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miércoles, 12 de marzo de 2014

Por qué en los países católicos se reporta menos violencia contra la mujer

Sólo una pequeña nota, porque la arrogancia y la necesidad de justificarse de los católicos más bobos sobrepasa mi tolerancia. Aquí lo tienen a Juanjo Romero, Director Técnico de InfoCatólica y miembro de HazteOír (¡las 24 hs. del día trabajando para la regresión medieval!), diciendo que la violencia contra la mujer es menor en los países católicos. Se pregunta, es verdad, por qué, pero es retórico. Sus seguidores se amontonan en los comentarios para “explicar” que en los países protestantes todo vale (¡si hasta se divorcian!) y que —esto en respuesta a unos pocos comentaristas sensatos— el ateísmo afecta al sentido común.


En Latinoamérica, donde el catolicismo está mucho más vigente y menos secularizado que en Europa, las cifras de violencia contra la mujer (no comparables con las de las de Europa porque se trata de estudios con metodologías distintas) van de lo alarmante a lo horroroso: desde el 11,7% de mujeres dominicanas que afirmaron en 2007 haber sido víctimas de violencia sexual o física por parte de una pareja en el último año, hasta el 53,3% (sí, cincuenta y tres coma tres por ciento) de las mujeres bolivianas que afirmaron haber sido violentadas alguna vez en su vida (PDF).

Pero como Juanjo Romero ha dicho que el catolicismo hace que se trate mejor a las mujeres, habrá que mirar para otro lado. Los comentaristas ensayan variadas respuestas, pero la mejor de todas (la más reveladora) es esta gema de “sentido común”:

El ethos católico respecto a la moral sexual conlleva a lo apuntado. Cuando la mujer se hace respetar, se la respeta; cuando la mujer se convierte en reality show, pues...
Eso es lo que ocurre con esas mujeres francesas secularizadas, esas protestantes perdidas de Alemania, esas ateas escandinavas: no se hacen respetar; salen a buscar sexo por ahí y a competir con sus maridos por puestos de trabajo, pretenden que los padres cuiden a los niños y laven los platos mientras ellas salen a la calle (¡y no para ir a misa, no!). Es como si pidieran a gritos que las insulten, las golpeen o las violen por ahí. Es de sentido común, como dice este otro cuadrúpedo:
La respuesta esta que los paises Catolicos veneran a una mujer como madre de Cristo, madre de Dios, en cambio los protestantes odian a Maria, luego las conclusiones son claras
Fuente: sentido comun
Para terminar con esta ridiculez, me limitaré a citar lo que dice el mismo reporte:
“Las diferencias entre países pueden deberse a una serie de factores, así como las diferencias en los índices de victimización, entre otros: si es aceptable desde el punto de vista cultural hablar con otras personas sobre las experiencias de violencia contra la mujer, incluidos los entrevistadores; y la posibilidad de que una mayor igualdad de género en un país podría conducir a unos niveles más elevados de divulgación de información sobre la violencia contra la mujer, dado que los incidentes se podrían abordar más abiertamente y combatir en sociedades con mayor igualdad.”
Menos autofelicitarse, entonces. Pero ¿qué se puede esperar de gente que cree que “cállate y sé sumisa” es un buen consejo para una mujer?

lunes, 9 de diciembre de 2013

Una mujer contra los obispos

Por primera vez una mujer demandó judicialmente a la Conferencia de Obispos de Estados Unidos por su imposición del dogma antiabortista por sobre la salud de los pacientes.

La mujer, Tamesha Means, estaba embarazada de 18 semanas cuando sufrió una ruptura prematura de membranas y recurrió de urgencia a Mercy Health Partners, un establecimiento sanitario que se identifica como católico. El embarazo estaba virtualmente perdido y Means sufría un terrible dolor, pero los médicos, en cumplimiento de las directivas de la Iglesia, se negaron a provocarle un aborto. Volvió más tarde y fue rechazada nuevamente. La tercera vez, ya con una infección y mientras en el hospital se preparaban para enviarla a su casa nuevamente, Means abortó espontáneamente; sólo entonces le dieron la atención debida. El hospital no se negó a realizar un aborto: ni siquiera se lo mencionaron.


No se trató de un caso de objeción de conciencia. Si la legislación lo permite (puesto que no es un derecho sino una excepción) un profesional médico puede negarse a realizar un aborto, pero debe informar a la paciente para permitirle que busque a otro profesional que sí lo haga. En el contexto de una institución de salud, la misma es responsable de contar con un profesional que esté dispuesto a hacerlo, o de derivar a la paciente a otro hospital.

Pero aquí no se ofreció información ni alternativas. El hospital Mercy Health Partners es católico, frase un poco absurda (¿cómo puede tener fe religiosa una institución, cuando la fe es un asunto personal?) que se resume en que las leyes y la ética normales no se aplican, sino las directivas de un grupo de hombres célibes sin conocimiento alguno del tema, elegidos a dedo por un monarca absolutista extranjero. Las Directivas Éticas y Religiosas para los Servicios Católicos de Cuidado de la Salud, documento de los obispos estadounidenses que “sus” hospitales deben respetar, prohíben el aborto bajo cualquier circunstancia. Esto incluye, aunque no lo dice específicamente, el riesgo de vida de la mujer embarazada.

Una vez más queda probado que los hospitales católicos no son seguros para las mujeres, y que permitir que las leyes cedan lugar a la doctrina religiosa en la vida pública es una claudicación inadmisible por parte de los legisladores.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Las hermanas de la Magdalena

Quiero recomendarles ver The Magdalene Sisters (“Las hermanas de la Magdalena”), un film de 2002 del que escuché hablar hace poco. Se trata de un drama basado en hechos reales: un trozo de la infame historia de las “lavanderías” que las monjas de varias órdenes religiosas regentearon en las Islas Británicas y en Norteamérica durante siglos, contada a través de la vida de varias internas en uno de estos establecimientos, en la Irlanda de los años 1960.



Las monjas proveían, como ha hecho históricamente la Iglesia Católica, un servicio a la sociedad que la misma Iglesia había ayudado a crear: apartar y contener a las mujeres consideradas de mala vida o sexualmente problemáticas. Las lavanderías servían para mostrar a la sociedad una fachada que justificara lo que se hacía a las internas: allí las prostitutas, las chicas fáciles y otros peligros morales realizaban un trabajo duro pero digno, lavando sus pecados junto con las ropas de las monjas, de los sacerdotes que les daban misa y de las buenas gentes.

En la práctica, sin embargo, los “asilos” de las Magdalenas eran centros de trabajos forzados. Las lavanderías eran una fuente de ingresos segura para las monjas, tanto más cuanto las mujeres forzadas a trabajar en ellas no recibían sueldo, no podían irse ni tenían ningún tipo de seguridad social, ni licencias, ni nadie a quién reclamar si las condiciones eran inhumanas. Los castigos corporales y las medidas disciplinarias destinadas a la degradación de las internas eran comunes.

El prólogo del film consta de tres breves historias de mujeres jóvenes llevadas por la fuerza a una lavandería: la primera, por haber denunciado ante su familia, durante una fiesta de boda, que un primo suyo acababa de violarla; la segunda, una huérfana, por permitirse coquetear con los muchachos que la llaman desde el otro lado de las rejas del orfanato; la tercera, por haber tenido un hijo fuera del matrimonio. Los tres casos conforman una vista panorámica y desoladora a una cultura profundamente católica, tóxica, donde las mujeres, para ser consideradas morales, sólo pueden habitar tres ambientes bajo estricta supervisión, sometidas a una autoridad ajena y con su sexo anulado o severamente restringido: la casa paterna, la casa del esposo, y el convento.

En efecto, en las historias que The Magdalene Sisters cuenta, son las propias familias —o el estado encargado de suplir la custodia familiar– las que abandonan a sus hijas en los hogares de las monjas y les dan la espalda. La autoridad de las monjas se entiende simbólicamente como absoluta en función de la altura moral y el respeto social que automáticamente ganan aquéllos que se consagran a Dios, pero es de hecho una autoridad delegada: las familias de las internas pueden venir a sacarlas en cuanto lo deseen. Sin embargo, muchas de ellas permanecen en las lavanderías hasta morir. Las monjas contaron con la total colaboración del Estado para hacer la vista gorda y para enviarles mujeres sin recursos a través del sistema judicial.

