*Postdata: A última hora, Urtubey aceptó el aborto no punible pero desvirtuando totalmente el fallo de la Corte. Lo único bueno que se puede decir de él es que es un hipócrita y no un fanático.
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viernes, 23 de marzo de 2012
Podcast, ep. 20: Salta, Buenos Aires, el Código Civil y la Corte Suprema
*Postdata: A última hora, Urtubey aceptó el aborto no punible pero desvirtuando totalmente el fallo de la Corte. Lo único bueno que se puede decir de él es que es un hipócrita y no un fanático.
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domingo, 15 de agosto de 2010
Laicidad en la educación argentina (A201)
Como hablábamos de la educación católica cuasi-obligatoria que se está impartiendo en las escuelas públicas de Salta, se me ocurrió ahondar un poco en el tema de la laicidad educativa, que hemos tratado ya alguna que otra vez.
En Argentina la educación pública estatal es gratuita y, en principio, laica; ése es el espíritu de la famosa Ley 1420, que formalizó las ideas liberales de fines del siglo XIX. Pero la educación pública primaria es responsabilidad de los estados provinciales, por lo cual hay provincias donde la laicidad se respeta, y otras, como Salta, donde indoctrinar a los alumnos de las escuelas públicas en una religión es un mandato constitucional. La Constitución Nacional no es explícitamente laica: si una Constitución provincial dice que los niños deben ser “educados” en los “valores” del catolicismo tradicional, no hay forma de recusarla.
El problema se agrava porque incluso donde la educación pública es laica —con ocasionales lapsus menores—, los padres anotan cada vez más a sus hijos en escuelas privadas, que les garantizan (ésa es la percepción social común) una mejor calidad educativa. Los maestros públicos hacen huelgas; muchos de sus alumnos son pobres y tienen problemas de conducta; las escuelas no son administradas eficientemente ni mantenidas en buenas condiciones… La escuela pública argentina, que solía ser la Gran Igualadora, se ha venido convirtiendo en sinónimo de “escuela para pobres”.
La educación privada funciona bajo un régimen de subsidios estatales y cobro de cuotas. Por ley, una escuela privada puede cobrar a los padres de los alumnos una cuota mensual máxima con un monto inversamente proporcional al porcentaje de subsidios que recibe del estado para pagar los sueldos de sus maestros (el resto de los gastos de funcionamiento corren por cuenta de la escuela).
La Iglesia Católica tiene en la mira, por tanto, dos grandes premios: uno, las escuelas públicas, donde la mayoría de los alumnos concurre, mal que les pese a los padres, porque no pueden pagar una cuota; el otro, los subsidios a las escuelas confesionales. Es notable que no sabemos con seguridad cuántas escuelas son confesionales; por estimaciones se sabe que son la mitad, aproximadamente, de las privadas, y la inmensa mayoría son católicas.
Lo que ocurre en Salta, provincia con altos niveles de pobreza y desigualdad social, responde al primer punto: la Iglesia busca mantener como público cautivo a niños que no pueden ir a buscar educación secular a otra parte.
La disputa por el segundo punto se pudo observar recientemente cuando la provincia de Buenos Aires advirtió que iba a revisar los montos de los subsidios, causando una reacción furibunda del episcopado local. Buenos Aires invierte tres mil millones de pesos anuales en subsidiar a las escuelas privadas. El obispo Héctor Aguer se presentó ante el gobernador junto con veinte de sus colegas y pasó factura. El gobierno debió aclarar que sólo se distribuirán mejor los subsidios, privilegiando “a colegios con bajos aranceles y de barrios carenciados”.
Es obvio que el dinero que va a las escuelas privadas podría y debería ir a más y mejores escuelas públicas, pero el Estado hace tiempo que dio por perdida esa batalla. Se entiende como derecho de los padres el pedir que sus hijos reciban del Estado una educación que respete sus (las de los padres) convicciones religiosas; muchos no consideran que la indoctrinación deba ser un asunto privado; algunos sacan a relucir el asunto de los “valores”, como si no hubiera otra fuente de los mismos que la religión, o como si esos valores fueran otra cosa que repetición de prejuicios tradicionales.
En realidad la mayoría de los padres que envía a sus hijos a escuelas privadas lo hacen no por convicción religiosa sino para evitar las malas condiciones edilicias de las escuelas públicas y las frecuentes huelgas de maestros. Hace veinte años uno de cada siete niños iba a una escuela privada; hoy es uno de cada cuatro, y en la Ciudad de Buenos Aires, uno de cada dos.
