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miércoles, 4 de julio de 2012

La llamada libertad de prensa

Uno de los peligros más formidables que amenazan la pureza de la moral entre los miembros de la Iglesia surge por los libros y escritos perniciosos. Por esta misma razón, la iglesia ha tomado desde el principio y en todos los tiempos tales precauciones contra la mala literatura (…). Si la Iglesia hubiera sido negligente haciendo esto hubiera fallado en un de sus más importantes y solemnes deberes. En nuestros días el peligro causado por los malos libros ha llegado a un nivel nunca semejante antes.

“La inteligencia y la voluntad sin restricciones es la causa real de este aumento. La llamada libertad de prensa, o la abolición de la censura pública es en gran parte responsable de este desasosiego. La iglesia está más que nunca obligada a poner fin al mal con leyes sabias y justas…”
—Enciclopedia Católica online, artículo sobre “Censura de libros”.

lunes, 25 de julio de 2011

Apartar al hombre de Dios

Cardenal Antonio Cañizares 
Ustedes saben que trato de criticar las malas acciones y no las malas ideas, porque a fin de cuentas cualquiera puede tener una mala idea (como la idea de que hay que mutilar el pene de un niño para que Dios lo considere parte de su grupo exclusivo, o la idea de que las mujeres son inmorales si no se tapan todo el cuerpo excepto los ojos), y si no la practica, o incluso si la practica sólo en sí mismo y no en los demás, debe ser libre de hacerlo porque es su asunto.

Por lo mismo tampoco defiendo la censura legal de estas ideas, salvo cuando se expresen de manera tal que se entiendan como instrucciones para hacer daño a alguien más.

Entendiéndose que no propongo prohibirle decir lo que desee, me gustaría mucho al menos poder contestarle, en términos fuertes, al cardenal Antonio Cañizares, que es un funcionario del Vaticano del más alto orden y se supone que debería cuidarse mucho de que sus ideas no se interpreten como órdenes a los fieles católicos de hacer daño a alguien más. Cañizares acaba de comparar a los secularistas (es decir los laicistas, los que queremos que el estado y la sociedad no estén bajo el yugo de una religión) con los nazis.

No lo dijo así tan claramente; no tanto como Juan Pablo II, que en su tiempo dijo una vez que sólo una ideología sin dios puede planear un genocidio. (El genocidio en Ruanda, incitado por los líderes católicos locales, cuya culpabilidad está ampliadamente documentada, quizá no le era conocido, a pesar de haber ocurrido pocos años antes.) Para Cañizares, el secularismo es como el Tercer Reich porque desea “apartar al hombre de Dios”.

Si “apartar al hombre de Dios” significa “dejar de darle vía libre a los vendedores de religión para entrar en el gobierno, las escuelas, los hospitales y nuestras habitaciones, para que dicten leyes, aprueben o censuren programas educativos, nos digan cuántos hijos podemos tener o cuándo podemos morir, y con quién y de qué manera podemos tener sexo”, entonces sí, queremos apartar al hombre de Dios.

El secularismo no pasa de eso y yo, por mi parte, me conformo con esa módica separación. Aunque a veces, es verdad, me gustaría contestarle a gente como Cañizares que efectivamente, quisiera apartar de la mente de mis congéneres la funesta idea de Dios. No sólo porque sea una mala idea, sino porque es la que da de comer a personas pequeñas y despreciables como los cardenales y los papas.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Dios, los ricos, los pobres y los valores inventados

Una de las defensas más comunes de las religiones es proclamar que la fe es necesaria para mantener los valores morales. Los fundamentalistas religiosos añaden que, como corolario, quien no tiene fe no puede tener valores; los moderados suelen escapar a esta conclusión no muy políticamente correcta diciendo que un no creyente puede tener valores porque el ansia de bien, que proviene de Dios, se manifiesta incluso aunque uno no crea en Dios.

En realidad la discusión es inútil porque todos los que tratamos con un círculo social más o menos variado sabemos que la fe religiosa no es necesaria ni suficiente para determinar ningún valor moral. De allí es fácil derivar la conclusión de que la fe es inútil por innecesaria. Ahora bien, los creyentes no pueden evitar darse cuenta de esto; y es por eso que los apologistas religiosos tienen que buscar excusas para defender la necesidad de la fe.

Esto viene a cuento de la editorial de Guillermo Marcó, sacerdote y director de Valores Religiosos, sobre la decisión de Bill Gates y otros personajes ultra-ricos de donar la mitad de su fortuna a obras de caridad, titulada “La generosidad no se mide en plata”. Marcó no tiene, digámoslo suavemente, una pluma inspirada o madura:
Días pasados, un grupo de multimillonarios anunció su decisión de donar para obras de caridad la mitad de su fortuna. Pero lo importante para Dios no es la cantidad de dinero que se dona, sino las ganas de compartir.
¡Cuánta ternura! Para ilustrar lo que quiere decir, Marcó cita (¡mal!) la historia de la viuda que dejó todas sus pocas moneditas como ofrenda en el templo (Mc 12, 41-44), lo cual Jesús reconoce como verdadera generosidad, al contrario de las ofrendas de los demás, que ponían más dinero pero sólo porque les sobraba.

Hay de todo en la pieza de Marcó, por debajo del tonito de homilía para feligreses aburridos. Superficialmente está la cuestión de lo mundano contra lo espiritual, que arranca la virtud de la generosidad de las sucias garras de secularizados y descreídos para depositarla a los pies de los creyentes. Por debajo está el voluntarismo, ese querer convencer a los creyentes de que “la intención es lo que cuenta” y de que de alguna manera es mejor dar nuestra última moneda de diez centavos que donar la mitad de nuestro millón de dólares. Para lograrlo hay que convencer al creyente de que realmente es más importante el valor moral que la utilidad real del donativo, lo que de paso logra hacer sentir bien al creyente por no hacer nada útil. Como Dios no suele manifestarse personalmente, lo que es virtuoso ante Dios es dictaminado por la misma persona según cómo se sienta después de su acto supuestamente moral y espiritual. El reaseguro del sacerdote o del apologeta cierra el círculo: no se ha hecho nada, pero todos estamos felices.

El otro tema que recorre el texto es que es preferible quedar bien con Dios que con la gente, lo cual es obvio si observamos a la gente y la comparamos con el estándar perfecto de Dios. Esta desvalorización de la humanidad es moneda corriente en todas las religiones, y se extiende, como hemos visto, a otros campos: no sólo es inferior el desprendimiento material a la “verdadera” generosidad ejemplificada por la viuda pobre del evangelio, sino que es inferior la ciencia y lo empírico ante las revelaciones de la fe; las leyes humanas no valen sino en tanto conforman con la “ley natural” impresa por Dios en Su creación; los gobiernos humanos sólo tienen sustento si los gobernantes siguen las leyes divinas; las artes sólo son buenas y autorizadas y verdaderas si expresan lo ortodoxamente espiritual del hombre, no cuando cuestionan o subvierten esa ortodoxia… y así. La viuda pobre, la pobre viuda, es un peón en el juego de Dios; Jesús la pone como ejemplo, pero no se preocupa por el hecho de que no tendrá con qué comprar comida esa noche (pensemos en las aves del cielo y los lirios del campo). La viuda no vale nada, excepto como personaje de la historia donde todo tiende a la gloria de Dios y a la justificación de la miseria humana. Si Dios deja que los ricos tranquilicen su conciencia por unas monedas mientras una pobre vieja se queda sin medios de sustento para alimentar a los sacerdotes del Templo, y eso está perfectamente bien, ¿qué nos dice Jesús sobre la forma en que Dios quiere que funcione la sociedad?

