta es la advertencia pseudoprofética de todos los conservadores, religiosos o no, de la historia: si dejamos de lado nuestros valores (nuestros prejuicios, nuestro provincianismo, nuestro dogma…) veremos cómo la sociedad se derrumba. Eso decían los paganos que acusaban a los cristianos de “ateísmo” por no adorar a los dioses “correctos”. Y es precisamente la razón por la cual Sócrates, corruptor de los jóvenes atenienses (porque les hacía cuestionar las supersticiones de la ciudad), fue obligado a beber la cicuta.

Mucho más cercanamente, esa misma predicción apocalíptica era emitida por los que favorecían la esclavitud, los privilegios de la nobleza y otras formas de estratificación social, contra un igualitarismo que supuestamente llevaría a una mezcolanza corrosiva del orden; es la misma que vociferaban los que defendían la segregación racial, despertando miedos de cruces entre personas “superiores” e “inferiores”; la misma que hoy mismo se escucha en los países musulmanes contra la igualdad entre hombres y mujeres; la misma que en Argentina oímos cuando el estado tomó el lugar de la Iglesia en la educación, la misma que proclamó que los matrimonios civiles —oficiados por el estado en vez de la Única Iglesia Verdadera— acarrearían la destrucción de la familia, y que repitió lo mismo cuando se abolió la distinción entre hijos legítimos e ilegítimos, cuando se legalizó el divorcio y cuando se eliminó la distinción de sexo de los cónyuges en el matrimonio. (La incapacidad de los conservadores y los fundamentalistas para aprender de sus fallos predictivos es notoria.)

Hasbún pasa revista a los pocos casos de “cristianofobia” que puede encontrar incluso con su definición ad hoc e interesada:
Ya la Unión Europea buscó suprimir de su Constitución toda referencia a su alma cristiana, y su Corte intentó prohibir a Italia el uso del crucifijo en salas de clase. En vano: Italia unánime se irguió, reclamando su derecho a usar libremente aquellos símbolos y tradiciones que pertenecen, sin fronteras, a su patrimonio histórico-cultural. También en EE.UU. surgen o se incrementan restricciones a la libertad religiosa en espacios o acontecimientos públicos, no obstante la expresa referencia de los Padres fundadores al Dios bíblico y cristiano.
Abundan las metonimias y las metáforas fuera de lugar. “La Unión Europea” no buscó de hecho nada; los representantes de los pueblos europeos votaron, en un ejercicio democrático que pudo no conformar a muchos, pero la democracia es así. Europa no tiene alma; si la mitología cristiana fuese cierta, podría decirse que los ciudadanos europeos tienen, cada uno, un alma, cada alma diferente de las demás y libre de elegir. El “alma” de Europa no es en realidad más que el bagaje de siglos de religión única impuesta por la fuerza, a costa de la derrota militar, expulsión, supresión pública o conversión forzada de judíos, musulmanes, cristianos de sectas rivales y “herejes”, más el crecimiento vegetativo de una población cristiana ignorante bajo la férula de papas con ejércitos, obispos-príncipes, reyes por derecho divino y una casta clerical. Todo esto hasta hace relativamente poco: hasta que los estados seculares prevalecieron, la educación fue quitada de las garras de la Iglesia, aumentó el estándar de vida y otras condiciones socioeconómicas fueron, mal que mal y con grandes vaivenes, haciendo visiblemente innecesario, a los ojos de la gente, el someterse a parásitos con mitra o sotana para tener alguna esperanza de vivir mejor. La secularización de Europa es el proceso natural de una civilización que descubrió, tras siglos de tropiezos, que puede tener una religión o varias, y cambiarlas, rechazarlas o reinterpretarlas, sin que el mundo se venga abajo.

El mismo proceso ocurre en casi todas partes; incluso en Estados Unidos, donde el “libre mercado” religioso facilita tanto la aparición de fanatismos religiosos de todo tipo como su desaparición por reciclaje o hibridación. (Sobre los Padres Fundadores, Hasbún recoge la propaganda pseudohistórica de los fundamentalistas evangélicos; la mayoría de los susodichos Padres eran deístas y piadosos de la boca para afuera, como está bien documentado en cartas y documentos privados.)

Esto se ha hecho muy largo y todavía me quedan cosas en el tintero, por lo cual dejo el final de mi comentario para un tercer post.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Alucinemos: “cristianofobia” en Chile

Hoy les traigo una pieza de sofistería repelente de Raúl Hasbún, sacerdote, publicada en Humanitas, la revista de antropología y cultura cristiana de la Pontificia Universidad Católica de Chile (y luego reimpresa por InfoCatólica, de donde la tomé). Su tema es la “cristianofobia”.

Hasbún comienza con una observación tan carente de caridad como groseramente incorrecta sobre la gente que sufre lo que la psiquiatría define como fobias:
Quienes sufren de estas patologías obsesivas suelen negarlas o justificarlas apelando a coartadas biensonantes, tales como estadísticas (amañadas), experiencias (imaginadas) o citas (extrapoladas). Admitir lo irracional y anormal de sus miedos les significaría quedar mal posicionados antes sus pares y ante sí mismos.
Y luego presenta a su criatura:
Hoy tiende a configurarse, en los mundos que se dicen “desarrollados”, una fobia contra el ejercicio público de la fe cristiana. Lo irracional y anormal de esta fobia radica en que surge precisamente en culturas que tienen, en el cristianismo, su raíz y sustento fundacional.
Se dice en tono ligero que la mayoría siempre es cuerda; que si sólo una persona ve ciertas cosas, es que son una alucinación, pero si la mayoría las ve, entonces son la realidad. En psiquiatría se considera que una creencia (por muy implausible que sea) no es patológica si es común a la comunidad donde habita el individuo. Se trata de una cuestión filosófica largamente debatida. Lo que quiero señalar aquí es que si tantos individuos de los países desarrollados se oponen a lo que Hasbún llama “el ejercicio público de la fe cristiana”, quizá no se trata de una fobia —irracional y anormal— sino de un nuevo consenso de creencias o de una renovada percepción de la realidad.

El primer caso es la hipótesis más fácil de asumir: el Zeitgeist ha cambiado y a la gente le desagrada la exhibición del comportamiento cristiano; en rigor, están en todo su derecho, tal como estuvieron en su derecho los paganos que eligieron convertirse al cristianismo hace dos milenios, rechazando la fe de sus padres, incluso cuando dicha fe fuese “la raíz y sustento fundacional” de la sociedad y el estado en que vivían (a los primeros cristianos del Imperio Romano se les acusó y persiguió no por el contenido de su fe, sino por negarse a reconocer la dignidad divina del César, símbolo de unidad del Imperio).