Ese aumento constante alimenta la voracidad del lobby educativo eclesiástico. A nivel nacional se trata de una inmensa cantidad de dinero: miles de millones transferidos a instituciones excluyentes, que transmiten a los niños doctrinas y políticas de un estado extranjero (el Vaticano) que suelen estar en oposición directa con las políticas del estado argentino en cuanto a educación sexual, salud reproductiva y derechos humanos (por no hablar de la distorsión y desinformación en temas de biología e historia).
Y ese dinero no se vuelca sólo a la indoctrinación disfrazada de educación; de un uso más ruin fuimos testigos cuando la Iglesia Católica utilizó sus escuelas como bases para lanzar su campaña contra la ley de matrimonio igualitario, enviando cartas a los padres para que firmaran un petitorio contra el derecho de los homosexuales a casarse y liberando a sus alumnos para que asistieran a movilizaciones en lugar de ir a clases.
Es hora de volver a debatir si queremos una educación para todos, que forme ciudadanos, o un sistema perverso como el actual, que permite llamar “educación” a valores cuestionables y doctrinas falsas y arroja a millones de niños en brazos de una corporación religiosa.
En Argentina la educación pública estatal es gratuita y, en principio, laica; ése es el espíritu de la famosa Ley 1420, que formalizó las ideas liberales de fines del siglo XIX. Pero la educación pública primaria es responsabilidad de los estados provinciales, por lo cual hay provincias donde la laicidad se respeta, y otras, como Salta, donde indoctrinar a los alumnos de las escuelas públicas en una religión es un mandato constitucional. La Constitución Nacional no es explícitamente laica: si una Constitución provincial dice que los niños deben ser “educados” en los “valores” del catolicismo tradicional, no hay forma de recusarla.
El problema se agrava porque incluso donde la educación pública es laica —con ocasionales lapsus menores—, los padres anotan cada vez más a sus hijos en escuelas privadas, que les garantizan (ésa es la percepción social común) una mejor calidad educativa. Los maestros públicos hacen huelgas; muchos de sus alumnos son pobres y tienen problemas de conducta; las escuelas no son administradas eficientemente ni mantenidas en buenas condiciones… La escuela pública argentina, que solía ser la Gran Igualadora, se ha venido convirtiendo en sinónimo de “escuela para pobres”.
La educación privada funciona bajo un régimen de subsidios estatales y cobro de cuotas. Por ley, una escuela privada puede cobrar a los padres de los alumnos una cuota mensual máxima con un monto inversamente proporcional al porcentaje de subsidios que recibe del estado para pagar los sueldos de sus maestros (el resto de los gastos de funcionamiento corren por cuenta de la escuela).
La Iglesia Católica tiene en la mira, por tanto, dos grandes premios: uno, las escuelas públicas, donde la mayoría de los alumnos concurre, mal que les pese a los padres, porque no pueden pagar una cuota; el otro, los subsidios a las escuelas confesionales. Es notable que no sabemos con seguridad cuántas escuelas son confesionales; por estimaciones se sabe que son la mitad, aproximadamente, de las privadas, y la inmensa mayoría son católicas.
Lo que ocurre en Salta, provincia con altos niveles de pobreza y desigualdad social, responde al primer punto: la Iglesia busca mantener como público cautivo a niños que no pueden ir a buscar educación secular a otra parte.
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| (Sin un toque de humor, la situación es deprimente.) |
Es obvio que el dinero que va a las escuelas privadas podría y debería ir a más y mejores escuelas públicas, pero el Estado hace tiempo que dio por perdida esa batalla. Se entiende como derecho de los padres el pedir que sus hijos reciban del Estado una educación que respete sus (las de los padres) convicciones religiosas; muchos no consideran que la indoctrinación deba ser un asunto privado; algunos sacan a relucir el asunto de los “valores”, como si no hubiera otra fuente de los mismos que la religión, o como si esos valores fueran otra cosa que repetición de prejuicios tradicionales.
En realidad la mayoría de los padres que envía a sus hijos a escuelas privadas lo hacen no por convicción religiosa sino para evitar las malas condiciones edilicias de las escuelas públicas y las frecuentes huelgas de maestros. Hace veinte años uno de cada siete niños iba a una escuela privada; hoy es uno de cada cuatro, y en la Ciudad de Buenos Aires, uno de cada dos.
