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martes, 6 de marzo de 2012

No a la indoctrinación católica en Salta (parte 2)

En mi post anterior hablé de la indoctrinación en religión católica que se realiza en las escuelas públicas de Salta y de cómo un grupo de madres logró que un juez ordenara su reemplazo por una verdadera educación en temas de religión, aunque no su eliminación. Les dije que era sólo para darle un contexto a la justificación de la imposición del catolicismo en Salta que hace Fernando Galván en el Diario de la Sierra.


La justificación es larga, pero no hace falta leerla completa; la mayor parte (del sexto párrafo en adelante) se refiere a la historia de la ciudad capital de Salta y el desarrollo de su sistema educativo y las leyes que lo rigen, mientras que el final trata de las conclusiones del estudio del CONICET sobre creencias y actitudes religiosas. Ambos temas son interesantes y el segundo en particular puede dar cierto apoyo a la justificación de la educación religiosa en la escuela pública, pero aquí me voy a centrar en el primer argumento de Galván.
En lo más profundo de nuestro ser – ésta es una afirmación compartida por todos, incluso los que se declaran no creyentes-llevamos la necesidad de la trascendencia, es decir, que nuestra existencia está marcada por la relación con un ser que nos sobrepasa, del cual venimos y hacia el cual vamos.
Creo que es algo presuntuoso de parte de cualquier persona afirmar de entrada que tal o cual cosa es “una afirmación compartida por todos”. A poca gente le gusta —imagino— que le atribuyan sobre un tema importante un pensamiento que nunca ha manifestado.

“Trascendencia” es un término tan amplio que su abuso es inevitable. Confieso no haber leído a Erich Fromm, que escribió sobre el significado de la trascendencia en ¿Tener o ser?. Mis escasos conocimientos y mi humilde meditación personal me indican, no obstante, que trascender no consiste (necesariamente) en encontrar a “un ser que nos sobrepasa” sino que implica “ir más allá del ego absorto para liberarnos de la prisión del egotismo en nuestra relación con la realidad” (Fromm). Ir más allá del ego: dedicar la vida propia a crear, a experimentar el mundo, a compartir ideas enriquecedoras; criar hijos, escribir un libro, plantar un árbol, enseñar, construir; en suma, no ser un mero animal humano, sólo preocupado por la satisfacción de sus intereses materiales y sus deseos de corto plazo, sino abierto a dar y dejar algo bueno en el mundo, trabajando por algo más duradero que uno mismo. (Aclaro que yo no pienso que este ideal sea “una afirmación compartida por todos”.)

