miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una Iglesia muy cauta

No existe ni un solo caso verificado de ese tipo de milagro, bastante popular entre los católicos, que consiste en que una estatua de la virgen María o de un santo o un crucifijo “lloren”. En cada ocasión en que alguien se molesta en investigar, se trata de pérdidas de agua, condensación, depósitos de materiales fluidos varios, o simple fraude. Por eso la Iglesia Católica es muy cauta antes de certificar milagros tan obviamente falsos. O al menos eso dicen.

Cuando el reconocido escéptico indio Sanal Edamaruku apareció en la iglesia de Nuestra Señora de Velankanni en Mumbai para investigar un supuesto Cristo que lloraba o goteaba sangre (según las versiones), perturbando seriamente el negocio montado en su torno por el sacerdote local, la cautela de la Iglesia pareció desvanecerse más rápido que el tiempo que toma decir Jesús. Bajo las ridículas leyes vigentes, Edamaruku fue acusado de ofender los sentimientos religiosos de la comunidad. Los miembros de al menos tres organizaciones católicas locales fueron por varias comisarías poniéndole denuncias, todo porque Edamaruku había explicado el fenómeno (simple efecto de la capilaridad) y había afirmado por TV que los líderes eclesiásticos estaban aprovechando para vender un milagro —un pasatiempo históricamente bastante común para los católicos—, incluso repartiendo fotografías del crucifijo donde se hablaba del mismo para atraer a más gente.

Edamaruku fue acosado por la policía y se le anunció que iban a arrestarlo. El arzobispo de Mumbai, cardenal Oswald Gracias, apoyó todo este teatro entusiastamente (las organizaciones católicas no suelen actuar sin aprobación de su obispo local, como es lógico).

Eso fue en abril. La Arquidiócesis de Mumbai desoyó el pedido, repetido por muchas organizaciones racionalistas y escépticas, de solicitar a sus fieles que retiraran las denuncias. Edamaruku, viéndose cercado, salió del país; a fines de julio se supo que estaba en Finlandia.

Pero como la Iglesia es muy cauta, a principios de noviembre el cardenal Gracias emitió un comunicado explicando que el Cristo goteante nunca fue reconocido como un fenómeno sobrenatural (cosa que no les impidió dejar que la gente lo creyera) y que “la denuncia [contra Edamaruku] fue hecha por un grupo de creyentes que se sintieron ofendidos y no por la Iglesia institucional de Bombay [Mumbai] o por el Arzobispo”. El cardenal dice que apenas si sabía del caso, hasta que salió por televisión. Según ACI Prensa,
En el espíritu cristiano de paz y reconciliación, el Cardenal Gracias apela a Sanal Edamarukun, pidiéndole "que presente sus disculpas por herir los sentimientos de la gente", y pide a los cristianos que han presentado la denuncia "que acepten las disculpas y retiren la denuncia".
Uno escribe sobre la malevolencia solapada y viperina de esta clase de gente durante años y años y aún así no deja de sorprenderse cuando su hipocresía sale a la luz tan incontestablemente. ¿Disculparse por decirle a la gente que la están engañando y que quienes la engañan lo hacen desde hace milenios? ¿Disculparse para no ser arrestado? ¿Disculparse ante un grupúsculo de fanáticos desgraciados, matones religiosos, tan aterrorizados de la realidad que meterían preso a todo aquel que les revele las fragilísimas bases de su patética idolatría? ¿Y todo porque un funcionario de la monarquía teocrática más vieja del planeta lo pide, siendo él el responsable de que la situación haya llegado a tal punto que un hombre honesto tenga que huir de su país mientras los proxenetas de lo sobrenatural siguen tan campantes?

Hace unos pocos siglos los ancestros ideológicos del cardenal Gracias les quitaban las últimas monedas a los pobres a cambio de perdonarles pecados inventados por ellos mismos. Hemos avanzado un poco, pero ¡cuánto nos falta!

lunes, 12 de noviembre de 2012

La Iglesia argentina y su amnesia selectiva sobre la dictadura militar

Si el amable lector escuchase por ahí que “Fulano de Tal va a revisar su actuación durante el período tal o cual”, siendo Fulano de Tal una persona conocida por haberse comportado de manera dudosa durante dicho período, pensaría seguramente que Fulano está finalmente dispuesto a asumir sus errores y faltas, a hacer una autocrítica. No tendría sentido que Fulano anunciase formalmente que “va a revisar su actuación” y luego no admitiese ningún error sino que reafirmase su postura de siempre, ¿verdad?

