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viernes, 19 de julio de 2013

La Iglesia del mundo del revés

Estoy revisando centenares de noticias viejas de ACI Prensa para un pequeño proyecto del que pronto hablaré, y me encontré con algo que casi me hace atragantarme de risa y de indignación al mismo tiempo. El titular:

Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres

¿“Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres”? ¿Los mismos católicos que dejan morir a las mujeres con tal de no permitirles abortar? ¿Los mismos que consideran que la violación dentro del matrimonio no es una verdadera violación? ¿Rezan para poner fin a la violencia? ¿Esperan que rezar sirva para algo? (Claro que lo esperan, seguro, pero bien estaría recordar aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”, incluso si el Papa suma su apoyo al ruego.) Seguí leyendo un poco más y encontré el párrafo que me hizo carcajear. Estaba entre comillas pero no quedaba muy claro si eran las palabras reales del citado arzobispo de Bombay, el cardenal Oswald Gracias. La fuente era la agencia Fides, uno de los más antiguos órganos de autobombo de la Iglesia Católica. Lo busqué y allí estaba:

ASIA/INDIA - Más de 19 millones de fieles indios rezan unidos al Papa, por el respeto de la mujer en India

“La Iglesia católica está a la vanguardia en la promoción de la igualdad de género.” No, no leíste mal. A la vanguardia. De la igualdad de género.


Y hay más:
“Sin embargo, el camino por recorrer aún es largo: la mentalidad patriarcal tiene que cambiar, tenemos que acabar con la discriminación de género y dar igualdad de dignidad a las mujeres.”
No sé en qué plano de la realidad habita el cardenal Gracias o cómo se conectan sus neuronas para producir en él la idea de que “acabar con la discriminación de género” es compatible con la manera en que el catolicismo predica incesantemente contra la igualdad entre las mujeres y los hombres desde siempre, antes condenando a la mujer sin más trámite a la sumisión y el silencio, hoy mucho más políticamente dedicándole alabanzas cuando elige ser virgen o madre, de ser posible prolífica, y mejor aún si lo es siendo pobre, ignorante, enferma o las tres cosas; elevándola a los altares cuando se deja morir por no abortar, aunque deje atrás y desamparada a una familia numerosa; y haciendo todo lo posible para que el lugar de la mujer no salga de las famosas tres K que la propaganda imperial alemana recomendaba a fines del siglo XIX: Kinder, Küche, Kirche — los niños, la cocina y la iglesia.

Claro está que en la India la discriminación a las mujeres no es culpa del catolicismo. Allí una religión mucho más antigua que el cristianismo ya se encargó hace milenios del trabajo de deshumanizar a las mujeres, y una algo más nueva que el cristianismo, pero surgida de la misma raíz misógina, compite con aquélla para ver cuál las esclaviza más. Cada una canaliza y promueve el odio a la mujer de una forma diferente, aunque en el fondo los detalles se confunden. Sólo en un lugar como la India puede considerarse al catolicismo como beneficioso para las mujeres, aunque más no sea porque ni el sati ni los “crímenes de honor” son prácticas aceptadas o promovidas por la Iglesia Católica.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una Iglesia muy cauta

No existe ni un solo caso verificado de ese tipo de milagro, bastante popular entre los católicos, que consiste en que una estatua de la virgen María o de un santo o un crucifijo “lloren”. En cada ocasión en que alguien se molesta en investigar, se trata de pérdidas de agua, condensación, depósitos de materiales fluidos varios, o simple fraude. Por eso la Iglesia Católica es muy cauta antes de certificar milagros tan obviamente falsos. O al menos eso dicen.

Cuando el reconocido escéptico indio Sanal Edamaruku apareció en la iglesia de Nuestra Señora de Velankanni en Mumbai para investigar un supuesto Cristo que lloraba o goteaba sangre (según las versiones), perturbando seriamente el negocio montado en su torno por el sacerdote local, la cautela de la Iglesia pareció desvanecerse más rápido que el tiempo que toma decir Jesús. Bajo las ridículas leyes vigentes, Edamaruku fue acusado de ofender los sentimientos religiosos de la comunidad. Los miembros de al menos tres organizaciones católicas locales fueron por varias comisarías poniéndole denuncias, todo porque Edamaruku había explicado el fenómeno (simple efecto de la capilaridad) y había afirmado por TV que los líderes eclesiásticos estaban aprovechando para vender un milagro —un pasatiempo históricamente bastante común para los católicos—, incluso repartiendo fotografías del crucifijo donde se hablaba del mismo para atraer a más gente.

Edamaruku fue acosado por la policía y se le anunció que iban a arrestarlo. El arzobispo de Mumbai, cardenal Oswald Gracias, apoyó todo este teatro entusiastamente (las organizaciones católicas no suelen actuar sin aprobación de su obispo local, como es lógico).

Eso fue en abril. La Arquidiócesis de Mumbai desoyó el pedido, repetido por muchas organizaciones racionalistas y escépticas, de solicitar a sus fieles que retiraran las denuncias. Edamaruku, viéndose cercado, salió del país; a fines de julio se supo que estaba en Finlandia.

Pero como la Iglesia es muy cauta, a principios de noviembre el cardenal Gracias emitió un comunicado explicando que el Cristo goteante nunca fue reconocido como un fenómeno sobrenatural (cosa que no les impidió dejar que la gente lo creyera) y que “la denuncia [contra Edamaruku] fue hecha por un grupo de creyentes que se sintieron ofendidos y no por la Iglesia institucional de Bombay [Mumbai] o por el Arzobispo”. El cardenal dice que apenas si sabía del caso, hasta que salió por televisión. Según ACI Prensa,
En el espíritu cristiano de paz y reconciliación, el Cardenal Gracias apela a Sanal Edamarukun, pidiéndole "que presente sus disculpas por herir los sentimientos de la gente", y pide a los cristianos que han presentado la denuncia "que acepten las disculpas y retiren la denuncia".
Uno escribe sobre la malevolencia solapada y viperina de esta clase de gente durante años y años y aún así no deja de sorprenderse cuando su hipocresía sale a la luz tan incontestablemente. ¿Disculparse por decirle a la gente que la están engañando y que quienes la engañan lo hacen desde hace milenios? ¿Disculparse para no ser arrestado? ¿Disculparse ante un grupúsculo de fanáticos desgraciados, matones religiosos, tan aterrorizados de la realidad que meterían preso a todo aquel que les revele las fragilísimas bases de su patética idolatría? ¿Y todo porque un funcionario de la monarquía teocrática más vieja del planeta lo pide, siendo él el responsable de que la situación haya llegado a tal punto que un hombre honesto tenga que huir de su país mientras los proxenetas de lo sobrenatural siguen tan campantes?

Hace unos pocos siglos los ancestros ideológicos del cardenal Gracias les quitaban las últimas monedas a los pobres a cambio de perdonarles pecados inventados por ellos mismos. Hemos avanzado un poco, pero ¡cuánto nos falta!

sábado, 30 de julio de 2011

Religión y conformismo

“No quiero tener nada que ver con una religión que se ocupa en mantener a las masas satisfechas de vivir en el hambre, la suciedad y la ignorancia. No quiero tener nada que ver con ningún orden religioso o de otra clase que no le enseñe a la gente que son capaces de ser más felices y más civilizados, en esta tierra, capaces de transformarse en un hombre verdadero, amo de su destino y capitán de su alma. Para lograr esto, pondría a los sacerdotes a trabajar, y también convertiría los templos en escuelas.”
Jawāharlāl Nehru, primer ministro indio 1947–1964