Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio homosexual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta matrimonio homosexual. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de diciembre de 2013

Rusia contra los homosexuales (una más y van…)

Rusia parece estar haciendo grandes esfuerzos por volver atrás el reloj del progreso y convertirse en uno de los lugares más odiosos del Occidente cristiano. En una de las últimas tentativas en ese sentido, el parlamento, contagiado del beaterío retrógrado de la Iglesia Ortodoxa, hizo ley otra medida destinada a marcar a los homosexuales como indeseables. Así lo anuncia, con rencoroso placer, el sitio de propaganda integrista InfoCatólica:
Las adopciones de niños rusos sólo se permitirán a Italia, que no admite el «matrimonio» gay. Lo ha declarado hoy el representante del Kremlin para los derechos de la Infancia, Pavel Astakhov, como informa la agencia Interfax. «Actualmente Italia es el único país en el que los ciudadanos tiene la posibilidad de adoptar niños rusos», ha explicado Astakhov, «porque este país no reconoce el «matrimonio» homosexual, y, en consecuencia, no debemos cambiar nada en el acuerdo vigente y, además, ellos respetan los términos de este acuerdo».
La ley, aprobada en junio, dictamina que no se pueden dar niños rusos en adopción a gente de ningún país que reconozca el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Rusia sólo tenía acuerdos de adopción con algunos países europeos y con Estados Unidos; estos últimos quedaron invalidados por otra ley, dictada en represalia por Rusia luego de un escándalo internacional que nada tuvo que ver con el asunto, y de los países europeos con los que Rusia tenía acuerdos, sólo Italia permanece a la zaga del resto considerando a las parejas homosexuales como indignas de reconocimiento estatal. Nótese que la ley no prohíbe meramente dar niños en adopción a parejas del mismo sexo de ciertos países, sino que elimina toda posibilidad de acuerdo con esos países, sin más.

A diferencia de la mayoría de los países civilizados, en los últimos años en Rusia la homofobia ha aumentado en vez de disminuir. Los legisladores rusos no hacen sino responder a esa tendencia, quizá por su propio odio, quizá afectando lo que creen que les traerá adhesiones. Los homosexuales son el chivo expiatorio de un gobierno en decadencia, blanco de violencia entre cuyos autores se mezclan seguidores de la Iglesia Ortodoxa y grupos neonazis. Putin ha llegado a decir que los gays están despoblando Europa, idea que nos resulta familiar a los que prestamos atención a las divagaciones de los “pro vidas” católicos y de los papas; para el patriarca ruso Kiril, reconocer los matrimonios homosexuales es un signo del apocalipsis. Todo el asunto es una mezcolanza tóxica entre un nacionalismo exacerbado con una identidad vinculada patológicamente al cristianismo y una confluencia de intereses entre el autoritarismo de Putin y el fanatismo medieval de los ortodoxos.

(Vale la pena leer los tres o cuatro comentarios en la nota de InfoCatólica que cité al comienzo. Le dan a uno escalofríos pensar en lo que haría esta gente con aquéllos que les caen mal si tuvieran detrás el poder de un gobierno para hacerlo.)

lunes, 18 de noviembre de 2013

Hagamos un exorcismo contra el matrimonio gay

¡Ay, es que estos católicos están tan locos…!


Veamos: no es cuestión de quedarse con el titular, que desde luego lo deja a uno con la sensación de que este buen hombre de Dios está como una cabra. Hay que leer y tratar de entender las razones, que están muy bien explicadas. Para empezar, no es una locura porque ya lo dijo Francisco (que además de ser el único representante comercial legítimo del creador del universo, es infalible a discreción):
El contexto para esta oración puede entenderse recordando las palabras del papa Francisco cuando tuvo que afrontar una situación similar (…).

Respecto a la re-definición del matrimonio civil en Argentina, el entonces cardenal Bergoglio escribió el 22 de junio de 2010: «El pueblo argentino deberá afrontar, en las próximas semanas, una situación cuyo resultado puede herir gravemente a la familia. Se trata del proyecto de ley sobre matrimonio de personas del mismo sexo. (…) No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios.»
Efectivamente, el hoy héroe de la izquierda (que cree que existe un ser malvado y poderoso llamado variadamente Lucifer, Belcebú, el Demonio, el Diablo, etc., y que la gente que quiere casarse con gente de su mismo sexo trabaja para el susodicho) escribió hace tres años una carta a unas hermanitas religiosas explicándoles que había que oponerse con fuerza a que el estado extendiera reconocimiento legal a parejas del mismo sexo. La carta no debía trascender, ya que el arzobispo Bergoglio cultivaba, como ahora, un perfil político moderado (es decir, hipócrita), pero se filtró, y por un tiempo (hasta su transformación instantánea en ídolo de masas y tuitstar) Bergoglio debió llamarse a silencio mientras miles de personas decentes lo insultaban y luego se reían de él.

Quien reporta con aprobación la iniciativa del obispo Paprocki es el insufrible Juanjo Romero, director técnico de la agencia de desinformación InfoCatólica y miembro de la fachada católica HazteOír. Romero (que por alguna razón cree útil incluir en su mini-biografía que es padre de familia numerosa y fumador) explica, para información de los feligreses y de nosotros, pobres ateos perdidos:
Las oraciones de «Súplica y Exorcismo que pueden ser utilizadas en circunstancias especiales de la Iglesia» están tomadas de los Apéndices de la Edición Latina de 2004 del Ritual de Exorcismos, en cuya introducción se explica que «La presencia del Diablo y otros demonios se pone de manifiesto no solo cuando tienta o atormenta a las personas, sino también por la intervención de su acción en cosas y lugares, de alguna manera, así como por las diversos modos de oposición y persecución contra la Iglesia. Si un obispo diocesano, en circunstancias especiales, considera conveniente convocar a los fieles a rezar juntos, presididos y dirigidos por un sacerdote, se pueden tomar textos de estos apéndices para preparar la oración de súplica».
Son instrucciones y están en un libro, con título y todo, así que debe ser verdad, ¿no?

viernes, 25 de octubre de 2013

Brasil: homofóbicos y racistas al frente de la política de derechos humanos

Bruno Bimbi, en Tod@s, denuncia desde Rio de Janeiro que “aliados homofóbicos de Dilma ahora también quieren legalizar el racismo en Brasil”. Los susodichos son miembros de lo que informalmente se conoce como el “partido evangélico”, con el cual se alió el Partido de los Trabajadores para poder llevar a Dilma Rousseff a la presidencia. Y lo que han hecho para continuar demostrando poder y acumulando privilegios ante la ley es de una caradurez suprema.
La Comisión de Derechos Humanos y Minorías, secuestrada desde marzo de este año por los fundamentalistas, que por un acuerdo con la coalición gobernante consiguieron colocar en su presidencia al pastor racista y homofóbico Marco Feliciano, aprobó un proyecto de ley que exime a las “organizaciones religiosas” del cumplimiento de la Ley contra el Racismo, por lo que podrían, por ejemplo, expulsar de sus cultos o negarse a celebrar casamientos entre personas negras, indios o inmigrantes. (…)

Su autor es el diputado Washington Reis, del PMDB, el principal partido aliado al gobierno, donde militan el vicepresidente Michel Temer y los presidentes de ambas cámaras del Congreso, y el relator del proyecto es el diputado Jair Bolsonaro (…), militar retirado acusado de violaciones a los derechos humanos, que reivindica la dictadura, defiende públicamente la tortura y tiene como principal obsesión política la persecución contra gays y lesbianas.
El proyecto no ha sido aprobado por el pleno de la Cámara de Diputados. Según Bimbi, el destino de la mayoría de los proyectos contra los derechos humanos y las minorías aprobados por la Comisión de Derechos Humanos y Minorías es el olvido o la derrota, pero su sola discusión es propaganda gratuita para los intolerantes y para los que se fingen intolerantes con el objetivo de ganarse a una clientela fanática.

sábado, 6 de abril de 2013

Matrimonio gay, poliamor y presunciones indebidas

Cuando leí en ACI un titular al efecto de que los matrimonios homosexuales llevarían —según unos supuestos expertos— a la poligamia institucionalizada, lo mandé a mi papelera de reciclaje mental al principio, como casi todo lo que sale de ACI citando a esos “expertos” que la academia católica produce de manera endogámica y como en cadena de montaje.

Los expertos en cuestión son un jurista, un filósofo y un estudiante de filosofía política. La fuente original es una nota de opinión en el sitio de CNN, “que usualmente promueve la ideología y la agenda gay”, como truculentamente advierte ACI; la nota es un aviso pagado de un libro del trío. En su apuro por propagar el terror, el beaterío olvida mencionar a Ryan T. Anderson como co-autor, e introduce en cambio a un tal William Simon, de la Heritage Foundation… que murió hace trece años. (El error evidentemente proviene del hecho de que Anderson ocupa una cátedra con el nombre de Simon en la Heritage Foundation.)

