Como les contaba en un post anterior, el sábado 14 se realizará en la ciudad de Mar del Plata la primera Marcha Nacional por un Estado Laico. Les decía que el mayor obstáculo para lograr ese ideal es terminar con los privilegios legales de la Iglesia Católica, en particular el de “sostenimiento” de la misma mencionado en el artículo 2° de nuestra Constitución Nacional.
Económicamente, el sostenimiento de la Iglesia Católica implica el pago por parte del estado de estipendios a los obispos en actividad y eméritos, como así también a los capellanes, y asignaciones monetarias a los seminarios (según leyes y decretos sancionados por gobiernos ilegales de facto). El impacto fiscal es insignificante, no así el simbólico, dado que no sólo el estado subsidia a una religión, sino que además trata a los funcionarios eclesiásticos con un rango equivalente al de funcionarios del estado, lo cual resulta bastante irónico, considerando que técnicamente los obispos responden políticamente a un estado extranjero. Esta dudosa doble lealtad, que se manifiesta con toda claridad en la presencia de banderas vaticanas a la misma altura que las argentinas en iglesias y catedrales, no parece molestar a la muy patriótica y nacionalista derecha pro-Iglesia.
Si de dinero se trata, mucho mayor e inadmisible en un estado laico es el subsidio estatal a las escuelas confesionales. Hay que aclarar aquí que los estados nacionales y provinciales subsidian a las escuelas privadas, tanto las no confesionales como las de ideario religioso, sin distinción: es decir, no se trata de un privilegio de la Iglesia Católica ni de un subsidio a la religión en sí. De hecho, los subsidios son entregados en concepto de un porcentaje (que puede ser del 100%) de los salarios de los maestros. Es dudoso que muchas escuelas confesionales pudieran funcionar, de todas maneras, si no estuviera cubierto ese componente (el principal) de su gasto total. Dado el pésimo estado de la enseñanza pública (estatal), cabe pensar en mejores destinos para esa cantidad de dinero —ésta sí considerable— que financiar indirectamente clases de catequesis.
Con respecto a la escuela estatal encontramos también la necesidad de laicidad en varias provincias de nuestro país, donde, a contramano del espíritu de las leyes nacionales, se dictan clases de religión católica, además de realizarse ritos de esa religión, o se introducen materiales de estudio católicos. El que este adoctrinamiento sea optativo (como lo es en teoría) no aminora la gravedad del asunto. Los alumnos no tienen por qué enfrentarse a la disyuntiva entre asistir a una clase de catecismo y permanecer, como parias o anomalías, en un salón apartado, perdiendo el tiempo u ocupándolo con una asignatura alternativa (en el mejor de los casos). Que la escuela pública sea aconfesional no coarta la libertad de los niños ni de los padres, que pueden a discreción enviar a sus hijos a estudiar catecismo fuera del horario lectivo en una iglesia u escuela parroquial cercana sin costo alguno, si es que ellos mismos no son capaces de explicarles a sus hijos lo que creen.
Continuará…
martes, 10 de septiembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
Mendoza: celebraciones católicas inconstitucionales en las escuelas
Hace pocos días, en Mendoza, Argentina, una jueza prohibió la celebración de dos festividades religiosas católicas en las escuelas públicas (estatales) de la provincia, por contradecir el principio constitucional de laicidad.
Para más detalles: la jueza María Eugenia Ibaceta declaró inconstitucional una resolución de la Dirección General de Escuelas (DGE) por la cual se incluían en el calendario escolar las conmemoraciones del Día de Santiago Apóstol, santo patrono de Mendoza (25 de julio), y de la Virgen del Carmen de Cuyo (8 de septiembre), que vienen celebrándose tradicionalmente desde hace tiempo aun cuando la constitución provincial declara que las escuelas públicas deben ser laicas. El fallo judicial fue en respuesta a una acción de amparo presentada por la Asociación Civil Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) filial San Rafael.
De forma bastante interesante, la jueza no se limitó a prohibir la celebración en abstracto (dejando así huecos legales) sino que detalló qué cosas violarían el principio de laicidad:
Ni qué decir tiene que la noticia de la prohibición de las fiestas católicas en las escuelas públicas provocó también una reacción importante. Los tópicos ignorantes y las hipérboles abundaron; no encontré ni un solo argumento sensato o atendible en favor de mantener las celebraciones. Muchos antilaicistas parecen dar por sentado que la Constitución Nacional obliga al estado a inyectar la religión católica en todos los ámbitos y que ni la jueza ni quienes defendemos el laicismo la hemos leído con atención. (La Constitución argentina obliga al “sostenimiento” de la Iglesia, lo cual se interpreta como sostén económico y se cumple gracias a un par de decretos y leyes sancionados en la última dictadura.)