Hay un pasaje especialmente repugnante en el alegato de Marcó.
Seguramente no puedas donar esa cifra apabullante, porque sencillamente jamás la tendrás. Pero debes saber que uno puede compartir muchas cosas en la vida. Como comparte aquel rico que genera trabajo para los demás y paga salarios dignos, permitiendo a los pobres ganarse el pan con el sudor de su frente.
En un país y un continente donde la inequidad en la distribución del ingreso casi no ha dejado de aumentar desde hace décadas y se encuentra ahora en extremos obscenos, la idea de que los ricos “hacen su parte” y son realmente generosos por pagar salarios por encima del mínimo a los trabajadores es llanamente insultante. Casi tanto lo es la forma de expresarlo: “permitiendo a los pobres ganarse el pan”, en la que se trasluce muy claramente que “los pobres” son un sector especial de la población, que no van a dejar de existir y por los cuales no vale la pena que los ricos vendan todas sus posesiones. Lo de “permitir” insinúa que el trabajo es una graciosa concesión de los ricos a los pobres, o como mucho, algo que Dios concede a los ricos para dar a los pobres y así ganarse el cielo. Lo del sudor de la frente, finalmente, es bíblico: el castigo de Dios al hombre (no a la mujer) es el trabajo físico, duro, el de los pobres.

Es decir, Dios concede a los ricos la oportunidad de ser virtuosos sin necesidad de vender todas sus posesiones y darlas a los pobres (como Jesús recomendaba) sino simplemente pagando un sueldo (ínfimo, generalmente, en relación a sus fortunas) a los pobres, cuyo trabajo es un castigo impuesto por Dios, y de quienes se espera más que los ricos, no el gasto simbólico de pagar sueldos (que volverán con creces en forma de ganancias, se entiende) sino el de donar lo que no tienen sin esperar recompensa, como la viuda en el Templo.

Nótese que sólo estoy poniendo juntos algunos pasajes de las Sagradas Escrituras que no dejan bien parado a Dios. Lejos de mí contradecir a los teólogos, que seguramente tendrán complicadísimas explicaciones de por qué la Biblia no quiere decir lo que claramente dice.

Dejé el final para el final porque es un ejemplo no sólo de la retorcida moral religiosa sino de ese pseudo-respeto hipócrita (y típicamente argentino) por la amabilidad y la generosidad de los pobres.
Hace pocos días volví con un grupo de jóvenes de misionar en el monte chaqueño. Recuerdo que antes de regresar, visitamos la casa de Elena, una lugareña con marido y seis hijos que viven en un ranchito y que se las rebuscan con changas. Una casa donde la comida, está claro, no sobra. Lo que sí sobra allí es alegría, educación y respeto. Sus hijos son cariñosos y saben, porque lo aprendieron de su mamá, que no deben vivir quejándose, sino estar agradecidos de lo que hay. Cuando llegamos, Elena estaba horneando pan que después nos enteramos que no era sólo para su familia porque a la tarde nos trajo dos, enormes y crujientes. Ella nos enseña ese secreto que descubrió la viuda del Evangelio: La alegría de compartir. Mientras el avaro se alegra a medida que aumentan sus bienes, el que sabe ser desprendido encuentra su riqueza en dar a los demás.

domingo, 9 de mayo de 2010

Moral superficial (A185)

La revista Vanity Fair decidió hacer fotos de algunos de los grandes astros del fútbol mundial posando en ropa interior con los diseños de las banderas de sus países. Entre estas figuras mundialmente conocidas está Ricardo Izecson dos Santos Leite, más conocido como Kaká, que se convirtió al evangelismo a los 12 años y es uno de los niños mimados del cristianismo pedestre latinoamericano.

Como Kaká es cristiano, sólo se desnudó el torso y, con los pantalones un poco caídos, dejó que se viera lo suficiente del calzoncillo como para que se identificara la bandera de Brasil. Este gesto de incomparable grandeza moral y virtud cristiana, por el cual (hemos de suponer) no ganó ni un centavo menos que los centenares de miles de dólares que deben haber cobrado sus colegas, lo colocó casi a la altura de un santo. Como dice Protestante Digital,
[A]l parecer intentó la fotógrafa Annie Leibovitz que Kaká se pusiese al mismo nivel de desnudez de sus compañeros.

Pero fue imposible; todo porque Kaká mantiene una moral acorde a su fe cristiana y su vocación de llegar a ser pastor cuando se retire del fútbol. No en vano lleva una vida ordenada, alejada de las salidas nocturnas tan habituales en jugadores de su edad y fama; e incluso llegó virgen al altar, para cumplir su compromiso como joven cristiano de no tener relaciones prematrimoniales.
Se deduce de esto que la moral cristiana es una línea horizontal que pasa aproximadamente por la altura de las crestas ilíacas (en el hombre, claro está), y que la utilización del atractivo sexual para ganar dinero es lícita siempre y cuando uno se deje puestos los pantalones.

Ahora en serio, ¿se dará cuenta alguna de estas personas de lo superficial, esquemática, estúpida que se oye su fe cuando la expresan de esta manera? No salir de noche, llegar virgen al matrimonio y no mostrarse en ropa interior en una sesión de fotos de ropa interior son tres ejemplos de los requerimientos “morales” más idiotas que pueden concebirse. Ni salir de noche, ni el sexo prematrimonial ni bajarse los pantalones pueden, en sí, dañar a nada ni a nadie. Las salidas nocturnas pueden presentar tentaciones difíciles de vencer para un joven famoso y que tiene tanto dinero que puede usar billetes como papel higiénico, así que concedamos que sí, son un peligro para la moral. El sexo… bueno, lo del sexo es la idea fija de las religiones abrahámicas, así que dejémoslo. Pero ¿la ropa interior? ¿Kaká es mejor persona porque sus genitales están cubiertos por dos capas de ropa en vez de una?

Cosas así son las que hacen que muchos ateos, que podríamos ser más comprensivos y respetuosos con ciertos creyentes que no nos hacen daño, perdamos el control y nos larguemos a reír hasta rodar llorando por el piso. El pudor no es moral, es un complejo de tabúes que aceptamos porque nos ordena la vida y no nos molesta demasiado (¡salvo cuando el clima es caluroso y tenemos que esperar a llegar a casa para quitarnos la ropa!). Negarse a mostrar ciertas partes del cuerpo porque un voyeur sobrenatural omnipresente está controlando no hace virtuoso a nadie; que nos digan tal cosa y con tanta solemnidad sólo merece una carcajada.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Escuela de discriminación (A138)

Los obispos uruguayos han pedido a las escuelas católicas que no contraten maestros homosexuales o divorciados, por medio de un documento de la Conferencia Episcopal titulado “Criterios orientadores para la pastoral educativa en Uruguay”. O al menos, eso ha interpretado la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), cuyo presidente ha dicho que “No sería saludable y además no es lo que los padres buscan” el tener a esta clase de parias personas al frente de una clase.
El presidente de la Conferencia Episcopal, Carlos Colazzi, apuntó que el documento no hace mención específica a la homosexualidad, si bien en ningún momento corrigió la interpretación hecha por la Audec y aclaró que los colegios tienen que hacer las contrataciones convenientes dentro de su dimensión evangelizadora.
No he podido acceder en ninguna parte a los susodichos criterios orientadores, por lo cual deberé confiar en la palabra de los obispos.

