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viernes, 29 de marzo de 2013

Me perdí el Día del Niño por Nacer, ¡qué tristeza!

Acabo de volver de mis vacaciones, justo a tiempo para el comienzo de esa curiosa fiesta cristiana donde debería conmemorarse con meditación, penitencia, ayuno y abstinencia la tortura y muerte del Hijo de Dios para aplacar la ira de Dios (que es su propio Hijo), y que se celebra de hecho yéndose de vacaciones a un lugar sin iglesias ni curas o como mucho de peregrinación a un lugar con atractivo paisajístico suficiente. Como cada año en estas fechas, miles y miles de cristianos con medio seso lanzan la pregunta supuestamente irónica de que por qué los ateos no trabajamos en “su” feriado cristiano de Semana Santa. Yo no sé qué pensarán ustedes, pero me imagino que en la Rusia de Stalin los cristianos habrán descansado bien y con mucho gusto en todos los feriados y conmemoraciones comunistas en los que el estado les imponía dejar de trabajar.

Como no estaba en casa me perdí la celebración, también bastante estrafalaria, del Día del Niño por Nacer, ese feriado católico-menemista que más correctamente debería llamarse Día del Cigoto, Embrión o Feto y Contra la Pobre Mujer que lo Gesta. De todas formas no es posible escaparse del fascismo católico en Argentina, así que incluso en mi apartado lugar de vacaciones (Malargüe, una ciudad de veinte mil habitantes en medio del desierto del sur de la provincia de Mendoza) me crucé con una manifestación misógino-fetista donde se mezclaban unas pocas señoras de mediana edad, un par de curas en siniestro atuendo de tales y un mar de niños y jóvenes acarreando pancartas.




En un lugar con tan pocos habitantes la marcha era relativamente considerable, pero de lo deprimente del espectáculo me consoló el hecho obvio de que la mayor parte de los participantes no estaban ahí por su propia voluntad ni tenía idea de lo que significa valorar más la vida de una bolita de células sin cerebro, o con apenas cerebro, que la de una mujer.

Otra cosa de la que no me fue posible escapar del todo fue el diluvio de noticias farandulescas sobre el Papa Francisco. Pero de ese tema ya hablaré con más tiempo. En breve volveré a mi ritmo habitual; hasta entonces, ¡no dejen que ningún cura los saque a pasear!

miércoles, 21 de marzo de 2012

Protección de la familia

La marcha del otro día anticipando el Día del Niño por Nacer (y Contra las Mujeres), que comenté, tenía entre sus objetivos promocionar el lanzamiento de un “proyecto de ley para la protección integral de la familia”. La Constitución Argentina (art. 39) da a los ciudadanos el derecho a presentar proyectos como iniciativa popular, que el parlamento deberá tratar. El proyecto de los activistas antiderechos fue presentado por la Red Federal de Familias y avalado por el Defensor del Pueblo en 2010. El texto del mismo está disponible en el sitio web de propaganda antiabortista NotiVida.