La religión con la que la mayoría de nosotros crecimos no es una enseñanza para la trascendencia sino todo lo contrario: una mala educación que paradójica e hipócritamente refuerza el ego a la vez que trata de destruirlo. Dios nos ama y creó el mundo para nuestro beneficio, pero a la vez no somos más que criaturas caídas, fallidas, imperfectas, que no tienen valor sino a través de los ojos de Dios, como producto de Dios. (Que somos imperfectos es claro, pero a la vez trivial: sólo podemos lamentarnos de nuestra imperfección si creemos que pudimos alguna vez disfrutar la perfección y la perdimos. Vale decir, si creemos en el Edén, la Caída y la Redención.) Sigue diciendo Galván:
Las religiones, en sus diversas formas históricas, han tratado de encontrar los caminos concretos y correctos para que el ser humano logre esa relación con el ser trascendente y obtenga de allí la luz y la fuerza necesaria para dar sentido a toda su existencia. Si esto es así, la dimensión religiosa es constitutiva del ser humano. Y, aun en el caso de declararse ateo o irreligioso, la persona no podrá no plantearse esa cuestión de fondo.
Es ingenuo o engañoso hablar de las religiones como si fueran sistemas abstractos de creencias o de ética. Ninguna religión que conozcamos hoy ha sido jamás creada y practicada en soledad o en una sociedad perfectamente anárquica, igualitaria y libre. Ninguna religión ha producido jamás una forma de vida en la cual los seres humanos se dediquen como norma a seguir caminos a la trascendencia. Las religiones son sistemas complejos cuyo elemento más visible son las relaciones de poder que imponen a la sociedad. Los místicos y los buscadores de lo trascendente son una minoría absoluta, generalmente considerada extraña y peligrosa por los líderes religiosos, por ser potencialmente subversivos.
Por lo tanto, si la educación escolar busca acompañar a la persona en el pleno desarrollo de sus potencialidades, debe tener en cuenta esta dimensión religiosa esencial del ser humano, para que éste logre un desarrollo pleno y esté en condiciones de integrarse a la sociedad aportando lo mejor de sí mismo.
La implicación es que la persona no puede desarrollarse completamente como tal si la escuela no le provee educación religiosa, es decir, educación sobre cómo llegar a Dios. Aquí hay dos cosas debatibles: la primera, que sea parte del rol de la escuela ayudar a la trascendencia de los niños, y la segunda, que el niño realmente necesite que le hablen de religión para llegar a esa trascendencia. Pienso que la educación debería incluir valores que impulsen a los niños a ver más allá de lo inmediato y de su beneficio personal, para evitar en lo posible formar a pequeños psicópatas, pero debería hacerse de la forma menos ideologizada posible, y desde luego no requiere una clase de religión. Por no hablar de una clase de catecismo católico, en la cual es mucho más probable que los chicos aprendan a repetir oraciones como loros o las historias pasteurizadas de las biblias infantiles, cuando no a dibujar pesebres o cristos sobre burros.
Inmediatamente, sin embargo, hay que precisar. La educación religiosa escolar no puede pretender llevar a la persona a adoptar una determinada religión sino que debe reducirse a presentar al alumno los elementos indispensables para que éste pueda tener una ilustración completa acerca del hecho religioso y a plantearse personalmente su realidad en este campo.
Por aquí vamos bien; no me gusta mucho lo de “plantearse personalmente su realidad en este campo” (porque el chico no necesita que la maestra le diga que debe elegir una religión para ser un buen chico); pero Galván hábilmente lo concatena con una historia católica de Salta que lleva hasta al menos astuto a concluir que evidentemente la “ilustración completa del hecho religioso”, en una provincia tan devotamente católica como Salta, debería dedicarle tiempo casi exclusivo a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana y sólo si alcanza dejarle un pequeño espacio a esas otras religiones minoritarias extrañas a nuestro genio telúrico.
La encuesta reafirma la condición creyente de la Sociedad Argentina: 9 de cada 10 entrevistados creen en Dios, siendo el Noroeste Argentino con el 98,4% la región más creyente. Además, debe tenerse en cuenta que la trascendentes Festividad del Señor y de la Virgen del Milagro convierten a Salta en el centro de la expresión más cristológica y cristocéntrica de[l] pueblo argentino…
En Salta los alumnos de las escuelas públicas no sólo tienen catecismo sino que son obligados a rezar y a asistir a procesiones y actos durante feriados religiosos, cosas que el dictamen judicial prohíbe y que la Iglesia desea mantener. Argumentar que los niños que no lo deseen pueden ser eximidos de estas actividades es hipócrita; los niños no pueden decidir y existe una presión implícita y explícita de los pares y de las mismas autoridades educativas para que conformen con el sistema. Además, el ritual religioso no tiene nada que ver con la enseñanza de valores morales. Ningún niño necesita peregrinar detrás de una imagen de yeso vestida para adquirir valores. Ningún niño necesita saberse de memoria el Padre Nuestro para desprenderse del egoísmo o para aprender a amar al prójimo.

Es obvio que en Salta cualquier asignatura de religión que la ley permita dictar será catecismo católico; no hay maestros capacitados para otra cosa y podemos apostar lo que sea a que ninguno de los impulsores de la ley de educación tiene intenciones de que sea jamás otra cosa más que la indoctrinación que hasta ahora ha sido. Galván no ignora esto, pero su discurso y el de la Iglesia esquivan el tema.

lunes, 5 de marzo de 2012

No a la indoctrinación católica en Salta (parte 1)


Hace unos años se denunciaba que en la provincia de Salta, Argentina, se dictaban cursos de religión en las escuelas públicas. O más bien catecismo católico. El gobierno provincial conservador había puesto a cargo a un Ministro de Educación que reportaba al Opus Dei. El ministro renunció, finalmente, pero la indoctrinación oficial continuó, amparada por la Constitución y la Ley de Educación salteñas, que determinan que los padres tienen derecho a que sus hijos reciban “educación” según sus convicciones religiosas. (Curioso este derecho, que en realidad es una obligación del estado de imponer a los menores las creencias de los padres de la mayoría.)