Las víctimas de la esclavitud de las Magdalenas finalmente comenzaron a encontrarse y contar sus historias al final del siglo pasado, luego de que estallara un escándalo al descubrirse decenas de cadáveres de internas enterradas en tumbas anónimas en terrenos de un convento. Una investigación reveló el nivel de los abusos llevados a cabo en los asilos, que (sólo desde los años 1920 y sólo en Irlanda) afectaron a unas treinta mil mujeres.

Más recientemente el gobierno de Irlanda, después de dilatarlo todo lo posible, decidió reconocer su parte en el asunto y ofrecer atención y compensación monetaria a las sobrevivientes. El gobierno también solicitó a las cuatro órdenes religiosas responsables de las lavanderias que, pese a no haberse dado un proceso penal, hicieran el gesto de reconocer los abusos cometidos y aportaran fondos. Las monjas se negaron unánime y categóricamente. Así queda, sin castigo, uno de los grandes crímenes de la Iglesia Católica en el siglo XX.

(El film está subido a YouTube íntegro, en inglés original sin subtítulos.)

viernes, 18 de octubre de 2013

“Con toda la información relevante” sobre el aborto

El diputado español Carlos Salvador quiere que sea obligatorio por ley realizar y entregarle a la mujer que desea abortar durante las primeras 14 semanas de gestación una ecografía del nascituro. Según el órgano cavernario InfoCatólica, Salvador afirma que
«parece oportuno» plantear la entrega de una imagen del no nacido a través de una ecografía que muestre la «realidad vital y humana de su existencia» y que, unida al resto de la documentación, sirva a la madre y, en su caso, al padre, para poder tomar una decisión «con toda la información relevante a su alcance y sin censuras».
Esta definición es bastante jugosa. Para empezar llama “el no nacido” al embrión o feto, dándose por descontado el tácito “niño”. Esto es como llamar a una bellota un ”roble no brotado” y es el primer indicador de que el diputado quizá no tenga los intereses de la mujer como prioridad, porque ¿quién va a estar del lado de una mujer que quiere matar a un ser humano no nacido?

Seguidamente habla de la “realidad vital y humana” de la existencia del nascituro, asumiendo aparentemente que las mujeres no creen en la existencia de un ser humano en desarrollo dentro de su útero a menos que se les muestre una ecografía del mismo. Habrá tales casos, seguramente, pero se trata de trastornos psicológicos que con seguridad se deben tratar de otra manera.

Más reveladoramente, habla de “en su caso, el padre”. Nuevamente asume el diputado que el contribuyente masculino de la mitad de los genes de un embrión tiene algún derecho a decidir sobre ese embrión en una etapa de la gestación en la que no es más que un parásito del cuerpo de la mujer, dependiente totalmente del mismo y a la vez sumamente oneroso en su mantenimiento.

Finalmente habla de “censuras”. ¿Se le ha estado ocultando algo a las mujeres, con respecto a su reproducción? Si una mujer llega a un embarazo no deseado es bastante probable que haya sido por haber sido mal informada sobre la anticoncepción o por haberse sometido a mandatos de género que la destinan a la maternidad, casualmente dos de las cosas que con más asiduidad promueven tanto los partidos conservadores católicos como la iglesia con la cual están típicamente aliados. Las mujeres que cuentan con “información relevante y sin censuras” tienen muchas más chances de evitar recurrir al aborto quirúrgico que las que son privadas de esa información por políticas ridículas como las de promoción exclusiva de la abstinencia.

Afortunadamente, la propuesta del diputado Salvador no ha encontrado eco en sus colegas, aunque difícilmente sea éste su final.

Más sobre esto en un próximo post.

sábado, 3 de agosto de 2013

Aborto y riesgo de suicidio según la católica mentirosa Alejandra Diener

El viernes pasado nuestra fachada católica pseudocientífica favorita, Sexo Seguro, emitió uno de esos raros tuits relativos a una cuestión específica y actual (@sexoseguro es básicamente un bot que hace un loop infinito sobre una serie de tuits ya programados, sin responder jamás a nadie ni citar tampoco a otros).


Muy bien argumentada la respuesta de @AleDiener a un inconforme sobre el aborto http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog… … …
@AleDiener es Alejandra Diener, Maestra en Ciencia de la Familia por la Universidad Anáhuac y licenciada en Economía por la Universidad Iberoamericana. (La Anáhuac es parte de la maquinaria formateadora de cerebros y recaudadora de fondos de la Legión de Cristo, la orden del pederasta y abusador sexual serial e incestuoso Marcial Maciel. La Iberoamericana es propiedad de la Compañía de Jesús. Este paso exclusivo por el sistema educativo católico explica bastante lo que sigue.) Diener le contesta a alguien que la cuestionó por su postura contra el derecho al aborto, aunque sin citar sus objeciones.

La respuesta es una breve recorrida por algunos lugares comunes, fundamentalmente la idea de que la mujer embarazada en crisis no necesita abortar sino asistencia de otra clase. Esto puede ser cierto pero requiere de una evaluación caso por caso y, como fuere, no hay mucho que evaluar si —como han logrado los jerarcas a los que Diener responde­— la ley ya ha clausurado todos los caminos alternativos. Una mujer embarazada en Latinoamérica, salvo en casos muy puntuales y en lugares muy específicos y teniendo suerte de no toparse con “pro vidas” metiches, no tiene más remedio que gestar y parir, aunque eso le signifique la ruina económica, psicológica, física o todas ellas juntas.

Después (y aquí quería llegar) Diener dictamina:
El aborto está generando un verdadero problema de salud pública, ya que la mujer que aborta padece trastornos mentales que las lleva incluso hasta el suicidio (Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang PhD MPH www.cmaj.ca), mujeres que no puedan hacerse cargo de sus familias o que ni siquiera puedan continuar con sus vidas a causa del trastorno ocasionado por este drama de la eliminación de un ser humano en su vientre.
Generalmente los antimujeres hablan del síndrome post-aborto, entidad inexistente inventada por ellos y que no reconoce ninguna organización médica o psicológica importante en el mundo. Diener pasa de largo y directamente cita un estudio realizado en Taiwán; el título en castellano sería “Asociación entre la paridad y el riesgo de suicidio en mujeres que han tenido hijos” (paridad es la cantidad de hijos que ha tenido una mujer).

El estudio es amplísimo; ése es su único mérito indiscutible. Documenta la vida de 1,3 millones de mujeres a lo largo de casi tres décadas y correlaciona la cantidad de hijos que tuvieron con su riesgo de suicidio. Los autores hallaron que el riesgo de suicidio de una mujer disminuye al aumentar su número de hijos. Reconocen, sin embargo, que ciertas variables son imposibles de controlar, y que la correlación puede esconder muchas causalidades. Por ejemplo: la depresión se asocia a una mayor tendencia al suicidio, pero padecer de depresión también puede afectar la decisión de tener hijos; una tendencia suicida puede verse afectada por la presencia de una red de soporte familiar provista por los hijos, si la mujer siente que tener una familia le aporta valor a su vida.

En ninguna parte del estudio se menciona siquiera la palabra “aborto” ni se habla de anticoncepción o planificación familiar explícita. Alejandra Diener, por lo tanto, miente descaradamente (considerar la posibilidad de que no haya entendido el estudio es un insulto a su inteligencia tanto como la nuestra), y miente a sabiendas de que la inmensa mayoría de sus lectores jamás buscará el estudio por internet (no se provee un link) ni lo leerá ni lo entenderá (aunque las conclusiones son claras, está en inglés y el texto es bastante técnico). ¿Éste es el modelo de profesional que forman las carreras universitarias católicas?

martes, 30 de julio de 2013

Lo que hay detrás de los “centros para mujeres embarazadas en crisis”

Hace unos días la página de Facebook Yo apoyo la ley de despenalización del aborto en la Argentina puso en su muro una nota de Jaclyn Munson, escritora, investigadora y activista por los derechos de la mujer, sobre una de las tácticas que el movimiento antiabortista en Estados Unidos utiliza en su guerra contra las mujeres. La nota se titula I Went to a Crisis Pregnancy Center and What I Saw Will Shock You y trata de la experiencia personal de Munson en un “centro para mujeres embarazadas en crisis”, nombre que reciben los establecimientos, generalmente fachadas de grupos religiosos, donde terminan por falta de mejor lugar muchas mujeres jóvenes y preocupadas o desesperadas por un embarazo no planeado. La gente de Yo apoyo… pedía una traducción al castellano y yo se la ofrecí. La comparto aquí para ustedes.