Está visto que esperar que la Iglesia Católica tenga sentido, o que muestre un mínimo de decencia institucional, es una pérdida de tiempo.
La Iglesia católica argentina anunció hoy su intención de revisar su actuación durante la última dictadura militar (1976-1983), aunque insistió en rechazar cualquier tipo de "connivencia" entre los obispos y el régimen de facto, tal como había sugerido en 2010 el expresidente de facto Jorge Rafael Videla.
(Videla dijo que había hablado “muchas veces” de la desaparición forzada de personas con el cardenal primado Raúl Primatesta, con la Conferencia Episcopal y con el nuncio apostólico Pio Laghi, y que en algunos casos la Iglesia había ofrecido “sus buenos oficios” para con los familiares de los desaparecidos.)


El comunicado de la Iglesia argentina sobre su “revisión” es de una falsedad repulsiva, casi alucinante. La connivencia de la jerarquía eclesiástica con la dictadura está tan documentada (y no precisamente por personas cuya palabra tiene nulo valor, como Videla) que resulta perverso negarla. La regla en la relación Iglesia-dictadura fue la colaboración, por cobardía o por aprobación explícita; hubo honrosas excepciones, pero fueron precisamente eso: casos excepcionales de valentía individual, algunos de los cuales costaron vidas. La dictadura estaba obsesionada con la preservación del mito de Argentina como país católico, con las Fuerzas Armadas como garantes del orden y la tradición de la Patria; la Iglesia les suministraba argumentos teológicos y justificaciones espirituales para la represión, bajo el paraguas de la lucha contra la subversión marxista y atea, bendiciendo sus armas, conminándolas a continuar el exterminio y asistiendo a los torturadores para que no flaquearan en su dura pero necesaria tarea.

Quien no le crea a este humilde blog puede consultar la amplísima documentación disponible, que no puede impugnarse salvo recurriendo a hipótesis conspirativas alocadas, y que hasta un grupo de sacerdotes se ha encargado de señalar, con profunda vergüenza por las evasivas de sus superiores. Mucha de la colaboración entre Iglesia y dictadura se hizo en secreto, pero otro tanto fue público o al menos abierto: discursos, homilías, cartas y documentos de jerarcas religiosos que quizá pensaban que jamás llegaría el día en que tendrían que dar cuenta de ello. Afortunadamente para ellos, la mayoría ya están muertos. De los pocos que quedan, como Christian von Wernich, sólo hemos obtenido silencios y falsos olvidos que hablan mucho más fuerte y claro que cualquier excusa de las que pueda inventar la jerarquía católica en su pretendida “revisión”.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Los hospitales católicos no son seguros para las mujeres

Hace más de un año escribí una breve reflexión sobre “la inhumanidad básica de los pro-vida” en la que ponderaba no sólo la hipocresía de los antiabortistas sino especialmente la desorientación moral de quien prefiere un embrión a una mujer. Entonces planteaba la cuestión particular de los embarazos ectópicos, que son siempre letales para la mujer si se les permite progresar y que no dejan ninguna opción aparte de un aborto temprano. Basándome en la doctrina declarada de la Iglesia Católica, teoricé que los médicos “pro-vida” no tendrían más opción, en el caso de un embrión implantado en la trompa de Falopio, que extirpar la trompa entera, procedimiento conocido como salpingectomía: una cirugía invasiva y peligrosa, que priva a la mujer de la mitad de los óvulos que le queden y por tanto de la mitad de su fertilidad futura. No tenía de hecho pruebas de que tal cosa ocurriera, aunque todo indicaba que debía ser así.



