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sábado, 11 de enero de 2014

Libertad para impedir

Estoy oficialmente de vacaciones pero no quería dejar olvidada esta noticia. Algunos quizá sepan del gran lío que se le armó a Barack Obama cuando quiso que se aprobara su paquete de salud pública (rápidamente bautizado Obamacare). Una parte de la oposición se centró específicamente en la obligación legal, de parte de todos los empleadores, de ofrecer a sus empleados un seguro que cubriese servicios de salud reproductiva.

Al contrario de lo que sus detractores más alucinados proclaman, Obama no es un criptocomunista decidido a instaurar una dictadura cuasi-soviética en su país, y la ley incluía un compromiso por el cual quedan exentas de esta obligación las organizaciones religiosas en sentido estricto. Vale decir: si un templo de una religión que se opone a la anticoncepción o al aborto tiene empleados, el empleador puede ampararse en este hecho para no ofrecer un plan de salud que incluya esas prácticas.

Manifestantes católicos pidiendo libertad para poder privar de sus derechos a otras personas.
Manifestantes católicos pidiendo libertad para poder privar de sus derechos a otras personas.

En un mundo donde las religiones se dedicaran a enseñar o predicar doctrinas y servir como puntos de reunión o de ritos compartidos, eso debería haber bastado. Pero ocurre que las grandes religiones nunca son realmente eso; son organizaciones que edifican estructuras de poder muy similares a las corporaciones empresarias. La Iglesia Católica, particularmente, regentea un sinnúmero de escuelas, universidades, institutos de investigación e incluso hospitales, además de muchas ONGs y fachadas varias anotadas como “sin fines de lucro”. Las parroquias en sí son una pequeñísima parte de su estructura; la exención legal no les bastaba. ¿Se imaginan a una escuela católica pagándole a sus maestras un plan de salud con el cual tuvieran acceso a la píldora?

Las ONGs católicas, entonces, solicitaron ser exceptuadas de ese punto del Obamacare. Y lo lograron: en la víspera de Año Nuevo, la jueza de la Corte Suprema Sonia Sotomayor les otorgó una suspensión temporal (hasta que la Corte escuche y decida sobre el caso, lo cual puede tomar tiempo). Lo único que tiene que hacer una ONG religiosa para negarle a sus empleados el acceso a la salud reproductiva a su costa es llenar un formulario. El formulario autoriza a la empresa de seguros de salud a prestar el servicio por su cuenta, sin que el empleador pague ni se entere siquiera.

Hasta aquí, una historia más de la ruindad de la Iglesia Católica. ¡Pero hay más! Enterados de la medida de Sotomayor, unas adorables monjitas han presentado una demanda… contra el llenado del formulario que les permite quedar exentas de la ley. Completar el formulario, dicen, es una violación de su libertad religiosa, porque firmarlo equivale a facilitar que se provean anticonceptivos.

Desde el punto de vista de las monjas, tienen razón, claro, aunque cabe preguntarse por qué no van más lejos: idealmente, deberían dejar de pagar impuestos al gobierno de Obama, o trabajar ellas mismas en vez de tomar empleados formalmente, o tomar sólo empleados y empleadas que no vayan a necesitar jamás servicios de salud reproductiva (mujeres postmenopáusicas y poco más, supongo), o ir a hacer su tarea a un lugar más respetuoso de su “libertad religiosa” (hay muchísimos lugares así, aunque afortunadamente no tantos). Mantener estrictamente la moral católica de todo un grupo de personas mientras se monta una organización legal en un país moderno es, como se dice en Estados Unidos, pretender quedarse con la torta y a la vez comérsela.

En último término, la razón por la cual las ONGs católicas no quieren llenar el dichoso formulario no pasa por su “libertad religiosa”, sino por el objetivo real, que siempre ha sido claro, de quitarle a todas las personas posibles el acceso a la salud reproductiva. Si una organización puede negarse a ofrecer un seguro de salud con cobertura de anticoncepción y aborto y además no tiene que llenar un formulario autorizando a las aseguradoras a ofrecer estos servicios por su cuenta, el resultado es que el empleado no puede acceder a ellos ni como parte del seguro de su empleador ni por fuera de éste: sólo puede hacerlo privadamente, abonando los costos completos, que pueden ser prohibitivos (el costo de la salud en Estados Unidos es el más caro del mundo por lejos).

Ofrecer una mano y terminar dando hasta el codo: tal es el resultado de conceder a las organizaciones religiosas privilegios que no merecen.

martes, 15 de octubre de 2013

Los obispos estadounidenses y el shutdown

Una semana antes del cierre (shutdown) del gobierno estadounidense, la Conferencia Episcopal, es decir los obispos católicos de dicho país, hacían lobby para promover el cierre.

¿Por qué les podía interesar a los obispos que el gobierno tuviera que parar todo menos sus funciones básicas? Resulta que los obispos católicos están mal con Obama, porque el presidente promulgó una regulación que obliga a todas las instituciones a ofrecer, como parte de su seguro médico para empleados, la provisión de servicios de salud sexual y reproductiva. El último acto del lobby católico fue presionar a legisladores republicanos ultraconservadores para exigir que incluyeran, dentro de las medidas a tomar por el gobierno para evitar el shutdown, un proyecto redactado a instancias de la Conferencia Episcopal, que les daría el derecho a las instituciones católicas de ser eximidas del deber de ofrecer anticonceptivos (entre otras cosas) a sus empleados.

Que la Iglesia Católica haga lobby es habitual y no está mal. Lo que sale de lo habitual es que la Iglesia ofrezca al ala más dura de los conservadores un argumento más para negarse a aprobar el presupuesto, a sabiendas de que un shutdown impactaría de lleno en la salud pública y la asistencia social. Estos legisladores no son sólo conservadores en cuanto a su oposición al aborto o la anticoncepción; son también fanáticos promotores de la destrucción del estado como proveedor de salud y asistencia económica para los que menos tienen.



Como dice un comentarista:
Una cosa es pedir ser exceptuado de una ley que uno no quiere seguir, mientras el resto de la nación continúa funcionando. Otra cosa totalmente distinta es exigir que el gobierno deje de funcionar porque a uno le disgusta cómo funciona la ley. En este sentido, la táctica de los obispos es idéntica a la del senador Ted Cruz (…). Excepto que, a diferencia de Ted Cruz, los obispos hablan de parte de una iglesia que proclama que el gobierno tiene la responsabilidad de “proteger la vida y la dignidad humana, ocuparse de la gente pobre y vulnerable en el país y el extranjero y promover el bien común universal”. A causa del cierre del gobierno, madres y niños corren riesgo de perder sus franquicias del WIC (programa de nutrición para mujeres, bebés y niños). Muchos de los programas Head Start han cortado sus servicios educativos para niños de bajos ingresos, y se ha cortado el flujo de fondos federales a muchos programas contra la violencia doméstica.
La Iglesia Católica, en otras palabras, prefiere que el gobierno cierre y millones de personas que dependen de la asistencia del mismo pasen hambre o pierdan su acceso a la salud, con tal de que Obama se vea obligado a retirar las leyes que les molestan a los obispos.

Y eso no es todo. Si el gobierno de Estados Unidos no sale del shutdown pronto, arriesga caer en default de su deuda, lo cual traería una recesión severísima. Los obispos no se han preocupado por esto: sólo le han dado a los promotores del shutdown un argumento más para mantener cerrado el gobierno.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Gatopardismo papal

Gatopardismo papal

Hace unos días Jorge Bergoglio, alias el Papa Francisco, concedió a Antonio Spadaro, director de la revista jesuita La Civiltà Cattolica, una larga entrevista, que fue publicada en múltiples medios católicos. Los medios seculares tomaron las partes más jugosas de la entrevista y las difundieron, en general intentando mostrar las manifestaciones del papa como una revisión para bien o un progreso en la actitud de la Iglesia hacia sus blancos preferidos (las mujeres y los homosexuales).

En realidad, como los mismos comentaristas católicos se han empeñado en aclarar, el papa no dijo nada nuevo y de hecho reafirmó las posturas tradicionales de la Iglesia. Nada va a cambiar porque nada puede cambiar; el aborto sigue siendo un asesinato, tener sexo sin buscar hijos es ser anti-vida, y la homosexualidad es una especie de enfermedad cuyas víctimas merecen compasión.

El primer error que cometen los medios es suponer que el papa está hablando para toda la humanidad. Muy lejos de eso, el Papa le habla a los católicos (él dice “cristianos”, pero buena parte de los cristianos del planeta no considera que esos dos términos se solapen), y específicamente a los católicos de nombre y a los católicos devotos pero apartados de la Iglesia y que quieren —por alguna razón que se me escapa­— seguir sintiéndose parte de una iglesia que los rechaza con un mensaje expulsivo, condenatorio, basados en una moral absurda. Así lo expresa el entrevistador:
…aquellos cristianos que viven situaciones irregulares para la Iglesia, o diversas situaciones complejas; cristianos que, de un modo o de otro, mantienen heridas abiertas. Pienso en los divorciados vueltos a casar, en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles.
Es quizá sintomático el que no se comprenda muy bien si las “heridas” y las “situaciones difíciles” son padecimientos de las personas en cuestión o conflictos entre el modo de vida de esas personas y la Iglesia. Hay una infinidad de cristianos divorciados y vueltos a casar y de cristianos homosexuales en pareja que viven perfectamente felices, o al menos, tan bien o mal como cualquiera.

