Guillermo Marcó, ex vocero del cardenal Jorge Bergoglio, escribió una nota en el suplemento de propaganda religiosa de Clarín a propósito del tema de la educación sexual en las escuelas estatales y las anatemas lanzadas sobre ella por el arzobispo Héctor Aguer (quien sería sin duda Ministro de Educación de la Nación, si Argentina fuera una dictadura teocrática como el Vaticano).
Como el sitio web de Valores Religiosos funciona horriblemente, es inútil dirigirlos a ustedes a leer Educación, sexo y naturaleza allí; aparentemente sus creadores no han concebido que alguien pueda guardar un vínculo. Tampoco voy a copiar el texto de Marcó íntegramente aquí. He capturado la pantalla [a la derecha] y la he guardado para que puedan leer desde allí, si lo desean. [PD: ¡Acabo de encontrar el texto en el blog de Marcó!]
Marcó no es tan obviamente un fanático integrista como Aguer, y no tiene su sutileza sofística ni su calidad para escribir. El texto hace referencia a dos ejemplos de naciones que han adoptado la enseñanza de religión en las escuelas públicas: Brasil y Rusia, en “un esfuerzo por introducir enseñanzas de orden ético moral y un sentido de la vida a los niños menores de diez años” (aparentemente estas cosas no pueden ser provistas por otra cosa que la religión, y deben ser además impuestas a la fuerza).
Después habla de la cosmovisión cristiana, a la que defiende, y de la ideología de género, a la que simplifica groseramente y denosta. Esto era de esperar. Lo que uno quizá también esperaba pero el texto de Marcó no se molesta en explicar es por qué el cristianismo es una cosmovisión y no también una ideología. Debe ser porque ideología es una palabra desagradable en estos tiempos, implicando una división de la sociedad en campos contrapuestos, y evocando imposiciones y fanatismos, mientras que cosmovisión suena vagamente mística, amplia, inclusiva. En realidad, como todos sabemos, las diversas cosmovisiones que cohabitan la Tierra están frecuentemente en guerra, literal o figurativamente, y separan tanto como unen.
Argentina no es un país muy diverso, pero lo es lo suficiente como para que la imposición de un modelo católico tradicional estricto en la educación divida a la sociedad. A la Iglesia nunca le ha preocupado esto porque generalmente el régimen de educación religiosa estatal ha estado asociado a dictaduras, que la Santa Sede y la jerarquía local han apoyado.
domingo, 23 de agosto de 2009
sábado, 22 de agosto de 2009
Creer por creer
Muchas veces me he preguntado qué hace que una persona normal, sana de mente y espíritu (dentro de lo que podemos estarlo), con un cierto nivel de educación, que ha experimentado el mundo, pueda creer en Dios (en un dios), en santos, en la eficacia de los rituales religiosos, en supersticiones de todo tipo.
Daniel Dennett es un filósofo que se ha hecho la misma pregunta. Su conclusión es que la mayor parte de la gente es realmente creyente, pero no cree en Dios, sino en las creencias sobrenaturales mismas. Cree porque cree que creer es bueno, socialmente correcto, sensato, adecuado. Cree en la religión porque le enseñaron que no se puede vivir sin creencias religiosas.
Creer en creer
Si uno observa los sacrificios que algunas personas creyentes hacen, las privaciones, incluso los gastos en tiempo y dinero a los que se ven obligados por seguir su religión, resulta difícil y suena presuntuoso, a primera vista, asegurar que en realidad no creen en Dios (o la Virgen María, o el santo o mártir que venga al caso) sino que responden a un imperativo propio o social de creer en algo.
Sin embargo, cuando se observa con atención lo que supuestamente cree la persona, en la inmensa mayoría de los casos se puede notar que realmente no sabe definir aquello en lo que cree, delimitarlo conceptualmente, o hacer cualquier tipo de afirmación categórica útil sobre ello.
"Dios es amor" es categórico pero tan metafóricamente nebuloso que no provee ninguna información. "Dios envió a Su hijo para que muriera por nosotros" implica toda una teología y una mitología compleja que no tiene pies ni cabeza, ni se justifica salvo que uno crea en ella de antemano. "El Hijo de Dios nació de una virgen" es una afirmación metafísica producto de una mala traducción de un texto antiguo, elevada a dogma por una secta particular de una iglesia, pero nadie puede explicar qué significa en términos concretos. Uno esperaría que una creencia que puede cambiar el rumbo de una vida humana por completo, poner a una familia o a una nación contra otra, y (supuestamente) determinar el destino final de la esencia inmortal de una persona, debería ser factible de entendimiento.
La costumbre de la fe
Dennett dice que la gente no cree, sino que cree que cree, y hay buenas razones para esto. Debido a la forma en que se propaga una creencia, suele ser conveniente creer, o actuar como si se creyera, en la religión o superstición que se sigue dentro de la propia familia y de la sociedad. En algunos casos es obligatorio creer lo que la sociedad manda, bajo pena de degradación social, exilio o ejecución en caso contrario. En otros casos es conveniente o necesario profesar una creencia particular (o cualquier creencia religiosa/ritual) para conseguir un trabajo o figurar como miembro respetable de la comunidad. Pero entonces, ¿todos los "creyentes" son hipócritas, que dicen creer por mera conveniencia?
No necesariamente. Dennett, en una breve conferencia que dio al recibir un premio, utilizaba un ejemplo muy ilustrativo, que voy a usar aquí y ampliar un poco.
