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jueves, 19 de enero de 2012

Una ceremonia ufológica

El pasado sábado 14 de enero tres de mis compañeros del Círculo Escéptico Argentino vinieron de Buenos Aires para reunirse con otros, incluyéndome, en Rosario. El destino final del viaje era Victoria, Entre Ríos (situada al otro lado de la llanura de inundación del río Paraná, a unos 55 km). Allí se encuentra el Museo OVNI, establecimiento que luego de años de funcionar en un hogar particular se mudó, con grandes auspicios, a un salón más grande y céntrico. El Museo es dirigido por Silvia Pérez Simondini, autoproclamada “investigadora del fenómeno OVNI” y directora del grupo Visión OVNI.

En el Museo no hay mucho de museo, a decir verdad, y sí bastante de lo que se denomina forteana, una colección de fotos y recortes de diarios sobre sucesos extraordinarios a la manera del extravagante Charles Fort, si bien mucho más pequeña y con un foco particular.


El tema, cuando uno lo piensa con cuidado, no son los objetos voladores no identificados. El tema —y esto pasa obviamente inadvertido para los curadores del museo— es la ufología misma, es decir, la búsqueda de coherencia y sentido en una serie mal definida de observaciones e impresiones subjetivas (luces en el cielo, siluetas al atardecer, pastos secos o quemados en círculo, trozos de metal encontrados en medio del campo, etc.) que no tienen nada que ver entre sí a priori pero que los iniciados unifican bajo el misterio. Y esto aunque los mismos iniciados se apresuran a develar el misterio con absoluta confianza luego de un par de gestos formulaicos de escéptica prudencia. Ésta es una de las razones por las cuales —imagino que algunos lectores ya se lo habrán preguntado— escribo sobre OVNIs en este blog, habitualmente dedicado a la religión.

Si el culto OVNI es similar a una religión, podría decirse que las premisas del Museo OVNI son asimilables a una teología. La experiencia OVNI no está allí, pero se ofrecen con gran solemnidad pruebas de ella… que no convencen a nadie que no crea de antemano. La experiencia es individual e intransferible y no deberíamos esperar otra cosa, pero los entusiastas de los OVNIs siguen intentando.

Mi propia experiencia del museo consistió en estar sentado, viendo un largo video sobre puntos de luz en el cielo con gente que al menos a primera vista parecía creer que se trataba de naves extraterrestres, seguida por el comentario de la directora del museo, que añadió a los asombrosos OVNIs consejos sobre cómo sobrevivir al “cambio de era” que se avecina en mayo de este año, según lo profetizaron los mayas (no es el 12/12/2012 como otros dicen: hubo un error de calendario) y lo confirmaron los científicos con sus predicciones de “explosiones nucleares solares”… esa experiencia me produjo la sensación de haber sido obligado a asistir a misa, o a cualquier ceremonia solemne de una religión en la que no creía.


No había en realidad obligación, excepto la autoimpuesta. El aspirante a antropólogo autodidacta observaba porque había venido a eso. Como en cualquier misa, había el devoto que escucha atentamente la homilía, asiente con la cabeza y hasta repite en un murmullo las palabras del celebrante; otros estaban allí para pasar un rato; uno, al menos, pareció recibir de esta liturgia una confirmación de sus creencias. No faltaban los niños, que en misa se aburren con rapidez aunque pueden fingir atención si lo desean. El ambiente en la sala del fondo del Museo OVNI era así familiar para un ex-católico como yo; el insuficiente par de ventiladores de pared reforzaba la apariencia de misa de sábado de verano a la tarde en una parroquia de barrio.

Logré llegar al final del video y la charla bastante sofocado, y no sólo por el calor. Hubo una presentación sobre una muestra de material extraterrestre con fabulosas propiedades, que los investigadores guardan como “la vedette del Museo” (sic) y que, como esas vedettes que sólo brillan en el escenario, no logró impresionarnos fuera del espectáculo armado para ella, cuando la observamos en el interior de la vitrina de donde nunca sale (ni siquiera a pedido de importantes científicos que la reclaman para su estudio, a decir de la Sra. Simondini). Hubo algunas preguntas y repreguntas, de las que no participé porque me faltaba el aire y el ánimo.

La ufología, como la teología, nunca llega a puerto. Hace bastante que soy ateo y ya no me siento afectado, cuando voy a misa por alguna obligación social, por el asentimiento de tantas personas —buenas y decentes, la mayoría— a doctrinas repugnantes o ridículas; este baño de ufología popular había sido como volver a mi primera misa forzada, y me dejó un sabor de boca muy amargo. Espero que no me juzguen mal si digo que sentí lástima. El escepticismo suele provocar estas cosas, y está bien que así sea, para que no olvidemos que detrás de los sistemas de creencias más absurdos hay personas.

jueves, 15 de mayo de 2008

Alerta espacial: "El extraterrestre es mi hermano"

El Vaticano, a través de su astrónomo oficial, notifica a los católicos que no es pecado creer en extraterrestres. Negar absolutamente la posible existencia de los extraterrestres, por el contrario, significaría "poner límites a la libertad creadora de Dios", dice el sacerdote jesuita argentino José Funes, director del Observatorio Vaticano.

¿Qué decir a esto, nosotros que no creemos? En primer lugar, nótese que si se reemplaza la palabra "extraterrestres" por "unicornios" la frase del padrecito Funes sigue siendo igualmente lógica, es decir, completamente lógica dentro del sistema en que se encuentra (que en sí es pura fantasía). Pero hasta aquí todo bien. El astrónomo admite que no sabemos, que el universo es muy vasto para excluir una hipótesis, y reconoce también que cree en el Big Bang, "que no contradice la Biblia", sin perjuicio de que a futuro puedan aparecer otras teorías; toda una declaración de principios científica.

Luego todo se desbarranca, porque el susodicho astrónomo empieza a especular y saca a relucir a San Francisco de Asís y sus hermanos los animales, y cómo no vamos a llamar nosotros "hermanos en la creación" a otras criaturas... Habla de nosotros y de otras presuntas razas inteligentes y desliza que debemos ser la única que ha caído en pecado, porque de lo contrario Dios tendría que haber enviado a cada una un redentor (llamémoslo un Jesús alienígena o Cristo ET), proposición blasfema si las hay, porque Dios es una trinidad, no una vulgar familia numerosa. Para que no sintamos pena por los extraterrestres, nos consuela diciendo que si llegan a estar en pecado la misericordia de Dios se encargará de ellos de alguna otra manera.

Son increíbles las proezas mentales que hay que realizar, supongo, para encorsetar una ciencia como la astronomía en un sistema de creencias tan complicado como rígido. Leyendo lo anterior me acordé de las divertidísimas (a su manera) y sesudas disquisiciones de Borges sobre teología, tema que lo apasionaba como juego de fantasía y como testimonio de la imaginación del hombre. Lástima que el astrónomo del Vaticano lo diga en serio.