viernes, 14 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.2)

Continúo con la reseña del segmento del programa Clases, de Mariano Grondona, en el que se entrevista al arzobispo Héctor Aguer. Se trata, recordarán ustedes, de dos videos posteados por el blog católico Multiespacio Cultural El Camino (del primero ya hablé). El asunto no es muy divertido porque Grondona está en todo de acuerdo con Aguer. Ambos coinciden en sus distorsiones fáciles de las ideas modernas sobre sexualidad y roles de género.
Grondona: “Cuando un padre o una madre educan a un chico o a una chica, la idea es que no le instalen valores. Es decir, yo tengo un chico o una chica y le digo mirá, vos cuando tengas uso de razón verás qué alternativas hay y tomás una decisión.”
Si alguien tiene en verdad esa idea, comprobará tarde o temprano que tal "educación neutra" no resulta posible. El ser humano absorbe su moral y sus valores de lo que lo rodea, incluyendo su visión sobre la sexualidad. Aguer se contradice: parece estar de acuerdo con esta crítica a la educación moderna, pero al mismo tiempo denuncia que es ideológica porque impone cierta visión del hombre que es incorrecta. ¿Se están transmitiendo valores, o no? ¿El problema es que no se transmiten valores, o que son incorrectos? Es mucho más efectivo para la posición conservadora, retóricamente, argumentar que se está privando a los niños de puntos de referencia morales, que aceptar que simplemente se les están transmitiendo valores que una religión particular no acepta.

La mayoría de los padres sí quieren transmitir sus valores a sus hijos, aunque no lo hagan de manera estructurada (con la Biblia en la mano, por ejemplo). El valor de la libertad para explorar distintos caminos (en todas las esferas de la vida) y seguir el que parezca más correcto, aunado al valor de la responsabilidad por los propios actos y decisiones, es parte de una forma de educar que muchos padres han aceptado como mejor que la represión moral que pasa por educación tradicional cristiana.

Grondona cae tan bajo como para afirmar que se le ofrece a los niños libertad para elegir cualquier cosa, “desde el bestialismo hasta la fidelidad conyugal”. Aquí hay implícita una falacia que se denomina de la pendiente resbaladiza (es una forma del efecto dominó), y que les encanta a los guardianes de la moral: ¿cuántas veces hemos oído “si ahora permiten esto, después van a permitir esto otro, y al final van a permitir incluso eso otro?”. Incluso en nuestro ambiente de liberalidad sexual, es evidente que no hay hordas de jóvenes huérfanos de valores volcándose al bestialismo (de la misma manera que la tolerancia de la homosexualidad no ha causado inversiones masivas de la tendencia sexual de la población, y la legalización del divorcio no ha provocado la desaparición de la institución matrimonial).

Hay una frase sencilla y cortada por una elipsis que muestra mucho cómo se pueden proferir falsedades y falacias que pueden sonar perfectamente ciertas cuando uno cambia el significado de una palabra clave.
Aguer: “En el paraguas la perspectiva de género se igualan todas las opciones. Entonces, como no hay una referencia a la naturaleza…”
¿De qué naturaleza se habla? Aguer no está hablando de la naturaleza; está hablando de lo que los católicos llaman "naturaleza humana" y asocian a una supuesta "ley natural". Para los que no adherimos a la doctrina católica, que somos la mayoría (incluyendo muchos católicos de nombre), la naturaleza no tiene moral; no puede tenerla, no puede darnos lecciones morales; el ser no conduce nunca al deber ser. La "naturaleza" de Aguer no es el mundo natural; es un modelo con el que Dios formó al mundo y al que, aunque nadie puede verlo, los creyentes tienen acceso privilegiado a través de la enseñanza de los líderes de la Iglesia, comenzando por el Papa.

