Mientras esperamos, tenemos noticias aún más deprimentes, si cabe, como la de que los alumnos de toda Salta no tuvieron clases, por resolución del Ministerio de Educación, durante los primeros tres días de esta semana (13, 14 y 15 de septiembre), porque en esas fechas se celebra el tradicional “triduo del Milagro”. Los alumnos del interior de la provincia que vayan a la peregrinación al santuario de la Virgen del Milagro, en la capital provincial, tienen además dispensa para faltar los dos días siguientes (y para completarla, el lunes 21 es feriado por el Día del Estudiante). A la susodicha Virgen se le atribuyen los “milagros” de llegar flotando en una caja al puerto del Callao (Perú), pese a haberse hundido el barco que la traía de España (de los tripulantes, hombres de poca fe, no se salvó ni uno), y de preservar a la devota ciudad de Lima de los peores efectos del terremoto de 1692, mientras que Dios destruía en cambio a la ciudad de Esteco por ser demasiado rica y no suficientemente piadosa.
Y tenemos también editoriales como la de José de Álzaga en El Intransigente, en la que se nos viene plañideramente con el cuento de que se pierde la formación integral del alumno si no se le mete dogma en la cabeza, se acusa a los padres de preocuparse por un mísero módulo de clases de catecismo como si no hubiera cosas más urgentes, y se erige al catolicismo como una especie de pilar irreemplazable e incuestionable de la identidad local y continental. Todo esto es muy común y muy aburrido y cansa refutarlo, pero ahí va:
- Es mentira que el alumno necesite una formación integral, total, en la escuela. La escuela debe primero formar en los contenidos básicos, cosa en la que ya es deficiente y de la que debería ocuparse, privilegiándosela por sobre la mitología judeocristiana.
- Es mentira que la formación integral de la persona tenga que pasar por aprender religión. Ni las fábulas de Adán, Eva, la Serpiente y la manzana, ni de Noé y sus animales, ni de Caín y Abel, ni de Moisés partiendo el Mar Rojo, ni de Jesús multiplicando viandas, son importantes excepto como referencias de la cultura general. La religión puede ser transmitida en casa o en la iglesia. Y desde luego, la enseñanza religiosa no equivale a formación moral ni a elevación espiritual. Es más, suele producir ciudadanos crédulos, obsecuentes y temerosos, antes que ciudadanos informados e independientes.
- Es verdad que los padres no se preocupan por otras cosas más urgentes, pero es falaz llevar la discusión por ahí. Tanto en Salta como en toda Argentina, las escuelas públicas son de una calidad desastrosa y que ha ido descendiendo sin pausa, y eso causa cada tanto protestas de padres, maestros y alumnos. De todas formas, un juez no puede ordenar que la educación sea buena de la noche a la mañana, pero sí puede dictaminar que no se dicten clases de religión. Esta salida por la tangente es una excusa tan típica y tan vacua que ya debería estar en los libros de texto; cuando alguien dice “¿Por qué no se preocupan por X en vez de molestar tanto con una tontería como Y?”, es signo inequívoco de que la otra persona no tiene argumentos.
- Es verdad que el catolicismo es parte de la cultura local. Eso no lo hace mejor que otras religiones e ideologías, ni más intocable que ningún otro rasgo cultural. El machismo, la homofobia, el antisemitismo y la etnofobia también son parte de nuestra cultura, gracias en gran medida a la Iglesia que vino acompañando a los conquistadores españoles, pero no por eso los enseñamos en las escuelas públicas o pretendemos que no deban intentar cambiarse.
Seguimos a la espera de que Salta sea laica. Y no nos olvidemos de las provincias de Jujuy y Santiago del Estero, que también obligan a la indoctrinación católica a los alumnos.