Como cada año, el gobernante supremo de Argentina (actualmente la presidenta Cristina Fernández de Kirchner) asistirá hoy a un Te Deum para dar gracias a Dios junto con (en representación de) todo el pueblo por la emancipación de nuestro país de (parte del) yugo colonial español, que ocurrió formalmente el 25 de mayo hace 202 años. Digo formalmente porque en realidad lo que pasó ese día fue una proclama de un grupo de patricios en la ciudad de Buenos Aires que deseaban gobernar ellos en lugar de ser gobernados por un virrey designado en España, y de esta “noticia” las provincias se enteraron días o semanas después.
El Te Deum es uno de los primeros himnos cristianos. No es un himno de acción de gracias sino de alabanza y sometimiento a Dios. La ceremonia político-religiosa que llamamos Te Deum debe mucho a este himno; tradicionalmente presidida por el obispo local, éste agradece a Dios por lo que consiguieron los hombres, y a renglón seguido pasa a criticar desde su púlpito, como representante de Dios en la Tierra, a las autoridades seculares que tiene enfrente, pasando lista a sus faltas. Este último punto comenzó a verse con regularidad con la vuelta de la democracia; antes de eso la Iglesia Católica se cuidaba muy bien de extremar las críticas a la dictadura militar, aunque cada tanto manifestara soto voce alguna objeción al genocidio perpetrado diariamente por orden de los mismos que luego pasarían a comulgar, arrodillados con sumisa mirada frente al jerarca religioso.
El presidente Carlos Menem, del cual poco bueno puede decirse, soportó con disimulado malhumor las críticas del arzobispo de Buenos Aires cada 25 de mayo durante los diez años que pasó en el poder. Néstor Kirchner no era tan paciente con aquellos a quienes no podía contestarles, y después de una mala experiencia decidió “federalizar” el Te Deum, haciéndose recibir (salvo en 2006) por obispos de otras diócesis, menos políticos o más amigables, con el pretexto de que no era justo que la ceremonia se hiciera siempre en Buenos Aires. Cristina Fernández, su viuda, continuó con la tradición. En la primera oportunidad, en 2008, se anunció que no habría Te Deum (o mejor dicho, que la presidenta no iría a un Te Deum) y que en su lugar se haría una “ceremonia multirreligiosa”. Poco después esta mínima concesión a la laicidad de estado se volvió atrás y Cristina terminó asistiendo a un Te Deum tradicional en la catedral de Salta, donde el jerarca al mando de dicho feudo católico dio lugar a unas palabras de parte de tres pastores cristianos de diferentes denominaciones y uno judío.
En 2009 el Te Deum se celebró en Puerto Iguazú, Misiones, y el de 2010, año del Bicentenario, en Luján, provincia de Buenos Aires (en Luján es donde reside una estatua de la Virgen que supuestamente decidió quedarse allí milagrosamente cuando la transportaban en una carreta; la Virgen de Luján es hoy la patrona de Argentina y el Estado ha pagado para colocar carteles con su imagen a lo largo de todas las rutas nacionales del país). En 2011 Cristina hizo celebrar el Te Deum oficial en Resistencia, Chaco. En aquella oportunidad la Coalición Argentina para un Estado Laico (CAEL) le envió una carta abierta, que reproduje, pidiéndole que desistiera de participar en una ceremonia que no puede ser menos que sectaria y divisiva. No hace falta decir que Cristina no recibió el mensaje.
Este año Cristina asistirá al Te Deum en Bariloche, en la patagónica provincia de Río Negro, con la novedad de que por primera vez participará en el acto un obispo metodista, junto con los demás miembros de religiones minoritarias, incluyendo un representante del pueblo mapuche, a los cuales la Iglesia Católica les permitirá brevemente el uso de la palabra. (La CAEL envió este año una segunda carta abierta a la presidenta pidiéndole que desista.) Según el diario oficialista Tiempo Argentino, este Te Deum será “un termómetro para la relación entre el gobierno y la Iglesia”, afectada por la proximidad de una reforma del Código Civil que incorporaría, por ejemplo, un reconocimiento a nuevas formas de familia. El autor del artículo, Martín Piqué, señala que “implica un límite a la separación entre Iglesia y Estado que debería caracterizar a la democracia liberal”. Resulta esto algo curioso dado que entre los kirchneristas, “liberal” no es un término elogioso; la tradición liberal argentina de fines del siglo XIX se fue perdiendo con el auge del fascismo y el nacionalismo a partir de los años 1920 y recibió su golpe de muerte con el peronismo.
Mostrando entradas con la etiqueta cristina fernández de kirchner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cristina fernández de kirchner. Mostrar todas las entradas
viernes, 25 de mayo de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Podcast, ep. 20: Salta, Buenos Aires, el Código Civil y la Corte Suprema
*Postdata: A última hora, Urtubey aceptó el aborto no punible pero desvirtuando totalmente el fallo de la Corte. Lo único bueno que se puede decir de él es que es un hipócrita y no un fanático.