Y esto debe ser así porque difícilmente un hombre con estudios, como Aguer, podría caer groseramente en la falacia naturalista, al implicar que la heterosexualidad y el no uso de anticoncepción es lo correcto porque es "natural" (porque los hombres y las mujeres biológicamente estamos diseñados para copular con un miembro del sexo opuesto con fines reproductivos). El arzobispo no apela a la naturaleza real porque en la naturaleza no hay, valga la redundancia, nada contra natura; se refiere al modelo bíblico de la Creación. Pero (y esto es a lo que quería llegar) él no da toda esta explicación; es ambiguo, sabiendo que sus palabras pueden ser tomadas de otra manera, y sabiendo que el argumento de "lo que es natural", falaz pero muy común, le ganará asentimientos extra entre su audiencia. Para las respetables señoras escandalizadas por la homosexualidad en público y la promiscuidad de los jóvenes, la determinación biológica de los sexos y el "Dios hizo al hombre varón y mujer" se confunden.

Voy a omitir otros temas tratados por Aguer y Grondona que no son de mi interés, como su análisis del supuesto neomarxismo y el uso de la “dialéctica del poder en el seno de la familia” que observa en el documento del Ministerio de Salud que motivó su declaración crítica.

Un punto que sí es interesante es cómo hablan de la mujer estos dos hombres. Mientras que Aguer comentaba que se pretende “des-esencializar a la mujer de su condición femenina”, Grondona recordó a Pablo VI hablar de los roles femeninos y masculinos. “Una cosa es subordinar la mujer al hombre, lo cual es absolutamente refutable, y la otra es decir que son iguales”, parafraseó, y luego puso el ejemplo de un coro, en el que “el tenor y la soprano tienen la misma dignidad pero no cantan igual”. Esto es jugoso. Para empezar, se reafirma la posición esencialista (la mujer es esencialmente algo; no puede contrariarse su esencia; sería como usar una cuchara para cortar).

La imagen del coro me recordó instantáneamente esa mitología maravillosa que creó J. R. R. Tolkien. En el mito de la creación que se narra en El Silmarillion, el primer libro se llama en lengua élfica Ainulindalë, la Música de los Ainur. Los Ainur, seres angélicos de gran poder, cantan a instancias de Eru Ilúvatar, el Creador, y su canto forma la esencia de Eä, el mundo, que luego Ilúvatar actualizará (es decir, hará existir). En el coro hay muchas voces y muy diversas, pero todas (nos dicen) cantan finalmente para gloria de Ilúvatar, incluso la voz disonante y desafiante de Melkor, el equivalente tolkieniano de Lucifer.

Ahora bien, el coro de la familia humana no es armonioso, ni mucho menos, porque los hombres no somos ángeles, sujetos a la voluntad de Dios. Un coro tiene un reglamento y un propósito. Los humanos no tenemos enfrente una partitura y a un director con una batuta; no tenemos más propósito que el que nos damos a nosotros mismos. Juan Pablo II predicó que Cristo es el “Señor de la Historia”, queriendo decir que la historia del mundo es ordenada por Dios y gira en torno a su encarnación como Jesús; presumiblemente ahí está nuestro director, pero no puede esperarse que todos sigamos fielmente sus indicaciones, algunas ambiguas, otras brutales, todas perdidas en el tiempo y en múltiples interpretaciones. La teología puede inventar esta clase de estructuras sin sustentación alguna, pero la realidad no nos da esa facilidad. El tenor y la soprano no tienen su lugar fijo y marcado en el coro. La tradición cristiana cree que hay un orden inmutable, el hombre aquí, la mujer allá; pero esa tradición, felizmente, está muriendo.

El tema de la conversación pasó luego al feminismo. A Aguer no le gusta el feminismo; prefiere la “promoción de la mujer”, sobre la que no se explayó, aunque parece que involucra darle a la mujer más oportunidades para quedarse en casa y tener hijos.

Lo más parecido a una interpelación de parte de Grondona fue una pregunta sobre la cuestión del sacerdocio femenino y su comentario sobre las ideas del teólogo disidente Hans Küng acerca de la posición inferior de la mujer en la Iglesia. A esto Aguer dijo solamente: “La perspectiva de Küng es una perspectiva sociológica, no teológica.” O sea que la sociología no puede hablar del hombre; el teólogo debe elevarse por encima de ese plano terrenal, burdo. La teología, que es un ejercicio de masturbación mental sobre las características y presuntas intenciones de un ser mitológico, es más sabia que la ciencia de la sociología.

