El grito impotente contra la razón y la lógica
Desde que los Nuevos Ateos salieron a escena, un sonido de sirena ululante ha brotado de los expertos en religión y humanidades, condenando la idea de que podríamos utilizar la ciencia para explicar el universo que ocupamos. En general, su argumento de por qué no podemos usar la razón y los experimentos para aclarar muchos misterios y averiguar qué nos hace funcionar se reduce a “¿cómo te atreves a decir que puedes explicar toda esta complejidad y maravilla con matemáticas y descripciones mecanistas?”. Y hasta ahí llega, en realidad, porque su objeción al uso de la ciencia para explicar sus temas favoritos en el lenguaje de las fórmulas, las estadísticas y los conjuntos de datos es que les arrebata un misterio que deseaban desesperadamente preservar para otro sermón u otro volumen de meditaciones nebulosas sobre la condición humana. Mientras que los investigadores y los ingenieros ven la belleza en el conocimiento de cómo funcionan las cosas, los pontificadores cienciofóbicos corren a caer desvanecidos en sus divanes, atribulados ante la idea de que alguien se atreva a explicar sus mentes como redes de neuronas y experiencia acumulada junto con mecanismos evolutivos.
Si eres una de esas personas que necesita ser un misterioso y delicado copo de nieve que es demasiado complicado y lleno de matices como para ser objeto de estudio, lo siento, pero no podemos ayudarte. Saber cómo el mundo funciona en un lenguaje científico, mecanista, es la manera en que construimos sociedades modernas, llegamos a otros planetas, enviamos robots al espacio profundo y encontramos curas a nuestras dolencias. Si te niegas a ver que entender cómo funciona el universo le da a tu existencia incluso más significado y una envidiable capacidad para modificar el mundo y lograr cosas, aunque sea en muy pequeño grado, ése es tu problema personal. Ahora bien, lejos de mí estaría afirmar que la literatura o las religiones nunca dieron profundas contribuciones a la humanidad, porque lo han hecho. Pero lo que no pudieron hacer es encontrar y confirmar respuestas sólidas, experimentalmente probadas, confiables, a las grandes preguntas sobre quiénes somos y dónde podemos estar yendo. La ciencia nos ha dado un universo vasto, complejo y misterioso, ¿y algunos están molestos porque podemos encontrar un álgebra que intente explicar cómo unas pocas partes de él se combinan para funcionar?
Considera esto. Si te rebelas pública y ruidosamente contra el flagelo del “cientificismo arrogante” pero alguna vez has intentado algo para averiguar qué va a suceder y luego has repetido tu experimento para confirmarlo, eres un hipócrita. Confiaste en el método científico para responder tu pregunta, no en esas vagas “otras formas de conocimiento”. Pensándolo bien, ¿qué son todas esas “otras formas de conocimiento” de las que oímos tanto de los fundamentalistas con la mente totalmente cerradas como de parte de los nuevaerianos con el mismo nivel de fanatismo? ¿Las voces de una deidad omnipotente? ¿El universo diciéndote que todos estamos conectados en una fantasía creacionista para anti-intelectuales de izquierda? Eso, para decirlo frontalmente, no es más que tu cerebro inventando cosas. Puedes ir a seminarios filosóficos y convenciones de barbagrises con sacos de tweed que resoplan y tratan de verse serios, y preguntarte “¿no es la vida muy misteriosa?”, como decía Tim Minchin, y protestar contra el hecho de que la ciencia puede explicar cosas que alguna vez se decía que estaban más allá de los límites de los mortales. Eso no cambiará el hecho de que es nuestra capacidad de explorar, analizar, catalogar, explicar y predecir a través de la ciencia la que nos hace lo que somos.
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miércoles, 12 de junio de 2013
El grito impotente contra la razón y la lógica
De World of Weird Things: The impotent cry against reason and logic.
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sábado, 17 de noviembre de 2012
Ese ridículo fantasma
“Si algo hay extravagante en el mundo es ver a hombres que no conocen a su dios ni lo que ese dios puede exigir, más que a través de sus ideas limitadas, y que sin embargo quieren decidir acerca de la naturaleza de lo que complace o molesta a ese ridículo fantasma de su imaginación.”
Donatien Alphonse François de Sade, La philosophie dans le boudoir (1795).