Como de costumbre, la prensa católica busca aparecer imparcial cuando cita fuentes externas, supuestamente científicas o académicas, para justificar sus prejuicios y doctrinas arbitrarias. Olvida, entonces, mencionar que el jurista Robert P. George es considerado “el intelectual cristiano conservador más influyente de Estados Unidos” y que fue presidente de una organización específicamente creada para oponerse al matrimonio igualitario, la principal promotora de la infame Proposition 8 del estado de California, y conocida por sus tácticas de propaganda mentirosa contra los homosexuales y su aliento a la desobediencia de la ley civil respecto al matrimonio. Olvida también decir que Anderson fue editor asistente del periódico First Things, cuya misión es “promover una filosofía pública informada en temas religiosos para el ordenamiento de la sociedad”, es decir, un vehículo para la apología religiosa (judeocristiana). Los tres “expertos” están a su vez vinculados entre sí y con diversas organizaciones pertenecientes a la derecha cristiana conservadora autodenominada “libertaria”, que en su discurso público enfatiza —irónicamente— un estado pequeño y que no se entromete en asuntos religiosos. (Uno de los temas que resaltan en las misiones de estas organizaciones y los campos de experticia de estos académicos es la “libertad religiosa”, entendida obviamente como la libertad de los cristianos reaccionarios para preservar el statu quo de privilegio del que gozan.)

Antes del libro estos tres autores prepararon el terreno con un paper, titulado What Is Marriage (“Qué es el matrimonio”), que mereció una crítica algo compleja que quisiera compartir (su autor es el filósofo Richard Yetter Chappell).

Para empezar, la llamada “defensa del matrimonio” (es decir, la discriminación contra el matrimonio entre personas del mismo sexo y su restricción legal a las parejas heterosexuales) se basa en la llamada visión conyugal del matrimonio, según la cual el matrimonio es distinto de cualquier otra relación porque en él se ponen en juego de forma comprehensiva nuestros cuerpos con un propósito específico (la procreación) para el cual estamos biológicamente preparados y que no podemos realizar sin esa unión. Estamos incompletos sexualmente y el matrimonio hombre-mujer es la única relación “correcta” que resuelve esa incompletitud. Cualquier otro tipo de unión no es tan completa.

La principal crítica aquí es que todo esto es una presunción metafísica y que estos axiomas metafísicos no son un buen punto de partida para las leyes. Otras relaciones humanas pueden ser igualmente especiales y valorables, incluyendo las relaciones de profundo amor o amistad o complementariedad que no incluyen el sexo (como el caso de parejas incapacitadas para el sexo o sin deseo sexual). Para los autores del paper, pensar en llamar matrimonio a estas otras relaciones llevaría a que la gente empiece a relajar sus exigencias hacia sus propias relaciones matrimoniales.

El asunto del poliamor también está en el paper, pero no en la crítica que acabo de citar. Baste decir que los argumentos se basan en el miedo; tantos estudios académicos no logran que estos tres autores lleguen a algo más que, en efecto, profetizar que si se le da a la gente la posibilidad de casarse con personas del mismo sexo luego querrán hacerlo con varios cónyuges a la vez, con sus padres, con sus hermanos o con animales. Son las mismas ideas que, con menor sutileza pero idéntica incomprensión e intolerancia, profirieron curas, obispos y otros mercenarios académicos de la Iglesia Católica cuando se debatía el matrimonio igualitario aquí en Argentina y en otros lugares. Son las mismas porque no hay otras y porque de todas las argumentaciones falaces ésta, que se basa en la repulsión al sexo, es la más sencilla de todas.

lunes, 26 de noviembre de 2012

El lobby gay francés vs. la objeción de conciencia

El presidente de Francia, François Hollande, hizo campaña prometiendo que haría aprobar legislación para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, y se está preparando ahora para cumplir su promesa. Hace pocos días, luego de grandes manifestaciones de gente que —según ellos mismos— ama a los homosexuales pero quiere que sigan siendo ciudadanos de segunda —pero los aman profundamente, ojo—, Hollande sugirió que podría dejar que cada alcalde de cada ciudad de Francia decidiera según su conciencia si casaría a parejas del mismo sexo o no. Ante el furor que desató, tuvo que desdecirse. El ida y vuelta es una mancha en su curriculum político pero terminó, al menos, del lado que correspondía.

¿Cómo se decidió Hollande a respetar su promesa de campaña sin medias tintas ni compromisos indebidos? Aparentemente el “lobby gay” lo amenazó. Probablemente un grupo comando formado por hombres musculosos, vestidos de spandex rosa y cuero con tachas, irrumpió en su oficina tirando abajo la puerta y lo amenazaron con someterlo sexualmente. El lobby gay es terrible.


Los fanáticos cristianos, sean católicos o evangélicos, aman hablar del lobby gay. Es posible que incluso fantaseen con él, en la forma en que yo lo he presentado hipotéticamente. El lobby gay tiene el poder de torcer la voluntad de casi cualquiera, incluso el presidente de un país del Primer Mundo elegido por más de la mitad del voto popular. El lobby gay controla la Casa Blanca, Hollywood, las Naciones Unidas, las escuelas públicas británicas… La gente común y normal (o sea heterosexual) sólo apoya a los candidatos del lobby gay porque les han lavado el cerebro, luego de privarlos en la niñez de ese muro infalible contra las influencias homosexuales y otras perversiones que solían proveer el catecismo obligatorio y la educación segregada por sexos bajo el férreo control de curas y monjas.

Ya en serio, ¿por qué no permitir a un funcionario que haga objeción de conciencia si no desea oficiar una ceremonia que contraría sus creencias? En primer lugar, porque si la ceremonia es civil, las creencias religiosas deben quedar afuera; lamentablemente, explicar esto no sirve de nada porque los creyentes devotos del cristianismo, como los del islam, son inherentemente integristas, totalitarios: la religión no es una parte separada de sus vidas civiles. Esto es inconveniente pero razonable. En segundo lugar: porque un funcionario que no puede cumplir con una tarea debe renunciar a su puesto; una objeción de conciencia es un acto excepcional, no un pase libre para no hacer lo que no me cae bien. En tercer lugar, y esto sí va al fondo del asunto porque es de la esencia de lo que significa objeción de conciencia en el derecho: no se puede utilizar la objeción de conciencia como si fuese un derecho para quitarle a un tercero un derecho suyo. Si tengo derecho a casarme con otra persona (del sexo opuesto o del mismo, de otro color de piel y ojos o del mismo, más alta que yo o más baja que yo) en el lugar donde resido, entonces ningún funcionario puede negarme ese derecho amparándose en sus creencias. Puede, teóricamente, rehusarse si otro puede suplirlo; pero el espíritu de toda ley que admita una objeción de conciencia es que el derecho del tercero no se vea afectado en lo más mínimo. Por eso no sirve decir “yo no voy a hacerlo pero otro puede en mi lugar” si de hecho esta suplencia obligada retrasa u obstaculiza el derecho de otro, como sin duda es el objetivo de estos pretendidos objetores franceses. Si tengo que rogarle a un funcionario subalterno que haga algo que su jefe no desea y por lo cual puede tener problemas en su trabajo; si tengo que irme a otra ciudad o pasar por varias oficinas; si tengo que esforzarme para ejercer un derecho que no debería ser más que un trámite, entonces la objeción de conciencia es una trampa, un engaño a la legalidad.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Coincidencias entre cristianos y musulmanes

"The love of liberty brought us here" ("El amor a la libertad nos trajo aquí"), sello nacional de la República de Liberia.
El lema de Liberia:
“El amor a la libertad nos trajo aquí”.
Como cualquier grupo con poder político y social, las religiones suelen aliarse con otras según sus conveniencias a nivel local, mientras en otros lugares pelean furiosamente. En el mundo actual pocos ejemplos de esta clase de coincidencias son más claros que las múltiples alianzas de los cristianos devotos de toda clase con las distintas sectas musulmanas contra alguno de sus blancos preferidos, como las mujeres, los gays o la libre expresión. Nada sorprendente, entonces, es la noticia de que los seguidores de Cristo y los de Mahoma se han unido, en Liberia, para impulsar una legislación contra el matrimonio igualitario.