Supongamos que yo soy un hablante monolingüe de castellano. Tengo un amigo que habla un idioma distinto y sin relación con el castellano, digamos turco. Le pido a mi amigo que me dé una afirmación, en turco, que sea indiscutiblemente verdadera. Mi amigo me da un papel con una frase en turco de la cual no entiendo ni jota, y me asegura que es tan verdadera como que la Tierra gira alrededor del sol. Le pido que bajo ningún motivo me traduzca la frase. Como es mi amigo más fiel y lo dice en serio, confío en él ciegamente. Aprendo a repetir la frase, aunque no sé realmente qué significa. Si alguien me pregunta en qué creo, yo le muestro el papelito con la frase en turco y la recito poniendo toda mi fe en ello.
También es posible, por lo tanto, creer en algo sin saber en qué se cree, lo cual se reduce a creer en la fuente. Creemos porque nuestros padres, maestros y amigos nos transmiten sus creencias. Creemos porque, si no lo hiciéramos, haríamos de esta gente que conocemos y amamos unos mentirosos o unos tontos. Con el tiempo, creemos por simple costumbre, de la misma manera en que por costumbre hacemos, de adultos, muchas cosas como nos las enseñaron nuestros padres.
Más todavía. Las sociedades humanas, desde que el mundo es mundo y hasta hace muy poco en términos históricos, han estado basadas en la religión, en creencias sobrenaturales y metafísicas, y en rituales varios, a veces en un matrimonio o alianza con los poderes temporales. Aun hoy hay muchos países donde la religión juega un papel más importante que la letra de la ley secular en el control social, y naciones que se definen por la pertenencia a una religión (o secta o culto dentro de una religión). Creemos porque nos dicen que sin una creencia unificadora, un mito común, la sociedad se derrumbaría, caería en el desorden y la ilegalidad, sería abandonada por los dioses. No es que nos lo digan con esas palabras, aunque éste sí es el caso en algunos lugares especialmente atrasados, como Irán o el centro-sur de los Estados Unidos. La mera presencia de una iglesia oficial en los actos públicos es una insinuación que dice: somos el sostén del poder, y ustedes no pueden vivir sin nosotros.
El misterio
Existe además, por fuera de las ideas políticas, una tendencia muy humana a buscar el misterio. Una frase en un idioma que no conocemos, si creemos en ella, puede ser misteriosa. Quizá la traducción sea una soberana tontería o una perogrullada, pero en tanto no la tengamos, podemos imaginar. No es difícil creer en lo que es obvio o ampliamente conocido; de hecho, es más meritorio y piadoso, según ciertas visiones de la religión, creer sin evidencia o incluso contra la evidencia. "Creo porque es absurdo", dijo famosamente Tertuliano, uno de los Padres de la Iglesia. El misterio nos permite creernos especiales: si yo y sólo yo tengo la comprensión privada y una interpretación de algo incomprensible para los demás, entonces soy especial, sin perjuicio de que los demás puedan acceder a esta verdad de otra manera.
El misterio, por otra parte, también puede traer inquietud, pero el misterio que nace de la religión siempre viene "empaquetado" con su propia resolución. Es posible encontrar misterios infinitos en la ciencia, en la exploración sin fronteras del mundo real, pero allí nos enfrentamos a dilemas éticos insolubles, a horrores sin mitigar, y a leyes que inexorablemente nos muestran un universo sin ley moral, un universo que no nos pertenece ni nos da la bienvenida. La religión y la superstición pueden hablar de horrores y espantos, pero la receta para evitarlos está siempre al alcance: una oración, un amuleto, unos días de ayuno y penitencia, una peregrinación, un roce fervoroso a una piedra o una estatua, una confesión.
¿Respeto o conformismo?
Por encima de todas estas razones, y complementándolas, está el hecho de que creer en algo sobrenatural, desde que el mundo es mundo y hasta hace muy poco, ha sido una norma social tácita y respetable (mientras que en muchas partes todavía es peligroso o sumamente inconveniente decir que uno no tiene ninguna religión). Está mal visto criticar las supersticiones del prójimo, y se considera de mala educación examinar en detalle o exponer al ridículo sus creencias. La superstición tiene carta blanca para ocupar espacios, y los líderes religiosos gozan de una licencia casi ilimitada para opinar y declamar sobre cualquier tema que ellos consideren de su incumbencia.
La religión suele ser un asunto aun más inflamable que la política en la mesa y en el salón de estar. Se evita el tema, y por ese recurso se lo protege. La idea de la conveniencia y la invulnerabilidad de la creencia sobrenatural continúa sin ser desafiada.
Por todo esto, decía Dennett, es necesario que los que no creemos en supersticiones hablemos, cuando podamos, en contra de ellas. El respeto que debemos a las personas no se extiende a las ideas. Si son ridículas o dañinas, las ideas religiosas deben ser atacadas y expuestas.
La mera existencia de personas que abiertamente descreen y que viven su vida normalmente es una afrenta para los que impulsan la superstición, porque muestra a los demás que creer no es necesario, que la "creencia en la creencia", como la llama Dennett, no tiene sentido.
[Este post es la versión íntegra del que fue resumido aquí, y a que a su vez remitía a mi sitio web. He dado de baja el mismo porque no tenía mucho sentido pagar por algo que no uso más que como repositorio de textos.]
Daniel Dennett es un filósofo que se ha hecho la misma pregunta. Su conclusión es que la mayor parte de la gente es realmente creyente, pero no cree en Dios, sino en las creencias sobrenaturales mismas. Cree porque cree que creer es bueno, socialmente correcto, sensato, adecuado. Cree en la religión porque le enseñaron que no se puede vivir sin creencias religiosas.Creer en creer
Si uno observa los sacrificios que algunas personas creyentes hacen, las privaciones, incluso los gastos en tiempo y dinero a los que se ven obligados por seguir su religión, resulta difícil y suena presuntuoso, a primera vista, asegurar que en realidad no creen en Dios (o la Virgen María, o el santo o mártir que venga al caso) sino que responden a un imperativo propio o social de creer en algo.