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jueves, 30 de agosto de 2012
Deísmo moralista terapéutico
Una encuesta realizada en 54 países por WIN-Gallup [PDF] reveló ciertos datos muy interesantes sobre las cantidades de personas que dicen pertenecer a distintas religiones, las que no pertenecen a ninguna, y dentro de éstas últimas, las que se llaman a sí mismas ateas. Estados Unidos es un caso muy particular: es el único país rico y desarrollado de Occidente donde hay tantos religiosos devotos, pero también es uno de aquellos donde la religión institucional se encuentra en un declive pronunciado.
En el servicio de noticias de la BBC encontré un punto de vista sobre este fenómeno. Se trata de la opinión de Rod Dreher, un cristiano conservador, que achaca toda la culpa al hecho de que el cristianismo se está haciendo más progresista y liberal, alienando así a los que buscan dogmas duros y arbitrarios, obediencia ciega y sacrificio (la evidente conexión religiosa de los atentados del 11-S, la explosión mediática de los Nuevos Ateos, los abusos sexuales en la Iglesia Católica y todo lo demás no parece tener importancia para él). Aunque equivocado, quizá, en su énfasis, no me parece desacertada su caracterización de cierta religiosidad moderna que se aplica no sólo a Estados Unidos sino —en mi experiencia— a una buena parte de la juventud urbana latinoamericana.
En posteriores artículos seguiré comentando esta encuesta y las repercusiones que pueda tener.
En el servicio de noticias de la BBC encontré un punto de vista sobre este fenómeno. Se trata de la opinión de Rod Dreher, un cristiano conservador, que achaca toda la culpa al hecho de que el cristianismo se está haciendo más progresista y liberal, alienando así a los que buscan dogmas duros y arbitrarios, obediencia ciega y sacrificio (la evidente conexión religiosa de los atentados del 11-S, la explosión mediática de los Nuevos Ateos, los abusos sexuales en la Iglesia Católica y todo lo demás no parece tener importancia para él). Aunque equivocado, quizá, en su énfasis, no me parece desacertada su caracterización de cierta religiosidad moderna que se aplica no sólo a Estados Unidos sino —en mi experiencia— a una buena parte de la juventud urbana latinoamericana.
Este abandono rápido y extendido del cristianismo institucional por parte de los jóvenes es el primer fruto de lo que los sociólogos Christian Smith y Melinda Lundquist Denton denominan “deísmo moralista terapéutico” (DMT). Según el estudio de Smith, el DMT es la religión por defecto de casi todos los jóvenes estadounidenses (…).Como creyente, claro está, no podía dejarlo así, y a continuación estropea su razonamiento regodeándose de manera apenas disimulada en el futuro sombrío que nos espera, a ateos y tibios por igual, cuando nos demos cuenta de que vamos a sufrir y morir y que no tenemos la “esperanza ultraterrena” que sólo Dios™ puede darnos.
El DMT enseña que Dios existe y quiere que seamos buenos, y que la felicidad es el objetivo de la vida. En el DMT, Dios, que es “algo así como una cruza entre Mayordomo Divino y Terapeuta Cósmico”, no tiene por qué estar involucrado en la vida de uno, a menos que uno necesite algo.
Es la pseudo-religión perfecta para una cultura individualista, consumista y próspera. Así se entiende cómo es que una generación criada con el DMT no tenga interés en la religión tradicional, con sus proclamas de verdad y sus exigencias. (…)
El futuro religioso posmoderno de Estados Unidos, entonces, parece pertenecerle a perezosos teológicos que creen en una deidad mal definida que no exige nada y que sólo brinda comodidad psicológica. ¿Quién necesita algo tan pobre? Al menos los ateos tienen el coraje de su falta de convicciones religiosas.
En posteriores artículos seguiré comentando esta encuesta y las repercusiones que pueda tener.