¿Y la idea de Dios como mujer, que avanzan algunos movimientos feministas y religiosos renovadores?
Aguer: “En la Biblia queda bien claro que Dios está más allá de la definición de los sexos.”
¿En dónde exactamente será eso? ¿Por qué será que desde la antigüedad hasta hoy Dios es consistentemente representado como un hombre viejo? ¿En qué parte de la Biblia se nombra a Dios sin referirse a él con el pronombre masculino, en el rol viril de Señor de los Ejércitos, o como Padre?

Siguiendo con su reafirmación del papel tradicional de la mujer, según Grondona, en la Política de Aristóteles, las mujeres se quedan en casa mientras sus maridos deciden los asuntos en el ágora; pero no es que estén marginadas de la decisión, sino que son ellas las que mandan a sus maridos a tomar decisiones, y éstos al volver tienen que darles cuenta a ellas. A esta falsa ingenuidad responde la tierna voz del lugar común:
Aguer: “Eso corresponde a la naturaleza: la mujer es el hogar.”
Aclaro que no soy un feminista de los que dicen que el rol tradicional de la mujer como madre y ama de casa es siempre una imposición de un modelo patriarcal y opresivo. Muchas mujeres se sienten perfectamente bien en ese rol. La clave es la diversidad. Para Aguer y para Grondona, la diversidad es anatema. Diversidad significa libertad, y libertad significa posibilidad de pecado.

En la naturaleza (la real, no la de Aguer), hay animales cuyas hembras viven preñadas o cuidando a sus retoños y otras que comparten esta última tarea con el macho. Dónde estamos en este campo nosotros, Homo sapiens, es discutible, pero poco importa: hace rato que dejamos de considerar que los instintos naturales son incondicionalmente lo mejor para nosotros. Quizá nuestra biología (nuestra naturaleza) nos impulse a adoptar los roles tradicionales del macho y la hembra, pero recordemos que la biología atrasa y que la evolución no busca lo óptimo, sino lo posible. Probablemente siempre exista una tensión entre los roles de mujer madre y de mujer trabajadora; la solución es brindar oportunidades para ambas, no prescribir que una “corresponde a la naturaleza” y la otra no.

jueves, 13 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.1)

En el blog fanático católico Multiespacio Cultural El Camino apareció hace días un post que acabo de ver, consistente en un segmento del programa Clases, del repelentísimo filósofo dextro-platónico Mariano Grondona, en el que está entrevistando al arzobispo Héctor Aguer sobre el tema de la ideología de género. En realidad no sé si "entrevista" es la palabra correcta; es más bien como si alguien hubiera escrito un monólogo y hubiera asignado párrafos alternados a dos personas distintas.

Siguen algunos ejemplos de los conceptos distorsionados que vierten estos nefandos maestros del engaño retórico, y mi refutación. Esto proviene sólo de la primera parte de la entrevista (menos de 10 minutos).
Grondona: “Un poco la idea sería como que la mujer, o el hombre, llegado a la edad de la adolescencia, elige su sexo.”
Aguer: “Se afirma que existe un derecho humano, y por tanto universal, de los niños y adolescentes, a tener sexo, a practicar el sexo, y un derecho también a evitar las consecuencias indeseadas que podrían seguirse…”
Cualquiera que no sea un verdadero idiota (y no es una exageración) sabe perfectamente que no existe la "elección del sexo", y que nadie está promoviendo tal cosa. El sexo biológico (no el género — de paso, observemos cómo Grondona confunde a propósito los términos) claramente no puede elegirse; sobre la orientación sexual hay grandes discusiones científicas; el género y la identidad sexual, asunto más complicado, se forman como se forma nuestro carácter, con dosis variables de predeterminación genética, influjos biológicos y psicológicos durante nuestro desarrollo, y sí, elecciones conscientes. Los cristianos conservadores consideran que el hombre y la mujer son arquetipos platónicos, con esencias inmutables: Dios causa la concepción de un cigoto, le da un cromosoma Y, le hace crecer pene y testículos, le formatea el cerebro con un sistema operativo macho, le reserva ciertos roles sociales, y punto. Cualquier desviación de esa norma es patológica, inmoral o ambas cosas.