Otros se indignan por la ruptura con la tradición, como si haber hecho siempre algo fuera argumento suficiente para seguir haciéndolo sin importar ninguna razón. (Tradicionalmente en Argentina tampoco era posible casarse si no era por iglesia y con un miembro de la misma religión, pero afortunadamente esa tradición fue abolida por la ley de matrimonio civil.) Otros aún recurren al remanido y nunca satisfactorio argumento de las prioridades: que los laicistas y la jueza pierden tiempo en estupideces mientras los niños pobres no comen, las escuelas se caen a pedazos o cualquier otra cosa más importante; o bien, su variante: que los laicistas podrían dedicarse a algo útil (darle de comer a los niños pobres, arreglar las paredes de las escuelas, terminar con la corrupción de los políticos o detener la guerra en Siria) en vez de empeñarse en quitarle a los católicos sus preciosas celebraciones.
La medida de la jueza vale sólo para este año. Habrá que ver si el gobierno mendocino hace lo que debe y endereza su camino el año que viene, evitando directamente la inclusión de conmemoraciones sectarias en el cronograma educativo, donde no corresponden, y dejando que los fieles celebren lo que deseen, cuando lo deseen, en el ámbito privado o en espacios públicos donde cuenten con la debida autorización.
Para más detalles: la jueza María Eugenia Ibaceta declaró inconstitucional una resolución de la Dirección General de Escuelas (DGE) por la cual se incluían en el calendario escolar las conmemoraciones del Día de Santiago Apóstol, santo patrono de Mendoza (25 de julio), y de la Virgen del Carmen de Cuyo (8 de septiembre), que vienen celebrándose tradicionalmente desde hace tiempo aun cuando la constitución provincial declara que las escuelas públicas deben ser laicas. El fallo judicial fue en respuesta a una acción de amparo presentada por la Asociación Civil Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) filial San Rafael.
De forma bastante interesante, la jueza no se limitó a prohibir la celebración en abstracto (dejando así huecos legales) sino que detalló qué cosas violarían el principio de laicidad:
… clases alusivas, (…) carteleras, entrevistas, proyección de videos, actividades diversas en las que participen alumnos, docentes y miembros de la comunidad o personalidades relevantes del medio.El debate por la laicidad educativa lleva un cierto tiempo desarrollándose en Mendoza, pero como suele suceder con este tipo de noticias, más aún si ocurren en “el interior” (es decir, cualquier lugar que no sea el área metropolitana de Buenos Aires), ningún diario nacional lo registró. De hecho, yo sólo me enteré porque sigo el diario mendocino MDZ en Facebook. La medida contra las conmemoraciones católicas salió luego publicada en varios otros diarios de la provincia, como es natural, pero antes de eso MDZ había dedicado ya tres artículos (1, 2, 3) a transcribir una extensa charla entre dos ateos laicistas y un sacerdote católico, donde cada uno expresó su visión sobre el tema, atrayendo variados comentarios de los lectores.
Ni qué decir tiene que la noticia de la prohibición de las fiestas católicas en las escuelas públicas provocó también una reacción importante. Los tópicos ignorantes y las hipérboles abundaron; no encontré ni un solo argumento sensato o atendible en favor de mantener las celebraciones. Muchos antilaicistas parecen dar por sentado que la Constitución Nacional obliga al estado a inyectar la religión católica en todos los ámbitos y que ni la jueza ni quienes defendemos el laicismo la hemos leído con atención. (La Constitución argentina obliga al “sostenimiento” de la Iglesia, lo cual se interpreta como sostén económico y se cumple gracias a un par de decretos y leyes sancionados en la última dictadura.)