Finalmente puedo confirmar que no estaba errado, a través de un artículo de la Dra. Jen Gunter, una tocoginecóloga estadounidense que habla de estos “regalos explosivos de Dios”. Gunter explica que un embarazo ectópico nunca, jamás, puede llegar a ser un bebé; que esperar a ver qué pasa no es opción y que hay tratamientos probados: metotrexato, una droga abortiva, o una salpingostomía, que consiste en abrir la trompa de Falopio, cortar el embrión y cerrarla de nuevo. Es tan sencillo que no debería ser controvertido para nadie, pero…
Sí, algunos eticistas católicos argumentan que las directivas católicas prohíben que los médicos en hospitales católicos traten los embarazos ectópicos de alguna manera que involucre actuar directamente sobre el embrión.
La única salida, si no se provoca un aborto, es la remoción de la trompa. Esto es algo parecido a encontrar una mancha de humedad en una pared y demoler toda la habitación para librarse de ella, con la diferencia de que la habitación puede reconstruirse.
¿Qué tan común es esta práctica? Bien, es triste decir que alguien tuvo que ponerse a investigarlo. Según un estudio de 2011 de Foster et al. (Womens Health Issues, 2011), algunos hospitales católicos se niegan a ofrecer metotrexato (tres de dieciséis hospitales estudiados). Esta falta de metotrexato llevó a cambiar el tratamiento, transferir pacientes a otros hospitales e incluso administrarlo subrepticiamente. Todas estas cosas exponen a las mujeres a riesgos innecesarios y gastos, y son francamente incorrectas.
No me queda claro qué significa “administrarlo subrepticiamente”. Confío en que se trata de médicos que, contra las directivas del hospital y las absurdas doctrinas católicas, les suministran metotrexato a las pacientes. Hacer esto a escondidas es peligroso y una vergüenza para un profesional, pero es un mal menor que simplemente rechazar a la paciente u obligarla a una cirugía innecesaria.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