En cuanto a lo que dice Aguer, podemos referirnos a los Derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes, según se los expone en Educ.ar, el portal educativo del gobierno argentino.
Todas las personas del país independientemente de su clase social, sexo, identidad genérica, práctica sexual, etnia y edad gozan del derecho a:
  1. Obtener información y orientación completa, veraz y suficiente sobre su cuerpo, sus funciones y procesos reproductivos expresados en términos sencillos y comprensibles para que puedan tomar decisiones y favorecer el auto-conocimiento.
  2. Disfrutar de una vida sexual saludable y placentera, libre de discriminación, coacción o violencia.
  3. Ejercer su preferencia sexual, libremente y sin sufrir discriminación, coacción o violencia.

Monseñor Aguer expresó reparos ante el modelo de educación sexual del gobierno.
Siguen una larga serie de precisiones y referencias a otros documentos, que dejan en claro que, como es de suponer, el "derecho universal al sexo" no implica que un niño de 10 años tenga derecho a (intentar) copular con cualquier persona de su elección, en particular, porque a esa edad no tiene elementos de juicio para discernir lo que le conviene. Lo que sí dice este documento es que el niño de 10 años tiene derecho a que le expliquen ciertas cosas que le permitirán ejercer su sexualidad sanamente cuando esté física y mentalmente preparado para hacerlo. Y sí, a pesar de que a Aguer, a Grondona y a muchas otras señoras púdicas les disguste, e incluso a pesar de algunos de nosotros que hemos sido criados con ciertos tabúes, los niños tienen sexo, a su manera, tanto entre sí como por su cuenta, y les gusta, y no hay objetivamente nada malo en eso, de la misma manera en que no hay objetivamente nada de malo en comer chocolate y gozarlo, con las mismas salvedades de orden médico y psicológico.

A continuación, y siguiendo un libreto acordado con Grondona, Aguer trae a colación el asunto de la "compensación del riesgo" [ver risk compensation en Wikipedia en inglés] o del fenómeno del "comportamiento desinhibido", con una falacia que parece creíble a primera vista, y que usa para justificar declaraciones como las de la Benedicto XVI cuando dijo que el preservativo no sólo no soluciona sino que puede empeorar la epidemia de SIDA.

Es cierto que el uso de cierta tecnología que reduce un determinado riesgo puede llevar a un comportamiento descuidado en quienes confían en dicha tecnología; pero es engañoso e irresponsable decir, como principio genérico, que “el beneficio que podría seguirse [del uso de esa tecnología] queda neutralizado”. El experto citado por Aguer, Edward C. Green, es un antropólogo médico estadounidense con credenciales impecables, quien en su oportunidad, luego de aceptar que “el Papa podría tener razón sobre los preservativos”, explicó que los mismos “deberían servir como un refuerzo [a back-up role] … Yo creo que se debería poner preservativos a disposición de todos.”

El rol de la educación sexual es primordial, pero Aguer no puede reconocerlo porque la educación sexual moderna, con base científica, es antitética a la doctrina cristiana. Sin educación sexual o con una estrategia educativa que no llega a los ciudadanos, es claro que la distribución de preservativos sí puede agravar el problema. En Occidente promovemos el ejercicio y la dieta como manera de preservar la salud, pero muchas personas se lesionan al ejercitarse, y muchas, por hacer dieta, comen mal, logrando el efecto contrario, debido a la desinformación y la poca cultura científica sobre el tema; sin embargo, a nadie se le ocurriría decir a la ligera que el ejercicio y la dieta “no solucionan el problema y hasta pueden empeorar nuestra salud.”

Aquí Aguer habla del caso de Uganda, la niña de los ojos del Vaticano, donde el gobierno usó la estrategia ABC contra el SIDA: en teoría, un programa de cambio cultural basado en la frase Abstain, Be faithful, use a Condom, es decir, abstinencia para los jóvenes (solteros), fidelidad para los adultos en una relación monogámica, y condones/preservativos sólo para los grupos de riesgo (prostitutas, drogadictos, parejas con un miembro sano y el otro infectado, y otros). Tal estrategia hubiera tenido sentido, al alentar el uso de una barrera protectora en quienes eran a la vez las víctimas más frecuentes del SIDA y las causantes más claras de su expansión entre la población, y que por su condición eran quienes menos posibilidades tenían de seguir los cursos de acción más seguros.