Lo único extraño, si acaso, es que Liberia no está preparándose para aprobar, ni siquiera debatir, la posibilidad de matrimonios entre personas del mismo sexo. En este pequeño país de África occidental la homosexualidad es un delito, al igual que cualquier forma de actividad sexual que no se realice entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio. Un paraíso para quienes odian el sexo, o más bien aman prohibírselo a los demás (que no es lo mismo). No deja de ser irónico, y un poco triste también, que este baluarte de la intolerancia haya sido fundado por esclavos liberados (de ahí su nombre), con un sistema político modelado según el liberalismo estadounidense, que con todas sus fallas llevaba en sí al menos un germen de tendencias igualitarias. Quizá tampoco sea casualidad que la presidenta de este país fundado por esclavos americanos —que es la primera presidenta mujer de África— haya recibido en 2011 el mismo honor que el primer presidente estadounidense de origen afroamericano recibiera dos años antes: el Premio Nobel de la Paz.


Ellen Johnson Sirleaf es una luchadora por los derechos de la mujer y no ha mandado bombardear ningún país, pero no le molestan para nada las leyes que condenan con un año de prisión a los homosexuales: “Tenemos ciertos valores tradicionales en nuestra sociedad que nos gustaría preservar”, dijo cuando le preguntaron qué haría con la ley antihomosexual vigente, negándose a contestar más sobre el tema. De todas formas, su defensa del statu quo es la actitud menos intolerante hoy en día. Hay grupos en Liberia que quieren extender la pena de la homosexualidad a diez años o hacer que se castigue con la muerte. Pero Liberia tiene lazos con Estados Unidos y Sirleaf, que recibió una reprimenda del Departamento de Estado de ese país, no quiere problemas. El representante del Consejo de Iglesias de Liberia, Rudolph Marsh, no fue tan político: dijo que no pensaban “copiar lo malo” de Estados Unidos (en referencia, probablemente, a los avances en materia de matrimonio igualitario allí) y pidió a los cristianos y musulmanes que
“… permanezcan unidos y le digan al mundo que Liberia es un lugar de gente civilizada y no permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo.”
Tanto escándalo parece injustificado porque es impensable que en un lugar donde es ilegal ser homosexual alguien intente legalizar el matrimonio homosexual. En toda Liberia hay un único activista LGBT (fuera del incógnito, al menos), Archie Ponpon, y los buenos cristianos y musulmanes han recompensado sus esfuerzos amenazándolo y quemando la casa de su madre.

viernes, 26 de octubre de 2012

Dos noticias poco curiosas (y la promesa de una tercera)

Diferentes asuntos me tienen alejado de este blog más tiempo del que desearía, aunque debo reconocer que hay pocas noticias. O novedades, o información, en el sentido de “cosas que aportan al que lee un dato significativo que no poseía antes”. Los devotos de cualquier creencia tienden a ser predecibles. Sirvan como ejemplo dos hallazgos casuales de los últimos días en los medios:

Católicos, judíos y musulmanes, unidos contra el matrimonio homosexual en Francia

Los embarazos tras una violación son porque “Dios quiere que pasen”

Que las tres grandes religiones abrahámicas odian a los homosexuales y se oponen a todo lo que no sea sexo entre un hombre y una mujer con fines reproductivos no es noticia, como tampoco los argumentos que utilizan cuando se propone una legislación que tienda a reconocer la existencia de parejas y familias constituidas de manera distinta a su modelo dogmático. Tampoco es noticia que los creyentes pueden justificar cualquier cosa que ocurra, no importa lo espantosa que sea, recurriendo a Dios, especialmente si no les ocurre a ellos y muy especialmente si le ocurre a una mujer y si la cuestión pasa por privarle a ella de su derecho a disponer de su cuerpo.

Hay una tercera noticia poco curiosa en estos días, que amerita un poco más el espacio informativo, aunque de una manera indirecta. Es poco curiosa porque ilustra otro rasgo conocido y predecible de un grupo de creyentes, pero vale la pena dejarla para un post más largo.

Continuará…

miércoles, 21 de marzo de 2012

Protección de la familia

La marcha del otro día anticipando el Día del Niño por Nacer (y Contra las Mujeres), que comenté, tenía entre sus objetivos promocionar el lanzamiento de un “proyecto de ley para la protección integral de la familia”. La Constitución Argentina (art. 39) da a los ciudadanos el derecho a presentar proyectos como iniciativa popular, que el parlamento deberá tratar. El proyecto de los activistas antiderechos fue presentado por la Red Federal de Familias y avalado por el Defensor del Pueblo en 2010. El texto del mismo está disponible en el sitio web de propaganda antiabortista NotiVida.

En la marcha del sábado 17 se repartían hojas impresas con un resumen del proyecto (lo cual agradezco porque me ahorra ese trabajo). A continuación transcribo algunos extractos, con mis comentarios.
Reconocimiento de la familia como sociedad natural y primaria, fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de entre un varón y una mujer.
Por este medio se transforma “reconocer” (descripción) en “obligar” (prescripción). Las familias formadas por parejas no casadas, por matrimonios del mismo sexo o por posibles contratos de convivencia tácitos o explícitos entre grupos de personas cualesquiera quedan excluidas. Esto es lo mismo que pedir que el canon católico se haga ley. El Estado, así, sólo “reconocería” como “natural” una acepción limitada de familia. (Los anarquistas y antiestatistas podrán decirme que el Estado no tiene por qué meterse a reconocer nada, y tienen razón en principio, pero no en la coyuntura actual ni a mediano plazo.)
Política de igualdad de los miembros de las familias [que] sea real y efectiva en el acceso y disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales.
Esto suena muy bien, pero a la luz de elementos que siguen y otros que no se mencionan, pero que sabemos que están ahí, encierra una trampa. Los organismos “pro-vida” no desean mujeres liberadas, sino mujeres que hagan de la maternidad su opción primordial de vida. La “igualdad” que buscan implica que las mujeres puedan comportarse como deben y también hacer otras cosas. Para que haya “igualdad” mientras que al mismo tiempo se mantienen los roles tradicionales de la mujer, el Estado debería prestarle ayuda a las mujeres para que puedan a la vez tener muchos hijos, atender a su marido, tener en orden la casa y trabajar. Se puede debatir si eso está bien o mal; yo considero que se trata de una política pro-natalista, paternalista, patriarcal y errada.
Concepto de familia numerosa y de familia numerosa especial en función del número de sus integrantes, siendo mayores los beneficios otorgados a estas últimas (…) prioridad en el empleo público y privado y su conservación, exenciones y beneficios arancelarios (…), derechos preferentes para la adquisición, construcción y refacción de viviendas (…).
Y esto ya es una política pro-natalista en toda regla, determinando que los ciudadanos sin hijos o que desean tener pocos hijos queden automáticamente en desventaja. Recordemos además que la familia, numerosa o no, requiere para esta gente un matrimonio entre hombre y mujer: las otras familias numerosas —una pareja de lesbianas que han adoptado a siete huérfanos, por caso— no recibirían estos beneficios.
Protección integral de la mujer embarazada y de los derechos de los niños por nacer. Dignidad de la mujer. Reconocimiento de la maternidad como bien social y personal. Atención especial de la mujer en particular en caso de embarazo conflictivo o de riesgo. Establecimiento de Centros de Asistencia a la Mujer Embarazada.
¿Qué es todo este amor hacia a la mujer? La mujer embarazada y su “niño por nacer” están a la misma altura. La dignidad de la mujer embarazada pasa por la maternidad, que es un bien para toda la sociedad (las mujeres que eligen no embarazarse o que interrumpen su embarazo son, por tanto, un mal, o al menos una desgracia o una rémora para la sociedad). La ideología “pro-vida” no plantea opciones para la mujer embarazada: debe llevar a término su gestación, para lo cual se le dará “asistencia” si su embarazo es “conflictivo” o de riesgo. En las instituciones católicas que ya se dedican a esto, y que si se aprobara este proyecto pagaríamos entre todos con dinero estatal, la susodicha asistencia consiste en manipulación psicológica para disuadir a la madre de abortar, utilizando por ejemplo el miedo al “síndrome post-aborto”, una condición patológica inexistente (las mujeres que abortan tienen reacciones psicológicas diversas; no hay un conjunto habitual de síntomas asociado al aborto). Para los “pro-vida” no son concebibles los embarazos no deseados: sólo hay un conflicto entre el natural instinto de la mujer de cumplir su rol de madre y los obstáculos que la sociedad actual (materialista, hedonista, anti-vida) le pone en su camino. Es de esperar que en los Centros de Asistencia también le dirían a las mujeres embarazadas que den a sus hijos en adopción: una opción traumática y que no garantiza en absoluto el futuro del niño. (Legisladores “pro-vida” han propuesto mejorar la ley de adopción argentina, cuya burocracia prolonga los trámites innecesariamente; una mejora deseable, pero por razones con las que no podemos estar de acuerdo.)
Asignaciones especiales para casos de embarazos provenientes de delitos contra la libertad sexual y menores embarazadas en situación de riesgo.
Darle dinero a las mujeres para que continúen con su embarazo, incluso aunque sean menores violadas, incluso aunque corran riesgo de vida. (Entre un feto y una persona ya nacida, los “pro-vida” siempre eligen al feto, con la siguiente lógica: dado que ambos son personas, si uno debe salvarse y el otro morir, hay que elegir al que no puede hacer nada para defenderse, es decir, el no nacido. Aunque no se enfatiza el asunto, la política “pro-vida” en caso de peligro de vida para la madre es dejar morir a la madre.)
Derogación de la ley 26.618, llamada de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ésta es la frutilla en el nauseabundo postre que nos ha preparado el conservadurismo religioso “pro-vida”. No tiene nada que ver con las mujeres ni con la maternidad ni con el aborto, pero les duele: les dolió mucho cuando, a pesar de toda la propaganda de odio, de las presiones episcopales, de legisladores ignorantes hablando por Dios en vez de por el pueblo, de la desinformación diaria y a gritos vinculando la homosexualidad al suicidio o a la pederastia, de las solicitadas en los diarios, de las marchas de alumnos de las escuelas confesionales con pancartas anti-gays, del aliento incesante a la homofobia desde púlpitos católicos y tribunas de pastores evangélicos, el parlamento aprobó la modificación del Código Civil que permitió a los homosexuales casarse con sus parejas, una fría noche de julio de 2010.