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Pablo
a las
11:31
0
comentarios
Etiquetas:
aborto,
cristina fernández de kirchner,
cynthia hotton,
iglesia católica,
juan manuel urtubey,
laicidad,
ley,
oscurantismo,
podcast,
provincia de buenos aires,
provincia de salta
lunes, 21 de noviembre de 2011
Capitanich, en nombre de Dios
Pocas cosas hay más desagradables en un líder que asumir que sus ideas son compartidas acríticamente por todos quienes lo escuchan. Si se trata de un político electo la falta es aún peor, ya que debe saber que lo han votado una variedad de personas y que su posición no es la de un predicador ante su rebaño sino la de un administrador de la diversidad de las necesidades y anhelos humanos. Jorge Capitanich, gobernador de la provincia argentina del Chaco, no consideró prudente atenerse a estos principios de sentido común y sí, en cambio, decidió hacer explícita su incapacidad dando un discurso donde reniega de los proyectos legislativos sobre el derecho al aborto con base en su religión —es decir, en su ideología personal— pero utilizando lo que casi podría oírse como un plural mayestático: “Nosotros, como creyentes…”.
(Hay una transcripción del discurso si desean leerlo en vez de escucharlo.) Poco me importan a mí las creencias de Capitanich, y estoy seguro de que a muchos de sus votantes tampoco, al menos no hasta el punto de resultar necesario enfatizarlas en un discurso. (Es probable que si Capitanich hubiera anunciado en su campaña que es un ateo anticlerical militante hubiera sacado algunos votos menos, pero no definitorios. El gobernador no fue reelegido por sus ideas ni por méritos individuales, ni siquiera por su adhesión a la moral religiosa.) Sí debería importar la exclusión implícita de los no creyentes y el obvio conflicto de intereses entre los gobernados por Capitanich y aquellos a quienes realmente se dirigió el discurso. Porque es ingenuo pensar que Capitanich necesita asegurar a los ciudadanos que no va a apoyar el aborto. Chaco no define el debate nacional; los diputados y senadores que responden a Capitanich son pocos; el debate apenas empezó y ya se interrumpió. El mensaje de Capitanich está dirigido más bien a sus jefes de la Iglesia Católica y a los referentes religiosos antiderechos en general, no al pueblo de Chaco, al cual poco le pueden interesar las disquisiciones metafísicas del gobernador habiendo tantos problemas más urgentes que resolver.
No es la primera vez que Capitanich pone su catolicismo recalcitrante y genuflexo por delante de sus deberes como funcionario. Hizo lo mismo en noviembre de 2009, apenas comenzado el debate por el matrimonio igualitario, aunque aquella vez tuvo aunque sea el recato de esperar a que una movilización “espontánea” de ciudadanos le entregara un petitorio “en defensa de la familia” (es decir, anti-gay). Esto ya es historia antigua, igual que los rumores que por un tiempo corrieron sobre la supuesta candidatura a vicepresidente de este felpudo episcopal, que afortunadamente no llegó a concretarse.
En Página/12 hay una nota bastante buena (Ateos, abstenerse) sobre el tema, que vale la pena leer porque concluye con lo obvio que casi nadie quiere decir con claridad: que no se puede hablar racionalmente de Dios en el ejercicio de la política. Le falta, para ser muy buena, mencionar que tal irracionalidad no es en modo alguno patrimonio exclusivo de Jorge Capitanich dentro del movimiento kirchnerista, hoy mayoritario. Del otro lamesotanas mencionado allí, Juan Manuel Urtubey, he escrito sin nombrarlo al mencionar la implantación de la indoctrinación religiosa en las escuelas públicas de la provincia que gobierna. La cronista, Nora Veiras, le reprocha a Capitanich haber falseado el discurso de Cristina Kirchner sobre la extensión de la Asignación Universal por Hijo a las embarazadas desde el fin del primer trimestre de gestación, pero esa única mención del kirchnerismo es defensiva en vez de crítica. Deja afuera a la presidenta, que hace pocos días recibió formalmente al jefe de los obispos católicos y le confirmó que ella está, como siempre ha estado, en contra del derecho de las mujeres a decidir sobre su reproducción. Si no hay señales positivas hacia la laicidad desde ese nivel, hoy fortalecido por un caudal de votos y de aprobación social inéditos, ¿qué se puede esperar de personajes de la calaña de Urtubey o Capitanich, cómodamente atrincherados en sus feudos?
