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viernes, 14 de febrero de 2014

Abortofobia y zapatitos de bebé

«Un nuevo “delito” está a punto de ser inventado: la “abortofobia”», leo en un portal de noticias cuyo lema reza “Buscando la Verdad” (así con mayúsculas). La bajada del tremebundo titular se indigna: «Francia condena a un ciudadano de 84 años por dar un par de zapatitos de bebé a una mujer embarazada». El portal se llama Aleteia, es católico y la noticia me llega vía InfoCatólica. Ah, suspira el lector, eso explica todo.

Como los católicos mienten pero no inventan tanto (obispos defensores de pederastas aparte), trato de desentrañar qué hay de cierto. Resulta que un tal Xavier Dor, activista “pro-vida” que a sus 84 años no se ha cansado aún de joder la vida al prójimo, fue declarado culpable de interferir con la decisión de una mujer de interrumpir su embarazo. Dor irrumpió, según parece, en una clínica donde se practican abortos, donde nada tenía que hacer, para “ofrecer” sus ideas sobre el aborto (reforzadas con un par de zapatitos alusivos al ”bebé”, que probablemente no era más que un embrión del tamaño de una castaña de cajú) a quienes se encontraban esperando su turno. La ley que lo condenó castiga precisamente esta clase de presión psicológica sobre mujeres que con frecuencia se encuentran muy vulnerables a la presión en ese preciso momento. Roberta Sciamplicotti, la cronista, lo explica así:
El paladín de los derechos de los abortistas parece ser Francia, donde la ley Weil, de 1975, creó el “delito” de obstrucción del aborto”. Quien comete ese “delito”, el de obstaculizar el aborto, puede ser considerado un “abortofóbico”.
Naturalmente, la última frase es de su cosecha, al igual que las comillas en torno a la palabra “delito”. Lo que la ley penaliza es delito, sin comillas.
Una nueva medida legal propuesta en Francia, contraria a quien está contra el aborto, incluye dos artículos de extraordinaria gravedad: el primero altera la ley actual, que ya permite el aborto para las mujeres “en situación de dificultad”. (…) Aún así, el texto será alterado y la nueva ley dirá que el aborto está permitido para las mujeres “que no desean llevar a cabo el embarazo a término”. (…)

La segunda alteración en la legislación francesa prohíbe obstaculizar el aborto no sólo físicamente, lo que ya estaba en vigor, sino también psicológicamente. La lectura de los trabajos preparatorios revela que la intención del legislador es prohibir que en los hospitales las mujeres sean informadas sobre las alternativas al aborto; prohibir, también, que los voluntarios de los centros de apoyo a la vida circulen por los hospitales; y prohibir, incluso, aun fuera o en la proximidades de los hospitales que haya protestas o divulgación de informaciones pro-vida a las mujeres.
Es seguro que la ley no propone “prohibir que en los hospitales las mujeres sean informadas sobre las alternativas al aborto”. La única alternativa al aborto es el curso natural de la gestación y eventualmente el parto, y las mujeres ya la conocen.

Es debatible si en un estado de derecho se puede prohibir la protesta o la divulgación de “informaciones” (pasemos por alto la exactitud de esa información y el interés detrás de su divulgación) en torno a determinados lugares, sin infringir inadmisiblemente las libertades ciudadanas. Mucho menos debatible es que en el interior de un hospital se prohíba la circulación de personas dedicadas a convencer a las pacientes de que la labor del hospital es inmoral y criminal, proclamando que la intervención que la paciente desea realizarse tiene efectos secundarios terribles o buscando que renuncien a ella con promesas de asistencia material (para dar un ejemplo). Si las “informaciones” que los “pro-vida” reparten en sus giras por hospitales y en sus protestas callejeras es la misma que circula en sus sitios web y en sus materiales para consumo interno, uno debe preguntarse si el legislador no debería ser incluso más duro en la prohibición.

¿Y quién es Xavier Dor, el pobre anciano multado por dar un simple par de zapatitos a una mujer que quería asesinar a su bebé? Dice la Wikipedia en francés que Xavier Dor es uno de los iniciadores de los “comandos anti-aborto” y que al mando de su organización SOS Touts-Petits solía irrumpir, hace años, en hospitales y clínicas (incluyendo áreas restringidas de los mismos), para montar un espectáculo piadoso, rezando en voz alta hasta que la policía se lo llevaba. Los susodichos “comandos” estuvieron muy activos entre 1987 y 1995, y obtuvieron explícito apoyo de la jerarquía de la Iglesia Católica, que se preocupó de remarcar su carácter “no violento”.

Violento o no violento, y aunque sea un ancianito con un par de zapatitos de bebé, Xavier Dor es la clase de persona que la ley debe mantener alejada de decisiones que no le conciernen. Cuando más pronto dejemos de tolerar a los intolerantes como estas pandillas de luchadores contra los derechos de los demás, mejor.

jueves, 22 de agosto de 2013

Rusia contra los extremistas ateos

¡Rusia siempre se supera a sí misma! De RT (antes Russia Today), el órgano de propaganda del estado putinesco:
Rusos lanzan un centro dedicado a combatir el “extremismo ateo”

Un grupo de activistas conectados con la Iglesia Ortodoxa Rusa están montando un centro contra el extremismo ateo, el cual, según ellos, es promovido principalmente por organizaciones financiadas desde el extranjero.
Y este brote de paranoia nacionalista de libro de texto fue causado por…
… incidentes en los que ciertas personas protestaron contra la construcción de nuevas iglesias, “creando una psicosis artificial y alimentando la histeria por medio de la intimidación…”
La acusación es tan ridícula (¿protestar contra la construcción de una iglesia es extremismo?) y tan general (no se dan detalles) que es imposible saber qué ocurrió realmente. Quizá haya habido algún exceso de parte de los que protestaban. A fin de cuentas, ¿a quién le hace daño que se construyan algunas iglesias?
Las autoridades de la ciudad de Moscú, junto con la Iglesia Ortodoxa Rusa, están actualmente implementando el llamado Programa-200, un plan según el cual deben erigirse 200 iglesias ortodoxas en la capital en los próximos 10 a 15 años.
Oh. Habrá sido eso, entonces.

