domingo, 6 de abril de 2008

Alerta 10: Campaña por la abstinencia

Como si no tuviéramos suficientes fanáticos religiosos aquí en Argentina, ahora los importamos. Y les damos apoyo oficial para que dicten cursos sobre prevención del SIDA.

Resulta que la ONG española Comité Independiente Anti-SIDA (CIAS) ha abierto una sede en Mendoza, y anda por las escuelas, con acuerdo del gobierno provincial, dando cursos sobre cómo evitar el SIDA y temas afines sobre salud sexual, desde una perspectiva conservadora católica. En principio, un gobierno laico no debería apoyar estas manifestaciones, que discriminan a la gran mayoría de la población que no comparte los "valores" del catolicismo. El titular del CIAS dice que hace cuatro años que viene periódicamente a Argentina, organizando charlas en diferentes instituciones, campañas publicitarias, etc.

Ahora bien, cualquiera es libre de pensar y de difundir sus ideas (es irónico que esta libertad de propalar de todo, hasta estupideces, que las religiones disfrutan en todas las sociedades modernas, es una que ellas negaron a los pueblos durante siglos). Es un poco ridículo pretender que la abstinencia hasta el matrimonio y la fidelidad monogámica absoluta luego del mismo puedan ser la base de un sistema de prevención, puesto que nunca, ni en estos tiempos de moral supuestamente laxa ni en la antigüedad, el hombre y la mujer humanos han seguido esas normas estrictas, y negar esa realidad no ayuda a la causa.

La estrategia moralizante de esta gente es asumir que una enfermedad como el SIDA se contagia por un estilo de vida moralmente incorrecto, y que por lo tanto la solución es cambiar de conducta. Por si alguien no lo notó, esta forma de pensar también conduce a la ecuación enfermo = pecador (o como decimos en Argentina, "algo habrá hecho"), y nos deja a todos en la posición de ser indoctrinados "por nuestro propio bien" por gente que basa su visión del mundo en fantasías.

Todo esto sería académico si no fuera porque, además de enseñar esta ridiculez, el CIAS miente descaradamente. Miente porque, ante las comprensibles dudas de quienes escuchan y piensan que quizá no sea para ellos esto de estar sin sexo hasta casarse, el CIAS afirma que los preservativos o condones no sirven para evitar el contagio del SIDA. Estadísticas que parecen demostrar esta mentira abundan... llamativamente, todas ellas propaladas por organizaciones católicas o evangélicas fundamentalistas.

Y aquí yace el verdadero problema de que un gobierno, en un país laico y religiosamente diverso como el nuestro, apoye la prédica, basada en razones ideológico-religiosas y no científicas, de un grupo de cruzados de la moralidad sexual.

Se han hecho innumerables pruebas científicas que muestran que el preservativo es el método más efectivo de prevención de las enfermedades de transmisión sexual, incluido el SIDA (exceptuando la abstinencia total de contacto sexual). Irónicamente, hasta el Ministerio de Salud de Mendoza (donde el CIAS va a predicar ahora) confirma que el condón bien usado es seguro. Por supuesto, hay veces en que el preservativo se sale o se rompe o no se utiliza como debe. Utilizar preservativos de buena calidad y en forma correcta hace que el riesgo de falla sea muchísimo menor. Si alguien cree que es mucho pedir que todo el mundo (incluso los más pobres) paguen preservativos de primera y encima los usen exactamente en la forma adecuada cada vez, que piense que la alternativa es no tener sexo, jamás, salvo a partir del matrimonio y con una sola persona (sana). ¿Cuál es la más realista?

En Estados Unidos, donde el muy cristiano presidente George W. Bush apostó el dinero del estado a una educación sexual basada únicamente en la abstinencia, el contagio de enfermedades venéreas entre adolescentes subió, y de hecho es más alto entre los jóvenes pertenecientes a familias muy religiosas, por la simple razón de que no saben cómo manejar sus cuerpos, tienen vergüenza de preguntar, y en la escuela sólo les inculcan miedo al sexo. Al final, obviamente, las hormonas ganan, y vienen los problemas. Esta tontería de la abstinencia, en virtud del poder y la influencia (en distintas variedades) de Estados Unidos y del Vaticano, tiene efectos a nivel mundial.

Ojo, no digo que esté mal abstenerse del sexo. No suele ser buena idea que gente muy joven tenga sexo, porque se expone a ciertos riesgos con los que psicológicamente no está capacitada para lidiar. Fuera de esto, puede haber razones personales para que una persona se niegue, por un plazo determinado, a tener sexo con su pareja sentimental. Y si por convicción religiosa o de otra clase hay alguien que prefiera no tener sexo hasta el matrimonio, bueno, es su decisión. Decisión que le va a costar una gran frustración, sin duda, pero la mente humana puede encontrar caminos para redirigir esa energía reprimida. Personalmente me resulta una estupidez; estudios científicos no dejan de mostrar que la abstinencia es dañina y la actividad sexual es buena para la mente y el cuerpo. Pero a cada cual lo suyo.

Tampoco es que esté mal educar para la fidelidad monogámica. Si bien va en contra de nuestros instintos biológicos, a muchos no les resulta tan difícil, y sin duda un matrimonio sin fisuras es mejor que uno donde la infidelidad causa peleas y disgustos. Pero proponer la monogamia total como prevención contra el SIDA no es realista. No sirve, y punto. Esté "bien" o "mal", mucha gente va a tener múltiples parejas, y en tanto no se dañe a nadie, en ningún lugar civilizado del planeta está prohibido. (Si alguien desea probar otra cosa, ya hay lugares donde el estado y la religión promueven conjuntamente la abstinencia pre-matrimonial y la fidelidad: paraísos de la libertad individual como Arabia Saudita, Irán o Afganistán. ¡Nada promueve la fidelidad como ver adúlteras apedreadas hasta morir en las calles!)

El CIAS tiene una presencia múltiple en Internet: un blog, otro blog, y su sitio principal. No entiendo muy bien a qué viene tanto; la mayor parte, o todo, es contenido tomado de otros sitios, invariablemente favorables a su postura. Entre los católicos militantes existe, como suele ocurrir entre otros movimientos de esta clase, una paranoia conspirativa que les lleva a creer que todos los organismos científicos y gubernamentales que desmienten sus ridículas distorsiones de la realidad son anti-católicos, anti-Dios, anti-vida, y/o están comprados por las compañías que fabrican anticonceptivos y preservativos.

De la misma manera podría yo especular que la Iglesia Católica se opone al control de natalidad para que sus fieles se reproduzcan más que el resto de la población, o que fomentan la propagación del SIDA para perpetuar la enfermedad y la miseria, que son dos de las grandes reclutadoras de toda religión. Me doy cuenta de que tal teoría conspirativa es demasiado complicada: prefiero creer que son simplemente fanáticos.

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