La segunda hipótesis es la que Hasbún ni siquiera podría pensar en asumir: que no se trata de un mero cambio de ideología (una apostasía masiva, una “desconversión” generalizada) sino que muchas personas han percibido que el cristianismo es factualmente falso y/o que sus doctrinas producen daños concretos. O más bien, el cristianismo organizado, sectario, políticamente influyente, de la Iglesia Católica (para empezar), ya que hay muchos cristianos que practican su religión sin joder al prójimo.

Pero de hecho, toda la argumentación de Hasbún se refiere a un asunto político: la probable pérdida de ciertos privilegios simbólicos, mínimos, que se operarán en Chile una vez que asuma como presidenta, por segunda vez, Michelle Bachelet, en reemplazo del untuosamente católico Sebastián Piñera. Bachelet, en su programa de gobierno, ha prometido una nueva constitución donde se reafirmará la laicidad del estado, lo cual ha hecho poner los pelos de punta a los chupacirios. Para Hasbún, eliminar invocaciones e imágenes religiosas del ámbito formal estatal es expresión de su fobia inventada:
Esta cristianofobia quiere ahora asentarse en Chile como reivindicación e ícono de una “nueva mayoría”. No más juramentos ni Biblia ni crucifijos ni imágenes de María ni invocación del nombre de Dios en los espacios o actuaciones estatales.
¡Qué terrible, no poder presumir de la propia fe en público!
¿Qué teme, la “nueva mayoría”, de la fe cristiana y bíblica profesada por el 90% de la población? ¿Por qué arrinconan y encapsulan esa energía que cautela, como ninguna, la dignidad del ser humano y la paz social?
Quizá habría que devolverle a Hasbún pregunta por pregunta. ¿Qué teme su mayoría del 90% de unas pocas regulaciones estatales que no pasarán de lo simbólico? ¿Su fe es tan débil que requiere que el estado la imponga sobre los demás, sobre esa minoría de creyentes de otras religiones y de ateos, agnósticos e indiferentes?

Los temores que expresa Hasbún sobre la posible prohibición de las procesiones o de la invocación de Dios en los hospitales son infundados; de hecho, son tan traídos de los pelos que es imposible tomarlos con buena fe. Esto es terrorismo retórico sin más: una especialidad católica dentro del amplio campo de la autovictimización que la Iglesia domina como pocas instituciones. Considerando cómo han hecho creer a casi todo el mundo que fueron perseguidos y martirizados durante siglos, no es extraño que intenten hacer creer a los católicos chilenos que la malvada socialista Bachelet les mandará la policía si se atreven a salir de procesión.

La realidad es que la Iglesia chilena seguirá teniendo todos los privilegios de siempre; las parroquias seguirán difundiendo la sumisión y la obediencia, los obispos seguirán teniendo espacios mediáticos para proclamar el odio a las mujeres y a los homosexuales, los colegios privados católicos seguirán (de)formando alumnos, y sólo —si acaso, si de verdad Bachelet puede cumplir con su programa— se evitará, de vez en cuando, que un político se llene la boca jurando en público por Dios y los Evangelios o que un funcionario invoque a la divinidad en un acto oficial. Sospecho que la mayoría de los católicos de a pie no notará la diferencia.

Quizá sea eso lo que impulsa a Hasbún a exagerar: su conocimiento de que su mentado 90% no es una mayoría de devotos fanáticos y que, a fin de cuentas, a muchos de sus fieles poco les importa que la Iglesia tenga influencia sobre el estado, un asunto que sólo preocupa a los jerarcas que viven de ese poder. En un estado laico, una religión que no se impone por la fuerza tiene poco que temer.

martes, 23 de julio de 2013

Victimismo en las noticias católicas

El laicismo hace llorar a la Virgen.
El lector habitual sabrá que cada dos por tres se escribe aquí sobre la autovictimización de los creyentes religiosos. El victimismo corre casi parejo con la indignación beata, ambos montados sobre una mezcla de hipocresía y de falta de contacto con la realidad. Dárselas de sufridos parece ser un pasatiempo o un acto reflejo para muchos creyentes, notablemente los que menos sufridos son.

Hace diez días me puse a la tarea de determinar si esto era una impresión mía, causada por un sesgo de atención o por prejuicio o mala leche. Mi tema más habitual es la Iglesia Católica (por razones de proximidad) y mi fuente católica más habitual es ACI Prensa, por lo cual la elegí para un primer ensayo. Escribí un programita y con él bajé y recopilé texto y datos de exactamente 1000 artículos del sitio web de ACI, en orden secuencial hacia atrás, con fechas desde el 26 de abril hasta el 13 de julio de 2013; luego los fui leyendo rápidamente, uno a uno, marcándolos según fueran pertinentes o no al tema de la autovictimización.

El criterio para marcar un artículo como victimizador fue necesariamente amplio. Hubo muchos casos límite. Traté de errar contra mi sesgo antes que a favor de él, pero no dejé pasar las instancias de victimización aunque fueran breves.

ACI publica bastantes noticias sobre el aborto. Muchas de éstas son victimistas, porque los antimujeres emplean una táctica que consiste en tratar a las mujeres como víctimas de circunstancias que las impulsan al aborto, para luego simular identificarse con ellas. También son en cierto sentido victimistas las noticias sobre aborto que enfatizan la necesidad de proteger a los “niños” (embriones y fetos). Sin embargo, sólo consideré para mi estudio aquellas noticias relacionadas al aborto que traten de los antiabortistas como víctimas o que transformen explícitamente el asunto de los fetos en un clamor por sus supuestos derechos humanos.

San Esteban, lapidado por el lobby gay.
De la misma manera, prácticamente todas las noticias relacionadas con los derechos de los homosexuales y el matrimonio entre parejas del mismo sexo tienen un tono victimista, con el que los homófobos militantes plantean su supuesta alarma por la degeneración de la sociedad, pero sólo consideré aquéllas que ponen a los niños como escudo con tono plañidero y sobre todo las que plantean que no poder discriminar a los homosexuales es discriminación, censura o privación de la libertad religiosa.

No incluí en la categoría victimista aquellas noticias donde hubiese víctimas o daños objetivos, concretos, por más que la intención manifiesta fuera la victimización, como es el caso de los reportes de cristianos perseguidos o asesinados en Medio Oriente, India, Pakistán, China, etc. Sí las incluí cuando se mezclaron adrede esta clase de incidentes con falsas víctimas, como (por ejemplo) católicos sancionados por discriminar a homosexuales.

Tampoco consideré los reportes de ofensas a los sentimientos religiosos como victimistas salvo cuando el tono de la noticia fuese claramente tal y no de indignación.