(Hay una transcripción del discurso si desean leerlo en vez de escucharlo.) Poco me importan a mí las creencias de Capitanich, y estoy seguro de que a muchos de sus votantes tampoco, al menos no hasta el punto de resultar necesario enfatizarlas en un discurso. (Es probable que si Capitanich hubiera anunciado en su campaña que es un ateo anticlerical militante hubiera sacado algunos votos menos, pero no definitorios. El gobernador no fue reelegido por sus ideas ni por méritos individuales, ni siquiera por su adhesión a la moral religiosa.) Sí debería importar la exclusión implícita de los no creyentes y el obvio conflicto de intereses entre los gobernados por Capitanich y aquellos a quienes realmente se dirigió el discurso. Porque es ingenuo pensar que Capitanich necesita asegurar a los ciudadanos que no va a apoyar el aborto. Chaco no define el debate nacional; los diputados y senadores que responden a Capitanich son pocos; el debate apenas empezó y ya se interrumpió. El mensaje de Capitanich está dirigido más bien a sus jefes de la Iglesia Católica y a los referentes religiosos antiderechos en general, no al pueblo de Chaco, al cual poco le pueden interesar las disquisiciones metafísicas del gobernador habiendo tantos problemas más urgentes que resolver.
No es la primera vez que Capitanich pone su catolicismo recalcitrante y genuflexo por delante de sus deberes como funcionario. Hizo lo mismo en noviembre de 2009, apenas comenzado el debate por el matrimonio igualitario, aunque aquella vez tuvo aunque sea el recato de esperar a que una movilización “espontánea” de ciudadanos le entregara un petitorio “en defensa de la familia” (es decir, anti-gay). Esto ya es historia antigua, igual que los rumores que por un tiempo corrieron sobre la supuesta candidatura a vicepresidente de este felpudo episcopal, que afortunadamente no llegó a concretarse.
En Página/12 hay una nota bastante buena (Ateos, abstenerse) sobre el tema, que vale la pena leer porque concluye con lo obvio que casi nadie quiere decir con claridad: que no se puede hablar racionalmente de Dios en el ejercicio de la política. Le falta, para ser muy buena, mencionar que tal irracionalidad no es en modo alguno patrimonio exclusivo de Jorge Capitanich dentro del movimiento kirchnerista, hoy mayoritario. Del otro lamesotanas mencionado allí, Juan Manuel Urtubey, he escrito sin nombrarlo al mencionar la implantación de la indoctrinación religiosa en las escuelas públicas de la provincia que gobierna. La cronista, Nora Veiras, le reprocha a Capitanich haber falseado el discurso de Cristina Kirchner sobre la extensión de la Asignación Universal por Hijo a las embarazadas desde el fin del primer trimestre de gestación, pero esa única mención del kirchnerismo es defensiva en vez de crítica. Deja afuera a la presidenta, que hace pocos días recibió formalmente al jefe de los obispos católicos y le confirmó que ella está, como siempre ha estado, en contra del derecho de las mujeres a decidir sobre su reproducción. Si no hay señales positivas hacia la laicidad desde ese nivel, hoy fortalecido por un caudal de votos y de aprobación social inéditos, ¿qué se puede esperar de personajes de la calaña de Urtubey o Capitanich, cómodamente atrincherados en sus feudos?
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Pablo
a las
18:00
3
comentarios
Etiquetas:
aborto,
argentina,
cristina fernández de kirchner,
iglesia católica,
jorge capitanich,
laicidad,
ley,
provincia de chaco,
relación iglesia-estado
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Bienvenido, monseñor Arancedo
El arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, fue nombrado presidente de la Conferencia Episcopal Argentina hace unos días, luego del retiro del cardenal Jorge Bergoglio. Poco debería importarnos esta noticia si no fuera porque este nombramiento exclusivamente interno a la Iglesia Católica (y ni siquiera de gran importancia dentro de la misma, excepto en el nivel político) transformó a Arancedo en el vocero de las opiniones de la corporación religiosa más grande del país y la única que es, según como se la mire, parte del Estado.
Una de las primeras tareas de Arancedo en su nuevo puesto, entonces, fue responder a la invitación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a la Casa Rosada para... bien, no sabemos muy bien para qué. Recibido Arancedo con las mismas formalidades, supongo, que otros líderes corporativos (sindicalistas o empresarios), habrá habido el habitual intercambio de frases hechas, y luego Arancedo habrá quizá puesto sobre la mesa el tema que ocupa la mayor parte de los afanes de la Iglesia hoy, vale decir, asegurarse que las mujeres continúen reproduciéndose sin control mientras les sea físicamente posible. Arancedo salió satisfecho de su entrevista, proclamando que la presidenta le manifestó su total oposición a las iniciativas legislativas abortistas que han pasado recientemente por el Congreso, refrendando sus dichos de otros tiempos.