Pero resulta que la estrategia ABC no nació en Uganda, y no hay una definición uniforme de lo que debe hacerse para implementar esta idea general, aunque diversos actores han querido apropiarse de su éxito para promover sus ideas conservadoras de origen religioso. De hecho, en Uganda se combinaron medidas de promoción y de educación que fueron mucho más allá de decirle a los jóvenes que no tuvieran sexo (ciertamente tampoco se les dije que tuvieran sexo cuando quisieran siempre que fuera con preservativo). Lo que Uganda promovió fue que los jóvenes demoraran su primera relación sexual, que evitaran el sexo casual, que buscaran parejas estables, y que usaran el preservativo como precaución, porque obviamente es imposible saber si la pareja de uno está infectada si no se ha hecho un test. En un distrito muy estudiado, la abstinencia y la fidelidad de hecho disminuyeron. La estrategia ABC fracasó también al buscar que los jóvenes retrasaran su edad de iniciación sexual. Y las tasas de infección de HIV bajaron en Uganda, en gran medida, porque los primeros de la gran ola de infectados murieron. ABC no ha sido más que un slogan; el éxito se logró por otros medios.

La experiencia de los programas de educación sexual abstinence-only ("sólo abstinencia") implementados por el muy cristiano gobierno de George W. Bush fue una demostración clara de lo que ocurre cuando a una persona se la pone entre la espada del deseo y la pared de la abstinencia. En Estados Unidos, los jóvenes educados en una moral cristiana estricta tienden a contraer más enfermedades de transmisión sexual y tienen una mayor proporción de embarazos no deseados.

Continúa en la próxima entrega.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Atheist Nexus para argentinos

Hace unos días me uní al Atheist Nexus, comunidad online autotitulada "una comunidad de no-teístas". Se trata de una red social para ateos y agnósticos de diversas clases, montada sobre el sistema Ning. La interface no es de lo mejorcito pero es usable. El sistema está completamente en inglés y, naturalmente, poblado sobre todo por angloparlantes nativos, pero existen un grupo de latinos y, desde hace poco, uno de ateos argentinos.

El sistema tiene un chat incorporado (todo tiene chat incorporado hoy en día...) y un sistema interno de mensajes; permite que cada usuario escriba posts propios o contribuya en foros de debate, que coloque fotos y videos, o que simplemente se mantenga en contacto con otros que piensan parecido. No espero tener demasiado tiempo para atender a mi página, pero si alguien más desea unirse para charlar y comentar temas de interés en un formato distinto al de post-con-comentarios, no vendría mal.

martes, 11 de agosto de 2009

El Exorcista IV: La Jubilación (A130)


Foto: Diario La Nación / F. Massobrio
En estos días, Carlos Mancuso, sacerdote católico de la ciudad de La Plata y autoproclamado exorcista, se retira voluntariamente del ejercicio de echar demonios luego de más de 33 años, y en el diario La Capital de Mar del Plata aparece una nota increíblemente mal escrita al respecto.

Locos y fanáticos hay por todas partes, pero la Iglesia Católica favorece más a los segundos que a los primeros, seguramente porque los locos dan una mala imagen y tienden además a ser desobedientes a la autoridad, mientras que los fanáticos, en cambio, pueden adherir a la locura de sus superiores. Y quién podrá ser el superior eclesiástico de Mancuso sino nuestro viejo conocido, el arzobispo Héctor Aguer, que tiene en su Colegio de Consultores al cura y le dio permiso para seguir tratando con Belcebú a su manera...

Carlos Mancuso nunca estudió para ser exorcista ("No hay que aprender en ninguna parte. Es como los bautismos."). Simplemente encontró, cuando hizo falta, que le servían para el asunto sus incursiones pre-sacerdotales en "temas esotéricos, lo que es el espiritismo, lo que es la masonería, esas sectas que son secretas y que la gente no conoce", vale decir, esa tierra de nadie intelectual que se extiende entre lo real poblado por pobres idiotas y lo completamente imaginario fruto de la paranoia y las teorías conspirativas. Tampoco estudió psiquiatría, pero dice tener un "sexto sentido" para darse cuenta de cuándo debe mandar a alguien al médico y cuándo es cosa del Maligno.