Como en otros casos similares, lejos de mí estaría pedir un cambio de políticas a las escuelas católicas. En virtud de las leyes que permiten la creación de escuelas privadas confesionales, y sobre todo, del trasfondo cultural que sustenta su existencia, esta discriminación no me parece incorrecta. Vale decir, una sociedad que acepta la existencia de instituciones donde un dogma religioso tiene precedencia sobre las normas éticas comunes (tales como la tolerancia de la diversidad), y que acepta además que existe un derecho a pagarle a los maestros para que no expongan a sus alumnos a visiones del mundo diferentes a las preferidas por los padres, no puede negarse por principio a la discriminación por orientación sexual o por condición civil. Una sociedad que no se rebela ante la existencia de escuelas privadas confesionales no puede quejarse por las reglas absurdas y arbitrarias que esas instituciones impongan.

Pienso que toda educación debería ser pública, gratuita y laica. Aquí reconozco que no estoy siendo pragmático, que estoy siendo extremo e idealista. Pero es que no veo otra forma. Si uno acepta que la Iglesia Católica (o quien sea) tiene una moral superior que enseñar, esa moral no tiene por qué respetar mi sentido de justicia meramente humano. Si deseo un trato justo, según mis parámetros, para todos los que la Iglesia discrimina, entonces debo quitarle a la Iglesia la posibilidad de sustraerse a esos parámetros. No hay una solución de compromiso aceptable.

Como ejercicio especulativo, me gustaría saber hasta dónde se pueden llevar estos criterios. Los homosexuales y los divorciados son blancos notorios de la discriminación eclesiástica, pero ¿y los maestros que usan preservativos regularmente? ¿Y las maestras que toman anticonceptivos orales? ¿Y los que están en pareja y no están casados? Todos ellos están en pecado mortal y recurrente. Los maestros que no van a misa todos los domingos, igual; ¿se les tomará asistencia en las parroquias?

Y lo más importante: ¿cuántos maestros y profesores verdaderamente católicos quedarán en las escuelas cuando termine la limpieza moral de los obispos?

Si todo esto parece un poco ridículo, recordemos que existe porque le hemos dado a una institución medieval un sitio de privilegio como custodio de la moral pública. Es ridículo porque la mayoría de nosotros sabemos que todas esas personas que la Iglesia Católica ha designado como inmorales, pecadoras contumaces, apartadas del Bien, son en su mayoría gente común y corriente, con las mismas fallas que cualquiera... y sin embargo seguimos tolerando que los príncipes mitrados hablen como desde un pedestal.

viernes, 28 de agosto de 2009

La despenalización y sus descontentos

Al margen de las noticias sobre la despenalización del uso privado de marihuana y la esperanza de que ahora sí se implementen en Argentina maneras efectivas de luchar contra la drogadicción y el narcotráfico, la Iglesia Católica se opone al fallo de la Corte Suprema que habilitó el derecho constitucional a hacer lo que uno desee si no molesta a los demás.

Además del Episcopado, el presidente del Centro Islámico, Samir Salech, y el rabino Abraham Skorka, consultados por Valores Religiosos, también se pronunciaron en contra.

No son las opiniones de estos señores lo que critico. Lo que me molesta es que haya una especie de consenso en que las opiniones de los líderes religiosos son importantes, quizá más importantes que las de juristas experimentados, médicos, psicólogos, especialistas de todas las ramas relevantes de la ciencia, y todos los que contribuyeron a que el derecho a las acciones privadas, consagrado en la Constitución Nacional, fuera por fin respetado.
Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.
(Perdonaremos a los constituyentes la referencia mitológica; el artículo data de 1853.) Si bien los obispos, rabinos y líderes musulmanes tienen derecho a opinar, es un error considerar que sus pronunciamientos tienen valor per se. Los líderes religiosos no tienen por su condición una visión más profunda de los temas morales; con frecuencia parece ser que ocurre lo contrario, cuando sus dogmas y doctrinas falaces los ciegan a la reflexión libre de cuestiones difíciles.

Lo que resuena más claramente en la línea argumental de estos líderes religiosos abrahámicos es la discordancia entre lo legal y lo moral. “El fallo puede leerse como que todo está bien, y ése es un mensaje contradictorio y perjudicial”, “en el ideario social todo lo que es legal está bien”, dijeron.

Cuando la religión y la política se mezclan, la religión suele intentar transferir sus doctrinas a la ley. Pero la moral no puede ser reglamentada por leyes, porque la moral surge del individuo, y porque en las sociedades modernas los legisladores no pretenden implantar valores morales en la población. “No es facilitando el consumo, ni haciendo aparecer como que está bien lo que está mal, que vamos a superar este creciente flagelo de las drogas”, dijo la Comisión Nacional de Pastoral de Drogadependencia. ¿Está mal según quién? ¿Está mal por qué? ¿Y por qué lo que está mal para los señores obispos debe ser ilegal?

Vender armas es legal. Suicidarse solito en casa es legal. Vender cigarrillos de tabaco es legal (y también fumarlos en cantidades cancerígenas). Quemar combustible fósil sin preocuparse por el calentamiento global es legal. Matar ciertos animales por deporte es legal. Todas esas cosas legales son profundamente inmorales para ciertas personas, por razones atendibles. La Corte Suprema no ha dicho que sea correcto o moral fumar marihuana; ni siquiera ha dicho que es legal; sólo ha dicho que no se puede tratar a un consumidor de marihuana como delincuente. La Corte no es la guardiana de la moral de la población, y estaríamos en graves problemas si así pretendiera serlo.

domingo, 23 de agosto de 2009

Marcó secunda a Aguer (A126c)

Guillermo Marcó, ex vocero del cardenal Jorge Bergoglio, escribió una nota en el suplemento de propaganda religiosa de Clarín a propósito del tema de la educación sexual en las escuelas estatales y las anatemas lanzadas sobre ella por el arzobispo Héctor Aguer (quien sería sin duda Ministro de Educación de la Nación, si Argentina fuera una dictadura teocrática como el Vaticano).

Como el sitio web de Valores Religiosos funciona horriblemente, es inútil dirigirlos a ustedes a leer Educación, sexo y naturaleza allí; aparentemente sus creadores no han concebido que alguien pueda guardar un vínculo. Tampoco voy a copiar el texto de Marcó íntegramente aquí. He capturado la pantalla [a la derecha] y la he guardado para que puedan leer desde allí, si lo desean. [PD: ¡Acabo de encontrar el texto en el blog de Marcó!]

Marcó no es tan obviamente un fanático integrista como Aguer, y no tiene su sutileza sofística ni su calidad para escribir. El texto hace referencia a dos ejemplos de naciones que han adoptado la enseñanza de religión en las escuelas públicas: Brasil y Rusia, en “un esfuerzo por introducir enseñanzas de orden ético moral y un sentido de la vida a los niños menores de diez años” (aparentemente estas cosas no pueden ser provistas por otra cosa que la religión, y deben ser además impuestas a la fuerza).

Después habla de la cosmovisión cristiana, a la que defiende, y de la ideología de género, a la que simplifica groseramente y denosta. Esto era de esperar. Lo que uno quizá también esperaba pero el texto de Marcó no se molesta en explicar es por qué el cristianismo es una cosmovisión y no también una ideología. Debe ser porque ideología es una palabra desagradable en estos tiempos, implicando una división de la sociedad en campos contrapuestos, y evocando imposiciones y fanatismos, mientras que cosmovisión suena vagamente mística, amplia, inclusiva. En realidad, como todos sabemos, las diversas cosmovisiones que cohabitan la Tierra están frecuentemente en guerra, literal o figurativamente, y separan tanto como unen.