![]() |
| José María Arancedo y Cristina Fernández de Kirchner |
"La Presidenta, como mujer, me comunicó su posición contraria a la aprobación del proyecto de ley de despenalización del aborto", señaló el Prelado según la agencia AICA, al comentar la reciente visita de la Comisión Ejecutiva de la CEA a la mandataria.Cristina Fernández de Kirchner tiene ciertamente defectos, pero decir lo que no desea decir no parece ser uno de ellos, por lo que suponemos que Arancedo preguntó sabiendo lo que iban a responderle, y la respuesta fue totalmente libre. Esto no debería dar lugar a la desesperanza total entre los seguidores de Cristina que además son pro-derechos reproductivos (una intersección de tamaño considerable, al menos según mi impresión, pero no claramente en mayoría), pero espero haga reflexionar a todos sobre el grado de cambio revolucionario que el kirchnerismo está dispuesto a producir en las relaciones entre el estado y las corporaciones. Si la visita de Arancedo y su triunfal salida son indicadores de algo, es de que ese cambio no va a llegar, en este caso particularmente desagradable de injerencia corporativa, muy lejos que digamos.
Estas declaraciones fueron ratificadas por Mons. Arancedo al diario El Litoral el 14 de noviembre. "La Presidenta es clara en que no es una mujer pro-aborto. Al contrario, es una mujer pro-vida, como actitud. Es un tema que presenta dificultades, pero la postura de ella ha sido clara", señaló el Prelado.
martes, 8 de noviembre de 2011
Debate abortado sobre el aborto
![]() |
| Dip. Cecilia Merchán |
El pretérito imperfecto es lamentablemente correcto porque el proyecto de Merchán está casi efectivamente muerto, al menos hasta el año que viene. El dictamen emitido no contaba con las firmas necesarias y tras el entusiasmo inicial debió aceptarse que es inválido. Las otras dos comisiones que deben tratar el proyecto están presididas por antiabortistas que ya han manifestado que no les interesa debatir. Y a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que está según sus propias palabras “en contra del aborto”, tampoco le interesa promover el debate y no lo tiene en la agenda legislativa de su partido.
![]() |
| Niños etiquetados pro-vida. |
Estos argumentos no tocan el fondo de la cuestión tal como la plantean los creyentes antiabortistas. La defensa de la igualdad social no pasa por hacer legales para los pobres los delitos que los ricos cometen amparados en su dinero. Si el aborto es un crimen, hay que argumentar planteando que no lo es porque no tiene víctimas, no que no debe serlo “porque todo el mundo lo hace”. Que la mujer (o el hombre, para el caso) tiene derecho a disponer de su propio cuerpo parece una obviedad, pero de ese punto se desprenden dos debates distintos que no se han dado, que yo sepa, a nivel público y en los medios:
- ¿Somos dueños de hacer lo que queramos con nuestro propio cuerpo?
- ¿Es un embrión o un feto, antes de ser viable fuera del útero, parte del cuerpo de la mujer?
Con respecto al asunto del embrión o feto, el consenso social es que definitivamente no es parte del cuerpo de la mujer; se lo llama “el bebé”, se lo nombra, a partir de cierto momento se conoce su sexo y su estado de salud. En esto hay cierto sentido común, sobre el que la doctrina cristiana se monta para insistir con que incluso un óvulo fecundado sin implantar no sólo no es parte del cuerpo de la mujer sino una persona. Sin llegar a tanto, a nivel meramente biológico hay razón para hablar realmente de otro cuerpo. Que dependa de la mujer para subsistir, que sea un parásito, es irrelevante. Es un argumento pobre y no entiendo por qué se lo sigue empleando.
![]() |
| Embriones de mamíferos (sólo uno es humano). |
miércoles, 26 de octubre de 2011
Podcast, ep. 15: Elecciones, la continuidad y el no-debate de temas importantes
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Pablo
a las
8:00
4
comentarios
Etiquetas:
aborto,
argentina,
cristina fernández de kirchner,
héctor aguer,
iglesia católica,
laicidad,
ley,
matrimonio homosexual,
podcast,
política,
relación iglesia-estado
martes, 24 de mayo de 2011
La presidenta no tiene nada que hacer en un Te Deum
Carta abierta a la Señora Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández
De nuestra mayor consideración:
Por medios periodísticos se ha informado que el próximo 25 de mayo, en ocasión de la conmemoración del aniversario número doscientos uno de la Revolución de Mayo, participará en su carácter de Jefa de Estado del Te Deum que se celebrará en la Catedral de Resistencia, Provincia de Chaco. Creemos que existen contundentes razones para pedirle que no lo haga, y comience así, con un gesto simbólico, el camino hacia un Estado argentino laico, respetuoso de la libertad de conciencia de sus ciudadanas y ciudadanos.