Sin embargo, cuando se observa con atención lo que supuestamente cree la persona, en la inmensa mayoría de los casos se puede notar que realmente no sabe definir aquello en lo que cree, delimitarlo conceptualmente, o hacer cualquier tipo de afirmación categórica útil sobre ello.
"Dios es amor" es categórico pero tan metafóricamente nebuloso que no provee ninguna información. "Dios envió a Su hijo para que muriera por nosotros" implica toda una teología y una mitología compleja que no tiene pies ni cabeza, ni se justifica salvo que uno crea en ella de antemano. "El Hijo de Dios nació de una virgen" es una afirmación metafísica producto de una mala traducción de un texto antiguo, elevada a dogma por una secta particular de una iglesia, pero nadie puede explicar qué significa en términos concretos. Uno esperaría que una creencia que puede cambiar el rumbo de una vida humana por completo, poner a una familia o a una nación contra otra, y (supuestamente) determinar el destino final de la esencia inmortal de una persona, debería ser factible de entendimiento.
La costumbre de la fe
Dennett dice que la gente no cree, sino que cree que cree, y hay buenas razones para esto. Debido a la forma en que se propaga una creencia, suele ser conveniente creer, o actuar como si se creyera, en la religión o superstición que se sigue dentro de la propia familia y de la sociedad. En algunos casos es obligatorio creer lo que la sociedad manda, bajo pena de degradación social, exilio o ejecución en caso contrario. En otros casos es conveniente o necesario profesar una creencia particular (o cualquier creencia religiosa/ritual) para conseguir un trabajo o figurar como miembro respetable de la comunidad. Pero entonces, ¿todos los "creyentes" son hipócritas, que dicen creer por mera conveniencia?
No necesariamente. Dennett, en una breve conferencia que dio al recibir un premio, utilizaba un ejemplo muy ilustrativo, que voy a usar aquí y ampliar un poco.
Supongamos que yo soy un hablante monolingüe de castellano. Tengo un amigo que habla un idioma distinto y sin relación con el castellano, digamos turco. Le pido a mi amigo que me dé una afirmación, en turco, que sea indiscutiblemente verdadera. Mi amigo me da un papel con una frase en turco de la cual no entiendo ni jota, y me asegura que es tan verdadera como que la Tierra gira alrededor del sol. Le pido que bajo ningún motivo me traduzca la frase. Como es mi amigo más fiel y lo dice en serio, confío en él ciegamente. Aprendo a repetir la frase, aunque no sé realmente qué significa. Si alguien me pregunta en qué creo, yo le muestro el papelito con la frase en turco y la recito poniendo toda mi fe en ello.
También es posible, por lo tanto, creer en algo sin saber en qué se cree, lo cual se reduce a creer en la fuente. Creemos porque nuestros padres, maestros y amigos nos transmiten sus creencias. Creemos porque, si no lo hiciéramos, haríamos de esta gente que conocemos y amamos unos mentirosos o unos tontos. Con el tiempo, creemos por simple costumbre, de la misma manera en que por costumbre hacemos, de adultos, muchas cosas como nos las enseñaron nuestros padres.
Más todavía. Las sociedades humanas, desde que el mundo es mundo y hasta hace muy poco en términos históricos, han estado basadas en la religión, en creencias sobrenaturales y metafísicas, y en rituales varios, a veces en un matrimonio o alianza con los poderes temporales. Aun hoy hay muchos países donde la religión juega un papel más importante que la letra de la ley secular en el control social, y naciones que se definen por la pertenencia a una religión (o secta o culto dentro de una religión). Creemos porque nos dicen que sin una creencia unificadora, un mito común, la sociedad se derrumbaría, caería en el desorden y la ilegalidad, sería abandonada por los dioses. No es que nos lo digan con esas palabras, aunque éste sí es el caso en algunos lugares especialmente atrasados, como Irán o el centro-sur de los Estados Unidos. La mera presencia de una iglesia oficial en los actos públicos es una insinuación que dice: somos el sostén del poder, y ustedes no pueden vivir sin nosotros.
El misterio
Existe además, por fuera de las ideas políticas, una tendencia muy humana a buscar el misterio. Una frase en un idioma que no conocemos, si creemos en ella, puede ser misteriosa. Quizá la traducción sea una soberana tontería o una perogrullada, pero en tanto no la tengamos, podemos imaginar. No es difícil creer en lo que es obvio o ampliamente conocido; de hecho, es más meritorio y piadoso, según ciertas visiones de la religión, creer sin evidencia o incluso contra la evidencia. "Creo porque es absurdo", dijo famosamente Tertuliano, uno de los Padres de la Iglesia. El misterio nos permite creernos especiales: si yo y sólo yo tengo la comprensión privada y una interpretación de algo incomprensible para los demás, entonces soy especial, sin perjuicio de que los demás puedan acceder a esta verdad de otra manera.
El misterio, por otra parte, también puede traer inquietud, pero el misterio que nace de la religión siempre viene "empaquetado" con su propia resolución. Es posible encontrar misterios infinitos en la ciencia, en la exploración sin fronteras del mundo real, pero allí nos enfrentamos a dilemas éticos insolubles, a horrores sin mitigar, y a leyes que inexorablemente nos muestran un universo sin ley moral, un universo que no nos pertenece ni nos da la bienvenida. La religión y la superstición pueden hablar de horrores y espantos, pero la receta para evitarlos está siempre al alcance: una oración, un amuleto, unos días de ayuno y penitencia, una peregrinación, un roce fervoroso a una piedra o una estatua, una confesión.