En la marcha del sábado 17 se repartían hojas impresas con un resumen del proyecto (lo cual agradezco porque me ahorra ese trabajo). A continuación transcribo algunos extractos, con mis comentarios.
Reconocimiento de la familia como sociedad natural y primaria, fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de entre un varón y una mujer.
Por este medio se transforma “reconocer” (descripción) en “obligar” (prescripción). Las familias formadas por parejas no casadas, por matrimonios del mismo sexo o por posibles contratos de convivencia tácitos o explícitos entre grupos de personas cualesquiera quedan excluidas. Esto es lo mismo que pedir que el canon católico se haga ley. El Estado, así, sólo “reconocería” como “natural” una acepción limitada de familia. (Los anarquistas y antiestatistas podrán decirme que el Estado no tiene por qué meterse a reconocer nada, y tienen razón en principio, pero no en la coyuntura actual ni a mediano plazo.)
Política de igualdad de los miembros de las familias [que] sea real y efectiva en el acceso y disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales.
Esto suena muy bien, pero a la luz de elementos que siguen y otros que no se mencionan, pero que sabemos que están ahí, encierra una trampa. Los organismos “pro-vida” no desean mujeres liberadas, sino mujeres que hagan de la maternidad su opción primordial de vida. La “igualdad” que buscan implica que las mujeres puedan comportarse como deben y también hacer otras cosas. Para que haya “igualdad” mientras que al mismo tiempo se mantienen los roles tradicionales de la mujer, el Estado debería prestarle ayuda a las mujeres para que puedan a la vez tener muchos hijos, atender a su marido, tener en orden la casa y trabajar. Se puede debatir si eso está bien o mal; yo considero que se trata de una política pro-natalista, paternalista, patriarcal y errada.
Concepto de familia numerosa y de familia numerosa especial en función del número de sus integrantes, siendo mayores los beneficios otorgados a estas últimas (…) prioridad en el empleo público y privado y su conservación, exenciones y beneficios arancelarios (…), derechos preferentes para la adquisición, construcción y refacción de viviendas (…).
Y esto ya es una política pro-natalista en toda regla, determinando que los ciudadanos sin hijos o que desean tener pocos hijos queden automáticamente en desventaja. Recordemos además que la familia, numerosa o no, requiere para esta gente un matrimonio entre hombre y mujer: las otras familias numerosas —una pareja de lesbianas que han adoptado a siete huérfanos, por caso— no recibirían estos beneficios.
Protección integral de la mujer embarazada y de los derechos de los niños por nacer. Dignidad de la mujer. Reconocimiento de la maternidad como bien social y personal. Atención especial de la mujer en particular en caso de embarazo conflictivo o de riesgo. Establecimiento de Centros de Asistencia a la Mujer Embarazada.
¿Qué es todo este amor hacia a la mujer? La mujer embarazada y su “niño por nacer” están a la misma altura. La dignidad de la mujer embarazada pasa por la maternidad, que es un bien para toda la sociedad (las mujeres que eligen no embarazarse o que interrumpen su embarazo son, por tanto, un mal, o al menos una desgracia o una rémora para la sociedad). La ideología “pro-vida” no plantea opciones para la mujer embarazada: debe llevar a término su gestación, para lo cual se le dará “asistencia” si su embarazo es “conflictivo” o de riesgo. En las instituciones católicas que ya se dedican a esto, y que si se aprobara este proyecto pagaríamos entre todos con dinero estatal, la susodicha asistencia consiste en manipulación psicológica para disuadir a la madre de abortar, utilizando por ejemplo el miedo al “síndrome post-aborto”, una condición patológica inexistente (las mujeres que abortan tienen reacciones psicológicas diversas; no hay un conjunto habitual de síntomas asociado al aborto). Para los “pro-vida” no son concebibles los embarazos no deseados: sólo hay un conflicto entre el natural instinto de la mujer de cumplir su rol de madre y los obstáculos que la sociedad actual (materialista, hedonista, anti-vida) le pone en su camino. Es de esperar que en los Centros de Asistencia también le dirían a las mujeres embarazadas que den a sus hijos en adopción: una opción traumática y que no garantiza en absoluto el futuro del niño. (Legisladores “pro-vida” han propuesto mejorar la ley de adopción argentina, cuya burocracia prolonga los trámites innecesariamente; una mejora deseable, pero por razones con las que no podemos estar de acuerdo.)
Asignaciones especiales para casos de embarazos provenientes de delitos contra la libertad sexual y menores embarazadas en situación de riesgo.
Darle dinero a las mujeres para que continúen con su embarazo, incluso aunque sean menores violadas, incluso aunque corran riesgo de vida. (Entre un feto y una persona ya nacida, los “pro-vida” siempre eligen al feto, con la siguiente lógica: dado que ambos son personas, si uno debe salvarse y el otro morir, hay que elegir al que no puede hacer nada para defenderse, es decir, el no nacido. Aunque no se enfatiza el asunto, la política “pro-vida” en caso de peligro de vida para la madre es dejar morir a la madre.)
Derogación de la ley 26.618, llamada de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ésta es la frutilla en el nauseabundo postre que nos ha preparado el conservadurismo religioso “pro-vida”. No tiene nada que ver con las mujeres ni con la maternidad ni con el aborto, pero les duele: les dolió mucho cuando, a pesar de toda la propaganda de odio, de las presiones episcopales, de legisladores ignorantes hablando por Dios en vez de por el pueblo, de la desinformación diaria y a gritos vinculando la homosexualidad al suicidio o a la pederastia, de las solicitadas en los diarios, de las marchas de alumnos de las escuelas confesionales con pancartas anti-gays, del aliento incesante a la homofobia desde púlpitos católicos y tribunas de pastores evangélicos, el parlamento aprobó la modificación del Código Civil que permitió a los homosexuales casarse con sus parejas, una fría noche de julio de 2010.