Argentina no es un país muy diverso, pero lo es lo suficiente como para que la imposición de un modelo católico tradicional estricto en la educación divida a la sociedad. A la Iglesia nunca le ha preocupado esto porque generalmente el régimen de educación religiosa estatal ha estado asociado a dictaduras, que la Santa Sede y la jerarquía local han apoyado.

viernes, 14 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.2)

Continúo con la reseña del segmento del programa Clases, de Mariano Grondona, en el que se entrevista al arzobispo Héctor Aguer. Se trata, recordarán ustedes, de dos videos posteados por el blog católico Multiespacio Cultural El Camino (del primero ya hablé). El asunto no es muy divertido porque Grondona está en todo de acuerdo con Aguer. Ambos coinciden en sus distorsiones fáciles de las ideas modernas sobre sexualidad y roles de género.
Grondona: “Cuando un padre o una madre educan a un chico o a una chica, la idea es que no le instalen valores. Es decir, yo tengo un chico o una chica y le digo mirá, vos cuando tengas uso de razón verás qué alternativas hay y tomás una decisión.”
Si alguien tiene en verdad esa idea, comprobará tarde o temprano que tal "educación neutra" no resulta posible. El ser humano absorbe su moral y sus valores de lo que lo rodea, incluyendo su visión sobre la sexualidad. Aguer se contradice: parece estar de acuerdo con esta crítica a la educación moderna, pero al mismo tiempo denuncia que es ideológica porque impone cierta visión del hombre que es incorrecta. ¿Se están transmitiendo valores, o no? ¿El problema es que no se transmiten valores, o que son incorrectos? Es mucho más efectivo para la posición conservadora, retóricamente, argumentar que se está privando a los niños de puntos de referencia morales, que aceptar que simplemente se les están transmitiendo valores que una religión particular no acepta.

La mayoría de los padres sí quieren transmitir sus valores a sus hijos, aunque no lo hagan de manera estructurada (con la Biblia en la mano, por ejemplo). El valor de la libertad para explorar distintos caminos (en todas las esferas de la vida) y seguir el que parezca más correcto, aunado al valor de la responsabilidad por los propios actos y decisiones, es parte de una forma de educar que muchos padres han aceptado como mejor que la represión moral que pasa por educación tradicional cristiana.

Grondona cae tan bajo como para afirmar que se le ofrece a los niños libertad para elegir cualquier cosa, “desde el bestialismo hasta la fidelidad conyugal”. Aquí hay implícita una falacia que se denomina de la pendiente resbaladiza (es una forma del efecto dominó), y que les encanta a los guardianes de la moral: ¿cuántas veces hemos oído “si ahora permiten esto, después van a permitir esto otro, y al final van a permitir incluso eso otro?”. Incluso en nuestro ambiente de liberalidad sexual, es evidente que no hay hordas de jóvenes huérfanos de valores volcándose al bestialismo (de la misma manera que la tolerancia de la homosexualidad no ha causado inversiones masivas de la tendencia sexual de la población, y la legalización del divorcio no ha provocado la desaparición de la institución matrimonial).

Hay una frase sencilla y cortada por una elipsis que muestra mucho cómo se pueden proferir falsedades y falacias que pueden sonar perfectamente ciertas cuando uno cambia el significado de una palabra clave.
Aguer: “En el paraguas la perspectiva de género se igualan todas las opciones. Entonces, como no hay una referencia a la naturaleza…”
¿De qué naturaleza se habla? Aguer no está hablando de la naturaleza; está hablando de lo que los católicos llaman "naturaleza humana" y asocian a una supuesta "ley natural". Para los que no adherimos a la doctrina católica, que somos la mayoría (incluyendo muchos católicos de nombre), la naturaleza no tiene moral; no puede tenerla, no puede darnos lecciones morales; el ser no conduce nunca al deber ser. La "naturaleza" de Aguer no es el mundo natural; es un modelo con el que Dios formó al mundo y al que, aunque nadie puede verlo, los creyentes tienen acceso privilegiado a través de la enseñanza de los líderes de la Iglesia, comenzando por el Papa.

Y esto debe ser así porque difícilmente un hombre con estudios, como Aguer, podría caer groseramente en la falacia naturalista, al implicar que la heterosexualidad y el no uso de anticoncepción es lo correcto porque es "natural" (porque los hombres y las mujeres biológicamente estamos diseñados para copular con un miembro del sexo opuesto con fines reproductivos). El arzobispo no apela a la naturaleza real porque en la naturaleza no hay, valga la redundancia, nada contra natura; se refiere al modelo bíblico de la Creación. Pero (y esto es a lo que quería llegar) él no da toda esta explicación; es ambiguo, sabiendo que sus palabras pueden ser tomadas de otra manera, y sabiendo que el argumento de "lo que es natural", falaz pero muy común, le ganará asentimientos extra entre su audiencia. Para las respetables señoras escandalizadas por la homosexualidad en público y la promiscuidad de los jóvenes, la determinación biológica de los sexos y el "Dios hizo al hombre varón y mujer" se confunden.

Voy a omitir otros temas tratados por Aguer y Grondona que no son de mi interés, como su análisis del supuesto neomarxismo y el uso de la “dialéctica del poder en el seno de la familia” que observa en el documento del Ministerio de Salud que motivó su declaración crítica.

Un punto que sí es interesante es cómo hablan de la mujer estos dos hombres. Mientras que Aguer comentaba que se pretende “des-esencializar a la mujer de su condición femenina”, Grondona recordó a Pablo VI hablar de los roles femeninos y masculinos. “Una cosa es subordinar la mujer al hombre, lo cual es absolutamente refutable, y la otra es decir que son iguales”, parafraseó, y luego puso el ejemplo de un coro, en el que “el tenor y la soprano tienen la misma dignidad pero no cantan igual”. Esto es jugoso. Para empezar, se reafirma la posición esencialista (la mujer es esencialmente algo; no puede contrariarse su esencia; sería como usar una cuchara para cortar).

La imagen del coro me recordó instantáneamente esa mitología maravillosa que creó J. R. R. Tolkien. En el mito de la creación que se narra en El Silmarillion, el primer libro se llama en lengua élfica Ainulindalë, la Música de los Ainur. Los Ainur, seres angélicos de gran poder, cantan a instancias de Eru Ilúvatar, el Creador, y su canto forma la esencia de Eä, el mundo, que luego Ilúvatar actualizará (es decir, hará existir). En el coro hay muchas voces y muy diversas, pero todas (nos dicen) cantan finalmente para gloria de Ilúvatar, incluso la voz disonante y desafiante de Melkor, el equivalente tolkieniano de Lucifer.

Ahora bien, el coro de la familia humana no es armonioso, ni mucho menos, porque los hombres no somos ángeles, sujetos a la voluntad de Dios. Un coro tiene un reglamento y un propósito. Los humanos no tenemos enfrente una partitura y a un director con una batuta; no tenemos más propósito que el que nos damos a nosotros mismos. Juan Pablo II predicó que Cristo es el “Señor de la Historia”, queriendo decir que la historia del mundo es ordenada por Dios y gira en torno a su encarnación como Jesús; presumiblemente ahí está nuestro director, pero no puede esperarse que todos sigamos fielmente sus indicaciones, algunas ambiguas, otras brutales, todas perdidas en el tiempo y en múltiples interpretaciones. La teología puede inventar esta clase de estructuras sin sustentación alguna, pero la realidad no nos da esa facilidad. El tenor y la soprano no tienen su lugar fijo y marcado en el coro. La tradición cristiana cree que hay un orden inmutable, el hombre aquí, la mujer allá; pero esa tradición, felizmente, está muriendo.