Otros se indignan por la ruptura con la tradición, como si haber hecho siempre algo fuera argumento suficiente para seguir haciéndolo sin importar ninguna razón. (Tradicionalmente en Argentina tampoco era posible casarse si no era por iglesia y con un miembro de la misma religión, pero afortunadamente esa tradición fue abolida por la ley de matrimonio civil.) Otros aún recurren al remanido y nunca satisfactorio argumento de las prioridades: que los laicistas y la jueza pierden tiempo en estupideces mientras los niños pobres no comen, las escuelas se caen a pedazos o cualquier otra cosa más importante; o bien, su variante: que los laicistas podrían dedicarse a algo útil (darle de comer a los niños pobres, arreglar las paredes de las escuelas, terminar con la corrupción de los políticos o detener la guerra en Siria) en vez de empeñarse en quitarle a los católicos sus preciosas celebraciones.
La medida de la jueza vale sólo para este año. Habrá que ver si el gobierno mendocino hace lo que debe y endereza su camino el año que viene, evitando directamente la inclusión de conmemoraciones sectarias en el cronograma educativo, donde no corresponden, y dejando que los fieles celebren lo que deseen, cuando lo deseen, en el ámbito privado o en espacios públicos donde cuenten con la debida autorización.
viernes, 6 de septiembre de 2013
Por qué es importante reclamar por un estado laico (parte 1)
El sábado 14 de septiembre se realizará en la ciudad de Mar del Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina) la primera Marcha Nacional por un Estado Laico. Cuando recibí la nota de prensa me limité a copiar el poster de difusión de la marcha, pero ahora me gustaría explicar por qué adhiero a la marcha y por qué deberíamos, de hecho, adherir todos a la idea de que es mejor vivir en una Argentina laica.
La imposición de una religión de estado, una religión oficial, incluso una “religión por defecto”, generalmente se apoya en la (real o supuesta) mayoría numérica de los creyentes de dicha religión. Tal es el caso de Argentina. Pretende seguirse de un criterio democrático, en el cual las mayorías son las que deciden. Pero este privilegio con justificación numérica no es parte de la definición de democracia (y algunos dirían que es un ejemplo de falsa democracia). Los derechos de las minorías no pueden ser pisoteados por las mayorías. Más aún, una democracia debería poner un cuidado extraordinario en la preservación de los derechos de las minorías, precisamente porque son numéricamente débiles, con todo lo que eso suele conllevar. Los ejemplos sobran, pero los más claros (y relevantes al caso) pueden observarse en la actual persecución que experimentan los cristianos en varios países de mayoría religiosa musulmana.
En Argentina, el catolicismo funciona casi como una religión de estado, aunque más por arrastre histórico que otra cosa. Así, por ejemplo, los funcionarios católicos tienen un lugar explícito y privilegiado en el protocolo de las ceremonias oficiales. Estas rémoras coloniales son de relativamente sencilla remoción. Mucho más grave es que se le reconoce a la Iglesia el carácter de persona pública, lo cual legalmente implica ponerla a la misma altura que una institución estatal. El artículo 2° de la Constitución Nacional representa el alejamiento más extremo del ideal de estado laico, incluso aunque los juristas lo consideren limitado al sostenimiento económico de la Iglesia por parte del estado, porque a diferencia de otras leyes y reglamentos, sólo una reforma constitucional podría eliminarlo, lo cual es políticamente inviable en un plazo indefinido.
Continuará…
La imposición de una religión de estado, una religión oficial, incluso una “religión por defecto”, generalmente se apoya en la (real o supuesta) mayoría numérica de los creyentes de dicha religión. Tal es el caso de Argentina. Pretende seguirse de un criterio democrático, en el cual las mayorías son las que deciden. Pero este privilegio con justificación numérica no es parte de la definición de democracia (y algunos dirían que es un ejemplo de falsa democracia). Los derechos de las minorías no pueden ser pisoteados por las mayorías. Más aún, una democracia debería poner un cuidado extraordinario en la preservación de los derechos de las minorías, precisamente porque son numéricamente débiles, con todo lo que eso suele conllevar. Los ejemplos sobran, pero los más claros (y relevantes al caso) pueden observarse en la actual persecución que experimentan los cristianos en varios países de mayoría religiosa musulmana.
En Argentina, el catolicismo funciona casi como una religión de estado, aunque más por arrastre histórico que otra cosa. Así, por ejemplo, los funcionarios católicos tienen un lugar explícito y privilegiado en el protocolo de las ceremonias oficiales. Estas rémoras coloniales son de relativamente sencilla remoción. Mucho más grave es que se le reconoce a la Iglesia el carácter de persona pública, lo cual legalmente implica ponerla a la misma altura que una institución estatal. El artículo 2° de la Constitución Nacional representa el alejamiento más extremo del ideal de estado laico, incluso aunque los juristas lo consideren limitado al sostenimiento económico de la Iglesia por parte del estado, porque a diferencia de otras leyes y reglamentos, sólo una reforma constitucional podría eliminarlo, lo cual es políticamente inviable en un plazo indefinido.