El horno no está para bollos en Rusia. Los rusos no sólo han terminado, después de un doloroso proceso de abandono del comunismo soviético, gobernados en una democracia formal por un dictador proveniente de las filas de la KGB, sino además sometidos al resurgimiento (y alianza con el susodicho dictador) de lo peorcito de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuyo jerarca máximo actual tiene unas posturas que hacen quedar al Papa como un corderito. Esa alianza ha dado frutos como la criminalización del discurso secular crítico (“ofensivo para los creyentes”) y de la “promoción de la homosexualidad” (básicamente está prohibido decir algo bueno de los homosexuales o la homosexualidad donde alguien más pueda oírlo).
El juicio a Pussy Riot y la flamante ley [de protección de los sentimientos de los creyentes] provocaron una ola de protestas aún mayor en todo el país, a veces tomando formas radicales, como el derribo de cruces recordatorias en algunos pueblos.
Desde luego el vandalismo contra símbolos religiosos es un asunto peliagudo, y es peor si esos símbolos son además monumentos conmemorativos. Llamarlo una forma de “protesta radical” o unirlo a la idea de “extremismo ateo”, sin embargo, es improcedente. De hecho, las denuncias originales hablaban de “satanistas”, no de ateos, mucho menos de grupos de ateos organizados por oscuras fuerzas en el extranjero. Para el caso es poco importante: los vándalos son idiotas de cualquier manera, y para la mente conspirativa de los fanáticos tanto da un chivo expiatorio imaginario como otro.

martes, 18 de junio de 2013

Rusia no sale de las sombras

Aunque la libertad de pensamiento y expresión es una idea moderna y no ha dejado de sufrir ataques en ninguna nación del planeta, Rusia puede confiadamente plantarse en el podio de los peores lugares del planeta para ejercer esa libertad desde hace largo, largo tiempo. La monarquía rusa seguía considerándose de derecho divino cuando casi todas las demás monarquías europeas se habían bajado de ese pedestal. El rol de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el mantenimiento de este orden feudal, centrado en la figura paternal y cuasi-sobrehumana del zar, no puede subestimarse.

La abrupta interrupción de este régimen sólo movió el blanco de la represión hacia disidentes de otra clase. El comunismo, como famosamente observó Bertrand Russell, es incompatible con el cristianismo no por sus diferencias, sino por sus similitudes: se trata de creencias que reclaman a la persona entera y que no toleran la competencia.

Cuando el régimen soviético cayó a su vez, de manera más prolongada y con mucho menor estruendo, dejó libre y sin instituciones firmes a un pueblo que no sabía muy bien qué hacer con la libertad y que estaba acostumbrado a instituciones ineficientes y corruptas pero más o menos firmes a fuerza de anquilosamiento. Como no podía ser de extrañar, dado que la política aborrece el vacío, el hueco fue llenado por mafias de toda clase y con alianzas tan siniestras y poco probables como ex-oficiales de la KGB y jerarcas cristianos.

Flash forward al presente: el poder legislativo y el gobierno de Vladimir Putin, con presión y entusiasta apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, acaba de transformar en delito la ofensa a los sentimientos religiosos. O mejor dicho: de crear una herramienta legal para la supresión de todo discurso y toda acción de protesta que pueda desagradar a la Iglesia Ortodoxa Rusa; una ley que además permita, luego de alguna operación de transformación ideológica que pasablemente (y con asentimiento del Patriarca ortodoxo) haga ver un ataque a la religión mayoritaria como un ataque al gobierno, castigar a cualquier disidente de la virtual dictadura de Putin.

Si esta segunda parte de mi caracterización parece especulativa, considérese la manera en que el régimen iraní se libra de sus enemigos políticos encontrándoles ofensas reales o imaginarias al Profeta y declarándolos “enemigos de Dios”. El caso de las Pussy Riot no está tan lejos: se las condenó tanto o más por insultar a Putin y hablar de su alianza con la Iglesia Ortodoxa que por el cargo oficial de vandalismo… cuya pena fue, no obstante, explícitamente agravada por supuesta incitación al “odio religioso”.


El Patriarca de Moscú, Cirilo I, ha pedido que no se abuse de la ley ni se la use improvisadamente para limitar derechos, cosa poco sincera de parte de un hombre que se manifestó en contra de penas de prisión cortas para las Pussy Riot y que en una feroz homilía las incluyó implícitamente dentro de un nebuloso colectivo de enemigos que “nos invitan a burlarnos de nuestros santuarios, rechazar nuestra fe y, si fuera posible, destruir nuestras iglesias”. En Rusia, como en cualquier lugar del mundo afligido por la religión, tales pronunciamientos épicos pueden tener, y han tenido, consecuencias desagradables, como la formación de milicias de fanáticos ortodoxos autonombrados “vigilantes” de sitios sagrados como iglesias y cementerios, que se dedicaron a acosar a defensores de las Pussy Riot y que, sin duda, estarán disponibles y dispuestos cuando sea necesario desalojar o silenciar a otros enemigos de Dios, del Patriarca o del gobierno con que su iglesia se ha metido en la cama.

lunes, 15 de octubre de 2012

Fascistas e Iglesia al poder en Grecia


De The Guardian del viernes 12 de octubre:
El jueves por la noche la premiere en Atenas de la obra de Terrence McNally, Corpus Christi, fue cancelada luego de protestas por parte de miembros del partido de ultraderecha Amanecer Dorado (incluyendo algunos legisladores) y de grupos religiosos.
Corpus Christi es una obra de teatro estrenada en 1998 en la que Jesús y los apóstoles son representados como hombres gay que viven en el estado de Texas en el presente (con anacronismos varios). En la obra Judas traiciona a Jesús por celos, y Jesús oficia un matrimonio homosexual entre dos apóstoles. Digamos que no es una obra para llevar a tu abuelita de misa de todos los domingos o a tu primo el numerario del Opus.
La protesta tenía una agenda claramente homofóbica. Manolis V, un periodista, fue atacado por los manifestantes mientras la policía aparentemente no hacía nada. (…) “El legislador de Amanecer Dorado me patea [en el piso]. La policía está a dos pasos de distancia pero vuelven la espalda.”