Un grupo de madres de alumnos primarios, junto con la ONG Asociación por los Derechos Civiles (ADC), se presentó a la justicia a pedir que se declare inconstitucional la norma que obliga a dictar clases de religión. El juez dijo que no era inconstitucional, pero que no puede transformarse en catequesis: el contenido de la asignatura debe ser “imparcial, objetivo y respetuoso de la libertad de conciencia y de expresión”, de forma “que no obligue a revelar las creencias religiosas de los alumnos y sus familias”, y la religión debe enseñarse “como un hecho cultural, como ética y no como una religión particular”.

En la práctica esto puede significar algo, muy poco o nada, ya que el objetivo de quienes impulsaron la ley, con toda probabilidad, nunca fue la ilustración de los niños sobre el hecho religioso y su variedad, sino la indoctrinación en la religión católica, que la que profesa (nominalmente) la mayoría abrumadora de la población de Salta. Con seguridad, no hay maestros capacitados para enseñar imparcial y objetivamente sobre religión, sino sólo catequistas, por lo cual el dictamen del juez, que es bastante razonable aunque no nos conforme a los laicistas, tiene muchas posibilidades de quedarse en el papel.

Con todo esto quiero dar un contexto para hablarles sobre una justificación de la asignatura de religión en Salta, que aparece en el español Diario de la Sierra, donde escribe un colaborador desde Argentina. Pero eso quedará para una segunda parte.

jueves, 22 de septiembre de 2011

III Congreso de Ateísmo, día 2, parte 3

Continúo con la reseña del segundo día del III Congreso Nacional de Ateísmo.

Carlos Cebey
Luego del Dr. Recalde vino un “taller de educación laica”, con Milena Rosenzvit y Carlos Cebey. Cebey comenzó explicando el término “laico”, que significaba originalmente “alguien del pueblo” y se entendió, a partir del cristianismo, como sinónimo de seglar o secular, es decir, pertenecientes al siglo, que en latín significa no sólo cien años sino también el mundo terrenal, lo temporal por oposición a lo eterno, lo mundano o profano. A partir de la Revolución Francesa el término amplía su ámbito de aplicación, de la persona a las instituciones. Aparece la escuela como cosa pública y como parte integrante del estado democrático, idea que antes era inexistente (la escuela era una institución privada dedicada a formar a los hijos de los ricos). Cebey citó el pensamiento de A. C. Grayling en Contra todos los dioses según el cual la prohibición de la indoctrinación de los niños en la escuela haría desaparecieran las religiones.

El pensamiento mágico en las escuelas va contra la formación del pensamiento crítico y no debería ser permitido. La ley 1420 (la primera ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica de Argentina) debería ser un piso para las demandas de laicidad. La Ley Federal de Educación anterior a la actual (Ley 24195) la derogó, y la Ley Nacional de Educación (Ley 26.206, la que hoy tenemos) mantuvo el retroceso. Se permitió el contrasentido de las “escuelas públicas de gestión privada” y con ello se abrió la puerta a la enseñanza de la religión en escuelas financiadas por el estado.

Milena Rosenzvit
A continuación Milena Rosenzvit habló sobre el pensamiento crítico en la enseñanza de las ciencias naturales. Citando a la bióloga Melina Furman, especialista en enseñanza de las ciencias, “la ciencia es como una moneda”: por un lado está la ciencia como producto, que es un conjunto de conocimientos acumulados que pueden transmitirse en forma de conceptos, y por el otro la ciencia como proceso, que se refiere a los modos de conocer y a los procedimientos científicos. Citando a Marcelino Cereijido, explicó que la religión como manera de interpretar la realidad se caracteriza por dogmas, revelaciones y el uso del principio de autoridad (es cierto porque X lo dice), y a la ciencia se la ve popularmente y se la pinta mediáticamente de la misma manera: las teorías establecidas como conceptos fijos e inmutables, la investigación y el descubrimiento progresivo como iluminaciones o inspiraciones instantáneas, y la figura del científico como una especie de líder cuyos pronunciamientos pretenden ser infalibles (y cuyos fallos, naturalmente, dan pie a una crítica mal orientada). La solución es explicar el funcionamiento de la ciencia para lograr un pensamiento crítico que vaya más allá de la ciencia en sí: enseñar cómo se hace ciencia, no sólo para producir científicos, sino para darle a los alumnos competencias para la vida en general.