¿Respeto o conformismo?
Por encima de todas estas razones, y complementándolas, está el hecho de que creer en algo sobrenatural, desde que el mundo es mundo y hasta hace muy poco, ha sido una norma social tácita y respetable (mientras que en muchas partes todavía es peligroso o sumamente inconveniente decir que uno no tiene ninguna religión). Está mal visto criticar las supersticiones del prójimo, y se considera de mala educación examinar en detalle o exponer al ridículo sus creencias. La superstición tiene carta blanca para ocupar espacios, y los líderes religiosos gozan de una licencia casi ilimitada para opinar y declamar sobre cualquier tema que ellos consideren de su incumbencia.
La religión suele ser un asunto aun más inflamable que la política en la mesa y en el salón de estar. Se evita el tema, y por ese recurso se lo protege. La idea de la conveniencia y la invulnerabilidad de la creencia sobrenatural continúa sin ser desafiada.
Por todo esto, decía Dennett, es necesario que los que no creemos en supersticiones hablemos, cuando podamos, en contra de ellas. El respeto que debemos a las personas no se extiende a las ideas. Si son ridículas o dañinas, las ideas religiosas deben ser atacadas y expuestas.
La mera existencia de personas que abiertamente descreen y que viven su vida normalmente es una afrenta para los que impulsan la superstición, porque muestra a los demás que creer no es necesario, que la "creencia en la creencia", como la llama Dennett, no tiene sentido.
[Este post es la versión íntegra del que fue resumido aquí, y a que a su vez remitía a mi sitio web. He dado de baja el mismo porque no tenía mucho sentido pagar por algo que no uso más que como repositorio de textos.]
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viernes, 21 de agosto de 2009
Un manual para ateos desde Colombia (A100 cont.)
Esto es antiguo, pero acabo de verlo (vía Sin Dios en Facebook): Se lanza el manual de ateología en Colombia. Se trata de 2 videos en YouTube donde se presenta el Manual de Ateología, un librito escrito por 16 personalidades colombianas desde diversas formas de no creencia y racionalismo. En mayo habíamos recibido ya esta noticia (Colombianos ateos famosos se confiesan).
Lo interesante es que el libro logró esta cobertura (es un programa llamado Radar, de la Cadena Caracol) y además se entrevistó a sus editores. El tono de Tito Livio Caldas, uno de ellos, es decididamente decimonónico, con su enfoque a mi entender estrecho y exclusivo en el racionalismo y su confianza excesiva en la tolerancia y el espíritu crítico de los ateos como tales, aparte de concederle a la entrevistadora que Richard Dawkins es un “ateólogo”, pero es válido como ilustración. Me gustó, sí, que se hablara del abuso que supone indoctrinar a los niños en una fe, y que Caldas no cediera terreno ante la insinuación de que está mal privar de religión a un niño.
Si algún lector de este blog consigue el libro y lo lee, no deje de comentar, por favor.
Lo interesante es que el libro logró esta cobertura (es un programa llamado Radar, de la Cadena Caracol) y además se entrevistó a sus editores. El tono de Tito Livio Caldas, uno de ellos, es decididamente decimonónico, con su enfoque a mi entender estrecho y exclusivo en el racionalismo y su confianza excesiva en la tolerancia y el espíritu crítico de los ateos como tales, aparte de concederle a la entrevistadora que Richard Dawkins es un “ateólogo”, pero es válido como ilustración. Me gustó, sí, que se hablara del abuso que supone indoctrinar a los niños en una fe, y que Caldas no cediera terreno ante la insinuación de que está mal privar de religión a un niño.
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jueves, 20 de agosto de 2009
Ateos entre comillas
Comienzo por decir que el tema de esta nota fue inspirado por un post de Quique de Redfield en sus Notas Ateas de un Izquierdista y Gay, titulado precisamente “Ateos” (entre comillas), donde narra su discusión online con una persona que se proclamaba atea pero que tenía todos los tics y lugares comunes del creyente: el "fanatismo ateo", la equiparación del mismo con el fanatismo religioso, la inflexibilidad de la ciencia que "pide pruebas para todo", el reclamo de que el ateo tiene que demostrar la inexistencia de Dios tanto como el creyente debe hacer lo mismo con su existencia, y el uso argumental del hecho de que muchos grandes científicos fueron también creyentes.Como bien decía Quique, con tener esos ateos ya ni necesitamos creyentes. Es difícil y probablemente no ayude en nada generalizar y decir que hay una clase única de ateos que defienden la religión, o que se oponen al activismo ateo, pero enseguida, viendo que Quique buscaba una denominación adecuada (ateos tibios, ateos religion-friendly...) me vino a la mente el término faitheist, que el Urban Dictionary define como
Un ateo que es "suave" hacia la creencia religiosa, y tolerante hasta de los peores excesos intelectuales y morales de la religión; un ateo acomodacionista.La palabra faitheist, combinación de faith "fe" y atheist "ateo" (suena como esta última, pero con una f añadida al principio: FEI-zi-ist), fue inventada por un internauta bajo el pseudónimo Divalent, y ganó el concurso propuesto por el blogger evolucionista Jerry Coyne (de Why Evolution Is True) para encontrar un término que resumiera esta actitud, aunque luego Divalent cedió galantemente su puesto a otro concursante, Your Name's Not Bruce?, quien había propuesto la forma faiththeist y luego la retiró.