Ese aumento constante alimenta la voracidad del lobby educativo eclesiástico. A nivel nacional se trata de una inmensa cantidad de dinero: miles de millones transferidos a instituciones excluyentes, que transmiten a los niños doctrinas y políticas de un estado extranjero (el Vaticano) que suelen estar en oposición directa con las políticas del estado argentino en cuanto a educación sexual, salud reproductiva y derechos humanos (por no hablar de la distorsión y desinformación en temas de biología e historia).
Y ese dinero no se vuelca sólo a la indoctrinación disfrazada de educación; de un uso más ruin fuimos testigos cuando la Iglesia Católica utilizó sus escuelas como bases para lanzar su campaña contra la ley de matrimonio igualitario, enviando cartas a los padres para que firmaran un petitorio contra el derecho de los homosexuales a casarse y liberando a sus alumnos para que asistieran a movilizaciones en lugar de ir a clases.
Es hora de volver a debatir si queremos una educación para todos, que forme ciudadanos, o un sistema perverso como el actual, que permite llamar “educación” a valores cuestionables y doctrinas falsas y arroja a millones de niños en brazos de una corporación religiosa.
jueves, 1 de julio de 2010
Marcha cristiana anti-homosexual en Pergamino (A197)
La ciudad de Pergamino fue recientemente escenario de una de las tantas marchas contra el matrimonio homosexual que se vienen sucediendo en distintos lugares a medida que se acerca el 14 de julio, fecha en la que el Senado aprobará, si todo sigue como hasta ahora, el proyecto que corrige la discriminación del Código Civil. Y tuvimos la suerte de que alguien estuviera allí e hiciera (o más bien dejara) hablar a algunos de los cavernícolas que participaron.
El video es del programa Contratapa, producido y conducido por el psicólogo Ismael Rossi, quien lo hizo llegar a la página de Alerta Religión en Facebook. Contratapa se emite por Canal 4 de Pergamino y fue galardonado con el CADUCEO 2009 como mejor programa de interés general de la provincia de Buenos Aires.
Es difícil sintetizar en pocas palabras lo que surge de los manifestantes anti-gays. Decir que se trata de fundamentalistas sería darles demasiado crédito. Los entrevistados dan la impresión, más que de fanáticos furiosos, de simplones, ignorantes y provincianos, en el sentido figurativo de la palabra: gente que nunca ha mirado más allá de sus narices y que no tiene idea de la diversidad del mundo exterior salvo como una vaga neblina amenazante.
Si no se tratara de gente con cierto poder de convocatoria y que vota, creo que darían lástima. Es probable, es seguro que entre los hijos, sobrinos, nietos, hermanos de estas patéticas personas haya homosexuales y bisexuales, ateos y agnósticos, feministas, gente de religiones distintas a ese cristianismo pedestre y medieval, gente que haya meditado y se haya diferenciado, siquiera en su pensamiento, de las apolilladas abstracciones tradicionales que forman la estructura mental de sus parientes. Lo lamentable es que, en el ambiente en que viven, esas personas están destinadas a sufrir en silencio o a verse señaladas y juzgadas si se revelan y rebelan.
El video es del programa Contratapa, producido y conducido por el psicólogo Ismael Rossi, quien lo hizo llegar a la página de Alerta Religión en Facebook. Contratapa se emite por Canal 4 de Pergamino y fue galardonado con el CADUCEO 2009 como mejor programa de interés general de la provincia de Buenos Aires.
Es difícil sintetizar en pocas palabras lo que surge de los manifestantes anti-gays. Decir que se trata de fundamentalistas sería darles demasiado crédito. Los entrevistados dan la impresión, más que de fanáticos furiosos, de simplones, ignorantes y provincianos, en el sentido figurativo de la palabra: gente que nunca ha mirado más allá de sus narices y que no tiene idea de la diversidad del mundo exterior salvo como una vaga neblina amenazante.