Fui a un centro de embarazo en crisis y lo que vi te impresionará

Cuando era chica quería ser Alicia, de Alicia en el País de las Maravillas, y escapar a otro mundo, caer por el agujero del conejo hacia una tierra de fantasía donde podría combatir a la Reina de Corazones para devolverle la dignidad al País de las Maravillas. Era demasiado joven para entender que la historia de Lewis Carroll tenía un subtexto más oscuro y que el País de las Maravillas no era lo que parecía. Años más tarde, mantengo la curiosidad de Alicia acerca del mundo que me rodea, y decidí investigar un centro para embarazadas en crisis (CEC) que está actualmente en el foco de una investigación del FBI. Lo que encontré fue más perturbador de lo que imaginaba.

El CEC que visité se llama EMC FrontLine, opera en la actualidad en 12 puntos de la ciudad de New York y se enorgullece de estar “en el frente de la batalla por la vida en la capital estadounidense del aborto”. Su presidente Chris Slattery y sus clínicas, acusados de brindar información médicamente falsa a sus clientes sobre el aborto y la anticoncepción, están hoy en el fodo de una investigación del Grupo de Tareas Conjunto para el Terrorismo Local del FBI.

Decidí concertar una cita en la clínica que Frontline tiene en el South Bronx para conocer algo más sobre su forma de operar. Entré a la clínica, que es vecina a un salón de tatuajes (desagradable), y fui guiada por dos mujeres (que nunca se presentaron por su nombre) hasta una habitación pequeña con un televisor, un reproductor de DVD, pinturas del Arca de Noé y dos cajas gigantes de muñecos de fetos. Fetos grandes, fetos chicos, ¡algo para todos!

Una mujer se sentó y comenzó a preguntarme información personal: nombre, edad, domicilio, si estaba bautizada, con quién vivía, si tenía novio, mi estado civil; lo habitual.

“¿Cómo se llama él?”, preguntó. Después de pedirle que aclarara a quién se refería exactamente, dijo: “El hombre con quien tuviste relaciones.” Le dije que no quería decirle y ella insistió.

“Tenés que decirme. Necesito esa información por si quiero seguir tu caso”, me rogó. Le di un nombre falso y seguimos adelante. Comenzó a hacerme más preguntas personales sobre el padre ficticio del bebé: qué quiere él que haga con el bebé, por cuánto tiempo lo he conocido, cómo es nuestra relación. Cuando le dije que él quería que abortara, su respuesta fue la que esperaba: franca y alineada con la postura pro-vida de la clínica.

“Oh, no, eso no es bueno”, dijo, sacudiendo la cabeza y con los ojos muy abiertos.

Me guiaron a un baño sucio decorado con más imágenes de mujeres y niños, donde me indicaron que tenía que darles una muestra de orina. Así que ahí estaba, meando en un vasito, sabiendo que no estaba embarazada, tomando notas mientras me sentaba en el inodoro y sintiendo asco ante la idea de que mi cartera estaba apoyada en un piso que se veía como si nunca le hubieran pasado un trapo.

Salí del baño luego de dejar el vasito en un estante y comencé a ir hacia la habitación donde había estado antes. La misma mujer que me había pedido la información personal me llamó y me señaló el vasito con orina mientras me alcanzaba un gotero.

“Poné cinco gotitas acá”, me ordenó, mientras me señalaba un test de embarazo. Procedí a testear mi propia orina, en un pasillo abierto, con otras dos mujeres mirando, apoyadas en las paredes.

Antes de determinar mi estado de embarazo, vi una película de 25 minutos sobre las consecuencias del aborto. El narrador (un hombre) describió posibles efectos adversos, incluyendo cómo el daño colateral de un aborto puede llevar a que mis intestinos fueran succionados a través de mi vagina, y de cómo “la mayoría de las mujeres” que sufren “complicaciones de la sangre” “mueren”. Entre las insinuaciones redundantes sobre la muerte y el desmembramiento animado de un feto a término no hubo ninguna mención del hecho de que los abortos son un procedimiento médico común y seguro que rara vez produce complicaciones serias.

Luego de que terminara el video y la mujer me dijera que no estaba embarazada, me preguntó cómo me había hecho sentir el video; mintiendo descaradamente le dije que me parecía que el aborto no es seguro.

“Sí. Es muy difícil porque esta cosita dentro tuyo está viva, y ¿quién sos para decidir quién vive y quién muere?”, dijo, estirando la mano para agarrar una caja de terciopelo. La abrió y comenzó a leer de una tarjeta que había dentro.

“Éste es un feto a las siete semanas. Y éste es un feto a las diez semanas. Y pueden sentir dolor”, recitó, mientras ponía sobre la mesa dos figuras de fetos.

En ese momento una mujer mayor entró en la habitación. Se presentó (fue la única empleada que lo hizo) y se inclinó sobre la mesa frente a mí.

“Voy a hacerte una pregunta muy personal y no quiero que respondas. Sos una mujer joven, linda, inteligente. ¿Por qué te entregás sexualmente?”, preguntó, inclinando la cabeza a un lado.

Hmmm, ¿porque el sexo es divertido? Lo de tratarme de prostituta para avergonzarme fue realmente como el moño encima del paquete. No quería que le respondiera sino que me quedara ahí sentada mientras me sermoneaban por tener sexo antes del matrimonio.

Al salir de la clínica las mujeres me dieron textos pro-vida que me suplicaban cuestionar “la salida fácil”. No sé si fue el calor o mi experiencia en EMC, pero sentía náuseas mientras me subía al tren que iba al centro. No había asientos libres y me quedé parada tomada de un barral, pensando en lo que había presenciado. Eché una mirada hacia arriba y noté un anuncio de Choices Clinic, la primera clínica de abortos de la ciudad que brinda acceso seguro a abortos y también a cuidado ginecológico y prenatal.

“Cuando llegue a casa escribiré un libro sobre este lugar… si alguna vez llego a casa”, dice Alicia mientras recorre sin rumbo el País de las Maravillas. Si bien mi historia no vale una novela, es importante que las jóvenes y mujeres conozcan la verdad sobre este centro de embarazos en crisis. El País de las Maravillas no era nunca lo que parecía, y tampoco lo es Frontline.

viernes, 19 de julio de 2013

La Iglesia del mundo del revés

Estoy revisando centenares de noticias viejas de ACI Prensa para un pequeño proyecto del que pronto hablaré, y me encontré con algo que casi me hace atragantarme de risa y de indignación al mismo tiempo. El titular:

Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres

¿“Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres”? ¿Los mismos católicos que dejan morir a las mujeres con tal de no permitirles abortar? ¿Los mismos que consideran que la violación dentro del matrimonio no es una verdadera violación? ¿Rezan para poner fin a la violencia? ¿Esperan que rezar sirva para algo? (Claro que lo esperan, seguro, pero bien estaría recordar aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”, incluso si el Papa suma su apoyo al ruego.) Seguí leyendo un poco más y encontré el párrafo que me hizo carcajear. Estaba entre comillas pero no quedaba muy claro si eran las palabras reales del citado arzobispo de Bombay, el cardenal Oswald Gracias. La fuente era la agencia Fides, uno de los más antiguos órganos de autobombo de la Iglesia Católica. Lo busqué y allí estaba:

ASIA/INDIA - Más de 19 millones de fieles indios rezan unidos al Papa, por el respeto de la mujer en India

“La Iglesia católica está a la vanguardia en la promoción de la igualdad de género.” No, no leíste mal. A la vanguardia. De la igualdad de género.


Y hay más:
“Sin embargo, el camino por recorrer aún es largo: la mentalidad patriarcal tiene que cambiar, tenemos que acabar con la discriminación de género y dar igualdad de dignidad a las mujeres.”
No sé en qué plano de la realidad habita el cardenal Gracias o cómo se conectan sus neuronas para producir en él la idea de que “acabar con la discriminación de género” es compatible con la manera en que el catolicismo predica incesantemente contra la igualdad entre las mujeres y los hombres desde siempre, antes condenando a la mujer sin más trámite a la sumisión y el silencio, hoy mucho más políticamente dedicándole alabanzas cuando elige ser virgen o madre, de ser posible prolífica, y mejor aún si lo es siendo pobre, ignorante, enferma o las tres cosas; elevándola a los altares cuando se deja morir por no abortar, aunque deje atrás y desamparada a una familia numerosa; y haciendo todo lo posible para que el lugar de la mujer no salga de las famosas tres K que la propaganda imperial alemana recomendaba a fines del siglo XIX: Kinder, Küche, Kirche — los niños, la cocina y la iglesia.

