Nada nuevo, sino avisarles que estamos parloteando en los comentarios sobre la Alerta 37: A un cura católico le cae la Inquisición, donde se cuenta cómo la Iglesia Católica censuró al sacerdote y teólogo Ariel Álvarez Valdés por enseñar que la Biblia no contiene casi nada de hechos históricos reales, lo cual es sabido y reconocido desde hace siglos.
Este tema de la mezcla de historia y mitología en la Biblia, y de cómo la Iglesia a lo largo del tiempo ha ido admitiendo y admitiéndose que su libro sagrado es una serie de metáforas ambiguas (aunque sin decirlo con todas las letras al rebaño), me fascina personalmente, como así también la disposición mental de quien sabe que no hubo Adán ni Eva ni la Serpiente con su manzana en el Edén pero sin embargo cree en el pecado original, para dar sólo un ejemplo. Los dejo para que lean...
lunes, 29 de septiembre de 2008
domingo, 28 de septiembre de 2008
Alerta 41b: Llévese su Sharia a otra parte
Unas cuantas cosas más sobre la Declaración Universal Islámica de Derechos Humanos de la que hablé en el último post...
Es claro que, como dije, los musulmanes radicales no van a detener sus abusos y violaciones a los derechos humanos porque así lo digan las Naciones Unidas, y desde este punto de vista podría ser una solución de compromiso dejar a los países islámicos tener su propio marco jurídico, que al menos estará consensuado a nivel supranacional, en vez de ser dependiente del nivel de locura del mullah o ayatollah local. Pero un vistazo a la Declaración islámica basta para poner los pelos de punta:
Como el Islam es "lo correcto", hablar mal del Islam o desafiar sus postulados es "propagar falsedades". Al igual que el cristianismo, el Islam muestra esa contradictoria mezcla de arrogante seguridad absoluta sobre su propia verdad, y absoluta intolerancia hacia los que se animen a sugerir algo en contrario. Es decir que, para esta Declaración, criticar al Islam es delito.
Vuelvo a la idea de mi último post, idea que ha sido repetida muchas veces y que hay que seguir repitiendo, ya que el mundo parece haberse convencido de lo contrario: son las personas las que deben ser protegidas de la discriminación; las ideas no deben gozar de una protección equivalente. Las ideas deben ser discutidas, diseccionadas, expuestas a la luz.
No existe un "derecho a no ser ofendido". Nadie tiene derecho a obligar a los demás a callarse para seguir creyendo que su ideología es la mejor o la única verdadera. Si a los musulmanes les ofende que les digan que su religión oprime a las mujeres y alienta el terrorismo, bien, están en su derecho de manifestarse en desacuerdo; pero no tienen derecho, no deben tener derecho, a pedir que la ley castigue a los que los ofenden.
(Resulta molesto pero hay que aclararlo: esto vale para todos. Si a los judíos radicales les ofende que no creamos que un libro viejo los autoriza a bombardear e invadir Palestina, que protesten, pero que no pidan que la ley castigue a sus críticos al grito de "¡antisemitismo!". Si a los católicos integristas les ofende que mostremos cómo la política vaticana hacia los preservativos está ayudando a propagar el SIDA, que protesten, pero que no hablen de "persecución" y pidan censura. Etcétera.)
El efecto de permitir que un grupo de seres humanos se considere tan especial que para ellos valen derechos humanos distintos de los demás, y que además no se permita a los demás opinar sobre esta dudosa excepcionalidad so pena de ser acusados de intolerancia, es crear ghettos y dividir a la sociedad, pero sobre todo, dejar desprotegidos y sometidos a otros seres humanos. Es una ingenuidad creer que los musulmanes pueden darse a sí mismos una Declaración de Derechos Humanos por consenso; son los fanáticos que los gobiernan quienes tienen esa prerrogativa, quienes dicen hablar por Dios y por su pueblo. Si en los países islámicos las mujeres, los homosexuales, los creyentes de otras religiones, los no creyentes, y todos los demás como ellos no pueden contar con la protección de la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque la ONU decide poner la corrección política por delante del bienestar individual, entonces están (estamos) fallándoles a los más desamparados.