Este remate demuestra (como si hiciera falta) que en realidad nunca se trató de las mujeres ni de los niños. Se trata de reglamentar la sexualidad y las formas de la convivencia: controlar, nada menos, a quién podemos amar y con quién podemos elegir formar una familia. El proyecto “pro-vida” es el de un país exclusivo y opresivo.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Podcast, ep. 15: Elecciones, la continuidad y el no-debate de temas importantes


En esta edición del podcast de Alerta Religión: pasadas las elecciones en Argentina y reelecta Cristina Fernández de Kirchner, un recuento de lo que el gobierno kirchnerista hizo y no hizo en temas de laicidad y religión, un repaso por las posturas partidarias, y la advertencia de Héctor Aguer (por una vez con razón) sobre los candidatos que rehúyen los temas conflictivos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

III Congreso de Ateísmo, día 3, parte 3

Continúo con la reseña del tercer día del III Congreso Nacional de Ateísmo.

Esteban Paulón
Cerca del final del tercer día habló Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT), que se refirió a la lucha por el matrimonio igualitario (aprobado en julio del año pasado). Varias cosas que dijo ya habían sido contadas por Analía Mas en su propia exposición. Paulón comenzó explicando que el debate por la ley de matrimonio puede verse como un test para la laicidad del estado y de la sociedad, ya que muchos creyentes religiosos apoyaron el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse contra las directivas oficiales de sus religiones. Trazó paralelos entre los debates legislativos que se dieron el año pasado y antes de eso con la ley de divorcio vincular y el sufragio femenino.

Paulón resaltó que la batalla más importante es la cultural, y se da sobre todo en la educación. Mencionando como ejemplo el caso de la provincia de Salta (donde se enseña doctrina católica en las escuelas públicas y cuyo Ministerio de Salud, siguiendo la doctrina de la Iglesia, no aceptó manuales inclusivos de educación sexual*), notó que sin una educación laica que elimine los prejuicios religiosos, la ley se queda corta: hoy en día los homosexuales pueden casarse, pero para los fines prácticos su matrimonio “es una declaración jurada de homosexualidad”; a las parejas se les reconocen legalmente derechos, pero al costo de exponerse socialmente. La igualdad jurídica no basta. Aunque se respeten las convicciones religiosas, hay cuestiones no opinables y que no deberían ser dejadas a la libertad de quienes deciden qué enseñar a los chicos.

* Por una increíble coincidencia, Salta solicitó los manuales de educación sexual a la Nación el miércoles 7 de septiembre (cuatro días antes de la exposición de Esteban Paulón). La ministra de Educación explicó que la decisión de no aceptarlos fue del anterior ministro. El susodicho, Leopoldo Van Cauwlaert, era miembro del Opus Dei y renunció a su cargo en diciembre de 2010 para candidatearse como diputado. Enhorabuena.

Para cerrar el III Congreso, tres miembros de Ateos Mar del Plata hablaron de sus experiencias como ateos.
  • Fernando Lozada explicó que, en nuestra sociedad, ser ateo es renunciar al sentido común y rebelarse. La inmensa mayoría de nuestros conciudadanos creen en algún dios; descreer parece una locura. El ateísmo puede encontrar bases racionales, pero la llegada al ateísmo es irracional: uno pierde la fe y luego, con mayor o menor conflicto interior, termina por reconocer que la ha perdido. A partir de allí comienza el proceso de construir una visión propia de la vida que no caiga en nuevos dogmatismos en reemplazo de los viejos.
  • Teresa Bunge: como psicóloga, que trabaja con personas que quieren dejar de sufrir o simplemente desean vivir mejor, encuentra que las religiones se han apoderado de muchos valores positivos que son naturales y no dependen de la fe, como la solidaridad. La religión daña psicológicamente porque valora el sufrimiento por sobre la felicidad y porque requiere de pensamiento mágico, el cual tiene el peligroso efecto de separar las acciones de sus consecuencias. La necesidad de contar con un ser superior lleva al hombre a concebirse como ser deficitario, al que le faltan guías externas para conducirse, siendo que el placer y el dolor, bien entendidos, son guías suficientes. Otro gran daño lo produce la idea de los pecados de intención: sentir culpa no por lo hecho sino por lo meramente pensado. Y finalmente, la regulación religiosa de la sexualidad y de la familia pone énfasis en la estructura conyugal/familiar y su duración más que en la felicidad que puede derivar de ella.
  • Alberto de la Torre cerró con una exposición de los distintos enfoques del ateísmo: el enfoque ontológico, el ético, el científico y el vivencial. Los tres primeros son los argumentos que todos conocemos sobre la improbabilidad, inexistencia o incoherencia conceptual de Dios. La explicación del último fue una narración del proceso de llegada al ateísmo de Alberto, quien según sus propias palabras fue un devoto creyente hasta más o menos los 20 años.
Luego de esta última ponencia, nos invitaron a todos los que habíamos participado a subir al escenario. Fue una gran alegría para mí estar allí arriba y celebrar la reunión (por tercera vez, nada menos) de tantas personas pensantes, activas, que  están cuestionando y se están cuestionando algunos de los temas más importantes para todos. Espero que sea posible continuar esta experiencia. No hay todavía (no me han dicho, al menos) fecha para el próximo Congreso. Ojalá no tengamos que esperar demasiado. 

Aquí termina la reseña del III Congreso Nacional de Ateísmo.

martes, 20 de septiembre de 2011

III Congreso de Ateísmo, día 2, parte 1

Comienzo con la reseña del segundo día del III Congreso Nacional de Ateísmo.

El sábado 10 fue el segundo día del Congreso de Ateísmo. La primera ponente no pudo asistir, por razones de fuerza mayor, de manera que se volvió a emitir la entrevista con la Dra. Argibay que se había proyectado la noche anterior (a una hora a la que muchos ya se habían retirado agotados).

Dra. Analía Mas
Luego vino una larga exposición por parte de la Dra. Analía Mas, que trabaja en el INADI y es abogada de la Federación Argentina LGBT. El tema fue “discriminación y laicismo”. Comenzó contándonos que —aunque no es muy sabido públicamente— en el INADI se reciben muchas denuncias de padres que no pueden reinscribir a sus hijos en escuelas confesionales (luego de haber cursado en ellas uno o más años) porque “no comparten el ideario de la escuela”, lo cual puede significar cualquier cosa, pero especialmente apunta a padres homosexuales. También hay denuncias frecuentes por cuestiones de laicidad, como la presencia de símbolos religiosos en las aulas y de material educativo confesional en escuelas públicas.

El tema que le interesaba tratar, sin embargo, era el caso puntual de la denuncia que Fernando Lozada (presidente de Ateos Mar del Plata) hizo contra la Universidad del Salvador (USal) por haber constatado que en su misión declarada está la “lucha contra el ateísmo”, entendiendo que se trate de una expresión discriminatoria. (Fernando comentó luego que en el INADI no querían considerar la denuncia, hasta que él les planteó la posibilidad hipotética de abrir una universidad cuyo objetivo fuera la “lucha contra el judaísmo”.) El ateísmo como creencia, explicó Mas, tiene protección legal constitucional y de tratados internacionales incorporados a la Constitución. Interpelada la USal, su descargo resultó ser, en vez de una defensa de sus argumentos, una farragosa crítica al ateísmo como enemigo nefasto.

