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miércoles, 12 de marzo de 2014

Por qué en los países católicos se reporta menos violencia contra la mujer

Sólo una pequeña nota, porque la arrogancia y la necesidad de justificarse de los católicos más bobos sobrepasa mi tolerancia. Aquí lo tienen a Juanjo Romero, Director Técnico de InfoCatólica y miembro de HazteOír (¡las 24 hs. del día trabajando para la regresión medieval!), diciendo que la violencia contra la mujer es menor en los países católicos. Se pregunta, es verdad, por qué, pero es retórico. Sus seguidores se amontonan en los comentarios para “explicar” que en los países protestantes todo vale (¡si hasta se divorcian!) y que —esto en respuesta a unos pocos comentaristas sensatos— el ateísmo afecta al sentido común.


En Latinoamérica, donde el catolicismo está mucho más vigente y menos secularizado que en Europa, las cifras de violencia contra la mujer (no comparables con las de las de Europa porque se trata de estudios con metodologías distintas) van de lo alarmante a lo horroroso: desde el 11,7% de mujeres dominicanas que afirmaron en 2007 haber sido víctimas de violencia sexual o física por parte de una pareja en el último año, hasta el 53,3% (sí, cincuenta y tres coma tres por ciento) de las mujeres bolivianas que afirmaron haber sido violentadas alguna vez en su vida (PDF).

Pero como Juanjo Romero ha dicho que el catolicismo hace que se trate mejor a las mujeres, habrá que mirar para otro lado. Los comentaristas ensayan variadas respuestas, pero la mejor de todas (la más reveladora) es esta gema de “sentido común”:

El ethos católico respecto a la moral sexual conlleva a lo apuntado. Cuando la mujer se hace respetar, se la respeta; cuando la mujer se convierte en reality show, pues...
Eso es lo que ocurre con esas mujeres francesas secularizadas, esas protestantes perdidas de Alemania, esas ateas escandinavas: no se hacen respetar; salen a buscar sexo por ahí y a competir con sus maridos por puestos de trabajo, pretenden que los padres cuiden a los niños y laven los platos mientras ellas salen a la calle (¡y no para ir a misa, no!). Es como si pidieran a gritos que las insulten, las golpeen o las violen por ahí. Es de sentido común, como dice este otro cuadrúpedo:
La respuesta esta que los paises Catolicos veneran a una mujer como madre de Cristo, madre de Dios, en cambio los protestantes odian a Maria, luego las conclusiones son claras
Fuente: sentido comun
Para terminar con esta ridiculez, me limitaré a citar lo que dice el mismo reporte:
“Las diferencias entre países pueden deberse a una serie de factores, así como las diferencias en los índices de victimización, entre otros: si es aceptable desde el punto de vista cultural hablar con otras personas sobre las experiencias de violencia contra la mujer, incluidos los entrevistadores; y la posibilidad de que una mayor igualdad de género en un país podría conducir a unos niveles más elevados de divulgación de información sobre la violencia contra la mujer, dado que los incidentes se podrían abordar más abiertamente y combatir en sociedades con mayor igualdad.”
Menos autofelicitarse, entonces. Pero ¿qué se puede esperar de gente que cree que “cállate y sé sumisa” es un buen consejo para una mujer?

viernes, 19 de julio de 2013

La Iglesia del mundo del revés

Estoy revisando centenares de noticias viejas de ACI Prensa para un pequeño proyecto del que pronto hablaré, y me encontré con algo que casi me hace atragantarme de risa y de indignación al mismo tiempo. El titular:

Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres

¿“Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres”? ¿Los mismos católicos que dejan morir a las mujeres con tal de no permitirles abortar? ¿Los mismos que consideran que la violación dentro del matrimonio no es una verdadera violación? ¿Rezan para poner fin a la violencia? ¿Esperan que rezar sirva para algo? (Claro que lo esperan, seguro, pero bien estaría recordar aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”, incluso si el Papa suma su apoyo al ruego.) Seguí leyendo un poco más y encontré el párrafo que me hizo carcajear. Estaba entre comillas pero no quedaba muy claro si eran las palabras reales del citado arzobispo de Bombay, el cardenal Oswald Gracias. La fuente era la agencia Fides, uno de los más antiguos órganos de autobombo de la Iglesia Católica. Lo busqué y allí estaba:

ASIA/INDIA - Más de 19 millones de fieles indios rezan unidos al Papa, por el respeto de la mujer en India

“La Iglesia católica está a la vanguardia en la promoción de la igualdad de género.” No, no leíste mal. A la vanguardia. De la igualdad de género.