Claro está que en la India la discriminación a las mujeres no es culpa del catolicismo. Allí una religión mucho más antigua que el cristianismo ya se encargó hace milenios del trabajo de deshumanizar a las mujeres, y una algo más nueva que el cristianismo, pero surgida de la misma raíz misógina, compite con aquélla para ver cuál las esclaviza más. Cada una canaliza y promueve el odio a la mujer de una forma diferente, aunque en el fondo los detalles se confunden. Sólo en un lugar como la India puede considerarse al catolicismo como beneficioso para las mujeres, aunque más no sea porque ni el sati ni los “crímenes de honor” son prácticas aceptadas o promovidas por la Iglesia Católica.

lunes, 15 de julio de 2013

Irlanda permite el aborto en caso de riesgo de vida para la mujer

Luego de años de reclamos y de muchas muertes evitables, como la de Savita Halappanavar, la Dáil Éireann (cámara baja del parlamento irlandés) aprobó el 11 de julio una nueva ley que permite explícitamente el aborto en los casos en que la vida de la mujer corra peligro, incluyendo la amenaza cierta de suicidio por parte de la misma en caso de no poder interrumpir el embarazo.

La ley es sumamente restrictiva (de hecho, se llama “Ley de Protección de la Vida Durante el Embarazo”) y en absoluto satisfactoria para las miles de mujeres que cada año se encuentran con un embarazo no deseado pero no corren riesgo de vida, pero representa un adelanto importantísimo en un país donde la Iglesia Católica sigue fuerte en su imposición del odio a las mujeres y el rechazo total a los derechos reproductivos. (En su cobertura de la noticia, Ophelia Benson comenta irónicamente que el legislador laborista Aodhán Ó Ríordáin “agradece a los que apoyaron el proyecto y expresa su alegría de que Irlanda haya entrado en la década de 1950”.) El debate sobre si es permisible salvar la vida de una mujer por medio de un aborto fue resuelto afirmativamente hace tiempo incluso en los países musulmanes, donde los obstáculos al aborto son socioculturales y logísticos más que legales.

Naturalmente, los amantes de los fetos están enojadísimos. ¿Cómo se atreve el parlamento de un país que les pertenece a legislar en favor de los contenedores que Dios creó para que gestaran a Sus bebés? La falta de empatía de los “pro-vida” roza lo psicopático.
La portavoz del grupo pro-vida Youth Defence, Clare Molloy, calificó de "barbárica" la ley del aborto aprobada el 11 de julio por el Parlamento de Irlanda, que permitirá a mujeres acabar con la vida de su bebé si presentan un supuesto riesgo de suicidio.
Youth Defence es un conglomerado de fanáticos católicos con vínculos con la extrema derecha, incluyendo el grupo neofascista Irlanda Nacionalista (cuyos miembros estuvieron tomando nombres y publicando fotos de manifestantes pro-derechos, o como ellos les llaman, la “basura de izquierda”) y fachadas neonazis como el Movimiento Derecha Democrática irlandés y el Partido Nacional Democrático alemán. Es esta clase de gente la que minimiza como “supuesto riesgo de suicidio” el horror de una mujer embarazada luego de una violación o que es psicológicamente incapaz de lidiar con un embarazo inesperado.
La vocera de Youth Defence denunció que esta ley "permite el asesinato directo de un bebé físicamente saludable, llevado por una madre físicamente saludable, y lo permite durante los nueve meses de embarazo".
Es posible mentir más que esto, pero realmente no se me ocurre cómo. La ley sencillamente no permite eso. En general, si la vida de la mujer corre riesgo debido al embarazo y el feto es potencialmente viable fuera del útero, se induce el parto y se intenta que el bebé sobreviva. No se “aborta” a un feto a los nueve meses. Existe una zona gris, en torno al comienzo del tercer trimestre, en que algunas legislaciones permiten el aborto aun cuando el feto sea potencialmente viable. Tales casos son rarísimos pero, como en todos los casos, los profesionales médicos y la paciente deben entenderse entre sí a la luz de la ley. La “ventaja” de contar con una doctrina religiosa inflexible es que no es necesario pensar, ponderar alternativas, interpretar la ley o interrogar las propias convicciones morales: basta con negarse automáticamente, sin compasión, a lo que el dogma prohíbe.


Que hoy se siga hablando de una intención suicida como algo que no es parte de la salud física de una persona es simplemente resultado de la ignorancia y del dualismo mente-cuerpo que impregna nuestra cultura. Los estados psicológicos tienen su sustento en el cuerpo. Si una mujer embarazada amenaza con suicidarse y los psiquiatras determinan que la amenaza es cierta, estamos ante una persona con un problema de salud que pone en riesgo su vida tanto como cualquier enfermedad orgánica.

Al menos en Irlanda esta clase de trámite legislativo tiene un efecto saludable: los promotores del odio han salido todos de abajo de las piedras. El arzobispo Eamon Martin advirtió a los parlamentarios que apoyar la ley era votar “en cooperación con el demonio”. El primer ministro Enda Kenny recibió por correo cartas escritas en sangre y fetos de plástico. Durante el debate, varios miembros del partido conservador irlandés Fine Gael prefirieron renunciar antes que votar, junto con los laboristas, a favor de no dejar morir a las mujeres. Y como era de esperarse, el cardenal Sean Brady habló de una amenaza a la “libertad de expresión del pensamiento religioso”.

Que le digan eso a Savita Halappanavar, que murió mientras sus médicos, en completa libertad para hacer lo que debían hacer, le negaban asistencia porque Irlanda “es un país católico”.

jueves, 11 de julio de 2013

No a los fundamentalistas anti-derechos en Salta

Una buena noticia para las mujeres, una mala para los “pro vida”.

Un freno a los “antiderechos”

Por amplia mayoría, el Concejo Deliberante de Salta le puso freno al fundamentalismo religioso que buscaba declarar a la capital provincial como “ciudad pro vida” y pretendía imponer además una serie de medidas violatorias de los derechos de las mujeres, como la prohibición del uso, distribución, difusión o promoción en todas las dependencias de la municipalidad local de la llamada “píldora del día después”, que previene embarazos no deseados, y la suspensión de los protocolos de atención de los abortos no punibles. (…)

El proyecto de Tunini fijaba una asignación económica para incentivar a las víctimas de una violación, que resultan embarazadas, a continuar con esa gestación, convirtiéndolas en una mera incubadora, tal como informó este diario en marzo. Buscaba la aplicación, como principio rector en todas las políticas públicas municipales, “garantizar el derecho humano a la vida a todos sus habitantes, desde la concepción y hasta su fin, por causas naturales”.

martes, 2 de julio de 2013

Peligroso feminismo


“Encuentro muy peligroso este fenómeno llamado feminismo, porque las organizaciones feministas proclaman una pseudo-libertad para las mujeres que debería manifestarse en primer lugar fuera del matrimonio y fuera de la familia.

”El hombre mira hacia afuera, debe trabajar y hacer dinero, mientras que una mujer siempre se enfoca hacia adentro, hacia sus hijos y su hogar. Si este rol excepcionalmente importante de la mujer es destruido, todo se destruirá como consecuencia: la familia y, si se quiere, la patria.”

lunes, 10 de junio de 2013

Miss Mundo Musulmán

La noticia no podría ser más frívola a primera vista.
Eliminan de 'Miss Mundo 2013' el desfile en bikini ante protestas de grupos musulmanes
«Eliminan de “Miss Mundo 2013” el desfile en bikini ante protestas de grupos musulmanes.»

La frivolidad del asunto no debería distraer al lector, sin embargo, de varias cuestiones muy interesantes. El titular, para empezar, ya es eufemístico. No se trata de meros “grupos musulmanes” sino de unos personajes bastante siniestros: uno es de ellos es la rama indonesa de la organización integrista islámica Hizb ut-Tahrir, que orwellianamente significa “Partido de la Liberación” y cuya plataforma política incluye el establecimiento de un califato islámico mundial (una dictadura bajo la sharia) y la destrucción del estado de Israel. Otro es el Consejo Indonesio de Ulemas, que no pidió que las mujeres no desfilaran en bikini sino que el evento se suspendiera totalmente, dado que es “sólo una excusa para mostrar partes del cuerpo de las mujeres que deben permanecer cubiertas”.