Es claro que, como dije, los musulmanes radicales no van a detener sus abusos y violaciones a los derechos humanos porque así lo digan las Naciones Unidas, y desde este punto de vista podría ser una solución de compromiso dejar a los países islámicos tener su propio marco jurídico, que al menos estará consensuado a nivel supranacional, en vez de ser dependiente del nivel de locura del mullah o ayatollah local. Pero un vistazo a la Declaración islámica basta para poner los pelos de punta:
Toda persona tiene derecho a expresar sus pensamientos y creencias siempre que se mantenga dentro de los límites prescriptos por la Ley. Nadie, sin embargo, tiene licencia para diseminar falsedades o hacer circular informaciones que puedan ultrajar la decencia pública, ni para difamar […] a otras personas.Eso fue una traducción libre del texto inglés provisto amablemente por los redactores de la DUIDH. El original árabe, según los que lo han leído, admite una traducción aún más alarmante. Traduzco nuevamente:
Toda persona puede pensar, creer y expresar sus ideas y creencias sin interferencia ni oposición de nadie siempre que obedezca los límites impuestos por la Sharia. No está permitido propagar falsedades, ni diseminar aquello que involucre alentar la abominación, ni abandonar la comunidad islámica.La "abominación" en cuestión se refiere a la indecencia sexual. Para la ley islámica es correcto que un hombre mayor tenga sexo con una niña de nueve años, y si vamos al caso, con hasta cuatro de ellas, siempre que no pertenezcan a otro hombre, pero casi cualquier otra combinación está prohibida y castigada con la muerte. No sólo se prohíben la homosexualidad o el adulterio, sino también "alentar" esta clase de cosas, o sea que abogar por la tolerancia también es delito.
Como el Islam es "lo correcto", hablar mal del Islam o desafiar sus postulados es "propagar falsedades". Al igual que el cristianismo, el Islam muestra esa contradictoria mezcla de arrogante seguridad absoluta sobre su propia verdad, y absoluta intolerancia hacia los que se animen a sugerir algo en contrario. Es decir que, para esta Declaración, criticar al Islam es delito.
Vuelvo a la idea de mi último post, idea que ha sido repetida muchas veces y que hay que seguir repitiendo, ya que el mundo parece haberse convencido de lo contrario: son las personas las que deben ser protegidas de la discriminación; las ideas no deben gozar de una protección equivalente. Las ideas deben ser discutidas, diseccionadas, expuestas a la luz.
No existe un "derecho a no ser ofendido". Nadie tiene derecho a obligar a los demás a callarse para seguir creyendo que su ideología es la mejor o la única verdadera. Si a los musulmanes les ofende que les digan que su religión oprime a las mujeres y alienta el terrorismo, bien, están en su derecho de manifestarse en desacuerdo; pero no tienen derecho, no deben tener derecho, a pedir que la ley castigue a los que los ofenden.
(Resulta molesto pero hay que aclararlo: esto vale para todos. Si a los judíos radicales les ofende que no creamos que un libro viejo los autoriza a bombardear e invadir Palestina, que protesten, pero que no pidan que la ley castigue a sus críticos al grito de "¡antisemitismo!". Si a los católicos integristas les ofende que mostremos cómo la política vaticana hacia los preservativos está ayudando a propagar el SIDA, que protesten, pero que no hablen de "persecución" y pidan censura. Etcétera.)
El efecto de permitir que un grupo de seres humanos se considere tan especial que para ellos valen derechos humanos distintos de los demás, y que además no se permita a los demás opinar sobre esta dudosa excepcionalidad so pena de ser acusados de intolerancia, es crear ghettos y dividir a la sociedad, pero sobre todo, dejar desprotegidos y sometidos a otros seres humanos. Es una ingenuidad creer que los musulmanes pueden darse a sí mismos una Declaración de Derechos Humanos por consenso; son los fanáticos que los gobiernan quienes tienen esa prerrogativa, quienes dicen hablar por Dios y por su pueblo. Si en los países islámicos las mujeres, los homosexuales, los creyentes de otras religiones, los no creyentes, y todos los demás como ellos no pueden contar con la protección de la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque la ONU decide poner la corrección política por delante del bienestar individual, entonces están (estamos) fallándoles a los más desamparados.
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viernes, 26 de septiembre de 2008
Alerta 41: !¿Derechos humanos islámicos?!
Llega a mi vista (vía Pharyngula: An Islamic assault on human rights) el análisis de un documento con el alarmante título de "Declaración Universal Islámica de Derechos Humanos", producido por el Concilio Islámico, a través de "eminentes académicos musulmanes, juristas y representantes de movimientos y del pensamiento islámico". Es ya antiguo (fue escrito en 1981) pero, según se informa en un análisis aparte, ha sido desde entonces "presentado con éxito al Concejo de Derechos Humanos [de las Naciones Unidas] como meramente 'complementario' a la Declaración Universal de los Derechos Humanos." En otras palabras, los musulmanes están logrando que su fanatismo medieval sea respetable en la ONU.