(…) Los policías no fueron tan lentos en reaccionar cuando dos semanas atrás arrestaron por blasfemia al hombre detrás de la página de Facebook satírica dedicada a Geron Pastitsios, luego de que un legislador de Amanecer Dorado planteara el asunto en el parlamento. Tampoco fueron lentos para reaccionar cuando un grupo de antifascistas chocaron con simpatizantes de Amanecer Dorado en la plaza Amerikis y quince [antifascistas] fueron arrestados y —según afirman— torturados, la semana anterior.
Geron Pastitsios es un monje pastafariano ficticio basado en el venerado Geron Paisios (Paisios el Viejo), un monje ortodoxo que podría ser beatificado prontamente. Un pastitsio es un plato griego de fideos con salsa y carne picada.
La Iglesia Ortodoxa Griega, con su inmensa riqueza intacta pese a la crisis, no muestra ningún apuro por condenar a sus clérigos que apoyan, justifican, instigan y participan en actos de violencia y desprecio contra inmigrantes, homosexuales y personas que desafían su idea de lo que significa ser griego y ortodoxo.

(…) No sólo Amanecer Dorado se ha rehusado a pedir disculpas por sus acciones frente a Corpus Christi, sino que el legislador de Amanecer Dorado Ilias Kasidiaris —famoso por haber agredido fìsicamente a un político de izquierda en televisión en vivo— no dejó pasar su oportunidad de repartir advertencias: “En cualquier caso en que el sentimiento religioso de los griegos sea insultado, Amanecer Dorado reaccionará. Si alguien trata de representar una obra que se burla de Mahoma en un país musulmán, pierde su cabeza. Ellos no reaccionan tan pacíficamente como los griegos.”
Fascistas, fuerzas del orden y la Iglesia del mismo lado: qué predecible que es a veces la historia…

domingo, 30 de septiembre de 2012

Día de la Blasfemia 2012

Como otros años celebramos hoy nuevamente el Día de la Blasfemia. Es el aniversario de la publicación, en el diario danés Jyllands-Posten, de unas caricaturas que resultaron ofensivas a ciertos fanáticos religiosos que tienen una gran facilidad para ofenderse, a resultas de la cual amenazaron, hirieron y mataron a unas cuantas personas, mientras las autoridades de todas las grandes religiones del mundo y muchos líderes seculares se debatían entre excusas y silencios, algunos cómplices, otros meramente cobardes.


En el mundo, antes y después de esa fecha, han ocurrido y siguen ocurriendo violaciones grandes y pequeñas de la libertad de expresión y de crítica a las religiones, a sus escrituras, sus edificios, sus líderes y sus personajes ficticios. La elección de este día es, por lo tanto, una convención arbitraria. Todos los días, en algún lugar del planeta, alguien con poder amenaza a alguien con menos poder para mantenerlo en silencio sobre las falsedades propagadas por su religión; casi todos los días alguien es golpeado, herido o asesinado porque ofendido a algún dios, es decir, a una persona que cree hablar por ese dios o estar en contacto directo con él y conocer su voluntad.

El Día de la Blasfemia no tiene como propósito insultar a los dioses ajenos, pasatiempo inútil, si acaso catártico, pero más propio de creyentes que de personas que están en paz con su propia visión realista del mundo. El objetivo de este día es que nadie, por mucho poder que crea haber recibido de sus dioses imaginarios, olvide que no existen cosas sagradas e intocables, salvo aquellos derechos que los seres humanos nos hemos sabido dar y que incluyen el derecho a creer o dejar de creer, a manifestar nuestras creencias e ideologías, a criticar las creencias de los demás y a reírnos, si nos parece, de ellas, sin temor y sin ser acallados: el derecho a dialogar, el derecho a estar en desacuerdo; el derecho a no prestar atención a los textos sagrados, a tacharlos o recortarlos; el derecho a no doblar la rodilla ante los ídolos de otras personas o al paso de patriarcas o príncipes de la iglesia; el derecho a pisar cualquier suelo donde otros puedan entrar, sin importar nuestra religión, nuestro género o nuestra vestimenta; el derecho a la ironía y al sarcasmo, enemigos de la mente literal y cerrada; el derecho, en fin, a ser ciudadanos y no súbditos de ningún poder celestial.

P.D.: Este año, al menos, tenemos una buena noticia. El Comité de Derechos Humanos de la ONU, encargado de controlar la conformidad de las leyes de los países miembros con el Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, ha afirmado el derecho humano a la blasfemia, urgiendo a los países firmantes a terminar con las leyes que prohíben y penalizan la blasfemia, la “difamación religiosa”, la “provocación religiosa”, la crítica a las instituciones y líderes religiosos, etc. Esto representa una derrota, simbólica pero significativa, contra las iniciativas en favor de la restricción de la libertad de expresión promovidas recurrentemente sobre todo por los países islámicos y apoyadas por el Vaticano y otros estados conservadores.

miércoles, 4 de julio de 2012

La llamada libertad de prensa

“Uno de los peligros más formidables que amenazan la pureza de la moral entre los miembros de la Iglesia surge por los libros y escritos perniciosos. Por esta misma razón, la iglesia ha tomado desde el principio y en todos los tiempos tales precauciones contra la mala literatura (…). Si la Iglesia hubiera sido negligente haciendo esto hubiera fallado en un de sus más importantes y solemnes deberes. En nuestros días el peligro causado por los malos libros ha llegado a un nivel nunca semejante antes.

“La inteligencia y la voluntad sin restricciones es la causa real de este aumento. La llamada libertad de prensa, o la abolición de la censura pública es en gran parte responsable de este desasosiego. La iglesia está más que nunca obligada a poner fin al mal con leyes sabias y justas…”
—Enciclopedia Católica online, artículo sobre “Censura de libros”.

lunes, 2 de julio de 2012

No nos dejes caer en la ficción

«Una cuestión interesante es si esta película no tendría que reservarse solamente a mayores. Cualquier adulto distingue realidad de ficción: basta con un poco de cultura. Pero, ante una manipulación de la historia, a un niño le faltan elementos de juicio: no basta añadir el cartel de “ficción”.

»Así como se protege a los menores de las escenas explícitas de sexo y violencia, ¿no habría que protegerlos de la violencia expresada de forma más sutil y, por eso, más insidiosa?»
— Marc Carroggio, responsable del Opus Dei para las relaciones con los medios internacionales, sobre el lanzamiento del film El Código Da Vinci (enero de 2006).

viernes, 30 de marzo de 2012

Podcast, ep. 21: censura a la cienciología en Rusia


En esta edición del podcast de Alerta Religión: la justicia de Rusia prohíbe los libros de la cienciología de Ron Hubbard por considerarlos peligrosos para la salud y la economía de las personas. ¿Está bien tolerar la censura de ciertas ideas peligrosas? ¿En manos de quién queremos dejar este juicio? ¿Cómo analizar las ideas de otras personas si no podemos acceder a ellas?

lunes, 20 de febrero de 2012

“¡Censura!”, gritan los censores

Como la hipocresía y los dobles estándares son característicos de los líderes religiosos y sus seguidores más devotos, no debe sorprendernos la denuncia, que aparece publicada en el Vatican Insider, de que el ejército de Estados Unidos, “violando el derecho de la libertad de palabra y de la libertad religiosa que garantizan la Constitución”, ha censurado la lectura en misa, por parte de los capellanes militares, de una carta enviada por Timothy Broglio, arzobispo Ordinario Militar católico.