El término se conecta generalmente con la idea de "fe en la fe" (belief in belief) propuesta por Daniel Dennett, según la cual muchas personas, aunque no creen en Dios (o cualquier otro punto esencial de alguna religión), sí creen que es correcto, bueno, necesario o al menos importante creer en la idea de la religión. Dentro de estas personas habrá muchos pseudo-creyentes que no saben nada de religión excepto que deben seguir alguna religión, y ateos que, no obstante haber rechazado el concepto de Dios, ven a la fe (en los demás) como una virtud.
El asunto de los ateos que no se terminan de decantar por el ateísmo fue tratado por Richard Dawkins en un par de sus libros, y Dawkins se explayó un poco más en un post en su blog, I'm an atheist, BUT... ("Soy ateo, PERO..."), donde enumeró varios motivos comunes:
- "Soy ateo, pero la religión está aquí para quedarse" (derrotista, aunque muchas veces exultante).
- "Soy ateo, pero la gente necesita religión" (esta idea es un mito condescendiente y elitista).
- "Soy ateo, pero la religión es una de las glorias de la cultura humana" (¿los sacrificios humanos a los dioses también?).
- "Soy ateo, pero no le veo sentido a predicarle a los conversos" (cierto, pero hay conversos que no se animan a mostrarse como tales, y a quienes les puede venir bien ver que no están solos).
- "Soy ateo, pero no deseo asociarme con el lenguaje intempestivamente fuerte que estás usando" (¿por qué la religión no puede ser atacada? ¿Por qué no se la puede criticar de la misma manera en que se critica un libro o una obra de teatro? ¿Los políticos no son aplaudidos cuando devastan retóricamente a un oponente en una discusión parlamentaria?).
Que esto nos sirva a los ateos para darnos cuenta de que no hay una sola clase de ateos... y que jamás debemos esperar de todos los ateos que sean gente coherente, amantes de la ciencia, o que sepan darse cuenta de cuándo están actuando en contra de sus propios intereses.
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miércoles, 19 de agosto de 2009
Una de cal y otra de arena (reposteado)
Desde Ateo Militante nos llegan estas dos noticias relacionadas con los privilegios sociales de la Iglesia Católica:En Santa Rosa, provincia de La Pampa, un grupo de fundamentalistas mostró su enojo cuando el presidente del consejo deliberante, Guillermo Di Liscia, decidió retirar un fetiche de la Virgen María que se encontraba en un lugar de tránsito dentro del edificio público. […]La nota completa, Una de cal y otra de arena, está en el blog de Ateo Militante.
Más o menos por los mismos días, el Consejo Deliberante de Avellaneda fue escenario de un acto religioso. Allí, en una sesión extraordinaria el obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia, habló en el homenaje a la Virgen en el día que el Papa Pío XII fijó como Día de la Asunción de la Virgen María y que luego fuera también el Día de la Patrona de Avellaneda.
Al contrario de lo que dice el dicho, a veces es mucho más fácil construir que destruir. En el caso de la Iglesia Católica, vamos a admitir que construir su estructura de poder en América le costó siglos de acompañar las matanzas de los conquistadores y de evangelizar por la fuerza a los nativos, pero hoy en día sus privilegios le salen gratis. Destruirlos (lo cual no sería cuestión de intolerancia sino de simple equiparación) nos va a costar mucho más, especialmente cuando hay tantos políticos que no tienen empacho en utilizar su devoción, o fingirla, para ganarse el favor público.
martes, 18 de agosto de 2009
Religión o delirio
¿Cuál es la diferencia entre un delirio y una creencia religiosa falsa? Si uno vive y actúa siguiendo una creencia sin fundamento y manifiestamente falsa, ¿puede ser considerado un enfermo mental, incluso si miles o millones de personas comparten esa creencia? ¿Cuál es el límite?
Bajo el título Health Professionals Fear Web Sites That Support Theories on Mind Control (The New York Times, 12 de noviembre de 2008), al que llego via Slashdot, un artículo periodístico examina el tema de las comunidades de personas en la web que creen que están siendo sujetas a control mental y acosadas o amenazadas por parte de agentes desconocidos (gang stalking).
Estas personas escuchan voces que les dicen que van a morir (supuestamente transmitidas a su cerebro por medios físicos desconocidos), creen ser perseguidos por el gobierno, o están convencidos de que sus casas están siendo invadidas y espiadas. Por mucho tiempo esta gente vivió aislada, sufriendo las consecuencias en su familia o su trabajo. Luego vino Internet y la formación de redes sociales... e inevitablemente se encontraron unos a otros y compartieron sus "experiencias". El resultado es que ahora forman una verdadera subcultura, y sus delirios se ven reforzados: no puede ser que estén locos, piensan, cuando hay tantos que están sufriendo igual que ellos.
Este cambio complica las cosas a los psicólogos y psiquiatras en más de una forma. No sólo previsiblemente se dificulta el tratamiento (convencer a los pacientes de que su paranoia no tiene base alguna), sino que además la misma definición de delirio (en inglés delusion) según las guías diagnósticas de los Estados Unidos empieza a ser insuficiente... y aquí es donde entra el tema de la religión.
Resulta que se considera delusion o "delirio" a creencias como "mi vecino usa una 'antena de ondas mentales' para espiar mis pensamientos" o "tipos vestidos de negro me siguen por la calle", etc., pero se exceptúan las creencias mantenidas por la cultura o subcultura a la que pertenece la persona. Por ejemplo, si un haitiano nativo cree que los loa del vudú lo observan e influencian sus acciones, no puede ser catalogado como delusional, porque en su cultura tales creencias son la norma. Si uno se limita a creer lo que su educación y medio social le han inculcado, en principio no puede considerársele enfermo mental.