Desde un principio los gobiernos islámicos pusieron obstáculos a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), creada en 1948. Pero en los últimos tiempos, han recurrido a la táctica del excepcionalismo: los musulmanes, dicen, ya tienen su propio código de conducta moral y ética, que deriva del Corán y los dichos atribuidos a Mahoma. No pueden aceptar la exclusividad de una DUDH creada por fuera de este código, y más aún, imponerles tal cosa sería una falta de respeto a su fe, un avasallamiento de sus derechos como comunidad de creyentes, una forma de imperialismo del Occidente cristiano secularizado sobre el Islam (y siguen los lugares comunes). En todo caso, la DUDH se debe "complementar" con una Declaración Universal Islámica de los Derechos Humanos (DUIDH).
Eso es lo que dicen. Ahora bien, quienes han estudiado la DUIDH han observado que la misma va en contra de la DUDH en varios puntos. Además de invocar su propia revelación religiosa como ley, la DUIDH, al igual que su similar, la Declaración de Derechos Humanos en el Islam (dada a conocer en El Cairo en 1990), limitan casi todos los derechos humanos, en vez de garantizarlos.
El caso no sería tan grave (con Declaración de cualquier tipo o no, los fundamentalistas islámicos siguen violando los derechos humanos) si no fuera porque las Naciones Unidas se han volcado al mismo ejercicio de "respeto de la religión" que la mayoría de los gobiernos de Europa. Se ha llamado a combatir la "difamación de las religiones" y la "islamofobia", y se ha asignado a un miembro especial de la Comisión por la Libertad de Expresión a la tarea de reportar "abusos de la libre expresión que ofendan las creencias religiosas", mientras que ONGs independientes han sido silenciadas. Se está considerando incluir la difamación religiosa en la ley internacional.
¿Qué tiene de malo esto? Que equivale a silenciar el disenso e impedir la crítica a los abusos de las religiones. La DUDH ya protege ampliamente a los creyentes de todas las religiones, dándoles derecho a profesar y practicar su fe, a cambiar de religión según sus convicciones, etc. La protección es para los individuos, no para las ideas. Los activistas musulmanes quieren prohibir la crítica a sus ideas. Para quienes escuchan con atención, el argumento es que son "especiales" porque han recibido la Verdad de parte del mismísimo creador del universo, aunque en público se esgrimen razones de tolerancia; el uso de este último término sería cómico si no fuera porque las cortes islámicas en muchos países rutinariamente condenan a personas a prisión, castigos corporales o muerte por no cumplir con las normas más estrictas de la Sharia, por hablar en contra de esa ley, o por atreverse a pasarse del Islam a otra religión o a ninguna.
Hay muchísimo más que decir sobre esto, pero por hoy lo dejo estar para no dispersarme. Son bienvenidos los comentarios.
Desde un principio los gobiernos islámicos pusieron obstáculos a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), creada en 1948. Pero en los últimos tiempos, han recurrido a la táctica del excepcionalismo: los musulmanes, dicen, ya tienen su propio código de conducta moral y ética, que deriva del Corán y los dichos atribuidos a Mahoma. No pueden aceptar la exclusividad de una DUDH creada por fuera de este código, y más aún, imponerles tal cosa sería una falta de respeto a su fe, un avasallamiento de sus derechos como comunidad de creyentes, una forma de imperialismo del Occidente cristiano secularizado sobre el Islam (y siguen los lugares comunes). En todo caso, la DUDH se debe "complementar" con una Declaración Universal Islámica de los Derechos Humanos (DUIDH).
Eso es lo que dicen. Ahora bien, quienes han estudiado la DUIDH han observado que la misma va en contra de la DUDH en varios puntos. Además de invocar su propia revelación religiosa como ley, la DUIDH, al igual que su similar, la Declaración de Derechos Humanos en el Islam (dada a conocer en El Cairo en 1990), limitan casi todos los derechos humanos, en vez de garantizarlos.
El caso no sería tan grave (con Declaración de cualquier tipo o no, los fundamentalistas islámicos siguen violando los derechos humanos) si no fuera porque las Naciones Unidas se han volcado al mismo ejercicio de "respeto de la religión" que la mayoría de los gobiernos de Europa. Se ha llamado a combatir la "difamación de las religiones" y la "islamofobia", y se ha asignado a un miembro especial de la Comisión por la Libertad de Expresión a la tarea de reportar "abusos de la libre expresión que ofendan las creencias religiosas", mientras que ONGs independientes han sido silenciadas. Se está considerando incluir la difamación religiosa en la ley internacional.
¿Qué tiene de malo esto? Que equivale a silenciar el disenso e impedir la crítica a los abusos de las religiones. La DUDH ya protege ampliamente a los creyentes de todas las religiones, dándoles derecho a profesar y practicar su fe, a cambiar de religión según sus convicciones, etc. La protección es para los individuos, no para las ideas. Los activistas musulmanes quieren prohibir la crítica a sus ideas. Para quienes escuchan con atención, el argumento es que son "especiales" porque han recibido la Verdad de parte del mismísimo creador del universo, aunque en público se esgrimen razones de tolerancia; el uso de este último término sería cómico si no fuera porque las cortes islámicas en muchos países rutinariamente condenan a personas a prisión, castigos corporales o muerte por no cumplir con las normas más estrictas de la Sharia, por hablar en contra de esa ley, o por atreverse a pasarse del Islam a otra religión o a ninguna.