De más está decir que una “protesta” de parte de esta clase de personas equivale a una amenaza, sin comillas.

El otro punto interesante es cómo los organizadores del certamen de Miss Mundo están dispuestos al compromiso cobarde, incluso al costo de poner en peligro a las mujeres y a los trabajadores que participarán del evento, con tal de no perder la oportunidad de vender su desfile de Barbies étnicamente diversas en un país grande e influyente del continente más poblado de la Tierra. Una de las organizadoras se encargó de explicar: “Nos gusta trabajar con respeto a cada país, y no veo por qué uno no deba comportarse con respeto cuando visita otro país”, como si la cuestión fuera de respeto, siendo que no lo es. El miedo a las represalias de un grupo de fanáticos misóginos no es respeto; someterse y someter a las mujeres a las normas represivas de los susodichos fanáticos no es respeto. La nota periodística aclara que la inmensa mayoría de los indonesios son “musulmanes moderados”; ¿por qué, entonces, se habla de “respeto” a un “país”, y no de dar lugar a los caprichos de un puñado de fanáticos? ¿Será que ese puñado tiene armas? ¿Será que esos famosos y omnipresentes musulmanes moderados no son tan moderados?

Lo que se ha hecho aquí es simplemente adaptar el diseño de un producto a las costumbres del lugar donde se desea venderlo. El modelo de mujer-objeto decorativo que les gusta a los musulmanes es diferente al modelo de mujer-objeto decorativo que prefieren la mayoría de los europeos y americanos. La diferencia principal, en este punto, es que los musulmanes prefieren que sus mujeres-objeto se luzcan como decoración sólo en ámbitos privados. La exhibición del cuerpo femenino en público, al igual que toda sensualidad abierta, va en contra del objetivo subterráneo de lograr una sociedad basada en la represión sexual, que oriente sus impulsos hacia placeres más sangrientos y santos como el apedreamiento de adúlteras o la jihad armada.

lunes, 11 de marzo de 2013

La Iglesia de las mujeres

“Nos hemos dado cuenta de que el fin de la Iglesia Católica está, en realidad, casi totalmente en manos de las mujeres. Pensemos esto: es desconcertante para cualquier ser humano racional observar cómo tantas madres en todo el mundo entregan sus hijos ciegamente a esta anacrónica plaga para la humanidad, o peor aún, aportan en forma regular a su mantenimiento financieramente, o en algunos casos incluso haciéndose monjas y continuando en su ignorancia la tarea proselitista de sus misiones parasíticas y retrógradas por todo el mundo. Por qué ciertas personas dedicarían tanta energía y esfuerzo a una organización que abierta e históricamente las desprecia con tal ferocidad es algo que desafía a la lógica. Quizá éste sea el caso más grande del mundo de síndrome de Estocolmo no diagnosticado.”
—Del movimiento Occupy the Vatican.

lunes, 25 de febrero de 2013

Los obispos alemanes y la píldora del día después

Estoy seguro de que al lector le ocurrirá muchas veces leer a algún representante de Dios en la Tierra y no saber si reír o llorar o maravillarse ante su inagotable perversidad argumentativa o su incomparable presunción. Para mí es algo habitual, aunque tengo que salir a buscarlo. Los obispos católicos nunca defraudan.

El jueves 21 de febrero la Conferencia Episcopal Alemana publicó un documento donde autoriza la administración de anticonceptivos de emergencia a mujeres violadas.
El cardenal Karl Lehmann (Maguncia), en su calidad de presidente de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Alemana ha presentado, una vez constatada la disponibilidad de nuevos preparados con principios activos alterados, la evaluación teológico-moral del empleo de la llamada «píldora del día después». El cardenal Joachim Meisner (Colonia) explicó su declaración del pasado 31 de enero de 2013 -de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Academia Pontificia- así como el trasfondo de la cuestión, que tiene como punto de partida el rechazo de asistencia a una víctima de violación por parte de dos hospitales de Colonia.

La Asamblea reitera que las mujeres que son víctimas de una violación han de recibir, por supuesto, asistencia humana, médica, psicológica y espiritual en los hospitales católicos. Esto puede incluir la administración de la «píldora del día después» partiendo de la base de que sus principios sean no abortivos, sino anticonceptivos.
Como bien se aclara, el detonante de esta decisión fue una instancia de un problema que muy probablemente sea habitual: el hecho de que en los hospitales católicos las doctrinas de la Iglesia tienen mayor peso que las buenas prácticas médicas, con lo cual la vida de una mujer es considerada como menos valiosa que la de cualquier embrión o feto, incluso si no está implantado o es inviable. (Recordemos el caso de Savita Halappanavar en Irlanda.)

El paso dado por los obispos alemanes es minúsculo: en ningún caso se habla de la posibilidad de abortar (ni siquiera para salvar la vida de la madre) ni de autorizar el uso de anticonceptivos en forma general. Sin embargo algunos devotos lo tomaron como si los obispos hubieran subido a Facebook una foto suya disfrutando de los restos sangrientos de un bebé recién nacido mientras cubrían su desnudez con calzones con la bandera del arcoiris. De pronto toda la autoridad de los pastores de la Iglesia voló por la ventana, al dejar de coincidir con los prejuicios y con el odio concentrado de los católicos a las mujeres.

La noticia publicada en InfoCatólica recibió una serie de comentarios a cual más extremo (algunos de los cuales ya han desaparecido prudentemente). Uno (de pseudónimo “Pero Grullo”) opinó que “Las píldoras anticonceptivas son las del día antes, las del día después siempre son abortivas”; otro (una mujer), que “todos los anticonceptivos normales de nueva generación son también abortivos”; otro, que la fecundación ocurre a los 50 minutos del acto sexual si hay un óvulo disponible. Un argentino aseguró que esto es una “ofensiva” de los “criptoprotestantes alemanes” aprovechando el momento de debilidad del papado. Uno notó con singular falta de relevancia que hace años una niña de 13 violada en Ecuador se negó a abortar y parió el que luego sería un sacerdote. Alguien citó la frase de los obispos de que “ha de respetarse la decisión de la mujer afectada” como sospechosamente similar al lema feminista-abortista “nosotras parimos, nosotras decidimos”.

El sábado 23 salió publicada una “aclaración” sobre el tema del obispo español Juan Antonio Reig Pla, quien dijo, seguramente sin notar lo ridículo que suena, que “hasta la fecha ni la Santa Sede, ni la Conferencia Episcopal Española han publicado documento alguno en el que se haga referencia a una «píldora del día siguiente» de tales características” (que no sea abortiva). Los comentaristas no se hicieron esperar, algunos apoyando la bravura de Reig Pla al denunciar la ingenuidad o segundas intenciones de los alemanes, otros repitiendo que ambos tenían razón y no hay contradicción. Uno queda con la impresión de que debe ser cansador ser católico laico: no sólo hay que escuchar a todos y cada uno de esos viejos con ínfulas divinas que se hacen llamar obispos, leer encíclicas largas y aburridas y decidir cómo esas reglas arcaicas y esos pronunciamientos arbitrarios se aplican a la vida real, sino —encima de todo— tratar de entender qué pasa cuando Dios dice “blanco” por una boca autorizada y “negro” por otra. Un trabajo agotador.

Y pasando a los hechos reales: ni la Conferencia Episcopal Alemana ni la Española ni el Papa mismo tienen la más mínima autoridad para informarnos (y digo “nos” porque la Iglesia Católica insiste en querer hacernos cumplir a todos sus reglas, no sólo a los suyos) de si tal o cual píldora funciona como debe. Los medios “informativos” de la Iglesia Católica vienen publicando desde hace tiempo datos falsos sobre los anticonceptivos, los preservativos, el aborto y otros temas similares, a veces a través de fachadas (como el portal Sexo Seguro), otras a través de “institutos” u ONGs afiliadas, que suelen contar con “expertos” para reafirmar las mentiras que ellos mismos han contribuido a propalar. Los anticonceptivos de emergencia que se utilizan hoy no sólo no son abortivos, en el sentido médicamente aceptado (es decir, no interrumpen el embarazo, definido como el proceso que comienza con la implantación del embrión en el útero), sino que tampoco son “abortivos” en el sentido que utiliza la Iglesia (no impiden la implantación o anidación del embrión): sólo pueden prevenir la ovulación o bloquear la fecundación. Estudios de hace décadas sugerían que algunos productos utilizados podían alterar el endometrio y bloquear la implantación, pero han quedado desacreditados. Naturalmente, los católicos devotos niegan o ignoran esa realidad, de la misma manera que niegan otros hechos, sea porque sus pastores los han alimentado con mentiras o porque simplemente no quieren aceptarlos.