Este remate demuestra (como si hiciera falta) que en realidad nunca se trató de las mujeres ni de los niños. Se trata de reglamentar la sexualidad y las formas de la convivencia: controlar, nada menos, a quién podemos amar y con quién podemos elegir formar una familia. El proyecto “pro-vida” es el de un país exclusivo y opresivo.

lunes, 19 de marzo de 2012

Día del Niño por Nacer (y Contra la Mujer)

Este sábado 17 de marzo, en Rosario (Argentina), organizaciones que luchan contra los derechos reproductivos de las mujeres (autotituladas “pro-vida”) realizaron una marcha y un acto en el centro de la ciudad para presentar un proyecto de ley “para la protección integral de la familia”, entre otras cosas. Confieso que no estaba enterado, pero por una feliz coincidencia me encontraba cerca en el momento apropiado y con una cámara de fotos en el bolsillo, así que fui a ver de qué iba la cosa.

La marcha era en preparación del Día del Niño por Nacer, que cae el 25 de marzo, para los cristianos fiesta de la Anunciación (el día en que el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen María para avisarle que estaba embarazada de Dios Padre). En Argentina esta fecha fue creada oficialmente por el ex-presidente Carlos Menem con el objetivo de congraciarse con el Papa Juan Pablo II en momentos en que su gobierno se afanaba en enviar a millones de personas al desempleo y la pobreza.

Cada año los grupos que luchan contra el derecho al aborto se manifiestan cerca de esta fecha. La mayoría son católicos, muchas veces jóvenes o adolescentes reclutados a través de grupos parroquiales u organizaciones eclesiales varias; este año la novedad fue la aparición de PorVenir, una ONG que se declara aconfesional. Si tiene algún sentido aquello de “Dime con quién andas y te diré quién eres”, es difícil creerles. En los eslóganes de la marcha Dios y sus aláteres estaban conspicuamente ausentes, pero las camisetas, banderas, pancartas y globos más visibles eran del Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Evangelio de Caná y la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA). Había un poster de la Defensoría del Niño por Nacer, institución que también se proclama aconfesional, y en el escenario montado al final de la marcha, en la Plaza Pringles, un stand de Red ProVida, de la cual PorVenir forma parte. Nos ofrecieron un volante a todo color, muy bien impreso, de Red Familia Rosario, (los “naranjitas” que hacían campaña contra el matrimonio homosexual), y una invitación a un Via Crucis. Vi también un par de pancartas en apoyo a los “médicos que aman la vida”, que debe referirse a los médicos del servicio de Ginecología del Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez, que se niegan a realizar los abortos autorizados por la ley (incluso los necesarios para salvar la vida de la mujer).





(Hay más fotos en el muro de Facebook de Alerta Religión.)

Durante la marcha, los jóvenes coreaban consignas del estilo de “Oooh, soy pro-vida / Es un sentimiento / No puedo paraaar” que uno escucha en la cancha de fútbol y entre los asistentes pagados a los actos políticos. Me impresionaron como felizmente abstraídos de la vida real. No había, creo yo, ni una sola mujer pobre en edad fértil en toda la marcha. No puedo enojarme con estos chicos; como todos a su edad, creen que la verdad es fácil de aprehender y que ellos ya la descubrieron, y están felices de propagarla. Me deprimió apenas ver tanta energía desperdiciada en repetir eslóganes vacíos y en hacerle el caldo gordo a los misóginos de sotana y a los parásitos que se hacen llamar pastores de almas o enviados de Dios. Me consuela pensar que muchos perderán esa confianza infundada eventualmente. Pero entretanto, ¡qué favor le hacen a los que quieren volver a la Edad Media!

En una segunda parte les voy a contar qué se traen entre manos los antiderechos esta vez. Continuará…

domingo, 21 de marzo de 2010

“Derechos del Niño por Nacer”, ahora en Facebook

La última creación de la diputada evangélica Cynthia Hotton está en Facebook. Aunque “creación” es una palabra equívoca, visto cómo esta idea ya es un tópico remanido.

[click para ver en tamaño grande]

Ya hablé de Cynthia Hotton y sus amigos cuando se empezaba a debatir el tema del matrimonio homosexual. Del Día del Niño por Nacer (que es el 25 de marzo) escribí hace mucho, apenas este blog comenzaba, y luego cuando expliqué cómo había surgido de la mente de ese brillante líder que fue Carlos Menem: un católico que hizo abortar a su mujer, se divorció y se volvió a casar, y entre tanto se las arregló para sumir en la pobreza y el hambre a millones de argentinos, pero recibió una condecoración de Juan Pablo II por defender a los pequeños embriones y fetos mientras se desarrollaban (que no después). También hablé del tema de los argumentos antiabortistas que presumen no tener trasfondo religioso y de cómo se estiran las palabras (y las imágenes) para hacer ver que abortar es asesinar niños, o se miente diciendo que el aborto daña psicológicamente a la mujer. En fin, la recapitulación viene a cuento porque aquí tenemos prueba de que los fanáticos no aprenden.