La libertad religiosa y la libre expresión son derechos humanos, pero como todos los derechos, no son aplicables de manera irrestricta. El ejército es una de esas instituciones donde está prohibido expresar determinadas opiniones. A uno puede gustarle eso, o no, y en casi cualquier caso yo estaría de acuerdo con el arzobispo en que no permitir la lectura de una carta pastoral en misa es un acto de censura inadmisible. Pero cuando la carta es un llamado a la desobediencia civil, ¿qué espera? ¿No es jefe de los capellanes militares, conociendo por lo tanto las limitaciones a la libertad de expresión que surgen de la estructura jerárquica de las Fuerzas Armadas? ¿A alguien se le ocurre que un ejército puede permitir que un tipo se suba a un púlpito (literal o figurativamente hablando) y arengue a los soldados: “No cumplan con las leyes de su país”?

El Vaticano tiene, como siempre ha tenido la Iglesia desde que se organizó, una gran oficina o departamento de gobierno dedicado exclusivamente al escrutinio y persecución de expresiones que no concuerden con la doctrina oficial. La Iglesia no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y hasta hace un siglo (y más cerca todavía) consideraba esos derechos como impías creaciones de la modernidad, que no deben tener lugar en las leyes de un estado. De hecho la Iglesia siempre ha luchado para influenciar las leyes hacia una mayor restricción de la libertad de expresión y de la libertad religiosa, con la única, notoria, y bastante reciente excepción de los países musulmanes. (Sin más, hace muy poco asistimos al espectáculo de una Iglesia que al mismo tiempo hacía lobby a favor de una ley que castiga la blasfemia en Irlanda, y en contra de las leyes anti-blasfemia que se empezaron a aplicar con creciente dureza contra los cristianos en Nigeria y Pakistán; esto mientras el Vaticano hacía tratos con la Organización de la Conferencia Islámica para apoyar una resolución de la ONU que instaba a los países a perseguir legalmente las blasfemias, críticas o burlas a la religión.)

La dichosa carta pedía a los fieles que resistieran el cumplimiento de la orden del gobierno de Obama sobre la provisión obligatoria de anticonceptivos, esterilización y aborto. Para ser más claro, pedía a los soldados que obstaculizaran, desde su lugar, el acceso a los servicios de salud reproductiva de otros ciudadanos. La carta finalmente no fue leída; los altos mandos (del Ejército y del Vaticano) lo conversaron, borraron la frase clave que incitaba a la desobediencia, y se acordó que se permitiría mencionar la carta en misa y difundirla por escrito.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Por la libertad de Hamza Kashgari

Hamza Kashgari es un periodista árabe saudí de 23 años. La semana pasada posteó en su cuenta de Twitter unas pocas palabras dirigidas figurativamente a Mahoma, el profeta del islam, en el aniversario de su nacimiento. No son de mayor importancia; reflejaban lo que cualquier creyente sensato llamaría sinceras dudas de fe o un agnosticismo meditado.

Pocas horas después había más de treinta mil respuestas; aunque Kashgari borró todo rápidamente, la indignación se extendió como fuego a otras redes sociales. Líderes religiosos pidieron su ejecución acusándolo de apostasía; grupos de Facebook reclamando su muerte alcanzaron rápidamente los miles de usuarios.

El martes, según parece, Kashgari huyó de Arabia Saudita. El jueves fue detenido en el aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia, donde su vuelo a Nueva Zelanda hacía escala. El domingo, las autoridades de Malasia (país que no tiene ningún tratado de extradición formal con Arabia Saudita) lo deportaron a su país de origen, donde le espera un juicio y muy posiblemente la muerte por su “crimen”.

Como señala una editorial en Index of Censorship (una de tantos que están cubriendo este tema), si bien la indignación es genuina, es posible ver en ella también una maniobra política de las autoridades:
La farsa de la ofensa religiosa es un artificio muy mal construido para continuar limitando los derechos humanos básicos de los saudíes, incluyendo la libertad de expresión y la igualdad de género. Promover un clima de miedo y opresión es la mejor garantía de cumplimiento de las normas, y el islam es un llamado de guerra tradicional para las masas, que asegura el apoyo público en épocas de conmoción social. La monarquía está particularmente preocupada por el disenso en un momento en que la región se ve sacudida por protestas que han terminado con el derrocamiento de déspotas de larga data mientras otros debieron acceder a concesiones políticas para evitar la inestabilidad.

Es poco lo que podemos hacer por este joven periodista, aparte de difundir la noticia para que exista al menos cobertura mediática y presión política internacional. Recomiendo al grupo Free Hamza Kashgari en Facebook y publicitar lo ocurrido en todos los foros disponibles. No debemos esperar que la siniestra monarquía saudí o sus clérigos sedientos de sangre demuestren la menor misericordia. Tampoco hay muchas chances de que los países occidentales, socios de Arabia Saudita por su petróleo y con líderes políticos temerosos de ser vistos como “islamofóbicos”, emitan protesta alguna, ni que el Vaticano, aliado táctico del integrismo musulmán y que sólo recuerda la libertad religiosa cuando el islam molesta a la expansión del catolicismo, condene la casi segura pena capital que le tocará a Kashgari si llega a ser juzgado por la “justicia” saudí.

lunes, 6 de febrero de 2012

Confusión de los fieles

Leo en Página/12 una nota sobre la censura eclesiástica de dos libros publicados por la editorial católica San Pablo. Había escuchado hace un tiempo el caso de uno de estos libros; el otro es nuevo para mí. Por orden superior del cardenal William Levada, autoridad suprema de la Inquisición, a Silvio Sassi, superior general de la Sociedad de San Pablo Internacional, y de éste al sacerdote Agustín Cortés García, director de la editorial San Pablo en Argentina, se quitaron de circulación, se descatalogaron y se eliminó toda publicidad de Parejas y sexualidad en la comunidad de Corinto, del pastor metodista Pablo Ferrer, y Sexualidad y condición homosexual en la moral cristiana, del teólogo católico Marciano Vidal, ya que su contenido podría ser “causa de confusión entre los fieles”.