Continuará…
lunes, 2 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Católicos inventan apoyo internacional a la ley anti-gay rusa
Leo en InfoCatólica y ACI Prensa que se está difundiendo “una declaración de apoyo a la ley rusa de protección del menor frente al adoctrinamiento de género”, firmada por “numerosas entidades y ONGs” a nivel “internacional”, y que en España adhiere y difunde la organización Profesionales por la Ética.
La susodicha ley, como quizá ya sepa el lector, es una ley que, con la familiar excusa simpsoniana de “¿¡Alguien por favor quiere pensar en los niños!?”, prohíbe y penaliza cualquier cosa que pueda ser tomada como apoyo a la idea de que la homosexualidad es normal o que los homosexuales no son seres repugnantes, enfermos, perversos e inmorales. Poniendo como excusa la protección de los niños ante los embates del “lobby gay” que quiere convencerlos —¡y quizá convertirlos!— a todos a su condenable estilo de vida, la ley en la práctica declara que cualquier conducta que se desvíe de la norma heterosexual es inmencionable.
Las encuestas realizadas a lo largo del tiempo muestran que Rusia no sólo no ha seguido la trayectoria habitual de la mayoría de los países del mundo en cuanto a la aceptación de las orientaciones sexuales minoritarias, sino que de hecho ha empeorado. En esto tiene que ver el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa luego del largo período de ateísmo de estado (durante el cual sobrevivió a la persecución, durante ciertos períodos, gracias a componendas de sus jerarcas con los líderes soviéticos), y la virtual alianza política del Patriarca de Moscú con el gobierno de Putin, aunque es evidente que el sustrato cultural es el factor más importante: los rusos no están muy felices con Putin y sus políticas, pero apoyan la ley anti-gay, y todos los legisladores (oficialismo y oposición) votaron por ella, con una sola abstención.
Como decía, entonces, InfoCatólica y ACI Prensa reproducen el texto de la declaración internacional de apoyo a la ley, mencionando la existencia de muchas organizaciones que adhieren a la misma y que, uno podría creer si fuese ingenuo, deben tratarse de organizaciones dedicadas a los derechos del niño o a la protección contra los abusos sexuales, por ejemplo. Sin embargo, sólo aparece como difusora Profesionales por la Ética.
Una mirada al sitio web de PpE basta para constatar que se trata de una más de la miríada de fachadas de la Iglesia Católica que se promocionan como ONGs de la sociedad civil y que la Iglesia utiliza como proxies o títeres de trapo en los debates mediáticos, presentaciones de “expertos” o peritos ante las cortes, etc. La declaración está ahí pero sigue sin haber rastro de esa multitud de entidades adherentes. La búsqueda de la declaración no arroja ningún resultado excepto copias textuales del parte de prensa de PpE, donde hay un link para descargar una traducción al inglés de la declaración, pero al final de la misma, donde deberían estar los signatarios, no hay nada.
Quizá me equivoque, quizá esas organizaciones existan y estén dispuestas a adherir. De hecho, estoy seguro de que hay muchas organizaciones religiosas dispuestas a adherir a cualquier ley que permita acosar y dañar a la gente que tiene sexo de una manera distinta a la que ellas aprueban. Pero si la idea es difundir una declaración internacional de apoyo a algo, lo mínimo que debe hacerse es conseguir que gentes de distintos países la firmen y luego poner esas firmas en la declaración y subirla a Internet. De lo contrario el resultado es una especie de masturbación ideológica mutua en la cual un montón de gente que odia a los gays se envía a sí misma un texto a favor de ese odio imaginando que muchas otras personas han puesto la firma en el texto y están de acuerdo con quienes lo escribieron. La verdad, aunque debe sentirse muy bien, no se ve muy auténtico que digamos.