Sobre cómo llegar a esas personas (claramente la preocupación de cierto sector de la Iglesia, que ve cómo se han ido vaciando los bancos de la misa y las bolsas de la colecta), Francisco dice:
Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ‘heridos sociales’, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado.
¿“Sienten” que la Iglesia los condena? El Papa, cuando era su gemelo malvado Jorge Mario Bergoglio, llamó al proyecto para permitir matrimonios entre personas del mismo sexo un plan del demonio. Y ése es uno de los calificativos más sutiles de los jerarcas de la Iglesia hacia los homosexuales.
La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal.
Esto es cierto (menos lo de Dios, que no existe), pero sólo en cierto sentido. Las opiniones de los demás nos afectan, y es sabido que recibir opiniones negativas constantes nos puede afectar gravemente a nivel psicológico. Por no hablar de la influencia indirecta que tienen esas opiniones cuando son tomadas por verdades por otras personas. El mensaje de la Iglesia, repetido y amplificado por medios acríticos y por una cultura conservadora e hipócrita, afecta a los blancos elegidos por la Iglesia.

Sigue el papa:
Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’.
¿Cómo saberlo? Dios, si existe, no da muestras de aprobar o rechazar a nadie; sólo habla por personas que se dicen sus elegidos.
En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna.
¿“Su condición”? ¿“Con misericordia”? ¿Cómo puede interpretar eso alguien, si no es deduciendo que la Iglesia o Dios (que es lo mismo en la práctica) lo consideran un enfermo digno de lástima? ¿Hay que culpar al Espíritu Santo de no inspirar a los sacerdotes, o de inspirarles mal, cuando tratan a los homosexuales y transexuales como perversos, a las mujeres que abortaron como a asesinas, y así, generalmente desde la seguridad y la autoridad del púlpito?

Luego Francisco pasa a hablar de la confesión, que es la forma en que el sacerdote “acompaña” a quienes no cumplen con las reglas de Dios (la Iglesia). Lo hace con un ejemplo:
Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?
La relación entre el sacerdote y los demás se plantea enteramente en términos de culpa y de la facultad del sacerdote de perdonar esa culpa. El sacerdote, y por extensión la Iglesia/Dios, sólo puede “acompañar” a una persona si ésta se admite pecadora y arrepentida. Si una persona, para vivir como desea y llegar a la felicidad, procede contra las prohibiciones católicas, la Iglesia sólo acepta recibirla si abyectamente se arrodilla y confiesa que sus deseos fueron incorrectos, se arrepiente de haber buscado esa felicidad y promete volver a hacer lo que la Iglesia/Dios manda en vez de lo que realmente quiere.

Finalmente llegamos a la frase que más llamó la atención de los medios:
No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar.
De aquí podemos derivar dos interpretaciones: la más piadosa y la más realista. La interpretación piadosa es que Francisco está pidiendo a su Iglesia que no se la pase señalando pecados, y que cambie el enfoque: del ataque a la bienvenida, de la moralización severa a la misericordia.

La interpretación más realista es que Francisco ha entendido que la Iglesia va a seguir perdiendo popularidad y fieles si todas sus intervenciones públicas se refieren directa o indirectamente a su fijación contra el sexo no reproductivo, actividad que no por ser dogmáticamente pecaminosa deja de ser el pecado más frecuente de la inmensa mayoría de sus feligreses y de los seres humanos en general, además de uno de los más placenteros.

Quienes seguimos a la prensa católica sabemos que, excluyendo las noticias de índole administrativa (eventos, designaciones de funcionarios, documentos papales), la mayor parte de lo que emana de allí y que constituye aparentemente la tarea diaria y exclusiva de obispos y cardenales es un compendio de amenazas y advertencias contra el aborto, los preservativos, la homosexualidad, la educación sexual y los anticonceptivos, es decir, en el fondo, contra toda forma de sexo que no esté destinada a producir futuros pequeños católicos sino a hacer meramente feliz a quien lo practica. Francisco, por convicción o por conveniencia, sabe que este mensaje no hace sino alienar a gran parte de la población.

Decía magistralmente George H. Smith en Atheism: The Case Against God:
“A cambio de la obediencia, el cristianismo promete la salvación en una vida futura; pero para poder lograr obediencia a través de esta promesa, el cristianismo debe convencer a los hombres de que necesitan salvación, que hay algo de lo que deben salvarse. El cristianismo no tiene nada que ofrecer a un hombre feliz que vive en un universo natural e inteligible. Si el cristianismo quiere ganar una base sólida para la motivación, debe declarar la guerra al placer terrenal y a la felicidad, y éste, históricamente, ha sido precisamente su modo de acción. A los ojos del cristianismo, el hombre es un pecador, está inerme ante Dios y es potencialmente combustible para los fuegos del infierno. Así como el cristianismo debe destruir la razón antes de poder adelantar la fe, de la misma manera debe destruir la felicidad antes de poder adelantar la salvación.”
Es posible que este discurso más moderado que Francisco saca a relucir disimule la táctica de crear culpa para luego vender salvación a cambio de obediencia, y en algunos casos alivie a aquellas personas que ya hayan asumido la culpa con tanto fervor que no puedan dejarla de lado de otra manera que recibiendo el “acompañamiento” interesado de la Iglesia. Pero la diferencia es de forma, no de fondo, igual que la diferencia entre el popular y campechano Francisco y su poco carismático predecesor.

martes, 9 de julio de 2013

Adoctrinamiento católico en las escuelas públicas de Corrientes, pronto en la clase de educación sexual

Sorpresa, sorpresa: la Iglesia Católica intenta nuevamente bloquear la educación sexual en las escuelas públicas argentinas. Esta vez es en la provincia de Corrientes, donde la Dirección de Servicios Educativos de Prevención y Apoyo (Disepa) vergonzosamente “colabora” con la Junta Arquidiocesana de Educación en la redacción de una revista de educación sexual integral como material de clase, según publica el diario El Litoral.

Los materiales necesarios ya existen: el Ministerio de Educación de la Nación los elaboró hace años, pero la mayoría de las provincias los ignoraron o los rechazaron.
En Corrientes las publicaciones aparejaron polémica al abordar en sus páginas nuevos derechos como el matrimonio igualitario. Este año la cartera presidida por [el ministro de Educación] Alberto Sileoni añadió la violencia de género y trata de personas.
La Iglesia Católica (vía el Consejo Superior de Educación Católica) confeccionó materiales propios para las escuelas de adoctrinación que regentea; en su momento me ocupé de los mismos, mostrando cómo sus contenidos buscaban apuntalar los roles sexistas de género, promover la abstinencia y los groseramente ineficaces “métodos naturales” como única forma de control de la natalidad, sembrar terror a los anticonceptivos, tratar la masturbación como un problema, la homosexualidad como un trastorno y el sexo fuera del matrimonio como una forma de abuso sexual (!).

El susodicho material era, sin embargo, para consumo interno. El que la Junta Arquidiocesana de Educación de Corrientes está elaborando junto con la Disepa es para todas las escuelas: las católicas y las públicas, supuestamente laicas. ¿Por qué no usar el material enviado por el ministerio nacional? La respuesta es tan poco comprometida como hipócrita:
Los ejemplares del programa nacional no hicieron eco en varias instituciones escolares correntinas. “En muchas escuelas no implementaron el cuadernillo de Nación. Estamos viendo por qué”, indicó a El Litoral la titular de Disepa, Julia Sáez.
¿“Estamos viendo por qué”? Uno puede imaginarse el entusiasmo y la firmeza con que el gobierno correntino intentó implementar el uso de los materiales.
Por este motivo, la cartera está trabajando en la elaboración de un cuadernillo propio que tenga en cuenta “nuestra idiosincrasia”, según detalló la referente del programa. Luego explicó que “otra es la realidad de Corrientes” y que se debe abordar un “tema tan importante para el Ministerio de manera responsable”.
Pero entonces ese “estamos viendo” ya tiene respuesta, ¿no? No se implementó el material, implica Julia Sáez, porque no tenía en cuenta la idiosincrasia local. Ésta es una excusa remanida, que apela al recelo del provinciano (estereotípico, aclaro) hacia lo que viene bajado desde Buenos Aires. ¿Qué “otra” es la realidad de Corrientes? ¿Las adolescentes no tienen sexo y se quedan embarazadas en edad escolar, en Corrientes? ¿Los chicos no se masturban? ¿No existe el sexismo ni el abuso sexual ni la trata de personas en Corrientes? ¿No hay homosexuales ni transexuales discriminados? ¿Ninguno de los problemas que en todo el resto del país piden a gritos una solución en la forma de un programa de educación sexual existe en Corrientes? Ah, no, perdón:
Los contenidos de la revista serán consensuados con los técnicos de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica y según adelantó Sáez, abordarán temas como valores, autoestima, intimidad, hábitos, violencia, métodos anticonceptivos, entre otros.
¿Y las fuentes académicas para estos temas? ¿Trae la Iglesia nuevos hallazgos, cosas que superen los datos de los cuadernillos confeccionados a nivel nacional? ¿O no serán más que un refrito de materiales de adoctrinamiento ya publicados?