Hay muchísimo más que decir sobre esto, pero por hoy lo dejo estar para no dispersarme. Son bienvenidos los comentarios.
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domingo, 21 de septiembre de 2008
Sobre fanáticos y moderados (cont.)
Termino con mi pequeño ensayo sobre cómo los elementos moderados de la religión funcionan como sustento y dan legitimidad a los fanáticos.
Decía que los creyentes moderados pueden apoyar implícitamente a los fanáticos por omisión (dejar hacer sin enterarse o sin protestar) o a causa de una identificación con los fanáticos, generalmente alentada por la autovictimización de los mismos.
La respuesta tiene que apuntar a ambas formas de legitimación. Los moderados que se identifican con los radicales en ciertas ocasiones son probablemente una minoría poco informada, aunque visible. Son los que se pliegan a las campañas de indignación y desinformación, los que envían cartas de lectores a los diarios, los que quizá se acerquen a participar de una manifestación. Es difícil convencer a una persona creyente y crédula con un umbral de indignación bajo y mucho tiempo libre de que esta clase de apoyo a los fanáticos no es justificable, pero al menos hay que tratar de que vean las cosas desde un punto de vista distinto y entiendan que hay una gran desproporción entre, por ejemplo, una burla grosera contra el Papa y una paliza propinada al burlón. Por algo la ley, en los países civilizados, permite lo primero y castiga lo segundo.
Contra los moderados que callan la estrategia se presenta más complicada, porque éstos son una mayoría que suele ser completamente ajena a las controversias religiosas a menos que salgan en primera plana de los diarios, y a veces ni siquiera eso. Aquí los medios masivos de comunicación tienen un rol que cumplir, exponiendo los hechos como son y llamando las cosas por su nombre.
Lamentablemente, en estos días el ejercicio del periodismo consiste en simplificar, exagerar y cubrir las cuestiones espinosas con eufemismos, y más aun en la TV, que es el medio más popular. En la TV ya casi no hay periodismo de opinión, ni se contrastan hechos, ni se recurre a los archivos; sólo se proyectan imágenes acompañadas de descripciones obvias, y ocasionalmente se crea una apariencia de debate llamando a las partes en controversia por separado para que digan algo en dos minutos. (Esto dificulta que el público en general debata sobre todos los temas, no sólo los religiosos.) Un debate con un oponente sensato es una buena forma de hacer emerger lo peor de los fanáticos, pero para eso debe haber un foro suficientemente abierto y un moderador que no tenga miedo de, por ejemplo, permitir hablar a un secularista y a un obispo de igual a igual, sin títulos honoríficos ni deferencias especiales.
En último término, los "moderados" deben reconocer que tienen una responsabilidad y que deben protestar en voz alta contra los abusos de los fanáticos de su misma religión. Cuando un fanático viola la ley, el sistema puede actuar; pero para todo lo demás nos queda sólo la presión social. Los elementos radicales de todas las religiones deberían sentir la presión y el cuestionamiento de sus respectivas comunidades. No basta con pronunciamientos a posteriori, ambiguos o matizados, por parte de líderes religiosos que quieren salvar su imagen; las masas de creyentes son las que deben trazar la línea y dejar a los fanáticos afuera.
Decía que los creyentes moderados pueden apoyar implícitamente a los fanáticos por omisión (dejar hacer sin enterarse o sin protestar) o a causa de una identificación con los fanáticos, generalmente alentada por la autovictimización de los mismos.
La respuesta tiene que apuntar a ambas formas de legitimación. Los moderados que se identifican con los radicales en ciertas ocasiones son probablemente una minoría poco informada, aunque visible. Son los que se pliegan a las campañas de indignación y desinformación, los que envían cartas de lectores a los diarios, los que quizá se acerquen a participar de una manifestación. Es difícil convencer a una persona creyente y crédula con un umbral de indignación bajo y mucho tiempo libre de que esta clase de apoyo a los fanáticos no es justificable, pero al menos hay que tratar de que vean las cosas desde un punto de vista distinto y entiendan que hay una gran desproporción entre, por ejemplo, una burla grosera contra el Papa y una paliza propinada al burlón. Por algo la ley, en los países civilizados, permite lo primero y castiga lo segundo.