La diputada Hotton hace mucha militancia a través de Facebook, lo cual me parece buenísimo, salvo por el hecho de que las manifestaciones de su lista de amigos consisten más en bendiciones, plegarias e invocaciones que en ideas o críticas de índole política. La última creación de Hotton, como decía, es un grupo que se llama “Reivindicamos los derechos del Niño por Nacer”, que proclama que la pelea contra el derecho al aborto
No se trata de religión.
No se trata de política.
Se trata de la vida de un niño.
Triple falsedad. Se trata de religión, porque la mayoría de los que se oponen al aborto lo hacen desde una postura religiosa (sea dogmática o culturalmente), y el 100% de los que llaman al embrión o feto “niño por nacer” lo hacen siguiendo la retórica religiosa cristiana (católica o evangélica). Basta con ver las justificaciones esgrimidas y con observar de quiénes vienen.

Y se trata de política, porque este grupo surge precisamente en momentos en que un proyecto para despenalizar el aborto entra al Congreso con posibilidades ciertas de ser debatido y aprobado, o al menos de no ser consignado sumariamente a un cajón, y hay un tironeo subterráneo pero ineludible al interior de los espacios políticos del progresismo y de la derecha, desde la hasta ahora ambigua postura de la primera minoría (el partido del gobierno), hasta la posibilidad de que algún sector conservador (en lo económico o en la retórica) termine votando a favor, pasando por los reclamos de la izquierda pro-kirchnerista y anti-kirchnerista y el silencio de la presidenta, que hace tiempo ha dicho que vetaría una ley que permitiera el aborto.

Y no es verdad que se trate de la vida de un niño, porque un embrión no es un niño, y es debatible cuándo un feto puede ser considerado sujeto de derechos. Y por eso mismo el título del grupo es engañoso también; ya que no existen los derechos del “niño por nacer”. Existen los derechos del niño, y existe una valoración legal (que no una protección absoluta) sobre el ser humano en desarrollo; pero ninguna legislación equipara al no nacido con una persona humana.

¿Hay argumentos no religiosos contra el aborto? Sí. Son de naturaleza filosófica, basados en el valor intrínseco de toda vida y el valor superior de la vida humana. A mí no me resultan, pero entiendo por qué pueden funcionarles a otras personas. Hay muchos no creyentes que apoyan el derecho al aborto sólo hasta cierto límite de tiempo, más o menos estricto. Hay otros que consideran que toda vida humana es inviolable, pero en ese caso, no entiendo por qué se limitan a la vida humana. Hasta un punto bastante avanzado del desarrollo, un feto humano no es cualitativamente distinto del de cualquier otro animal. Si no creemos en una esencia platónica del Hombre o en un alma humana distinta y separada del cuerpo (metafísica o religión), ¿cómo justificamos darle derechos humanos a una colección de células que no piensa, que no siente sino sensaciones básicas, que es indistinguible —salvo por su ADN— del embrión o feto de un ser no sentiente?

(Todas las preguntas que parezcan retóricas arriba no lo son necesariamente.)

miércoles, 25 de marzo de 2009

Día del Niño por Nacer... Menem lo hizo y nadie lo deshizo

Hace exactamente diez años se celebraba en Argentina el primer "Día del Niño por Nacer", festividad creada por el entonces presidente Carlos Saúl Menem para congraciarse con el Vaticano e imponer (a una sociedad que nunca había debatido seriamente el tema del aborto) la idea de que cualquier conjunto de células que resida en un útero es un niño indefenso.

Menem, cuyo gobierno pasará a la historia como uno de los más corruptos de un país notorio por sus gobiernos corruptos, visitó al Papa Juan Pablo II seis veces; la segunda vez, rezó con él en la capilla adyacente a la biblioteca privada del monarca vaticano (un gesto "excepcional", lo llamaron entonces). Juan Pablo II también dio su bendición al indulto que Menem había otorgado a los jefes de la junta militar que secuestró, torturó y mató a miles de argentinos.

