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jueves, 12 de diciembre de 2013

Rusia contra los homosexuales (una más y van…)

Rusia parece estar haciendo grandes esfuerzos por volver atrás el reloj del progreso y convertirse en uno de los lugares más odiosos del Occidente cristiano. En una de las últimas tentativas en ese sentido, el parlamento, contagiado del beaterío retrógrado de la Iglesia Ortodoxa, hizo ley otra medida destinada a marcar a los homosexuales como indeseables. Así lo anuncia, con rencoroso placer, el sitio de propaganda integrista InfoCatólica:
Las adopciones de niños rusos sólo se permitirán a Italia, que no admite el «matrimonio» gay. Lo ha declarado hoy el representante del Kremlin para los derechos de la Infancia, Pavel Astakhov, como informa la agencia Interfax. «Actualmente Italia es el único país en el que los ciudadanos tiene la posibilidad de adoptar niños rusos», ha explicado Astakhov, «porque este país no reconoce el «matrimonio» homosexual, y, en consecuencia, no debemos cambiar nada en el acuerdo vigente y, además, ellos respetan los términos de este acuerdo».
La ley, aprobada en junio, dictamina que no se pueden dar niños rusos en adopción a gente de ningún país que reconozca el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Rusia sólo tenía acuerdos de adopción con algunos países europeos y con Estados Unidos; estos últimos quedaron invalidados por otra ley, dictada en represalia por Rusia luego de un escándalo internacional que nada tuvo que ver con el asunto, y de los países europeos con los que Rusia tenía acuerdos, sólo Italia permanece a la zaga del resto considerando a las parejas homosexuales como indignas de reconocimiento estatal. Nótese que la ley no prohíbe meramente dar niños en adopción a parejas del mismo sexo de ciertos países, sino que elimina toda posibilidad de acuerdo con esos países, sin más.

A diferencia de la mayoría de los países civilizados, en los últimos años en Rusia la homofobia ha aumentado en vez de disminuir. Los legisladores rusos no hacen sino responder a esa tendencia, quizá por su propio odio, quizá afectando lo que creen que les traerá adhesiones. Los homosexuales son el chivo expiatorio de un gobierno en decadencia, blanco de violencia entre cuyos autores se mezclan seguidores de la Iglesia Ortodoxa y grupos neonazis. Putin ha llegado a decir que los gays están despoblando Europa, idea que nos resulta familiar a los que prestamos atención a las divagaciones de los “pro vidas” católicos y de los papas; para el patriarca ruso Kiril, reconocer los matrimonios homosexuales es un signo del apocalipsis. Todo el asunto es una mezcolanza tóxica entre un nacionalismo exacerbado con una identidad vinculada patológicamente al cristianismo y una confluencia de intereses entre el autoritarismo de Putin y el fanatismo medieval de los ortodoxos.

(Vale la pena leer los tres o cuatro comentarios en la nota de InfoCatólica que cité al comienzo. Le dan a uno escalofríos pensar en lo que haría esta gente con aquéllos que les caen mal si tuvieran detrás el poder de un gobierno para hacerlo.)

viernes, 30 de agosto de 2013

Católicos inventan apoyo internacional a la ley anti-gay rusa

Leo en InfoCatólica y ACI Prensa que se está difundiendo “una declaración de apoyo a la ley rusa de protección del menor frente al adoctrinamiento de género”, firmada por “numerosas entidades y ONGs” a nivel “internacional”, y que en España adhiere y difunde la organización Profesionales por la Ética.

La susodicha ley, como quizá ya sepa el lector, es una ley que, con la familiar excusa simpsoniana de “¿¡Alguien por favor quiere pensar en los niños!?”, prohíbe y penaliza cualquier cosa que pueda ser tomada como apoyo a la idea de que la homosexualidad es normal o que los homosexuales no son seres repugnantes, enfermos, perversos e inmorales. Poniendo como excusa la protección de los niños ante los embates del “lobby gay” que quiere convencerlos —¡y quizá convertirlos!— a todos a su condenable estilo de vida, la ley en la práctica declara que cualquier conducta que se desvíe de la norma heterosexual es inmencionable.


Las encuestas realizadas a lo largo del tiempo muestran que Rusia no sólo no ha seguido la trayectoria habitual de la mayoría de los países del mundo en cuanto a la aceptación de las orientaciones sexuales minoritarias, sino que de hecho ha empeorado. En esto tiene que ver el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa luego del largo período de ateísmo de estado (durante el cual sobrevivió a la persecución, durante ciertos períodos, gracias a componendas de sus jerarcas con los líderes soviéticos), y la virtual alianza política del Patriarca de Moscú con el gobierno de Putin, aunque es evidente que el sustrato cultural es el factor más importante: los rusos no están muy felices con Putin y sus políticas, pero apoyan la ley anti-gay, y todos los legisladores (oficialismo y oposición) votaron por ella, con una sola abstención.