De Mancuso se dice que curó a un niño con fibrosis quística, aunque, se apresura a aclarar, eso fue un milagro y Dios no va a ir curando a todos porque sí. En sus encuentros con jóvenes se hablaba mucho de la mortificación. Es que, según explica, Dios deja hacer al demonio y que el sufrimiento continúe porque "cuando la gente soporta las tentaciones y desdichas que vienen del Maligno, alcanza mayor grado de santidad".

El notero del diario marplatense (llamarlo periodista sería un abuso de la palabra) no hace ningún intento por cuestionar las extrañísimas, a veces repugnantes, otras vagamente incoherentes, declaraciones del cura. No plantea preguntas espinosas o incómodas y no consulta a nadie más para contrastarlas; si lo dice un sacerdote tan querido por su comunidad, pensará, está bien. Si hubiera navegado un poco por internet, hubiera descubierto algunas desagradables cosas sobre el tenebroso mundo en el que ha vivido Mancuso desde hace décadas: el mundo de un hombre obsesionado con lo oculto, con lo preternatural, con la presencia de Satanás, con el marxismo y el comunismo, con las tentaciones del sexo, con las sectas. Al cura le preocupa que la gente busque magia fuera de la Iglesia: "Una familia bien constituida que va a misa todos los domingos, que recibe los santos sacramentos no se va a sentir tentada de ir a consultar al curandero, ni al tarot, ni al espiritismo, ésa está a salvo."

Hace menos de un mes, el diario La Nación le hizo una nota a Mancuso, "el exorcista de la calle 6". El cronista, un "agnóstico culposo" según sus propias palabras, no fue mucho más crítico. Luego de advertir "me gustan las historias de exorcistas como me gustan los cuentos de fantasmas y de vampiros", con la típica, amable falta de compromiso de los que no se animan a reírse de la estupidez, concede que "el cielo y la tierra están llenos de asuntos que no comprendemos". Y le da paso a una serie de historias que sólo un buen guión cinematográfico y una credulidad a toda prueba podrían acercar a la realidad.

En Crítica hay una nota más larga y más interesante, con opiniones múltiples sobre el tema, sobre la práctica del exorcismo en el siglo XXI, donde se consulta a Mancuso pero también a un psiquiatra. Éste último habla claramente de lo que significa recurrir a un exorcista o a un curandero: “Es una tendencia al pensamiento mágico, la mejor manera de no resolver un problema para que lo haga otro a través de algún poder”. Señala que el paciente debe asumir responsabilidad por su vida, en vez de suponerse en manos de Dios o el Diablo.

Como parece que está de moda esto de la internet, Mancuso tiene un grupo en Facebook: Padre Carlos Alberto MANCUSO, Exorcista de La Plata. El creador y administrador del grupo es la Arquidiócesis de La Plata, la misma que mantiene la página del arzobispo Aguer.

[Me enteré de esta noticia a través de la difusión del Congreso Nacional de Ateísmo vía Facebook.]

lunes, 10 de agosto de 2009

¿La religión es natural?

Con frecuencia escuchamos, como argumento en favor de la creencia en dioses y supersticiones organizadas similares, que la religión es "natural", innata al ser humano, común a todas las sociedades pasadas y presentes, y que por tanto es ridículo esperar que el ateísmo o el sano escepticismo prevalezcan, y antinatural esperarlo. De esto los creyentes derivan corolarios como, por ejemplo, que los que promovemos el ateísmo o la laicidad en realidad tenemos nuestras propias creencias de tipo irracional e ideológico (porque tener fe es "natural" e inseparable de la condición humana).

En ¿La religión es natural?, escrito por el profesor de psicología Paul Bloom, cuyo fragmento de traducción al español he tomado del blog Humanismo Naturalista Científico, tenemos la prueba de que varias de estas afirmaciones aventuradas son falsas, o al menos no tan claras como se piensa.
El estudio del lenguaje provee muchos ejemplos de como la universalidad de X no implica que X es innato (cf. Pinker 1994). Todos los lenguajes tienen una palabra que refiere las manos, por ejemplo, pero esto es probablemente porque es importante para la gente de cualquier sitio hablar sobre las manos, no a causa de una innata específica propensión a nombrar las manos. Similarmente, las creencias en dioses, en la vida después de la muerte, y así sucesivamente pueden ser universales, no porque sean innatas, sino porque tales creencias emergen en todas las sociedades, quizás como soluciones a algunos problemas que todos los grupos humanos enfrentan. Desde esta perspectiva, los aspectos universales de las creencias religiosas son invenciones culturales, creadas por adultos. []
Las religiones no son inevitables, dice el autor. No nacen de la misma esencia del ser humano. Son simplemente soluciones culturales recurrentes a problemas también recurrentes.