En primer lugar, pedimos que no sea visto esto como una afrenta a sus más íntimas convicciones religiosas o elecciones de conciencia: simplemente, entendemos que con su concurrencia a la celebración de un credo particular en su carácter de jefa del estado argentino atenta contra la libertad de conciencia de los millones de argentinos y argentinas que no profesan el culto católico apostólico romano, ya sea porque eligen otros cultos o porque deciden no profesar ninguno. Nada tenemos que decir sobre su participación en actos de este tipo con carácter privado. Vale aclarar que los alcances del mandato del art. 2 de nuestra Constitución Nacional fueron debidamente aclarados por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia y otros tribunales, así como por los estudios de destacados constitucionalistas; de ninguna manera surge que el jefe o la jefa de estado tenga obligación alguna de participar de estos actos, ni que tales celebraciones religiosas deban tener carácter público.
Por el contrario, el dar carácter público a actos religiosos de un credo o sistema de creencias específico solo amplía la situación de discriminación a otros sectores religiosos, como así también a no creyentes o a quienes adhieren a otros sistemas de creencias no encuadrados dentro del ámbito de las religiones. Esto aún cuando se permita la participación de ministros de algunos otros cultos, puesto que en tal situación las personas no creyentes no se verían representadas en su carácter de ciudadanas y ciudadanos en este acto, así como también quienes pertenecen a religiones diferentes a la católica continuarían siendo tratadas en inferioridad de condiciones. En ese sentido, el carácter pretendidamente ecuménico de estos actos no hace más que encubrir la injusta situación vigente en lo relativo a la libertad de conciencia.
Más allá de este amplio marco de observaciones generales, que creemos deberían ser tenidos en cuenta para todos los actos públicos, no podemos dejar de considerar el contrasentido que representa la celebración de la Revolución de Mayo en el ámbito de la Iglesia Católica Apostólica Romana, habiendo sido precisamente esta institución, en acuerdo con la Corona Española, el principal obstáculo a los movimientos revolucionarios de América.
Los Papas Pío VII y León XII condenaron la Revolución Americana en sendas Bulas, en las que se referían a nuestros próceres como «langostas devastadoras de un tenebroso pozo», y se referían a los gobiernos que se estaban formando como «esas Juntas que se forman en la lobreguez de las tinieblas, de las cuales no dudamos en afirmar con San León Papa, que se concretan en ellas, como en una inmunda sentina, cuanto hay y ha habido de más sacrílego y blasfemo en todas las sectas heréticas».
Sin duda alguna, la perspectiva histórica hará que tanto el Estado Vaticano como el Reino de España saluden hoy en día la libertad de los pueblos americanos. Pero en cualquier caso, conmemorar en representación de todas y todos los argentinos aquellas jornadas históricas en el ámbito de la iglesia católica resulta casi tan contradictorio como lo sería hacerlo en la Embajada de España.
Entendemos que el peso de la tradición puede opacar a veces nuestra visión de esta cada día más democratizante realidad social, pero confiamos en que la reflexión sincera la llevará a tomar la mejor decisión.
Esperamos que este sea un hito en el largo camino que debemos seguir para alcanzar un estado realmente laico.
Quedamos a su entera disposición y sin otro particular la saludamos muy atte.,
CAEL — Coalición Argentina por un Estado Laico
www.coalicionlaica.org.ar
www.facebook.com/estadolaico
viernes, 4 de marzo de 2011
Qué hacer por las mujeres argentinas (A227b)
Escribo esto como una postdata a mi post anterior sobre la extensión de la Asignación Universal por Hijo a las mujeres embarazadas a partir de la 12ª semana, que la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner anunció en su discurso inaugural de las sesiones del Congreso. Allí hablaba de la interpretación, falaz pero no del todo desorientada, que del discurso en cuestión hizo un activista católico, en el sentido de que esa extensión de derechos de los niños a los fetos era una aceptación implícita de la visión católica sobre la vida humana.
Dado que Cristina es meticulosa en sus discursos y que se refirió a las mujeres como “compañeras de género”, es interesante notar cuáles son los grandes temas ausentes para el género femenino. La presidenta habló de la mortalidad materna y curiosamente salió enseguida al cruce de la cuestión obvia:
Aquí hemos hablado con frecuencia de la educación sexual. En Argentina los avances han sido lentos y verdaderamente no se puede decir que el Estado haya hecho bien las cosas. Cada provincia hace lo que le parece con el tema. Los maestros nunca son capacitados, o son capacitados con materiales deficientes. La Iglesia presiona para sacar de los programas escolares los contenidos de educación sexual (el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, prácticamente ha hecho carrera denunciando e instando a los padres a protestar contra la educación sexual laica). Las escuelas confesionales cumplen con el mínimo absoluto de los contenidos, y luego los sepultan bajo una asignatura de moral o religión que los anula, o bien utilizan (con permiso del gobierno local) materiales absolutamente propagandísticos y anticientíficos elaborados por editoriales religiosas. En 2006 se aprobó con bombos y platillos una Ley de Educación Sexual, pero con plazo de aplicación a cuatro años (es decir, el año pasado), aún sin novedades. En algunos lugares la falta de esta educación de primordial importancia se puede atribuir a la interferencia de los sectores conservadores; en otros no cabe más que la mera desidia.