Contra los moderados que callan la estrategia se presenta más complicada, porque éstos son una mayoría que suele ser completamente ajena a las controversias religiosas a menos que salgan en primera plana de los diarios, y a veces ni siquiera eso. Aquí los medios masivos de comunicación tienen un rol que cumplir, exponiendo los hechos como son y llamando las cosas por su nombre.
Lamentablemente, en estos días el ejercicio del periodismo consiste en simplificar, exagerar y cubrir las cuestiones espinosas con eufemismos, y más aun en la TV, que es el medio más popular. En la TV ya casi no hay periodismo de opinión, ni se contrastan hechos, ni se recurre a los archivos; sólo se proyectan imágenes acompañadas de descripciones obvias, y ocasionalmente se crea una apariencia de debate llamando a las partes en controversia por separado para que digan algo en dos minutos. (Esto dificulta que el público en general debata sobre todos los temas, no sólo los religiosos.) Un debate con un oponente sensato es una buena forma de hacer emerger lo peor de los fanáticos, pero para eso debe haber un foro suficientemente abierto y un moderador que no tenga miedo de, por ejemplo, permitir hablar a un secularista y a un obispo de igual a igual, sin títulos honoríficos ni deferencias especiales.
En último término, los "moderados" deben reconocer que tienen una responsabilidad y que deben protestar en voz alta contra los abusos de los fanáticos de su misma religión. Cuando un fanático viola la ley, el sistema puede actuar; pero para todo lo demás nos queda sólo la presión social. Los elementos radicales de todas las religiones deberían sentir la presión y el cuestionamiento de sus respectivas comunidades. No basta con pronunciamientos a posteriori, ambiguos o matizados, por parte de líderes religiosos que quieren salvar su imagen; las masas de creyentes son las que deben trazar la línea y dejar a los fanáticos afuera.
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viernes, 19 de septiembre de 2008
Sobre fanáticos y moderados
—¿Usted… no establece diferencias entre musulmanes radicales y musulmanes moderados?
—No. Ésa no es mi tarea, ése es el trabajo de los propios musulmanes. Al final unos apoyan a los otros. Yo no he visto a ningún imam criticar abiertamente la quema de sinagogas o la quema de templos cristianos por parte de los musulmanes radicales.
Más de una vez, con más de una persona, he discutido corta o largamente sobre el tema de las religiones, de sus interpretaciones liberales y más estrictas, de los moderados y los radicales, de los practicantes pacíficos y los fanáticos violentos. Me resulta difícil dar a entender mi postura, que yo considero sencilla y defendible, de que los moderados de hecho y por omisión sirven de defensa a los fanáticos. Hitchens le añade este toque al tema, un toque magistral en mi opinión.
Quiero pasar por alto algo que yo tiendo a repetir y que otros han afirmado, el que desde un punto de vista lógico el fundamentalista religioso es más "honesto" que el moderado, que suele soslayar los aspectos más desagradables de su propia religión. Los fanáticos (en general) tienen así más sustento doctrinario que los moderados. Pero ése no es el tema de este corto artículo.
Lo que quiero decir aquí tiene que ver con la legitimación real de los fundamentalistas, especialmente los violentos, los que llamamos radicales o fanáticos (podría argumentar que los fundamentalismos, es decir, las interpretaciones estrictas de las tradiciones, escrituras o dogmas religiosos, son siempre violentos en un sentido u otro, pero eso es tema para otro ensayo, y posiblemente para otro autor mejor preparado). Mi postura es que, más allá de lo que digan las palabras del libro sagrado o de la autoridad religiosa oficial, los fanáticos de todas las grandes religiones obtienen sustento y legitimidad de la comunidad de creyentes que los rodea, creyentes que en su gran mayoría se calificarían como buenas personas, moderados, o incluso "liberales".
La forma más directa de legitimación de los radicales por parte de los moderados suele ser por omisión. A los radicales se les permite hablar en nombre de una religión, usar sus símbolos, e incluso dictaminar (más allá de si se los obedece o no) los modos de vida de los demás creyentes. Estos últimos permanecen en silencio, o protestan muy levemente o sólo en privado. En algunos casos (casi todos los países islámicos, por ejemplo) cualquier protesta contra los elementos radicales resulta peligrosa, pero por supuesto eso es precisamente con lo que cuentan los fanáticos. Si una masa crítica de creyentes moderados dejara de tolerar a los radicales violentos y hablara en contra, suprimir su opinión por medio de la violencia sólo sería viable en casos extremos (como la férrea dictadura teocrática de Arabia Saudita).