A continuación pasamos al tema de la ley del matrimonio igualitario (la modificación del Código Civil que permitió que se casaran parejas del mismo sexo), por la cual la Dra. Mas fue activista. Recordó en primer lugar cómo el periodista y activista LGBT Bruno Bimbi les sugirió a todos, antes de comenzar la larga lucha por la ley, que se anticiparan a las objeciones que vendrían desde la religión. Cada cambio en la institución matrimonial fue resistido por la Iglesia Católica, explicó Mas, y casi con las mismas palabras. La ley de matrimonio civil de la provincia de Santa Fe, que salió a instancias del gobernador Nicasio Oroño, causó su dimisión al año siguiente, luego de que el obispo de Paraná incitara a la desobediencia civil y a la rebelión armada de los indígenas; veinte años después, en 1888, aprobada la ley de matrimonio civil nacional, voceros de la Iglesia dijeron que “esto va a destruir la familia” (palabras idénticas a las escuchadas en 2010 al debatirse el matrimonio igualitario). Recién en 1986 se planteó una ley de divorcio vincular, a partir de una sentencia de la Corte Suprema que decretó que era inconstitucional hacer indisoluble el matrimonio civil ya que la Iglesia Católica no es la religión del estado; nuevamente se habló de catástrofes y destrucción y se convocaron marchas multitudinarias. En 2007 comenzaron las presentaciones judiciales para solicitar que se permitiera casarse a parejas del mismo sexo, con la siguiente táctica acordada: una pareja homosexual iba al Registro Civil y solicitaba turno para casarse; al serle rechazado el pedido formalmente, se promovía en la Justicia una recurso de amparo, que es la suspensión parcial o total de la aplicación de una ley por supuesta inconstitucionalidad. El primer amparo fue concedido en diciembre de 2009, pero el matrimonio fue anulado a partir de una contrapresentación, proceduralmente irregular, de la Corporación de Abogados Católicos. De todas formas, incluso los fracasos ayudaron a instalar el tema en la sociedad y finalmente en el parlamento, aprobándose la ley en julio de 2010.

En la siguiente entrega continúo con la reseña del segundo día del Congreso.

jueves, 4 de agosto de 2011

Marcha “por la familia”

El domingo por la tarde empecé a ver en mi timeline de Twitter algunos tuits provenientes de Chile y referentes a una “Marcha por la Familia”. Supuse enseguida (y correctamente) que se trataban de una marcha anti-homosexual (porque, como todos sabemos, los homosexuales convierten a aquellas personas normales que tocan y las hacen abandonar a sus familias) y que era un evento organizado por cristianos (porque, como todos sabemos, el dios cristiano odia a los homosexuales y desea que sus fieles los odien también).


La semana anterior, las iglesias evangélicas habían convocado a una “oración masiva” contra los derechos de los homosexuales, con gran despliegue. La marcha “por la familia” fue convocada conjuntamente por evangélicos y católicos, unidos en una plataforma llamada Transforma Chile.

Tal como ocurrió en Argentina y como está ocurriendo en otros países de Latinoamérica (Colombia y Brasil me vienen a la memoria), las organizaciones que representan a las minorías sexuales, los cuerpos legislativos y la sociedad en general han observado que hay un apoyo importante, a veces mayoritario, antes no expresado o reprimido, a la idea de que los derechos civiles no pueden ser restringidos por barreras dogmáticas. Y la reacción a este despertar también es común a los distintos países: una alianza entre una minoría conservadora pequeña pero radical, generalmente cristiana (evangélica o católica), y una minoría considerable de ciudadanos con vagos y fluctuantes valores tradicionales, orgullosamente ignorantes, que juntos tratan de impedir que las personas que no son como ellos obtengan sus mismos derechos. Provienen de una misma matriz de intolerancia y sus argumentos parecen sacados todos de un mismo molde, con escasas variaciones. Ni los voy a repetir aquí, porque ya lo hice (y los refuté) cuando se debatió el matrimonio igualitario aquí en Argentina.

En Chile la batalla parece más complicada de ganar, y los cristianos antiderechos han logrado y exhibido adhesiones francamente preocupantes, como denuncia MOVILH (el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual): en la “Marcha por la Familia”, junto a los niños y a las parejas felices de discriminar al prójimo, iban integrantes del movimiento neonazi (y pro-familia) Frente de Orden Nacional, al grito de “Chilenos unidos contra el pervertido”.

Foto: Difamadores
Por otro lado, algo auspicioso es que las afiliaciones religiosas están claras desde el principio. En Argentina las iglesias se movilizaron sólo cuando se vieron cerca de la decisión final del Congreso; en la superficie del debate todos los activistas homofóbicos pretendían presentar argumentos legales o científicos, y en el prolongado debate parlamentario final la ponencia del único legislador que hizo su alegato basándose explícitamente en la mitología cristiana fue considerada ampliamente como la peor de una noche rica en estupideces.

Desde el punto de vista racional, la causa antiderechos está condenada a perder. Pero no se puede soslayar la presión de los credos intolerantes sobre los políticos, incluso si éstos son gente razonable y abierta. Ojalá que Chile logre dar el paso al frente pronto, dejando atrás y protestando a los patéticos y egoístas manifestantes que vimos desfilar por las calles de Santiago.

jueves, 10 de marzo de 2011

El crimen del padre Alessio (A228)

Como ya sabrán muchos de los lectores por la prensa, el sacerdote Nicolás Alessio, que había sido suspendido por el arzobispo Carlos Ñáñez en julio de 2010 mientras se le sometía a juicio canónico, acaba de ser separado definitivamente de sus funciones. ¿La razón? Haber apoyado públicamente la reforma del Código Civil que permitió el matrimonio entre personas del mismo sexo.

No escribí nada sobre este cura por entonces porque me cuesta asumir una postura justa o al menos coherente frente a quienes podríamos llamar progresistas o reformistas dentro de la Iglesia Católica (o de cualquier otra religión). Entiendo muy bien que todos tenemos limitaciones, y una de las mías es la incapacidad de comprender la forma de pensar de quien pertenece orgánicamente a la Iglesia pero rechaza sus dogmas y su autoritarismo. Supongo que es posible, con mucha fe, creer que uno está en lo correcto y que “Dios” (definido a gusto del hablante) está del lado de lo que consideramos correcto. A la vez percibo como una limitación de Nicolás Alessio —y de infinidad de otros sacerdotes y laicos— la incapacidad de dar un paso más y convencerse de que esa Iglesia a la que rechazan como corporación es también la Iglesia que cada día recicla el concepto de “Dios” para su uso propio, la Iglesia que (para todos los fines prácticos) inventó al dios que ellos adoran.

Es que, aunque intuitivamente resulte paradójico, es el sacerdote o el laico comprometido el mejor posicionado para descorrer el velo de la fe y enfrentar el vacío que hay detrás de él. Quien comercia diariamente con objetos preciosos es quien está mejor entrenado para detectar cuándo son falsificados. (La analogía falla, eso sí, porque no existen esos preciosos dioses genuinos: todos ellos son igualmente un fraude, aunque algunos son fraudes más evidentes que otros.)

De la Iglesia dice Alessio: “Es antidemocrática, autoritaria y se opone a todos los que piensen distinto.” ¿Y cómo podría ser de otra manera? La Verdad no puede someterse a votación, y siendo la Verdad lo más importante (más incluso que la propia vida, como bien sabían los inquisidores medievales), ¿cómo se le va a permitir a un pastor de almas llevarlas por el camino de la mentira? ¿Nicolás Alessio nunca supo antes cómo era la Iglesia a la que pertenece por propia voluntad?

Dije más arriba que me cuesta ser justo. No es fácil borrar décadas de adoctrinamiento y de autoengaño. Alessio es una víctima de su propia formación religiosa, igual que la mayoría de los creyentes. Su progresismo, su humanismo de base, es indiscutible, pero no se ha dado cuenta todavía de que no necesita la muleta de la religión para afianzar esa base. Es mil veces preferible una Iglesia incoherente con su doctrina, una Iglesia formada por gente como Alessio, que una Iglesia más “pura”, en la que todo lo que el Papa escribe y proclama se cumple al pie de la letra (tal Iglesia, obviamente, jamás ha existido, pero en otras épocas se le acercaba más que ahora). Eso no quita que uno pueda llegar a cansarse bastante cuando tanta gente se sorprende y se agita al comprobar que la Iglesia es como es. No se puede protestar contra el sistema y estar dentro del sistema. Si no hay peligro de sufrir consecuencias por protestar, la protesta se transforma en algo bastante fácil. Nicolás Alessio quiso seguir su propia brújula moral y al mismo tiempo seguir viviendo en la casa parroquial de la Iglesia a la que juró someterse.