La susodicha ley, como quizá ya sepa el lector, es una ley que, con la familiar excusa simpsoniana de “¿¡Alguien por favor quiere pensar en los niños!?”, prohíbe y penaliza cualquier cosa que pueda ser tomada como apoyo a la idea de que la homosexualidad es normal o que los homosexuales no son seres repugnantes, enfermos, perversos e inmorales. Poniendo como excusa la protección de los niños ante los embates del “lobby gay” que quiere convencerlos —¡y quizá convertirlos!— a todos a su condenable estilo de vida, la ley en la práctica declara que cualquier conducta que se desvíe de la norma heterosexual es inmencionable.
Las encuestas realizadas a lo largo del tiempo muestran que Rusia no sólo no ha seguido la trayectoria habitual de la mayoría de los países del mundo en cuanto a la aceptación de las orientaciones sexuales minoritarias, sino que de hecho ha empeorado. En esto tiene que ver el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa luego del largo período de ateísmo de estado (durante el cual sobrevivió a la persecución, durante ciertos períodos, gracias a componendas de sus jerarcas con los líderes soviéticos), y la virtual alianza política del Patriarca de Moscú con el gobierno de Putin, aunque es evidente que el sustrato cultural es el factor más importante: los rusos no están muy felices con Putin y sus políticas, pero apoyan la ley anti-gay, y todos los legisladores (oficialismo y oposición) votaron por ella, con una sola abstención.
Como decía, entonces, InfoCatólica y ACI Prensa reproducen el texto de la declaración internacional de apoyo a la ley, mencionando la existencia de muchas organizaciones que adhieren a la misma y que, uno podría creer si fuese ingenuo, deben tratarse de organizaciones dedicadas a los derechos del niño o a la protección contra los abusos sexuales, por ejemplo. Sin embargo, sólo aparece como difusora Profesionales por la Ética.
Una mirada al sitio web de PpE basta para constatar que se trata de una más de la miríada de fachadas de la Iglesia Católica que se promocionan como ONGs de la sociedad civil y que la Iglesia utiliza como proxies o títeres de trapo en los debates mediáticos, presentaciones de “expertos” o peritos ante las cortes, etc. La declaración está ahí pero sigue sin haber rastro de esa multitud de entidades adherentes. La búsqueda de la declaración no arroja ningún resultado excepto copias textuales del parte de prensa de PpE, donde hay un link para descargar una traducción al inglés de la declaración, pero al final de la misma, donde deberían estar los signatarios, no hay nada.
Quizá me equivoque, quizá esas organizaciones existan y estén dispuestas a adherir. De hecho, estoy seguro de que hay muchas organizaciones religiosas dispuestas a adherir a cualquier ley que permita acosar y dañar a la gente que tiene sexo de una manera distinta a la que ellas aprueban. Pero si la idea es difundir una declaración internacional de apoyo a algo, lo mínimo que debe hacerse es conseguir que gentes de distintos países la firmen y luego poner esas firmas en la declaración y subirla a Internet. De lo contrario el resultado es una especie de masturbación ideológica mutua en la cual un montón de gente que odia a los gays se envía a sí misma un texto a favor de ese odio imaginando que muchas otras personas han puesto la firma en el texto y están de acuerdo con quienes lo escribieron. La verdad, aunque debe sentirse muy bien, no se ve muy auténtico que digamos.
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miércoles, 28 de agosto de 2013
Santo masoquismo
«Su amor por el dolor y el sufrimiento era insaciable [...]. Decía que podía vivir alegremente hasta el día del juicio, siempre que tuviese materia para sufrir por Dios, pero que vivir un solo día sin sufrimiento sería intolerable. Decía también que se sentía devorada por dos fiebres que no se podían mitigar, una por la santa comunión y otra por el sufrimiento, la humillación y la aniquilación. “Nada, excepto el dolor —repetía siempre en sus cartas— hace mi vida soportable.”»
Biografía de Santa Margarita María de Alacoque (1647–1690), religiosa católica francesa, por Émile Bougaud (Histoire de la Bienheureuse Marguerite Marie). Citada en Las variedades de la experiencia religiosa, de William James.
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lunes, 26 de agosto de 2013
La solidaridad y la Madre Teresa de Calcuta
Por un tuit de la intendenta de mi ciudad me entero de que el sábado pasado comenzó la Semana de la Solidaridad en Rosario y que la fecha de la misma se escogió para que incluya el Día Nacional de la Solidaridad, que es el 26 de agosto, por ser el aniversario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta.