La resistencia pasiva es una opción. La otra es su contraria. Se cuenta que cuando los nazis tomaron control de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial ordenaron que los judíos daneses usaran en un lugar visible una estrella de David amarilla para poder identificarlos y apartarlos para ser eliminados. Según esta historia, el rey de Dinamarca proclamó "Yo soy el primer judío de mi país" y al otro día todos los ciudadanos daneses, sin distinción de religión, aparecieron con estrellas de David amarillas cosidas a la ropa. Esto es sólo una leyenda, inspirada en el comportamiento ejemplar que el gobierno y el pueblo de Dinamarca tuvo para con sus ciudadanos judíos, pero tiene su fuerza. Si en verdad son mayoría los moderados y no violentos del Islam, del cristianismo y del judaísmo, y realmente no quieren que los fanáticos hablen por ellos, ¿por qué no hay un movimiento masivo en su contra, por qué cuándo un disidente es atacado, encarcelado o condenado a muerte por blasfemia no aparecen centenares o miles proclamando las mismas críticas, en su defensa?
Cuando Salman Rushdie fue mandado matar por una autoridad religiosa islámica, los musulmanes "moderados" no lo defendieron, aunque todos siguieron proclamando que el Islam es una religión pacífica. Lo mismo cuando las caricaturas de Mahoma causaron varias muertes. Los cristianos, que dicen adorar al mismo Dios que los musulmanes, tampoco hicieron nada; de hecho, varios líderes europeos, incluyendo el monarca vaticano Joseph Ratzinger, disculparon a los fanáticos porque las caricaturas eran "ofensivas", "irresponsables", "una provocación", y "un incentivo al odio". Aparentemente emitir una fatwa homicida no es "incentivo al odio".
En mucha menor escala, cuando ocurrió lo de la hostia secuestrada, el autor del "secuestro" recibió amenazas y por poco debió de dejar sus estudios, y otra persona, por el hecho de burlarse de estos fanáticos y tirar una hostia a la basura en repudio, recibió una inundación de mails con amenazas de muerte, y se inició una campaña para que lo despidieran de la universidad donde trabaja. Incluso unos cuantos ateos y muchos creyentes liberales consideraron que estas dos personas habían cometido una imperdonable ofensa y una provocación (otra vez esas palabritas), y matizaron su repudio a las amenazas con cobardes "peros". Ninguna autoridad religiosa católica salió al cruce de los fanáticos, y los católicos "moderados" que supuestamente son mayoría y que deploran estas cosas permanecieron, como grupo, en total silencio.
Cuando los moderados no acallan a los fanáticos, no queda más que suponer que son cobardes. Cobardes porque tienen miedo de denunciar la barbarie que surge de su propia fe, o cobardes porque quisieran ser ellos los que amenazan y atacan, pero no se animan. En este sentido, llama la atención lo que PZ Myers, el autor de la profanación de la hostia a la que me refería arriba, llama fatwa envy o "envidia de la fatwa", por analogía con el concepto psicoanalítico de la "envidia del pene": cuando un caso como éste trasciende, los católicos hablan de "persecución a la Iglesia", murmuran algo sobre lo cansados que están de "poner la otra mejilla", y luego rencorosamente añaden: "Si esto se lo hubieran hecho a los musulmanes, ya les habrían puesto una bomba". Lo que esto sugiere es algo ambiguo pero sin duda alarmante, especialmente si consideramos que hace apenas unos pocos siglos que las iglesias cristianas dejaron de encarcelar, torturar y matar personas por supuestos crímenes contra la religión.
Las doctrinas que les permitieron justificar estas cosas a los cristianos siguen siendo válidas, en el sentido de que las partes más bárbaras de las Sagradas Escrituras no han sido repudiadas. Basta con que la marea cambie, como si dijéramos, para que las interpretaciones escriturales liberales de hoy den paso a otras más estrictas y mucho más agresivas. En un panel de discusión Hitchens hizo una vez una referencia a La Peste, de Camus, donde la plaga finalmente se termina, pero queda claro que las ratas infectadas por la enfermedad siguen viviendo en las alcantarillas, y la peste eventualmente emergerá de nuevo.
Fundamentalismo deriva de fundamento, que equivale a cimiento, base, sustento (al-Qa'ida significa precisamente "la Base"). El sustento es típicamente una escritura sagrada, sobre la que se funda una tradición religiosa. El fundamentalismo es reaccionario, un "volver a las fuentes", y esas fuentes son justamente las escrituras en su interpretación más estricta. En tanto los fundamentos estén presentes, el edificio de la barbarie puede ser demolido, pero siempre puede ser reconstruido. Cuando los "moderados" evitan criticar los fundamentos de su propia religión, lo que hacen es preservar la base para su uso presente y futuro por parte de los radicales.
