
Bolivia, no nos engañemos, es un país muy religioso. La nueva Constitución Política del Estado (CPE) reconoce la diversidad del pueblo boliviano, incluidas las expresiones religiosas y espirituales, pero le quita a la Iglesia Católica los privilegios que había disfrutado desde siempre. Esto último fue lo que motivó que la jerarquía eclesiástica se asociara a los sectores conservadores de los departamentos más ricos del país para derrotar la iniciativa constitucional, lo cual ocurrió de hecho a nivel local.
La realidad es que el 95% de los bolivianos seguirán siendo católicos (sin perjuicio de que veneren a la Pachamama o sigan otros ritos indígenas ancestrales) y que sólo serán perjudicados los intereses de una minoría.
Saludo desde aquí a todos los bolivianos, que supieron atreverse a lo que nosotros los argentinos (que siempre nos hemos creído más progresistas y adelantados que el resto de Latinoamérica) todavía ni siquiera soñamos.