¿Y la religión? Llamativamente nadie la menciona en el artículo, aunque algunos de los comentarios en Slashdot sí lo hacen. La gran mayoría de la gente tiene una religión, y la mayoría de las personas religiosas funciona más o menos bien en su vida habitual. La religión puede generar restricciones, prohibiciones y temores varios, y desde el punto de vista de quienes no creemos en lo sobrenatural puede resultar un pesado par de anteojeras mentales, pero en general la calidad de vida del creyente no sufre. ¿O sí?
La experiencia demuestra que no hay nada tan horrible que ninguna secta o rama extremista de alguna religión no pueda decretar para sus seguidores. Supresión de casi todos los derechos y libertades, reducción de la mujer a la servidumbre sexual, incesto o poligamia forzados, autoflagelación, incluso suicidio en masa... Pero hay una multitud de otras cosas "menores" que las religiones obligan a hacer o decir (o dejar de hacer o decir) a sus fieles, y muchísimas doctrinas que, vistas desde cualquier punto de vista que no sea el de la corrección política, serían calificadas como delirios perjudiciales.
Millones de personas creen que existe un Dios que nos vigila constantemente y está dispuesto a condenarnos al infierno por infringir ciertas leyes (leyes, aclaremos, que fueron concebidas por y para un pueblo patriarcal y semisalvaje de pastores nómades de la Edad de Bronce). Esta doctrina debe estar entre las más absurdas causas de angustia para un ser humano. ¿Es esta creencia dañina, que ha envenenado las vidas de incontables personas, un delirio? Según los psiquiatras americanos, no. Porque forma parte de nuestra cultura, está exenta del tratamiento de enfermedad mental.
De la misma manera, la creencia de que hay una criatura malvada, invisible, que está constantemente susurrando tentaciones a nuestro ser interior sería calificada como delirio de persecución en cualquier esquema diagnóstico sensato, pero la figura de Satanás como tentador es parte integral de nuestra cultura occidental y cristiana. Nótese cómo el cristianismo ha creado un sistema cerrado utilizando a Dios y al Diablo, reglas para el bien e impulsos para el mal, logrando una estructura lógica perversa pero coherente.
Ciertas víctimas del delirio de persecución viven con el temor de ser atacadas, pero al mismo tiempo saben que por alguna razón siempre escapan, con ayuda de ciertos rituales y barreras físicas y mentales. Esto debería parecerles extraño, ya que se trata de ciudadanos comunes con protecciones rudimentarias, supuestamente perseguidos por seres organizados y poderosos. ¿Qué pasa con la religión? En un sitio cristiano se expone la idea de la tentación de los demonios: "Satanás y sus demonios acechan la vida diaria de todos los creyentes ofreciendo todo tipo de seducción con el propósito de inducir al cristiano a apartarse de su andar con Cristo fiel y obediente", pero luego se cita también la Primera Carta de Pablo a los Corintios: "[F]iel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo podáis resistir, sino que os dará juntamente con la tentación la salida para que podáis soportar", y se dice que ésta es "la garantía de Dios de que nunca permitirá a Satanás llegar muy lejos".
El sistema funciona perfectamente. Personas perseguidas por una entidad poderosísima que las induce al mal pero de la que siempre pueden escapar por poco, para seguir viviendo y temiendo atormentadas, necesitadas de todo tipo de rituales: ¿es cristianismo o es delirio?
Ignoro cómo trabaja un psicólogo o psiquiatra este dilema cuando un paciente que cree profundamente en los demonios viene a consulta para calmar sus temores: o le dice claramente que su creencia no tiene contacto con la realidad o bien (adivino que será así) le permite seguir creyendo y le ayuda a racionalizar alguna otra estructura psicológica que lo proteja, usando los elementos disponibles, por ejemplo el susodicho versículo de la Biblia o la creencia en ángeles protectores. ¿Está bien o está mal? ¿Es ético intentar destruir una estructura mental religiosa dañina, o es preferible trabajar con ella?
Quienes creen en el dios celoso y autoritario del Antiguo Testamento o en las fuerzas demoníacas del cristianismo seguramente suelen encontrar vías de autojustificación por su cuenta; de lo contrario les sería imposible funcionar normalmente. A una minoría importante, imagino, estas creencias les quitan el gozo de vivir. Unos pocos viven sumergidos en el terror de manera constante, se transforman en caricaturas menos que humanas, que no pueden sino repetir constantemente sus rituales protectores.
La raíz de este mal es el convencimiento de que somos individuos tan importantes que ahí afuera hay grandes poderes enfocando su atención en nosotros, y al mismo tiempo tan ingeniosos que podemos discernir sus planes y hasta escapar de ellos. La realidad es que al universo no le importa si vivimos o morimos, y nada podemos hacer para evitar esa indiferencia. El alivio de saber que no merecemos, ni por asomo, estar subidos a tan alto pedestal, debe ser una de las grandes recompensas del ateísmo.
[Este post es la versión íntegra del que fue resumido aquí, y a que a su vez remitía a mi sitio web. He dado de baja el mismo porque no tenía mucho sentido pagar por algo que no uso más que como repositorio de textos.]
Bajo el título Health Professionals Fear Web Sites That Support Theories on Mind Control (The New York Times, 12 de noviembre de 2008), al que llego via Slashdot, un artículo periodístico examina el tema de las comunidades de personas en la web que creen que están siendo sujetas a control mental y acosadas o amenazadas por parte de agentes desconocidos (gang stalking).