10 preguntas sobre el aborto

Para demostrar (una vez más, y como si hiciera falta) la ignorancia mezclada con deshonestidad intelectual de los antimujeres defensores de la gestación obligatoria (conocidos como “pro-vidas”), les traigo aquí una lista, supuestamente matadora, de “diez preguntas que nunca hacen a los candidatos abortistas”, traída a nosotros por el blogger católico Juanjo Romero, director técnico de la plataforma integrista InfoCatólica y, como se presenta con cierto orgullo de origen desconocido, “fumador y padre de familia numerosa”. Romero a su vez las traduce de un original estadounidense, escrito por Trevin Wax, un cristiano evangélico (que curiosamente escribe en una plataforma propagandística cuyos integrantes proclaman estar preocupados “por la politización de la fe”). En estos días de elecciones presidenciales en Estados Unidos, se trata de preguntas con las cuales, supuestamente, ningún periodista incomoda a los candidatos.
  1. Usted dice que apoyará el derecho de la mujer a tomar sus propias decisiones en lo que respecta al aborto y a la anticoncepción. ¿Hay alguna restricción en su propuesta?.
  2. La portada de The Economist, marzo de 2010, estaba dedicada a la «guerra contra las niñas» y el crecimiento del «femenicidio» en el mundo (el aborto como método de selección del sexo del bebé). ¿Este fenómeno constituye un problema para Vd, o cree en el derecho absoluto de una mujer para abortar ya que el feto es de sexo femenino?
  3. En muchos estados un adolescente puede abortar sin el consentimiento paterno, pero no puede conseguir una aspirina en el colegio sin la autorización de los padres. ¿Apoya Vd que haya restricciones para los menores o que al menos se deba notificar a los padres que su hija va a abortar?
  4. ¿Si Vd no cree que la vida humana comienza en la concepción, cuándo cree que comienza? ¿En qué etapa del desarrollo del niño le «sobrevienen» los derechos humanos?
  5. En la actualidad, cuando las pruebas de análisis genético revelan que el niño tiene síndrome de Down, la mayoría de las mujeres optan por abortar. ¿Cómo respondería a la acusación de que este fenómeno recuerda al movimiento «eugenesico» de hace un siglo que pretendía purgar a nuestra sociedad de los «no aptos»?
  6. ¿Cree Vd que un empresario debe ser obligado a violar su conciencia al proporcionar acceso a los medicamentos abortivos y anticonceptivos a sus empleados?
  7. Alveda King, sobrina de Martin Luther King, dijo que «el aborto es el mejor amigo del supremacista blanco», señalando el hecho de que los negros y los latinos representan el 25% de la población pero suponen el 59% de todos los abortos. ¿Cómo respondería Vd a la acusación de que la mayoría de las clínicas abortistas se encuentran en el centro ciudades en las que abundan las minorías?
  8. Vd describe el aborto como una «opción trágica». Si el aborto no es moralmente objetable, ¿por qué es trágico? ¿Significa esto que hay algo en el aborto que es diferente a otros procedimientos quirúrgicos?
  9. ¿Cree Vd que el aborto debe ser legal una vez que feto es viable, es decir, capaz de sobrevivir fuera del útero?
  10. Si son asesinados una mujer embarazada y el niño en sus entrañas, ¿cree que el criminal debe enfrentarse a dos cargos de asesinato y cumplir una condena más dura?
Quizá sea cierto que a ninguno de los dos candidatos les han hecho estas preguntas. Yo no soy un candidato presidencial, y ya varios de los comentaristas han dado sus respuestas, pero no creo que esté de más contestar aquí otra vez, dado el nivel de idiotez de la mayor parte de los planteos. Así que aquí están:
  1. Las restricciones que pondría al aborto y a la anticoncepción tendrían que ver con criterios médicos (por ejemplo, limitar el aborto al primer trimestre puesto que luego de eso el cerebro fetal está desarrollado —esto es un ejemplo, no un criterio firme—) y de derechos humanos (por ejemplo, posibilitar el acceso a la anticoncepción de los y las menores de edad incluso sin consentimiento de sus padres, dado que es parte de su derecho a la salud).
  2. Para empezar escribiría bien feminicidio. La discriminación contra las mujeres es un problema independiente del derecho al aborto. Personalmente creo que abortar un feto femenino es mejor que tener una hija y luego mutilar sus órganos sexuales y venderla como esclava sexual a un hombre mayor que ni siquiera conoce, lo cual es lo habitual en muchas sociedades actuales. También es discriminación imponerle a la mujer el modelo único de esposa-y-madre.
  3. Los menores tienen los mismos derechos humanos que los adultos. En muchos casos, notificar a los padres de que sus hijos han hecho uso de sus derechos provoca castigos durísimos, desde la expulsión del hogar hasta el asesinato. En un mundo ideal los padres deberían saber qué está ocurriendo con sus hijos y estar enterados de sus decisiones para poder aconsejarlos, pero en el mundo real muchos padres anteponen sus creencias personales al bienestar de sus hijos, cosa que no se puede permitir.
  4. Los derechos humanos se refieren a personas. Las leyes en casi todo el mundo no consideran persona al nascituro, aun cuando protejan la vida del ser humano en desarrollo dentro del útero. (Y usted que pregunta, señor católico o evangélico, ni siquiera cree en los derechos humanos.) Las leyes por fuerza marcan discontinuidades en un proceso que es naturalmente continuo. El fondo de la pregunta no tiene sentido.
  5. En aquellos lugares donde se puede abortar libremente, la mayoría de las mujeres no desean tener hijos con anormalidades cromosómicas, pero pueden elegir tenerlos. El movimiento eugenésico trataba a ciertas personas como sujetos incapaces de decidir y forzaba abortos o esterilizaciones sin respetar los derechos reproductivos. El derecho al aborto es exactamente lo contrario. Por el contrario, la postura religiosa conservadora sobre las mujeres es idéntica a la de los eugenistas; los “pro-vida” también consideran a la mujer como un sujeto incapaz de decidir sobre su propio cuerpo.
  6. Si un empleador tiene una empresa, debe aceptar las reglas de juego del país donde vive, que hoy en día incluyen generalmente la cobertura sanitaria. Si esa cobertura sanitaria incluye servicios de salud reproductiva, el empleador debe suministrarla. De todas formas este tema pertenece más a una discusión entre estatismo y liberalismo que a la del aborto.
  7. Alveda King está diciendo una estupidez. Las mujeres negras y latinas (en Estados Unidos) abortan más que las blancas porque viven en peores condiciones socioeconómicas, en promedio. Si no pudieran abortar su situación sería aún peor.
  8. Yo no considero que un aborto sea una opción trágica. Sí es una opción indeseable en aquellos casos en que se trata simplemente de un embarazo no deseado que podría haber sido evitado. En otros casos es simplemente la única opción. El aborto en sí puede ser trágico para la mujer si se trata de un hijo largamente esperado y se ve obligada a abortar para salvar su vida, por ejemplo.
  9. La cuestión (para mí) no es la viabilidad del feto sino su grado de desarrollo. En el estado actual de la medicina, no se plantea una contradicción porque la legislación sobre aborto que la mayor parte de la gente apoyaría no lo permite más allá del primer trimestre, mucho antes que sea viable.
  10. No, porque el “niño en sus entrañas” no es tal. Las leyes castigan a aquél que fuerce a una mujer a abortar, incluso si el aborto voluntario es legal en esa jurisdicción, pero ninguna ley castiga el aborto como homicidio. La protección de la vida intrauterina se considera deseable pero no está por encima de los derechos de la mujer gestante.
Sería interesante que éstas y otras preguntas fueran respondidas por nuestros propios políticos, aquí en Argentina y en el resto de Latinoamérica, adaptadas según corresponda. La posibilidad de que nuestro periodismo las haga es ínfima, casi tan pequeña como la de que nuestros políticos, acostumbrados a la obsecuencia y a la ofuscación, las respondan.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Curiosos especímenes antiabortistas