Para terminar pasamos a un ejemplo práctico que resultó muy entretenido. Milena nos planteó a los presentes el tema de los imanes. Todos sabemos que un imán tiene un polo norte y un polo sur y que los polos opuestos se atraen mientras que los iguales se repelen. Pero no sabemos cómo sabemos; sólo “sabemos” porque nos lo han dicho y ni siquiera tenemos idea de lo que significa que un lado del imán sea el polo norte o el polo sur. Volvamos a cero entonces, tomemos imanes y veamos qué podemos deducir olvidando los conceptos que aprendimos de memoria. Tratemos de determinar, propuso, si son los opuestos o los iguales los que se atraen. (El experimento requiere de más de un imán, pero no muchos, y quizá un marcador o tiza. Lo dejo como ejercicio para los lectores.)

La sección de preguntas y respuestas que siguió fue notablemente larga y variada; entre otras cosas hablamos de la historia de las leyes educativas, de la educación religiosa que se está dando en las escuelas públicas de Salta y de Córdoba, y del pensamiento mágico que se puede encontrar incluso en ambientes científicos.

En la siguiente entrega continúo con la reseña del segundo día del Congreso.

miércoles, 20 de julio de 2011

Información vs. cristianismo

Josh McDowell
El apologista cristiano evangélico Josh McDowell ve confirmados sus peores temores:
“Internet le ha dado a los ateos, agnósticos, escépticos, a la gente que desea destruir todo en lo que ustedes y yo creemos, casi el mismo acceso a los hijos de ustedes que el que tienen su pastor o ustedes…”
Vale decir, ahora cualquier niño puede sentarse frente a una computadora y, con un poco de criterio y la ayuda de Google o Wikipedia, desengañarse de todas las mentiras con las que los padres y los pastores les han lavado el cerebro en nombre de Jesús. ¡Amén!
“Éste es el problema: desde el principio, cuando Al Gore inventó la Internet” (esto dicho en tono de broma) “yo estuve diciendo durante diez, once años que la abundancia de conocimiento, la abundancia de información, no llevaría a la certidumbre: llevaría a un escepticismo masivo. Y eso, amigos, es exactamente lo que ha ocurrido.”
No exactamente (¡qué buena noticia sería!), pero sí se ven algunas señales prometedoras. Ahora los jóvenes tienen la oportunidad de salir de la prisión del dogma mucho antes, apenas aprenden a usar Internet para relacionarse con personas fuera del patéticamente diminuto mundo del cristianismo fundamentalista.
Hace unos 15 años, añadió el apologista, cuando los ministerios juveniles cristianos recaudaban dinero para proyectos juveniles, la gran frase era: “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 18 años, probablemente no llegarás a él.” ¿Y cómo es ahora? “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 12 años, probablemente no llegarás a él.”
Esto me hace modestamente feliz. Si llegando a un solo niño puedo arruinarle la fiesta a vendedores de ignorancia y superstición como Josh McDowell, me considero satisfecho.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Alerta 61: Evangélicos carceleros

Hay predicadores evangelistas manejando pabellones de nuestras cárceles , según cuenta un artículo de Crítica de Santa Fe, enfocado sobre todo en la cárcel de Coronda (a 45 km al sur de la capital provincial).

Sectores enteros, con su correspondiente población de prisioneros, fueron primero abiertos a la predicación de pastores evangelistas y luego, en vista de sus efectos pacificadores, directamente puestos a su cuidado. Los líderes religiosos disponen así de un mercado cautivo de fieles, a los cuales dictan prohibiciones varias (fumar, escuchar música, poseer pornografía) y hasta horarios para despertar y orar. Cobran el correspondiente diezmo, por supuesto.Y expulsan a quienes no quieran seguir sus reglas.