Estas personas escuchan voces que les dicen que van a morir (supuestamente transmitidas a su cerebro por medios físicos desconocidos), creen ser perseguidos por el gobierno, o están convencidos de que sus casas están siendo invadidas y espiadas. Por mucho tiempo esta gente vivió aislada, sufriendo las consecuencias en su familia o su trabajo. Luego vino Internet y la formación de redes sociales... e inevitablemente se encontraron unos a otros y compartieron sus "experiencias". El resultado es que ahora forman una verdadera subcultura, y sus delirios se ven reforzados: no puede ser que estén locos, piensan, cuando hay tantos que están sufriendo igual que ellos.
Este cambio complica las cosas a los psicólogos y psiquiatras en más de una forma. No sólo previsiblemente se dificulta el tratamiento (convencer a los pacientes de que su paranoia no tiene base alguna), sino que además la misma definición de delirio (en inglés delusion) según las guías diagnósticas de los Estados Unidos empieza a ser insuficiente... y aquí es donde entra el tema de la religión.
Resulta que se considera delusion o "delirio" a creencias como "mi vecino usa una 'antena de ondas mentales' para espiar mis pensamientos" o "tipos vestidos de negro me siguen por la calle", etc., pero se exceptúan las creencias mantenidas por la cultura o subcultura a la que pertenece la persona. Por ejemplo, si un haitiano nativo cree que los loa del vudú lo observan e influencian sus acciones, no puede ser catalogado como delusional, porque en su cultura tales creencias son la norma. Si uno se limita a creer lo que su educación y medio social le han inculcado, en principio no puede considerársele enfermo mental.
¿Y la religión? Llamativamente nadie la menciona en el artículo, aunque algunos de los comentarios en Slashdot sí lo hacen. La gran mayoría de la gente tiene una religión, y la mayoría de las personas religiosas funciona más o menos bien en su vida habitual. La religión puede generar restricciones, prohibiciones y temores varios, y desde el punto de vista de quienes no creemos en lo sobrenatural puede resultar un pesado par de anteojeras mentales, pero en general la calidad de vida del creyente no sufre. ¿O sí?
La experiencia demuestra que no hay nada tan horrible que ninguna secta o rama extremista de alguna religión no pueda decretar para sus seguidores. Supresión de casi todos los derechos y libertades, reducción de la mujer a la servidumbre sexual, incesto o poligamia forzados, autoflagelación, incluso suicidio en masa... Pero hay una multitud de otras cosas "menores" que las religiones obligan a hacer o decir (o dejar de hacer o decir) a sus fieles, y muchísimas doctrinas que, vistas desde cualquier punto de vista que no sea el de la corrección política, serían calificadas como delirios perjudiciales.
Millones de personas creen que existe un Dios que nos vigila constantemente y está dispuesto a condenarnos al infierno por infringir ciertas leyes (leyes, aclaremos, que fueron concebidas por y para un pueblo patriarcal y semisalvaje de pastores nómades de la Edad de Bronce). Esta doctrina debe estar entre las más absurdas causas de angustia para un ser humano. ¿Es esta creencia dañina, que ha envenenado las vidas de incontables personas, un delirio? Según los psiquiatras americanos, no. Porque forma parte de nuestra cultura, está exenta del tratamiento de enfermedad mental.
De la misma manera, la creencia de que hay una criatura malvada, invisible, que está constantemente susurrando tentaciones a nuestro ser interior sería calificada como delirio de persecución en cualquier esquema diagnóstico sensato, pero la figura de Satanás como tentador es parte integral de nuestra cultura occidental y cristiana. Nótese cómo el cristianismo ha creado un sistema cerrado utilizando a Dios y al Diablo, reglas para el bien e impulsos para el mal, logrando una estructura lógica perversa pero coherente.
Ciertas víctimas del delirio de persecución viven con el temor de ser atacadas, pero al mismo tiempo saben que por alguna razón siempre escapan, con ayuda de ciertos rituales y barreras físicas y mentales. Esto debería parecerles extraño, ya que se trata de ciudadanos comunes con protecciones rudimentarias, supuestamente perseguidos por seres organizados y poderosos. ¿Qué pasa con la religión? En un sitio cristiano se expone la idea de la tentación de los demonios: "Satanás y sus demonios acechan la vida diaria de todos los creyentes ofreciendo todo tipo de seducción con el propósito de inducir al cristiano a apartarse de su andar con Cristo fiel y obediente", pero luego se cita también la Primera Carta de Pablo a los Corintios: "[F]iel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo podáis resistir, sino que os dará juntamente con la tentación la salida para que podáis soportar", y se dice que ésta es "la garantía de Dios de que nunca permitirá a Satanás llegar muy lejos".
El sistema funciona perfectamente. Personas perseguidas por una entidad poderosísima que las induce al mal pero de la que siempre pueden escapar por poco, para seguir viviendo y temiendo atormentadas, necesitadas de todo tipo de rituales: ¿es cristianismo o es delirio?
Ignoro cómo trabaja un psicólogo o psiquiatra este dilema cuando un paciente que cree profundamente en los demonios viene a consulta para calmar sus temores: o le dice claramente que su creencia no tiene contacto con la realidad o bien (adivino que será así) le permite seguir creyendo y le ayuda a racionalizar alguna otra estructura psicológica que lo proteja, usando los elementos disponibles, por ejemplo el susodicho versículo de la Biblia o la creencia en ángeles protectores. ¿Está bien o está mal? ¿Es ético intentar destruir una estructura mental religiosa dañina, o es preferible trabajar con ella?