Los obispos alemanes, me parece, han hecho un guiño a quienes conocen la falsedad de la propia Iglesia, que no puede sostenerse ante la ciencia. Es, como dije, un gesto mínimo de caridad y decencia. Si no fuesen ellos los responsables de dictar cómo los médicos deben trabajar en sus hospitales, la noticia no ameritaría aparecer aquí ni en un ningún otro medio. Y si no fuesen obispos, nadie les daría crédito por esta minúscula concesión. Pero no seamos mezquinos. Bienvenidos, obispos alemanes; ya apenas les falta un siglo o dos para ponerse a la par de la buena gente.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los hospitales católicos no son seguros para las mujeres

Hace más de un año escribí una breve reflexión sobre “la inhumanidad básica de los pro-vida” en la que ponderaba no sólo la hipocresía de los antiabortistas sino especialmente la desorientación moral de quien prefiere un embrión a una mujer. Entonces planteaba la cuestión particular de los embarazos ectópicos, que son siempre letales para la mujer si se les permite progresar y que no dejan ninguna opción aparte de un aborto temprano. Basándome en la doctrina declarada de la Iglesia Católica, teoricé que los médicos “pro-vida” no tendrían más opción, en el caso de un embrión implantado en la trompa de Falopio, que extirpar la trompa entera, procedimiento conocido como salpingectomía: una cirugía invasiva y peligrosa, que priva a la mujer de la mitad de los óvulos que le queden y por tanto de la mitad de su fertilidad futura. No tenía de hecho pruebas de que tal cosa ocurriera, aunque todo indicaba que debía ser así.



Finalmente puedo confirmar que no estaba errado, a través de un artículo de la Dra. Jen Gunter, una tocoginecóloga estadounidense que habla de estos “regalos explosivos de Dios”. Gunter explica que un embarazo ectópico nunca, jamás, puede llegar a ser un bebé; que esperar a ver qué pasa no es opción y que hay tratamientos probados: metotrexato, una droga abortiva, o una salpingostomía, que consiste en abrir la trompa de Falopio, cortar el embrión y cerrarla de nuevo. Es tan sencillo que no debería ser controvertido para nadie, pero…
Sí, algunos eticistas católicos argumentan que las directivas católicas prohíben que los médicos en hospitales católicos traten los embarazos ectópicos de alguna manera que involucre actuar directamente sobre el embrión.
La única salida, si no se provoca un aborto, es la remoción de la trompa. Esto es algo parecido a encontrar una mancha de humedad en una pared y demoler toda la habitación para librarse de ella, con la diferencia de que la habitación puede reconstruirse.
¿Qué tan común es esta práctica? Bien, es triste decir que alguien tuvo que ponerse a investigarlo. Según un estudio de 2011 de Foster et al. (Womens Health Issues, 2011), algunos hospitales católicos se niegan a ofrecer metotrexato (tres de dieciséis hospitales estudiados). Esta falta de metotrexato llevó a cambiar el tratamiento, transferir pacientes a otros hospitales e incluso administrarlo subrepticiamente. Todas estas cosas exponen a las mujeres a riesgos innecesarios y gastos, y son francamente incorrectas.
No me queda claro qué significa “administrarlo subrepticiamente”. Confío en que se trata de médicos que, contra las directivas del hospital y las absurdas doctrinas católicas, les suministran metotrexato a las pacientes. Hacer esto a escondidas es peligroso y una vergüenza para un profesional, pero es un mal menor que simplemente rechazar a la paciente u obligarla a una cirugía innecesaria.

lunes, 20 de agosto de 2012

Otro muerto para el tanteador de la Iglesia

Rosalba Almonte, una joven dominicana de 16 años de edad, murió el pasado viernes de complicaciones producidas por la leucemia que padecía. Estaba internada en un hospital, con diagnóstico, desde hacía varias semanas, y debía haber comenzado a recibir quimioterapia casi de inmediato. Pero como estaba embarazada de 13 semanas y cierta parte de la Constitución de la República Dominicana fue prácticamente dictada por la Iglesia, su vida no era tan importante: antes estaba la del “niño por nacer”.

El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez sugirió, o más bien ordenó, “que se haga todo lo posible para salvar a la muchacha, sin la necesidad de practicar un aborto directo”. El catolicismo permite esta hipocresía a través del principio del doble efecto, por el cual simular que se hace algo con un objetivo lícito permite al creyente mantener limpia su consciencia aun sabiendo que va a producirse un efecto secundario no deseado. (Aplicar quimioterapia iba a causar, muy probablemente, la pérdida del embarazo.)

Cuando finalmente los médicos y la dirección del hospital dejaron de meditar sobre este asunto, que no debió haber requerido más que cinco minutos, era demasiado tarde. Con semanas de atraso, aplicaron quimioterapia y el feto fue, como era de esperarse en cualquier caso, abortado espontáneamente. Rosaura sufrió un paro cardíaco y murió. Inmune a toda decencia, un sacerdote estuvo junto a los médicos en la rueda de prensa ofrecida posteriormente, explicó que “los médicos no tenían por qué atacar el embarazo si la enfermedad era leucemia” y defendió el artículo 37 de la Constitución, que “defiende la vida”.

En momentos como éste creo que no hay prueba más contundente de que Dios no existe que el hecho de que los sacerdotes no puedan quedarse embarazados.

sábado, 21 de julio de 2012

Mamá del Año

Hace menos de dos semanas fue lo de Bárbara Castro García, una católica española de 31 años que rechazó abortar para tratarse un cáncer y murió, a consecuencia de ello, poco después de que su bebé cumpliera el primer año. Ahora nos llega la noticia de un caso mucho más feliz, el de Maria Pitman, una canadiense que dio a luz a su séptimo hijo, una niña llamada Johannah, rechazando tratarse de un cáncer de mama para no abortarla.

Decimos que el caso de Pitman es mucho más feliz porque eventualmente los médicos pudieron hacer lo que tenían que hacer y Pitman se curó. Por su lucha recibió de la tienda Walmart, donde trabajaba, un premio a la “Mamá del Año” de 10 mil dólares, más 100 mil dólares para donar a una organización caritativa de su elección. (Pitman eligió un campamento de adoctrinamiento cristiano donde asiste su hija Jocelyn.)

Los dos casos, por los demás, se parecen mucho, no sólo por el conflicto entre el consejo médico y las creencias religiosas de las pacientes, sino por la utilización de los mismos como medio propagandístico por parte de los fanáticos antiabortistas, para quienes no puede haber nada más sublime para una mujer que ser madre todas las veces que su dios quiera, sea que viva o muera en el proceso.

No tuve ocasión de escribir sobre el caso de Castro García aquí, pero comenté la noticia brevemente en la página de Facebook de Alerta Religión, donde se suscitó una breve discusión. A mí me resultó y me resulta repugnante la glorificación del dolor y el sacrificio, y aunque respeto el derecho a negarse a recibir tratamiento médico, ese respeto no me obliga a callar las críticas que puedo hacerle a las razones de esa negativa. Razones que parten de unas creencias que pueden hacer horriblemente insensibles a quienes las profesan. Decía Maria Pitman:
“Sabíamos desde el principio que Dios no nos daría esta vida y luego nos pediría que la quitemos.”
Desde el punto de vista de un creyente esta frasecita tan ingenua, tan sentimental, debería ser una blasfemia. ¿Cómo sabían ellos algo sobre Dios? ¿Cómo presumen conocerlo, en vista de sus equívocas indicaciones? ¿Quién le dio un bebé a Bárbara Castro García y luego la puso en la disyuntiva de abortarlo o morir? El supuesto Dios de Pitman le da a incontables mujeres, cada día, embarazos que se pierden, bebés deformes o inviables, y partos que matan a la madre.