Uno entiende el pragmatismo de las autoridades penitenciarias que, entre un pabellón donde reina la libertad de culto pero donde los internos se violan y acuchillan mutuamente, y un pabellón transformado en una especie de retiro religioso forzoso donde reina la paz, o al menos la ausencia de violencia física, prefieren la segunda opción. Y la mayoría de los internos también (aunque algunos son críticos de esta "represión camuflada"). Fuera de esta constatación obvia, está claro que el problema surge en realidad de las condiciones inhumanas de vida en las cárceles argentinas, y hay tantas cosas mal en esta idea de ceder el control a una secta o grupo religioso que uno no sabe ni por dónde empezar a criticarla.

Esto de las cárceles regenteadas por evangélicos no es nuevo, pero nunca lo había visto expuesto con tanto detalle. Lean la nota, y a ver qué opinan.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Imagine No Religion, por Richard Dawkins

Lo que sigue es una traducción (apenas libre) de un artículo escrito por Richard Dawkins en abril de 2006; se titula Imagine No Religion, como la canción de John Lennon.

Imagina, cantó John Lennon, un mundo sin religión. Imaginemos [un mundo] sin atacantes suicidas, sin un 11 de Septiembre, sin un 7 de Julio, sin Cruzadas, sin cazas de brujas, sin la Conspiración de la Pólvora, sin disputa sobre Cachemira, sin la partición India/Pakistán, sin guerras palestino-isralíes, sin masacres serbo-croata-musulmanas, sin los "Problemas" en Irlanda del Norte. Imaginemos que no existen talibanes que hacen volar estatuas antiguas, que dan latigazos a las mujeres por mostrar dos centímetros de piel desnuda, o que decapitan públicamente a blasfemos y apóstatas. Imaginemos [un mundo] sin persecuciones a los judíos; de hecho, sin judíos a quienes perseguir, puesto que sin religión hace tiempo que se hubieran fundido por vía de matrimonio con los pueblos que los rodean.

Por supuesto que las matanzas y persecuciones religiosas de hoy no están motivadas por disputas teológicas. Los pistoleros del IRA no matan protestantes (o viceversa) por desacuerdos sobre la transustanciación. El motivo más probable es venganza tribal. Fue uno de "ellos" quien mató a uno de "nosotros". "Ellos" expulsarion a "nuestros" tatarabuelos de nuestras tierras ancestrales. Los resentimientos son económicos y políticos, no religiosos, y las vendettas vienen de largo tiempo atrás.

Pero aunque los desacuerdos tribales en sí no tienen nada que ver con la religión, el hecho mismo de que haya dos tribus tiene todo que ver. Hay indudablemente distinciones tribales de origen genético o lingüístico, pero en Irlanda del Norte, ¿qué es lo que hay, sino religión? Lo mismo se aplica a India y Pakistán, Serbia y Croacia, y variadas regiones de Indonesia y África. La religión es la etiqueta de identidad y hostilidad de grupo más divisiva del mundo. Si un ingeniero social se propusiera crear un sistema para perpetuar las más bárbaras enemistades de hoy, no podría lograr una mejor fórmula que la educación sectaria. Escuelas religiosas que enseñaran cursos comparados de todas las religiones podrían hacer algún bien. Pero la misma razón de las escuelas religiosas es que los niños de "nuestra" tribu deben ser educados en su "propia" religión. Dado que a los niños de la otra tribu les están simultáneamente enseñando la religión rival, junto con (por supuesto) la versión rival de la historia dividida por vendettas, el resultado final es fácil de predecir.

¿Qué puede significar hablar de la religión de un niño? Imaginemos un mundo en el cual fuera normal hablar de un niño keynesiano, un niño hayekiano o un niño marxista. O imaginemos una propuesta para que el gobierno dé fondos a escuelas primarias separadas para niños laboristas, niños del Partido Conservador Tory, niños liberal-demócratas y niños del Monster Raving Loony Party? Todo el mundo concuerda en que los niños pequeños son demasiado jóvenes para saber si son keynesianos o monetaristas, laboristas o Tory; demasiado jóvenes para soportar la carga de tales designaciones. ¿Por qué, entonces, nuestra sociedad entera parece feliz de estamparle a un niño pequeño una etiqueta como católico o protestante, musulmán o judío? ¿No es eso, pensándolo bien, una forma de abuso psicológico infantil?