La Iglesia es, en Argentina, la institución que más confianza suscita entre la gente (los políticos, los sindicatos y el sistema judicial están kilómetros por debajo en ese ranking). Esto explica, hasta cierto punto, por qué hay quienes sufren vahídos cuando la Iglesia actúa según su reglamento. Nicolás Alessio no merece ser sacerdote católico. Su doctrina no concuerda con la oficial y él ha sido desobediente. La Iglesia no es una democracia. La Iglesia no es una institución de bien público. A la Iglesia no le importan —prioritariamente— los derechos humanos ni la autonomía moral de las personas. La Iglesia no existe para mejorar la condición de los pobres o eliminar las discriminaciones. La Iglesia tiene en sus filas a muchas buenas personas, pero su misión no es de bondad sino de dominio. ¿Es tan difícil de entender?

miércoles, 27 de octubre de 2010

Día de censo sin preguntas sobre religión (A211)

Hoy es el día del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas en Argentina. Algo interesante sobre el Censo 2010 es que, además de preguntarle a la gente si pertenece a una etnia indígena o si es afrodescendiente, se van a censar correctamente por primera vez las familias homoparentales (antes una pareja homosexual con hijos a cargo se consideraba una especie de error, según entiendo). En esto debe haber habido una influencia importante de la reciente sanción de la ley de matrimonio igualitario, aunque imagino que la metodología del censo ya estaba decidida en julio pasado.

De relevancia para el asunto que nos toca habitualmente está el hecho de que el cuestionario censal no incluye el ítem religión. Esto ha sido así en Argentina desde 1960. En otros países se sigue preguntando al censado por sus creencias religiosas, y hay quienes quisieran que el censo argentino de 2010 hubiese vuelto a incorporar el tema, como los investigadores del CONICET que en 2008 realizaron la reveladora primera encuesta sobre creencias y actitudes religiosas en nuestro país.

Cuando trascendió que el censo incluiría —implícitamente— la orientación sexual de los individuos adultos que viven en pareja, hubo cierto debate al interior de la comunidad LGBT porque el dato es verdaderamente sensible. Yo me pregunto si el mismo debate debería ocurrir con respecto a la confesión y la práctica de la religión.

Desde el punto de vista del activismo, la visibilización es de una importancia primordial, pero hay individuos que pueden no desear volverse visibles. El censo es anónimo, por supuesto, pero en comunidades pequeñas el anonimato es muy relativo. La afiliación religiosa, además, es un dato mucho más ocultable que la orientación sexual (si uno vive en pareja); en un pueblo chico no hay muchas chances de que una pareja homosexual conviva sin que el asunto sea un secreto a voces, pero es bastante sencillo ocultar la condición de ateo, agnóstico o indiferente, excepto en casos muy especiales. Por no hablar de que es mucho menos complicado demostrar una vaga religiosidad que fingir activamente una orientación sexual opuesta a la propia. La perspectiva de tener que contestar a una pregunta sobre algo que verdaderamente nunca le hemos dicho a nadie puede ser aterradora. (Claro está que no hablo de los ateos militantes de las grandes ciudades, sino de los apóstatas y herejes variados que, estoy seguro, pueblan los rincones más insospechados de centenares de pueblos pequeños y conservadores en el interior del país.)

Las encuestas comunes, si están bien hechas, pueden darnos muchos datos útiles con un nivel de aproximación suficiente sobre cuántos argentinos practican qué religiones y con qué intensidad. No creo que haya necesidad de añadir otra pregunta sensible al cuestionario del próximo censo (que se hará en diez años, si este país aún existe para entonces). Lo que sí deberíamos pedir es que se haga algo con los datos ya conocidos. La Constitución Nacional sostiene, y el Estado financia jugosamente, un culto que la mayoría de los argentinos no practica. Somos mucho más diversos, religiosamente, que lo que éramos hace 50 años, cuando la pregunta sobre la fe fue eliminada del cuestionario del censo. En éste vamos a darle entidad oficial, por fin, a los descendientes de africanos, tanto tiempo negados por nuestra antropología vernácula, y a las parejas del mismo sexo, aún hoy negadas como familias por los cristianos de casi todas las sectas. Ya viene siendo hora que reafirmemos la otra diversidad, negada implícitamente por los que todavía hablan de Argentina como país católico y ofician ceremonias patrias, supuestamente inclusivas, a la sombra de palios episcopales o mantos de vírgenes y santos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El ataque de las naranjas paraguayas (A210)

Queremos papá, mamá y un descapotable.
Los cristianos conservadores de Paraguay, alarmados por el triunfo del proyecto de matrimonio igualitario en Argentina, se han organizado para impedir que en su país ocurra lo mismo. Hace un tiempo crearon la plataforma Queremos papá y mamá para afirmar el (inexistente) derecho de los niños a tener un papá hombre bien macho y una mamá mujer bien madraza, y para el 30 de octubre tienen planeada una “Caravana Naranja por la Vida y la Familia” (es decir, contra el aborto y los gays, entre muchas otras cosas que su alucinado catecismo considera anti-vida y anti-familia).

Además están en contra de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes o Convenio de Badajoz (el texto puede descargarse en formato PDF), que el gobierno de Paraguay quiere firmar, porque los derechos en cuestión les impedirían a muchos buenos papás y mamás obligar a sus hijos a ser tan cerrados, prejuiciosos e infelices como ellos. En efecto, bajo esta convención los jóvenes de 15 años en adelante tendrían derecho a recibir educación sexual (la de verdad, no la católica), a explorar y seguir libremente cualquier orientación sexual, a formar una pareja y a tener una familia a su manera. Eso, claro está, no se puede permitir, porque desintegraría la sociedad, como hemos visto ocurrir trágicamente en las libertinas España y Holanda (por nombrar sólo dos ejemplos notorios), otrora países de pleno derecho, hoy reducidos a tierras de nadie asoladas por bandas nómades de prostitutas drogadictas comeniños y violadores homosexuales (no consagrados).

En ese sentido el diario ABC reproduce el dictamen imparcialísimo del Dr. Atilio Fariña, del Consorcio de Médicos Católicos, que denuncia que bajo este convenio los padres perderán la patria potestad y podrán desentenderse de sus hijos a los 15 años, y que estos tendrán libertad plena para tener novios mayores de su mismo sexo (“Simón Cazal [dirigente gay] parece que tiene un novio de 15 años”, afirma Fariña con plena confianza en sus rumores-fuentes) y hasta para emparejarse con animales (“como ocurre en Holanda”). Casi tan grave como esto, y como si fuese el último sello del apocalipsis juvenil, si se aprueba la Convención los jóvenes “van a poder exigir a los padres la llave del auto”. Está claro que hay que detener esta locura cueste lo que cueste. Aunque sea mintiendo en forma descarada, que es lo que Fariña y todos los naranjitos paraguayos están haciendo en este mismo instante sin parar.

La Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (CIDJ) no baja la mayoría de edad a los 15 años ni convierte a los jóvenes en adultos. La CIDJ simplemente reconoce la existencia de una franja de edades que se superpone con las de la niñez y la adultez, justamente un período difícil para cualquier miembro de la especie humana, y exige a los países signatarios reconocerles a esas personas (los jóvenes) ciertos derechos. Como tantos otros documentos, no agrega en realidad nada, sino que reafirma y detalla. Los derechos humanos no son exclusivamente para los adultos.

El único artículo de la CIDJ que me pareció complicado, en el sentido de poder provocar conflictos con la ley nacional paraguaya (o de cualquier otro país) es el nº 20:
Artículo 20. Derecho a la formación de una familia.
1. Los jóvenes tienen derecho a la libre elección de la pareja, a la vida en común y a la constitución del matrimonio dentro de un marco de igualdad de sus miembros, así como a la maternidad y paternidad responsables, y a la disolución de aquél de  acuerdo a la capacidad civil establecida en la legislación interna de cada país.
Entiendo que si última cláusula (“de acuerdo a la capacidad civil establecida en la legislación interna de cada país”) se extiende a todo el inciso 1, no debe haber problema, si bien la letra de la Convención sugiere que a los jóvenes se les debe permitir el matrimonio (sin consentimiento previo de los padres) incluso si son menores de edad.

Claramente, que se casen parejitas muy jóvenes no es lo que preocupa a los naranjitos, siempre y cuando uno de los dos miembros de la pareja tenga pene y el otro vagina (de nacimiento). Lo que no pueden tolerar es la pérdida de control de los padres y la relajación de los tabúes sociales sobre lo que los menores de edad tienen derecho a hacer con su cuerpo y su mente, inmaduros pero sexuados y activos.