Si no se tratara de gente con cierto poder de convocatoria y que vota, creo que darían lástima. Es probable, es seguro que entre los hijos, sobrinos, nietos, hermanos de estas patéticas personas haya homosexuales y bisexuales, ateos y agnósticos, feministas, gente de religiones distintas a ese cristianismo pedestre y medieval, gente que haya meditado y se haya diferenciado, siquiera en su pensamiento, de las apolilladas abstracciones tradicionales que forman la estructura mental de sus parientes. Lo lamentable es que, en el ambiente en que viven, esas personas están destinadas a sufrir en silencio o a verse señaladas y juzgadas si se revelan y rebelan.
martes, 11 de agosto de 2009
El Exorcista IV: La Jubilación (A130)

Foto: Diario La Nación / F. Massobrio
Locos y fanáticos hay por todas partes, pero la Iglesia Católica favorece más a los segundos que a los primeros, seguramente porque los locos dan una mala imagen y tienden además a ser desobedientes a la autoridad, mientras que los fanáticos, en cambio, pueden adherir a la locura de sus superiores. Y quién podrá ser el superior eclesiástico de Mancuso sino nuestro viejo conocido, el arzobispo Héctor Aguer, que tiene en su Colegio de Consultores al cura y le dio permiso para seguir tratando con Belcebú a su manera...
Carlos Mancuso nunca estudió para ser exorcista ("No hay que aprender en ninguna parte. Es como los bautismos."). Simplemente encontró, cuando hizo falta, que le servían para el asunto sus incursiones pre-sacerdotales en "temas esotéricos, lo que es el espiritismo, lo que es la masonería, esas sectas que son secretas y que la gente no conoce", vale decir, esa tierra de nadie intelectual que se extiende entre lo real poblado por pobres idiotas y lo completamente imaginario fruto de la paranoia y las teorías conspirativas. Tampoco estudió psiquiatría, pero dice tener un "sexto sentido" para darse cuenta de cuándo debe mandar a alguien al médico y cuándo es cosa del Maligno.
De Mancuso se dice que curó a un niño con fibrosis quística, aunque, se apresura a aclarar, eso fue un milagro y Dios no va a ir curando a todos porque sí. En sus encuentros con jóvenes se hablaba mucho de la mortificación. Es que, según explica, Dios deja hacer al demonio y que el sufrimiento continúe porque "cuando la gente soporta las tentaciones y desdichas que vienen del Maligno, alcanza mayor grado de santidad".
El notero del diario marplatense (llamarlo periodista sería un abuso de la palabra) no hace ningún intento por cuestionar las extrañísimas, a veces repugnantes, otras vagamente incoherentes, declaraciones del cura. No plantea preguntas espinosas o incómodas y no consulta a nadie más para contrastarlas; si lo dice un sacerdote tan querido por su comunidad, pensará, está bien. Si hubiera navegado un poco por internet, hubiera descubierto algunas desagradables cosas sobre el tenebroso mundo en el que ha vivido Mancuso desde hace décadas: el mundo de un hombre obsesionado con lo oculto, con lo preternatural, con la presencia de Satanás, con el marxismo y el comunismo, con las tentaciones del sexo, con las sectas. Al cura le preocupa que la gente busque magia fuera de la Iglesia: "Una familia bien constituida que va a misa todos los domingos, que recibe los santos sacramentos no se va a sentir tentada de ir a consultar al curandero, ni al tarot, ni al espiritismo, ésa está a salvo."
Hace menos de un mes, el diario La Nación le hizo una nota a Mancuso, "el exorcista de la calle 6". El cronista, un "agnóstico culposo" según sus propias palabras, no fue mucho más crítico. Luego de advertir "me gustan las historias de exorcistas como me gustan los cuentos de fantasmas y de vampiros", con la típica, amable falta de compromiso de los que no se animan a reírse de la estupidez, concede que "el cielo y la tierra están llenos de asuntos que no comprendemos". Y le da paso a una serie de historias que sólo un buen guión cinematográfico y una credulidad a toda prueba podrían acercar a la realidad.
En Crítica hay una nota más larga y más interesante, con opiniones múltiples sobre el tema, sobre la práctica del exorcismo en el siglo XXI, donde se consulta a Mancuso pero también a un psiquiatra. Éste último habla claramente de lo que significa recurrir a un exorcista o a un curandero: “Es una tendencia al pensamiento mágico, la mejor manera de no resolver un problema para que lo haga otro a través de algún poder”. Señala que el paciente debe asumir responsabilidad por su vida, en vez de suponerse en manos de Dios o el Diablo.
Como parece que está de moda esto de la internet, Mancuso tiene un grupo en Facebook: Padre Carlos Alberto MANCUSO, Exorcista de La Plata. El creador y administrador del grupo es la Arquidiócesis de La Plata, la misma que mantiene la página del arzobispo Aguer.
[Me enteré de esta noticia a través de la difusión del Congreso Nacional de Ateísmo vía Facebook.]