La “Madre” Teresa de Calcuta es uno de los peores ejemplos posibles de solidaridad que podrían ocurrírsele a alguien. Muchísimas personas trabajan incansablemente por los demás, solas o en grupo, bajo denominaciones religiosas o seculares, con foco en distintos tipos de problemas sociales. A menudo el trabajo de las organizaciones religiosas incluye la evangelización, pero en general hay en ellas mucha gente con auténticas ganas de ayudar al prójimo en sí mismo sin verlo como un converso potencial; la religión simplemente se apropia y canaliza impulsos empáticos con los que todos contamos. La verdadera solidaridad no escasea.
La Madre Teresa dedicó su vida a propagar las ideas más reaccionarias de la fe católica, sirviéndose de su popularidad y llegada a los poderosos. Recaudó (y su orden sigue recaudando) una fortuna por la que no rindió jamás cuentas a nadie, y dejó tras de sí muchas casas para religiosas de la orden que fundó, destinadas a propagar esa misma doctrina reaccionaria y amante del sufrimiento por todo el mundo, y unos cuantos espantosos centros para moribundos, donde gente recogida de la calle es atendida por personas con escasa o nula capacitación, casi sin medicamentos más complicados que una aspirina, y queda hacinada allí en condiciones insalubres hasta que muere (a veces, según sabemos, de enfermedades que podrían ser tratadas fácilmente).
La solidaridad es un asunto entre humanos unidos por su comprensión mutua de que todos necesitamos a los demás y que no podemos vivir sin ayuda. Los centros para moribundos de la Madre Teresa no son lugares para la solidaridad, como han descubierto ya muchas personas bienintencionadas que han ido a trabajar en ellos y han salido disgustados. Existen más bien para que los voluntarios y los enfermos puedan compartir el sufrimiento, la mortificación del dolor, que la Madre Teresa consideraba algo bueno en sí mismo porque acercaba a los sufrientes a Dios. Ayudar material o psicológicamente no fue jamás su objetivo.
La solidaridad puede verse, de hecho, como un darle la espalda a la inexplicable indiferencia de los dioses y volver la cara hacia lo que nos une con los demás seres humanos, aquí en la Tierra. Una acción solidaria, cuando uno es famoso y respetado por personas de todas las religiones y de ninguna y recibe dinero y atenciones, es volcar todas las donaciones a obras para la comunidad, usar la influencia obtenida para mejorar las condiciones de vida de los demás y denunciar las maldades de los poderosos contra los débiles. No es solidario pedir a gente que ha perdido a sus familiares que perdonen a la empresa que los mató con su negligencia. No es solidario gastar decenas de millones de dólares donados en construir casas de adoctrinamiento en todo el mundo en vez de un hospital o una escuela en el lugar donde uno vive y donde se necesita desesperadamente. No es solidario, en un mundo donde tantas mujeres son obligadas a casarse o maltratadas por sus esposos, hacer campaña contra la legalidad del divorcio; tampoco es solidario, donde tantas mujeres mueren en abortos clandestinos, llamar a esas mujeres asesinas y denunciarlas como destructoras de la paz en un discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz. No es solidario recibir dinero donado por un estafador que empobreció a miles de personas y no sólo rehusarse a devolverlo sino incluso escribirle al juez pidiendo que lo absuelva. No es solidario apartar a los moribundos de sus familias para ponerlos en un lugar apenas menos sucio que la calle para servir de edificación moral a monjas y voluntarios. No es solidario ordenar a los subordinados de uno que no gasten dinero en ellos mismos ni en ayudar a la comunidad y que se finjan pobres y mendiguen, mientras el dinero se acumula en cuentas bancarias y uno viaja por el mundo haciendo apariciones junto a dictadores y princesas mientras afecta humildad.
La historia de la Madre Teresa es uno de los mitos más logrados de la vieja religión cristiana. Nadie está obligado a saber que es de hecho una gran mentira, pero los datos están allí, al alcance de la mano, y ni la ignorancia ni la popularidad del mito pueden seguir siendo excusa para que un estado local o nacional homenajeen como ícono de la solidaridad a una beata fanática cuyas obras no tienen nada que ver con la solidaridad y sí, exclusivamente, con un amor perverso por el sufrimiento y la pobreza.
Celebramos semana de la Solidarida por aniversario del nacimiento de Teresa de Calcuta, el 26 de agosto. Agenda en web de la Municipalidad¿Qué? ¿Qué?