El tema de la conversación pasó luego al feminismo. A Aguer no le gusta el feminismo; prefiere la “promoción de la mujer”, sobre la que no se explayó, aunque parece que involucra darle a la mujer más oportunidades para quedarse en casa y tener hijos.

Lo más parecido a una interpelación de parte de Grondona fue una pregunta sobre la cuestión del sacerdocio femenino y su comentario sobre las ideas del teólogo disidente Hans Küng acerca de la posición inferior de la mujer en la Iglesia. A esto Aguer dijo solamente: “La perspectiva de Küng es una perspectiva sociológica, no teológica.” O sea que la sociología no puede hablar del hombre; el teólogo debe elevarse por encima de ese plano terrenal, burdo. La teología, que es un ejercicio de masturbación mental sobre las características y presuntas intenciones de un ser mitológico, es más sabia que la ciencia de la sociología.

¿Y la idea de Dios como mujer, que avanzan algunos movimientos feministas y religiosos renovadores?
Aguer: “En la Biblia queda bien claro que Dios está más allá de la definición de los sexos.”
¿En dónde exactamente será eso? ¿Por qué será que desde la antigüedad hasta hoy Dios es consistentemente representado como un hombre viejo? ¿En qué parte de la Biblia se nombra a Dios sin referirse a él con el pronombre masculino, en el rol viril de Señor de los Ejércitos, o como Padre?

Siguiendo con su reafirmación del papel tradicional de la mujer, según Grondona, en la Política de Aristóteles, las mujeres se quedan en casa mientras sus maridos deciden los asuntos en el ágora; pero no es que estén marginadas de la decisión, sino que son ellas las que mandan a sus maridos a tomar decisiones, y éstos al volver tienen que darles cuenta a ellas. A esta falsa ingenuidad responde la tierna voz del lugar común:
Aguer: “Eso corresponde a la naturaleza: la mujer es el hogar.”
Aclaro que no soy un feminista de los que dicen que el rol tradicional de la mujer como madre y ama de casa es siempre una imposición de un modelo patriarcal y opresivo. Muchas mujeres se sienten perfectamente bien en ese rol. La clave es la diversidad. Para Aguer y para Grondona, la diversidad es anatema. Diversidad significa libertad, y libertad significa posibilidad de pecado.

En la naturaleza (la real, no la de Aguer), hay animales cuyas hembras viven preñadas o cuidando a sus retoños y otras que comparten esta última tarea con el macho. Dónde estamos en este campo nosotros, Homo sapiens, es discutible, pero poco importa: hace rato que dejamos de considerar que los instintos naturales son incondicionalmente lo mejor para nosotros. Quizá nuestra biología (nuestra naturaleza) nos impulse a adoptar los roles tradicionales del macho y la hembra, pero recordemos que la biología atrasa y que la evolución no busca lo óptimo, sino lo posible. Probablemente siempre exista una tensión entre los roles de mujer madre y de mujer trabajadora; la solución es brindar oportunidades para ambas, no prescribir que una “corresponde a la naturaleza” y la otra no.

jueves, 13 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.1)

En el blog fanático católico Multiespacio Cultural El Camino apareció hace días un post que acabo de ver, consistente en un segmento del programa Clases, del repelentísimo filósofo dextro-platónico Mariano Grondona, en el que está entrevistando al arzobispo Héctor Aguer sobre el tema de la ideología de género. En realidad no sé si "entrevista" es la palabra correcta; es más bien como si alguien hubiera escrito un monólogo y hubiera asignado párrafos alternados a dos personas distintas.

Siguen algunos ejemplos de los conceptos distorsionados que vierten estos nefandos maestros del engaño retórico, y mi refutación. Esto proviene sólo de la primera parte de la entrevista (menos de 10 minutos).
Grondona: “Un poco la idea sería como que la mujer, o el hombre, llegado a la edad de la adolescencia, elige su sexo.”
Aguer: “Se afirma que existe un derecho humano, y por tanto universal, de los niños y adolescentes, a tener sexo, a practicar el sexo, y un derecho también a evitar las consecuencias indeseadas que podrían seguirse…”
Cualquiera que no sea un verdadero idiota (y no es una exageración) sabe perfectamente que no existe la "elección del sexo", y que nadie está promoviendo tal cosa. El sexo biológico (no el género — de paso, observemos cómo Grondona confunde a propósito los términos) claramente no puede elegirse; sobre la orientación sexual hay grandes discusiones científicas; el género y la identidad sexual, asunto más complicado, se forman como se forma nuestro carácter, con dosis variables de predeterminación genética, influjos biológicos y psicológicos durante nuestro desarrollo, y sí, elecciones conscientes. Los cristianos conservadores consideran que el hombre y la mujer son arquetipos platónicos, con esencias inmutables: Dios causa la concepción de un cigoto, le da un cromosoma Y, le hace crecer pene y testículos, le formatea el cerebro con un sistema operativo macho, le reserva ciertos roles sociales, y punto. Cualquier desviación de esa norma es patológica, inmoral o ambas cosas.

En cuanto a lo que dice Aguer, podemos referirnos a los Derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes, según se los expone en Educ.ar, el portal educativo del gobierno argentino.
Todas las personas del país independientemente de su clase social, sexo, identidad genérica, práctica sexual, etnia y edad gozan del derecho a:
  1. Obtener información y orientación completa, veraz y suficiente sobre su cuerpo, sus funciones y procesos reproductivos expresados en términos sencillos y comprensibles para que puedan tomar decisiones y favorecer el auto-conocimiento.
  2. Disfrutar de una vida sexual saludable y placentera, libre de discriminación, coacción o violencia.
  3. Ejercer su preferencia sexual, libremente y sin sufrir discriminación, coacción o violencia.

Monseñor Aguer expresó reparos ante el modelo de educación sexual del gobierno.
Siguen una larga serie de precisiones y referencias a otros documentos, que dejan en claro que, como es de suponer, el "derecho universal al sexo" no implica que un niño de 10 años tenga derecho a (intentar) copular con cualquier persona de su elección, en particular, porque a esa edad no tiene elementos de juicio para discernir lo que le conviene. Lo que sí dice este documento es que el niño de 10 años tiene derecho a que le expliquen ciertas cosas que le permitirán ejercer su sexualidad sanamente cuando esté física y mentalmente preparado para hacerlo. Y sí, a pesar de que a Aguer, a Grondona y a muchas otras señoras púdicas les disguste, e incluso a pesar de algunos de nosotros que hemos sido criados con ciertos tabúes, los niños tienen sexo, a su manera, tanto entre sí como por su cuenta, y les gusta, y no hay objetivamente nada malo en eso, de la misma manera en que no hay objetivamente nada de malo en comer chocolate y gozarlo, con las mismas salvedades de orden médico y psicológico.

A continuación, y siguiendo un libreto acordado con Grondona, Aguer trae a colación el asunto de la "compensación del riesgo" [ver risk compensation en Wikipedia en inglés] o del fenómeno del "comportamiento desinhibido", con una falacia que parece creíble a primera vista, y que usa para justificar declaraciones como las de la Benedicto XVI cuando dijo que el preservativo no sólo no soluciona sino que puede empeorar la epidemia de SIDA.