Ahí está, sobre la mesa, lo que la Iglesia aporta. ¡Nada menos que la misma revista de la que hablaba yo al comenzar, repleta de material sexista, homofóbico, pro-natalista y de pseudociencia contra los anticonceptivos!
… estará orientada a los estudiantes de todos los niveles y a los tutores. También podría ser utilizada entre los alumnos de catequesis.
¿Alguien quiere apostar algo sobre la veracidad de los contenidos sobre métodos anticonceptivos que podrá encontrarse en una revista que se va a usar para dar catequesis?

Y para terminar:
El financiamiento y la edición correría por cuenta de la Provincia.
Naturalmente. Es que la Iglesia no maneja dinero.

lunes, 25 de febrero de 2013

Los obispos alemanes y la píldora del día después

Estoy seguro de que al lector le ocurrirá muchas veces leer a algún representante de Dios en la Tierra y no saber si reír o llorar o maravillarse ante su inagotable perversidad argumentativa o su incomparable presunción. Para mí es algo habitual, aunque tengo que salir a buscarlo. Los obispos católicos nunca defraudan.

El jueves 21 de febrero la Conferencia Episcopal Alemana publicó un documento donde autoriza la administración de anticonceptivos de emergencia a mujeres violadas.
El cardenal Karl Lehmann (Maguncia), en su calidad de presidente de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Alemana ha presentado, una vez constatada la disponibilidad de nuevos preparados con principios activos alterados, la evaluación teológico-moral del empleo de la llamada «píldora del día después». El cardenal Joachim Meisner (Colonia) explicó su declaración del pasado 31 de enero de 2013 -de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Academia Pontificia- así como el trasfondo de la cuestión, que tiene como punto de partida el rechazo de asistencia a una víctima de violación por parte de dos hospitales de Colonia.

La Asamblea reitera que las mujeres que son víctimas de una violación han de recibir, por supuesto, asistencia humana, médica, psicológica y espiritual en los hospitales católicos. Esto puede incluir la administración de la «píldora del día después» partiendo de la base de que sus principios sean no abortivos, sino anticonceptivos.
Como bien se aclara, el detonante de esta decisión fue una instancia de un problema que muy probablemente sea habitual: el hecho de que en los hospitales católicos las doctrinas de la Iglesia tienen mayor peso que las buenas prácticas médicas, con lo cual la vida de una mujer es considerada como menos valiosa que la de cualquier embrión o feto, incluso si no está implantado o es inviable. (Recordemos el caso de Savita Halappanavar en Irlanda.)

El paso dado por los obispos alemanes es minúsculo: en ningún caso se habla de la posibilidad de abortar (ni siquiera para salvar la vida de la madre) ni de autorizar el uso de anticonceptivos en forma general. Sin embargo algunos devotos lo tomaron como si los obispos hubieran subido a Facebook una foto suya disfrutando de los restos sangrientos de un bebé recién nacido mientras cubrían su desnudez con calzones con la bandera del arcoiris. De pronto toda la autoridad de los pastores de la Iglesia voló por la ventana, al dejar de coincidir con los prejuicios y con el odio concentrado de los católicos a las mujeres.

La noticia publicada en InfoCatólica recibió una serie de comentarios a cual más extremo (algunos de los cuales ya han desaparecido prudentemente). Uno (de pseudónimo “Pero Grullo”) opinó que “Las píldoras anticonceptivas son las del día antes, las del día después siempre son abortivas”; otro (una mujer), que “todos los anticonceptivos normales de nueva generación son también abortivos”; otro, que la fecundación ocurre a los 50 minutos del acto sexual si hay un óvulo disponible. Un argentino aseguró que esto es una “ofensiva” de los “criptoprotestantes alemanes” aprovechando el momento de debilidad del papado. Uno notó con singular falta de relevancia que hace años una niña de 13 violada en Ecuador se negó a abortar y parió el que luego sería un sacerdote. Alguien citó la frase de los obispos de que “ha de respetarse la decisión de la mujer afectada” como sospechosamente similar al lema feminista-abortista “nosotras parimos, nosotras decidimos”.

El sábado 23 salió publicada una “aclaración” sobre el tema del obispo español Juan Antonio Reig Pla, quien dijo, seguramente sin notar lo ridículo que suena, que “hasta la fecha ni la Santa Sede, ni la Conferencia Episcopal Española han publicado documento alguno en el que se haga referencia a una «píldora del día siguiente» de tales características” (que no sea abortiva). Los comentaristas no se hicieron esperar, algunos apoyando la bravura de Reig Pla al denunciar la ingenuidad o segundas intenciones de los alemanes, otros repitiendo que ambos tenían razón y no hay contradicción. Uno queda con la impresión de que debe ser cansador ser católico laico: no sólo hay que escuchar a todos y cada uno de esos viejos con ínfulas divinas que se hacen llamar obispos, leer encíclicas largas y aburridas y decidir cómo esas reglas arcaicas y esos pronunciamientos arbitrarios se aplican a la vida real, sino —encima de todo— tratar de entender qué pasa cuando Dios dice “blanco” por una boca autorizada y “negro” por otra. Un trabajo agotador.

Y pasando a los hechos reales: ni la Conferencia Episcopal Alemana ni la Española ni el Papa mismo tienen la más mínima autoridad para informarnos (y digo “nos” porque la Iglesia Católica insiste en querer hacernos cumplir a todos sus reglas, no sólo a los suyos) de si tal o cual píldora funciona como debe. Los medios “informativos” de la Iglesia Católica vienen publicando desde hace tiempo datos falsos sobre los anticonceptivos, los preservativos, el aborto y otros temas similares, a veces a través de fachadas (como el portal Sexo Seguro), otras a través de “institutos” u ONGs afiliadas, que suelen contar con “expertos” para reafirmar las mentiras que ellos mismos han contribuido a propalar. Los anticonceptivos de emergencia que se utilizan hoy no sólo no son abortivos, en el sentido médicamente aceptado (es decir, no interrumpen el embarazo, definido como el proceso que comienza con la implantación del embrión en el útero), sino que tampoco son “abortivos” en el sentido que utiliza la Iglesia (no impiden la implantación o anidación del embrión): sólo pueden prevenir la ovulación o bloquear la fecundación. Estudios de hace décadas sugerían que algunos productos utilizados podían alterar el endometrio y bloquear la implantación, pero han quedado desacreditados. Naturalmente, los católicos devotos niegan o ignoran esa realidad, de la misma manera que niegan otros hechos, sea porque sus pastores los han alimentado con mentiras o porque simplemente no quieren aceptarlos.

Los obispos alemanes, me parece, han hecho un guiño a quienes conocen la falsedad de la propia Iglesia, que no puede sostenerse ante la ciencia. Es, como dije, un gesto mínimo de caridad y decencia. Si no fuesen ellos los responsables de dictar cómo los médicos deben trabajar en sus hospitales, la noticia no ameritaría aparecer aquí ni en un ningún otro medio. Y si no fuesen obispos, nadie les daría crédito por esta minúscula concesión. Pero no seamos mezquinos. Bienvenidos, obispos alemanes; ya apenas les falta un siglo o dos para ponerse a la par de la buena gente.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