Y hay más:
“Sin embargo, el camino por recorrer aún es largo: la mentalidad patriarcal tiene que cambiar, tenemos que acabar con la discriminación de género y dar igualdad de dignidad a las mujeres.”
No sé en qué plano de la realidad habita el cardenal Gracias o cómo se conectan sus neuronas para producir en él la idea de que “acabar con la discriminación de género” es compatible con la manera en que el catolicismo predica incesantemente contra la igualdad entre las mujeres y los hombres desde siempre, antes condenando a la mujer sin más trámite a la sumisión y el silencio, hoy mucho más políticamente dedicándole alabanzas cuando elige ser virgen o madre, de ser posible prolífica, y mejor aún si lo es siendo pobre, ignorante, enferma o las tres cosas; elevándola a los altares cuando se deja morir por no abortar, aunque deje atrás y desamparada a una familia numerosa; y haciendo todo lo posible para que el lugar de la mujer no salga de las famosas tres K que la propaganda imperial alemana recomendaba a fines del siglo XIX: Kinder, Küche, Kirche — los niños, la cocina y la iglesia.

Claro está que en la India la discriminación a las mujeres no es culpa del catolicismo. Allí una religión mucho más antigua que el cristianismo ya se encargó hace milenios del trabajo de deshumanizar a las mujeres, y una algo más nueva que el cristianismo, pero surgida de la misma raíz misógina, compite con aquélla para ver cuál las esclaviza más. Cada una canaliza y promueve el odio a la mujer de una forma diferente, aunque en el fondo los detalles se confunden. Sólo en un lugar como la India puede considerarse al catolicismo como beneficioso para las mujeres, aunque más no sea porque ni el sati ni los “crímenes de honor” son prácticas aceptadas o promovidas por la Iglesia Católica.

viernes, 22 de julio de 2011

El jardín de infantes del horror asexuado

Una indignada agencia desinformativa católica reporta que un jardín infantil “asexuado” experimenta con niños y su identidad sexual. Se refiere a Egalia, una institución sueca cuyo proyecto educativo incluye el controvertido objetivo de lograr un ambiente en el que los niños no adquieran estereotipos de género. Entre otras cosas, se los enseña a referirse uno al otro con un pronombre neutro y no se dividen los juguetes en femeninos y masculinos. No hay “juegos de varones” y “juegos de nenas”, no hay cuentos infantiles del tipo princesa-conoce-a-príncipe-azul, y por supuesto no se pintan objetos ni lugares de rosa y de celeste para diferenciarlos. Quizá naturalmente, muchos de los niños que allí asisten son hijos de parejas homosexuales, aunque por supuesto esto no es exclusivo.

Es difícil saber si educar a un niño contra la corriente principal de la sociedad en la que vive (sexista, patriarcal y heteronormativa) es una utopía, si es realizable, o si es deseable cuando se la lleva al extremo de cambiar los pronombres. Quizá no sea el camino. Parece exagerado decir que se está experimentado con niños, como si de un laboratorio frankensteiniano se tratase. En un cierto sentido, todo aquél que cría un hijo está experimentando con él.