En su ingenua alegría, Pitman suena exactamente igual que esos sobrevivientes de accidentes aéreos que, parados en medio de los cuerpos destrozados de los demás pasajeros, aseguran a los rescatistas que Dios los salvó, a ellos específicamente, por alguna misteriosa razón. No la culpo; sólo quisiera que por una vez alguien les pusiera en frente, a ella y a quienes creen como ella, un par de muestras de la vida real, en la que “Dios” no es más que la suerte esporádica de unos pocos.

jueves, 28 de junio de 2012

Río+20, el futuro… sin derechos reproductivos

El viernes pasado terminó la conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable, conocida como Río+20 o Cumbre de la Tierra 2012, celebrada en Río de Janeiro justo veinte años después de la primera. Estas cumbres, donde los presidentes suelen hacer su aparición para sacarse fotos y prometer vagamente que se van a ocupar de problemas que jamás estuvieron en su agenda, no suelen dar resultado alguno, y ésta no fue la excepción. Sin embargo, al menos alguien salió contento de Río+20: la gente que menos desearíamos que quede satisfecha, el partido de Dios. Esto decía la agencia católica Zenit sobre el documento final de la cumbre:
El texto de la declaración marca una bella victoria para quien defiende a la persona porque mientras contiene hasta seis referencias a la “salud” reproductiva en el párrafo 145, no contiene referencias a los “derechos” reproductivos, y ninguna mención a los servicios de salud reproductiva.
¿Y por qué son tan malos los derechos reproductivos?
Como se sabe, los derechos reproductivos y los servicios para la salud reproductiva significan: aborto; esterilizaciones forzadas, control de los nacimientos por parte del estado; experimentación de anticonceptivos más o menos invasivos sobre las mujeres de los países en vías de desarrollo.
El aborto electivo, con justificativos varios o sin ellos, está a disposición de buena parte de las mujeres del mundo, a pesar de la lucha incansable de la Iglesia Católica para obligar a las mujeres a parir sin cesar. Existen casos de esterilizaciones más o menos forzadas, sin duda: casos en que mujeres pobres, con muchos hijos, son empujadas por médicos u otras autoridades a esterilizarse, sin ofrecérseles alternativas (no me consta que tales casos sean habituales). También hay control de nacimientos por parte del estado en China, país que impone multas y castigos a quienes tengan más hijos de los permitidos; hay abortos forzados por estas circunstancias. Lo de la experimentación con anticonceptivos tampoco me consta, salvo como parte de teorías conspirativas.

Nada de esto tiene que ver con una política seria de derechos reproductivos, aplicada con las garantías de libertad individual que deben regir en un país democrático. Es ridículo que justamente los anti-derechos planteen este oxímoron. Cuando hablamos de los católicos, no se trata de que se opongan al aborto o a los anticonceptivos, simplemente: su oposición es a la misma idea de derechos. No tenemos derechos: sólo tenemos la obligación de hacer con nuestros cuerpos lo que el dios judeocristiano, celoso y egomaníaco, nos manda hacer, puesto que él es el creador y dueño de esos cuerpos.

La única nota de esperanza es que los anti-derechos no han podido llegar más lejos en su alucinada carrera:
Sólo queda esperar, por tanto, que el próximo encuentro mundial proponga utilizar más fondos para favorecer el crecimiento demográfico.
No, no es broma.

lunes, 30 de abril de 2012

Educación sexual católica (parte 6)

Continúo analizando Educación Integral de la Sexualidad. Orientaciones para padres, la revista que el Consejo Superior de Educación Católica distribuye entre los padres de alumnos de las escuelas confesionales.

Iguales pero diferentes

En la p. 20 hay una frase singular: “Aprendamos a educar a las mujeres como mujeres y a los varones como varones, promoviendo la igualdad real de oportunidades.” No parece que vean la contradicción flagrante. La palabra “real” sugiere que la igualdad de oportunidades propuesta por quienes no creemos en roles y aptitudes preestablecidos para cada sexo es irreal o imposible. Si las mujeres y los varones reciben diferente educación, sus oportunidades de desarrollo personal no pueden ser iguales. Un argumento similar a éste era el soporte de la segregación racial en Estados Unidos. Separate but equal: los negros no son inferiores, proclamaban hipócritamente los racistas, sólo son diferentes y requieren de una educación y un ambiente diferentes.


Más abajo se siguen utilizando estudios científicos (jamás citados correctamente) para generalizar sobre la diferencia entre hombres y mujeres. Lo que no se entiende es por qué, si los varones son naturalmente de una forma y las mujeres de otra, esencialmente, desde el mismísimo comienzo de la vida, hace falta tanto papá y mamá y una educación segregada para que los niños no se extravíen y lleguen a una identificación sexual “correcta” y a desear los roles “correctos” para su sexo. ¿No se daría eso naturalmente si estos estudios científicos fueran ciertos de la manera en que se los menciona? Por enésima vez: los estudios muestran tendencias en grandes grupos, no son recetas para predecir el carácter de individuos específicos, ni mucho menos para prescribir esas tendencias como mandatos morales.

En esta sección se habla de las diferencias en los ritmos de maduración de varones y mujeres y otros detalles psicológicos y biológicos bien conocidos. Pero pronto se cae en una falsedad: “Es obvio que también difieren en su forma de aprender y manifestar el amor.” Esto no es obvio. No es ni siquiera fácil de plantear en términos que todos podamos aceptar.

De dónde vienen los bebés

(Por si no lo sabían, era así.)
La siguiente sección es “Una nueva vida” (p. 22) y trata de la concepción, la gestación y el nacimiento. En las respuestas que deben darse a un niño sobre “¿De dónde vienen los bebés?” está la tierna, pero falsa, “Las personas existen por amor”. Esta respuesta sólo puede entenderse apelando al amor de Dios, que desearía incluso a los concebidos por una violación (y permitiría esa violación para un fin superior), pero el cuadernillo evita cuidadosamente mostrar su raíz religiosa.

En la p. 23 se plantea cómo responder a la pregunta del niño sobre si el parto duele. Hay que decirle que “En muchas ocasiones, podemos sufrir por amor”. Al margen, una reflexión que exalta el sufrimiento: “El dolor… tiene un valor positivo en la vida humana. El sufrimiento y la resistencia a la frustración nos hace más fuertes, comprensivos, amables y mejores personas.” Esta veneración por el dolor es típica del ideario cristiano, manifestándose por ejemplo en los santos que lo son casi exclusivamente por soportar enfermedades, privaciones o heridas.

En la explicación de la formación del embrión se lo equipara con una persona (“única e irrepetible”). Los gemelos idénticos parecen ser una anormalidad que puede ignorarse.

Sexo como Dios manda

Al hablar de las relaciones sexuales (p. 24) se dice que “El amor entre papá y mamá es un amor de entrega total y para siempre” y que esto es “el sentido más profundo de las relaciones sexuales”. En esta sola frase transforma el sexo en un cuento de hadas, equipara sexo con amor (una confusión que puede tener consecuencias gravísimas) y desautoriza todas las uniones sexuales que no sean heterosexuales, dentro de un matrimonio religioso y hasta la muerte.

En la p. 25 se habla de hijos adoptivos. “Algunas mujeres quedan embarazadas pero no pueden criar a sus hijos. Con generosidad los entregan en adopción…”. Las mujeres que no quieren tener a sus hijos deben ser egoístas. Más tarde Dios vuelve a aparecer en forma de sujeto tácito, para justificar, de paso, la obligación de concebir, gestar y parir : “Los padres no eligen al hijo, el hijo les es dado como un don.”

Continuará…

miércoles, 21 de marzo de 2012

Protección de la familia

La marcha del otro día anticipando el Día del Niño por Nacer (y Contra las Mujeres), que comenté, tenía entre sus objetivos promocionar el lanzamiento de un “proyecto de ley para la protección integral de la familia”. La Constitución Argentina (art. 39) da a los ciudadanos el derecho a presentar proyectos como iniciativa popular, que el parlamento deberá tratar. El proyecto de los activistas antiderechos fue presentado por la Red Federal de Familias y avalado por el Defensor del Pueblo en 2010. El texto del mismo está disponible en el sitio web de propaganda antiabortista NotiVida.