Me gustaría, si hay algún lector paraguayo, conocer más detalles sobre la presencia mediática de estos proyectos de ley y de sus detractores. Aquí en Argentina la líder nacional de los naranjitos fue (es) la diputada evangélica pentecostal Cynthia Hotton, una persona tan ignorante y superficial que todos los programas “periodísticos” y “de interés general” la invitaron a exponer sus ideas. Y en mi ciudad, Rosario, la Dra. Verónica Baró Graf, que solía aparecer en TV dando consejos sobre sexualidad sin mencionar que antes que médica es una activista ultracatólica. No sé quién comenzó con el uso del color naranja: la plataforma local Red Familia Rosario la tomó de la nacional Argentinos por los Chicos, pero ignoro por qué el naranja, que es un color tan vivo y llamativo, fue elegido en lugar de algo más representativo, como el negro arratonado o algún tono pastel.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Virgen de San Nicolás: pura fe y algo más (A206)

Aquí en Argentina el 25 de septiembre es el Día de la Virgen de San Nicolás, que conmemora la supuesta aparición (en 1983) de la supuesta madre partenogenética del supuesto hijo del dios cristiano, en su versión católica apostólica romana. Como es habitual, la Virgen se apareció a una mujer creyente, poco instruida, y a solas, y como es también muy habitual, le pidió que construyeran, no un orfanato o una biblioteca pública o un hospital, sino un santuario —de preferencia gigantesco— para venerarla a Ella, cosa que se ha venido haciendo desde hace más de veinte años.

Al tiempo el asunto se ha ido transformando en un gigantesco negocio para vendedores de merchandising religioso, para el municipio de la ciudad de San Nicolás (que no tiene potencial turístico en absoluto fuera de esto) y para la Iglesia Católica, que mientras por un lado se ha cuidado mucho de autentificar las apariciones y posteriores mensajes de la Virgen, ha aprovechado los días 25 de cada mes para conmemoraciones menores y un sábado de septiembre de cada año para congregar a centenares de miles de fieles en una peregrinación a pie desde Rosario hasta San Nicolás (a unos 70 km), inutilizando durante todo un día la Ruta Provincial 21 que conecta varias de las más importantes ciudades santafesinas del llamado Cordón Industrial.

Este año la cosa se complicó porque obreros de la quebrada empresa metalúrgica Paraná Metal, situada en Villa Constitución (a unos pocos kilómetros de San Nicolás), decidieron protestar cortando la autopista que va desde Rosario hasta Buenos Aires pasando por San Nicolás, dejando la RP 21 como única alternativa de circulación. La peregrinación se pospuso y luego se canceló, lo cual no impidió que 400 mil personas se congregaran frente al santuario el sábado pasado.

La crónica de esta celebración atípica en el diario rosarino La Capital es en sí bastante típica, aunque uno no puede dejarse de preguntar hasta dónde el cronista estaba riéndose por lo bajo de la superstición ajena, especialmente cuando detalla conspicuamente el precio de los bidones de “agua bendita con poderes curativos” tomada directamente de la red o el del alquiler de un puesto de venta de rosarios y estampitas (1500 pesos —unos 300 euros— más tasa municipal) o comenta la gozosa credulidad de los fieles que gritaron “'¡milagro!” y dijeron que el sol se había “rodeado con los colores de la Virgen” luego de mirar un rato el disco solar a ojo desnudo.

Hasta aquí nada más ni menos lamentable que (salvando las distancias) Lourdes o La Meca. Casi no hay quien se oponga a la peregrinación y la celebración multitudinaria en San Nicolás (un solitario crítico lo hizo en una carta de lectores hace unas semanas) porque se entiende, o se supone más bien, que toda esta superchería y este infantilismo son para uso privado, para consuelo o alegría de algún pobre creyente, inofensivos, o como dice el cronista “la fe en su forma más pura”. Para demostrar lo contrario podemos exhibir una nota del diario Tiempo Argentino donde nos enteramos que el obispo de San Nicolás, Héctor Cardelli, no se limitó a las tonterías habituales (paz, amor, devoción, avemarías…, “la fe en su forma más pura”, digamos) sino que aprovechó para criticar la ley de matrimonio igualitario, que recientemente dio a las parejas del mismo sexo el derecho a casarse.

Las celebraciones y devociones religiosas no son para promover la moral y las buenas costumbres, la paz y el amor, la unión de la familia, la fe en cosas elevadas, la honradez y la pureza de corazón; no son para dar consuelo a los afligidos ni aliento a los desesperados; no son para crear una red social, para dar contención, para unir en una comunidad. Pueden servir para eso, a veces (aunque muchas otras cosas pueden servir, y mejor). Pero el verdadero objetivo de toda celebración religiosa organizada y manejada por un sacerdote, por un obispo, por una corporación como la Iglesia Católica, es la de mantener y reforzar el sentimiento de pertenencia de los fieles a un rebaño, y utilizar esa pertenencia, el fervor de “ser parte de”, para transmitir mensajes ideológicos y exigir el asentimiento y la obediencia del rebaño.

No es algo sencillo y directo; es perfectamente posible desobedecer o desoír los mensajes, porque no hay aquí magia ni poderes mentales ni un lavado de cerebro. Pero es un hecho que todos los mensajes beneficiosos que recibimos de la religión son independientes de la misma y pueden ser transmitidos por otros medios; lo único que hace especial a la religión es que junto con esos mensajes obviamente morales (ama a tu prójimo, no robes, no mates, sé generoso) viene un bagaje ideológico frecuentemente exclusivo, divisivo, discriminatorio e inmoral…, y a los fieles se les presenta todo el paquete como una sola cosa. El envoltorio es bello, pura fe, prístina e inocente devoción. El contenido es un asunto totalmente distinto.

domingo, 22 de agosto de 2010

Objeción de conciencia o excusa para discriminar (A202)

Como sabemos, la Iglesia Católica se considera a sí misma por encima de la ley (Dios está por encima de los hombres, por lo tanto lo que Dios quiera vale más que lo que quieran los hombres; y como los únicos que saben lo que Dios quiere son ellos…). Ya no puede imponerse sobre el estado por la vía de la violencia, y la presión política directa está cada vez peor vista, así que ha intentado idear maneras de esquivar las leyes: sea llamando a la desobediencia civil o, en una forma más sutil, introduciendo la figura de la objeción de conciencia en donde no debe.

Así fue como, apenas derrotado el partido de Dios en la batalla legislativa por el matrimonio igualitario, surgieron voces pidiendo, no, exigiendo que se permitiera a los funcionarios públicos homofóbicos valerse de su pensamiento discriminatorio como escudo; un par de gobiernos provinciales fueron cómplices de esta estrategia, lo que les valió severas críticas. Lo mismo habían intentado hacer los seguidores del modelo patriarcal tradicional cuando se aprobó la ley de divorcio vincular (que, tal como denunció en su momento la Santa Madre Iglesia, desintegró completamente nuestra sociedad).

Los expertos dicen que no es válido para un funcionario público negarse a cumplir un deber administrativo aduciendo conflictos con sus convicciones o creencias. Por mi parte, como este tema es difícil y nuevo y yo realmente no sabía qué pensar, decidí documentarme un poco. Lo que saqué en claro fue:
  • La objeción de conciencia se refería originalmente al derecho de pedir ser exceptuado del servicio militar obligatorio, o conscripción, por razones éticas o religiosas.
  • La objeción de conciencia no es un derecho humano reconocido unánimemente. Está reglamentada en algunos países y para algunas cuestiones específicas, que varían de país a país y que suelen ser muy discutidas (por ejemplo, en algunos estados de Estados Unidos hay objeción de conciencia para los farmacéuticos que no quieren dispensar anticonceptivos).
  • Como corolario de la libertad de conciencia y religión, la objeción de conciencia aparece limitada por los derechos de terceros (ver análisis).
Los dos últimos puntos son de gran importancia. La objeción de conciencia no es una mágica libertad de desobedecer la ley que puede invocarse en cualquier situación, y antes de siquiera pensar en aplicarla se debe considerar el bienestar y los derechos de los demás. La objeción de conciencia ante un acto dado sólo puede concederse si se resguarda a las demás personas de los efectos de la negativa. En la práctica, esto significa que si la objeción de conciencia implica que alguien más será privado de algo que necesita, debe haber otra persona dispuesto a tomar el lugar del objetor. Por ejemplo, si un médico se niega a realizar un aborto por razones de conciencia, debe haber otro que lo reemplace; no es admisible que todos los médicos disponibles en el centro sanitario se nieguen.

La negativa de un funcionario público a realizar matrimonios entre personas del mismo sexo, además, es inadmisible porque el funcionario no es afectado personalmente por un contrato civil entre terceros y porque implica una discriminación penalizable por ley. La objeción de conciencia se acepta sólo para ciertas cuestiones precisamente porque su aplicación irrestricta daría lugar a discriminaciones de todo tipo: un juez podría negarse a casar a personas divorciadas, a personas de distinta etnia o religión, a personas que no sean vegetarianas… a cualquiera que su religión o fe íntima considere indignos.