Quienes creen en el dios celoso y autoritario del Antiguo Testamento o en las fuerzas demoníacas del cristianismo seguramente suelen encontrar vías de autojustificación por su cuenta; de lo contrario les sería imposible funcionar normalmente. A una minoría importante, imagino, estas creencias les quitan el gozo de vivir. Unos pocos viven sumergidos en el terror de manera constante, se transforman en caricaturas menos que humanas, que no pueden sino repetir constantemente sus rituales protectores.
La raíz de este mal es el convencimiento de que somos individuos tan importantes que ahí afuera hay grandes poderes enfocando su atención en nosotros, y al mismo tiempo tan ingeniosos que podemos discernir sus planes y hasta escapar de ellos. La realidad es que al universo no le importa si vivimos o morimos, y nada podemos hacer para evitar esa indiferencia. El alivio de saber que no merecemos, ni por asomo, estar subidos a tan alto pedestal, debe ser una de las grandes recompensas del ateísmo.
[Este post es la versión íntegra del que fue resumido aquí, y a que a su vez remitía a mi sitio web. He dado de baja el mismo porque no tenía mucho sentido pagar por algo que no uso más que como repositorio de textos.]
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Publicado por
Pablo
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domingo, 16 de agosto de 2009
Libertad religiosa o promoción de la religión (A132)
El gobierno de San Luis y el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR) firmarán el próximo 19 de agosto “un acuerdo marco de cooperación con el objetivo de crear lazos recíprocos para mejorar y hacer más eficaces las libertades de pensamiento, religiosa y de culto”, según el sitio web oficial del Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto de dicha provincia argentina.
El CALIR es un grupo de juristas y expertos en libertad religiosa que pertenecen “a distintas confesiones y tradiciones religiosas, aunque sin representarlas institucionalmente.” Entre sus objetivos está el de “promover la valoración positiva del hecho religioso”, lo cual hace obvio el hecho de que ningún ateo con sangre en las venas ha sido invitado a este augusto grupo.
El hecho religioso, sin más, no puede ser considerado positivo, porque si así lo fuera, habría que apreciar como cosas positivas los sacrificios animales, los exorcismos a homosexuales, la autoflagelación, y otras costumbres igualmente bárbaras. ¿O bien sólo debemos apreciar las partes bellas de la religión, como ese idealizado diálogo interreligioso en el que personas muy educadas que están de acuerdo de antemano sobre ciertos temas se reúnen para tirarse flores y firmar declaraciones, mientras sus correligionarios menos sofisticados se envían unos a otros a sus respectivos infiernos?
Es muy curioso que un gobierno provincial firme un acuerdo para promover la libertad religiosa sin que se especifique un motivo específico. La libertad religiosa no está amenazada en San Luis. No ha habido, que yo sepa, ningún incidente relacionado con el tema en esa provincia. Esto tiene todo el aspecto de tratarse de una iniciativa para transferir fondos de un gobierno a un grupo religioso bajo la apariencia de promover un derecho universal.
Irónicamente, parece ser que se quiere promover la libertad religiosa con más religión. Y eso cuando los mayores enemigos de la libertad religiosa y de pensamiento no somos los ateos, o los que no creemos a priori que religión equivale a amor y espiritualidad, sino los creyentes mismos. Los no creyentes defendemos la libertad de pensamiento, incluyendo la libertad religiosa, porque creemos (a diferencia de muchos creyentes) que las personas tienen el derecho de creer y de hacer cualquier cosa, por muy asquerosa o estúpida que sea, siempre que no perjudique a los demás, y en un terreno más pragmático, porque su alternativa más frecuente no es el ateísmo forzoso, sino la coerción ideológica.
El CALIR es un grupo de juristas y expertos en libertad religiosa que pertenecen “a distintas confesiones y tradiciones religiosas, aunque sin representarlas institucionalmente.” Entre sus objetivos está el de “promover la valoración positiva del hecho religioso”, lo cual hace obvio el hecho de que ningún ateo con sangre en las venas ha sido invitado a este augusto grupo.
El hecho religioso, sin más, no puede ser considerado positivo, porque si así lo fuera, habría que apreciar como cosas positivas los sacrificios animales, los exorcismos a homosexuales, la autoflagelación, y otras costumbres igualmente bárbaras. ¿O bien sólo debemos apreciar las partes bellas de la religión, como ese idealizado diálogo interreligioso en el que personas muy educadas que están de acuerdo de antemano sobre ciertos temas se reúnen para tirarse flores y firmar declaraciones, mientras sus correligionarios menos sofisticados se envían unos a otros a sus respectivos infiernos?
Es muy curioso que un gobierno provincial firme un acuerdo para promover la libertad religiosa sin que se especifique un motivo específico. La libertad religiosa no está amenazada en San Luis. No ha habido, que yo sepa, ningún incidente relacionado con el tema en esa provincia. Esto tiene todo el aspecto de tratarse de una iniciativa para transferir fondos de un gobierno a un grupo religioso bajo la apariencia de promover un derecho universal.
Irónicamente, parece ser que se quiere promover la libertad religiosa con más religión. Y eso cuando los mayores enemigos de la libertad religiosa y de pensamiento no somos los ateos, o los que no creemos a priori que religión equivale a amor y espiritualidad, sino los creyentes mismos. Los no creyentes defendemos la libertad de pensamiento, incluyendo la libertad religiosa, porque creemos (a diferencia de muchos creyentes) que las personas tienen el derecho de creer y de hacer cualquier cosa, por muy asquerosa o estúpida que sea, siempre que no perjudique a los demás, y en un terreno más pragmático, porque su alternativa más frecuente no es el ateísmo forzoso, sino la coerción ideológica.
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