En la marcha del sábado 17 se repartían hojas impresas con un resumen del proyecto (lo cual agradezco porque me ahorra ese trabajo). A continuación transcribo algunos extractos, con mis comentarios.
Reconocimiento de la familia como sociedad natural y primaria, fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de entre un varón y una mujer.
Por este medio se transforma “reconocer” (descripción) en “obligar” (prescripción). Las familias formadas por parejas no casadas, por matrimonios del mismo sexo o por posibles contratos de convivencia tácitos o explícitos entre grupos de personas cualesquiera quedan excluidas. Esto es lo mismo que pedir que el canon católico se haga ley. El Estado, así, sólo “reconocería” como “natural” una acepción limitada de familia. (Los anarquistas y antiestatistas podrán decirme que el Estado no tiene por qué meterse a reconocer nada, y tienen razón en principio, pero no en la coyuntura actual ni a mediano plazo.)
Política de igualdad de los miembros de las familias [que] sea real y efectiva en el acceso y disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales.
Esto suena muy bien, pero a la luz de elementos que siguen y otros que no se mencionan, pero que sabemos que están ahí, encierra una trampa. Los organismos “pro-vida” no desean mujeres liberadas, sino mujeres que hagan de la maternidad su opción primordial de vida. La “igualdad” que buscan implica que las mujeres puedan comportarse como deben y también hacer otras cosas. Para que haya “igualdad” mientras que al mismo tiempo se mantienen los roles tradicionales de la mujer, el Estado debería prestarle ayuda a las mujeres para que puedan a la vez tener muchos hijos, atender a su marido, tener en orden la casa y trabajar. Se puede debatir si eso está bien o mal; yo considero que se trata de una política pro-natalista, paternalista, patriarcal y errada.
Concepto de familia numerosa y de familia numerosa especial en función del número de sus integrantes, siendo mayores los beneficios otorgados a estas últimas (…) prioridad en el empleo público y privado y su conservación, exenciones y beneficios arancelarios (…), derechos preferentes para la adquisición, construcción y refacción de viviendas (…).
Y esto ya es una política pro-natalista en toda regla, determinando que los ciudadanos sin hijos o que desean tener pocos hijos queden automáticamente en desventaja. Recordemos además que la familia, numerosa o no, requiere para esta gente un matrimonio entre hombre y mujer: las otras familias numerosas —una pareja de lesbianas que han adoptado a siete huérfanos, por caso— no recibirían estos beneficios.
Protección integral de la mujer embarazada y de los derechos de los niños por nacer. Dignidad de la mujer. Reconocimiento de la maternidad como bien social y personal. Atención especial de la mujer en particular en caso de embarazo conflictivo o de riesgo. Establecimiento de Centros de Asistencia a la Mujer Embarazada.
¿Qué es todo este amor hacia a la mujer? La mujer embarazada y su “niño por nacer” están a la misma altura. La dignidad de la mujer embarazada pasa por la maternidad, que es un bien para toda la sociedad (las mujeres que eligen no embarazarse o que interrumpen su embarazo son, por tanto, un mal, o al menos una desgracia o una rémora para la sociedad). La ideología “pro-vida” no plantea opciones para la mujer embarazada: debe llevar a término su gestación, para lo cual se le dará “asistencia” si su embarazo es “conflictivo” o de riesgo. En las instituciones católicas que ya se dedican a esto, y que si se aprobara este proyecto pagaríamos entre todos con dinero estatal, la susodicha asistencia consiste en manipulación psicológica para disuadir a la madre de abortar, utilizando por ejemplo el miedo al “síndrome post-aborto”, una condición patológica inexistente (las mujeres que abortan tienen reacciones psicológicas diversas; no hay un conjunto habitual de síntomas asociado al aborto). Para los “pro-vida” no son concebibles los embarazos no deseados: sólo hay un conflicto entre el natural instinto de la mujer de cumplir su rol de madre y los obstáculos que la sociedad actual (materialista, hedonista, anti-vida) le pone en su camino. Es de esperar que en los Centros de Asistencia también le dirían a las mujeres embarazadas que den a sus hijos en adopción: una opción traumática y que no garantiza en absoluto el futuro del niño. (Legisladores “pro-vida” han propuesto mejorar la ley de adopción argentina, cuya burocracia prolonga los trámites innecesariamente; una mejora deseable, pero por razones con las que no podemos estar de acuerdo.)
Asignaciones especiales para casos de embarazos provenientes de delitos contra la libertad sexual y menores embarazadas en situación de riesgo.
Darle dinero a las mujeres para que continúen con su embarazo, incluso aunque sean menores violadas, incluso aunque corran riesgo de vida. (Entre un feto y una persona ya nacida, los “pro-vida” siempre eligen al feto, con la siguiente lógica: dado que ambos son personas, si uno debe salvarse y el otro morir, hay que elegir al que no puede hacer nada para defenderse, es decir, el no nacido. Aunque no se enfatiza el asunto, la política “pro-vida” en caso de peligro de vida para la madre es dejar morir a la madre.)
Derogación de la ley 26.618, llamada de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ésta es la frutilla en el nauseabundo postre que nos ha preparado el conservadurismo religioso “pro-vida”. No tiene nada que ver con las mujeres ni con la maternidad ni con el aborto, pero les duele: les dolió mucho cuando, a pesar de toda la propaganda de odio, de las presiones episcopales, de legisladores ignorantes hablando por Dios en vez de por el pueblo, de la desinformación diaria y a gritos vinculando la homosexualidad al suicidio o a la pederastia, de las solicitadas en los diarios, de las marchas de alumnos de las escuelas confesionales con pancartas anti-gays, del aliento incesante a la homofobia desde púlpitos católicos y tribunas de pastores evangélicos, el parlamento aprobó la modificación del Código Civil que permitió a los homosexuales casarse con sus parejas, una fría noche de julio de 2010.

Este remate demuestra (como si hiciera falta) que en realidad nunca se trató de las mujeres ni de los niños. Se trata de reglamentar la sexualidad y las formas de la convivencia: controlar, nada menos, a quién podemos amar y con quién podemos elegir formar una familia. El proyecto “pro-vida” es el de un país exclusivo y opresivo.

jueves, 8 de marzo de 2012

Día de la Mujer

En el Día de la Mujer sería imposible hablar de todo el mal que las grandes religiones le han hecho específicamente a esta mitad del género humano. La han transformado en puerta de entrada del mal en el mundo, tentadora y seductora, bruja, débil de alma; la han puesto siempre última en la jerarquía que baja desde Dios Padre (nunca Madre); la han querido obligar a ser esclava y animal de cría y a elegir sin matices entre ser virgen o madre o ser llamada prostituta. Si quisiera darse una causa subyacente a la mayor parte de la miseria de las mujeres del mundo, sería una u otra de las múltiples religiones que pululan en nuestro planeta, y que son cimientos y puntales de culturas y sociedades donde las mujeres no tienen derecho a educarse ni a participar en el proceso político ni decidir sobre el sexo o la procreación.

Si les preguntamos, todos los líderes religiosos dirán que en su fe las mujeres son privilegiadas y especialmente favorecidas por sus dioses; algunos incluso dirán que su religión es la única que garantiza que el hombre y la mujer sean tratados como iguales en dignidad. Por cada afirmación de este tipo hay una realidad que la contradice y la transforma en una burla. En los países islámicos ser mujer es ser una ciudadana de segunda; en aquellos donde el cristianismo predomina, lo que las leyes (generalmente) ya no dicen, lo impone el peso de la tradición, proveniente de un pasado donde se tomaban como mandatos ciertas partes de las Sagradas Escrituras que hoy los creyentes más liberales prefieren pasar por alto.

Termino esta lista de generalidades con un ejemplo concreto, aprovechando para homenajear a Elizabeth Cady Stanton, que junto con un comité de mujeres feministas escribió y publicó a finales del siglo XIX La Biblia de la mujer. Un par de muestras bastarán:
La Biblia enseña que la mujer introdujo al mundo el pecado y la muerte, que precipitó la caída de la especie, que fue llevada ante el sitial de juicio en el Cielo, juzgada, condenada y sentenciada. El matrimonio debía ser para ella una condición de sujeción, la maternidad un período de sufrimiento y angustia, y en silencio y sometimiento debía jugar un rol de dependiente de la riqueza del hombre para todos sus deseos materiales, y para toda la información que pudiera desear sobre las cuestiones vitales del momento, le fue ordenado que le preguntara a su esposo en el hogar.
Y peor aún, sobre la mujer que defiende la religión que la oprime:
Tan pervertido está el elemento religioso de su naturaleza, que con fe y obras es el principal soporte de la iglesia y el clero: los mismos poderes que hacen su emancipación imposible.
Muchísimas mujeres negarían que este manifiesto de E. C. S. tenga validez hoy en día. Sin embargo, aunque los sacerdotes ya no griten estos juicios desde el púlpito, la tradición que formaron sigue transmitiéndose silenciosamente y propagándose de modos más insidiosos. El Día de la Mujer no es un festejo (no es para dar un feliz día, en otras palabras) sino una reivindicación y una advertencia para que (hombres y mujeres) sigamos luchando.