El texto explora luego los dos hilos principales del argumento: primero, el sentido común dualista, que se refiere a la propensión a pensar en las cosas como compuestas de dos sustancias, por ejemplo lo que llamamos cuerpo y alma (o mente, o espíritu), que parece derivar del hecho de que tenemos subsistemas cognitivos distintos para tratar con objetos y con entidades sociales; segundo, la sobre-atribución de agencia y diseño, es decir, el impulso de atribuir estados psicológicos a aquello que no lo amerita, incluyendo la consideración de objetos inanimados y eventos naturales como agentes intencionales o voluntarios, y la presunción de que estos entes son fruto del diseño y/o responden a un plan. Estos impulsos son fácilmente observables en los niños (que muestran lo que un investigador llama "promiscuidad teleológica") pero los adultos no son inmunes a ellos.

Es difícil resumir todo esto, especialmente si hay que hacerlo frente a un teísta impaciente con quien estemos debatiendo. El texto no ataca, tampoco (ni falta que hace) la falacia naturalista: equiparar lo "natural" con lo bueno, deseable o moralmente correcto; ése es un tema totalmente aparte.

domingo, 9 de agosto de 2009

Campamento crítico (A129)

A través de la lente católica de ACI observo la contenida indignación por la propuesta de Camp Quest, “el primer campamento residencial de verano para los hijos de ateos, agnosticos, humanistas, librepensadores y todos los que abracen una visión del mundo naturalista en vez de sobrenatural”, esponsoreado en el Reino Unido por Richard Dawkins. O sea, en términos de la propaganda católica, un campamento “para difundir el ateísmo entre niños”.

La noticia es corta pero varios de los comentarios revelan, como de costumbre, la ignorancia y el oscurantismo de quienes los escriben.
Si la Iglesia no se levanta y habla como corresponde ante los medios ... esto va a empeorar cada vez...  donde estan los teologos los misioneros y sobre todo los que van camino a la santidad para dar testimonio delante del avance de la enfermedad ateista
La idea de que enseñar el ateísmo (que no es el caso, pero concedámoslo) es una especie de terrible amenaza para la sociedad no es de fanáticos ignorantes: es promovida asiduamente por obispos, cardenales y el mismo papa, con distintos grados de sutileza. Llamar al ateísmo una enfermedad ya es un poquito más cercano al fascismo en el que, recordemos, tantos católicos vivieron felizmente bajo diversas dictaduras bendecidas por la Iglesia.

Otro comentarista pide autocensura, no vaya a ser que el ateísmo se propague gracias a que alguien leyó sobre un campamento de verano en ACI (!?):
me agradaría mayor cautela al difundir malas noticias (como estas), digo para no hacerles el "juego" al secularismo.
El siguiente juega la carta de la compasión:
La Sra. Samantha Stein,y los que la ayudan en este campamento me inspiran una gran lástima. Pediré por ellos porque intuyo el gran vacío que debe imperar en sus vidas. Por ello se explica que quieran convencer a más personas de su propio "ateísmo", así tal vez se pretendan asegurarse a ellos mismos de tener razón.
El tópico de los ateos como personas que tienen un vacío en sus vidas también es frecuente. Se encuentra en los creyentes en forma inversamente proporcional a la cantidad de ateos de carne y hueso que realmente conocen. A mí me impresiona, al contrario, la cantidad de creyentes absolutamente superficiales que creen que por hablar mucho de espiritualidad y prender velas a todos los santos se vuelven “profundos” o tienen una vida plena..., pero yo no voy por ahí proclamando en voz alta lo que pienso.