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martes, 31 de marzo de 2009
Intromisión

La Educación tendrá por objeto la formación integral de la persona con dimensión trascendente y el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales, formando el carácter de los niños en el culto de las instituciones patrias, en el respecto a los símbolos nacionales y en los principios de la moral cristiana, respetando la libertad de la conciencia.Constitución de la Provincia de Buenos Aires,
Sección 8ª, Cap. II, Art. 199
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martes, 9 de diciembre de 2008
Congreso Nacional de Ateísmo (cont.)
El 1º Congreso Nacional de Ateísmo de la historia de Argentina, celebrado en la ciudad de Mar del Plata, terminó este fin de semana. El jueves pasado lo anuncié aquí y di algunos enlaces.
La cobertura en los medios fue, lamentablemente, muy escasa. Los únicos diarios que cubrieron el tema fueron La Capital de Mar del Plata (por ser un evento local) y La Nación, diario porteño de circulación nacional. Esto último es muy valioso, especialmente siendo La Nación un medio de derecha, pero me extrañó que otros medios pasaran por alto totalmente el congreso. Página/12, por ejemplo, suele publicar notas sobre creencias religiosas y laicidad, e incluso sobre ateísmo, pero ni siquiera dedicó un párrafo al evento.
Hasta ahora lo que se rescató del Congreso fue:
La cobertura en los medios fue, lamentablemente, muy escasa. Los únicos diarios que cubrieron el tema fueron La Capital de Mar del Plata (por ser un evento local) y La Nación, diario porteño de circulación nacional. Esto último es muy valioso, especialmente siendo La Nación un medio de derecha, pero me extrañó que otros medios pasaran por alto totalmente el congreso. Página/12, por ejemplo, suele publicar notas sobre creencias religiosas y laicidad, e incluso sobre ateísmo, pero ni siquiera dedicó un párrafo al evento.
- Comienza un congreso de ateísmo (La Nación, Bs. As., 03/12)
- Un original encuentro con un sorpresivo éxito (La Nación, Bs. As., 06/12)
- 1er Congreso Nacional de Ateísmo (El Marplatense Escéptico, 06/12)
- Ateos en busca de una Argentina secular (La Nación, Bs. As., 07/12)
- Sobre el 1º Congreso Nacional de Ateísmo en Argentina (Hipótesis, 07/12)
- Concluyó el Congreso de Ateísmo (La Capital, Mar del Plata, 08/12)
Hasta ahora lo que se rescató del Congreso fue:
- Que la convocatoria fue buena, mayor de la esperada en términos numéricos. Considerando que cayó un fin de semana largo veraniego y que se realizó en el balneario más concurrido de la costa atlántica, es increíble que tantas personas hayan elegido el congreso antes que la playa.
- Que el evento ayudó a darle voz a los ateos, que nos sentíamos "invisibles". Sería bueno, entonces, que se repitiera y se realizaran eventos similares en todo el país con cierta frecuencia, para dejar de ser una minoría exótica.
- Que el gobierno local y el provincial valoraron el encuentro y lo facilitaron. El Concejo Deliberante de Mar del Plata lo declaró de interés y el gobierno bonaerense prestó el lugar. (Esto es todavía mejor si recordamos que el gobierno bonaerense está presidido por un tipo que hace unos meses fue a rezarle a la Virgen de Luján para que lloviera.)
- Que hubo diálogo amable con representantes de distintas religiones. En la medida en que podamos dialogar, aunque nadie cambie de idea, podemos reconocernos como seres humanos con problemas comunes.
- Que sirvió a los ateos para hacer autocrítica, especialmente sobre cómo comunican sus ideas. No está bien pelear contra los creyentes, se dijo, sino que se debe apelar a su racionalidad en un terreno común.
- Que un evento así, a decir de Fernando Lozada (presidente y organizador), hubiera sido impensable hace veinte años. Hace veinte años la Iglesia estaba organizando marchas y boicots contra el gobierno por la aprobación de la ley de divorcio (y no pocos de sus representantes todavía tenían tribuna para defender la dictadura militar).
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jueves, 4 de diciembre de 2008
Alerta especial: Congreso Nacional de Ateísmo
El sábado 6 de diciembre (pasado mañana) comienza el 1º Congreso Nacional de Ateísmo en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. Para más información hay un video de Fernando Lozada en Ateología, cobertura del congreso en La Nación, y la adhesión de ArgAtea (hay muchos otros sitios reportando básicamente lo mismo).
