
Evidentemente, el cura es el testigo menos confiable de todos. En todas las épocas y culturas, el sacerdote ha sido el encargado de inducir esta clase de pequeños milagros y portentos para avivar la fe de la congregación. En este caso particular, el cura aprovechó para incitar al rezo del mantra católico conocido como “rosario”, cuyo mes se está celebrando (ignoro por qué octubre es el mes del rosario, o qué significa esa designación; ¿será más efectivo en esta época? ¿la Virgen tiene agendado?) pero que la feligresía no acostumbraba rezar.
La provincia de Catamarca, situada al pie de los Andes del norte de Argentina, es propensa a los movimientos sísmicos; sin más, en 2004 hubo uno de magnitud 6.5 en la escala de Richter, al año siguiente uno de magnitud 4.5, y otro de 5.3 en marzo de 2009. Que una estatua de yeso se mueva “sola”, a causa de un microsismo de los que deben estar ocurriendo constantemente en la zona, no sería extraño.
Tampoco sería extraordinario que un grupo de personas muy devotas, crédulas y deseosas de misterio se sugestionaran al punto de ver tambalearse una imagen de la Virgen. Que algunos que no vieron nada raro mientan, tampoco, y que luego recuerden sinceramente haber visto algo aunque no hayan visto nada (reconstrucción retrospectiva de la memoria) no está fuera de las capacidades de la mente humana. Esta clase de cosas están documentadas.
Si yo viera moverse sola una estatua, estaría encantado por saber la causa. Pero hay quien desea creer en vez de saber...