Como decía, entonces, InfoCatólica y ACI Prensa reproducen el texto de la declaración internacional de apoyo a la ley, mencionando la existencia de muchas organizaciones que adhieren a la misma y que, uno podría creer si fuese ingenuo, deben tratarse de organizaciones dedicadas a los derechos del niño o a la protección contra los abusos sexuales, por ejemplo. Sin embargo, sólo aparece como difusora Profesionales por la Ética.

Una mirada al sitio web de PpE basta para constatar que se trata de una más de la miríada de fachadas de la Iglesia Católica que se promocionan como ONGs de la sociedad civil y que la Iglesia utiliza como proxies o títeres de trapo en los debates mediáticos, presentaciones de “expertos” o peritos ante las cortes, etc. La declaración está ahí pero sigue sin haber rastro de esa multitud de entidades adherentes. La búsqueda de la declaración no arroja ningún resultado excepto copias textuales del parte de prensa de PpE, donde hay un link para descargar una traducción al inglés de la declaración, pero al final de la misma, donde deberían estar los signatarios, no hay nada.

Quizá me equivoque, quizá esas organizaciones existan y estén dispuestas a adherir. De hecho, estoy seguro de que hay muchas organizaciones religiosas dispuestas a adherir a cualquier ley que permita acosar y dañar a la gente que tiene sexo de una manera distinta a la que ellas aprueban. Pero si la idea es difundir una declaración internacional de apoyo a algo, lo mínimo que debe hacerse es conseguir que gentes de distintos países la firmen y luego poner esas firmas en la declaración y subirla a Internet. De lo contrario el resultado es una especie de masturbación ideológica mutua en la cual un montón de gente que odia a los gays se envía a sí misma un texto a favor de ese odio imaginando que muchas otras personas han puesto la firma en el texto y están de acuerdo con quienes lo escribieron. La verdad, aunque debe sentirse muy bien, no se ve muy auténtico que digamos.

jueves, 22 de agosto de 2013

Rusia contra los extremistas ateos

¡Rusia siempre se supera a sí misma! De RT (antes Russia Today), el órgano de propaganda del estado putinesco:
Rusos lanzan un centro dedicado a combatir el “extremismo ateo”

Un grupo de activistas conectados con la Iglesia Ortodoxa Rusa están montando un centro contra el extremismo ateo, el cual, según ellos, es promovido principalmente por organizaciones financiadas desde el extranjero.
Y este brote de paranoia nacionalista de libro de texto fue causado por…
… incidentes en los que ciertas personas protestaron contra la construcción de nuevas iglesias, “creando una psicosis artificial y alimentando la histeria por medio de la intimidación…”
La acusación es tan ridícula (¿protestar contra la construcción de una iglesia es extremismo?) y tan general (no se dan detalles) que es imposible saber qué ocurrió realmente. Quizá haya habido algún exceso de parte de los que protestaban. A fin de cuentas, ¿a quién le hace daño que se construyan algunas iglesias?
Las autoridades de la ciudad de Moscú, junto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, están actualmente implementando el llamado Programa-200, un plan según el cual deben erigirse 200 iglesias ortodoxas en la capital en los próximos 10 a 15 años.
Oh. Habrá sido eso, entonces.

El horno no está para bollos en Rusia. Los rusos no sólo han terminado, después de un doloroso proceso de abandono del comunismo soviético, gobernados en una democracia formal por un dictador proveniente de las filas de la KGB, sino además sometidos al resurgimiento (y alianza con el susodicho dictador) de lo peorcito de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuyo jerarca máximo actual tiene unas posturas que hacen quedar al Papa como un corderito. Esa alianza ha dado frutos como la criminalización del discurso secular crítico (“ofensivo para los creyentes”) y de la “promoción de la homosexualidad” (básicamente está prohibido decir algo bueno de los homosexuales o la homosexualidad donde alguien más pueda oírlo).
El juicio a Pussy Riot y la flamante ley [de protección de los sentimientos de los creyentes] provocaron una ola de protestas aún mayor en todo el país, a veces tomando formas radicales, como el derribo de cruces recordatorias en algunos pueblos.
Desde luego el vandalismo contra símbolos religiosos es un asunto peliagudo, y es peor si esos símbolos son además monumentos conmemorativos. Llamarlo una forma de “protesta radical” o unirlo a la idea de “extremismo ateo”, sin embargo, es improcedente. De hecho, las denuncias originales hablaban de “satanistas”, no de ateos, mucho menos de grupos de ateos organizados por oscuras fuerzas en el extranjero. Para el caso es poco importante: los vándalos son idiotas de cualquier manera, y para la mente conspirativa de los fanáticos tanto da un chivo expiatorio imaginario como otro.