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jueves, 9 de agosto de 2012
Ateos hasta que el avión se empieza a caer
Estoy sumamente ocupado para escribir últimamente, y podría decirse que uno nunca está tan desocupado como para ponerse a discutir con creyentes-loro en Twitter, pero es lo que hay. Esto es lo que hay que leer:
Y no basta con soltar una frase despectiva, generalizante e insultante para varios grupos de personas a las cuales el emisor del mensaje no conoce ni de lejos. También hay que autofelicitarse, como si decir una idiotez tan grande en Twitter mereciera una mención especial:
Esta frasecita parece ser un meme, una tontería viral: en las dos últimas semanas no falta día en que no aparezca cuatro o cinco veces por lo menos, si uno sigue la palabra “ateos”. Es una versión más boba de la archiconocida “no hay ateos en las trincheras”. Me pregunto qué querrá transmitir el que repite esta sentencia. ¿Que todos somos hipócritas (menos él mismo)? ¿Que el estado natural de la mujer es la sumisión al hombre y el estado natural de la especie humana es el capitalismo? ¿Que Dios permite que se caigan aviones para que los ateos se conviertan por miedo? (Eso suena bastante ineficiente, dado que en cualquier vuelo seguramente son muchos más los creyentes que los ateos.)
No todos los ateos son ateos convencidos y racionalmente firmes en su postura. Claro que es natural que ante una catástrofe o la proximidad de la muerte un ateo tenga dudas. Dios nació del temor a la naturaleza, a la enfermedad, a la noche poblada de fieras, a la imprevisibilidad, a la seguridad de la muerte y la corrupción del cuerpo. La fe es taparse los ojos y los oídos a la realidad, en favor de una fantasía reconfortante. ¿Quién puede culpar a un ateo que, un momento antes de estrellarse, olvida todo lo que sabe y se imagina que va a ir a un lugar mejor? Seguro que yo no.
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jueves, 29 de septiembre de 2011
III Congreso de Ateísmo, día 3, parte 3
Continúo con la reseña del tercer día del III Congreso Nacional de Ateísmo.
Cerca del final del tercer día habló Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT), que se refirió a la lucha por el matrimonio igualitario (aprobado en julio del año pasado). Varias cosas que dijo ya habían sido contadas por Analía Mas en su propia exposición. Paulón comenzó explicando que el debate por la ley de matrimonio puede verse como un test para la laicidad del estado y de la sociedad, ya que muchos creyentes religiosos apoyaron el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse contra las directivas oficiales de sus religiones. Trazó paralelos entre los debates legislativos que se dieron el año pasado y antes de eso con la ley de divorcio vincular y el sufragio femenino.
Paulón resaltó que la batalla más importante es la cultural, y se da sobre todo en la educación. Mencionando como ejemplo el caso de la provincia de Salta (donde se enseña doctrina católica en las escuelas públicas y cuyo Ministerio de Salud, siguiendo la doctrina de la Iglesia, no aceptó manuales inclusivos de educación sexual*), notó que sin una educación laica que elimine los prejuicios religiosos, la ley se queda corta: hoy en día los homosexuales pueden casarse, pero para los fines prácticos su matrimonio “es una declaración jurada de homosexualidad”; a las parejas se les reconocen legalmente derechos, pero al costo de exponerse socialmente. La igualdad jurídica no basta. Aunque se respeten las convicciones religiosas, hay cuestiones no opinables y que no deberían ser dejadas a la libertad de quienes deciden qué enseñar a los chicos.
* Por una increíble coincidencia, Salta solicitó los manuales de educación sexual a la Nación el miércoles 7 de septiembre (cuatro días antes de la exposición de Esteban Paulón). La ministra de Educación explicó que la decisión de no aceptarlos fue del anterior ministro. El susodicho, Leopoldo Van Cauwlaert, era miembro del Opus Dei y renunció a su cargo en diciembre de 2010 para candidatearse como diputado. Enhorabuena.
Para cerrar el III Congreso, tres miembros de Ateos Mar del Plata hablaron de sus experiencias como ateos.
| Esteban Paulón |
Paulón resaltó que la batalla más importante es la cultural, y se da sobre todo en la educación. Mencionando como ejemplo el caso de la provincia de Salta (donde se enseña doctrina católica en las escuelas públicas y cuyo Ministerio de Salud, siguiendo la doctrina de la Iglesia, no aceptó manuales inclusivos de educación sexual*), notó que sin una educación laica que elimine los prejuicios religiosos, la ley se queda corta: hoy en día los homosexuales pueden casarse, pero para los fines prácticos su matrimonio “es una declaración jurada de homosexualidad”; a las parejas se les reconocen legalmente derechos, pero al costo de exponerse socialmente. La igualdad jurídica no basta. Aunque se respeten las convicciones religiosas, hay cuestiones no opinables y que no deberían ser dejadas a la libertad de quienes deciden qué enseñar a los chicos.
