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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Uruguay: el aborto y los sospechosos de siempre

El Parlamento de Uruguay tendrá ante sí, el año próximo, la tarea de votar un proyecto de despenalización del aborto, síntesis de dos proyectos presentados a principios de 2011 por una senadora y un diputado.

(Si recordamos, hace tres años se había aprobado un proyecto similar, pero el presidente Tabaré Vázquez lo vetó.) Ante la posibilidad de este terrible retroceso en el status tradicional de las mujeres como obedientes incubadoras ambulantes, la Iglesia ya ha comenzado a dar señales de incomodidad y a lanzar advertencias, como la que la semana pasada comunicaron dos miembros laicos de la Conferencia Episcopal Uruguaya a la Comisión de Salud Pública del Senado:
“Ahora le tocó el turno a Uruguay. Lamentablemente este tipo de proyectos no son una iniciativa local de algunos legisladores sino una de las estrategias internacionalmente promovidas por instituciones que pretenden engañar a los pueblos y a los legisladores, y hacerlos aprobar una cosa pensando que aprueban otra.”
El tema del conspiracionismo cristiano no me es ajeno: lo mencioné cuando en octubre de 2010 Héctor Aguer, el arzobispo de La Plata (Argentina), advirtió que “Hay una conspiración tendiente a homogeneizar el pensamiento y la conducta en el mundo entero y esto procede de los centros de poder mundial.” (En este caso se trata de católicos, pero digo “cristiano” porque muchos evangélicos tienen lo suyo.) Lo levemente curioso del caso uruguayo es que la advertencia no proviene un lunático antimodernista, ultraconservador y paranoico antimarxista como Aguer en su papel de defensor de la cultura occidental y cristiana contra la globalización compulsiva impulsada por las Naciones Unidas, sino de personas a primera vista preocupadas por una especie de colonialismo encubierto efectuado a través de un lavado de cerebro a los legisladores pagado por empresas multinacionales basadas en los países centrales. El discurso casi podría venir de una facción particularmente idiota de la izquierda (el de Aguer provendría del extremo opuesto), pero no hay tanta diferencia: donde estos lacayos de los obispos temen que el derecho al aborto logre “debilitar la propia base popular”, Aguer teme por el debilitamiento y degeneración de la Nación. En el fondo todos esos términos significan lo mismo: un pueblo cuyas mujeres pueden decidir sobre su reproducción sin intervención de los hombres y sin referencia a las tradiciones cristianas podría terminar perdiendo el respeto a sus líderes espirituales no electos y progresar. ¡El horror!

Estas ideas alucinadas e insultantes para la inteligencia no merecen más comentario, salvo el que sigue. Tan naturalizada está la presencia de la Iglesia Católica como actor supra-político que a casi nadie se le ocurre bajarla del pedestal y plantearle por qué, si la influencia de las Naciones Unidas o de los programas auspiciados por la Fundación Rockefeller es inadmisible y atenta contra los pueblos de los países en vías de desarrollo, la influencia del Vaticano (el único estado absolutista y teocrático del Primer Mundo) no puede ser considerada igualmente indeseable. A fin de cuentas, ¿qué son los obispos sino agentes de un gobierno extranjero, con políticas en muchos casos diametralmente opuestas a los derechos humanos y al bienestar general tal como lo entendemos hoy, incluso en nuestra pobre y postergada Latinoamérica?

miércoles, 26 de octubre de 2011

Podcast, ep. 15: Elecciones, la continuidad y el no-debate de temas importantes


En esta edición del podcast de Alerta Religión: pasadas las elecciones en Argentina y reelecta Cristina Fernández de Kirchner, un recuento de lo que el gobierno kirchnerista hizo y no hizo en temas de laicidad y religión, un repaso por las posturas partidarias, y la advertencia de Héctor Aguer (por una vez con razón) sobre los candidatos que rehúyen los temas conflictivos.

martes, 19 de octubre de 2010

Todos están contra nosotros (A209)

Hace unos días que no escribo por falta de tiempo y sólo quería mencionarlo para que nadie crea que Alerta Religión se ha quedado mudo. Por fortuna para la continuidad de este blog, aunque por desgracia para todo lo demás, la locura religiosa sigue dando material. Y lo de hoy es una más de las ya habituales advertencias catastróficas del antimodernista y conspiranoico Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Argentina. ¿A qué no saben…?
“Hay una conspiración tendiente a homogeneizar el pensamiento y la conducta en el mundo entero y esto procede de los centros de poder mundial. Especialmente de los centros de poder político, sostenidos por los centros de poder financiero.”
(Apostaría lo que fuera, aunque sería imposible comprobarlo, a que Aguer se detuvo justo, justito antes de que se le escapase añadir “y los judíos”.) La conspiración a la que se refiere buscaría “la intromisión de ideas totalmente ajenas a la tradición cultural de la Nación”, ideas que no son nuestras sino un “proyecto global de las Naciones Unidas” y detrás de las cuales hay “mucho dinero”.

Ya lo he dicho antes pero lo voy a repetir un poco más fuerte: la tradición cultural argentina es una mierda. Nuestros valores más tradicionales y características sociales más persistentes incluyen el nacionalismo burdo, el machismo y el sexismo, el desprecio a las minorías sexuales, el chauvinismo étnico y el racismo, la justificación fácil de la corrupción política y de la violencia ideológica, una preocupante tendencia a apoyar gobiernos dictatoriales, y un oscurantismo general del cual el patético sometimiento a la jerarquía eclesiástica católica —enquistada en nuestras instituciones desde la época colonial— es sólo una pequeña parte. Si hay una conspiración global para que los argentinos seamos un poco menos de todas esas cosas que nos han caracterizado desde siempre, ¡bienvenida sea!

Estamos capacitados para progresar en todos estos temas sin ayuda del exterior. El juego que juega Aguer es peligroso, ya que coloca de un lado a los pretendidos argentinos de bien, conservadores y tradicionalistas, y del otro a argentinos que se han vendido o que están controlados por personas e ideas extranjeras. Este discurso ya lo hemos oído y sabemos que sus resultados, con un clima sociopolítico distinto, podrían ser violentos. Los individuos son más importantes que la cultura; cuando se prefiere mantener inmóvil la cultura a costa de desoír los pedidos de cambio de las personas —valorar la abstracción y al grupo más que a lo concreto y al individuo— se ha dado un paso hacia el totalitarismo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Laicidad en la educación argentina (A201)

Como hablábamos de la educación católica cuasi-obligatoria que se está impartiendo en las escuelas públicas de Salta, se me ocurrió ahondar un poco en el tema de la laicidad educativa, que hemos tratado ya alguna que otra vez.

En Argentina la educación pública estatal es gratuita y, en principio, laica; ése es el espíritu de la famosa Ley 1420, que formalizó las ideas liberales de fines del siglo XIX. Pero la educación pública primaria es responsabilidad de los estados provinciales, por lo cual hay provincias donde la laicidad se respeta, y otras, como Salta, donde indoctrinar a los alumnos de las escuelas públicas en una religión es un mandato constitucional. La Constitución Nacional no es explícitamente laica: si una Constitución provincial dice que los niños deben ser “educados” en los “valores” del catolicismo tradicional, no hay forma de recusarla.

El problema se agrava porque incluso donde la educación pública es laica —con ocasionales lapsus menores—, los padres anotan cada vez más a sus hijos en escuelas privadas, que les garantizan (ésa es la percepción social común) una mejor calidad educativa. Los maestros públicos hacen huelgas; muchos de sus alumnos son pobres y tienen problemas de conducta; las escuelas no son administradas eficientemente ni mantenidas en buenas condiciones… La escuela pública argentina, que solía ser la Gran Igualadora, se ha venido convirtiendo en sinónimo de “escuela para pobres”.

La educación privada funciona bajo un régimen de subsidios estatales y cobro de cuotas. Por ley, una escuela privada puede cobrar a los padres de los alumnos una cuota mensual máxima con un monto inversamente proporcional al porcentaje de subsidios que recibe del estado para pagar los sueldos de sus maestros (el resto de los gastos de funcionamiento corren por cuenta de la escuela).