10 preguntas sobre el aborto

Para demostrar (una vez más, y como si hiciera falta) la ignorancia mezclada con deshonestidad intelectual de los antimujeres defensores de la gestación obligatoria (conocidos como “pro-vidas”), les traigo aquí una lista, supuestamente matadora, de “diez preguntas que nunca hacen a los candidatos abortistas”, traída a nosotros por el blogger católico Juanjo Romero, director técnico de la plataforma integrista InfoCatólica y, como se presenta con cierto orgullo de origen desconocido, “fumador y padre de familia numerosa”. Romero a su vez las traduce de un original estadounidense, escrito por Trevin Wax, un cristiano evangélico (que curiosamente escribe en una plataforma propagandística cuyos integrantes proclaman estar preocupados “por la politización de la fe”). En estos días de elecciones presidenciales en Estados Unidos, se trata de preguntas con las cuales, supuestamente, ningún periodista incomoda a los candidatos.
  1. Usted dice que apoyará el derecho de la mujer a tomar sus propias decisiones en lo que respecta al aborto y a la anticoncepción. ¿Hay alguna restricción en su propuesta?.
  2. La portada de The Economist, marzo de 2010, estaba dedicada a la «guerra contra las niñas» y el crecimiento del «femenicidio» en el mundo (el aborto como método de selección del sexo del bebé). ¿Este fenómeno constituye un problema para Vd, o cree en el derecho absoluto de una mujer para abortar ya que el feto es de sexo femenino?
  3. En muchos estados un adolescente puede abortar sin el consentimiento paterno, pero no puede conseguir una aspirina en el colegio sin la autorización de los padres. ¿Apoya Vd que haya restricciones para los menores o que al menos se deba notificar a los padres que su hija va a abortar?
  4. ¿Si Vd no cree que la vida humana comienza en la concepción, cuándo cree que comienza? ¿En qué etapa del desarrollo del niño le «sobrevienen» los derechos humanos?
  5. En la actualidad, cuando las pruebas de análisis genético revelan que el niño tiene síndrome de Down, la mayoría de las mujeres optan por abortar. ¿Cómo respondería a la acusación de que este fenómeno recuerda al movimiento «eugenesico» de hace un siglo que pretendía purgar a nuestra sociedad de los «no aptos»?
  6. ¿Cree Vd que un empresario debe ser obligado a violar su conciencia al proporcionar acceso a los medicamentos abortivos y anticonceptivos a sus empleados?
  7. Alveda King, sobrina de Martin Luther King, dijo que «el aborto es el mejor amigo del supremacista blanco», señalando el hecho de que los negros y los latinos representan el 25% de la población pero suponen el 59% de todos los abortos. ¿Cómo respondería Vd a la acusación de que la mayoría de las clínicas abortistas se encuentran en el centro ciudades en las que abundan las minorías?
  8. Vd describe el aborto como una «opción trágica». Si el aborto no es moralmente objetable, ¿por qué es trágico? ¿Significa esto que hay algo en el aborto que es diferente a otros procedimientos quirúrgicos?
  9. ¿Cree Vd que el aborto debe ser legal una vez que feto es viable, es decir, capaz de sobrevivir fuera del útero?
  10. Si son asesinados una mujer embarazada y el niño en sus entrañas, ¿cree que el criminal debe enfrentarse a dos cargos de asesinato y cumplir una condena más dura?
Quizá sea cierto que a ninguno de los dos candidatos les han hecho estas preguntas. Yo no soy un candidato presidencial, y ya varios de los comentaristas han dado sus respuestas, pero no creo que esté de más contestar aquí otra vez, dado el nivel de idiotez de la mayor parte de los planteos. Así que aquí están:
  1. Las restricciones que pondría al aborto y a la anticoncepción tendrían que ver con criterios médicos (por ejemplo, limitar el aborto al primer trimestre puesto que luego de eso el cerebro fetal está desarrollado —esto es un ejemplo, no un criterio firme—) y de derechos humanos (por ejemplo, posibilitar el acceso a la anticoncepción de los y las menores de edad incluso sin consentimiento de sus padres, dado que es parte de su derecho a la salud).
  2. Para empezar escribiría bien feminicidio. La discriminación contra las mujeres es un problema independiente del derecho al aborto. Personalmente creo que abortar un feto femenino es mejor que tener una hija y luego mutilar sus órganos sexuales y venderla como esclava sexual a un hombre mayor que ni siquiera conoce, lo cual es lo habitual en muchas sociedades actuales. También es discriminación imponerle a la mujer el modelo único de esposa-y-madre.
  3. Los menores tienen los mismos derechos humanos que los adultos. En muchos casos, notificar a los padres de que sus hijos han hecho uso de sus derechos provoca castigos durísimos, desde la expulsión del hogar hasta el asesinato. En un mundo ideal los padres deberían saber qué está ocurriendo con sus hijos y estar enterados de sus decisiones para poder aconsejarlos, pero en el mundo real muchos padres anteponen sus creencias personales al bienestar de sus hijos, cosa que no se puede permitir.
  4. Los derechos humanos se refieren a personas. Las leyes en casi todo el mundo no consideran persona al nascituro, aun cuando protejan la vida del ser humano en desarrollo dentro del útero. (Y usted que pregunta, señor católico o evangélico, ni siquiera cree en los derechos humanos.) Las leyes por fuerza marcan discontinuidades en un proceso que es naturalmente continuo. El fondo de la pregunta no tiene sentido.
  5. En aquellos lugares donde se puede abortar libremente, la mayoría de las mujeres no desean tener hijos con anormalidades cromosómicas, pero pueden elegir tenerlos. El movimiento eugenésico trataba a ciertas personas como sujetos incapaces de decidir y forzaba abortos o esterilizaciones sin respetar los derechos reproductivos. El derecho al aborto es exactamente lo contrario. Por el contrario, la postura religiosa conservadora sobre las mujeres es idéntica a la de los eugenistas; los “pro-vida” también consideran a la mujer como un sujeto incapaz de decidir sobre su propio cuerpo.
  6. Si un empleador tiene una empresa, debe aceptar las reglas de juego del país donde vive, que hoy en día incluyen generalmente la cobertura sanitaria. Si esa cobertura sanitaria incluye servicios de salud reproductiva, el empleador debe suministrarla. De todas formas este tema pertenece más a una discusión entre estatismo y liberalismo que a la del aborto.
  7. Alveda King está diciendo una estupidez. Las mujeres negras y latinas (en Estados Unidos) abortan más que las blancas porque viven en peores condiciones socioeconómicas, en promedio. Si no pudieran abortar su situación sería aún peor.
  8. Yo no considero que un aborto sea una opción trágica. Sí es una opción indeseable en aquellos casos en que se trata simplemente de un embarazo no deseado que podría haber sido evitado. En otros casos es simplemente la única opción. El aborto en sí puede ser trágico para la mujer si se trata de un hijo largamente esperado y se ve obligada a abortar para salvar su vida, por ejemplo.
  9. La cuestión (para mí) no es la viabilidad del feto sino su grado de desarrollo. En el estado actual de la medicina, no se plantea una contradicción porque la legislación sobre aborto que la mayor parte de la gente apoyaría no lo permite más allá del primer trimestre, mucho antes que sea viable.
  10. No, porque el “niño en sus entrañas” no es tal. Las leyes castigan a aquél que fuerce a una mujer a abortar, incluso si el aborto voluntario es legal en esa jurisdicción, pero ninguna ley castiga el aborto como homicidio. La protección de la vida intrauterina se considera deseable pero no está por encima de los derechos de la mujer gestante.
Sería interesante que éstas y otras preguntas fueran respondidas por nuestros propios políticos, aquí en Argentina y en el resto de Latinoamérica, adaptadas según corresponda. La posibilidad de que nuestro periodismo las haga es ínfima, casi tan pequeña como la de que nuestros políticos, acostumbrados a la obsecuencia y a la ofuscación, las respondan.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Obispos de Kenya reclaman sexo sin protección

Siempre digo que la verdadera cara de la religión se ve en las épocas y lugares en los que tiene capacidad real para imponer sus doctrinas, que son generalmente aquellos donde la política secular está ausente o mira para otro lado, la educación falta y la pobreza reina. El caso de la polifacética Iglesia Católica es bien conocido. En el mundo desarrollado y en muchas de las grandes urbes de América Latina al catolicismo no le queda más que protestar contra las medidas que buscan, por ejemplo, librar a las mujeres del rol de úteros ambulantes al que las condenan la cultura y la religión tradicionales. No así en otros lugares, donde la palabra de los obispos tiene un peso político mucho más marcado. Allí la retórica moralista, moderada, falsamente respetuosa, desaparece del discurso clerical.

Esto es lo que tenían que decir los obispos de Kenya sobre una iniciativa internacional de planificación familiar a la que el país se unió recientemente, y que dedicará 4.200 millones de dólares a la promoción del acceso a los anticonceptivos para mujeres en países pobres:
Esta iniciativa de agencias extranjeras, cuyos motivos apenas comprendemos (…), podría llevar a la destrucción de la sociedad humana y, por extensión, de la raza humana. No podemos permitir que nuestro país sea parte de una agenda internacional manejada por fondos extranjeros, perdiendo así nuestra independencia y nuestros valores africanos de familia y sociedad. Las mismas fuerzas extranjeras están dedicando millones a promover las uniones homosexuales mientras millones de mujeres mueren por falta de instituciones de cuidado materno. Más aún, el uso de anticonceptivos, especialmente en forma tan radical (…), es deshumanizante y va en contra de la Enseñanza de la Iglesia, especialmente en un país como Kenya, donde la mayor parte de la gente es cristiana y temerosa de Dios.
Hay que decir que los puntos aquí cubiertos muestran un admirable poder de síntesis. Todo está ahí, en orden:
  1. La apelación a los sentimientos xenofóbicos y conspirativos (“agencias extranjeras cuyos motivos apenas comprendemos”).
  2. La hipérbole sobre la extinción humana, que la Iglesia ya asume con naturalidad dentro de su fantasía paranoica de la “cultura de la muerte”, en el cual se incluye todo desde los preservativos hasta el lesbianismo.
  3. Otra vez la xenofobia, el nacionalismo y la tradición (“nuestra independencia y nuestros valores”).
  4. El codazo irrelevante (pero necesario, dada la obsesión de los obispos con el sexo gay) al matrimonio homosexual.
  5. La sensata pero engañosa idea de que se podrían gastar más recursos en maternidades y menos en anticonceptivos (cuando de hecho no hay sistema de salud que soporte una carga demográfica que crece aceleradamente).
  6. La presunción de que la “Enseñanza de la Iglesia” (es decir, la palabra de quien escribe, elevada a estatus de dogma indiscutible) es representativa de la mentalidad del pueblo y por tanto vale más que cualquier iniciativa estatal.
Todos estos elementos son tópicos tan trillados que uno puede imaginarse que existe una plantilla estándar o molde para aplicarlos a estos documentos o declaraciones, sin importar de qué país se trate. (Creo que con mis modestas dotes de programador podría escribir un “Generador de Documentos Episcopales”, con unos pocos parámetros variables para el caso, en una o dos horas, máximo.)