El 1° de noviembre pasado, al cumplirse un año de la primera —luego malograda— discusión parlamentaria sobre el derecho al aborto en Argentina, organizaciones varias marcharon al Congreso y de allí a Plaza de Mayo. Allí cerca, en la puerta de la Catedral Metropolitana, los esperaba un grupo rival, compuesto por católicos, puestos allí para manifestarse “pro-vidas” y defender el templo ante previsibles graffitis o huevazos. Los separaba un cordón policial. A través de él volaron algunas botellas de plástico, hubo algunos forcejeos, insultos, etc. Hasta aquí todo bastante habitual. Incidentes similares ocurren durante cada Encuentro Nacional de Mujeres, en cada ciudad elegida, y ocurrieron en 2010 en La Plata durante una manifestación de la campaña Apostasía Colectiva. A veces los grupos anticlericales están exaltados, otros no, pero del otro lado es invariable la presencia de elementos verdaderamente siniestros, más que simples católicos devotos.

Este último caso no fue la excepción, pero en las fotos y videos difundidos aparecieron un par de elementos que yo no había visto antes y que me sorprendieron un poco, elementos que mucha gente desconoce y que la cobertura mediática no se molestó en dilucidar.


La bandera “Religión o Muerte” no es una invención de los “pro-vida” sino un recordatorio de una vieja lucha. Facundo Quiroga, caudillo de la provincia de la Rioja en la primera mitad del siglo XIX y ferviente católico, la adoptó cuando el gobernador de la provincia de Buenos Aires (y encargado de las Relaciones Exteriores de la todavía no formada Argentina), Bernardino Rivadavia, garantizó un régimen de libertad religiosa, por un acuerdo hecho con sus aliados comerciales británicos. (Hasta entonces, y como siempre había sido en la muy católica Argentina colonial y en la fanáticamente católica España, no ser católico era ser un paria. Para los extranjeros de religión anglicana o protestante eso complicaba mucho asentarse en el país o realizar inversiones.) “Religión o Muerte” fue el grito de guerra de Quiroga contra el gobierno liberal porteño, centralista y europeizante. No era una proclama muy pro-vida que digamos; de hecho era un llamado contra la libertad religiosa, hoy curiosamente tan ensalzada por los católicos.

El hombre canoso de bigotes que sostiene la bandera argentina es —según parece— uno de los mellizos Gristelli, integristas bien conocidos, dueños de una librería porteña que publica libros católico-fascistas y que ya han tenido varios choques con la Justicia (en un caso, por atacar a militantes de izquierda, en defensa del ex-comisario de la dictadura y asesino Miguel Etchecolatz; en otro, por entrar con un grupo de choque a destruir una exhibición “blasfema” de obras de León Ferrari).