La Iglesia Católica tiene en la mira, por tanto, dos grandes premios: uno, las escuelas públicas, donde la mayoría de los alumnos concurre, mal que les pese a los padres, porque no pueden pagar una cuota; el otro, los subsidios a las escuelas confesionales. Es notable que no sabemos con seguridad cuántas escuelas son confesionales; por estimaciones se sabe que son la mitad, aproximadamente, de las privadas, y la inmensa mayoría son católicas.

Lo que ocurre en Salta, provincia con altos niveles de pobreza y desigualdad social, responde al primer punto: la Iglesia busca mantener como público cautivo a niños que no pueden ir a buscar educación secular a otra parte.

(Sin un toque de humor, la situación es deprimente.)
La disputa por el segundo punto se pudo observar recientemente cuando la provincia de Buenos Aires advirtió que iba a revisar los montos de los subsidios, causando una reacción furibunda del episcopado local. Buenos Aires invierte tres mil millones de pesos anuales en subsidiar a las escuelas privadas. El obispo Héctor Aguer se presentó ante el gobernador junto con veinte de sus colegas y pasó factura. El gobierno debió aclarar que sólo se distribuirán mejor los subsidios, privilegiando “a colegios con bajos aranceles y de barrios carenciados”.

Es obvio que el dinero que va a las escuelas privadas podría y debería ir a más y mejores escuelas públicas, pero el Estado hace tiempo que dio por perdida esa batalla. Se entiende como derecho de los padres el pedir que sus hijos reciban del Estado una educación que respete sus (las de los padres) convicciones religiosas; muchos no consideran que la indoctrinación deba ser un asunto privado; algunos sacan a relucir el asunto de los “valores”, como si no hubiera otra fuente de los mismos que la religión, o como si esos valores fueran otra cosa que repetición de prejuicios tradicionales.

En realidad la mayoría de los padres que envía a sus hijos a escuelas privadas lo hacen no por convicción religiosa sino para evitar las malas condiciones edilicias de las escuelas públicas y las frecuentes huelgas de maestros. Hace veinte años uno de cada siete niños iba a una escuela privada; hoy es uno de cada cuatro, y en la Ciudad de Buenos Aires, uno de cada dos.

Ese aumento constante alimenta la voracidad del lobby educativo eclesiástico. A nivel nacional se trata de una inmensa cantidad de dinero: miles de millones transferidos a instituciones excluyentes, que transmiten a los niños doctrinas y políticas de un estado extranjero (el Vaticano) que suelen estar en oposición directa con las políticas del estado argentino en cuanto a educación sexual, salud reproductiva y derechos humanos (por no hablar de la distorsión y desinformación en temas de biología e historia).

Y ese dinero no se vuelca sólo a la indoctrinación disfrazada de educación; de un uso más ruin fuimos testigos cuando la Iglesia Católica utilizó sus escuelas como bases para lanzar su campaña contra la ley de matrimonio igualitario, enviando cartas a los padres para que firmaran un petitorio contra el derecho de los homosexuales a casarse y liberando a sus alumnos para que asistieran a movilizaciones en lugar de ir a clases.

Es hora de volver a debatir si queremos una educación para todos, que forme ciudadanos, o un sistema perverso como el actual, que permite llamar “educación” a valores cuestionables y doctrinas falsas y arroja a millones de niños en brazos de una corporación religiosa.

domingo, 2 de mayo de 2010

Aguer sobre la laicidad en los liceos militares (A179b)

El Ministerio de Defensa eliminó la asignatura de religión católica del programa de enseñanza de los liceos militares, como habíamos mencionado hace casi un mes, pero aparentemente la decisión se ha hecho oficial recién en estos días, y como era de esperarse, nuestro viejo amigo el obispo antilaicista Héctor Aguer ha tenido palabras poco amables.
Para el presidente de la comisión de Educación del Episcopado, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, la decisión "implica un lamentable retroceso, ya que la ley de Educación Nacional -que fue sancionada en 2007- consagró el concepto de educación integral. Es evidente que no se debe excluir la dimensión espiritual y religiosa del currículo escolar", puntualizó Aguer ante una consulta de Clarín.
Aguer también mentó a José de San Martín y a Manuel Belgrano, los dos próceres argentinos considerados más impolutos en su trayectoria, recordándome a los conservadores estadounidenses que citan a los Padres Fundadores. La diferencia entre nuestro caso y el norteamericano es que al menos Belgrano y San Martín sí eran creyentes y devotos católicos (San Martín era masón, pero no anticlerical ni laicista como algunos de sus compañeros de logia). San Martín instituyó rezos obligatorios en el Ejército y encargó a Belgrano pagarles sueldos a los capellanes castrenses, aunque seguramente no poco tuvo que ver en esto su necesidad de apoyo de parte de la Iglesia en medio de la guerra por la independencia.

En algo se parecen los países, no obstante, y es que ni aquí ni en Estados Unidos la ley considera las creencias de los padres de la Patria como obligatorias o siquiera indicativas de lo más recomendable para la nación, y eso está muy bien. 

La Constitución argentina, aunque incluye una desafortunada adhesión del Estado a la Iglesia Católica, está copiada del modelo liberal de la de Estados Unidos, del cual proviene también la mención de Dios como “fuente de toda razón y justicia” que aparece en el Preámbulo, y que responde a un trasfondo deísta —la Divinidad como estructura de orden—. Si vamos a debatir usando la tradición, podemos soslayar a los próceres, que lucharon por la emancipación de un territorio colonial amplísimo y no por una nación o por una democracia pluralista, y deberíamos también descontar a los gobiernos fraudulentos de la Década Infame y a los gobiernos ilegales militares (todos ellos muy católicos y mimados por la Iglesia).

Los gobiernos que siguieron a la proclamación de la Constitución y que formaron el país fueron de raíz liberal y laica, al igual que el gobierno surgido de la restauración democrática en 1983. El actual gobierno kirchnerista, que no es en absoluto liberal, se ha inclinado de a poco hacia una laicidad pragmática, como resultado de sus pujas de poder con la Iglesia Católica.

El diario derechista La Nueva Provincia reproduce una noticia de la agencia DyN sobre el tema y cita a Aguer hablando de “un laicismo ancestral” que “impide incluir la dimensión religiosa y una visión trascendente en los contenidos de la educación que se enseñan en las aulas”. Dejemos de lado el enigmático adjetivo ancestral. El sutil cambio de laicidad por laicismo sirve al fin de los sofistas como Aguer de relacionar la educación laica con una supuesta ideología atea o marxista. En realidad la “dimensión religiosa” de la que habla Aguer es la doctrina católica tradicional, que en el caso del Ejército ha servido de maravillas para formar soldados y oficiales unidos por un espíritu de grupo y una fe que considera torcidamente la defensa de la Patria —es decir, la buena gente del país, por oposición a marxistas, inmigrantes, masones o judíos— como superior a la ley y a los derechos humanos, y que no ha ganado una sola guerra pero que sí ha servido para justificar repetidos —más bien consuetudinarios— golpes de estado.

Las exhortaciones de Aguer y otros jerarcas eclesiásticos nunca apuntan al pluralismo religioso. La educación laica no plantea objeción alguna contra la idea de una clase de religiones comparadas o una clase de estudio de la historia y mitología de una religión particular. De hecho, en el caso de los liceos militares, una asignatura de este tipo podría servir para contrarrestar décadas de formación exclusivista católica. Pero tal asignatura requeriría primero de maestros formados adecuadamente y dispuestos…

La cantinela sobre la “educación integral” también es una distracción. Por “integral” los obispos entienden una educación que les diga a los alumnos cómo comportarse moralmente, instrucción que por fuerza no puede dar sino un catequista. Atentos a su proclamado principio de primacía de la familia sobre la educación de los niños, los proponentes de la clase de religión en la escuela aclaran que los padres no católicos podrían pedir que sus hijos sean exceptuados de la asignatura. Así se hizo en muchas ocasiones en la escuela pública argentina, creando una división donde no debería haberla, etiquetando a los niños por religión en un espacio donde no debería haber tales diferencias, y transformando a los niños exentos de la clase en niños educados deficientemente. Salvo por esta concesión, los obispos jamás pidieron respeto para el derecho de los padres a educar a sus hijos en su propia religión: ese derecho sólo lo invocan para el catolicismo. Y no cualquier catolicismo: no vaya a ser que algún fan trasnochado de la teología de la liberación o de una corriente progresista se aproveche del título de catequista para meterle ideas revolucionarias en la cabeza a los hijos de los católicos, como que Jesús era un rebelde o que los pobres heredarán la tierra.