Lo único ligeramente fuera de lugar es la acotación de que el uso de anticonceptivos de la forma propuesta es “radical”. ¿Qué cosa no sería “radical”? ¿Qué cosa sería realmente radical? Si me preguntaran, una educación sexual laica, científica y crítica. En el sentido estricto y etimológico, atacaría la raíz del problema: la idea —reforzada religiosamente— de que las mujeres están hechas para ser máquinas reproductoras, que sólo existen para ser madres. Esta idea de que la reproducción es la función primaria del ser humano y de que no puede obstaculizársela de ninguna forma (¡ni emplear los órganos sexuales para otra cosa!) es lo que yo encuentro personalmente “deshumanizante”. Lo que la Iglesia propone es que tengamos, literalmente, sexo como animales: “natural”, sólo reproductivo, sin placer, sin previsión, sin verdadera elección.

jueves, 28 de junio de 2012

Río+20, el futuro… sin derechos reproductivos

El viernes pasado terminó la conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable, conocida como Río+20 o Cumbre de la Tierra 2012, celebrada en Río de Janeiro justo veinte años después de la primera. Estas cumbres, donde los presidentes suelen hacer su aparición para sacarse fotos y prometer vagamente que se van a ocupar de problemas que jamás estuvieron en su agenda, no suelen dar resultado alguno, y ésta no fue la excepción. Sin embargo, al menos alguien salió contento de Río+20: la gente que menos desearíamos que quede satisfecha, el partido de Dios. Esto decía la agencia católica Zenit sobre el documento final de la cumbre:
El texto de la declaración marca una bella victoria para quien defiende a la persona porque mientras contiene hasta seis referencias a la “salud” reproductiva en el párrafo 145, no contiene referencias a los “derechos” reproductivos, y ninguna mención a los servicios de salud reproductiva.
¿Y por qué son tan malos los derechos reproductivos?
Como se sabe, los derechos reproductivos y los servicios para la salud reproductiva significan: aborto; esterilizaciones forzadas, control de los nacimientos por parte del estado; experimentación de anticonceptivos más o menos invasivos sobre las mujeres de los países en vías de desarrollo.
El aborto electivo, con justificativos varios o sin ellos, está a disposición de buena parte de las mujeres del mundo, a pesar de la lucha incansable de la Iglesia Católica para obligar a las mujeres a parir sin cesar. Existen casos de esterilizaciones más o menos forzadas, sin duda: casos en que mujeres pobres, con muchos hijos, son empujadas por médicos u otras autoridades a esterilizarse, sin ofrecérseles alternativas (no me consta que tales casos sean habituales). También hay control de nacimientos por parte del estado en China, país que impone multas y castigos a quienes tengan más hijos de los permitidos; hay abortos forzados por estas circunstancias. Lo de la experimentación con anticonceptivos tampoco me consta, salvo como parte de teorías conspirativas.

Nada de esto tiene que ver con una política seria de derechos reproductivos, aplicada con las garantías de libertad individual que deben regir en un país democrático. Es ridículo que justamente los anti-derechos planteen este oxímoron. Cuando hablamos de los católicos, no se trata de que se opongan al aborto o a los anticonceptivos, simplemente: su oposición es a la misma idea de derechos. No tenemos derechos: sólo tenemos la obligación de hacer con nuestros cuerpos lo que el dios judeocristiano, celoso y egomaníaco, nos manda hacer, puesto que él es el creador y dueño de esos cuerpos.

La única nota de esperanza es que los anti-derechos no han podido llegar más lejos en su alucinada carrera:
Sólo queda esperar, por tanto, que el próximo encuentro mundial proponga utilizar más fondos para favorecer el crecimiento demográfico.
No, no es broma.

lunes, 28 de mayo de 2012

Educación sexual católica (parte 10)

En este artículo termino mi análisis de la revista Educación Integral de la Sexualidad. Orientaciones para padres, que el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) de la República Argentina distribuye entre los padres de alumnos de las escuelas confesionales.

Que no se enteren de cómo es el sexo

En la p. 40 se habla de embarazo adolescente. Se saca a relucir la ridícula hipótesis de que los adolescentes tienen más sexo hoy que antes porque hoy saben que pueden hacerlo. “La alta incidencia de comportamientos sexuales no saludables puede tener causas muy variadas. No parece que el problema sea la escasez de información… Más bien parece que el exceso de información indiscriminada y la ausencia de valores han favorecido los problemas de salud que pretendían evitarse.” El remedio sugerido sería fomentar una ignorancia selectiva, es decir, volver al pasado no tan lejano en que los adolescentes no recibían información sobre lo que su cuerpo podía hacer o desear hacer, sino apenas advertencias sobre lo que no debían jamás hacer.

Hay aquí una idea de una Edad de Oro implícita, en que los jóvenes sexualmente activos eran una anormalidad. Por supuesto esta Edad de Oro nunca existió, y en tanto hubo una situación social aproximable a ella, se debió a una represión psicológica individual y social, y frecuentemente física, de los jóvenes y especialmente las mujeres, que hoy todavía podemos ver en los países musulmanes, donde es ilegal para una mujer estar en público acompañada de cualquier hombre que no sea un pariente cercano o su esposo.

El tren de las falacias llega a la estación Anticonceptivos

Se habla luego de los “métodos naturales de planificación familiar”. No comentaré mucho el tema. Baste decir que la comparación desfavorable con los anticonceptivos y preservativos que suele verse en las publicaciones católicas se debe a un tratamiento sesgado de las estadísticas disponibles, que a su vez tienen márgenes de error considerables.

Entre una de las ventajas de usar los “métodos naturales” (que requieren que la pareja consulte un calendario y/o que la mujer compruebe la consistencia de su flujo vaginal para saber si debe tener sexo o no, en vez de hacerlo cuando lo desea) se dice que “afianzan el matrimonio porque requieren de diálogo, paciencia, respeto y ayuda mutua”. Esto, que es muy bueno, es casi lo mismo que puede decirse de un matrimonio en el que ambos cónyuges padecen una enfermedad invalidante. Poner a prueba obviamente no es lo mismo que afianzar.

Pasamos a la falacia naturalista: “Los métodos anticonceptivos alteran, obstruyen o suprimen un proceso natural.” Se dice esto como si fuera malo en sí mismo (los medicamentos hacen lo mismo, a menos que se considere que las enfermedades son antinaturales… o sobrenaturales). “No existe el sexo seguro”, se recalca, mencionando la cantidad de efectos secundarios adversos, pero ignorando las alternativas (abstinencia, métodos “naturales” con tasas de fallo altísimas).


La advertencia sobre el sexo seguro es irrelevante de todas formas, porque el objetivo de esta parte de la cartilla es básicamente mostrar que el sexo es malo, salvo cuando es bueno según la definición dada por la misma cartilla, que es la de la Iglesia Católica: entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio y con fines reproductivos. (Es necesario repetirlo porque la Iglesia, muy políticamente, no lo hace: las parejas no casadas, por más que sean las mejores personas, son inmorales en pecado mortal.)

Hay una lista de métodos anticonceptivos que se clasifican entre abortivos y no abortivos. La totalidad de los “abortivos” lo son sólo según la definición de la Iglesia Católica, que considera que la vida comienza en la fecundación. Para la medicina, es abortivo lo que interrumpe un embarazo, y el embarazo comienza con la implantación del óvulo, generalmente en el endometrio. Es de notar que según esta definición es abortivo (y por lo tanto no permisible) un método que evite la implantación de un óvulo en una trompa de Falopio, condición conocida como embarazo ectópico y que es letal para la mujer.

En la página siguiente se habla de enfermedades de transmisión sexual y se continúa denigrando a los preservativos, utilizando evidencia científica no citada pero identificable. En mi tratamiento del sitio web criptocatólico “Sexo seguro” hice un análisis extenso de cómo la Iglesia distorsiona, cuando le conviene, estudios científicos independientes, típicamente confundiendo la interpretación de los resultados o citando datos extremos y raros como si fuesen habituales.

Con respecto a las campañas de prevención del SIDA (p. 44), se menciona una advertencia de la OMS de que “el preservativo no elimina el riesgo de contagio” y cómo la fidelidad es la única alternativa segura. Esto es un eco de otras mentiras y distorsiones sobre el sistema ABC, implementado en Uganda, que de hecho funcionó porque se ofreció el preservativo como alternativa, pero no fue un éxito tan grande como se lo promocionó y tiene muchos críticos.


Aquí termina mi análisis. Espero que haya servido, especialmente a aquellos lectores que por cualquier razón estén pensando en enviar a sus hijos a una escuela católica, o con familiares o amigos en dicha situación. Lo que allí les enseñan no es simplemente un poco de moral estricta que luego ellos olvidarán, sino todo un sistema de roles de género, de discriminación, de odio al placer y de pseudociencia médica y psicológica.

lunes, 13 de febrero de 2012

A los tibios los vomita Dios

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había dispuesto establecer nuevas reglas para el sistema sanitario. Una de ellas consistía en la obligación de parte de los hospitales de ofrecer a sus empleadas un plan de seguro de salud que incluyera anticonceptivos, esterilización y aborto.