Una vez por día ACI publica un artículo que es un simple resumen de los artículos del día; descarté éstos y me quedé con los 950 restantes. Había otros 20 artículos que consistían en un breve anuncio de que el Papa había nombrado un nuevo obispo, sin más apreciaciones, pero los dejé estar, al igual que pares duplicados donde un artículo consistía en un video relacionado con una noticia publicada aparte. También mantuve los artículos que fueran reproducciones textuales de homilías o documentos. Tenga el lector en cuenta que estamos en un momento muy particular: en estos últimos meses ACI, como todas las agencias católicas, ha dedicado gran parte de su espacio a noticias del estilo “Francisco sorprende otra vez al mundo al agacharse para levantar un pañuelo y devolvérselo al cardenal Fulano”.

¿Cuál fue el resultado? Exactamente cincuenta artículos autovictimizadores, es decir, poco más del 5%, en setenta y ocho días, o sea aproximadamente uno cada día y medio.

Es obvio que la autovictimización no es tan frecuente como yo percibía; por otro lado, no sé si publicar un alegato victimista por cada 19 artículos, o cuatro artículos victimistas por semana, es objetivamente mucho o poco. Supongo que todo depende de la posición de quien los escribe. Cuando se trata, como en ACI Prensa, de católicos españoles de derecha, es difícil creer que tengan tanto de qué quejarse, salvo (desde luego) por comparación con tiempos más felices para ellos, como la dictadura fascista de Franco o las épocas de esplendor de la Inquisición.

Mártires españoles víctimas de la intolerancia religiosa
Mártires víctimas de la intolerancia religiosa en España.

Ser (sentirse) una víctima es inherente al cristianismo, señal de que el creyente está haciendo lo que Dios desea y el mundo desprecia, como Jesús mismo presagió a sus seguidores, pero en ninguna parte se ve que Jesús les haya mandado a armar un espectáculo de su supuesto sufrimiento.

A continuación les dejo los links de los artículos que seleccioné.
  1. "Día oscuro" para Irlanda tras aprobación de ley del aborto
  2. Ante presiones del lobby gay y del aborto laicos bolivianos piden defender vida y familia
  3. Cardenal Dolan: Mandato abortista de Obama sigue amenazando libertad religiosa en EEUU
  4. Eliminan en Croacia educación sexual que incentivaba la masturbación en niños
  5. Organización para la Seguridad y Cooperación Europea rechaza promoción activa de homosexualidad
  6. VIDEO: ¿Cómo se vive la fe a los 20 años?
  7. Autoridad vaticana: "El principal problema de la familia es una cierta cultura que quiere abolirla"
  8. Abusos en EEUU: Cardenal Dolan rechaza acusaciones "desacreditadas"
  9. VIDEO: Obispo defiende a joven encarcelado por oponerse a uniones gay en Francia
  10. Alcalde prefiere cárcel antes que celebrar la “farsa” del matrimonio gay
  11. Productores de Bollywood se disculpan por filme que ofende a cristianos y retiran escena
  12. EEUU: Iglesia llama a “redoblar esfuerzos” ante aval de Corte Suprema a uniones gay
  13. Corte Suprema de EEUU obliga a reconocer "matrimonio" gay
  14. Publican en España libro sobre libertad religiosa y cristianos perseguidos
  15. 20 organizaciones rechazan lobby del aborto que busca vulnerar derechos de niños en Perú
  16. Duras críticas a Parlamento Andino por apoyo al aborto y discriminación contra católicos
  17. Mons. Fernández critica intolerancia contra educación católica en España
  18. Italia: Piden no “humillar” al matrimonio con proyecto de ley de uniones de hecho
  19. Iglesia en Colombia: No se puede obligar a notarios y jueces a formalizar uniones gay
  20. Foro del Parlamento Andino exige discriminar a católicos de la vida pública
  21. Con una mitra en la cabeza joven universitaria reparte condones semidesnuda
  22. Parlamento de Rusia aprueba norma para proteger sentimientos religiosos
  23. Convención pro gay de OEA atenta contra libertad de expresión, advierten
  24. Obispo resalta coraje de madre católica asesinada por joven gay en EEUU
  25. VIDEO: Joven cambia discurso de graduación por Padrenuestro pese a prohibición en EEUU
  26. VIDEO: Lobby gay y del aborto ante OEA intenta boicotear declaración pro vida y pro familia
  27. Con aborto y agenda gay OEA viola derechos fundamentales, alertan
  28. EEUU: Denuncian acoso e intimidación del gobierno a pro-vidas
  29. Gobierno español destina casi 2 millones de dólares a activismo gay, pro aborto y laicista
  30. Juristas argentinos cuestionan proyecto de ley de fecundación asistida
  31. Ante violencia feminista radical “Antígonas” promueven auténtica dignidad de la mujer
  32. Legionarios de Cristo y Regnum Christi en etapa de penitencia y oración
  33. Denuncian aumento de discriminación contra cristianos en países de la OSCE
  34. Cuando "todo es bello" algo no funciona en la vida cristiana, dice el Papa Francisco
  35. Ante "matrimonio" gay en Francia Obispos piden oración y lucha por la familia
  36. Obispo incide en derecho de padres a educar a sus hijos según sus convicciones
  37. EEUU: Dejarían sin fondos a agencias que no den niños en adopción a parejas gays
  38. Reunirán un millón de firmas en un manifiesto en defensa del derecho a la vida
  39. Mons. Fernández exhorta a no callar el genocidio del aborto
  40. México: Denuncian intolerancia religiosa en Universidad Latinoamericana
  41. Marcelo Diez, el argentino cuya vida se ve amenazada por falsa “muerte digna”
  42. Ayuda a la Iglesia Necesitada premia a azafata despedida por llevar crucifijo al cuello
  43. Argentina: Apoyan a Obispo que defiende vida de joven con inconsciencia permanente
  44. Organizan Jornada de quince días por la Libertad Religiosa en EEUU
  45. Perú: Municipalidad busca aprobar "ordenanza gay" en día de Virgen de Fátima
  46. Concytec deja sin efecto polémica norma que prohibía imágenes religiosas
  47. Obispo pide que confíen a la Iglesia vida de joven en estado de inconsciencia permanente
  48. Norma que destierra objetos religiosos en Perú es inconstitucional, dice experto
  49. Perú: Prohibición de imágenes religiosas es “inicio de discriminación de la fe”, denuncia Arzobispo
  50. Tras ataque a Arzobispo, piden detener toda forma de intolerancia religiosa

jueves, 20 de junio de 2013

La pseudohistoria de la persecución a los cristianos

¿Sabías que la historia de la persecución a cristianos y su martirio son en gran medida un invento? Los martirologios (tratados o listas de mártires y otros testigos heroicos de la fe cristiana) son muchos y muy variados, acumulando decenas y cientos de testimonios de muerte por la fe. El martirio es una institución muy cara al cristianismo, puesto que asegura la santidad sin otros requisitos (en todo otro caso, certificar la santidad de una persona requiere realizar la pantomima de inventar y luego corroborar oficialmente al menos dos milagros producidos por la intercensión del candidato).