Presenté una vez este preciso punto de vista en un debate televisado con una vocera de la Iglesia Católica Romana. Se me ha olvidado su nombre, pero era probablemente una especie de consejera de gente en problemas, una incondicional de Thought for the Day. Cuando yo dije que un niño de escuela primaria era demasiado joven para saber si era un niño católico o un niño protestante, ella reaccionó: "¡Venga y hable con algunos de los niños de nuestra escuela católica local! Le puedo asegurar que ellos saben muy bien que son niños católicos." Por supuesto que sí; no tengo más remedio que creerlo. El orgulloso lema de los Jesuitas ("Dame al niño durante sus siete primeros años, y yo te daré el hombre") no es menos siniestro por el hecho de haberse vuelto familiar hasta el punto de convertirse en cliché.

Aun así, puede Ud. preguntar, ¿qué pasa si la religión es verdadera? (¿Qué pasa si mi religión particular es verdadera, debería Ud. decir, porque creencias mutuamente contradictorias no pueden ser todas verdaderas.) Seguro que la indoctrinación sectaria no sería abuso infantil si salvara el alma inmortal del niño, ¿no? A pesar de la complaciente presuntuosidad de esta afirmación, puedo entender que Ud. la adopte si cree sinceramente que tiene la verdad revelada por Dios. Permítame, por lo tanto, ser ambicioso si no es que presuntuoso, e intentar convencerlo a Ud. de que no tiene la verdad. ¡Su confianza en Dios es simplemente incorrecta!

¿Por qué cree Ud. en su Dios? ¿Porque le habla dentro de su cabeza? No me diga que eso es un argumento confiable. Los asesinatos del Destripador de Yorkshire le fueron ordenados por la voz de Jesús percibida en su cabeza. El cerebro humano es un alucinador consumado, y las alucinaciones no son buena base para creencias sobre el mundo real. Quizá Ud. cree en Dios porque la vida le sería intolerable sin él. Ése es un argumento aún más débil. Quizá la vida sea intolerable. ¡Mala suerte! Toda clase de cosas son intolerables, pero eso no las hace falsas. Puede ser intolerable estar muriéndose de hambre, pero uno no puede hacer comestible una roca creyendo, por más apasionada y sinceramente que sea, que la roca está hecha de queso.

De lejos la razón favorita para creer en Dios es el argumento de la improbabilidad. Nuestros ojos y esqueletos, corazones y neuronas, son demasiado improbables para haber surgido por casualidad. Las máquinas hechas por el hombre también son improbables, y son diseñadas por ingenieros para un propósito. Seguramente cualquier tonto puede ver que los riñones y las alas, los oídos y las células sanguíneas, deben estar diseñados para un propósito, por un supremo Ingeniero, ¿no? Bien, quizá cualquier tonto pueda verlo, pero dejemos de jugar a los tontos y crezcamos. Hace 146 años desde que Charles Darwin nos dio lo que es quizá la idea más inteligente que se le ocurriera a una mente humana. Nos demostró que hay un proceso por el cual las fuerzas naturales, sin ninguna planificación previa, pueden generar por pasos lentos y graduales una elegante ilusión de diseño, hasta niveles casi ilimitados de complejidad.

He escrito libros sobre este tema y obviamente no puedo repetir toda la argumentación en un artículo corto. Permítanme ofrecer sólo dos guías para el entendimiento. Primero, la falacia más común sobre la selección natural es que es una teoría de la casualidad. Si la selección natural fuera realmente un proceso casual, es totalmente obvio que no podría explicar la ilusión de diseño. Pero la selección natural, bien entendida, es la antítesis de la casualidad. Segundo, se dice con frecuencia que la selección natural hace innecesario a Dios, pero deja completamente abierta la posibilidad de su existencia. Creo que podemos ir más lejos. El argumento de la improbabilidad, que tradicionalmente se utiliza en favor de Dios, resulta ser, cuando se lo considera con cuidado, el más fuerte argumento en su contra.