Los jerarcas católicos pusieron el grito en el cielo y demandaron que esa medida fuera anulada, ya que obligarles a los hospitales católicos (curiosa expresión, si se la piensa bien) a ofrecer servicios de esa clase significaría interferir con su “libertad religiosa”, es decir, con su libertad de violar —en nombre de su ideología preferida— las reglas que rigen para todas las demás instituciones. La Casa Blanca cedió.
… la Casa Blanca ha anunciado su intención de no imponer a los hospitales y organismos vinculados a la Iglesia Católica la difusión del control de natalidad. (…)

Para la mayoría de los observadores (…) el presidente trata tan sólo de no perder el voto católico en las elecciones presidenciales de noviembre, en las que se juega la reelección. Tradicionalmente, la mayoría del voto católico vota demócrata.
Mero cálculo político, entonces. Simple pragmatismo, tibieza, o mejor dicho cobardía, de parte de un presidente que se presentó como una esperanza progresista, casi revolucionaria, y que no ha hecho sino decepcionar a la mayoría de los que lo votaron. Pero ni esta capitulación bastó. Los líderes católicos no están conformes.
Una serie de líderes pro-vida en Estados Unidos han criticado duramente al presidente Barack Obama por el anuncio que hizo de que ha modificado levemente la orden que obliga a los empleadores a pagar seguros que incluyen fármacos anticonceptivos y abortivos.

Obama dijo ayer que los empleadores religiosos ya no deberán pagar los seguros que incluyan anticonceptivos sino que deberán comprar planes que entreguen los anticonceptivos de manera gratuita. De esta forma, indicó, “se respeta la libertad religiosa”.
El cambio en la norma, si hemos de creerle a los integristas “pro-vida”, fue un mero truco: los hospitales podrán ofrecer planes de seguro de salud que no incluyan anticoncepción, esterilización o aborto, pero si el empleado requiere estos servicios, deberá recibirlos gratuitamente, a cargo del empleador.

Lo que esto significa, en primer lugar, es que —como ya sabemos— el asunto no tiene que ver con la libertad de los católicos, sino con privar a los demás de su libertad. No es que no desean pagar por un servicio que consideran inmoral; quieren forzar a la gente que trabaja para ellos a que no pueda usarlos.

En segundo lugar, muestra cómo las tácticas de conciliación no funcionan con personas como los obispos católicos. No se puede lidiar con partidarios de un totalitarismo a base de compromisos o medias tintas. El catolicismo no puede separar la vida y las leyes civiles de sus propias doctrinas; pueden darse compromisos motivados por el pragmatismo o la mera corrupción, como en todas las instituciones, pero finalmente no pueden perdurar, porque para el catolicismo hay una Ley superior a las leyes humanas y su objetivo es trabajar para imponerla sobre todos nosotros.

Y en tercer lugar, Obama comete un error de valoración política que es difícil de entender. Los jerarcas de la Iglesia son una camarilla autoelegida que representa a una fracción minúscula de los católicos. La inmensa mayoría de los católicos, en Estados Unidos y en todo el planeta, utilizan —cuando disponen de ellos y están educados para ello— anticonceptivos y preservativos. La mayoría no ve mal que una persona pueda elegir esterilizarse. Una fracción menor pero sustancial aprueba el aborto en ciertas circunstancias. Los líderes de la Iglesia saben perfectamente esto y lo toleran, como toleran que las parejas convivan sin casarse y que los homosexuales no sean encerrados, colgados o apedreados en las plazas; mientras la feligresía siga aportando fondos y los políticos sigan siendo más o menos complacientes, se puede hacer la vista gorda al pecado. Los políticos también saben esto. ¿Por qué siguen arrastrándose, por qué siguen haciendo genuflexiones, aunque sea a medias y con segundas intenciones?

Para enfrentarse al integrismo y al fanatismo las medias tintas no sirven. Que los príncipes de la Iglesia griten y pataleen; ya se verá cuántos de sus súbditos responden al llamado.

viernes, 8 de julio de 2011

Todo esperma es sagrado (Monty Python)

Un amigo protestante me sugiere comenzar con una sección de “videos divertidos de los viernes”, algo así como una forma de relajarnos para el fin de semana. Aquí está su primera sugerencia. Seguro que muchos de ustedes ya lo conocen, pero vale la pena volverlo a ver y escuchar para reírse. La caracterización de los católicos y los protestantes es apenas un poquito exagerada.

martes, 28 de junio de 2011

Sexo seguro (parte 2)

Continuando con mi análisis del portal criptocatólico Sexo Seguro, paso ahora al tema de los anticonceptivos. Los invito a leer mi post en el blog del Círculo Escéptico Argentino: Sexo seguro (parte 2). La parte 1, por si no la leyeron, se trata de los preservativos o condones.

sábado, 4 de junio de 2011

Sobre Jérôme Lejeune

En InfoCatólica me crucé con una entrevista a Clara Lejeune-Gaymard, hija del Dr. Jérôme Lejeune (1926–1994), notable por su descubrimiento de la correlación entre ciertas enfermedades y anormalidades cromosómicas, y en especial la trisomía del cromosoma 21 como causante del síndrome de Down. Las palabras de la hija me inspiraron curiosidad por la figura del padre: por un lado un científico distinguido, con aportes importantísimos a la medicina; por otro, un católico recalcitrante, fanático luchador contra a los derechos reproductivos, promocionado por la maquinaria propagandística de la Iglesia casi como un mártir por la causa “pro-vida”.

Si debemos creerle a la hagiografía —y la palabra, por una vez, no es del todo figurativa: Lejeune está en proceso de beatificación— el buen doctor iba con paso firme camino al Premio Nobel hasta que se atrevió a hablar contra la cultura de la muerte y a favor de los “seres humanos tempranos”. Esto es perfectamente posible (el comité del Premio Nobel no es, ni por asomo, política o religiosamente neutro), pero no estaría de más examinar lo que verdaderamente proponía Lejeune y cómo utilizaba su autoridad científica para sustentar opiniones que excedían considerablemente lo que la ciencia puede afirmar sobre la condición humana.

Lejeune estaba, por supuesto, en contra del aborto; su postura se vio en entredicho especialmente cuando en su Francia natal se debatió y se aprobó (en 1975) la ley que permitía el aborto en caso de enfermedad incurable del producto de la concepción o riesgo serio para la madre. También estaba en contra de la fertilización in vitro; en un testimonio judicial como experto en Estados Unidos se refirió al recipiente donde se almacenan embriones congelados como concentration can (“lata de concentración”), haciéndose eco del desagradable paralelo, favorito de los fanáticos cristianos, entre el Holocausto y la práctica del aborto. (No deja de ser irónico que la ministra de salud que logró la aprobación de la ley de aborto, Simone Veil, fuera sobreviviente de Auschwitz, además de una gran luchadora por los derechos reproductivos. Me pregunto qué le hubiera dicho esta mujer a los desgraciados que la comparan con una nazi por el “crimen” de no supeditar la salud y la vida de millones de mujeres a la metafísica cristiana.)

En el mismo juicio Lejeune proclamó: “Tan pronto como ha sido concebido, un hombre es un hombre”, y también, dirigiéndose a quien lo interrogaba: “En cuanto se refiere a su naturaleza, no veo diferencia entre la persona temprana que usted era al momento de la concepción y la persona tardía que es ahora.” Esto es una idea monstruosa: su corolario es que si hay que elegir entre la vida de un cigoto (unas pocas células, sin órganos diferenciados, sin percepciones, sin consciencia) y la mujer que lo aloja en su útero, la elección no es inequívocamente a favor de la mujer. De hecho, los católicos no aceptan siquiera la versión más restringida del aborto terapéutico, que se da si a causa del embarazo corre riesgo la vida de la madre; en su visión del mundo, la madre debería ofrecer su sufrimiento y su muerte a Dios antes que abortar a su “niño no nacido”. (En Argentina es ya rutinario que ONGs o particulares católicos, con apoyo más o menos ostensible de la jerarquía eclesiástica, interpongan recursos judiciales o maniobras dilatorias para impedir esta clase de abortos, casi los únicos no punibles en nuestra ley.)