Con tales títulos, no es difícil imaginar qué es lo que motivó la censura. Es posible imaginar, por el contrario, al cardenal Levada y a un gran equipo de acólitos escaneando el mundo cultural católico con el equivalente de un programa antivirus que busque términos potencialmente patógenos como sexualidad (con o sin el prefijo homo-) y otros relacionados, para suprimirlos sumariamente. La Iglesia Católica es una inmensa maquina burocrática con una producción cultural, editorial y mediática que, una vez descontadas las manifestaciones repetitivas y sin sentido de amor divino, deseos de paz y bendiciones varias, se centra en la oposición a derechos y libertades. La libertad de expresión no es un valor para la Iglesia, como tampoco lo es la libertad de formar una familia o de vivir la sexualidad con criterios individuales propios. Hay —dentro de la Iglesia y fuera de ella— quienes creen que instituciones como el Santo Oficio, el Index librorum prohibitorum y la necesidad de Nihil obstat e imprimatur pertenecen al pasado; no podrían estar más equivocados.

Lo único sorprendente aquí es la dolida reacción de Andrea Hojman, directora de la colección Senderos Bíblicos, en la que se publicaron los libros censurados. Hojman dice que sintió “una mezcla de extrañeza, dolor, absurdo, vergüenza” y que el episodio le recordó a las épocas de la dictadura. Uno no puede menos que preguntarse si Andrea Hojman es muy joven, muy ingenua, o si sufrió un lavado de cerebro selectivo: la Iglesia Católica fue soporte y parte integral de la última dictadura; los valores del catolicismo integrista son explícitamente totalitarios. El mero apellido de Hojman le hubiera impedido acceder a un puesto en una institución católica en aquella época, en que el gobierno era conducido por personajes de un antisemitismo grosero y paranoico, como todavía ostentan muchos católicos. (Que ahora pueda dirigir una colección dentro de la editorial San Pablo es un progreso, podría decirse, aunque todo depende, como se ve, de si consigue quedarse callada y bajar la cabeza).

Termina Hojman diciendo:
“…seguramente quienes detentan el control ideológico de la Iglesia Católica entenderán que sus recursos provienen de parámetros de otro orden, que no coinciden con las democracias civiles y que pretenderán perpetuar los escenarios de doble estándar. Pero en la Argentina, donde se publican estos libros que los incomodan, vivimos en democracia.”
No ha entendido, evidentemente, que la editorial San Pablo, como cualquier otra institución que dependa y se someta al control de la Iglesia Católica, no es ni puede ser jamás democrática. La Iglesia es una institución monárquica, teocrática, absolutista y vertical. Cada editorial católica, cada colegio, universidad, sanatorio, orfanato, retiro de ancianos que ostente con autorización el calificativo “católico”, es, como cada parroquia y cada catedral, un territorio extranjero, que con anuencia del Estado se sustrae a las reglas democráticas. Que nadie se extrañe de que la Inquisición siga viva.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Ideas peligrosas

Russell Blackford, filósofo, sobre la libertad de criticar y desafiar las religiones y cosmovisiones de la gente:
«Una parte importante del rol de las universidades es la creación de un espacio donde lo que parecen ser ideas de sentido común —que nos son legadas a través de la socialización y la tradición— puedan ser expuestas a la luz y desafiadas. Una de las cosas que queremos de los académicos, especialmente en campos como la filosofía, es la capacidad y el coraje para atacar ideas populares, incluyendo las ideas populares sobre la moral. Esta clase de crítica intelectual, que puede involucrar el desarrollo de críticas impopulares de cómo piensa la gente común, es una forma en que progresamos como sociedad.

»Los pensadores acomodacionistas del estilo de Ecklund o, digamos, de Chris Mooney, quieren volver esto del revés. Su idea es vender un producto —por ejemplo, la ciencia— mostrando cómo es seguro para el público consumirlo sin desafiar sus cosmovisiones existentes (que pueden estar basadas en la religión o en la moral tradicional). Se toman como grupos demográficos personas con diferentes cosmovisiones, y la idea es venderles la ciencia.

»Pero la ciencia y el estudio académico son peligrosos: no necesariamente en el sentido de que crean riesgos físicos, sino en que pueden llevar a ideas que socaven la sabiduría convencional. Las universidades son lugares donde ideas (en este sentido) peligrosas son creadas, refinadas y probadas en debate. Sugerir otra cosa y adoptar la estrategia de marketing que promueven los acomodacionistas es profundamente ignorante y antiintelectual.»
(Citado por Ophelia Benson.)

miércoles, 4 de enero de 2012

La trampa de la intolerancia

No me resulta fácil citar con aprobación una fuente de la Iglesia Católica; reconocer que por una vez reportaron los hechos de una noticia sin demasiados retoques apologéticos ni distorsiones. Hace unos días DesInfoCatólica advirtió El lobby gay pretende que se vete un libro sobre la homosexualidad en El Corte Inglés, refiriéndose a Comprender y sanar la homosexualidad, del psicoterapeuta estadounidense Richard Cohen. Del título sólo se puede objetar en forma menor que el libro no es sobre la homosexualidad sino sobre la visión irreal y anticientífica que Cohen tiene de la misma; de la bajada de la noticia, que llame a Richard Cohen “psicoterapeuta” sin mencionar que en 2002 American Counseling Association le quitó su licencia debido a —entre otras cosas— “buscar satisfacer sus necesidades personales a expensas de los clientes, explotar la confianza y dependencia de los clientes, y requerir testimonios personales o promover productos en forma engañosa”.

Lamentablemente el grueso de la noticia era correcta; la Federación Andaluza de Asociaciones LGTB (el pomposamente llamado “lobby gay”) recolectó firmas para exigir que se retire de la venta el libro en la cadena española de almacenes por departamento El Corte Inglés, argumentando que promover una obra que califica a la homosexualidad como un trastorno psicológico es discriminatorio. La protesta, como suele ocurrir en estos casos, sólo contribuyó al éxito del libro, al pasarse la posta de la indignación los colectivos católicos antihomosexuales. Inútil es señalar las instancias recientes de pedidos de censura de esos fanáticos religiosos a publicidades, libros, obras de arte y otras producciones culturales de todo tipo, como así también sus intentos por suprimir de la educación toda ideología y toda ciencia que no concuerde con sus dogmas y doctrinas; inútil también recordarles su larga historia de prohibición y quema de libros (a veces acompañados de sus autores). Se trata de personas que se enorgullecen de ser intolerantes y para quienes esta táctica de la Federación LGTB vino como anillo al dedo para señalar “la intolerancia de los tolerantes” (dicha esta última palabra con tono de desprecio, el mismo que utilizan al hablar de los “progres”). Este orgulloso desprecio es el que les ayuda a ver inmensas vigas en los ojos ajenos sin notar ni una brizna de paja en el propio.