Al Papa no pareció molestarle, ni entonces ni después, que las políticas económicas del presidente estuvieran destruyendo la industria nacional y llenando el país de pobres a un ritmo acelerado, ni siquiera cuando la propia Iglesia Católica argentina lo hizo notar. Menem alineó a la Argentina con la Santa Sede en sus políticas más reaccionarias, y recibió el Gran Collar de la Orden Piana, máximo galardón pontificio.

Al Papa no le molestó tampoco que este paladín del catolicismo estuviese divorciado ni, como se supo después, que en 1968 hubiese acompañado a abortar a su ahora ex mujer, Zulema Yoma.

Cerca del final de su mandato, Menem visitó el Vaticano nuevamente. Al Papa no le pareció (que sepamos) incoherente que este hombre, que por casi diez años había trabajado forjando un país donde la mayoría de los niños eran pobres o indigentes, le viniera a proponer instituir un día dedicado a los "niños por nacer", entendiéndose por esto embriones y fetos, en la fecha correspondiente a la festividad católica de la Anunciación de la Virgen. Antes ya lo había felicitado "por su empeño en fomentar el progreso espiritual y material de la población". Argentina estaba para entonces sumida en una recesión profunda, con niveles nunca antes vistos de desempleo y pobreza, que continuaría durante el gobierno del también conservador y católico Fernando de la Rúa, y que eventualmente haría sucumbir a este último.

El nivel de compromiso de Carlos Menem con la doctrina católica sobre el valor de la familia quedó de manifiesto cuando intentó durante años evitar la prueba de ADN que finalmente lo obligó a reconocer a su hijo ilegítimo, Carlos Nair Meza; su respeto por los dictados católicos sobre la reproducción se reveló cuando en 2003, casado en segundas nupcias con Cecilia Bolocco, utilizó un método de fertilización asistida para tener un hijo, tras lo cual se divorció por segunda vez.

El Día del Niño por Nacer no queda descalificado por la calidad humana (o falta de ella) de su pergeñador, pero es interesante observar cuán poco inmaculada, cuán calculada fue su invención, cuánto de realpolitik hubo detrás, y quiénes adhieren a él hoy en día. Se trata de un día dedicado casi exclusivamente a la militancia católica contra el aborto, y quienes lo organizan y "festejan" son invariablemente los que pueden dedicar tiempo libre a esta militancia, vale decir, en su mayoría, mujeres de clase media y alta que tienen abundante información disponible sobre el control de la natalidad (aunque su religión oficialmente les prohíba su uso), y la opción de protegerse contra embarazos no deseados o de abortar (en caso de ser conveniente) en forma segura y confidencial.

No hay movilización popular por este día, porque no es una fiesta del pueblo. Se la intenta maquillar como una celebración de la vida, pero es una "fiesta" avivada desde arriba, desde los púlpitos y desde las salas vaticanas, en la que los participantes (incluso sin saberlo) dan su apoyo implícito a una política que mata. Es una muestra de fuerza y una celebración del triunfo de la política sectaria por sobre la democracia. 

Casi la mitad de los argentinos aprueban el aborto en ciertos casos especiales, y otro 30% considera que debería ser legal en cualquier circunstancia. No obstante esto, ningún proyecto sobre la despenalización del aborto o su legalización (en cualquier grado) ha sido siquiera debatido en el Congreso Nacional, y los proyectos parciales y puntuales que sí se han debatido en algunas legislaturas locales han encontrado una resistencia feroz de la dirigencia católica, que confunde sus opiniones y doctrinas con la ley universal. Para ellos no sólo está prohibido el aborto, sino incluso hablar del tema.

El gobierno de Néstor Kirchner y de su esposa, que pasan por progresistas y que han tenido escaramuzas de poder con la Iglesia, no se han movido de la postura original menemista. Y el Día del Niño por Nacer, ese invento de un católico hipócrita, corrupto y creador de pobres y de un monarca teocrático con pretensiones de dictador universal, sigue en el calendario.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Alerta 8: Día del Niño por Nacer

El 25 de marzo es el Día del Niño por Nacer, día conmemorativo que la presión de la Iglesia Católica sobre los gobiernos de un puñado de países logró hacer aprobar, con el objetivo más o menos explícito de mostrar quién tiene el poder para definir la vida y la muerte. Y hablo de presión sobre gobiernos y no de consenso de los pueblos, porque a pesar de la influencia de las ideas medievales cristianas en nuestra cultura, en la gran mayoría de los países americanos y europeos una proporción significativa de la gente aprueba el aborto en ciertas circunstancias.