En la entrevista a su hija, Clara Lejeune-Gaymard se despacha con un argumento tan común como incorrecto, que vuelve a lo mismo que comentábamos arriba:
Cuando eres médico has jurado el Juramento Hipocrático de no hacer daño. Y él siempre decía que el respeto a la vida no tenía nada que ver con la fe, aunque, por supuesto, está en la fe el respetar la vida. Por eso fue tan odiado por los partidarios del aborto. Era difícil luchar contra él porque sus argumentos eran de base científica. […] La vida comienza en el mismo instante de la concepción cuando los genes de la madre y los del padre se unen para formar un nuevo ser humano que es absolutamente único. Todo el patrimonio genético está ya allí. Es como la música de Mozart en la partitura. La vida entera está ya ahí.
El recurso al famoso juramento hipocrático es tan manido que debería existir una ley retórica contra él. Lo cierto es que ningún médico se opone a eliminar tejidos extraños o parásitos del cuerpo de un paciente, y un cigoto no es otra cosa que eso, más allá de que tenga ADN humano y la potencialidad de desarrollarse. Es curioso: los creyentes suelen tildar de “reduccionista” al materialismo, que reduce todo a mera física y química, pero cuando les toca argumentar a favor de su idea de que un amasijo de células indiferenciadas es una persona, caen en el reduccionismo grosero de decir que dicho conjunto de células es un ser humano completo porque su ADN es único (¿y los gemelos idénticos?). La hija de Lejeune ni siquiera se da cuenta de lo torpe de su analogía. La música de Mozart no está en la partitura. De hecho, la música de Mozart no está en ninguna parte; no es un objeto sino un proceso. Como nosotros. Los tres primeros compases de una sinfonía, aunque en ellos ya se pueda adivinar el ritmo, el tema y la melodía, no son la sinfonía; un cigoto, un embrión, no son una persona.

Pero nosotros tampoco somos exactamente como una sinfonía, porque aunque mucho de nosotros está predeterminado por nuestro ADN, otra gran parte de nuestra vida depende de factores absolutamente extraños a nuestros genes o su expresión fenotípica, impredecibles; tenemos un plan maestro de nuestro cuerpo, pero no existe un plan maestro para nuestras vidas como seres inteligentes y autoconscientes. Sospecho que Jérôme Lejeune tampoco estaría de acuerdo con esto último. Para él, como para todos los católicos, no somos dueños de nuestra vida, de nuestro cuerpo ni de nuestro destino: todo es de Dios, para que Él haga con nosotros lo que le plazca.

domingo, 15 de noviembre de 2009

La Iglesia contra la planificación familiar en Guatemala (A153)

Ésta es una historia repetida pero no por eso vamos a omitirla aquí. En Guatemala se está luchando hace tiempo por una Ley de Planificación Familiar que dé a las familias, y especialmente a las mujeres pobres, la posibilidad de decidir con quién, cuándo y cuántos hijos desean tener. Esta libertad es anatema para la Iglesia Católica y para las sectas fundamentalistas evangélicas que allí pululan, que consideran a la mujer como mera parte (y no la más favorecida) de la maquinaria de reproducción de la especie favorita del Señor.

La ley salió del Congreso en 2005 y fue vetada por el presidente Óscar Berger, advertido severamente por la Iglesia Católica y por iglesias y organizaciones evangélicas. El veto fue rechazado por una mayoría de 3 a 1 de los legisladores. La ley fue impugnada ante la Corte de Constitucionalidad (CC) de Guatemala, por los obispos y por organizaciones cristianas, en repetidas ocasiones, que optaron por la victimización y por las acusaciones que ya hemos visto en otras ocasiones (que es un ataque a la libertad religiosa no permitir a las escuelas enseñar falsedades sobre los anticonceptivos, que es un ataque a la libertad de los padres de indoctrinar a sus hijos, etc.). El Consejo de Acceso a Anticonceptivos, que debía ser creado, no pudo serlo porque una organización “Provida” y diversas iglesias interpusieron siete recursos de inconstitucionalidad contra la norma, alegando, entre otros puntos, que “incitaba al aborto”.

Aunque la CC accedió al principio, estos recursos fueron rechazados uno tras otro. Se llegó a 2009 sin que la ley fuera reglamentada (ésta es una táctica de dilación común cuando los gobiernos son renuentes a implementar políticas que fueron aprobadas por sus legislaturas), mientras que más y más mujeres guatemaltecas sufrían a causa de embarazos no deseados y morían por complicaciones y abortos ilegales.

No obstante la cosa avanzó, y finalmente a mediados de este año el CC dio vía libre a la Ley de Planificación Familiar. La Iglesia no se amedrentó: la Conferencia Episcopal de Guatemala emitió un documento condenatorio [PDF] y ha llamado a los padres de familia a desobedecer la ley en lo que se refiere a la educación sexual y reproductiva que debe, según el reglamento, impartirse en las escuelas desde el nivel primario. El argumento fue que los padres tienen derecho a educar a sus hijos según sus convicciones (o sea, según sus prejuicios y su ignorancia) en materia sexual.

Este derecho debe habérseles olvidado a los obispos guatemaltecos cuando, en 2007, presentaron una guía de educación sexual para padres y maestros, orientada a niños de primero a tercer año de primaria, pensando en su futura implantación en los colegios católicos. Ya sabemos que la Iglesia tiene una visión algo vacilante en estos temas, quizá producto de su muy reciente aceptación formal de la libertad de expresión y de otros derechos fundamentales.

La Iglesia y los conservadores en general suelen advertir que la educación sexual y el acceso a los medios de prevención de embarazos no deseados despiertan el “morbo” de los jóvenes y los alientan a tener sexo. Contra esta concepción equivocada se está luchando también en Guatemala; y antes que nos enfoquemos en ese país, pensemos con cuánta reticencia y con cuánto morbo se habla todavía en nuestros países, en nuestras sociedades y familias, del sexo y de la actividad sexual de los jóvenes. Está comprobado que los jóvenes experimentan con el sexo, estén preparados o no, y que los resultados de la ignorancia sexual suelen ser terribles.

lunes, 26 de octubre de 2009

Píldora del día después, suspendida en Perú (A149)

Los pomposamente autotitulados “pro-vida” están felices porque en Perú una corte de justicia, a instancias de una asociación civil católica, ha cercenado uno más de los derechos reproductivos de las mujeres: el derecho a evitar un embarazo luego de una relación sexual no protegida, por medio de la droga levonorgestrel, componente de la mal llamada “píldora del día después” (PDS). O mejor dicho, el derecho de las mujeres pobres, que no pueden comprar la droga, ya que el fallo judicial sólo impide la distribución gratuita de la PDS por el estado; quienes tengan dinero podrán adquirirla en las farmacias como de costumbre.

Poco puedo agregar a lo que ya escribí hace más de un año, cuando una corte argentina de la provincia de Córdoba suspendió la distribución de la PDS en los centros de salud estatales. Científicamente, la posibilidad de que el levonorgestrel impida la implantación de un óvulo fecundado existe, aunque no está probada. El embarazo, por definición médica, comienza cuando el óvulo fecundado se implanta en la pared del útero (o en otro lugar, en el peligroso caso de un embarazo ectópico), de manera que incluso esta pequeña posibilidad de que se pierda un óvulo fecundado no constituye un aborto.

No obstante, la influencia cultural y política del catolicismo ha conseguido introducir en las legislaciones de muchos países (e instalar en las esferas de poder) la idea de que la vida humana comienza con la concepción, es decir, el momento en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide. Lo cierto es que “vida humana” es un término muy vago, y peor es “persona” como sujeto de derecho. Si bien el cigoto tiene indudablemente ADN humano, eso es prácticamente lo único humano en él: no sólo es microscópico, sin órganos, sin sistema nervioso y por supuesto sin sensaciones ni consciencia, sino que además tiene bastantes probabilidades de ser expulsado espontáneamente por el organismo de la mujer, sin que ésta llegue a enterarse.

Es desgraciadamente muy sencillo, para los integristas católicos, imponer sus doctrinas a los demás en América Latina: basta con hacer una campaña de desinformación, encontrar políticos temerosos de ser tildados de abortistas o “anti-vida”, y apelar a cortes judiciales de orientación conservadora utilizando evidencia científica defectuosa o distorsionada. La pelea contra los derechos no termina jamás.

lunes, 27 de julio de 2009

A125: Criaturitas de Dios


La familia Jeub, miembro de Quiverfull.
Foto: Rick Wilking. Copyright ©2009 Reuters
Porque los niños son un don del Señor, como dice el salmo, hay muchos cristianos fanáticos devotos que se permiten procrear sin límite. Entre ellos tenemos a los del movimiento Quiverfull, un grupo evangélico conservador, de los cuales una familia, los Jeub, ha llegado incluso a aparecer como nota de color en el diario argentino MinutoUno: Una familia tiene 13 hijos y quiere ir por más.

En el mejor espíritu del capitalismo protestante, los Jeub aprovechan su sitio web para vender su sabiduría acumulada, en forma de varios libros, la estrella de los cuales es Love in the House, donde explican "los placeres de la vida en una gran familia". Salen a cazar alces con otros fanáticos cristianos, una de las hijas escribe en un blog lleno de referencias a su amor por Jesús, los chicos "son buenos comunicadores" cuando llega la TV para hacer notas, los padres dan charlas sobre cómo educar en casa a los hijos (fuera de esas odiosas escuelas públicas que indoctrinan a los chicos en tolerancia y ateo-liberalismo), aprovechan el sitio web para criticar a Barack Obama por gastar mucho, y por lo visto la familia funciona como una gran empresa..., basada en el trabajo infantil, empleado para promover/justificar el estilo de vida que la propia familia ejemplifica. Una estructura donde nadie puede aventurarse lejos de la presión de la tradición familiar, porque nunca está solo o sin vigilancia, y menos que nadie la madre, perpetuamente con un bebé en brazos o en el útero.