La otra forma en la que los creyentes moderados ayudan a los fanáticos es identificándose con ellos por motivos corporativos. Es bien sabido que no hay nada mejor para unir un grupo disperso o insatisfecho con sus autoridades que una amenaza externa. Se han declarado guerras con esa excusa. Una caricatura de Mahoma o una rana de juguete crucificada no hacen daño a nadie, pero si un fanático tiene suficiente acceso a los medios, no le será difícil presentar estas tonterías como ofensas terribles a la fe y llamar a una reacción masiva.
En estos años se ha promovido entre las dos más grandes religiones monoteístas la idea de que su fe está bajo ataque y que la modernidad y el secularismo buscan ridiculizar a las religiones; en este contexto, los fanáticos siempre encontrarán a unos cuantos idiotas útiles dispuestos a gritar por ellos. Cuando las aguas se calman, lo que queda es que hubo un gran tumulto y que muchos creyentes moderados, en su mayoría personas pacíficas, terminaron tan indignados como insatisfechos, mientras que los fanáticos obtuvieron una victoria simbólica y su postura fue reivindicada.
En una próxima entrega escribo sobre la respuesta a los moderados. Continuará...
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Cambios en el blog
Dos anuncios cortitos:
- Acabo de añadir a la barra lateral (izquierda) una sección con un extracto de los últimos comentarios publicados en todo el blog. Está en tercer lugar de arriba a abajo, a continuación del archivo de posts.
- Para complementar esto, he hecho más ancha la barra lateral. Como efecto secundario la parte del contenido principal queda más angosta y "cuadrada" en la pantalla, lo cual (creo yo) redunda en mejor legibilidad.
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miércoles, 17 de septiembre de 2008
Alerta 40b: El juez también es "pro-vida"
Hace un par de días escribí sobre la niña de 12 años violada a la que le negaron el aborto. En ese momento entendí, como los periodistas, que la cuestión estaba cerrada. Al otro día, no obstante, el juez se pronunció formalmente, según nos cuentan los diarios.
El juez de familia Germán Ferrer rechazó el pedido de aborto porque la niña, dice, manifestó claramente que quería tener al bebé, y porque quitárselo le podría crear un trastorno aún mayor (la doctrina de elegir el mal menor). Además ordenó al estado que le provea una vivienda digna y medios de subsistencia. Qué bello, ¿no?
En mayo de este año el mismo juez Ferrer recibió una denuncia de maltrato hacia la madre y la niña por parte del mismo padrastro que finalmente violó a la niña. No hizo nada. En cambio, cuando el personal médico del hospital Humberto Notti de Mendoza pidió autorización judicial para realizar el aborto (autorización que era innecesaria, no nos cansemos de repetir, ya que la salud de la niña estaba claramente en riesgo), el juez le quitó la custodia a la madre argumentando que ésta quería hacer abortar a la niña para proteger a su concubino, el violador, y se la dio a su abuela, una cristiana evangélica devota con predecibles opiniones sobre la interrupción del embarazo. Además, sacó a la niña de su casa y la hizo internar en un hospital para aislarla de su madre y así "protegerla", privándola de su libertad y de ver a su familiar más cercano durante tres semanas.
Aparentemente la protección no era tan buena porque hace dos semanas un grupo de fanáticos católicos se metieron en la habitación y le mostraron a la niña folletos antiabortistas, llenos de fotos de fetos ensangrentados y mutilados. Le dijeron que abortar era un asesinato, y le ofrecieron dinero para criar al bebé. Los antiabortistas también le enviaron al juez Ferrer más de 300 mensajes exigiéndole que no autorizara un "asesinato".
La niña cambió de idea, dice el juez, y quiere ser madre. ¡Qué extraño que una niña de 12 años "cambie de idea" cuando un montón de extraños le dicen que va a ser una asesina! Y qué sensato este juez al aceptar como válida la voluntad mal informada de una menor de edad traumatizada y aislada.
Ayer, en su pronunciamiento, el juez criticó la "radicalización", "fanatismo" e "irracionalidad" de ambas partes (a las que llamó "los pro-vida y los pro-aborto"). Ahora parece que hacer campaña para que se cumplan derechos básicos es fanatismo. "Estos grupos están tan radicalizados que deberían recordar los estragos que este país ha sufrido por los fanatismos", dijo Ferrer, aparentemente creyendo que manifestarse en contra de las creencias cristianas que condenan a la mujer a ser una incubadora sin voz ni voto es comparable al terrorismo (de estado o del otro). Qué mediocre. Qué poca consistencia legal y ética, qué ignorancia, que poca convicción de parte de un magistrado.