No se le escapa a ningún cristiano más o menos culto que muchas historias de santos y mártires tienen demasiados detalles para ser creíbles. Sin embargo, es considerado habitualmente cierto que los cristianos sufrieron una continua persecución por sus creencias desde que empezaron a hacerse notar hasta que el Imperio Romano lo adoptó como religión oficial; los episodios de Nerón culpándolos por el incendio de Roma, de los creyentes arrojados a los leones en el Coliseo, etc., son ya icónicos en nuestra cultura.

Hace unos meses leí, y quiero comentar ahora, una entrevista que da por tierra también con esta visión histórica. La misma se refiere al libro de Candida Moss, The Myth of Persecution: How Early Christians Invented a Story of Martyrdom (“El mito de la persecución: Cómo los primeros cristianos inventaron una historia de martirio”). Cabe aclarar que Moss no es una atea militante ni una desmitificadora amateur, sino una académica especializada en el Nuevo Testamento. La entrevista fue conducida por Danielle Tumminio, una sacerdotisa episcopal.

Moss explica que se interesó por el tema al escuchar una homilía comparando la situación de los cristianos en Estados Unidos con la de los mártires de la Iglesia de los primeros tiempos. Después de eso comenzó “a notar cómo se usaba un discurso de persecución y victimización en todas partes, desde la política hasta los sermones y en los medios, pero muy rara vez en relación con situaciones de encarcelamiento o violencia”.
Con frecuencia estas afirmaciones se referían a la historia de la Iglesia temprana como evidencia de que los cristianos siempre han sido perseguidos y, por tanto, deberían esperar ser perseguidos hoy (…). Sin la idea de una persecución casi continua sería difícil hacer ver como persecución, por ejemplo, los desacuerdos sobre el papel de la oración en las escuelas.
Moss se refiere aquí a la tendencia de los cristianos estadounidenses a buscar la institucionalización de la oración cristiana obligatoria en las escuelas públicas (para abrir el día o al comienzo de los actos cívicos, por ejemplo), práctica que era común hace unas décadas pero que ha sido declarada inconstitucional e ilegal en repetidas ocasiones.
La evidencia histórica de persecución sistemática de cristianos por parte de judíos y romanos es en realidad muy escasa. Hubo sólo unos pocos años antes del ascenso de Constantino como emperador en que los cristianos fueron perseguidos por las autoridades sólo por ser cristianos. Las historias sobre mártires cristianos tempranos han sido editadas, expandidas y a veces incluso inventadas, dando la impresión de que los cristianos estaban bajo ataque constante.
El problema con la invención de una historia de víctimas perseguidas no es académico:
Identificarse como una minoría perseguida necesariamente identifica a los otros como perseguidores. Transforma el desacuerdo en una lucha por la supervivencia en la que hay un “nosotros” inocente enfrentado contra un “ellos” odioso. Esta visión polarizada del mundo no sólo imposibilita el diálogo significativo y la colaboración sino que también puede ser usada para legitimizar la violencia contra los otros “en defensa propia”.
¿Por qué se inventaban historias sobre mártires? Moss explica que no se lo veía como una mentira y que tales cosas eran comunes incluso entre los historiadores paganos:
A veces había una historia difusa sobre algún santo en particular flotando por ahí y un escriba la ponía por escrito y la adornaba un poco como apoyo a prácticas religiosas locales. A veces un escriba componía una historia de martirio para un cristiano muerto anónimo que pudo o pudo no haber sido un mártir. Otras veces las historias eran expandidas o se les añadían anécdotas de manera que el mártir fuese recordado como aprobando a ciertos obispos o condenando a ciertos herejes. Los cristianos no eran los únicos en hacer esto ­—los historiadores griegos Heródoto y Tucídices hicieron lo mismo—, así que claramente no resultaba tan problemático para las audiencias del pasado como para nosotros.
El resto de la entrevista, que por fuerza he resumido, es bastante interesante. Moss advierte que las historias de personas que sufren o mueren por defender sus ideas pueden ser edificantes, por lo cual no está en contra del uso de los martirologios, pero cree que la autovictimización no es una buena táctica, entre otras cosas porque quita el foco de los creyentes que realmente están siendo perseguidos por su fe. Ya tendré algo más que decir sobre todo esto.

viernes, 14 de junio de 2013

Una mártir de la fe homofóbica

Si necesitabas recordar la miseria moral humana, aquí estamos. Te traemos a un obispo católico molesto porque el asesinato de un homosexual recibió más cobertura mediática que el asesinato de una católica por parte de un homosexual. John Paprocki, obispo de Springfield, Illinois, Estados Unidos:
«Una búsqueda en Google del nombre Matthew Shepard genera 11,9 millones de resultados. Matthew Shepard fue un estudiante universitario de 21 años que fue salvajemente golpeado hasta morir en 1998 en Wyoming. Su asesinato fue considerado un crimen por odio porque Shepard era gay. En el año 2002 Marya Stachowicz también fue asesinada brutalmente, pero las circunstancias fueron muy distintas. Mary, la amable y devota madre católica de cuatro niños, instó a su compañero de trabajo, Nicholas Gutierrez, de 19 años, a cambiar su estilo de vida gay. Furioso por esta exhortación, como luego dijo a la policía, el joven la golpeó, la apuñaló y la estranguló hasta causarle la muerte.»
Matthew Shepard
Matthew Shepard
El nombre de Matthew Shepard quizá sea familiar a los lectores. Un joven gay torturado y abandonado en el campo por otros dos hombres, sin mediar alcohol ni drogas y sin intención clara de robo o venganza por ningún hecho particular, Shepard moría poco después en el hospital y terminaría motivando la inclusión de la orientación sexual como componente legal admisible en los “crímenes de odio”.

Es mucho menos probable que el lector conozca o recuerde a Mary Stachowicz, asesinada por Nicholas Gutierrez, quien diría en su juicio que mató a Stachowicz en un ataque de furia porque ella no dejaba de molestarlo sobre su orientación sexual.

Ninguno de los dos crímenes son justificables en ningún sentido, pero claramente, no todos los asesinos son iguales. El crimen de Shepard fue premeditado; lo convencieron de subirse a un vehículo, lo llevaron al campo, lo torturaron quién sabe durante cuánto tiempo, lo dejaron a morir y luego ofrecieron excusas variadas, incluyendo que Shepard había hecho avances sexuales a uno de los asesinos (una justificación homofóbica tan común que ya tiene nombre propio). El crimen de Stachowicz fue, según todas las evidencias, la reacción espontánea y violenta de un joven con problemas psicológicos. Gutierrez diría en su juicio que el modo desdeñoso de los cuestionamientos de Stachowicz a su sexualidad le recordaba a su madre cuando lo golpeaba.