sábado, 6 de julio de 2013

El fanatismo ruso en todo su esplendor

«… Pero no tenía idea de lo que es el fanatismo ruso en todo su esplendor, tal como se lo ve aquí. Creedme. No exagero. Hay imágenes con velas encendidas en los hoteles, en los cafés, en las estaciones de los ferrocarriles, en los paseos, en las tiendas, en las paredes de la calle, en las ventanas, en los balcones, en todas partes. Todo el que pasa por delante de ellas se detiene, se descubre y se santigua. Entre mil puede haber uno que no lo haga. Es seguramente un extranjero. Pero este mismo se guardará de no hacerlo si es prudente, pasando por la Porta sacra et triumphalis, en la que hay una gran imagen del Salvador, de Smolensk. Se expone a ser lapidado por una plebe brutal y aun por lo que no lo son.»
Lucio V. Mansilla, Moscú, 20 de junio de 1881. Fragmento de una carta al diario La Tribuna Nacional. En El excursionista del planeta: escritos de viaje (Fondo de Cultura Económica, 2012).

martes, 18 de junio de 2013

Rusia no sale de las sombras

Aunque la libertad de pensamiento y expresión es una idea moderna y no ha dejado de sufrir ataques en ninguna nación del planeta, Rusia puede confiadamente plantarse en el podio de los peores lugares del planeta para ejercer esa libertad desde hace largo, largo tiempo. La monarquía rusa seguía considerándose de derecho divino cuando casi todas las demás monarquías europeas se habían bajado de ese pedestal. El rol de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el mantenimiento de este orden feudal, centrado en la figura paternal y cuasi-sobrehumana del zar, no puede subestimarse.

La abrupta interrupción de este régimen sólo movió el blanco de la represión hacia disidentes de otra clase. El comunismo, como famosamente observó Bertrand Russell, es incompatible con el cristianismo no por sus diferencias, sino por sus similitudes: se trata de creencias que reclaman a la persona entera y que no toleran la competencia.

Cuando el régimen soviético cayó a su vez, de manera más prolongada y con mucho menor estruendo, dejó libre y sin instituciones firmes a un pueblo que no sabía muy bien qué hacer con la libertad y que estaba acostumbrado a instituciones ineficientes y corruptas pero más o menos firmes a fuerza de anquilosamiento. Como no podía ser de extrañar, dado que la política aborrece el vacío, el hueco fue llenado por mafias de toda clase y con alianzas tan siniestras y poco probables como ex-oficiales de la KGB y jerarcas cristianos.

Flash forward al presente: el poder legislativo y el gobierno de Vladimir Putin, con presión y entusiasta apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, acaba de transformar en delito la ofensa a los sentimientos religiosos. O mejor dicho: de crear una herramienta legal para la supresión de todo discurso y toda acción de protesta que pueda desagradar a la Iglesia Ortodoxa Rusa; una ley que además permita, luego de alguna operación de transformación ideológica que pasablemente (y con asentimiento del Patriarca ortodoxo) haga ver un ataque a la religión mayoritaria como un ataque al gobierno, castigar a cualquier disidente de la virtual dictadura de Putin.

Si esta segunda parte de mi caracterización parece especulativa, considérese la manera en que el régimen iraní se libra de sus enemigos políticos encontrándoles ofensas reales o imaginarias al Profeta y declarándolos “enemigos de Dios”. El caso de las Pussy Riot no está tan lejos: se las condenó tanto o más por insultar a Putin y hablar de su alianza con la Iglesia Ortodoxa que por el cargo oficial de vandalismo… cuya pena fue, no obstante, explícitamente agravada por supuesta incitación al “odio religioso”.


El Patriarca de Moscú, Cirilo I, ha pedido que no se abuse de la ley ni se la use improvisadamente para limitar derechos, cosa poco sincera de parte de un hombre que se manifestó en contra de penas de prisión cortas para las Pussy Riot y que en una feroz homilía las incluyó implícitamente dentro de un nebuloso colectivo de enemigos que “nos invitan a burlarnos de nuestros santuarios, rechazar nuestra fe y, si fuera posible, destruir nuestras iglesias”. En Rusia, como en cualquier lugar del mundo afligido por la religión, tales pronunciamientos épicos pueden tener, y han tenido, consecuencias desagradables, como la formación de milicias de fanáticos ortodoxos autonombrados “vigilantes” de sitios sagrados como iglesias y cementerios, que se dedicaron a acosar a defensores de las Pussy Riot y que, sin duda, estarán disponibles y dispuestos cuando sea necesario desalojar o silenciar a otros enemigos de Dios, del Patriarca o del gobierno con que su iglesia se ha metido en la cama.

viernes, 30 de marzo de 2012

Podcast, ep. 21: censura a la cienciología en Rusia


En esta edición del podcast de Alerta Religión: la justicia de Rusia prohíbe los libros de la cienciología de Ron Hubbard por considerarlos peligrosos para la salud y la economía de las personas. ¿Está bien tolerar la censura de ciertas ideas peligrosas? ¿En manos de quién queremos dejar este juicio? ¿Cómo analizar las ideas de otras personas si no podemos acceder a ellas?