Es cierto que el uso de cierta tecnología que reduce un determinado riesgo puede llevar a un comportamiento descuidado en quienes confían en dicha tecnología; pero es engañoso e irresponsable decir, como principio genérico, que “el beneficio que podría seguirse [del uso de esa tecnología] queda neutralizado”. El experto citado por Aguer, Edward C. Green, es un antropólogo médico estadounidense con credenciales impecables, quien en su oportunidad, luego de aceptar que “el Papa podría tener razón sobre los preservativos”, explicó que los mismos “deberían servir como un refuerzo [a back-up role] … Yo creo que se debería poner preservativos a disposición de todos.”

El rol de la educación sexual es primordial, pero Aguer no puede reconocerlo porque la educación sexual moderna, con base científica, es antitética a la doctrina cristiana. Sin educación sexual o con una estrategia educativa que no llega a los ciudadanos, es claro que la distribución de preservativos sí puede agravar el problema. En Occidente promovemos el ejercicio y la dieta como manera de preservar la salud, pero muchas personas se lesionan al ejercitarse, y muchas, por hacer dieta, comen mal, logrando el efecto contrario, debido a la desinformación y la poca cultura científica sobre el tema; sin embargo, a nadie se le ocurriría decir a la ligera que el ejercicio y la dieta “no solucionan el problema y hasta pueden empeorar nuestra salud.”

Aquí Aguer habla del caso de Uganda, la niña de los ojos del Vaticano, donde el gobierno usó la estrategia ABC contra el SIDA: en teoría, un programa de cambio cultural basado en la frase Abstain, Be faithful, use a Condom, es decir, abstinencia para los jóvenes (solteros), fidelidad para los adultos en una relación monogámica, y condones/preservativos sólo para los grupos de riesgo (prostitutas, drogadictos, parejas con un miembro sano y el otro infectado, y otros). Tal estrategia hubiera tenido sentido, al alentar el uso de una barrera protectora en quienes eran a la vez las víctimas más frecuentes del SIDA y las causantes más claras de su expansión entre la población, y que por su condición eran quienes menos posibilidades tenían de seguir los cursos de acción más seguros.

Pero resulta que la estrategia ABC no nació en Uganda, y no hay una definición uniforme de lo que debe hacerse para implementar esta idea general, aunque diversos actores han querido apropiarse de su éxito para promover sus ideas conservadoras de origen religioso. De hecho, en Uganda se combinaron medidas de promoción y de educación que fueron mucho más allá de decirle a los jóvenes que no tuvieran sexo (ciertamente tampoco se les dije que tuvieran sexo cuando quisieran siempre que fuera con preservativo). Lo que Uganda promovió fue que los jóvenes demoraran su primera relación sexual, que evitaran el sexo casual, que buscaran parejas estables, y que usaran el preservativo como precaución, porque obviamente es imposible saber si la pareja de uno está infectada si no se ha hecho un test. En un distrito muy estudiado, la abstinencia y la fidelidad de hecho disminuyeron. La estrategia ABC fracasó también al buscar que los jóvenes retrasaran su edad de iniciación sexual. Y las tasas de infección de HIV bajaron en Uganda, en gran medida, porque los primeros de la gran ola de infectados murieron. ABC no ha sido más que un slogan; el éxito se logró por otros medios.

La experiencia de los programas de educación sexual abstinence-only ("sólo abstinencia") implementados por el muy cristiano gobierno de George W. Bush fue una demostración clara de lo que ocurre cuando a una persona se la pone entre la espada del deseo y la pared de la abstinencia. En Estados Unidos, los jóvenes educados en una moral cristiana estricta tienden a contraer más enfermedades de transmisión sexual y tienen una mayor proporción de embarazos no deseados.

Continúa en la próxima entrega.

viernes, 31 de julio de 2009

Monseñor, quieren hablar con usted (A126b)

El Instituto Nacional Contra la Discriminación (INADI) le pedirá a la Iglesia que aclare las acusaciones del arzobispo Héctor Aguer contra el manual de lineamientos para la educación sexual,  ya que a juicio de su titular, María José Lubertino, sus comentarios en materia de género y en relación con temas de diversidad sexual son "violatorias de los marcos jurídicos universales" y desconocen el "claro consenso democrático" que se logró para aprobar la ley correspondiente.

Aguer había dicho que el texto del Material de Formación de Formadores en Educación Sexual y Prevención del VIH/Sida (destinado a los docentes, no a los alumnos) reivindicaba el "derecho a fornicar" y que forma parte de una visión que impone una "religión secular" y una "dogmática atea", además de ser "constructivista, neomarxista y reduccionista" y constituir un "avance totalitario". El latiguillo habitual (el supuesto atropello a la libertad de conciencia de los padres y maestros) también hizo su aparición.


Aguer, que encabeza la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina, tiene una larga y consistente trayectoria de oposición a la laicidad estatal y a la educación sexual moderna, así como también una especie de alergia al marxismo (o lo que él ve como marxismo) y a otras misteriosas ideologías que él ve detrás de propuestas como la campaña de apostasía colectiva. Si no lo hicieron, no dejen de leer las postdatas de la nota anterior, donde se documentan las repercusiones inmediatas. Y no dejen de votar en la encuesta de opinión sobre el tema en La Nación (donde, previsiblemente, la Iglesia gana).

jueves, 30 de julio de 2009

Las obsesiones de Héctor Aguer (A126)

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, es ya un habitué en este blog, debido a su constante prédica en contra de la laicidad y a favor de una educación confesional, católica y tradicional. Con su último pronunciamiento, en el que acusa al Ministerio de Educación de la Nación de "imponer una dogmática constructivista y atea que resulta una especie de religión secular, ajena a la tradición nacional y a los sentimientos cristianos de la mayoría de nuestro pueblo", se ha ganado el privilegio de tener una etiqueta, algo así como una categoría, dedicada a su nombre.

No voy a emitir más comentarios sobre este tema en particular, dado que el prelado ya se ha encargado de clarificar su postura ad nauseam, y yo he hecho lo mismo. Lo que sí me gustaría es que los funcionarios del Ministerio de Educación tuvieran a bien contestarle a Aguer, con los textos en la mano, exigiéndole que muestre dónde ve "dogmatismo ateo" o "neomarxismo" en ellos.

Esta clase de personas cree sinceramente que tiene a Dios y a la verdad absoluta de su lado; para sacarlo del engaño, no estaría mal que alguien bajara bruscamente a Aguer del pedestal donde se ha subido y le recordara que él no es más que un ciudadano argentino común al cual un monarca extranjero ha designado discrecionalmente con un cargo en su organización religiosa multinacional, y que por razones históricas nunca revisadas cobra del Estado al que critica un sueldo varias veces superior al promedio de los trabajadores. Un parásito al servicio de un teócrata extranjero no debería creer que tiene atribuciones especiales más allá de la libertad de expresión, derecho que es severamente reprimido en tierras vaticanas pero que aquí no tiene empacho en utilizar.

P.D.: Ateo Militante escribe algo más largo sobre este tema ("Aguer, Iglesia y educación"), haciendo notar (entre otras cosas) que los tan mentados "valores cristianos" son los valores de una minoría pequeñísima de los argentinos. En el órgano confesional de Clarín, Valores Religiosos, está el texto completo de la denuncia de la Iglesia (aunque por alguna razón el link no funciona en este momento, se puede acceder también desde la portada del sitio). Página/12 hace su cobertura con un artículo titulado "Hablar de sexo espanta a monseñor", y reporta la respuesta (que esperábamos) del ministro de Educación, Alberto Sileoni: "El que critica Aguer es un documento que se desprende de una ley, la 26.150, de Salud Sexual Integral. Y para este ministerio la ley no es una opinión, sino una disposición normativa que da la sociedad y hay que cumplir". La Nación, previsiblemente, colocó las desagradables declaraciones de Aguer en una nota más pequeña, y consultó a la Iglesia institucional sobre su opinión ("La voz del episcopado"), para que nos quede claro que estas acusaciones "reflejan el sentir de la Iglesia y no una posición aislada".