Detrás de la bandera de la muerte, justo sobre Gristelli, asoma una bandera argentina burdamente emparchada con un dibujo redondeado y flanqueado por puntas rojas. A la derecha, en un plano bastante posterior, se ve de canto otra bandera, blanca y roja. Lo que vemos en el centro de la bandera argentina intervenida es de hecho un emblema del Corazón de Jesús, sobreimpreso en una variante de la Cruz de San Andrés, que es el mismo dibujo que luce, en grande, la bandera más al fondo: un par de aspas rojas con “ramas” diagonales como de árbol, sobre un fondo blanco: una Cruz de Borgoña, emblema originalmente del Imperio Español y, más tarde, del carlismo, un movimiento tradicionalista antiliberal español del siglo XIX. La Cruz de Borgoña fue también el emblema de la Comunión Tradicionalista de los años 1930, hasta 1937, en que la CT se fundió con la Falange Española, la milicia fascista que ayudó a desatar la Guerra Civil y sirvió de base al gobierno del dictador Francisco Franco. Increíblemente la CT sobrevive hoy en una Comunión Tradicionalista Fascista y hay en Argentina un grupúsculo, Carlismo Argentino, que sigue en la misma tónica, algo modernizados (hasta un blog y página en Facebook tienen).

La Fundación María Reina de Luján, que se presenta en Facebook como encargada de “la coordinación y promoción de todo tipo de actividades de caridad, solidaridad o capacitación”, subió además este video de la “defensa de la Catedral y de la Vida”, explicando que “Cientos de Argentinos resitieron todo tipo de improperios e insultos con su cuerpo y espiritu altivos e inquebrantables. Hombres, mujeres y niños contra los paladines de la muerte y la anarquía social.”


Luján (provincia de Buenos Aires) es el centro del culto nacionalista a la Virgen de Luján, patrona de Argentina, es decir, la semidiosa imaginaria que según el estado argentino protege a todo el país, sean católicos o no. En el ideario de estas asociaciones nacionalcatólicas está muy presente la concepción de los no católicos como, básicamente, extranjeros o “vendidos”: así se manifiesta en el contraste que hacen entre argentinos resistiendo en la Catedral, casa de Dios y santuario de argentinidad, contra los demás, que quieren destruir el país.

De poco sirve, pienso yo, ir a manifestarse frente a un templo o insultar a la Iglesia. Creo que es un gesto inútil y que coloca a los movimientos de derechos humanos (como el derecho al aborto) en una posición de agresores que no les corresponde, y peor aún, que permite a los medios mostrarlos a ellos y a los fanáticos religiosos como dos caras de la misma moneda. Si hay algún mérito a esta provocación es, en todo caso, el hacer salir de abajo de las piedras a este conjunto de bichos arcaicos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Trascendencia

Leo por enésima vez una justificación perentoria de la necesidad imperiosa de dejar que curas, monjas y catequistas formateen el cerebro de los educandos con un sistema dogmático específico al tiempo que se embolsan sueldos del Estado, es decir, pagados del bolsillo de los contribuyentes de cualquier religión o de ninguna. Como tantas otras veces el argumento es el de la “trascendencia”, palabra que implica un ir más allá de las circunstancias coyunturales, de las modas y costumbres, del beneficio inmediato, de lo egoísta y cortoplacista, de lo no duradero, etc.

Esta justificación la explicita en este caso Francisco Pérez González, uno de los vasallos de la monarquía vaticana en España, que desde luego equipara trascendencia con religiosidad, o más bien con la forma específica de religiosidad organizada que le da de comer y le permite ir por la vida con vestido negro largo, gorrito púrpura en la cabeza, faja púrpura en el abdomen y una cruz colgando del cuello.

Y todo esto de la trascendencia está muy bien, aunque obviamente sea una mera excusa para —como dije— demandar que una mayoría de indiferentes, católicos de nombre, agnósticos, judíos practicantes, ateos, budistas, musulmanes o testigos de Jehová (entre otros) subsidie la educación sectaria de una minoría de católicos devotos que no pueden sufrir la idea de enviar a sus hijos a escuelas públicas donde les enseñen que los homosexuales no son pervertidos enfermos violaniños o les den a entender a las niñas y jóvenes que tener hijos sin parar no es lo mejor de lo mejor que puede pasarles.