Tengo más para decir sobre Richard Cohen y sus ideas (El País le hizo una entrevista, por si alguien desea informarse, teniendo en cuenta que se trata casi seguramente de un aviso pagado), pero más que el contenido del libro me preocupa la reacción a él. Si exigimos que no se venda porque es científicamente y políticamente incorrecto, ¿con qué argumento no pedimos también que se quiten de circulación cientos, miles de otros libros de esta clase? En cualquier librería grande hay libros de autoayuda que transmiten una visión fantástica y potencialmente muy dañina del mundo y de los seres humanos. ¿Y qué pasará cuando otros pidan que se prohíban los libros que nos gustan? Podemos argumentar que no es lo mismo porque nosotros tenemos la razón (la ciencia, los derechos humanos, la modernidad) de nuestro lado. ¿Importa eso, en la práctica? Es obvio que no, que nunca ha importado, que lo que vale es el poder de lobby.

Quizá debamos pensar en una estrategia distinta. Quizá debamos pedir, como clientes y consumidores, que al lado de cada libro promoviendo una cura para la homosexualidad haya uno que promueva la autoaceptación de la sexualidad propia; que junto a cada panfleto apologético haya un estudio serio de los textos sagrados que demuestre su inspiración puramente humana; que junto a cada hagiografía complaciente haya una biografía. Más libros, no menos, jamás.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La democracia soy yo

“El gobierno tiene este complejo de inferioridad de que tiene que ser demócrata con los que protestan y con los pervertidos, los anticlericales y los anticatólicos.” 
—Alejandro Bermúdez, director de la agencia informativa católica ACI. De su podcast “Punto de Vista” del 22 de agosto de 2011 (5:15), hablando de por qué el gobierno de Madrid permitió una marcha de protesta contra la Jornada Mundial de la Juventud. 

viernes, 15 de julio de 2011

Podcast, episodio 5

En esta edición del podcast de Alerta Religión hablo del pedido oficial de las iglesias católicas, evangélicas y protestantes a los misioneros para que no chantajeen ni engañen a aquellos a quienes desean convertir, de los grititos de víctima del vocero de la arquidiócesis de México por el “aberrante” cercenamiento de su libertad para hacer proselitismo político desde el púlpito, y de lo que mantenía la Iglesia sobre esa libertad de expresión hace apenas un siglo y cuarto.

viernes, 1 de abril de 2011

La burla, la intolerancia, y lo que va de una a otra

Escribo esto como lamentable continuación a mi artículo anterior en que intenté argumentar que la burla a la religión no equivale a intolerancia religiosa. Digo “intenté” porque realmente no sé si lo logré; aunque para algunos fue uno de los mejores artículos de Alerta Religión, hay quien no quedó convencido (o no entendió nada). Al menos pude charlar un poco con quien motivó el post y matizamos nuestro desacuerdo.

Tengo que escribir ahora esto porque, después de varios días de revuelo levantado por el infame grupo de presión católico HazteOír (rebautizado por los inventivos ateos españoles como HázteloMirar o HazmeReír) a causa de la “procesión atea” planeada en Madrid para la Semana Santa, los integrantes de “Ateos en Lucha”, uno de los grupos organizadores, han salido a reivindicar nada menos que la quema de iglesias. En particular la quema de las Escuelas Pías de la plaza de Agustín Lara (Madrid), en 1936.
“Esa Iglesia la quemó el pueblo de Madrid, en la revuelta que hubo con la República. Para nosotros es una referencia imprescindible.”
Eso, señores abanderados del respeto, es intolerancia. “Para nosotros es una referencia” es una forma elegante de decir “a nosotros nos gustaría imitar eso”. Pero fíjense lo otro que también dijo el representante de Ateos en Lucha, y que no es intolerancia, aunque los escandalizados católicos han aprovechado para meterlo todo en la misma bolsa:
“Somos un frente de ideas que estamos exclusivamente para castigar a la conciencia católica. Nuestro propósito es hacer daño en la ideología de la gente.”
Confío en que se nota la diferencia, aunque (precisamente porque sé que hay quienes no entienden la diferencia), voy a repetir lo que he escrito mil veces ya antes: atacar ideas no es lo mismo que atacar a la gente.

No estoy inventando esto.

Hacer daño a la ideología de alguien, burlarse de sus creencias, ridiculizar sus ideas, obligarle de manera chocante a ver que eso que ama tanto hacer no es lo que todos queremos, eso no es intolerancia. Se puede hacer bien o mal, se puede hacer de manera payasesca y desagradable, se puede incluso hacer de forma tan inepta que termine asustando o disgustando a tus posibles aliados, pero está dentro del derecho. Faltaría más, que un grupo religioso pudiera tomar una calle con gente vestida como el Ku Klux Klan o portando instrumentos de tortura y ejecución estilizados, y que un grupo similar, irreligioso, no pudiera salir a la calle a proclamar su versión. (El carnaval era tradicionalmente ocasión de licencia y abandono, permitido como desahogo antes de las penurias obligatorias de la Cuaresma y de la tristeza obligada del Viernes Santo. ¿Por qué dejamos todavía que la Iglesia, amante del dolor y contraria a la sensualidad, nos dicte los tiempos en que podemos salir de carnaval y los días en que ya no podemos expresar alegría en la calle?)

Sí es intolerancia, y es un discurso de odio y de amenaza, recordar en voz alta y reivindicar la quema de  iglesias (y lo que viene con ello, que no es simplemente el delito de prender fuego a edificios). Se puede entender que en España haya nostálgicos de aquellos tiempos violentos, porque al fin y al cabo, poco y nada se ha hecho por compensar a las víctimas de una guerra civil que la Iglesia Católica instigó como cruzada y por cuatro décadas de dictadura amparada por esa misma Iglesia. Se entiende la rabia de un grupo radicalizado, pero no se puede justificar. Bromeamos entre nosotros, a veces, con aquel famoso “La única iglesia que ilumina…”, pero —creo— la mayoría no lo decimos en serio. Creo que los organizadores de la procesión atea deberían expulsar inmediatamente a este grupo, aunque eso signifique cancelar todo el evento.