Las palabras del obispo son parte de la estrategia constante, y en ocasiones insultante, de autovictimización de la Iglesia Católica, que sus ministros practican en toda ocasión concebible, especialmente en aquellos lugares donde la Iglesia es de todo menos víctima. Stachowicz, la víctima, no hacía más que repetir —con la mejor intención, seguramente— el discurso discriminador de los jerarcas católicos, con tanta mala suerte que se topó con una persona mentalmente inestable que la golpeó, la apuñaló y finalmente la asfixió con una bolsa de plástico. Gutierrez no la mató porque fuese católica, ni siquiera porque fuese homofóbica, sino porque lo enfureció. No la torturó antes de matarla, ni le exigió nada antes de hacerlo. Tampoco planeó el asesinato. Sólo quiso borrarla, suprimirla de su vista.

El horrible crimen cometido por Gutierrez no será recordado de la misma manera que el asesinato de Matthew Shepard. En los anales del derecho penal, el asesinato de Mary Stachowicz es, lamentablemente, uno más entre miles de casos similares. La de Shepard, en cambio, fue una muerte planeada, prolongada, motivada casi con seguridad por el odio homofóbico, del cual muchos son víctimas pero muy pocos reconocidos como tales; un odio que —a diferencia de los contados casos de anticatolicismo violento en Occidente— no sólo cobra víctimas regularmente sino que cuenta con muchos voceros con amplia licencia social para propagarlo a los cuatro vientos sin cuidarse de las consecuencias. Como el obispo Paprocki, que aprovechó su relativización del caso Shepard para una conferencia en contra del matrimonio homosexual.

Matthew Shepard no fue un mártir. Probablemente nunca supo bien por qué estaba muriendo. Sin embargo, su muerte tuvo el efecto de exponer al público el hecho de que había personas que eran molestadas, abusadas o asesinadas por su orientación sexual. Los padres de Matthew fundaron, para combatir el odio que les había arrebatado a su hijo, una organización para fomentar la aceptación de la diversidad sexual.

Mary Stachowicz no es una mártir de la fe. Para su desgracia, se encontró frente a un asesino sin saberlo. Gutierrez podría haberla matado por cualquier ofensa, real o imaginada; el destino quiso que la predicación de Stachowicz tocara una fibra sensible y desencadenara el crimen, por el cual Gutierrez está pagando su justa pena. Se trató de un crimen sin sentido, que a nadie sirve ni puede inspirar nada, excepto, mezquinamente, a un jerarca religioso necesitado de personajes para su teatro de mártires.

jueves, 9 de mayo de 2013

El príncipe de este mundo al ataque

El sábado 4 de mayo el papa Francisco dio misa y predicó una homilía en la que aseguró, según los medios que fielmente publican hasta la menor tontería que Francisco dice, que “con el diablo no se puede dialogar”. Esta tremebunda sentencia causó algo de gracia en la ateosfera. Con el diablo no se puede dialogar, en primerísimo lugar, porque el diablo no existe; con el diablo no se puede dialogar, pero con Hitler, Franco, Pinochet y Videla sí que se puede; etc. etc.

La homilía sale publicada íntegra en el sitio apologético (dizque “agencia de noticias”) Zenit, y allí podemos verificar que Jorge Bergoglio no dijo jamás “diablo”. Bergoglio utiliza la expresión “el príncipe de este mundo” (tomada del evangelio: Juan 12:31), de manera similar a como en su carta declarando enemigos de Dios a los que nos oponemos a la agenda antihomosexual de la Iglesia le llama “padre de la mentira” (Juan 8:44). Quizá obre allí el miedo, típico de la gente supersticiosa, a invocar un nombre nefando, no vaya a ser que el mismo actúe por una especie de magia simpática (aunque en la susodicha carta sí apareció “el demonio”).


El príncipe de este mundo es el demonio porque “el mundo” es maldad, es corrupción, es el placer, es el deseo de poder y dinero, etc. Bien me podrán señalar los cristianos que el concepto de “mundo” no es idéntico al significado habitual de la palabra “mundo”, y que su uso no implica un desprecio a lo material y sensual, pero ante esto habría que decir que la palabra elegida podría haber sido otra y no precisamente ésa, al igual que San Pablo podría haberse referido a la inmoralidad sexual con un término distinto a “la carne”.

La cuestión es que Bergoglio/Francisco dice en su homilía que los cristianos son hoy más perseguidos que en los primeros tiempos (del cristianismo), y que esa persecución proviene del odio del diablo a quienes son salvados. ¿Qué decir de esta prédica alucinada? En términos numéricos, es cierto que los cristianos son más perseguidos hoy que hace dos mil años. De hecho las persecuciones oficiales fueron esporádicas y poco significativas, más allá de las historias de cientos de cristianos echados diariamente a los leones que nos ha mostrado el cine; y gran parte de los mártires cristianos son inventados.

Hoy la persecución a los cristianos se registra casi exclusivamente en los países de mayoría musulmana, el último brote del ponzoñoso tronco abrahámico. ¿Estará el demonio inspirando a los musulmanes al odio anticristiano? Francisco, estoy seguro, renegaría de tal interpretación, porque ha sabido mantener una reputación de persona abierta, ecuménica, incluso mientras a puertas cerradas confiese, como cualquier otro católico devoto, que fuera de la Iglesia no hay salvación.

¿Se refiere el papa a otra cosa? ¿Estará hablando de esa ridícula “persecución” que sus subordinados ven en cada pequeño intento de avanzar hacia la laicidad o hacia los derechos humanos en los países del antes llamado “Occidente cristiano”? ¿Hablará del “ambiente de pogromo” que los malvados medios de comunicación han desatado en los países donde los sacerdotes han abusado sistemáticamente de niños? ¿Pensará en el “totalitarismo laicista” que denuncian los obispos cuando un país moderno se plantea dejar de rendirle pleitesía a la Santa Sede?

El mundo está de hecho en contra de la Iglesia en todos los lugares donde la “libertad religiosa” (de quitarle la libertad a los no cristianos) ha sido conculcada en favor de la neutralidad del estado ante la fe. Debe haber sido Satanás quien logró que los disidentes religiosos no fueran torturados o quemados vivos, que las mujeres solteras pudieran criar a sus hijos sin que se los quitaran, que estos hijos no fueran considerados de segunda clase con respecto a los hijos “legítimos” de los matrimonios, que los matrimonios pudieran hacerse por vía civil, que dichos matrimonios pudieran disolverse, que las mujeres pudieran decidir bloquear la posibilidad de concebir, que los homosexuales pudieran dejar de temer la prisión o la muerte sólo por serlo. Si el príncipe de este mundo fuese el que ha inspirado esta curiosa “persecución” que para los cristianos representa el no poder ser dueños y señores de la ley e imponer su dogma a los demás, ¡casi no habría persona en el mundo que no debiera hacerse satanista a modo de agradecimiento!

