El Instituto Nacional Contra la Discriminación (INADI) le pedirá a la Iglesia que aclare las acusaciones del arzobispo Héctor Aguer contra el manual de lineamientos para la educación sexual, ya que a juicio de su titular, María José Lubertino, sus comentarios en materia de género y en relación con temas de diversidad sexual son "violatorias de los marcos jurídicos universales" y desconocen el "claro consenso democrático" que se logró para aprobar la ley correspondiente.
Aguer había dicho que el texto del Material de Formación de Formadores en Educación Sexual y Prevención del VIH/Sida (destinado a los docentes, no a los alumnos) reivindicaba el "derecho a fornicar" y que forma parte de una visión que impone una "religión secular" y una "dogmática atea", además de ser "constructivista, neomarxista y reduccionista" y constituir un "avance totalitario". El latiguillo habitual (el supuesto atropello a la libertad de conciencia de los padres y maestros) también hizo su aparición.
Aguer, que encabeza la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina, tiene una larga y consistente trayectoria de oposición a la laicidad estatal y a la educación sexual moderna, así como también una especie de alergia al marxismo (o lo que él ve como marxismo) y a otras misteriosas ideologías que él ve detrás de propuestas como la campaña de apostasía colectiva. Si no lo hicieron, no dejen de leer las postdatas de la nota anterior, donde se documentan las repercusiones inmediatas. Y no dejen de votar en la encuesta de opinión sobre el tema en La Nación (donde, previsiblemente, la Iglesia gana).