Educación “integral” para Aguer y Cía. es también, paradójicamente, una educación a la cual se le han cercenado los contenidos referidos a la sexualidad y a las variadísimas formas en que los seres humanos encaramos esta parte de nuestra existencia. Estos contenidos también serían muy útiles para terminar con la tradición machista y homofóbica del Ejército Argentino. Por desgracia, la Ley de Educación Sexual Integral (sin comillas) formalmente aprobada en 2006 es en casi todo el país letra muerta, en gran medida gracias a la resistencia de la Iglesia y de sus fieles con poder político.


De todas formas, hay motivos para alegrarse. Sin caer en simplificaciones peligrosas, es casi seguro que si Héctor Aguer llama “lamentable retroceso” a algo, estaremos ante un indudable progreso.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Aguer & Co. contra el matrimonio gay (A151i)

Nos llamaba la atención, pero no podía fallar: Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, finalmente abrió su inmunda boca para criticar el matrimonio entre personas del mismo sexo, anunciando con la truculencia habitual de los conspiracionistas que, tal como él había dicho,
“… ahora queda claro que la unión civil que ya se había aprobado en la Ciudad de Buenos Aires para personas del mismo sexo era sólo un primer escalón en este avance con el que se quiere llegar a la completa adulteración del orden familiar.”
 En un arranque de liberalidad que le hubiera merecido severas reprimendas a cualquier católico del montón, Aguer soltó: “¿Quién le impide a nadie elegir a quien se le ocurra para formar pareja y ser feliz con ella? Pero que a eso se llame matrimonio es otra cosa”, en referencia a los dichos del Jefe de Gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri. Aguer quiere pasar por tolerante, pero es inútil: todos sabemos que pertenece a una facción que, de estar en el poder, institucionalizaría la discriminación a los homosexuales que era habitual hasta hace poco en términos históricos (sin más, ¡en el Vaticano se les ha prohibido la entrada a los turistas gays!).

Efectivamente la unión civil es un escalón más de una larga subida hacia lo que Aguer llama “adulteración del orden familiar”. Bajo ese escalón está el divorcio vincular, que en Argentina sólo pudo lograrse hace veinte años; bajo ése, el matrimonio civil y el derecho a contraer matrimonio con personas de distinta religión (o de ninguna); por ahí andan también el derecho de las mujeres a no ser casadas por la fuerza y a no ser obligadas a tener todos los hijos que la naturaleza les envíe o que sus maridos pretendan, y el reconocimiento social y legal de que el concubinato no es inmoral y que los hijos de parejas no casadas no deben ser discriminados como “ilegítimos”. Todos estas conquistas fueron logradas a pesar de, y frecuentemente con feroz oposición de, la Iglesia Católica y de otras religiones y facciones conservadoras y tradicionalistas. ¿A alguien le cabe duda de que, así como subimos esos escalones, podemos ser forzados a bajarlos de nuevo por estos cruzados?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Discusión equivale a ofensa (o: Héctor Aguer en Facebook, parte 2)

Cuando descubrí el grupo armado para publicar las noticias del arzobispo antilaicista Héctor Aguer en Facebook, lo primero que pensé fue: “No debo meterme ahí.” Después lo pensé mejor y entré, por cuestión de principio y por curiosidad por ver la reacción de las beatas y los cruzados de pacotilla que pululan por el lugar.

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Habiendo saciado mi insalubre sed de (mala) sangre, dejé de entrar cada tantas horas y en estos últimos días me olvidé, más o menos, del grupo. El domingo pasado vi de nuevo el marcador y volví. A los habituales rezos por los pecadores y autofelicitaciones de los devotos por seguir a la verdadera fe se había agregado una notita en la descripción del grupo:
Este grupo no fue hecho para discutir, por lo tanto todo mensaje ofensivo puede ser eliminado por los administradores.
Yo me pregunto cuál es la utilidad, entonces, de tener un foro de debate en el grupo, y además permitir que cualquiera de los que libremente entran en el grupo pueda abrir un tema allí. La respuesta es fácil: el grupo se limita a alabar y defender lo que dice el arzobispo Aguer y la Iglesia; lo único que puede considerarse desafiante es una u otra variación sobre el tema “la culpa de la degeneración del mundo la tenemos los verdaderos católicos cuando no luchamos con todas las fuerzas contra el Mal”. De hecho, el grupo estaba casi muerto antes de que algunos ateos revolviéramos el avispero.

Aclaro (y que quede bien claro) que estoy completamente de acuerdo con que un grupo tenga sus reglas propias sobre lo que es ofensivo o no, en tanto esas reglas sean bien entendidas y no fabricadas ad hoc por el administrador. Yo no soy de los que gritan ¡CENSURA! cuando no les permiten insultar a gusto. Sólo quise llamar la atención sobre cómo, para los que están cegados por la fe, el mero hecho de discutir (es decir, de confrontar honestamente con opiniones distintas) es ofensivo.

No quiero ensañarme con este grupo en particular, ni siquiera con los católicos. Todos los que hemos pasado por la etapa de querer compartir nuestras ideas escépticas en foros de creyentes sabemos que, en casi todos ellos, la discusión real está prohibida, la censura es la regla, y el mero cuestionamiento es una falta grave. ¿Cómo no va a ser ofensivo algo que pueda hacer pensar, para un modo de vivir que consiste en suprimir el pensamiento independiente? La transformación del grupo de Héctor Aguer, de un placentero oasis de devoción automática en un verdadero centro de debate (y una oportunidad de evangelización para los creyentes), no podía durar.

En distintas medidas, según dónde vivamos y trabajemos, esta clase de cerrazón es todavía la regla. “¿Cómo no vas a respetar las ridículas ideas religiosas de los demás? ¡Es ofensivo! ¡Debería prohibirse! ¿Qué querrán estos ateos, estos infelices resentidos, estos sabelotodos con su escepticismo y su ciencia? ¡Que se callen!”. Con esa actitud nunca debemos transigir.

viernes, 14 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.2)

Continúo con la reseña del segmento del programa Clases, de Mariano Grondona, en el que se entrevista al arzobispo Héctor Aguer. Se trata, recordarán ustedes, de dos videos posteados por el blog católico Multiespacio Cultural El Camino (del primero ya hablé). El asunto no es muy divertido porque Grondona está en todo de acuerdo con Aguer. Ambos coinciden en sus distorsiones fáciles de las ideas modernas sobre sexualidad y roles de género.
Grondona: “Cuando un padre o una madre educan a un chico o a una chica, la idea es que no le instalen valores. Es decir, yo tengo un chico o una chica y le digo mirá, vos cuando tengas uso de razón verás qué alternativas hay y tomás una decisión.”
Si alguien tiene en verdad esa idea, comprobará tarde o temprano que tal "educación neutra" no resulta posible. El ser humano absorbe su moral y sus valores de lo que lo rodea, incluyendo su visión sobre la sexualidad. Aguer se contradice: parece estar de acuerdo con esta crítica a la educación moderna, pero al mismo tiempo denuncia que es ideológica porque impone cierta visión del hombre que es incorrecta. ¿Se están transmitiendo valores, o no? ¿El problema es que no se transmiten valores, o que son incorrectos? Es mucho más efectivo para la posición conservadora, retóricamente, argumentar que se está privando a los niños de puntos de referencia morales, que aceptar que simplemente se les están transmitiendo valores que una religión particular no acepta.