Pero la oposición católica a Egalia parte de que esta clase de enseñanzas va totalmente en contra de lo que predica la Iglesia: la posición heteronormativa esencialista que afirma que los hombres y las mujeres son lo único que existe, a la manera de formas platónicas, cada uno con una serie de atributos intrínsecos, siendo todo lo demás una perversión o una desviación. (Da la casualidad que el rol de la mujer, según esta iglesia cuyos líderes son sin excepción hombres, es inferior al del hombre.) No diría mucho más de esto, que es sabido por todos, si no fuera por lo incongruente de la justificación de las críticas. La psiquiatra consultada dice que 
“Un niño sano, varón o mujer, sabe y siente, desde antes de los cuatro años de edad a qué sexo pertenece.”
Si esto es así, ¿cuál es el problema? ¿Puede uno confundirse porque en vez de llamarlo con un pronombre sexuado se emplee uno neutro? (Si fuera así, ¿qué hacer con los miles de millones de niños cuya lengua nativa no diferencia entre “él” y “ella”?) ¿Puede un niño varón llegar a creer que es mujer, o viceversa, porque le den la oportunidad (no la obligación) de jugar con muñecas o en una sala pintada de rosa en vez de forzarlo a jugar con autos o revólveres de plástico en una sala de color azul?

Estudios científicos han mostrado que, con frecuencia superior a lo que se esperaría por el mero azar, los comportamientos infantiles contrarios al estereotipo de género correspondiente (por ejemplo, varones que juegan con muñecas o niñas que prefieren los entretenimientos físicos fuertes) pueden predecir una orientación homosexual en la vida adulta. Pero a todas luces esta desviación de las expectativas en los niños no es causa, sino efecto, de las raíces biológicas subyacentes de la homosexualidad. La sexualidad de los niños no se altera; ellos mismos “saben” cómo desean comportarse. Lo que ocurre es que para los católicos no existe la orientación sexual en este sentido. Existe lo correcto (hombre conoce a mujer, se casa, tiene sexo sin preservativo, procrea, da capo al fine) y todo lo demás es pecado o enfermedad. En ambos casos, el quiebre de los estereotipos se ve como un ataque al orden natural: una tentación a ir por el camino del mal (pecado) o una influencia psicológica y fisiológica indebida que daña al organismo (enfermedad).

El único “experimento” que se está llevando a cabo en Egalia es sobre la sociedad, no sobre los niños: es el experimento de observar cómo tratan los demás a niños perfectamente normales pero que no han sido condicionados con estereotipos de género. Lo más probable es que los niños se decanten solos por sus preferencias, y que de adultos sólo difieran de los demás en una mayor tolerancia hacia lo diferente.

viernes, 4 de marzo de 2011

Qué hacer por las mujeres argentinas (A227b)

Escribo esto como una postdata a mi post anterior sobre la extensión de la Asignación Universal por Hijo a las mujeres embarazadas a partir de la 12ª semana, que la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner anunció en su discurso inaugural de las sesiones del Congreso. Allí hablaba de la interpretación, falaz pero no del todo desorientada, que del discurso en cuestión hizo un activista católico, en el sentido de que esa extensión de derechos de los niños a los fetos era una aceptación implícita de la visión católica sobre la vida humana.

Dado que Cristina es meticulosa en sus discursos y que se refirió a las mujeres como “compañeras de género”, es interesante notar cuáles son los grandes temas ausentes para el género femenino. La presidenta habló de la mortalidad materna y curiosamente salió enseguida al cruce de la cuestión obvia:
Cuando hablamos de la evolución de la mortalidad materna, tiene que ver siempre con la inequidad de género pero fundamentalmente con la injusticia social, fundamentalmente con la injusticia social, seas hombre o mujer, o te morís enferma por una cosa o se muere el hombre enfermo, pero la injusticia social sigue siendo el gran separador y el gran negador de derechos en la República Argentina.
La mortalidad materna no es la mortalidad de las mujeres que son madres. Según la OMS, una muerte materna es “la muerte de una mujer durante su embarazo, parto, o dentro de los 42 días después de su terminación, por cualquier causa relacionada o agravada por el embarazo, parto o puerperio o su manejo, pero no por causas accidentales”, por lo cual el comentario de Cristina es inexacto. Las madres argentinas mueren por inequidad de género, porque son ellas las que se quedan embarazadas y las que recurren al aborto ilegal en condiciones inseguras; y esto no es sólo desde lo biológico: la mujer enfrenta inequidad en la atención médica y ante la sociedad porque nuestra cultura carga toda la responsabilidad del embarazo sobre ella. Las complicaciones de abortos inseguros son la mayor causa de mortalidad materna en Argentina. Y la causa previa al aborto inseguro es el desconocimiento de cómo prevenir el embarazo o la incapacidad cultural de negarse a la relación sexual. El gran ausente del mensaje de Cristina a sus compañeras de género es la educación sexual.