El asunto sigue en esa vena por unos cuantos comentarios más. A muchos creyentes les han enseñado (o han deducido) que la única forma de aprender es tragarse verdades proferidas por las autoridades. Observan sus propias creencias, inculcadas a fuerza de adoctrinamiento, y no entienden que otros pueden formarlas de otra manera. Con frecuencia se aíslan con tanto cuidado de los que no piensan como ellos, que terminan considerándolos como enfermos o aberraciones.

¿Y qué dice la gente que maneja Camp Quest?
No se “requiere” que los niños en Camp Quest sean ateos. Queremos alentar a los niños a pensar por sí mismos y evaluar el mundo críticamente, para así sacar sus propias conclusiones. Sin embargo, los padres deberían ser conscientes que adoptamos una aproximación crítica y científica, en vez de una basada en la fe. En Camp Quest no le enseñamos a los niños que no hay ningún dios. En cambio, les enseñamos a llegar a sus propias conclusiones, pero más importante, que “Está bien no creer en un dios”.
¿Pueden los niños pensar por sí mismos? ¿Tienen verdadera capacidad para formar juicios personales, siguiendo la guía de adultos que no desean indoctrinarlos sino sólo informarlos? ¿Puede enseñarse a alguien sobre el mundo y la ciencia con total neutralidad? Son preguntas difíciles y casi todos, con seguridad, las responderemos con cuidadosos matices. El creyente preocupado o indignado ignora esos grises: consciente o inconscientemente, debe reconocer que promover la crítica de los conocimientos recibidos, la ciencia y el estudio abierto de la naturaleza, equivale a erosionar la fe, que descansa sobre los frágiles cimientos del autoengaño y de la presión familiar y comunitaria.

sábado, 8 de agosto de 2009

Jesús, el clon milagroso (A128)

Alguna vez hablamos de acomodacionismo, ¿se acuerdan? Bueno, he aquí algo que muestra los frutos de la tendencia acomodacionista general a compatibilizar ciencia con religión cuando la última está en contradicción obvia con la primera.

Es tan bizarro que no sé cómo calificarlo... No es precisamente una alerta sobre una desgracia causada por la religión, aunque visto de cierta manera, es una alerta sobre el daño que la fe de tipo bíblico literalista le puede causar a una mente humana por demás normal. Su alarmante título es: Si Verdaderamente Jesucristo Fue Efecto de Clonación: ¿Descartaremos el Milagro?. Escrita por un teólogo evangélico en referencia a la reciente creación de espermatozoides a partir de células madre, es una blasfema mescolanza de ciencia más o menos bien leída y de dogma reinterpretado ad hoc.
… es evidente que la ciencia se acerca a la explicación de los sucesos bíblicos, pues, el cuestionado nacimiento partenogenético de Jesús cobra fundamento al hacerse evidente la posibilidad de que un ovario pueda ser fecundado por otra célula contenida dentro de un mismo organismo. […]

La ciencia demuestra entonces que algunos accidentes biológicos, impulsos químicos y físicos pueden producir reacciones cromosómicas capaces de impulsar una partenogénesis humana.
Luego de esta constatación, el texto explica que en realidad no sería posible lo que acaba de afirmar (cierto) y que "el milagro sigue siendo milagro" (lo sería), aunque visto de otra manera, "es tan natural y real como la ciencia lo ha podido definir hoy" (falso, por lo anterior). Es difícil encontrar un ejemplo tan claro de doblepensar, o como dicen los angloparlantes, de querer comerse la torta y quedarse al mismo tiempo con ella. Es milagro pero no viola las leyes naturales; es naturalmente posible pero requiere una intervención divina para serlo. ¿Qué, no lo entienden? ¡Lectores de poca fe!

Para que no se diga que esto sirve sólo para reírnos de las contorsiones dialécticas de la teología moderna (que merecen, no nos equivoquemos, toda nuestra mofa y ridículo), a modo de suplemento educativo les comentaré que partenogénesis significa literalmente "nacimiento virginal", y que la reproducción partenogenética es practicada por varios grupos de organismos vivos, aunque no por los seres humanos, hasta ahora. El producto de una partenogénesis es necesariamente de sexo femenino. Para crear un cigoto humano masculino hace falta un cromosoma Y, que sólo puede provenir de un hombre. Puestos a especular teológicamente (lo cual parece que es gratis), ¿habrá sido Jesús una niña? Qué fascinante es la ciencia...