La promoción y el recurso sistemático a la objeción de conciencia son un perverso modus operandi de la Iglesia. Con una legislación ambigua y jueces lentos o cómplices para decidir en estos casos, un pedido tras otro de excepción a la ley puede demorar, con gran daño, lo que debería ser un mero trámite. Y en los casos de localidades pequeñas o aisladas, un solo objetor de conciencia puede bloquear la aplicación de la ley indefinidamente: imaginemos que la única persona autorizada para realizar matrimonios civiles en un pueblo apartado tiene su reemplazo factible más cercano en una ciudad a cien kilómetros de distancia (situación no poco frecuente en un país como Argentina). Por eso tenemos el deber de estar informados: no existe ningún derecho a discriminar amparándose en las creencias o convicciones de nadie.

sábado, 17 de julio de 2010

Ellos y nosotros

Entre la cantidad de artículos sobre la aprobación del matrimonio homosexual que salieron en estos días, me quiero detener en uno publicado por Página/12 con el título Los que eligieron perder. Su autor es Eduardo de la Serna, coordinador del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres. Representa a lo que en otra época hubiera sido un grupo de “sacerdotes del Tercer Mundo” y que aquí y ahora se denominan más bien “curas villeros”. Comienza así:
El matrimonio igualitario es ley en Argentina. Obvio que un grupo ganó, y tocará a ellos y ellas festejar y analizar ese triunfo. Y la historia y la vida mostrará cuánto afecta a nuestra sociedad la nueva ley.
Conozco poco de los detalles de este movimiento, pero su nombre y la historia de movimientos similares, junto con el contenido de lo que sigue, me dice que este sacerdote no está de acuerdo con las groseras tácticas de miedo y desinformación en tono apocalíptico que la Iglesia empleó para intentar que la ley no saliera. Lamentablemente, su discurso termina yendo hacia el lado opuesto. ¿“Un grupo ganó”? ¿Les tocará “a ellos” festejar?

La ley de matrimonio igualitario se puede leer en muchos planos. El más obvio es el de la letra y el procedimiento. El siguiente es el que casi todos han analizado, el que tiene que ver con el fin simbólico de una discriminación y el reconocimiento de la diversidad no sólo por la ley, sino por la sociedad que presenció y participó del debate. Uno más elevado, que no he visto tratado con claridad, es que se trata de un golpe más (y uno especialmente fuerte) a la idea de que la familia debe incluir personas de sexos opuestos como núcleo; y por encima de esto llegamos a la idea de que la sexualidad de cada uno debería dejar de ser significativa en nuestras relaciones sociales. Esto no quiere decir, claro está, que buscaremos pareja sin mirar de qué sexo es o cuál es su identidad sexual, sino que podríamos —en una sociedad más avanzada, menos sujeta a estructuras como las que esta ley ha comenzado a romper— prescindir de dividirnos según estos criterios, como prescindimos de dividirnos según nuestra comida favorita o nuestro estilo de vestir.

En una sociedad ideal como ésa, el colectivo LGBT que luchó por la ley desaparecería como tal, y resultaría ridículo hablar de aquel grupo que “ganó” contra otros. Claro que hoy no es ridículo, pero la verdad, sí es un poco chocante ver esta división entre nosotros y ellos viniendo de un grupo de sacerdotes progresistas, con los pies en la tierra y en contacto con lo más sufrido de nuestra sociedad. Es chocante porque de la Serna, al mismo tiempo que analiza la fallida táctica corporativa de la Iglesia, se identifica corporativamente con esa iglesia, se pone sutilmente del lado de los que perdieron. Los nombra en tercera persona, pero no oculta su decepción al no poder estar festejando con otros “ganadores”. Le duele haber perdido, lo cual indica que cree que habría podido ganar.
[N]o me parece que fuera la misma (aunque todos compartieran el rechazo a la ley) la opinión de Casaretto que la de Marino, la de Arancedo que la de Aguer. Creo que en el interno de la Iglesia jerárquica […] ganó la línea más dura, la que habló de “guerra”, de “kulturkampf” (lucha de culturas), la que lo planteó como una suerte de cruzada.
Veamos. Jorge Casaretto es el obispo de San Isidro y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, y dijo que el matrimonio gay “no es un matrimonio” y tratarlo “no es el principal problema de la Argentina”, aunque “eso no quiere decir que no se encuentren formas legales para proteger los derechos” de los homosexuales. Antonio Marino, obispo auxiliar de La Plata, dijo que los homosexuales son más promiscuos y violentos que los heterosexuales y que tienden más al suicidio, a la ansiedad y a consumir drogas. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe, dijo que “el matrimonio […] no es algo que provenga de la Iglesia, es la unidad del hombre y la mujer ordenado a la vida” y siendo esto así por definición no es discriminatorio negarse a llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. Héctor Aguer, obispo de La Plata, dijo que el matrimonio para todos “es una ley inicua que altera el ordenamiento jurídico de la sociedad argentina” y que “sólo el 5 por ciento de las personas del mismo sexo que conviven quieren casarse y además esas uniones son sumamente inestables”.

De todo esto sacamos en limpio lo que dijo cada uno: Casaretto, una opinión tonta con ínfulas de verdad y un argumento falaz y trillado; Marino, una sarta de mentiras con base en estadísticas fraguadas; Arancedo, una burda mentira histórica y antropológica; y Aguer, una descalificación y algo que, de ser verdad (cosa dudosa) sería un non sequitur. Para mí la única diferencia es que Casaretto y Arancedo buscaron desviar la atención con subterfugios deshonestos, dejando a los homosexuales de lado, mientras que Marino y Aguer trataron de llamar la atención sobre lo malo y perverso de la homosexualidad, cosa que sólo lograron mintiendo.

Lo que no escuchamos en ningún caso fue a un jerarca eclesiástico corrigiendo o llamando al diálogo a otro. Y no lo escuchamos tampoco en este buen curita tercermundista, que a todas luces se lamenta por la falla de la estrategia discursiva de la Iglesia contra los derechos de los homosexuales y no por el contenido de las descalificaciones, distorsiones y mentiras a las que se recurrió.
Si la jerarquía pretendía que su posición tuviera un eco, que fuera recibida, ¿por qué no puso a sus mejores “cabezas” a expresar argumentos y razones, en lugar de repartir condenas y amenazas?
La pregunta tiene fácil respuesta: las mejores cabezas de la Iglesia expresaron argumentos y razones, y ni uno resistió el peso de la realidad. Las razones que no eran teológicas o de apelación a la tradición no sirvieron, porque no había argumentos válidos. Los homosexuales no son enfermos ni perversos; las parejas homosexuales pueden criar, y crían, hijos de uno u otro miembro o hijos adoptados, sin más ni menos inconvenientes que las parejas heterosexuales; las leyes de familia y otras que puedan entrar en conflicto con la nueva ley de matrimonio pueden adecuarse a tiempo, sin que el sistema legal se desmorone; el debate de la ley, que algunos denunciaron como demasiado rápido, fue precedido por un debate de años en otros foros. Por otra parte, el diálogo no sirve cuando una de las partes es, según su pretensión nunca ocultada, poseedora de la verdad única.
En lo personal no escuché argumentos fuera de lo estrictamente “eclesiástico” en contra de la ley, no hubo elementos jurídicos, sociológicos, psicológicos, culturales, antropológicos, etc. Creo que la Iglesia jerárquica sólo gritó más fuerte, ¡y perdió!
El sacerdote se equivoca. Hubo mucho de estudio jurídico, de sociología, de psicología y de antropología, de especulación sobre lo que significaría una ley así para nuestra cultura. Pero todo lo que vino del lado de la Iglesia estuvo teñido de mala intención y de distorsión, o fue un cúmulo de peticiones de principio y apelaciones a la tradición, a seguir con el statu quo idealizado de “familia = papá + mamá + hijos”. El debate se dio y perdieron, no por falta de argumentos académicos, sino porque al final de todo, no hay argumentos de prudencia que se sostengan ante la necesidad de reconocer un derecho civil a una minoría que lo busca.

Sí, Eduardo de la Serna representa lo mejor que la Iglesia puede mostrar. Sí, Eduardo de la Serna es uno de los pocos que se acercan a vivir el ideal evangélico, que no es el mejor pero es mejor que la vida hipócrita, de riqueza e influencia política de los líderes de su Iglesia. Pero si sigue creyendo en su corporación y prefiriendo su triunfo por sobre la alegría y la libertad de los individuos reales, de carne y hueso, que lo rodean, entonces se coloca él mismo del otro lado de la división que sus jerarcas trazaron.