Aquí hemos hablado con frecuencia de la educación sexual. En Argentina los avances han sido lentos y verdaderamente no se puede decir que el Estado haya hecho bien las cosas. Cada provincia hace lo que le parece con el tema. Los maestros nunca son capacitados, o son capacitados con materiales deficientes. La Iglesia presiona para sacar de los programas escolares los contenidos de educación sexual (el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, prácticamente ha hecho carrera denunciando e instando a los padres a protestar contra la educación sexual laica). Las escuelas confesionales cumplen con el mínimo absoluto de los contenidos, y luego los sepultan bajo una asignatura de moral o religión que los anula, o bien utilizan (con permiso del gobierno local) materiales absolutamente propagandísticos y anticientíficos elaborados por editoriales religiosas. En 2006 se aprobó con bombos y platillos una Ley de Educación Sexual, pero con plazo de aplicación a cuatro años (es decir, el año pasado), aún sin novedades. En algunos lugares la falta de esta educación de primordial importancia se puede atribuir a la interferencia de los sectores conservadores; en otros no cabe más que la mera desidia.

Si la presidenta desea proteger a las mujeres y a sus familias de la inequidad de género y de la injusticia, lo mejor que puede hacer es darle nuevo impulso a una ley que mande educar a las niñas y jóvenes para que sepan elegir su maternidad. Y para eso no cabe otra alternativa que enfrentar a la Iglesia Católica y atacar el catolicismo cultural, que idealizan la abnegación materna y promueven la maternidad como máxima aspiración de toda mujer. Está ampliamente comprobado en todo el mundo que, cuando las mujeres se educan, tienden a tener hijos más tarde, en menor cantidad y más espaciados, y que esto a su vez les permite seguir educándose, trabajar y progresar. Darles dinero a mujeres pobres e ignorantes cuando ya están embarazadas, y prometerles más cuando —gracias a un Estado ausente de su educación— sigan teniendo más y más hijos, es sólo un paliativo.

jueves, 25 de febrero de 2010

Mentiras católicas sobre la homosexualidad (A176)

Al parecer alarmados por la tendencia a eliminar la discriminación hacia los homosexuales que está —como quien dice— de moda en Latinoamérica (siendo Argentina, Uruguay y México ejemplos recientes) los jerarcas católicos y sus mercenarios están ocupadísimos produciendo justificaciones para su homofobia. Donde antes bastaba una bula o una encíclica, si acaso, o un par de amenazas de excomunión, ahora hace falta al menos fingir objetividad y un interés superior, por lo que el enfoque ha virado: se busca soporte científico y se emiten (como hace la esposa del pastor en Los Simpsons) desesperados grititos de “¿Alguien quiere por favor pensar en los niños?”.