— Mónica Fein (@MonicaFein) August 24, 2013
La “Madre” Teresa de Calcuta es uno de los peores ejemplos posibles de solidaridad que podrían ocurrírsele a alguien. Muchísimas personas trabajan incansablemente por los demás, solas o en grupo, bajo denominaciones religiosas o seculares, con foco en distintos tipos de problemas sociales. A menudo el trabajo de las organizaciones religiosas incluye la evangelización, pero en general hay en ellas mucha gente con auténticas ganas de ayudar al prójimo en sí mismo sin verlo como un converso potencial; la religión simplemente se apropia y canaliza impulsos empáticos con los que todos contamos. La verdadera solidaridad no escasea.
La Madre Teresa dedicó su vida a propagar las ideas más reaccionarias de la fe católica, sirviéndose de su popularidad y llegada a los poderosos. Recaudó (y su orden sigue recaudando) una fortuna por la que no rindió jamás cuentas a nadie, y dejó tras de sí muchas casas para religiosas de la orden que fundó, destinadas a propagar esa misma doctrina reaccionaria y amante del sufrimiento por todo el mundo, y unos cuantos espantosos centros para moribundos, donde gente recogida de la calle es atendida por personas con escasa o nula capacitación, casi sin medicamentos más complicados que una aspirina, y queda hacinada allí en condiciones insalubres hasta que muere (a veces, según sabemos, de enfermedades que podrían ser tratadas fácilmente).
La solidaridad es un asunto entre humanos unidos por su comprensión mutua de que todos necesitamos a los demás y que no podemos vivir sin ayuda. Los centros para moribundos de la Madre Teresa no son lugares para la solidaridad, como han descubierto ya muchas personas bienintencionadas que han ido a trabajar en ellos y han salido disgustados. Existen más bien para que los voluntarios y los enfermos puedan compartir el sufrimiento, la mortificación del dolor, que la Madre Teresa consideraba algo bueno en sí mismo porque acercaba a los sufrientes a Dios. Ayudar material o psicológicamente no fue jamás su objetivo.
La solidaridad puede verse, de hecho, como un darle la espalda a la inexplicable indiferencia de los dioses y volver la cara hacia lo que nos une con los demás seres humanos, aquí en la Tierra. Una acción solidaria, cuando uno es famoso y respetado por personas de todas las religiones y de ninguna y recibe dinero y atenciones, es volcar todas las donaciones a obras para la comunidad, usar la influencia obtenida para mejorar las condiciones de vida de los demás y denunciar las maldades de los poderosos contra los débiles. No es solidario pedir a gente que ha perdido a sus familiares que perdonen a la empresa que los mató con su negligencia. No es solidario gastar decenas de millones de dólares donados en construir casas de adoctrinamiento en todo el mundo en vez de un hospital o una escuela en el lugar donde uno vive y donde se necesita desesperadamente. No es solidario, en un mundo donde tantas mujeres son obligadas a casarse o maltratadas por sus esposos, hacer campaña contra la legalidad del divorcio; tampoco es solidario, donde tantas mujeres mueren en abortos clandestinos, llamar a esas mujeres asesinas y denunciarlas como destructoras de la paz en un discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz. No es solidario recibir dinero donado por un estafador que empobreció a miles de personas y no sólo rehusarse a devolverlo sino incluso escribirle al juez pidiendo que lo absuelva. No es solidario apartar a los moribundos de sus familias para ponerlos en un lugar apenas menos sucio que la calle para servir de edificación moral a monjas y voluntarios. No es solidario ordenar a los subordinados de uno que no gasten dinero en ellos mismos ni en ayudar a la comunidad y que se finjan pobres y mendiguen, mientras el dinero se acumula en cuentas bancarias y uno viaja por el mundo haciendo apariciones junto a dictadores y princesas mientras afecta humildad.
La historia de la Madre Teresa es uno de los mitos más logrados de la vieja religión cristiana. Nadie está obligado a saber que es de hecho una gran mentira, pero los datos están allí, al alcance de la mano, y ni la ignorancia ni la popularidad del mito pueden seguir siendo excusa para que un estado local o nacional homenajeen como ícono de la solidaridad a una beata fanática cuyas obras no tienen nada que ver con la solidaridad y sí, exclusivamente, con un amor perverso por el sufrimiento y la pobreza.
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Pablo
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