Si la presidenta desea proteger a las mujeres y a sus familias de la inequidad de género y de la injusticia, lo mejor que puede hacer es darle nuevo impulso a una ley que mande educar a las niñas y jóvenes para que sepan elegir su maternidad. Y para eso no cabe otra alternativa que enfrentar a la Iglesia Católica y atacar el catolicismo cultural, que idealizan la abnegación materna y promueven la maternidad como máxima aspiración de toda mujer. Está ampliamente comprobado en todo el mundo que, cuando las mujeres se educan, tienden a tener hijos más tarde, en menor cantidad y más espaciados, y que esto a su vez les permite seguir educándose, trabajar y progresar. Darles dinero a mujeres pobres e ignorantes cuando ya están embarazadas, y prometerles más cuando —gracias a un Estado ausente de su educación— sigan teniendo más y más hijos, es sólo un paliativo.
Dado que Cristina es meticulosa en sus discursos y que se refirió a las mujeres como “compañeras de género”, es interesante notar cuáles son los grandes temas ausentes para el género femenino. La presidenta habló de la mortalidad materna y curiosamente salió enseguida al cruce de la cuestión obvia:
Cuando hablamos de la evolución de la mortalidad materna, tiene que ver siempre con la inequidad de género pero fundamentalmente con la injusticia social, fundamentalmente con la injusticia social, seas hombre o mujer, o te morís enferma por una cosa o se muere el hombre enfermo, pero la injusticia social sigue siendo el gran separador y el gran negador de derechos en la República Argentina.La mortalidad materna no es la mortalidad de las mujeres que son madres. Según la OMS, una muerte materna es “la muerte de una mujer durante su embarazo, parto, o dentro de los 42 días después de su terminación, por cualquier causa relacionada o agravada por el embarazo, parto o puerperio o su manejo, pero no por causas accidentales”, por lo cual el comentario de Cristina es inexacto. Las madres argentinas sí mueren por inequidad de género, porque son ellas las que se quedan embarazadas y las que recurren al aborto ilegal en condiciones inseguras; y esto no es sólo desde lo biológico: la mujer enfrenta inequidad en la atención médica y ante la sociedad porque nuestra cultura carga toda la responsabilidad del embarazo sobre ella. Las complicaciones de abortos inseguros son la mayor causa de mortalidad materna en Argentina. Y la causa previa al aborto inseguro es el desconocimiento de cómo prevenir el embarazo o la incapacidad cultural de negarse a la relación sexual. El gran ausente del mensaje de Cristina a sus compañeras de género es la educación sexual.
Aquí hemos hablado con frecuencia de la educación sexual. En Argentina los avances han sido lentos y verdaderamente no se puede decir que el Estado haya hecho bien las cosas. Cada provincia hace lo que le parece con el tema. Los maestros nunca son capacitados, o son capacitados con materiales deficientes. La Iglesia presiona para sacar de los programas escolares los contenidos de educación sexual (el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, prácticamente ha hecho carrera denunciando e instando a los padres a protestar contra la educación sexual laica). Las escuelas confesionales cumplen con el mínimo absoluto de los contenidos, y luego los sepultan bajo una asignatura de moral o religión que los anula, o bien utilizan (con permiso del gobierno local) materiales absolutamente propagandísticos y anticientíficos elaborados por editoriales religiosas. En 2006 se aprobó con bombos y platillos una Ley de Educación Sexual, pero con plazo de aplicación a cuatro años (es decir, el año pasado), aún sin novedades. En algunos lugares la falta de esta educación de primordial importancia se puede atribuir a la interferencia de los sectores conservadores; en otros no cabe más que la mera desidia.
Si la presidenta desea proteger a las mujeres y a sus familias de la inequidad de género y de la injusticia, lo mejor que puede hacer es darle nuevo impulso a una ley que mande educar a las niñas y jóvenes para que sepan elegir su maternidad. Y para eso no cabe otra alternativa que enfrentar a la Iglesia Católica y atacar el catolicismo cultural, que idealizan la abnegación materna y promueven la maternidad como máxima aspiración de toda mujer. Está ampliamente comprobado en todo el mundo que, cuando las mujeres se educan, tienden a tener hijos más tarde, en menor cantidad y más espaciados, y que esto a su vez les permite seguir educándose, trabajar y progresar. Darles dinero a mujeres pobres e ignorantes cuando ya están embarazadas, y prometerles más cuando —gracias a un Estado ausente de su educación— sigan teniendo más y más hijos, es sólo un paliativo.