Si los "pro-aborto" hubieran entrado la habitación de la niña para explicarle claramente que las promesas de los ultracatólicos son vacías, que nunca va a ver dinero ni asistencia para criar a su hijo más allá de unos pocos meses, que ni la Iglesia ni el Estado le van a dar a su hijo lo que requiere para crecer y educarse, que ambos van a pasar aún más hambre que el que ella sola pasa ahora, y demás cosas que por sentido común todos sabemos, entonces el juez podría haber dicho con justicia que dos bandos en discusión habían utilizado cruelmente a la niña para su lucha y transformado un tema desgraciado en una batalla ideológica. Pero no ocurrió así. Lo que ocurrió fue que uno tras otro y concertadamente, los médicos, la dirección del hospital, los fanáticos católicos y el juez, se cagaron en la ley.
Un comentario que leí por ahí decía lo que también todos sabemos: si la niña violada hubiera sido hija del juez, el aborto se hubiera realizado sin problemas, sin jueces entrometidos, sin controversia pública, sin aviso a los medios, sin fanáticos de por medio; se hubiera llevado a la niña al hospital y se hubiera hecho lo que la ley manda, sin que nadie más se enterara. Y hubiera sido lo correcto.
El juez de familia Germán Ferrer rechazó el pedido de aborto porque la niña, dice, manifestó claramente que quería tener al bebé, y porque quitárselo le podría crear un trastorno aún mayor (la doctrina de elegir el mal menor). Además ordenó al estado que le provea una vivienda digna y medios de subsistencia. Qué bello, ¿no?
En mayo de este año el mismo juez Ferrer recibió una denuncia de maltrato hacia la madre y la niña por parte del mismo padrastro que finalmente violó a la niña. No hizo nada. En cambio, cuando el personal médico del hospital Humberto Notti de Mendoza pidió autorización judicial para realizar el aborto (autorización que era innecesaria, no nos cansemos de repetir, ya que la salud de la niña estaba claramente en riesgo), el juez le quitó la custodia a la madre argumentando que ésta quería hacer abortar a la niña para proteger a su concubino, el violador, y se la dio a su abuela, una cristiana evangélica devota con predecibles opiniones sobre la interrupción del embarazo. Además, sacó a la niña de su casa y la hizo internar en un hospital para aislarla de su madre y así "protegerla", privándola de su libertad y de ver a su familiar más cercano durante tres semanas.
Aparentemente la protección no era tan buena porque hace dos semanas un grupo de fanáticos católicos se metieron en la habitación y le mostraron a la niña folletos antiabortistas, llenos de fotos de fetos ensangrentados y mutilados. Le dijeron que abortar era un asesinato, y le ofrecieron dinero para criar al bebé. Los antiabortistas también le enviaron al juez Ferrer más de 300 mensajes exigiéndole que no autorizara un "asesinato".
La niña cambió de idea, dice el juez, y quiere ser madre. ¡Qué extraño que una niña de 12 años "cambie de idea" cuando un montón de extraños le dicen que va a ser una asesina! Y qué sensato este juez al aceptar como válida la voluntad mal informada de una menor de edad traumatizada y aislada.
Ayer, en su pronunciamiento, el juez criticó la "radicalización", "fanatismo" e "irracionalidad" de ambas partes (a las que llamó "los pro-vida y los pro-aborto"). Ahora parece que hacer campaña para que se cumplan derechos básicos es fanatismo. "Estos grupos están tan radicalizados que deberían recordar los estragos que este país ha sufrido por los fanatismos", dijo Ferrer, aparentemente creyendo que manifestarse en contra de las creencias cristianas que condenan a la mujer a ser una incubadora sin voz ni voto es comparable al terrorismo (de estado o del otro). Qué mediocre. Qué poca consistencia legal y ética, qué ignorancia, que poca convicción de parte de un magistrado.
Si los "pro-aborto" hubieran entrado la habitación de la niña para explicarle claramente que las promesas de los ultracatólicos son vacías, que nunca va a ver dinero ni asistencia para criar a su hijo más allá de unos pocos meses, que ni la Iglesia ni el Estado le van a dar a su hijo lo que requiere para crecer y educarse, que ambos van a pasar aún más hambre que el que ella sola pasa ahora, y demás cosas que por sentido común todos sabemos, entonces el juez podría haber dicho con justicia que dos bandos en discusión habían utilizado cruelmente a la niña para su lucha y transformado un tema desgraciado en una batalla ideológica. Pero no ocurrió así. Lo que ocurrió fue que uno tras otro y concertadamente, los médicos, la dirección del hospital, los fanáticos católicos y el juez, se cagaron en la ley.
Un comentario que leí por ahí decía lo que también todos sabemos: si la niña violada hubiera sido hija del juez, el aborto se hubiera realizado sin problemas, sin jueces entrometidos, sin controversia pública, sin aviso a los medios, sin fanáticos de por medio; se hubiera llevado a la niña al hospital y se hubiera hecho lo que la ley manda, sin que nadie más se enterara. Y hubiera sido lo correcto.
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Publicado por
Pablo
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