El daño está hecho, aunque de todas maneras, los ultracatólicos no necesitaban ni la mitad de eso para repetir su cantinela habitual. Aquí abandono un poco el tono serio, porque la verdad, es muy entretenido leer a los cavernícolas buscando formas de expresar su indignación:
Que rabia infecta deben tener los ateos contra la Iglesia, que obsesión con destruir su presencia en la tierra. El mismo Belcebú padre instigador de la mentira debe azuzar las almas de estos infelices hacia una protesta que atenta al buen gusto.
¡Un ser mitológico maligno les dio a los ateos la idea de atentar contra el buen gusto para destruir a la Iglesia! ¡Es terrible! ¡El Estado debe intervenir!
 Y además lo hace provocando un escándalo en fechas significativas en el acervo religioso del pueblo. La Semana Santa tiene una larga tradición que uno puede libremente ignorar, pero nunca atacar.
¡Una larga tradición no se puede atacar! ¡Es un escándalo! ¡Cualquier día de estos van a venir los ateos a querernos sacar otras tradiciones que emergen de lo más profundo del acervo del pueblo, como el sometimiento de la mujer, golpear a los homosexuales o quemar libros blasfemos en la plaza pública!

Por supuesto, en España hay una ley, contraria al derecho internacional sobre libertad de expresión, que castiga a quien ofenda los sentimientos religiosos de la mayoría nominal católica. A esa ley se acogen quienes denuncian al clown Leo Bassi por burlarse del papa, entre otras cosas. Al menos estos intolerantes van por la vía legal (la vía de una ley intolerante, creada para complacer a los intolerantes). Otros intolerantes, con menos contemplaciones, atacaron ayer en Barcelona una obra de teatro, Gang Bang, al grito de “Viva Cristo Rey, viva Franco, vivan los sacerdotes de Cristo”, amenazando al elenco con un taburete. Contra ellos cabe aplicar la ley penal común, supongo, pero no hay ley en España (que yo sepa) contra la reivindicación del dictador y de sus siniestros aláteres de sotana.

sábado, 3 de julio de 2010

¿Ya cocinaste a Cristo hoy?

¡Hoy es el Día de Cocinar un Cristo! ¿Ya guisaste, horneaste, asaste o herviste al Hijo de Dios en este día?

El Día de Cocinar un Cristo (o Día de Todos-Cocinemos-a-Cristo, Everybody Bake Jesus Day) surgió hace poco como una iniciativa contra las leyes que penalizan la blasfemia, la crítica mordaz a la religión o la burla a los sentimientos religiosos. Me plagio a mí mismo para explicar:
Resulta que el cantautor español Javier Krahe grabó, en 1978, un corto video satírico donde mostraba “cómo cocinar un Cristo para dos personas”. En 2005 algunos fotogramas del video fueron utilizado como fondo para una entrevista a Krahe emitida por el programa Lo+Plus, de Canal+. Eso bastó para que una organización integrista católica demandara a Krahe por “atentar contra los sentimientos religiosos”, un delito según la ley española, solicitando una multa de €192.000.
Mi compañera y yo decidimos lanzarnos a la tarea haciendo un “Cristo de jengibre”. Como yo no tengo mucha mano para la repostería, colaboré apenas en el trazado de la figura (y la aureola también fue idea mía). Mi compañera amasó, extendió la masa y la vigiló para que no se pasara. Hicimos al Hijo de Dios y su cruz; lo que sobró fue destinado a unas hostias profanas.


Jesús quedó un poco mantecoso para nuestro gusto, pero se dejaba comer (con mermelada de frutilla). El cabello, los ojos y la barba, al igual que los clavos, fueron de chocolate.


Ahora a lo serio. Blasfemar puede ser la forma en que uno expresa su enojo; burlarse groseramente de la religión del prójimo puede ser el pasatiempo de cualquier idiota o de personas genuina y justificadamente molestas. El propósito de este ejercicio de blasfemia no es reivindicarla ni tampoco divertirse (aunque algo de eso hubo en nuestro caso). Mi léxico habitual no incluye blasfemias, y no tengo por costumbre tomarme el trabajo de escandalizar a los creyentes profanando imágenes. Pero si así fuera, está claro que no merecería ser multado con miles de euros. Que hablen de mí, que me califiquen como un maleducado o un tonto: a eso está expuesto cualquiera que se exprese, y así debe ser.

Y hay que tener en cuenta que la blasfemia y la burla a la religión están en el ojo de quien las ve. A Javier Krahe le ha caído una multa por un videíto de menos de un minuto filmado en 1978, sólo porque a unos beatos con abogados se les ocurrió rebuscar y desenterrar el video burlón y la vetusta ley que lo castiga. Cualquier cosa puede ser considerada ofensiva para los sentimientos religiosos de alguien, si ese alguien se lo propone y si el juez encargado de decidir es suficientemente puritano o influenciable. Por eso las ofensas a los sentimientos, la burla a las ideas y los ataques a las creencias y doctrinas de cualquier tipo no pueden ser sujetos de ley. Las leyes contra la blasfemia y la ofensa son una herramienta peligrosísima y una amenaza a la libertad de expresión de todos.

martes, 22 de junio de 2010

Día de Cocinar un Cristo: 3 de julio

Javier Krahe
Resulta que el cantautor español Javier Krahe grabó, en 1978, un corto video satírico donde mostraba “cómo cocinar un Cristo para dos personas”. En 2005 algunos fotogramas del video fueron utilizado como fondo para una entrevista a Krahe emitida por el programa Lo+Plus, de Canal+. Eso bastó para que una organización integrista católica demandara a Krahe por “atentar contra los sentimientos religiosos”, un delito según la ley española, solicitando una multa de €192.000.