La mayoría de los padres sí quieren transmitir sus valores a sus hijos, aunque no lo hagan de manera estructurada (con la Biblia en la mano, por ejemplo). El valor de la libertad para explorar distintos caminos (en todas las esferas de la vida) y seguir el que parezca más correcto, aunado al valor de la responsabilidad por los propios actos y decisiones, es parte de una forma de educar que muchos padres han aceptado como mejor que la represión moral que pasa por educación tradicional cristiana.

Grondona cae tan bajo como para afirmar que se le ofrece a los niños libertad para elegir cualquier cosa, “desde el bestialismo hasta la fidelidad conyugal”. Aquí hay implícita una falacia que se denomina de la pendiente resbaladiza (es una forma del efecto dominó), y que les encanta a los guardianes de la moral: ¿cuántas veces hemos oído “si ahora permiten esto, después van a permitir esto otro, y al final van a permitir incluso eso otro?”. Incluso en nuestro ambiente de liberalidad sexual, es evidente que no hay hordas de jóvenes huérfanos de valores volcándose al bestialismo (de la misma manera que la tolerancia de la homosexualidad no ha causado inversiones masivas de la tendencia sexual de la población, y la legalización del divorcio no ha provocado la desaparición de la institución matrimonial).

Hay una frase sencilla y cortada por una elipsis que muestra mucho cómo se pueden proferir falsedades y falacias que pueden sonar perfectamente ciertas cuando uno cambia el significado de una palabra clave.
Aguer: “En el paraguas la perspectiva de género se igualan todas las opciones. Entonces, como no hay una referencia a la naturaleza…”
¿De qué naturaleza se habla? Aguer no está hablando de la naturaleza; está hablando de lo que los católicos llaman "naturaleza humana" y asocian a una supuesta "ley natural". Para los que no adherimos a la doctrina católica, que somos la mayoría (incluyendo muchos católicos de nombre), la naturaleza no tiene moral; no puede tenerla, no puede darnos lecciones morales; el ser no conduce nunca al deber ser. La "naturaleza" de Aguer no es el mundo natural; es un modelo con el que Dios formó al mundo y al que, aunque nadie puede verlo, los creyentes tienen acceso privilegiado a través de la enseñanza de los líderes de la Iglesia, comenzando por el Papa.

Y esto debe ser así porque difícilmente un hombre con estudios, como Aguer, podría caer groseramente en la falacia naturalista, al implicar que la heterosexualidad y el no uso de anticoncepción es lo correcto porque es "natural" (porque los hombres y las mujeres biológicamente estamos diseñados para copular con un miembro del sexo opuesto con fines reproductivos). El arzobispo no apela a la naturaleza real porque en la naturaleza no hay, valga la redundancia, nada contra natura; se refiere al modelo bíblico de la Creación. Pero (y esto es a lo que quería llegar) él no da toda esta explicación; es ambiguo, sabiendo que sus palabras pueden ser tomadas de otra manera, y sabiendo que el argumento de "lo que es natural", falaz pero muy común, le ganará asentimientos extra entre su audiencia. Para las respetables señoras escandalizadas por la homosexualidad en público y la promiscuidad de los jóvenes, la determinación biológica de los sexos y el "Dios hizo al hombre varón y mujer" se confunden.

Voy a omitir otros temas tratados por Aguer y Grondona que no son de mi interés, como su análisis del supuesto neomarxismo y el uso de la “dialéctica del poder en el seno de la familia” que observa en el documento del Ministerio de Salud que motivó su declaración crítica.

Un punto que sí es interesante es cómo hablan de la mujer estos dos hombres. Mientras que Aguer comentaba que se pretende “des-esencializar a la mujer de su condición femenina”, Grondona recordó a Pablo VI hablar de los roles femeninos y masculinos. “Una cosa es subordinar la mujer al hombre, lo cual es absolutamente refutable, y la otra es decir que son iguales”, parafraseó, y luego puso el ejemplo de un coro, en el que “el tenor y la soprano tienen la misma dignidad pero no cantan igual”. Esto es jugoso. Para empezar, se reafirma la posición esencialista (la mujer es esencialmente algo; no puede contrariarse su esencia; sería como usar una cuchara para cortar).

La imagen del coro me recordó instantáneamente esa mitología maravillosa que creó J. R. R. Tolkien. En el mito de la creación que se narra en El Silmarillion, el primer libro se llama en lengua élfica Ainulindalë, la Música de los Ainur. Los Ainur, seres angélicos de gran poder, cantan a instancias de Eru Ilúvatar, el Creador, y su canto forma la esencia de Eä, el mundo, que luego Ilúvatar actualizará (es decir, hará existir). En el coro hay muchas voces y muy diversas, pero todas (nos dicen) cantan finalmente para gloria de Ilúvatar, incluso la voz disonante y desafiante de Melkor, el equivalente tolkieniano de Lucifer.

Ahora bien, el coro de la familia humana no es armonioso, ni mucho menos, porque los hombres no somos ángeles, sujetos a la voluntad de Dios. Un coro tiene un reglamento y un propósito. Los humanos no tenemos enfrente una partitura y a un director con una batuta; no tenemos más propósito que el que nos damos a nosotros mismos. Juan Pablo II predicó que Cristo es el “Señor de la Historia”, queriendo decir que la historia del mundo es ordenada por Dios y gira en torno a su encarnación como Jesús; presumiblemente ahí está nuestro director, pero no puede esperarse que todos sigamos fielmente sus indicaciones, algunas ambiguas, otras brutales, todas perdidas en el tiempo y en múltiples interpretaciones. La teología puede inventar esta clase de estructuras sin sustentación alguna, pero la realidad no nos da esa facilidad. El tenor y la soprano no tienen su lugar fijo y marcado en el coro. La tradición cristiana cree que hay un orden inmutable, el hombre aquí, la mujer allá; pero esa tradición, felizmente, está muriendo.

El tema de la conversación pasó luego al feminismo. A Aguer no le gusta el feminismo; prefiere la “promoción de la mujer”, sobre la que no se explayó, aunque parece que involucra darle a la mujer más oportunidades para quedarse en casa y tener hijos.

Lo más parecido a una interpelación de parte de Grondona fue una pregunta sobre la cuestión del sacerdocio femenino y su comentario sobre las ideas del teólogo disidente Hans Küng acerca de la posición inferior de la mujer en la Iglesia. A esto Aguer dijo solamente: “La perspectiva de Küng es una perspectiva sociológica, no teológica.” O sea que la sociología no puede hablar del hombre; el teólogo debe elevarse por encima de ese plano terrenal, burdo. La teología, que es un ejercicio de masturbación mental sobre las características y presuntas intenciones de un ser mitológico, es más sabia que la ciencia de la sociología.

¿Y la idea de Dios como mujer, que avanzan algunos movimientos feministas y religiosos renovadores?
Aguer: “En la Biblia queda bien claro que Dios está más allá de la definición de los sexos.”
¿En dónde exactamente será eso? ¿Por qué será que desde la antigüedad hasta hoy Dios es consistentemente representado como un hombre viejo? ¿En qué parte de la Biblia se nombra a Dios sin referirse a él con el pronombre masculino, en el rol viril de Señor de los Ejércitos, o como Padre?

Siguiendo con su reafirmación del papel tradicional de la mujer, según Grondona, en la Política de Aristóteles, las mujeres se quedan en casa mientras sus maridos deciden los asuntos en el ágora; pero no es que estén marginadas de la decisión, sino que son ellas las que mandan a sus maridos a tomar decisiones, y éstos al volver tienen que darles cuenta a ellas. A esta falsa ingenuidad responde la tierna voz del lugar común:
Aguer: “Eso corresponde a la naturaleza: la mujer es el hogar.”
Aclaro que no soy un feminista de los que dicen que el rol tradicional de la mujer como madre y ama de casa es siempre una imposición de un modelo patriarcal y opresivo. Muchas mujeres se sienten perfectamente bien en ese rol. La clave es la diversidad. Para Aguer y para Grondona, la diversidad es anatema. Diversidad significa libertad, y libertad significa posibilidad de pecado.