Incluso los sacerdotes católicos deberían estar agradecidos: esta “persecución” inspirada por el demonio no sólo les ha dado material autovictimizante para durarles cientos de homilías, sino que sus efectos los protegen si —como sucede con alarmante frecuencia— son descubiertos en un desliz sexual o ideológico que en otra época podría haberles costado la vida o la desgracia.

lunes, 4 de marzo de 2013

La imposición del ateísmo… por Twitter

Siempre he defendido las redes sociales como ámbito de difusión y discusión de ideas, contra aquéllos que afirman que no se puede esperar un debate serio u opiniones de valor en Facebook o Twitter. Dicho esto, es indudable que la llamada Revelación de Sturgeon sigue siendo válida: el 90% de los estados de Facebook y los tuits de Twitter son basura… y eso siendo muy, muy generoso. Sirva esto a modo de disculpas por escribir, en la peor tradición de los nuevos medios, sobre polémicas que sólo ocurren en un rincón infinitesimal de Twitter: específicamente, en la columna donde sigo las apariciones de las palabras ateo o ateos.



Una de las estupideces más frecuentes que se encuentra uno al seguir esos términos es una u otra variante de la idea de que los ateos siempre estamos metiéndonos con los creyentes y queriendo obligarlos a cambiar sus creencias. (De la misma familia que esta falacia son la que nos acusa de no respetar las creencias ajenas y la que compara el ateísmo con una religión fundamentalista y molestamente evangelizadora.) Aunque sé de antemano que es inútil, puesto que quien emite esta opinión es invariablemente una persona que no piensa antes de opinar, suelo aprovechar la ocasión para solicitar un ejemplo concreto de esa tendencia atea a imponer el ateísmo a los creyentes. La respuesta es casi siempre una evasiva, y a veces una indignación fingida ante el “malentendido”, que en la mente del creyente no prueba otra cosa que la disposición beligerante de los ateos, siempre dispuestos a ofenderse y buscar pelea.

¿Cuál es el motivo de tanta confusión? Mi impresión es que se trata del choque entre la realidad de la diversidad y la ilusión de uniformidad común a las mayorías. Salvo en algunos enclaves cosmopolitas, en Latinoamérica es bastante habitual que una persona promedio crea que los demás profesan su misma religión o una de la misma familia (el cristianismo). Las normas sociales dominantes se basan en esta uniformidad. (De la misma manera, la mayoría de los latinoamericanos suponen, a priori y no mediando indicios obvios, que la otra persona es omnívora y heterosexual, que tiene 23 pares de cromosomas, que ve y oye, que no está enferma de cáncer terminal, y un sinnúmero de otras cosas.) El quiebre de esta ilusión puede ser una sorpresa menor o resultar chocante.

Casi nadie, supongo, se sentirá enojado por descubrir que la persona con quien está hablando y que creía “normal” es ciega o tiene una trisomía cromosómica o sólo le queda un mes de vida. Pero así como no faltan personas que se ofenden ante una declaración abierta de homosexualidad (tomándola por un avance sexual indebido) o de vegetarianismo (tomándola por un reproche a quien disfruta de comer carne), hay una sorprendente cantidad de personas que parecen considerar la mera mención del ateísmo como un intento de socavar agresivamente la fe religiosa del interlocutor. Considérese cómo en Estados Unidos han sido criticados ciertos grupos ateos por pagar anuncios callejeros que simplemente decían cosas como “Si no crees en Dios, no eres el único”.

La reacción puede ser sólo eso —un especie de reflejo psicológico— o ir más lejos, hasta llegar a la susodicha acusación de “imposición del ateísmo”. Lo primero es tolerable, quizá; no así lo segundo, para mí al menos. Yo pienso que se trata de mera proyección, como la acusación de que el ateísmo es similar a una religión, pero también creo entender que hay algo más en juego. Una cultura religiosa uniforme es una protección para la fe del individuo poco inquisitivo. La mera presencia de un elemento discordante es una amenaza. Si todas las personas a nuestro alrededor piensan parecido a nosotros en ciertos asuntos clave, será tentador confiar en que no estamos muy errados en nuestro pensamiento. Es el argumentum ad numerum, aquella falacia que dice, por ejemplo, que miles de millones de personas creen en Dios y que tanta gente no puede estar equivocada. También es un argumento que parte de la premisa teísta de que el bien y la moral provienen de Dios. Un ateo que vive, trabaja, se relaciona, etc., es decir, un ateo que no sea un psicópata amoral o un pobre infeliz perpetuamente deprimido, es un desafío a esa creencia, que no mucha gente reconoce pero que está implícita en muchísimas conductas habituales.

El ateísmo es una conclusión a la que uno puede arribar de infinitas maneras y con la que puede hacer infinitas cosas. El indiferentismo en un extremo, el activismo militante en el otro, conforman una dimensión de comportamientos que puede adoptar un ateo dentro de la sociedad en la que vive, y nadie tiene derecho a imponerle a otro una forma de vivir el ateísmo. Yo he elegido la forma más sencilla, menos comprometida, de activismo, que es el de escribir este ínfimo blog y participar en un par de redes sociales. Desde este modesto lugar me permito recomendar a los lectores ateos que hagan lo que yo hago, que la mayor parte del tiempo no es otra cosa que levantar la mano y amablemente romper la ilusión, compartida por demasiada gente, de que todos pensamos más o menos igual y de que los disidentes somos pocos y anormales. Y si eso enoja a alguien, no es nuestro problema.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Ambiente de pogromo

La V es de Víctima.
Del diario alemán Die Welt, vía InfoCatólica:
El prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, el arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, denunció las campañas contra la Iglesia, que han fomentado, según él, un ambiente de pogromo, en una entrevista con el diario Die Welt publicada el sábado en Alemania.

“Las campañas lanzadas para desacreditar a la Iglesia católica en América del Norte, pero igualmente entre nosotros, aquí en Europa, se han traducido ya en injurias públicas contra eclesiásticos en numerosos campos”, estimó monseñor Müller.

“Una cólera artificialmente creada sube, lo que algunas veces no deja de recordar un ambiente de pogromo”, añadió el prelado.
Veamos, veamos. El “prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe”, es decir, el clérigo encargado de lo que en tiempos no tan lejanos se conocía como la Inquisición, y que encarceló, desposeyó, torturó y mató a miles de personas inocentes, denunció ciertas “campañas contra la Iglesia”, lo que debemos suponer se refiere a la lucha por el esclarecimiento de los incontables abusos sexuales a niños, malos tratos a niños y mujeres, trabajo esclavo y sometimiento a la servidumbre, etc., cometidos por los miembros de la Iglesia… lo cual ha fomentado un “ambiente de pogromo”, es decir, un ambiente que se asemeja a las épocas en que grupos de cristianos, muchas veces azuzados por sus sacerdotes y obispos, salían a linchar judíos, siendo esto no sólo común desde el siglo XIX (en que se usó la palabra rusa pogrom con ese significado), sino también mucho antes, con un notable antecedente histórico en la Primera Cruzada, en 1096, donde hordas de cristianos convocados por el Papa masacraron a miles de judíos europeos a su paso, camino de Tierra Santa. Estas “campañas” han “creado artificialmente” una cólera entre la gente contra la Iglesia Católica. Los católicos están en riesgo de terminar como los judíos, dice oblicuamente desde su cómoda sede episcopal, pagada con dinero del estado alemán, nada menos que un prelado católico de la misma Iglesia que nunca excomulgó a Hitler. Ajá. Por supuesto, monseñor.

viernes, 13 de julio de 2012

“Católicos piden fin del adoctrinamiento…”

El medidor de ironía de Alerta Religión acaba de explotar por sobrecarga. Atención, españoles, que el gobierno los está adoctrinando no católicamente y eso no puede ser.