La belleza de la evolución darwiniana es que explica lo muy improbable por pasos graduales. Parte de una simplicidad primordial (relativamente fácil de entender) y trepa por escalones plausiblemente bajos hasta entidades complejas que, por procesos no graduales, serían demasiado improbables para ser consideradas. El diseño es una alternativa real, pero sólo si el diseñador es en sí mismo el producto de un proceso de escalamiento tal como la evolución por selección natural, en este planeta o en otro. Podría haber formas de vida extraterrestres tan avanzadas que las adoraríamos como a dioses. Pero ellas también deben ser en última instancia explicadas por un progreso gradual. Dioses existentes ab initio quedan excluidos en virtud del argumento de la improbabilidad, con más seguridad que la aparición espontánea de ojos o de articulaciones del codo.

La fe religiosa no es sólo una gran fuerza para el mal en el mundo. Sus mismos fundamentos son destruidos y negados por la lógica científica. Imaginemos un mundo donde nadie tiene miedo de seguir tales pensamientos, a dondequiera que puedan llevar.
Aquí termina la traducción, que espero no les resulte muy torpe (a veces ciertas referencias son difíciles de transmitir). El artículo no me parece demasiado bien escrito como un todo; va de aquí para allá sin redondear, pero Dawkins se las arregla para introducir y vincular varios asuntos que le interesan, especialmente el del abuso que se le hace a los niños al indoctrinarlos y asignarles una etiqueta étnico-religiosa que los separa de los demás.

El lector pro-religión poco atento podría quejarse de que Dawkins divaga largamente sobre la evolución y la selección natural y que eso no tiene nada que ver con terroristas que estrellan aviones. Pero la línea de argumentación es clara: la teoría de la evolución demolió la última gran razón por la que muchos justificaban creer en Dios; así pues, antes de rendirse ante esta creencia y todo lo que implica, hay que considerar que Dios, como idea para explicar nuestra existencia, ya es innecesario.

sábado, 31 de mayo de 2008

Alerta 21: Esclavas de la Iglesia

Se acaba de descubrir un grupo de jóvenes virtualmente esclavizadas en un internado católico en Santa Rosa, capital de la provincia argentina de La Pampa, según se denuncia en Página/12 hoy. Las reclutadas en esta especie de convento debieron realizar "votos de pobreza, castidad, obediencia y fidelidad al Papa", pero una vez adentro se encontraron con algo más: prohibición absoluta de ver a hombres o de comer alimentos dulces, un cronograma estricto, y sometimiento a normas dictadas por dos sacerdotes (miembros del Instituto Servi Trinitatis, de origen español) y a los castigos que estos quisieran imponerles.

Como si esto (que legalmente se llama "reducción a la servidumbre") no fuera suficiente, estas inmundas sanguijuelas clericales las obligaron a ceder sus números de tarjeta de crédito y cuentas bancarias. A las jóvenes les fue anulada su voluntad; están sin excepción psíquica y físicamente dañadas.

No es mi costumbre regodearme en esta clase de episodios, porque son recursos muy fáciles, pero inadecuados. Ataco a la religión porque proclama e impone falsedades, que tienen consecuencias a veces horribles; pero en general no la ataco porque algunos de sus practicantes la usen para cometer maldades. El lavado de cerebro de víctimas inocentes no es patrimonio de la religión, aunque es parte integral de sus formas extremas. Pero esto fue demasiado.

He aquí un ejemplo (y por eso escribo este post) de cómo los sectores "moderados" de una religión pueden servir para cubrir las atrocidades de los fanáticos menos presentables. Hacer votos de pobreza y castidad es una opción radical de vida, una opción lamentable si me preguntan, pero cada cual es libre de hacerla, y finalmente la mayoría de las mujeres "consagradas" hacen algo de sus vidas: enseñan, asisten enfermos como mejor pueden, cultivan una huerta. ¿Qué hay de malo en ello? Una joven se mete a monja: ¿es tan terrible? Vemos monjas todos los días, y no son zombies sin voluntad. Pero sin embargo, este "instituto" reclutaba niñas desde los 12 años de edad para lo mismo que exteriormente propone cualquier convento, para una vida sacrificada pero tranquila, que seguramente debe haberse visto respetable y muy católico; es posible que incluso los padres de las niñas se hayan alegrado del camino elegido por ellas...