En la naturaleza (la real, no la de Aguer), hay animales cuyas hembras viven preñadas o cuidando a sus retoños y otras que comparten esta última tarea con el macho. Dónde estamos en este campo nosotros, Homo sapiens, es discutible, pero poco importa: hace rato que dejamos de considerar que los instintos naturales son incondicionalmente lo mejor para nosotros. Quizá nuestra biología (nuestra naturaleza) nos impulse a adoptar los roles tradicionales del macho y la hembra, pero recordemos que la biología atrasa y que la evolución no busca lo óptimo, sino lo posible. Probablemente siempre exista una tensión entre los roles de mujer madre y de mujer trabajadora; la solución es brindar oportunidades para ambas, no prescribir que una “corresponde a la naturaleza” y la otra no.

jueves, 13 de agosto de 2009

Aguer y Grondona, un solo corazón (A131.1)

En el blog fanático católico Multiespacio Cultural El Camino apareció hace días un post que acabo de ver, consistente en un segmento del programa Clases, del repelentísimo filósofo dextro-platónico Mariano Grondona, en el que está entrevistando al arzobispo Héctor Aguer sobre el tema de la ideología de género. En realidad no sé si "entrevista" es la palabra correcta; es más bien como si alguien hubiera escrito un monólogo y hubiera asignado párrafos alternados a dos personas distintas.

Siguen algunos ejemplos de los conceptos distorsionados que vierten estos nefandos maestros del engaño retórico, y mi refutación. Esto proviene sólo de la primera parte de la entrevista (menos de 10 minutos).
Grondona: “Un poco la idea sería como que la mujer, o el hombre, llegado a la edad de la adolescencia, elige su sexo.”
Aguer: “Se afirma que existe un derecho humano, y por tanto universal, de los niños y adolescentes, a tener sexo, a practicar el sexo, y un derecho también a evitar las consecuencias indeseadas que podrían seguirse…”
Cualquiera que no sea un verdadero idiota (y no es una exageración) sabe perfectamente que no existe la "elección del sexo", y que nadie está promoviendo tal cosa. El sexo biológico (no el género — de paso, observemos cómo Grondona confunde a propósito los términos) claramente no puede elegirse; sobre la orientación sexual hay grandes discusiones científicas; el género y la identidad sexual, asunto más complicado, se forman como se forma nuestro carácter, con dosis variables de predeterminación genética, influjos biológicos y psicológicos durante nuestro desarrollo, y sí, elecciones conscientes. Los cristianos conservadores consideran que el hombre y la mujer son arquetipos platónicos, con esencias inmutables: Dios causa la concepción de un cigoto, le da un cromosoma Y, le hace crecer pene y testículos, le formatea el cerebro con un sistema operativo macho, le reserva ciertos roles sociales, y punto. Cualquier desviación de esa norma es patológica, inmoral o ambas cosas.

En cuanto a lo que dice Aguer, podemos referirnos a los Derechos sexuales y reproductivos de niños, niñas y adolescentes, según se los expone en Educ.ar, el portal educativo del gobierno argentino.
Todas las personas del país independientemente de su clase social, sexo, identidad genérica, práctica sexual, etnia y edad gozan del derecho a:
  1. Obtener información y orientación completa, veraz y suficiente sobre su cuerpo, sus funciones y procesos reproductivos expresados en términos sencillos y comprensibles para que puedan tomar decisiones y favorecer el auto-conocimiento.
  2. Disfrutar de una vida sexual saludable y placentera, libre de discriminación, coacción o violencia.
  3. Ejercer su preferencia sexual, libremente y sin sufrir discriminación, coacción o violencia.

Monseñor Aguer expresó reparos ante el modelo de educación sexual del gobierno.
Siguen una larga serie de precisiones y referencias a otros documentos, que dejan en claro que, como es de suponer, el "derecho universal al sexo" no implica que un niño de 10 años tenga derecho a (intentar) copular con cualquier persona de su elección, en particular, porque a esa edad no tiene elementos de juicio para discernir lo que le conviene. Lo que sí dice este documento es que el niño de 10 años tiene derecho a que le expliquen ciertas cosas que le permitirán ejercer su sexualidad sanamente cuando esté física y mentalmente preparado para hacerlo. Y sí, a pesar de que a Aguer, a Grondona y a muchas otras señoras púdicas les disguste, e incluso a pesar de algunos de nosotros que hemos sido criados con ciertos tabúes, los niños tienen sexo, a su manera, tanto entre sí como por su cuenta, y les gusta, y no hay objetivamente nada malo en eso, de la misma manera en que no hay objetivamente nada de malo en comer chocolate y gozarlo, con las mismas salvedades de orden médico y psicológico.

A continuación, y siguiendo un libreto acordado con Grondona, Aguer trae a colación el asunto de la "compensación del riesgo" [ver risk compensation en Wikipedia en inglés] o del fenómeno del "comportamiento desinhibido", con una falacia que parece creíble a primera vista, y que usa para justificar declaraciones como las de la Benedicto XVI cuando dijo que el preservativo no sólo no soluciona sino que puede empeorar la epidemia de SIDA.

Es cierto que el uso de cierta tecnología que reduce un determinado riesgo puede llevar a un comportamiento descuidado en quienes confían en dicha tecnología; pero es engañoso e irresponsable decir, como principio genérico, que “el beneficio que podría seguirse [del uso de esa tecnología] queda neutralizado”. El experto citado por Aguer, Edward C. Green, es un antropólogo médico estadounidense con credenciales impecables, quien en su oportunidad, luego de aceptar que “el Papa podría tener razón sobre los preservativos”, explicó que los mismos “deberían servir como un refuerzo [a back-up role] … Yo creo que se debería poner preservativos a disposición de todos.”

El rol de la educación sexual es primordial, pero Aguer no puede reconocerlo porque la educación sexual moderna, con base científica, es antitética a la doctrina cristiana. Sin educación sexual o con una estrategia educativa que no llega a los ciudadanos, es claro que la distribución de preservativos sí puede agravar el problema. En Occidente promovemos el ejercicio y la dieta como manera de preservar la salud, pero muchas personas se lesionan al ejercitarse, y muchas, por hacer dieta, comen mal, logrando el efecto contrario, debido a la desinformación y la poca cultura científica sobre el tema; sin embargo, a nadie se le ocurriría decir a la ligera que el ejercicio y la dieta “no solucionan el problema y hasta pueden empeorar nuestra salud.”

Aquí Aguer habla del caso de Uganda, la niña de los ojos del Vaticano, donde el gobierno usó la estrategia ABC contra el SIDA: en teoría, un programa de cambio cultural basado en la frase Abstain, Be faithful, use a Condom, es decir, abstinencia para los jóvenes (solteros), fidelidad para los adultos en una relación monogámica, y condones/preservativos sólo para los grupos de riesgo (prostitutas, drogadictos, parejas con un miembro sano y el otro infectado, y otros). Tal estrategia hubiera tenido sentido, al alentar el uso de una barrera protectora en quienes eran a la vez las víctimas más frecuentes del SIDA y las causantes más claras de su expansión entre la población, y que por su condición eran quienes menos posibilidades tenían de seguir los cursos de acción más seguros.

Pero resulta que la estrategia ABC no nació en Uganda, y no hay una definición uniforme de lo que debe hacerse para implementar esta idea general, aunque diversos actores han querido apropiarse de su éxito para promover sus ideas conservadoras de origen religioso. De hecho, en Uganda se combinaron medidas de promoción y de educación que fueron mucho más allá de decirle a los jóvenes que no tuvieran sexo (ciertamente tampoco se les dije que tuvieran sexo cuando quisieran siempre que fuera con preservativo). Lo que Uganda promovió fue que los jóvenes demoraran su primera relación sexual, que evitaran el sexo casual, que buscaran parejas estables, y que usaran el preservativo como precaución, porque obviamente es imposible saber si la pareja de uno está infectada si no se ha hecho un test. En un distrito muy estudiado, la abstinencia y la fidelidad de hecho disminuyeron. La estrategia ABC fracasó también al buscar que los jóvenes retrasaran su edad de iniciación sexual. Y las tasas de infección de HIV bajaron en Uganda, en gran medida, porque los primeros de la gran ola de infectados murieron. ABC no ha sido más que un slogan; el éxito se logró por otros medios.