A partir de esto se ha creado en Facebook el evento denominado “Día de Cocinar un Cristo” (en inglés, Everybody Bake Jesus Day), para el 3 de julio. La iniciativa partió de Nirmukta, una organización que promueve el librepensamiento en la India, al enterarse del asunto Krahe por un post en el blog de PZ Myers, Pharyngula, quien a su vez había sido advertido por José María Mateos, alias RinzeWind, quien escribe Las penas del Agente Smith. La convocatoria:
Apoya la libre expresión cocinando a Jesús en tu tarta, galleta, pastel, bollo, lo que sea favorito. Monta una barbacoa y asa costillas de cerdo con forma de Jesús. Si eres vegano, cocina un Jesús de tofu. Quizá prefieras juntarte con tu vecino Jesús y “cocinar” juntos.
Creo que es una buena manera de aprovechar el empuje de eventos como el Día de Dibujar a Mahoma (que se realizó el 20 de mayo), sin olvidar tampoco el Día de la Blasfemia (30 de septiembre). Dudo que muchos en España supieran que existía esta ley. Nos sorprendimos cuando Irlanda aprobó su ley contra la blasfemia, pero la española parece incluso peor. Eventos como éstos, que saltan a los blogs masivos y de allí a los medios, son necesarios para lograr que el público en general sepa el riesgo que corre su libertad de expresión.


Dirán muchos que ejecutar una burla elaborada a la fe es una provocación y una falta de respeto. ¿Y bien? Una persona racional no debe responder a las provocaciones, y las faltas de respeto no deberían ser objeto de la ley, salvo que vayan acompañadas de daños reales o de amenazas de violencia. Si yo insulto a alguien y ese alguien me golpea, el daño lo ha hecho él, no yo. Otros dirán que no se sienten personalmente coartados en su libertad porque ellos nunca blasfemarían con tanta alevosía. ¿Están seguros? ¿Y quién va a decidir eso? En Irán el gobierno ahorcó a varios disidentes hace poco luego de calificarlos como “enemigos de Dios”. En la misma España bajo el franquismo, como aquí en Argentina durante la última dictadura, criticar el catolicismo de estado equivalía a socavar las bases de la sociedad, y por extensión, atacar al gobierno. Aquí mismo tiene buenas chances de ser aprobada una ley para privilegiar la protección del discurso religioso.

En cualquier estado donde una religión predominante tenga influencia está latente la utilización de los sentimientos religiosos como excusa para el castigo legal, dándole al gobierno una vía para la supresión de otras críticas. Aun sin contar con eso, toda ley que castigue algo tan nebuloso, tan vagamente definido como un “ataque a los sentimientos religiosos” es una invitación al abuso. Así que vamos: ¡a cocinar a Jesús se ha dicho!

viernes, 28 de mayo de 2010

La “libertad religiosa” avanza (A190)

En septiembre del año pasado hablábamos del proyecto de ley de “libertad religiosa” de la diputada Cynthia Hotton, que con la excusa de la igualdad le da a todas las congregaciones religiosas los mismos privilegios que ya tiene la Iglesia Católica, y añade algunos más. El proyecto ingresó formalmente a la Cámara de Diputados en abril de este año y fue “presentado” unos días después. El gobierno nacional, a través de la Secretaría de Culto, apoyó la iniciativa; el oficialista Frente para la Victoria, que es primera minoría legislativa, tenía un proyecto rival, pero aparentemente lo ha desechado o lo ha fundido con éste.

Para advertirnos de esta iniciativa y seguir las novedades se ha creado un grupo en Facebook, No a la ley de privilegio a las religiones de Cynthia Hotton, que recomiendo (las noticias de Alerta Religión que tengan que ver con este tema serán reposteadas allí).

Las objeciones que desde aquí podemos hacer al proyecto de ley se resumen en dos puntos:
  1. Todo lo bueno que hay en él, excepto la equiparación de la Iglesia Católica con las demás religiones, es innecesario, porque ya está contemplado por leyes más generales (por ejemplo, la agresión física, la intimidación, la disrupción de eventos y reuniones, etc.).
  2. Todo lo que no es redundante en el proyecto apunta a conceder a las religiones privilegios extraordinarios, adicionales a los que ya poseen.
El segundo punto es desde luego el más importante. Por un lado se les darían a las congregaciones religiosas ciertos privilegios, como exenciones impositivas y la inembargabilidad de los bienes, que no se les conceden a ningún tipo de organización secular; y por el otro, las facilidades que se otorgarían para el registro de nuevas religiones hacen que el proyecto sea una invitación al fraude: cualquiera puede acceder a estos privilegios injustos con un mínimo de trámites. Implícito en esto está la idea de que una organización religiosa es de alguna manera superior, más merecedora de existir y prosperar, que una organización de otro tipo; que la práctica de la religión es una actividad más provechosa para la sociedad que otras expresiones humanas; que una religión, a diferencia de otras actividades, es buena per se y no requiere justificativos para constituirse como organización protegida por el Estado.

Además de estos privilegios y otros, hay modificaciones al Código Penal que crean penas especiales para los delitos contra la práctica religiosa y sus ministros, formuladas con un lenguaje que admite interpretaciones represivas. Está penado insultar o amenazar a un ministro de cualquier religión, o a los fieles, durante un acto de culto. ¿Quién determina qué es un insulto? ¿El pastor o sacerdote? Aparentemente sí. También es delito, y con pena mayor a las normales, profanar un templo o dañar objetos sagrados. ¿Qué es sagrado? Lo define la religión.

Con esta ley, puedo juntar unos cuantos fieles, comprar una casa, declararla mi templo, hipotecarla y olvidarme de pagarlo; y para más seguridad, declarar que según mi religión, son sagrados los automóviles y las joyas de oro que he comprado con los diezmos de los creyentes, como así también mis libros contables. Asimismo constituye un insulto referirse a mí de otra manera que no sea como “Su Excelencia”, y cada vez que esto se hace debe depositarse un billete de diez pesos en una urna (también sagrada) que está en el templo; de lo contrario el templo queda profanado.

Si lo anterior suena como una caricatura, recuérdese que estamos hablando de Argentina, país donde todo es posible, y de religiones, donde todo, absolutamente todo, no importa cuán ridículo, es posible. Más seriamente, estamos hablando de una ley que permite graves abusos (la ocasión hace al ladrón, etc.) y que no parece tener otro objetivo que beneficiar a unos pocos (los líderes religiosos), discriminando a todos los demás. En Argentina hay discriminación racial y étnica, pero prácticamente no tenemos conflictos interreligiosos. Lo que sí hay es una gran variedad de prácticas religiosas y de saludable disenso dentro de las grandes religiones, que es una de las tantas cosas que esta ley puede amenazar. Ésta no es una ley para la libertad: es una ley para el privilegio de los que controlan el poder religioso.