Del artículo en InfoCatólica:
La Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza (ADVCE) ha enviado a D. José Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte, una carta en la que le hacen partícipe de una serie de propuestas encaminadas a evitar el adoctrinamiento en las aulas. La carta de la ADVCE no solo hace referencia a la asignatura Educación para la Ciudadanía sino también al uso de una metodología de enseñanza contraria a los valores católicos en otras asignaturas.

La ADVCE pide al ministro que se revise la objetividad de los currículos escolares, que se retire los libros de texto adoctrinadores, que se controle que el profesorado no aproveche la palestra para adoctrinar y que las actividades escolares y extraexcolares complementarias no tengan dicho fin.
Ya lo escuchó, don José: que no quede ni un catecismo ni una Biblia en todas esas escuelas.

lunes, 11 de junio de 2012

Pobrecito el cardenal

Pobreza franciscana, con perdón del pobrecillo de Asís, es la del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quien ha revelado que sólo percibe un sueldo de 1160 euros al mes.

De ser cierto (¿y cómo dudarlo, viniendo de un hombre de Dios?) Rouco Varela estaría cobrando menos que un obispo argentino (al cambio actual), aunque en ambos casos se trata de un sueldo abonado por el estado nacional. Desconociendo el costo de vida en España, me da la impresión de que 1160 euros no son mucho dinero para una persona con tantas obligaciones como el cardenal, que tiene que dar misa (una hora de trabajo una vez por semana, aunque podrían ser dos o tres) y firmar muchos papeles, aunque la labor más cansadora debe ser arremeter contra ateos, homosexuales, feministas, mujeres que abortan y laicistas radicales que pretenden que la Iglesia pague impuestos. Y es que Dios lo ha llamado a odiar y denigrar a todas esas personas, y ¿qué puede hacer un hombre sino obedecer al llamado, incluso por un sueldo miserable a costa de los contribuyentes?

lunes, 20 de febrero de 2012

“¡Censura!”, gritan los censores

Como la hipocresía y los dobles estándares son característicos de los líderes religiosos y sus seguidores más devotos, no debe sorprendernos la denuncia, que aparece publicada en el Vatican Insider, de que el ejército de Estados Unidos, “violando el derecho de la libertad de palabra y de la libertad religiosa que garantizan la Constitución”, ha censurado la lectura en misa, por parte de los capellanes militares, de una carta enviada por Timothy Broglio, arzobispo Ordinario Militar católico.

La libertad religiosa y la libre expresión son derechos humanos, pero como todos los derechos, no son aplicables de manera irrestricta. El ejército es una de esas instituciones donde está prohibido expresar determinadas opiniones. A uno puede gustarle eso, o no, y en casi cualquier caso yo estaría de acuerdo con el arzobispo en que no permitir la lectura de una carta pastoral en misa es un acto de censura inadmisible. Pero cuando la carta es un llamado a la desobediencia civil, ¿qué espera? ¿No es jefe de los capellanes militares, conociendo por lo tanto las limitaciones a la libertad de expresión que surgen de la estructura jerárquica de las Fuerzas Armadas? ¿A alguien se le ocurre que un ejército puede permitir que un tipo se suba a un púlpito (literal o figurativamente hablando) y arengue a los soldados: “No cumplan con las leyes de su país”?

El Vaticano tiene, como siempre ha tenido la Iglesia desde que se organizó, una gran oficina o departamento de gobierno dedicado exclusivamente al escrutinio y persecución de expresiones que no concuerden con la doctrina oficial. La Iglesia no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y hasta hace un siglo (y más cerca todavía) consideraba esos derechos como impías creaciones de la modernidad, que no deben tener lugar en las leyes de un estado. De hecho la Iglesia siempre ha luchado para influenciar las leyes hacia una mayor restricción de la libertad de expresión y de la libertad religiosa, con la única, notoria, y bastante reciente excepción de los países musulmanes. (Sin más, hace muy poco asistimos al espectáculo de una Iglesia que al mismo tiempo hacía lobby a favor de una ley que castiga la blasfemia en Irlanda, y en contra de las leyes anti-blasfemia que se empezaron a aplicar con creciente dureza contra los cristianos en Nigeria y Pakistán; esto mientras el Vaticano hacía tratos con la Organización de la Conferencia Islámica para apoyar una resolución de la ONU que instaba a los países a perseguir legalmente las blasfemias, críticas o burlas a la religión.)

La dichosa carta pedía a los fieles que resistieran el cumplimiento de la orden del gobierno de Obama sobre la provisión obligatoria de anticonceptivos, esterilización y aborto. Para ser más claro, pedía a los soldados que obstaculizaran, desde su lugar, el acceso a los servicios de salud reproductiva de otros ciudadanos. La carta finalmente no fue leída; los altos mandos (del Ejército y del Vaticano) lo conversaron, borraron la frase clave que incitaba a la desobediencia, y se acordó que se permitiría mencionar la carta en misa y difundirla por escrito.

viernes, 6 de enero de 2012

Podcast, ep. 18: antisemitismo cristiano y victimismo judío


En esta edición del podcast de Alerta Religión: un representante de Fox TV pregunta en su foro público “quién creen ustedes que mató a Jesús” esperando que le contesten “los judíos”; un grupo de judíos ortodoxos haredi, molestos por no poder discriminar a las mujeres, protesta disfrazando a sus hijos de víctimas del Holocausto.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Podcast, ep. 17: en San Luis, libres siempre que no moleste


En esta edición del podcast de Alerta Religión: el juez Jorge Sabaíni Zapata, de la provincia de San Luis (Argentina), prohíbe la venta de una línea de ropa por ofender los sentimientos religiosos y discriminar a los católicos, demostrando así que es inepto para juzgar y que no sabe lo que es la libertad de expresión ni la discriminación.


martes, 23 de agosto de 2011

JMJ 2011: Madrid es mía, dice el Señor

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el más grande evento de masas auspiciado por el Vaticano desde la beatificación de Juan Pablo II, terminó el domingo con la despedida de Benedicto XVI de España. Yo quería escribir algo sobre esto, pero varias razones me lo impidieron: los sucesos estaban aún desarrollándose y desde miles de kilómetros de distancia era imposible entenderlos todos; todo el mundo estaba escribiendo, comentando, publicando impresiones, y no podía tener en cuenta todo lo que decían, valorarlo, sopesarlo y resumirlo en tiempo real. Había que dejar que se aquietaran las aguas.