La experiencia de los programas de educación sexual abstinence-only ("sólo abstinencia") implementados por el muy cristiano gobierno de George W. Bush fue una demostración clara de lo que ocurre cuando a una persona se la pone entre la espada del deseo y la pared de la abstinencia. En Estados Unidos, los jóvenes educados en una moral cristiana estricta tienden a contraer más enfermedades de transmisión sexual y tienen una mayor proporción de embarazos no deseados.

Continúa en la próxima entrega.

viernes, 7 de agosto de 2009

Héctor Aguer en Facebook

En Facebook hay un grupo Sobre Monseñor Héctor Rubén AGUER, Arzobispo de La Plata (el que dijo que el plan de educación sexual nacional es de inspiración neomarxista y todo eso). No es mi intención alentar a nadie a molestar a los seguidores del señor arzobispo, pero no pude menos que notar que el susodicho grupo tiene un "muro" para mensajes y un foro de debate donde cualquiera que pertenezca al grupo puede escribir. Y unirse al grupo es libre para todos los que tengan una cuenta en Facebook.

Uno de mis lectores me cuenta que, luego de ciertas palabras fuertes y provocativas hacia los agueristas del grupo, recibió una respuesta que demostraba muy poca de esa tan mentada pero poco vista caridad cristiana y dejaba al descubierto la clase de basura humana que suele frecuentar el integrismo católico. Lo copio aquí para quienes no tengan Facebook. El énfasis es mío.
Manga de payasos...hablan de bienestar de la sociedad quienes pretenden una juventud que crezca en un libertinaje sexual donde todo vale porque cada un puede vivir en la verdad que le parezca,hacerse gay,travesti,bi...es lo mismo,que linda educacion,mientras que los que defendemos el unico sosten verdadero de la sociedad que es la familia tradicional nos tildan de retrogrados y fanaticos,lo natural es malo y lo antinatural es bueno..ese es el futuro siniestro que le espera a este pais con esos llamados educadores,malditos progres inmundos,bien les vendria comparecer en los paredones de la Patria...Confunden una verdadera educacion sexual orientada al bienestar de la familia con una educacion genital basada en la perversion sexual en la que todo eso lo mismo.
Un poco antes vemos también un mensaje dedicado al lector al que aludí y a otro, que con mucha calma venía argumentando contra el totalitarismo católico:
Chicos porque no se van a vivir a cuba, asi relajan tranquilos. Argentina es una Patria de Gigantes, que no deja lugar a afeminados, blandos, progres, derrotistas, hippies, asexuados, ateos, marxistas, pro-gays, etc, etc... PAGANOS INSURRECTOS, ACEPTEN A SU REY Y LLEVEN UNA VIDA DIGNA, APARTADA DE LA OLGAZANERIA Y LA FLOJERA QUE OSTENTAN, PROGRES ENDEBLES !!!! - VIVA MONSEÑOR AGUER, VIVA CRISTO REY, VIVA LA PATRIA !!!
Su seguro servidor todavía no se ha inscripto en este grupo, pero lo está pensando, para contestar y poner en evidencia a estos desagradables elementos, como perverso progre inmundo, ateo, pro-gay, endeble, insurrecto y fruto de una educación genital (?) que es.

La encuesta de La Nación sobre las declaraciones de Aguer sigue abierta, para quienes quieran votar Inadmisible. La cosa se ha dado vuelta y ahora esta opción, que es la postura racional incluso si uno es católico (porque Aguer dijo todo tipo de brutezas), va ganando.

(Aprovecho para recordarles que Alerta Religión también está en Facebook. Si no se anotaron, piénsenlo. Y recomiéndenlo a sus amigos.)

viernes, 31 de julio de 2009

Monseñor, quieren hablar con usted (A126b)

El Instituto Nacional Contra la Discriminación (INADI) le pedirá a la Iglesia que aclare las acusaciones del arzobispo Héctor Aguer contra el manual de lineamientos para la educación sexual,  ya que a juicio de su titular, María José Lubertino, sus comentarios en materia de género y en relación con temas de diversidad sexual son "violatorias de los marcos jurídicos universales" y desconocen el "claro consenso democrático" que se logró para aprobar la ley correspondiente.

Aguer había dicho que el texto del Material de Formación de Formadores en Educación Sexual y Prevención del VIH/Sida (destinado a los docentes, no a los alumnos) reivindicaba el "derecho a fornicar" y que forma parte de una visión que impone una "religión secular" y una "dogmática atea", además de ser "constructivista, neomarxista y reduccionista" y constituir un "avance totalitario". El latiguillo habitual (el supuesto atropello a la libertad de conciencia de los padres y maestros) también hizo su aparición.


Aguer, que encabeza la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina, tiene una larga y consistente trayectoria de oposición a la laicidad estatal y a la educación sexual moderna, así como también una especie de alergia al marxismo (o lo que él ve como marxismo) y a otras misteriosas ideologías que él ve detrás de propuestas como la campaña de apostasía colectiva. Si no lo hicieron, no dejen de leer las postdatas de la nota anterior, donde se documentan las repercusiones inmediatas. Y no dejen de votar en la encuesta de opinión sobre el tema en La Nación (donde, previsiblemente, la Iglesia gana).

jueves, 30 de julio de 2009

Las obsesiones de Héctor Aguer (A126)

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, es ya un habitué en este blog, debido a su constante prédica en contra de la laicidad y a favor de una educación confesional, católica y tradicional. Con su último pronunciamiento, en el que acusa al Ministerio de Educación de la Nación de "imponer una dogmática constructivista y atea que resulta una especie de religión secular, ajena a la tradición nacional y a los sentimientos cristianos de la mayoría de nuestro pueblo", se ha ganado el privilegio de tener una etiqueta, algo así como una categoría, dedicada a su nombre.

No voy a emitir más comentarios sobre este tema en particular, dado que el prelado ya se ha encargado de clarificar su postura ad nauseam, y yo he hecho lo mismo. Lo que sí me gustaría es que los funcionarios del Ministerio de Educación tuvieran a bien contestarle a Aguer, con los textos en la mano, exigiéndole que muestre dónde ve "dogmatismo ateo" o "neomarxismo" en ellos.

Esta clase de personas cree sinceramente que tiene a Dios y a la verdad absoluta de su lado; para sacarlo del engaño, no estaría mal que alguien bajara bruscamente a Aguer del pedestal donde se ha subido y le recordara que él no es más que un ciudadano argentino común al cual un monarca extranjero ha designado discrecionalmente con un cargo en su organización religiosa multinacional, y que por razones históricas nunca revisadas cobra del Estado al que critica un sueldo varias veces superior al promedio de los trabajadores. Un parásito al servicio de un teócrata extranjero no debería creer que tiene atribuciones especiales más allá de la libertad de expresión, derecho que es severamente reprimido en tierras vaticanas pero que aquí no tiene empacho en utilizar.

P.D.: Ateo Militante escribe algo más largo sobre este tema ("Aguer, Iglesia y educación"), haciendo notar (entre otras cosas) que los tan mentados "valores cristianos" son los valores de una minoría pequeñísima de los argentinos. En el órgano confesional de Clarín, Valores Religiosos, está el texto completo de la denuncia de la Iglesia (aunque por alguna razón el link no funciona en este momento, se puede acceder también desde la portada del sitio). Página/12 hace su cobertura con un artículo titulado "Hablar de sexo espanta a monseñor", y reporta la respuesta (que esperábamos) del ministro de Educación, Alberto Sileoni: "El que critica Aguer es un documento que se desprende de una ley, la 26.150, de Salud Sexual Integral. Y para este ministerio la ley no es una opinión, sino una disposición normativa que da la sociedad y hay que cumplir". La Nación, previsiblemente, colocó las desagradables declaraciones de Aguer en una nota más pequeña, y consultó a la Iglesia institucional sobre su opinión ("La voz del episcopado"), para que nos quede claro que estas acusaciones "reflejan el sentir de la Iglesia y no una posición aislada".