El nombre del día, desde el vamos, confirma lo absurdo de la idea católica sobre la persona humana, llamando "niño" al producto de la unión de un espermatozoide y un óvulo humanos aunque no sea más que un puñado de células. La mentira de que la ciencia ha confirmado que el embrión es una persona se repite en las páginas católicas... A la ciencia, que durante tantos siglos fue sometida o suprimida por la religión, y que aun ahora es despreciada como mero complemento de la fe, se la pinta como viniendo al rescate de esta doctrina extrema, ridícula.

La ciencia puede, a lo más, decirnos cuándo el producto de la concepción comienza a tener cerebro, cuándo comienza a sentir dolor y placer, cuándo está listo para sobrevivir en el mundo exterior... No es mi propósito aquí justificar científicamente la legalización del aborto. Es posible utilizar argumentos científicos, pero en último término la discusión sobre cuándo un embrión o feto humano pasa a ser una persona con derechos es una que tenemos que plantearnos como sociedad. La Iglesia se arroga una posición superior a la del consenso social, a la de la representatividad democrática, a la de la medicina, la sociología, la psicología: todo queda supeditado a una postura inflexible y sin justificación fuera de la estructura cerrada de la doctrina católica.

Para seguir con esto, los medios católicos amontonan otras verdades a medias y falsedades, citando, por ejemplo, estudios y afirmaciones que muestran que las mujeres que abortan se suicidan más y padecen más enfermedades mentales. Esto es muy probablemente cierto, y no es sorprendente, ya que abortar va en contra de un instinto biológico básico y del lazo corporal y psicológico que toda madre crea con el embrión o feto en desarrollo. Pero el punto fundamental sigue sin tocarse: la mujer aborta porque siente que debe hacerlo, por la razón que sea. Se la debe aconsejar para que pueda decidir sin presiones externas; llamarla "asesina" no le soluciona nada, y engañarla con promesas vacías, tampoco.

Los antiabortistas usan contra las mujeres en esta difícil situación lo peor de su arsenal: insinuaciones del dolor y el horror del "bebé", imágenes gráficas de fetos ensangrentados, historias de "niños no nacidos" triturados, extraídos del útero y arrojados a la basura, testimonios de mujeres desesperadas porque se arrepintieron de abortar y viven con el estigma del "infanticidio"... Por otro lado estos mismos antiabortistas, en tono cariñoso, le aseguran que el bebé puede ser dado en adopción, o la instan al sacrificio (ah, cómo les gusta esta palabra), el sacrificio de quitarse la comida de la boca, perder las oportunidades de educación, trabajo y autorrealización, perder a su pareja, cargar a su familia extendida con la obligación de cuidar a un niño... y le hacen creer que este sacrificio es loable y deseable a los ojos de Dios.

Con esta confusión, con esta tortura, ¿cómo no van a sufrir las mentes de esas mujeres? Los antiabortistas se llaman a sí mismos "pro-vida" pero nunca se ocupan de que esa "vida" sea una buena vida. Y nos llaman a los que nos oponemos a ellos (con cualquier matiz) "abortistas", "anti-vida", miembros de la "cultura de la muerte", como si nos encantara que tantas mujeres aborten, como si fuéramos matando niños por ahí. Ni hablar de que la mayoría de los abortos se evitaría si las mujeres tuvieran acceso a educación sexual y anticonceptivos, en vez de ser presa de gobiernos aliados a la Santa Sede y de sus servidores de hábito.

Sin más, entre los países que adhieren al Día del Niño por Nacer está Argentina, que lo adoptó de la mano de Carlos Menem, aquél que recibió una condecoración del Papa Juan Pablo II por su alineamiento automático con las políticas más reaccionarias del Vaticano, mientras en nuestro país millones de niños (de verdad, no virtuales niños "no nacidos") pasaban hambre gracias a sus políticas neoliberales, sin que nadie los asistiera más que con limosnas. Menem nos colocó en los foros internacionales sobre población, control de natalidad y procreación responsable al lado de los países más religiosamente retrógrados del planeta. Fernando de la Rúa (católico conservador) continuó por ese mismo camino. Eduardo Duhalde, flanqueado por su influyente esposa, una fanática católica, lo mismo. La pareja Kirchner se ha limitado a pelearse con la Iglesia por cuestiones menores, mientras aseguran que nunca, jamás, van a dejar que se legalice el aborto en Argentina, porque ellos creen que no está bien. Más claro imposible: a nuestros representantes no les importa lo que pensamos, sino lo que ellos personalmente creen.