Es discutible que la trascendencia (sin comillas) sea algo imprescindible en la educación escolar. Mi opinión es que es imprescindible en la educación, aunque no necesariamente en la escuela. Los padres deberían educar a sus hijos en una visión de la vida que vaya más allá de sus miras inmediatas y de sus inquietudes materiales más urgentes, porque de lo contrario estarían educando pequeños psicópatas. Los niños deberían preguntarse, y tener con quién consultar y debatir, cosas como “¿Qué pasará en el mundo después de que yo muera?” o “¿Qué puedo hacer yo para que el mundo mejore?”. Eso es trascendencia, y no idioteces como “¿Hay un Dios que nos libera de nuestra propia culpa, necesitamos Salvación?”, que no es una pregunta sino una gigantesca y poco disfrazada petición de principio.

El Estado puede reconocer las inquietudes trascendentes en sus ciudadanos pero no tiene por qué plantear las preguntas directamente: sólo debe garantizar que puedan hacerse y que puedan responderse con libertad. Enseñar  respuestas prefijadas a los niños sobre sus grandes interrogantes trascendentes es exactamente lo opuesto a la libertad.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Usando a las estrellas

Los titulares de los medios propagandísticos religiosos suelen ser anodinos o patéticos. Cuando leí que ACI Prensa había dedicado orgullosamente un artículo al hecho de que un actor de Batman había premiado a un “héroe pro-vida”, ubiqué la nota en ambas categorías. ¿Tan bajo habían caído los católicos que necesitaban recurrir a una estrella de Hollywood?


Pero como vi la última de Batman y me gustó, decidí echarle una mirada al artículo porque emocionalmente me costaba creer que alguno de esos grandes actores que tan bien me habían caído pudiera ser un activista antimujeres o alguien que homenajease a activistas antimujeres. Allí estaba Christian Bale, una mujer occidental (que no reconocí) y un chino con anteojos oscuros, que resultó ser Chen Guangcheng, un héroe verdadero, como ya veremos.

El misterio quedaba revelado en el primer párrafo, y sin embargo el fanático que escribe la nota sigue adelante con su… no sé si llamarlo mentira o autoengaño o qué… de que Chen es un “pro-vida” y de que la organización Human Rights First, con Christian Bale como anfitrión de lujo, lo homenajeó por luchar por la supervivencia de millones de preciosos embriones y fetos.

Chen ha pasado gran parte de su vida luchando por los derechos civiles de la población de su país, que vive bajo un totalitarismo feroz pero con muy buena prensa (siendo los Juegos Olímpicos de 2008 su último gran triunfo de relaciones públicas). Ha estado preso, ha sido golpeado y censurado, y como en otros casos, es muy probable que sólo su alto perfil y su reconocimiento internacional sean lo único que evita que el gobierno chino lo desaparezca.

La lucha de Chen ha sido por el efectivo cumplimiento de las leyes. En China el aborto es legal, con consentimiento de la mujer, al igual que la esterilización. Chen recolectó, por su cuenta y riesgo, denuncias de mujeres que decían haber sido obligadas a abortar por parte de un gobierno local, con el objetivo de cumplir con las cuotas de crecimiento demográfico permitidas por la política del hijo único. Dicha política incluye sanciones monetarias a quienes tengan más de un hijo por familia, pero no permite, oficialmente, los abortos forzados. Chen denunció lo que todos sabían: que las juntas de planificación demográfica a nivel de ciudades y regiones obligaban a las mujeres a abortar, violando la ley, mientras las autoridades superiores hacían la vista gorda.

Naturalmente ACI no era la única ordeñando esa vaca. Busqué afanosamente signos de integridad en el resto de la prensa religiosa y encontré un artículo en Christianity Today que cautelosamente se pregunta si los grupos pro-vida no han falseado la imagen de Chen, y se responde, con más rodeos aún, que Chen “podría no ser siquiera lo que los opositores al aborto considerarían pro-vida.” Cita además a gente que opina que Chen es difícil de ubicar en el espectro religioso-político que nos es familiar.

Yo diría que Chen es bastante ubicable. Chen no ha dicho una palabra sobre el aborto voluntario y ha indicado que el problema de China es que las leyes no se cumplen. Chen defiende el derecho de las mujeres a continuar con su embarazo si lo desean. En un país donde la ley garantiza el derecho a abortar y Chen pide que la ley se respete, Chen es pro-choice, pro-elección. No veo cómo puede haber duda entre los propagandistas antimujer sobre este asunto, excepto, claro está, que no duden sino que mientan. ¿Seré muy cínico por pensarlo?