miércoles, 21 de octubre de 2009

Saramago sí entiende la Biblia

Los cortesanos de Dios están indignados con José Saramago, clamando que que sus “ofensas” muestran su ignorancia sobre la Biblia. Los autoproclamados expertos, que con incomparable humildad pretenden interpretar la palabra del mismísimo creador del universo, acusan a Saramago de falta de rigor y de “ingenuidad sentimental”. Todo porque el Premio Nobel de Literatura dijo, mientras promocionaba su novela Caín, que la humanidad estaría mejor sin la influencia que ha tenido la Biblia sobre ella.

La verdad es que la mayoría de las personas, incluyendo muchos de los creyentes más devotos, no han leído jamás la Biblia, o no han ido más allá de algunos pasajes seleccionados por el cura o pastor. Como obra literaria, la Biblia es de una calidad muy variable. El Antiguo Testamento comienza con un menjunje de mitos orientales mal coordinados, prosigue con una historia casi totalmente ficticia sobre el pueblo hebreo, y prodiga incestos, violaciones, pillajes y genocidios sin medias tintas, entremezclándolos con leyes bárbaras y sacrificios sangrientos que asquearían a cualquier persona civilizada moderna, y con listas aburridísimas de antepasados y descendientes. En pocos y decisivos capítulos, condena a la mujer a ser la causa del pecado y de la separación entre el hombre y Dios, y maldice a toda la raza humana por el pecado de la pareja original; comanda el exterminio de pueblos enteros, de infieles y herejes, de adúlteras y de homosexuales.

Llega Jesús, que a base de una profecía y una palabra dudosas termina siendo hijo de Dios y de una virgen. Este Jesús tan pronto perdona a una prostituta como mata una higuera por no dar fruto; justifica departir con recaudadores de impuestos pero no muestra tolerancia por los humildes mercachifles del Templo; manda el amor a todo el mundo y después ordena a sus discípulos rechazar a sus mismas madres y hermanos... Mateo y Juan se las arreglan para justificar dos milenios de antisemitismo por el cargo de “deicidio”. Entra en escena Saulo de Tarso, y con el furor de los conversos edifica una religión que llama a sus seguidores a permanecer castos a la espera del fin del mundo, inaugurando una cultura de represión sexual que aun no se ha extinguido.

Llegamos al final, literalmente, con el Apocalipsis, que bajo algo que parece un viaje de LSD oculta una masa de simbolismos que ya no nos dicen nada, aunque eran comunes en boca de los predicadores fanáticos de la época, y que todavía inspiran a algunos peligrosos locos de hoy.

Yo creo que Saramago sí entiende la Biblia, y que no está haciendo más ni menos que otros de sus intérpretes, con la crucial diferencia de que él no la considera una guía moral, ni inspirada por una inteligencia superior, sino meramente una obra de hombres, con todo lo que eso pueda significar. Saramago es un teólogo y un exégeta sui generis. Espero poder leer y disfrutar pronto Caín, como disfruté El Evangelio según Jesucristo.