Mi masoquismo me llevó finalmente a escuchar, a modo de resumen, el podcast “Punto de Vista”, que graba Alejandro Bermúdez, director de la agencia de propaganda papista ACI. Su tema era explicar por qué lo más significativo de la JMJ fue, para él, la reacción de los jóvenes peregrinos ante las protestas laicas. Aconsejo escuchar, no porque Bermúdez ofrezca información alguna, sino porque el podcast abandona las pretensiones de tolerancia y mesura con que se disfrazan la mayoría de los discursos escritos por la prensa católica.

Para empezar, nos explica que a la marcha laica del 17 de agosto sólo fueron unas dos mil personas, lo cual fue “patético”. Más aún, el gobierno español fue “estúpido” al autorizarla. No se puede autorizar una marcha del Real Madrid en medio de Barcelona o una de fans del Barça en Madrid, graficó. Madrid era “una ciudad de la JMJ”, no podía permitirse otra cosa. El gobierno debió haber prohibido a un grupo pequeñísimo (¿ya dije que era patético?) de manifestantes salir a la calle a protestar, porque la calle era propiedad de otro grupo, mil veces más numeroso, que podría verse de alguna forma afectado.

¿Por qué el gobierno español permitió a los manifestantes laicos salir a levantar la voz contra los jóvenes católicos y el Papa, a quienes obviamente todos los demás ciudadanos habían concedido la propiedad exclusiva de las calles madrileñas? Porque, según Bermúdez, es un gobierno que “tiene un complejo de inferioridad de que tiene que ser demócrata con los que protestan y con los pervertidos, anticlericales y anticatólicos.”

(Fernando Savater dio en el clavo por anticipado. En un artículo de noviembre de 2010, luego de una visita papal a España, recordaba a Churchill diciendo “Han preferido el deshonor a la guerra y ahora tendrán el deshonor y la guerra”. Al Papa se lo trató como a un rey, sin que eso modificara en nada los constantes mensajes mediáticos de la jerarquía católica contra el PSOE y contra las leyes democráticamente aprobadas por el parlamento español que no complacen a la ideología católica. Ninguna deferencia, ningún privilegio es suficiente para la Iglesia, si no es la rendición y sumisión completas.)

¿Y cuál fue el resultado de esta estupidez de respetar la “democracia” y dar libertad de expresión a las minorías patéticas y pervertidas? Que cuando la marcha laica, “liderada por un famoso travesti”, llegó a la Puerta del Sol, por donde tenía que pasar, la misma por casualidad estaba llena de jóvenes de la JMJ, que fueron “tomados por sorpresa”: les cayeron encima “este grupo de pervertidos (alcoholizados, en drogas)”, a provocar, con el susodicho travesti a la cabeza evidentemente “esperando que los jóvenes lo golpearan y crearan un mártir secular” (de ésos que hay como para llenar santorales), pero los jóvenes no hicieron eso: se arrodillaron y se pusieron a rezar. Hubo incidentes luego, pero fueron “entre los pervertidos y la policía” (y algún que otro periodista, seguramente ateo y pervertido también).



De más estar decir que no sólo era sabido que la marcha laica iba a pasar por la Puerta del Sol (habían tenido que reclamar bastante para que se les concediera permiso para eso), sino que había una intencionalidad clara de los peregrinos de estar allí cuando ocurriera. Hubo una convocatoria explícita y en todo caso el evento oficial ya había terminado. Se produjeron incidentes, con culpa de ambos lados y de una inepta actuación de la policía (en esto ambos lados están de acuerdo), y cuando finalmente quedaban pocas personas la policía cargó para desalojar el lugar, agrediendo a los manifestantes laicos, identificables por no llevar la mochila que los sponsors públicos y privados de la JMJ proveyeron a los peregrinos.

Para completar el proceso de victimización un grupo católico grabó y difundió un video (que se ve más arriba) donde se contrasta la beatitud de los jóvenes papistas con la violencia de los manifestantes. En el mismo, claro está, no figura la represión policial que el estado español descargó sobre los últimos en nombre de los primeros, tanto esa noche como en otras oportunidades. En Madrid, durante cuatro días, se dio por hecho que todo aquél que portara la mochila de la JMJ era inocente: angelitos piadosos venidos de todo el mundo a escuchar el mensaje de paz del vicario de Cristo.



Los medios españoles, en general, también se pusieron guantes de seda. No siendo español ni lector habitual de esos medios, me cuesta navegar la intencionalidad política e ideológica que cada uno tiene, pero en algún caso la distorsión es obvia: por ejemplo, Público dice:
La policía ha desalojado a la fuerza la Puerta del Sol después de que esta fuera tomada por los manifestantes de la marcha laica, que consiguieron acceder al interior de la plaza a pesar de los intentos de varios peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) por bloquear su entrada.
Lo que ocurrió fue que la plaza fue tomada por los papistas a sabiendas de que la marcha laica debía pasar por allí, y la policía les hizo el trabajo sucio de “liberarla” para ellos. Hubo desinteligencias de parte de los organizadores de la marcha y también reacciones violentas, pero claramente aisladas. Como dice el documentarista Stéphane M. Grueso, testigo de lo ocurrido, en su blog, algunos cometieron el error de encauzar su protesta hacia los peregrinos, cuando ésta en realidad era hacia el gobierno, las empresas patrocinadoras y la injerencia de la Iglesia en asuntos políticos. Los peregrinos (y ésta es mi opinión) eran entusiastas pero no fanáticos; mucho cántico, mucha ovación, mucho “Benedicto, equis-uve-palito”, pero no responsables directos del oscurantismo feroz y del odio que rezumaban las sentencias del Papa que ellos aplaudían.

La JMJ da para más, pero lo iré procesando de a poquito. Entiendo que debe haber sido muy desagradable, salvo para los papistas, pero también un poco emocionante, por la reacción que se produjo. El Papa ya no es bien recibido en países donde antes podía contar con la adulación y las genuflexiones de todos. Y no sólo no es bien recibido sino que las protestas son ruidosas, mediáticas, inolvidables. Es inevitable que haya excesos: se trata de gente harta, protestando contra un trato manifiestamente privilegiado, pagado por sus impuestos, hacia una organización y una persona que representan la intolerancia y el oscurantismo a nivel global. Esto no va a ser fácil. Siempre es más sencillo aplaudir y agachar la cabeza que gritar las propias razones a quienes no quieren oírlas.