Tal es la estrategia de otra repugnante pieza propagandística publicada por ACI donde reportan la presentación, en un simposio realizado en México, de un estudio que muestra que los niños adoptados por parejas homosexuales tienen tendencias suicidas y sufren de estrés. El simposio, desde luego, no fue tal sino una reunión de personas que comparten los mismos prejuicios y odios, y su objetivo no era discutir, debatir y llegar a conclusiones, como en un evento científico real, sino partir de conclusiones pre-hechas y publicar, bajo una pretensión de objetividad, los supuestos hallazgos que las confirman. Los convocantes son un grupo anti-homosexual que (entre otras cosas) entrena a terapeutas para tratar la Atracción al Mismo Sexo No Deseada, “patología” que no es reconocida por la psicología (otra cosa, aunque a veces se la confunda a propósito, es la disforia de género).
En este sentido se presentó el estudio "Investigación Relativa a la Paternidad y Adopción Homosexual" del profesor de Neuropsiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Sur (EE.UU), George A. Rekers, que plantea que "las niñas y niños adoptados por parejas de lesbianas y homosexuales registran un mayor nivel de estrés al que ya de por sí les genera su condición de huérfanos o abandonados por sus padres biológicos" y que dicha situación "provoca en los menores diversos traumas y trastornos del comportamiento que incluso llegan a tendencias e intentos suicidas".
Dos puntos para empezar.
  1. Los estudios de adopción de niños por parte de parejas homosexuales son muy recientes y todavía bastante escasos. Por lo pronto, son muy pocos los lugares donde las parejas homosexuales tienen derecho a casarse y a adoptar hijos como tales. Sí hay estudios que demuestran que es una falacia la idea de que el niño “necesita un padre y una madre” para crecer como debe.
  2. Según el profesor Rekers (autor del estudio), la mayoría de los hijos de padres homosexuales reconocen haber “padecido fuertes emociones… al tratar de esconder, ante sus compañeros y familiares, la homosexualidad de su padre o madre”. El énfasis es del original y parece increíble que no se note la inferencia. ¿Cómo va a sentirse tranquilo un niño que tiene que negar constantemente la identidad de uno de sus padres? El problema no es del niño ni del padre, sino de la sociedad homofóbica que los rodea.
No hace falta ir mucho más lejos en la búsqueda de errores y distorsiones, porque basta con examinar las credenciales del autor.

George Alan Rekers es un conocido activista cristiano. En 1983 ayudó a fundar el Family Research Council, un lobby de la ultraderecha religiosa estadounidense que entre sus objetivos declarados tiene la ilegalización de la homosexualidad y la lucha contra toda legislación antidiscriminatoria que proteja a las personas LGBT. Rekers es miembro de NARTH, una organización pseudocientífica que pretende que la homosexualidad sea tratada como una enfermedad psicológica y ofrece tratamientos para “curarla” (de dudosa eficacia y muy cuestionable ética). Ha sido llamado a declarar como testigo experto en varios casos legales involucrando el tema de la adopción de niños por parejas gay, y en todos ha quedado claro que la objetividad científica está muy por debajo, en su lista de prioridades, de su ideología y sus creencias religiosas. La homosexualidad no pasa de padres a hijos (adoptados o biológicos), e independientemente de cómo se la considere, no puede “curarse”, excepto con técnicas que —cuando son efectivas, que no es siempre— dañan psicológicamente a la persona.

Un resumen de todo esto que acabo de escribir fue posteado como comentario en la nota de ACI a la que hago referencia. El moderador no lo publicó. Aunque en otras ocasiones me han publicado opiniones contrarias a la doctrina católica, parece que desenmascarar a un profesional inescrupuloso como Rekers, haciendo caer toda la argumentación anti-homosexual que depende de su estudio, era demasiado.

martes, 7 de julio de 2009

Monseñor mira jugar a las tenistas

El obispo Richard Williamson, famoso defensor de la libertad religiosa y conocido por haber sido rehabilitado por el Papa Benedicto XVI a pesar de negar el Holocausto, ha estado ocupando su tiempo mirando a los y las tenistas en Wimbledon Park, cerca de su morada actual (recordemos que tuvo que salir de Argentina a las apuradas). Quizá culposamente atraído por la visión de las mujeres vestidas "sólo hasta la mitad del muslo" corriendo, saltando y gritando con exuberancia en cada saque, ha querido entregarnos una perla de sabiduría mesozoica en su blog Dinoscopus:
“El tenis es un deporte de gladiadores, en el que un impetuoso servicio, poderosos golpes a la línea de base y enérgicos remates, encaminan al triunfo, haciendo de la energía psíquica, la resistencia física, el espíritu de lucha y la voluntad de dominar, lo más importante. Éstas son prerrogativas masculinas; las mujeres, naturalmente, hacen todo lo posible por imitar a los hombres, lo que puede halagar el orgullo machista, pero ¿nos detenemos los varones a pensar cómo vamos desnaturalizando nuestra admiración por las mujeres, alentándolas a esta clase de lucha?”
El texto original completo (Wimbledon Gladiatrixes) está en Dinoscopus (que dicho sea de paso requerirá suscripción a partir de agosto). El fragmento anterior proviene de una traducción realizada por nuestros tenebrosos amigos de Radio Cristiandad, que concuerdan, quién lo duda, con el señor obispo, ante el espectáculo de estas mujeres modernas que "prefieren llevar en la mano y en la frente la señal de la Bestia".