P.P.D.: Más repercusiones. Crítica resumió el contrapunto entre Aguer y el ministro Sileoni ("Polémica por la educación sexual") y Mario Oporto, Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, llamó a las opiniones de Aguer "procesistas". La Nación anota que "Sileoni defendió la utilidad del manual sobre educación sexual", y añade una encuesta de opinión (¡voten!). En Clarín hay una breve nota sobre lo mucho que tomó consensuar una ley de educación sexual, en gran parte por culpa de la Iglesia (y también ha tomado años implementarla). Los arzobispados de Córdoba y Mendoza expresaron sus opiniones también, uno en La Voz ("Los colegios católicos hace tiempo que trabajan en el tema") y el otro en DiarioUno ("No son buenas las imposiciones"), destacando la necesidad de consenso y diálogo (poniendo a la Iglesia como interlocutor al mismo nivel que el Estado). El texto completo de las críticas de Aguer es reproducido en el boletín Nº 607 de Notivida, autoproclamados "defensores de la vida humana y la familia" (i.e. católicos fanáticos), y en el portal derechista Periodismo de Verdad ("Deformación de formadores").

miércoles, 29 de julio de 2009

Ramiro Sáenz, Torquemada mendocino: algo más sobre el cura de Malargüe (A116 cont.)

Tengo aquí algo más sobre Ramiro Sáenz, el cura párroco de la ciudad de Malargüe, al que conocimos recientemente por su censura a la película Ángeles y Demonios. Es un artículo titulado El cura inquisidor, publicado en ElArgentino.com, donde se cuenta de la terrorífica influencia de este sacerdote en esta pequeña localidad del sur de Mendoza, al borde de la Patagonia.
“El cura digita qué se puede hacer y qué no. Tiene autoridades y vecinos que le responden. Las cosas están complicadas, cualquiera es despedido o repudiado por pensar distinto o ser ‘zurdito’.”
Sáenz cuenta con el apoyo del intendente municipal, Juan Antonio Agulles, y el del obispo de la Diócesis de San Rafael, Eduardo María Taussig (a quien escuchamos recientemente hablar contra el laicismo y a favor de las "raíces cristianas" de Argentina). Vale la pena leer la nota para ver hasta qué punto la ideología que emana de la parroquia encuentra eco en ciertos sectores de la comunidad y legitima la censura y la discriminación de los que no se conforman a ella.

En una entrevista asociada a la nota principal, Sáenz dice que la prensa lo manipula "como hizo con [el sacerdote abusador de niños] Julio César Grassi". En los comentarios a la nota se observa claramente la polarización social que causan estas revelaciones, que va mucho más allá del tema puntual y que se enlaza con la asociación entre la iglesia tradicional y sus valores morales represivos, el patriotismo que busca una inexistente Edad de Oro en el pasado cristiano y conservador de Argentina, la negación de los crímenes de la dictadura (junto con una defensa apenas velada de la misma), y el odio visceral a "la izquierda", orientado hacia el gobierno kirchnerista, que cuenta entre sus funcionarios y allegados a ex miembros del grupo guerrillero Montoneros.

Según nos informa en otra nota adjunta el sacerdote Luis Farinello (quien tampoco está libre de asociaciones desagradables), Sáenz, que se formó en Paraná bajo la égida del arzobispo Adolfo Tortolo (vicario castrense en épocas de dictadura) y estudió luego teología en Roma, pertenece al Instituto del Verbo Encarnado, una de las más reconocidas agrupaciones católicas integristas, de las cuales, según parece, la provincia de Mendoza tiene de sobra y hasta para exportar.

martes, 14 de julio de 2009

A117: Puritanos contra la lascivia

Llevado una vez más por mi inexplicable tendencia al masoquismo, me dirigí al sitio web de la Fundación Argentina del Mañana, el grupo de puritanos guardianes de la moral católica que se dedica a pedir que se prohíba lo que no les gusta ver en televisión. El último brote de indignación se dirige al desagradable programa Showmatch, que dirige y conduce en persona el multimillonario gritón Marcelo Tinelli, y en el cual se dedicó durante un tiempo un segmento a un concurso de baile para niños.
No existen muchas actitudes más denigrantes que una “danza” lasciva al punto de que en ella, intencionalmente, se procure contacto genital semejante al apareo de animales. Entre las pocas conductas aún más atentatorias a la dignidad humana, está hacerlo con niños.
Aún estando del todo de acuerdo con que Bailando Kids era denigrante y constituía abuso infantil (por el cual los padres deberían ser penalmente responsables), tuve que sonreírme ante otra exhibición de la represión sexual de estos puritanos. ¿Lo lascivo es denigrante? ¿Una danza no es tal sino una "danza", entre despectivas comillas, si su objeto es la excitación sexual? Pero sobre todo, ¿qué tiene de malo el "contacto genital semejante al apareo de animales"?

Los seres humanos, ¿no somos animales? ¿Cómo se aparean los humanos, sino con contacto genital? (De acuerdo, hay preámbulos y complicaciones y componentes emocionales de los que ningún otro animal disfruta, pero el apareamiento no es sustancialmente distinto.) Los muy viriles señores de la Fundación Argentina del Mañana, ¿cómo se aparean con sus muy remilgadas señoras? ¿Se envían tarjetas perfumadas, se besan sin lengua, lo hacen vestidos, a oscuras y a través de una sábana?

Paradójicamente, es la Iglesia Católica la que más insiste en que el sexo entre humanos debe ser como entre animales: sin restricción una vez constituida la pareja, sin previsión racional, sin protección contra la concepción accidental, y sólo para reproducir la especie...

viernes, 10 de julio de 2009

A116: Ángeles y Demonios, ¿censurada?

El otro día la curiosidad me venció y me senté a ver Ángeles y Demonios, película que ya había dicho que no me molestaría en ver porque sabía que iba a ser un bodrio. No fui defraudado en mis expectativas... Pero creo que todos tienen derecho a verla y criticarla. Lo cual nos lleva al tema de esta alerta, que es que aparentemente la proyección de Ángeles y Demonios fue cancelada por orden de un sacerdote católico en la ciudad de Malargüe (provincia de Mendoza).

Valores religiosos, el suplemento religioso (de facto católico) del diario Clarín dice que fue "por razones que se desconocen", curiosamente (o no) dejando afuera los fuertes rumores que mencionaban con nombre y apellido al cura párroco Ramiro Sáenz, el "Torquemada sureño", conocido por haber escrito un libro contra El Código Da Vinci y por sus polémicas intervenciones políticas.

Está claro que un mero rumor no es noticia, aunque también es cierto que los medios se dejan llevar todos los días por rumores menos fundados. Sea como fuere, la sala donde debía proyectarse la película fue objeto de sabotaje, por lo cual se canceló su exhibición, y las sospechas apuntan a Sáenz, que tiene buenos contactos con el poder local y una gran afición por la censura.

Como guardián de la moral y las buenas costumbres, Sáenz se opone a todo lo que su iglesia manda oponerse, y un poco más también. No ha dudado en levantar el teléfono para presionar a las autoridades cuando lo consideró necesario, por ejemplo, para condenar la presencia de bandas de rock como Bersuit Vergarabat, y para pedir que no se invitara oficialmente a Víctor Heredia y otros artistas a la ciudad por ser "de ideología marxista", además de polemizar sobre la cantidad de desaparecidos en la última dictadura militar (que según él "no fueron más de cinco mil").