Tendremos que esperar a que termine el evento para ver qué resultó, pero supongo que ésta sería una oportunidad magnífica para que Dios, si existe, aparezca y convierta por la fuerza de su sola y majestuosa presencia a tantos descreídos. Una cruz refulgente de tres metros de altura en medio de una conferencia, o lenguas de fuego sobre las cabezas de los concurrentes, algo así sería ideal.
Tendremos que esperar a que termine el evento para ver qué resultó, pero supongo que ésta sería una oportunidad magnífica para que Dios, si existe, aparezca y convierta por la fuerza de su sola y majestuosa presencia a tantos descreídos. Una cruz refulgente de tres metros de altura en medio de una conferencia, o lenguas de fuego sobre las cabezas de los concurrentes, algo así sería ideal.
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miércoles, 1 de octubre de 2008
Alerta 43: Católicos contra la ley
Este tipo de noticias ya resulta deprimente y repetitivo, por lo que me limito a consignarla. Bajo el título Con el rosario en lugar del Código, el diario Página/12 denuncia hoy que un juez ha ordenado suspender por 48 horas un aborto que iba a realizarse a una joven de 18 años con discapacidad mental que fue violada, según parece, por un familiar.
El Comité de Bioética del Hospital Penna de la ciudad de Bahía Blanca ya había decidido que la interrupción del embarazo era procedente, como lo declara el Código Penal explícitamente en casos como éste, pero el juez Jorge Eduardo Longas, "conocido por su fervor religioso", ordenó aplazarlo. Entretanto, un grupo de monjas que trabaja en el hospital hizo una "cadena de oración", y el Arzobispado de Bahía Blanca, encabezado por Guillermo José Garlatti, planea un acto público contra el aborto.
Quiero dejar aquí aclarado por enésima vez que éste asunto no es cuestión de religión, sino de ley. Me parece correcto que los católicos se manifiesten ruidosamente contra lo que ellos consideran un asesinato (con excepciones: que las monjas no lo hagan dentro del hospital público donde trabajan, y que no se moleste a las madres). Aquí el culpable, y que debería ser llevado a juicio político y destituido, es el juez Longas, que al poner sus muy discutibles convicciones personales por sobre la ley ha demostrado que no es idóneo y que es indigno de ser magistrado.
A propósito de cómo decidir sobre la permisibilidad del aborto sin tener en cuenta enunciados religiosos sin fundamento, recomiendo un artículo publicado hoy (por pura casualidad, supongo) en Razón Atea, titulado Bioética materialista: el aborto, por Fernando G. Toledo.
P.D.: Hoy, 1º de octubre, el Tribunal de Familia de Bahía Blanca revocó la decisión del juez Longas, que había suspendido el aborto por 48 horas a pedido de una organización católica. Qué bueno que alguien tiene todavía huevos para hacer cumplir la ley sin dilaciones.
El Comité de Bioética del Hospital Penna de la ciudad de Bahía Blanca ya había decidido que la interrupción del embarazo era procedente, como lo declara el Código Penal explícitamente en casos como éste, pero el juez Jorge Eduardo Longas, "conocido por su fervor religioso", ordenó aplazarlo. Entretanto, un grupo de monjas que trabaja en el hospital hizo una "cadena de oración", y el Arzobispado de Bahía Blanca, encabezado por Guillermo José Garlatti, planea un acto público contra el aborto.
Quiero dejar aquí aclarado por enésima vez que éste asunto no es cuestión de religión, sino de ley. Me parece correcto que los católicos se manifiesten ruidosamente contra lo que ellos consideran un asesinato (con excepciones: que las monjas no lo hagan dentro del hospital público donde trabajan, y que no se moleste a las madres). Aquí el culpable, y que debería ser llevado a juicio político y destituido, es el juez Longas, que al poner sus muy discutibles convicciones personales por sobre la ley ha demostrado que no es idóneo y que es indigno de ser magistrado.
A propósito de cómo decidir sobre la permisibilidad del aborto sin tener en cuenta enunciados religiosos sin fundamento, recomiendo un artículo publicado hoy (por pura casualidad, supongo) en Razón Atea, titulado Bioética materialista: el aborto, por Fernando G. Toledo.
P.D.: Hoy, 1º de octubre, el Tribunal de Familia de Bahía Blanca revocó la decisión del juez Longas, que había suspendido el aborto por 48 horas a pedido de una organización católica. Qué bueno que alguien tiene todavía huevos para hacer cumplir la ley sin dilaciones.
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