El nombre del movimiento Quiverfull proviene de quiver, que significa carcaj o aljaba (el recipiente que se usa para guardar las flechas), y full, que significa "lleno". Proviene del Salmo 127, que habla de los niños como flechas que llenan un carcaj. Sus miembros dicen que  hay que dejar en manos de Dios el tamaño de la familia. Como al hacer esto, previsiblemente, la mayoría de las familias crecen de manera acelerada, suponen que Dios desea esto (si no lo deseara, no sucedería, ¿verdad?) y por lo tanto, cada hijo adicional es como un premio.

Un extenso artículo en The Nation examina los movimientos "natalistas" de la derecha cristiana estadounidense. Un principio básico de las familias Quiverfull, que son algunas decenas de miles según se calcula, es que la mujer es sierva del varón, y que el cuerpo de la mujer no es suyo, sino un vehículo para la reproducción. No se permite ningún tipo de control de la natalidad, ni siquiera los "métodos naturales". La elección del salmo 127, con su paralelo entre hijos y flechas, no es casual; el movimiento ve a las familias, formadas en casa y en congregaciones fundamentalistas, como a un futuro Ejército del Señor, y a la procreación ilimitada como una forma de ganar la batalla demográfica. Aunque no explícitamente, esta estrategia se enlaza con el temor al "suicidio racial" que los conservadores americanos observan, por ejemplo, en Europa, donde la población blanca y de raíz cultural cristiana, con tasas de natalidad cada vez menores debido al uso de anticonceptivos y la postergación de la reproducción, está siendo "invadida" por la cultura de los inmigrantes africanos y árabes, generalmente musulmanes.

El tema del pro-natalismo entre los cristianos conservadores, incluyendo tanto a los protestantes (como en este caso) como a los católicos (más cercanos a nuestra experiencia latinoamericana) es sumamente interesante y espero poder seguir tratándolo aquí pronto. Entretanto, miren ustedes otra vez esa foto de esa gran, sonriente familia, y pregúntense si les parecen tan inocentes como antes...

miércoles, 24 de junio de 2009

A111: Castración obligatoria para todos

El título es sospechoso por lo fuerte, ¿verdad? Bien, entonces díganselo ustedes a la agencia propagandística católica ACI, que ha caído una vez más en ese sensacionalismo que roza (no queremos creerlo) la desinformación, con una nota titulada Congresistas aprueban esterilización quirúrgica masiva de colombianos.

Afortunadamente podemos informar desde aquí a nuestros preocupados lectores de Colombia que nadie va a ser castrado a la fuerza por orden del Congreso. Lo que ocurre, simplemente, es que los legisladores se han dado cuenta de que ciertas personas se reproducen en tal medida que luego no tienen con qué darle de comer a sus hijos, y para evitar ese problema han decidido ofrecer un acceso gratuito y más expeditivo a los procesos de esterilización quirúrgica disponibles (ligadura de trompas para las mujeres, vasectomía para los hombres), más ciertos incentivos para quienes abriguen dudas o temores.

Casi todos dudamos antes de ponernos bajo el cuchillo, especialmente si la cirugía en cuestión es electiva y sus beneficios se verán sólo con el tiempo. Y los hombres, en particular, somos reacios a acudir al médico, y más que reacios a que alguien cortajee nuestro aparato reproductor. (Es más eficiente dirigir una política de esterilización hacia los hombres que hacia las mujeres, porque un hombre puede, si se lo propone y si el cuerpo le aguanta, concebir decenas de hijos al año con diferentes mujeres, mientras que una mujer no puede concebir y parir más que un hijo al año, más o menos.)

Desde luego que someter a una persona a una intervención irreversible requiere un consentimiento informado. Hay una línea muy delgada, en el caso de personas con bajo nivel de instrucción y escasos ingresos, entre la promoción estatal de una práctica y la imposición de la misma, como ocurrió desgraciadamente en Perú en los '90, cuando la cuasi-dictadura de Fujimori esterilizó a 270 mil mujeres, la mayoría indígenas y pobres.

Es un asunto muy distinto "exigir mayores requisitos a los eventuales pacientes", como indignadamente protestan los católicos que no se va a hacer en este caso. ¿Qué requisitos podrán ser ésos? ¿Haber tenido hijos? ¿Cuántos? ¿Uno, dos, tres, muchos, demasiados? ¿Con qué criterio podrá determinarse? ¿Habrá que consultar al señor cura?

Hay mucho conspiracionismo, especialmente en la izquierda y en sus puntos de contacto con el cristianismo liberal latinoamericano, con respecto a que la esterilización de las poblaciones pobres es una política impuesta por intereses foráneos (generalmente de Estados Unidos), supuestamente para limitar el potencial demográfico de los países del Tercer Mundo. Más allá de lo burdo de esta teoría, es evidente que lo mejor que puede hacer el Primer Mundo para seguir contando con abundante mano de obra barata y pobre en nuestro hemisferio es incentivar la natalidad, no todo lo contrario. En ese sentido, la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas han prestado una inestimable colaboración, al oponerse al uso de todas las tecnologías disponibles para el control de la natalidad.

Seguramente hay muchos católicos preocupados por que no se someta a los colombianos más pobres una esterilización irreversible bajo coacción o engaño, o que (como también ocurrió en Perú) se realicen las intervenciones en forma descuidada. Pero en el fondo de la protesta está la oposición doctrinaria de la Iglesia a cualquier intervención humana que obstaculice la procreación. (Recordemos que incluso los "métodos naturales" de control de la natalidad que enseña la Iglesia son para usarse en situaciones excepcionales, no porque la pareja no desee los hijos, sino porque por una grave fuerza mayor no pueda tenerlos.)

Lo que el programa de esterilización de Colombia necesita es un estricto control sobre la forma en que se incentiva a los eventuales pacientes, no el paternalismo de pretender proteger a los colombianos de sus propias elecciones en el plano reproductivo. En todo el mundo hace rato que el mandato creced y multiplicaos ha dejado de sernos beneficioso.

sábado, 20 de junio de 2009

A110: La lucha contra los derechos

No hay mucho que agregar a lo que ya sabemos (porque se ha tratado aquí el tema una docena de veces), pero no quería dejar pasar este artículo, Cruzados con la puerta cerrada, que publica Página/12.
Una organización ultracatólica quiso impedir en la ciudad de Buenos Aires la reglamentación sobre abortos no punibles. Otra pretendió evitar en Tucumán la aplicación del Programa de Salud Sexual. Ambas causas fueron rechazadas. La estrategia regional de los grupos “antiderechos”.
Las organizaciones citadas son la Asociación Pro Familia, la representante argentina de Vida Humana Internacional (sección hispana de Human Life International), y el Movimiento Familia y Vida.

Pro Familia estaba tratando de obstaculizar la aplicación del artículo 86 del Código Penal Argentino, que reglamenta los abortos no punibles. En 2007 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires emitió un protocolo de atención de estos abortos, que frecuentemente se ven retrasados o impedidos por quienes ponen su religión por delante de la ley. Pro Familia primero lo impugnó y luego presentó una demanda judicial, que fue desestimada. Antes habían tratado de bloquear la distribución de la "píldora del día después" (que los sitios católicos como Vida Humana Internacional califican consistente y mentirosamente como abortiva), y antes de eso, impugnaron la postulación de Carmen Argibay a la Corte Suprema de Justicia por su ateísmo confeso y su postura en favor del derecho al aborto.

Entretanto, Familia y Vida perdió su batalla contra el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable (PNSSyPR). En 2002 habían pedido que se suspendiera, dejando sin consejería y métodos anticonceptivos a miles de mujeres y madres jóvenes y pobres en todo el país, pero un juzgado en Tucumán no lo permitió. En la ciudad de Córdoba hay otras cinco causas similares, entre ellas tres presentadas por asociaciones católicas, cada una conducida por un sacerdote. En Mendoza y Tierra del Fuego hay sendas causas judiciales, una de ellas iniciada por un asesor de menores en representación de los "niños por nacer".

En una entrevista la abogada chilena Lidia Casas Becerra decía sobre el tema:
"Se ha litigado muchísimo en la región en los últimos años, no sólo en la Argentina, contra la anticoncepción de emergencia y también contra todos los demás métodos, con excepción del de Billings aceptado por el Vaticano. Los argumentos viajan de un país a otro."

"Hay un patrón de presentaciones judiciales contra la salud sexual y reproductiva en el continente […] Esta estrategia de judicialización ha ido permeando en toda América latina. Hay una oposición fundamentalmente católica, súper activa, que utiliza los tribunales como el gran foro de discusión en materia de autonomía sexual."
Como todos sabemos, los tribunales no se forman por consenso popular ni son dictadores de verdades, ni siquiera de "justicia". La estrategia católica contra los derechos reproductivos y sexuales se asienta en la influencia que posee en los sectores conservadores que pueblan la mayoría de las sedes judiciales de América Latina, y en una campaña permanente de distorsión y desinformación (caracterizar anticonceptivos como abortivos, llamar niños o bebés a embriones y fetos apenas desarrollados, etc.). Como sus "verdades" doctrinales no son compartidas por la población (y de hecho son científicamente indemostrables), pasan directamente al litigio y la obstrucción judicial. Allí suelen tener éxito, al menos temporal, aunque los tiempos ciertamente han cambiado.