En todo convento, en todo seminario, en todo lugar donde una persona reciba una dosis constante de indoctrinación religiosa que la separe de "lo mundano", ocurre una forma de sometimiento y supresión de la voluntad. ¿Acaso no prometen los "consagrados" seguir la voluntad de "Dios" y olvidar sus propios deseos e impulsos? ¿Dónde está este "Dios"? ¿Qué ponen en lugar de su yo estas personas? Muchos tienen la fortuna de salir de su formación como personas normales; otros, como estas jóvenes, no.

lunes, 14 de abril de 2008

Alerta 13: El catecismo infantil y su infierno soft

Bajo el título "Jesús es el Señor", la Conferencia Episcopal Española acaba de lanzar un nuevo catecismo, es decir, uno de esos manualcitos de preguntas y respuestas que hay que aprenderse de memoria para poder pasar por buen católico si alguna vez sale en el examen. Que justamente es la idea, ya que está orientado a niños de 7 a 10 años que van a ingerir a Cristo por primera vez.

Lo curioso de este catecismo es que, para no asustar tanto a los niños, se ha suavizado la descripción del infierno. Lo que antes era un lugar de sufrimiento eterno (o en versiones más terroríficas, un lago de fuego donde las almas de los réprobos eran torturadas por toda la eternidad), ahora es meramente "el sufrimiento de los hombres que, después de la muerte, están separados de Dios para siempre". Nadie sabe dónde quedaron el azufre y el famoso rechinar de dientes. Donde había una película de terror explícito para mayores de 18, ahora parece que no quedó más que una de suspenso vagamente angustiante para pre-adolescentes. ¿Manipulación doctrinal o marketing? Yo diría que ambas.

Hace mucho, como se suele decir, los hombres eran hombres, y la Iglesia no tenía empacho en describir al infierno como un lugar físico sobrenatural pero físico, con un lago de "fuego que no se apaga", y añadiendo todo tipo de torturas, más la tortura mayor de saberse observados por los santos y los creyentes fieles a Dios desde el cielo. Con el tiempo tuvo que moderar este mensaje de terror, fuera porque le estaba restando popularidad, o porque nadie se lo creía del todo. Algo parecido pasó con el cielo, dicho sea de paso, con lo cual el estado actual de este mundo más allá de la realidad que la Iglesia ha ido montando con los años es más bien nebuloso, abstracto hasta el punto en que ni los mismos curas y obispos saben definirlos más que como simples "estados" o sentimientos. Dentro de una generación, cuando los niños ya nazcan con cables para acceder a Internet, supongo que dirán que el infierno es como una conexión T-3 caída, o algo así.

La CEE dice que el nuevo catecismo es "muy colorido y atractivo", tal como los niños gustan, y en su mensaje oficial espera que sirva de guía al mundo actual, "desorientado e inquieto". Hemos de suponer que el catecismo orientará y aquietará, aunque me pregunto de qué manera "colorida" se podrá explicarle a un niño de 10 años el sufrimiento del infierno. Porque, aclaremos, al niño se le dice que el infierno existe, y si el catecismo está bien hecho (sospecho que no, en este punto), se le debe dejar muy claro que el infierno lo espera salvo que crea lo que la Santa Iglesia le pone delante.

Evidentemente nunca he estado hecho para la religión, ni aun cuando creía creer en ella, porque nunca me cerró tener un librito donde todas las preguntas fundamentales están respondidas, de forma tal que sólo tengo que asumirlas como verdad, mirar hacia donde me indican y arrancar para adelante con los ojos cerrados. Y jamás se me ocurriría ponerle en las manos, o permitir que le pusieran en las manos, un libro así a un hijo mío, si tuviera alguno. Faltaría nomás que luego el pequeño me señalara mis pecados y, como aquel terrorífico personaje de 1984, me delatara a las autoridades eclesiásticas.