domingo, 4 de enero de 2009

Alerta 63: Católicos contra la diversidad sexual

La Corporación de Abogados Católicos solicita al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que vete la ley que crea el "Plan de Derechos y Diversidad Sexual", aprobada en diciembre pasado.

Oficialmente, la razón es que esta ley intenta "barrer con el orden natural, sustento de una sociedad sana y armónica, alterando con ello el estilo tradicional de la población argentina". Por supuesto, la población argentina puede elegir su estilo de vida sin ayuda de estos fanáticos; como de costumbre, la verdadera razón es la mera homofobia y el odio a la sexualidad "diferente" de los católicos.

Esta Corporación de Abogados Católicos (la llamaremos CACa para abreviar) es la misma que hace unos meses protestaba contra las pensiones por viudez para las parejas de homosexuales, y que solicitó anteriormente a Mauricio Macri que vetara la institución del Día de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual. También fue un abogado católico (aunque no miembro de la CACa, que sepamos) quien se pidió que se retirara el cuadro de Superman besando a Cristo de un museo en Rosario. ¿Será que la homosexualidad es una obsesión para los abogados católicos?

Volviendo a lo nuestro... El argumento del "orden natural" ya me tiene, con perdón, las bolas llenas. Los integristas se la pasan repitiendo esas palabritas que no significan nada, y pretenden que aceptemos que hay una ley inalterable que (oh casualidad) coincide exactamente con lo que el Papa de turno dice, y que todos debemos obedecer. Alguien dijo alguna vez que es fácil darse cuenta de que Dios es una invención propia cuando resulta que Él odia a las mismas personas que uno.

En cuanto a la tradición, ¿qué se puede decir? La tradición en la que fue educado Jesús imponía que hombres mayores se casaran con niñas apenas salidas de la pubertad, prácticamente compradas a sus padres, a las que tratarían como recipientes de su apetito sexual y como sirvientas sin paga por toda su vida, y que podrían ser repudiadas por cualquier motivo, golpeadas a placer, o apedreadas ante la mera sospecha de adulterio. Esto no mejoró sustancialmente durante siglos. Hasta no hace mucho la mayor parte de la sociedad occidental "tradicionalmente" trataba como inferiores o débiles mentales a las mujeres, consideraba poco más que animales a otras razas, y castigaba como crímenes la homosexualidad y la blasfemia.

La tradición en la que se formó la sociedad argentina nos dio un catolicismo cerrado y oscurantista, el genocidio de los nativos de la Patagonia, golpes militares en nombre de Dios y Patria, antisemitismo y racismo endémicos, una sociedad clasista y estratificada llena de odios y envidias, y todo lo demás que sabemos. Si algo se puede decir en forma general de esa amada "tradición" a la que apelan los abogados católicos, es que es un destilado de lo peor de nuestro pasado... y la mejor prueba de esto son ellos mismos.

jueves, 26 de junio de 2008

Curiosidades: Transexuales en el Irán islámico

Algo cortito y curioso para amenizar la espera de la próxima alerta. Como todos sabemos, la gran mayoría de las ramas de las tres religiones abrahámicas (cristianismo, judaísmo e islam) consideran la homosexualidad una aberración, y su práctica un pecado, basándose en criterios escriturales y en elaboraciones posteriores. Por ejemplo, si bien la justificación original contra la homosexualidad es un par de versículos del Antiguo Testamento que dicen "si un tipo se acuesta con otro, mátenlos a los dos porque a Dios no le gusta", la Iglesia Católica moderna recurre a denunciar la "ideología de género", es decir, se opone a ver lo femenino y lo masculino como construcciones culturales (y por lo tanto mutables) y reivindica la fijación de carácter sagrado del sexo.