P.P.D.: Más repercusiones. Crítica resumió el contrapunto entre Aguer y el ministro Sileoni ("Polémica por la educación sexual") y Mario Oporto, Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, llamó a las opiniones de Aguer "procesistas". La Nación anota que "Sileoni defendió la utilidad del manual sobre educación sexual", y añade una encuesta de opinión (¡voten!). En Clarín hay una breve nota sobre lo mucho que tomó consensuar una ley de educación sexual, en gran parte por culpa de la Iglesia (y también ha tomado años implementarla). Los arzobispados de Córdoba y Mendoza expresaron sus opiniones también, uno en La Voz ("Los colegios católicos hace tiempo que trabajan en el tema") y el otro en DiarioUno ("No son buenas las imposiciones"), destacando la necesidad de consenso y diálogo (poniendo a la Iglesia como interlocutor al mismo nivel que el Estado). El texto completo de las críticas de Aguer es reproducido en el boletín Nº 607 de Notivida, autoproclamados "defensores de la vida humana y la familia" (i.e. católicos fanáticos), y en el portal derechista Periodismo de Verdad ("Deformación de formadores").

sábado, 18 de julio de 2009

A120: Las raíces cristianas de Argentina

Eduardo Taussig, obispo de San Rafael (Mendoza), está preocupado por el peligro que representa el laicismo para "las raíces cristianas que han forjado la identidad argentina". La "pequeña minoría" de los argentinos que impulsa el laicismo es "muy dañina". La Ley 1420 de Educación Común, Laica y Obligatoria también le mereció críticas: la calificó de "tiranía de las conciencias indiferentes o disidentes sobre la mayoría de la niñez argentina".

Con sus declaraciones, este obispo del sur mendocino se une al coro de los católicos integristas como Héctor Aguer, que también se ha pronunciado repetidamente contra la educación laica ("educación sin moral") y la separación entre la Iglesia y el Estado, y en especial sobre el tema de esas misteriosas "raíces cristianas".

Fue precisamente Taussig quien celebró el Te Deum del 25 de mayo de 2007 en Mendoza y le recordó al entonces presidente Néstor Kirchner, luego de que éste tuviera duros cruces con el arzobispo de Buenos Aires, que "una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto". En esa ocasión Taussig valoró la "fidelidad a la democracia", fórmula vacía que era casi obligatoria a meses de las elecciones presidenciales, aparentemente sin recordar que la Iglesia Católica ha apoyado todos los golpes de estado que interrumpieron el proceso democrático en nuestra historia. En Argentina no hemos sufrido verdaderos totalitarismos, pero sí hemos tenido una gran abundancia de dictadores que se profesaban bien católicos y que afirmaban seguir los valores cristianos, sin que a la Iglesia, como institución, se le ocurriera contradecir tal cosa.

Dado que el laicismo militante ha dado muy pocos y pequeños pasos en Argentina, y que nuestro gobierno, en otros tiempos reputado de izquierda y saludablemente confrontativo, no ha dado señales de querer expulsar a la Iglesia de la cama que comparte con el Estado desde la época colonial, las ominosas advertencias de los obispos parecen exageradas. Aquí no hay buses ateos, ni un gran movimiento para prohibir los símbolos religiosos en lugares públicos, ni un lobby interreligioso contra los privilegios del catolicismo, ni nada que amenace seriamente el status de nuestra religión oficial. El catolicismo tácito de la mayoría no está en peligro, incluso aunque casi nadie vaya seguido a misa.

A los misioneros católicos rara vez les han importado las raíces religiosas de los pueblos adonde  son enviados, excepto como objeto de estudio para lograr una mayor penetración de la predicación. Por otro lado, ninguna cultura permanece inmutable, anclada en el pasado. En el caso argentino, podríamos decir que cuando más nos alejemos de nuestras raíces, mejor estaremos. Argentina fue colonia española y colonia de facto británica, fue un puerto hipertrofiado unido a un hinterland inmenso y abandonado a caudillos, fue el escenario del exterminio de docenas de pueblos indígenas en nombre de la civilización europea y cristiana; su población empezó a salir de su brutalidad cuando la educación (no la instrucción religiosa) se convirtió en derecho de todos sus habitantes; su gente ganó su derecho a elegir sus representantes bajo gobiernos liberales y laicos, y los perdió cada vez que los militares, invariablemente bendecidos por la Iglesia, decidieron tomar el control.

viernes, 26 de junio de 2009

A112: Héctor Aguer contra la educación laica (otra vez)

Sobre el nuevo capítulo de la campaña permanente del obispo de La Plata, Héctor Aguer, contra la educación laica, tenemos una interesante disección en Ateo Militante, a la cual tengo muy poco que agregar. En resumen, Aguer está preocupado por la "invasión de polémicas ideologías" en la escuela pública, saca a relucir los cucos habituales, como la ideología de género y una supuesta inspiración marxista, y se horroriza porque se pretende "hacer… del alumno un pequeño teórico-crítico para cambiar la sociedad, alterando el orden que corresponde en la transmisión de los conocimientos." ¡Dios no quiera que los niños quieran cambiar la sociedad perfecta que los adultos les hemos heredado!

Pero hay un punto más que trae a colación el obispo Aguer:
¿Cómo se salva la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus propias convicciones? Es un derecho inalienable, que el Estado debe respetar, y es un deber, una responsabilidad que los padres no pueden soslayar.

A lo que sólo se puede responder: ¡hipócrita! Ninguno de los homólogos de Aguer, jamás en la historia argentina, se ha opuesto a la imposición de la educación religiosa, católica, en las escuelas públicas. El derecho de los padres a que sus hijos sean educados en sus propias convicciones (derecho bastante debatible, por cierto) nunca incluyó, para la Iglesia Católica, el derecho de los padres de otras religiones.

Cuando en otros tiempos se daba catequesis en todas las escuelas, los niños cuyos padres eran de otras religiones (o ninguna) eran retirados de la clase, puestos aparte, segregados, marcados como diferentes. En cada ocasión en que el estado y la sociedad decidieron terminar con el privilegio católico de indoctrinar a los niños en horas de clase, la Iglesia peleó con uñas y dientes contra el derecho de los padres judíos, protestantes, musulmanes, ateos y demás a educar a sus hijos en sus propias convicciones.

Desde luego, el católico consecuente explica este aparente doble rasero con facilidad. La doctrina de la Iglesia Católica es la única totalmente verdadera; las demás son sólo falsas creencias...

viernes, 3 de abril de 2009

Alerta 84: Qué preocupa a Héctor Aguer

El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, rechazó la "campaña de apostasía colectiva" lanzada en Argentina, según informa ACI. Lo hizo en declaraciones televisivas, en su segmento del programa Claves para un Mundo Mejor, en las que se preguntó:
"¿Quiénes son los que promueven esto? ¿Y qué es lo que les molesta especialmente?... ¿Qué tipo de ideología hay detrás de esta campaña?"
Si las preguntas son de tendencia paranoide, sus respuestas muestran que Aguer, hombre educado, no es sin embargo más que un sofista:
"Aquí lo que molesta específicamente es que la fe se haya hecho cultura y lo que se intenta es desarraigar la fe de la cultura vivida de la gente."
No se necesita más que un rato para leer los considerandos de la propuesta de apostasía, y sólo la deshonestidad típica de quienes venden buzones en el cielo puede hacer querer ver en ellas lo que el arzobispo dice. La apostasía no sirve para desarraigar la fe de ningún creyente; es para que se reconozca el desarraigo de quienes ya no son creyentes, para que no asuma que todos tenemos esa fe que Aguer tanto valora.