A esta altura del siglo XXI estas tonterías todavía tienen cabida, quizá debido a una clase política atrasada y de escaso compromiso con los valores republicanos, pero sobre todo debido al respeto (incluso al miedo) que despiertan indebidamente los líderes religiosos. Lo que afortunadamente ya no ocurre es el silencio. Para bien o para mal, los rumores que antaño no salían de un lugar como Malargüe (una ciudad de diez mil habitantes en el desierto patagónico, a tres horas de cualquier lado) ahora encuentran su camino hasta nosotros vía internet. Esta clase de difusión puede ser letal para el oscurantismo que propugnan personajes como Ramiro Sáenz. Cuando sus propios feligreses entiendan que la palabra del cura no vale más que la de ellos, estaremos en el buen camino.

martes, 7 de julio de 2009

Monseñor mira jugar a las tenistas

El obispo Richard Williamson, famoso defensor de la libertad religiosa y conocido por haber sido rehabilitado por el Papa Benedicto XVI a pesar de negar el Holocausto, ha estado ocupando su tiempo mirando a los y las tenistas en Wimbledon Park, cerca de su morada actual (recordemos que tuvo que salir de Argentina a las apuradas). Quizá culposamente atraído por la visión de las mujeres vestidas "sólo hasta la mitad del muslo" corriendo, saltando y gritando con exuberancia en cada saque, ha querido entregarnos una perla de sabiduría mesozoica en su blog Dinoscopus:
“El tenis es un deporte de gladiadores, en el que un impetuoso servicio, poderosos golpes a la línea de base y enérgicos remates, encaminan al triunfo, haciendo de la energía psíquica, la resistencia física, el espíritu de lucha y la voluntad de dominar, lo más importante. Éstas son prerrogativas masculinas; las mujeres, naturalmente, hacen todo lo posible por imitar a los hombres, lo que puede halagar el orgullo machista, pero ¿nos detenemos los varones a pensar cómo vamos desnaturalizando nuestra admiración por las mujeres, alentándolas a esta clase de lucha?”
El texto original completo (Wimbledon Gladiatrixes) está en Dinoscopus (que dicho sea de paso requerirá suscripción a partir de agosto). El fragmento anterior proviene de una traducción realizada por nuestros tenebrosos amigos de Radio Cristiandad, que concuerdan, quién lo duda, con el señor obispo, ante el espectáculo de estas mujeres modernas que "prefieren llevar en la mano y en la frente la señal de la Bestia".

viernes, 26 de junio de 2009

A112: Héctor Aguer contra la educación laica (otra vez)

Sobre el nuevo capítulo de la campaña permanente del obispo de La Plata, Héctor Aguer, contra la educación laica, tenemos una interesante disección en Ateo Militante, a la cual tengo muy poco que agregar. En resumen, Aguer está preocupado por la "invasión de polémicas ideologías" en la escuela pública, saca a relucir los cucos habituales, como la ideología de género y una supuesta inspiración marxista, y se horroriza porque se pretende "hacer… del alumno un pequeño teórico-crítico para cambiar la sociedad, alterando el orden que corresponde en la transmisión de los conocimientos." ¡Dios no quiera que los niños quieran cambiar la sociedad perfecta que los adultos les hemos heredado!

Pero hay un punto más que trae a colación el obispo Aguer:
¿Cómo se salva la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus propias convicciones? Es un derecho inalienable, que el Estado debe respetar, y es un deber, una responsabilidad que los padres no pueden soslayar.

A lo que sólo se puede responder: ¡hipócrita! Ninguno de los homólogos de Aguer, jamás en la historia argentina, se ha opuesto a la imposición de la educación religiosa, católica, en las escuelas públicas. El derecho de los padres a que sus hijos sean educados en sus propias convicciones (derecho bastante debatible, por cierto) nunca incluyó, para la Iglesia Católica, el derecho de los padres de otras religiones.

Cuando en otros tiempos se daba catequesis en todas las escuelas, los niños cuyos padres eran de otras religiones (o ninguna) eran retirados de la clase, puestos aparte, segregados, marcados como diferentes. En cada ocasión en que el estado y la sociedad decidieron terminar con el privilegio católico de indoctrinar a los niños en horas de clase, la Iglesia peleó con uñas y dientes contra el derecho de los padres judíos, protestantes, musulmanes, ateos y demás a educar a sus hijos en sus propias convicciones.

Desde luego, el católico consecuente explica este aparente doble rasero con facilidad. La doctrina de la Iglesia Católica es la única totalmente verdadera; las demás son sólo falsas creencias...

domingo, 7 de junio de 2009

A104: Ud. no tiene derecho a estar en pelotas

Visitando el blog del espantoso Muévete Chile, me topé con algo muy divertido. Un poco para agarrarnos la cabeza ante tanta estolidez y tanta represión mental, los invito a leer el artículo sobre el apoyo del gobierno chileno a las playas nudistas donde entre otras cosas se nos informa que "la impudicia es un mal moral", que no somos dueños de nuestro propio cuerpo, y que de alguna manera (que no tiene que ver con nuestras fantasías religiosas, ¿eh?) mostrarse desnudo ante otras personas que también están desnudas, con mutuo consentimiento y lejos de la vista de quienes puedan no estar de acuerdo, es sucio, malísimo, inmoral y lleva a la perdición para toda la sociedad.

Y digo divertido porque las contorsiones filosóficas necesarias para aprobar esta inmensa estupidez de que no tengo derecho a estar en pelotas son dignas de un artista circense. Más todavía porque se intenta hacerlo desde una especie de sentido común o consenso mínimo, sin recurrir (por alusión directa al menos) a la tradición cultural judeocristiana represiva y antisensual ni a la doctrina cristiana explícita, como la de San Pablo ("el cuerpo es templo del Espíritu Santo") que es la fuente oculta pero obvia de este argumento. A cambio se nos ofrecen una serie de non sequiturs por los cuales deberíamos llegar a la conclusión de que proteger nuestra propia intimidad es una obligación en vez de un derecho, y que exhibir el propio cuerpo es como convertir al individuo en una cosa, como un esclavo en el mercado (!?).

En nuestra sociedad nadie tiene "derecho a estar desnudo en público" sólo porque nuestra cultura le tiene pudor a la exhibición de ciertas partes del cuerpo, y por lo tanto se ha consagrado en la ley la idea (subjetiva) de que es inmoral exhibir esas partes, y de que existe un "derecho" común a no ver esas partes de los cuerpos de los demás en lugares públicos. Eso es todo, y no tiene más sentido que ése.

Aquí suelen sacarse a colación los niños ("¿Alguien quiere pensar en los niños?"), que se transforman en un escudo tras el cual los puritanos cobardes esconden su culpable temor a los genitales. ¿Alguien cree que los niños pueden resultar dañados por la visión del cuerpo humano desnudo? Los inconvenientes del caso los padecerían los adultos vergonzosos ante las preguntas (perfectamente normales, y perfectamente inocentes) de los niños.

Las raíces del pudor son en parte antropológicas, en parte biológicas, pero en cualquiera de los dos casos el pudor no es argumento para nada. La cultura cambia, y la biología pura y dura ya no rige nuestra sociedad. ¿Por qué será que algunos no pueden dejar en paz a los demás cuando es obvio que no hacen nada malo?