¿Asignación por hijo no nacido? (A227)
![]() |
| Guillermo Cartasso |
Escuchando la parte relevante del video del discurso, no parece que Cartasso pueda honestamente decir que “la Presidenta de la Nación [extiende] la asignación universal por hijo a las embarazadas […] porque reconoce que la vida humana empieza desde la concepción”, ni mucho menos que con el anuncio “se da por tierra la pretensión de aprobar el aborto”. (De Cartasso, por otra parte, no vamos a esperar honestidad ni coherencia. Es el mismo que hace unos meses dijo que los católicos son una minoría discriminada… porque no les dejan negarse a reconocer el derecho legal de dos personas del mismo sexo a casarse.)
![]() |
| Cristina Fernández de Kirchner |
Cristina de Kirchner es bien conocida por citar cifras y estadísticas profusas y contundentes en sus discursos. Aquí sin embargo habla de las cifras de mortalidad materna en forma confusa y contradice las estimaciones que hablan de las complicaciones de abortos inseguros como la mayor causa de muerte materna. Estas estimaciones han sido utilizadas frecuentemente, no sólo por activistas en favor del derecho al aborto, sino por legisladores del mismo partido oficialista y por el mismo Ministerio de Salud, aunque no tanto desde que Cristina nombró ministro a Juan Luis Manzur, un médico conservador y según parece miembro del Opus Dei (el mismo que en julio de 2010 protagonizó el fiasco de la Guía de Abortos No Punibles).
Hay otro tramo del discurso que Cartasso no mencionó y que resulta (a mí y a otros) bastante significativo. La presidenta habla de la necesidad de una nueva ley de adopción:
[N]ecesitamos un instrumento que proteja el interés de los menores y que evite que las familias desesperadas por tener un hijo terminen cometiendo actos ilegales y beneficiando maniobras ilegales porque no pueden acceder al derecho de la maternidad o de la paternidad.Aquí el tema del aborto brilla, justamente, por su ausencia en un punto donde debería estar. Las compraventas de niños y las adopciones ilegales son un problema grave, pero si tenemos que pensar en mujeres o familias impulsadas a la ilegalidad por culpa de una ley restrictiva, el primerísimo tema es el del aborto, no el de la adopción ilegal. Por lo demás, el pedido de una ley de adopción más ágil fue una de las iniciativas con que la derecha intentó, durante el debate por el matrimonio igualitario, desviar la atención: se decía que, antes que las parejas homosexuales, había muchas parejas heterosexuales (normales) que podrían y querrían adoptar niños, si la ley no fuera tan burocrática, y que la ley actual daba privilegios a las parejas homosexuales porque no tenían que demostrar su infertilidad.
El asunto de facilitar la adopción también surge, aquí y en otras partes del mundo, cada vez que se intenta hablar de aborto: la idea es que el Estado debe fomentar que las mujeres embarazadas no aborten sino que lleven su embarazo a término (aunque eso les ocasione graves problemas físicos, psíquicos o económicos) y luego den su hijo en adopción. Y que la presidenta de un gobierno que ha hecho mucho para que se juzgue la apropiación y adopción ilegal de bebés durante la última dictadura ignore ligeramente todo esto es llamativo, más cuando pareciera que está justificando los “actos ilegales”. El tráfico de bebés (que, dicho sea de paso, sigue vivo y bien en las provincias más pobres de Argentina) no es causado ni puede ser justificado por una ley de adopción burocrática, sino que surge de personas inmorales sin escrúpulos, sean traficantes, políticos, policías y jueces corruptos, o personas “desesperadas” por ejercer su “derecho a la paternidad”.
Las distorsiones y exageraciones de parásitos clericales como Cartasso pueden existir debido a la ambigüedad sobre el tema del aborto de muchos políticos que están en el poder, de los cuales la presidenta es la más importante en este momento, aunque no la única. Está muy por debajo de la investidura presidencial molestarse en aclararle a un ciudadano que la presidenta no dijo lo que obviamente no dijo, y en todo caso no cabe esperar de ningún político, en un año electoral, definiciones tajantes sobre ningún tema controvertido que pueda quitarle votos. Pero en algún momento esas definiciones deben llegar. Seguimos a la espera.
P.D.: este artículo continúa en Qué hacer por las mujeres argentinas.
Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir en XCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
Publicado por
Pablo
a las
8:29
10
comentarios
Etiquetas:
aborto,
argentina,
cristina fernández de kirchner,
iglesia católica
jueves, 2 de diciembre de 2010
Un regalito para la Iglesia (A215)
![]() |
| Foto: Luis Argerich |
Tenía la vaga idea de que la Basílica de Luján era propiedad estatal usufructuada por la Iglesia: injusto, pero nada raro. Tenía también la idea de que el estado nacional había estado gastado cierta cantidad de dinero en restaurarla: lo esperable. Pero no sabía que se habían gastado 86 millones de pesos (unos 15 millones de euros o más de 21 millones de dólares) desde 2003, y la verdad, no tenía idea de que tuvieran pensado gastar aún más para luego regalarle el edificio restaurado a la Iglesia. Eso me demostró que he estado distraído, puesto que la presidenta Cristina Fernández (entonces aún no viuda) de Kirchner había inaugurado con un divagante discurso y una multitud de seguidores presentes las obras de la segunda etapa de la restauración, en marzo de este año. La verdad, no miro televisión y no sigo las apariciones públicas de la presidenta (como tampoco las de los miembros de la oposición, con escasísimas excepciones); eso me evita caer en la desesperación y arrojarle cosas al aparato. He aquí el discurso que Cristina dio el 30 de marzo de 2010 en Luján.
Se trata de uno de esos casos en que uno debería poder terminar escribiendo “Sin comentarios” pero claramente no debe hacerlo: en este caso particular, porque la presidenta (como vimos) tiene una cantidad de seguidores absolutamente desprovistos de espíritu crítico que sí necesitan escuchar esos comentarios. Desmenucemos el discurso:
- “Eminencia Reverendísima”: más allá del protocolo, ¿no les suena medieval, además de rastrero e impropio del primer magistrado de una nación moderna, dirigirse a un funcionario con tales títulos? Eminencia es equivalente a Alteza, título de reyes; reverendo es aquello que demanda reverencia, sumisión, una demostración de inferioridad. Bastante ya con que les pagamos los sueldos a estos parásitos, con que además tengamos que dirigirnos a ellos como si fueran nobles.
- La Virgen de Luján es “la patrona de todos los argentinos”. ¿Qué significa eso? Que los argentinos estamos encomendados por el gobierno a la protección de un ser mitológico cuyas características más distintivas incluyen el hecho de haber parido un hijo sin tener relaciones sexuales y haber subido volando al cielo al morir. Los argentinos no católicos también tenemos esa patrona, la queramos o no.
- Todo el asunto de las “señales” es patético y pedestre, tanto en forma como en contenido, y especialmente lamentable en boca de una persona a la que ni siquiera sus enemigos más enconados solían negarle una retórica envidiable, precisa y filosa. La anécdota familiar termina de sepultar lo poco de serio que tenía el asunto.
- “La fe, aun en aquellos que no la tengan, siempre merece respeto.” Ya que la presidenta habla por todos los argentinos, bien podría yo también arrogarme el derecho de hablar por los no creyentes y decir: no todos creemos que la fe es respetable. La fe es renunciar a pensar. La fe es confiar ciegamente en instituciones y personas que no merecen la más mínima confianza. La fe es reducirse voluntariamente al nivel mental de un niño. Que un obispo defienda lo que le da de comer, vaya y pase, pero que la presidenta de un país laico pontifique sobre la fe es inadmisible.
- La Basílica de Luján no es un lugar “de mucha paz, de mucho amor para todos los argentinos”. Es un centro de peregrinación utilizado por una religión oscurantista cuyos líderes se han opuesto a todos los avances en derechos civiles que se han logrado desde que somos nación y han apoyado a los dictadores y sus muchos colaboradores que todavía hoy están siendo juzgados. Es un símbolo de la rendición de un pueblo pobre e ignorante a la superstición, fomentada por obispos y por presidentes a la par. La fe popular no está separada de la Iglesia, sino que es resultado directa de la influencia continuada de ésta.
Está muy fuera de mi alcance hacer un análisis sociológico de los argentinos, de cómo nuestra “fe” en nosotros mismos parece siempre oscilar entre el triunfalismo irrealista y el fatalismo cínico, contra un fondo de fe religiosa patriótica, nacionalista, profundamente provinciana, profundamente tonta. No soy un simpatizante de la presidenta, pero hasta ver este video no había tomado consciencia de la magnitud de su superficialidad en lo que respecta a este tema crítico. No se trata de desalentar las peregrinaciones —eso sucederá solo, si acaso, cuando la educación y el pensamiento crítico eviten que tantos argentinos sean condicionados a creer en mitologías y milagros— sino de, como mínimo absoluto, no alimentar con dinero público y con la legitimación del poder estatal a una institución cuyo interés mayor es mantener a la población sumida en la ignorancia. Necesitamos un movimiento político progresista laico, realmente secular, que nos libere de la sumisión colonial a Roma, pero lamentablemente el kirchnerismo no está a la altura de las circunstancias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