Con la misma "lógica" estas religiones se oponen al travestismo, a la bisexualidad o ambigüedad sexual, y a la transexualidad. Las operaciones de cambio de sexo están justo debajo del aborto en el ranking de "cosas que hacen los médicos aliados con Satán". Excepto... (prepárense para esto) ¡en Irán!

Efectivamente, según me entero leyendo el sitio musulmán no-fanático WebIslam, en la República Islámica de Irán el mismísimo ayatollah Jomeini emitió una fatwa o decreto de fe estableciendo que es lícita la operación de cambio de sexo. ¿Por qué? Ni el más desorientado podría suponer que esto responde a una actitud progresista o a la simple no-interferencia con el cuerpo del prójimo. Éste es el mismo país donde una mujer puede ser azotada por permanecer en la misma habitación que un hombre sin la vigilancia de un familiar de sexo masculino, o por llevar mal puesto el velo.

Lo que ocurre es un típico caso de "lógica" religiosa. El islam ve al sexo, diríamos matemáticamente, como una variable binaria discreta. Es masculino o femenino, cada cual con su respectiva función y lugar en la sociedad, cada cual con sus obligaciones. Ahora bien, las mentes sencillas y los fanáticos suelen tener problemas con los estados intermedios o ambiguos. Hoy en día solemos reprochar a quien "ve todo en blanco y negro", sin tonos de gris.

En la mente del ayatollah sólo puede haber dos géneros. Por lo tanto, ante una persona que tiene un cuerpo masculino pero se comporta y siente y se viste como femenino, autoriza a que esta ambigüedad se resuelva adecuando el cuerpo a la conducta. No sólo eso, sino que esta nueva mujer que emerge de la terapia y el quirófano debe integrarse a la femineidad musulmana, aprendiendo a someterse... a comportarse como tal, y se le ofrece toda la ayuda necesaria para aclimatarla, para entrenarla, para que no quede duda de que es mujer y no un hombre que se comporta como mujer, o mucho menos un hombre a medias que se acuesta con otros hombres. Si existe ambigüedad, dice la fatwa, bórresela, y suprímase toda causa de duda, toda diversidad que induzca al cuestionamiento.

Todo lo cual no por ser retorcido deja de ser interesante y hasta sensato. Nunca pensé que diría esto, pero... quizá Benedicto XVI podría aprender algo del Ayatollah Jomeini.

jueves, 13 de marzo de 2008

Alerta 6: Transexual premiada

Otra alerta de buenas noticias, publicada como una especie de tragedia sin comentario por la agencia de noticias católica ACI: Legislatura de Buenos Aires condecora a transexual en Día de la Mujer. (Por si alguien no se enteró, el 8 de marzo, que este año fue sábado, es el Día Internacional de la Mujer.) La premiada, Alejandra Portatadino, es una activista de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA).

El reportero llama a Portatadino "polémico personaje" (¿dónde está la polémica?), y evidentemente escandalizado menciona también que se premió a una prostituta y a Estela de Carlotto (de las Abuelas de Plaza de Mayo).

Entre las noticias relacionadas, ACI muestra una titulada Médicos católicos argentinos recuerdan que para la ciencia solo existen dos sexos. Es gracioso: la ciencia ha mostrado que hay multitud de variantes de la sexualidad humana tanto en lo puramente físico como en lo psicológico; a veces los cromosomas dicen XY pero los genitales dicen XX y el cerebro dice lo que le parece en el momento; incontables personas sufren en silencio esta confusión o se ven obligados a vivirla en secreto..., pero toda la problemática de género, toda compasión, toda apreciación sutil, queda más allá de las anteojeras mentales de los fanáticos.