La cultura argentina y latinoamericana está impregnada de catolicismo. Una campaña de apostasía no puede cambiar eso; lo que sí puede hacer (y esto sí que es molesto, visiblemente molesto para Héctor Aguer) es mostrar al público en general que existen muchos ciudadanos comunes y corrientes que no adhieren a la moral católica, y que son argentinos decentes y de pleno derecho. Eso es todo. ¿Tan difícil es aceptarlo? ¿O bien está proponiendo el arzobispo que quienes se oponen a la cultura dominante sólo pueden tener intereses mezquinos o ideologías oscuras y amenazantes?

El Arzobispado de La Plata tiene un e-mail, arzobispadodelaplata@speedy.com.ar, por si acaso alguien desea hacerle llegar, como ciudadano, estas inquietudes al arzobispo Aguer. También se pueden dejar comentarios en el artículo en ACI, aunque como suele ocurrir con los sitios católicos, éstos son moderados (luego de esperar un par de días he comprobado que los míos, escritos en disidencia pero con toda educación, no pasan el filtro).

PD: Corrijo lo anterior. Nobleza obliga, después de un intercambio de mails con quien modera los comentarios, un tercer intento de disidencia resultó publicado. Resulta que la ironía es considerada un insulto por el censor de ACI. Desafortunadamente no guardé esos primeros comentarios para evaluarlos bajo esa luz; estoy bastante seguro de que no fui desagradablemente irónico, pero quizá, a base de escribir y leer tantos blogs ateos y escépticos donde la censura no es la regla, yo me haya vuelto menos sensible a esa delicadeza exquisita que se requiere para no ofender a la Iglesia. En todo caso, no soy tonto ni malhablado cuando se trata de comunicar una idea incómoda a quien no quiere oírla y tiene poder para censurarme.

Aprovecho para alentar a mis lectores a expresarse, con educación y consideración de lugar y contexto, en casos similares.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Alerta 48: Héctor Aguer, cruzado moral

La Iglesia Católica acusa al gobierno argentino de promover una "educación sin moral", dice hoy Crítica Digital. Resulta que Héctor Aguer, arzobispo de La Plata (representante del ala ultraderecha de la jerarquía), está enojado porque el Ministerio de Educación propone que se lea un texto en voz alta todos los días al comenzar las clases, y se sugiere que los textos "no deben tener moralejas ni contenidos religiosos" dado que la educación en Argentina es laica (lo es formalmente desde 1884).

Aguer hace algunas críticas certeras sobre el tipo de textos aceptables, críticas válidas por supuesto. Pero se eriza cuando llega a la parte donde su superstición no recibe la sumisión a la que está acostumbrada, y revela escandalizado que "educación laica" significa "educación atea", y si no hay moralejas, es además "educación sin moral".

Al respecto de la laicidad y lo secular, la Iglesia ha adoptado hace un tiempo un tic familiar: el uso del -ismo. Que el estado sea laico les pesa (nunca lo fue cuando ellos pudieron imponerse), pero públicamente abrazan la tolerancia, para luego clamar que no se tienda al "laicismo", al que califican de ideología equivalente al ateísmo. De la misma manera se habla de lo secular y el "secularismo", como si se tratara de una vasta conspiración o aparato estatal destinado a extirpar a Dios de las conciencias. Aguer adhiere a esta visión sesgada, la visión católica oficial, de todo corazón, y desde antes que Joseph Ratzinger comenzara a predicarla (con particular insistencia) desde su trono de vicario divino.

No sirve de nada explicarle a los fanáticos que "laico" no significa "ateo", y en realidad, desde su punto de vista no está tan lejos de la verdad. Si a una generación de niños nadie les inyectara en el cerebro el complejo de creencias mitológicas del teísmo en su versión católica apostólica romana, por lógica esos niños, al crecer, rechazarían como una total estupidez todo ese sistema. La Iglesia, por supuesto, proclama que todos pueden llegar a la verdadera fe, pero sabe que sin esa cabeza de playa en las mentes infantiles la batalla por la supremacía numérica (y todo lo que se deriva de ella) está perdida. Ése es el peligro que Aguer ve y de la cual abomina cuando otros plantean que el estado debe impartir una enseñanza sin moralejas religiosas.

Desde que existe la educación pública supervisada por el estado-nación, el peligro de la indoctrinación con ideologías tóxicas ha existido también, por supuesto, pero a la Iglesia jamás le preocupó, siempre que sus intereses quedaran a salvo. En Argentina, por ejemplo, la Iglesia Católica vivó y aplaudió cuando el gobierno de Juan Domingo Perón les permitió dictar religión en la escuela, aun mientras el peronismo se consolidaba como movimiento fascista, incluyendo un culto de personalidad a Perón y a su esposa Eva que el mismo Mussolini hubiera envidiado; meses después de que Perón se enemistara con ellos y les quitara este privilegio, la Iglesia bendijo y encabezó el apoyo al golpe militar que lo derrocó.

Tampoco sirve de mucho entablar una discusión sobre las bases de la moral. La Iglesia considera que sus doctrinas son la verdad única sobre el tema; no admiten que haya debate sobre la moral, sino como mucho un descubrimiento progresivo de la "ley natural", que (obviamente) sólo los católicos están capacitados para aprehender en su totalidad, y que tienen como obligación imponer a todos los demás. Como a todos los creyentes fanáticos, de cualquier religión, para Héctor Aguer no explicitar un corolario moral-religioso a una historia significa promover activamente la amoralidad y (otro de esos terribles -ismos) el relativismo. La Sagrada Escritura dice que hay que para seguir a Dios hay que volverse como niños, y como niños es como el cristianismo trata a sus fieles: como personas que no están completas, que necesitan que la moral les sea traída desde afuera, servida en bandeja como una papilla, por sus "padres". La libertad de pensamiento y de culto como derechos fueron negadas enfáticamente por la Iglesia hasta hace muy poco en términos históricos. A los niños no se les puede dejar libres de hacer y creer cualquier cosa.

El arzobispo de La Plata tiene una larga trayectoria como conservador católico típico, al que no le gusta que la cultura moderna vaya en contra de su arcaica doctrina, y desde su espacio en el programa televisivo Claves para un mundo mejor no deja de proclamar estas ideas. En una ocasión dijo que la educación sexual es una "incitación a la fornicación, a la lujuria y a la promiscuidad" y una "corrupción" de los niños por parte del Estado. Se opuso a la postulación de Carmen Argibay (una jurista de primer orden) a la Corte Suprema porque ésta se confesó a favor del aborto y "atea militante", sugiriendo que esto último podía llevarla a una "cruzada antirreligiosa". En sus sermones considera que la culpa del delito juvenil la tiene la "disolución de la familia" y el estado que no hace nada por defender esta sagrada institución (en código católico esto significa que hay que prohibir el divorcio, dejar de facilitar la anticoncepción y premiar a las familias numerosas); que el estado le lava el cerebro a la sociedad con una doctrina relativista contra la discriminación, y que las uniones civiles entre homosexuales son antinaturales (y por lo tanto tratarlos como enfermos, como hace la Iglesia, es correcto). Cree que no dejar que la Iglesia interfiera en la educación de los niños, reservando esa función al estado, es "totalitario", y que el gobierno argentino quiere implantar un "ateísmo postmoderno radical".

Para darnos más idea del carácter de Héctor Aguer, pensemos que los tremebundos integristas de Radio Cristiandad lo consideran "de lo mejorcito que hay en Argentina", y que hace unos años 105 sacerdotes y religiosos de toda Argentina le pusieron su firma a un documento en repudio del arzobispo, por "exhibir impúdicamente una Iglesia cercana al poder y lejos de los pobres". Esto último se refería a la ocasión en que Aguer salió de garante del pago de una fianza de un millón de pesos para liberar a Francisco Trusso, un banquero que defraudó a 30.000 ahorristas. No hay caso: por alguna razón los católicos conservadores no suelen tener ideas repugnantes, sino también amigos ricos y desagradables.