* Por una increíble coincidencia, Salta solicitó los manuales de educación sexual a la Nación el miércoles 7 de septiembre (cuatro días antes de la exposición de Esteban Paulón). La ministra de Educación explicó que la decisión de no aceptarlos fue del anterior ministro. El susodicho, Leopoldo Van Cauwlaert, era miembro del Opus Dei y renunció a su cargo en diciembre de 2010 para candidatearse como diputado. Enhorabuena.
Para cerrar el III Congreso, tres miembros de Ateos Mar del Plata hablaron de sus experiencias como ateos.
- Fernando Lozada explicó que, en nuestra sociedad, ser ateo es renunciar al sentido común y rebelarse. La inmensa mayoría de nuestros conciudadanos creen en algún dios; descreer parece una locura. El ateísmo puede encontrar bases racionales, pero la llegada al ateísmo es irracional: uno pierde la fe y luego, con mayor o menor conflicto interior, termina por reconocer que la ha perdido. A partir de allí comienza el proceso de construir una visión propia de la vida que no caiga en nuevos dogmatismos en reemplazo de los viejos.
- Teresa Bunge: como psicóloga, que trabaja con personas que quieren dejar de sufrir o simplemente desean vivir mejor, encuentra que las religiones se han apoderado de muchos valores positivos que son naturales y no dependen de la fe, como la solidaridad. La religión daña psicológicamente porque valora el sufrimiento por sobre la felicidad y porque requiere de pensamiento mágico, el cual tiene el peligroso efecto de separar las acciones de sus consecuencias. La necesidad de contar con un ser superior lleva al hombre a concebirse como ser deficitario, al que le faltan guías externas para conducirse, siendo que el placer y el dolor, bien entendidos, son guías suficientes. Otro gran daño lo produce la idea de los pecados de intención: sentir culpa no por lo hecho sino por lo meramente pensado. Y finalmente, la regulación religiosa de la sexualidad y de la familia pone énfasis en la estructura conyugal/familiar y su duración más que en la felicidad que puede derivar de ella.
- Alberto de la Torre cerró con una exposición de los distintos enfoques del ateísmo: el enfoque ontológico, el ético, el científico y el vivencial. Los tres primeros son los argumentos que todos conocemos sobre la improbabilidad, inexistencia o incoherencia conceptual de Dios. La explicación del último fue una narración del proceso de llegada al ateísmo de Alberto, quien según sus propias palabras fue un devoto creyente hasta más o menos los 20 años.
Luego de esta última ponencia, nos invitaron a todos los que habíamos participado a subir al escenario. Fue una gran alegría para mí estar allí arriba y celebrar la reunión (por tercera vez, nada menos) de tantas personas pensantes, activas, que están cuestionando y se están cuestionando algunos de los temas más importantes para todos. Espero que sea posible continuar esta experiencia. No hay todavía (no me han dicho, al menos) fecha para el próximo Congreso. Ojalá no tengamos que esperar demasiado.
Aquí termina la reseña del III Congreso Nacional de Ateísmo.
lunes, 15 de agosto de 2011
Escucho voces
Cuando leí que Benedicto XVI había dicho que “Dios habla en el silencio, pero hay que saberlo escuchar”, enseguida me causó gracia la forma en que esta declaración perfectamente tonta deja en claro que Dios no existe. Dios nunca está bien definido, pero si algo se repite en las vaguedades que los creyentes repiten como loros sobre su supuesto creador es que Dios es empíricamente indistinguible de la nada (si fuera distinguible sería empíricamente testeable —se podría decidir objetivamente si existe o no— y ya no sería necesaria la fe para creer en Él; reclamarle a Dios pruebas de su existencia es “tentarlo”, lo cual es un pecado prohibido por las Escrituras).
Pensándolo un poco mejor se me ocurrió que Benedicto estaba diciendo una gran verdad sin saberlo. Efectos muy conocidos de la privación sensorial son la producción de alucinaciones y la pérdida subjetiva de los límites entre el propio cuerpo y el resto del mundo. El silencio (incluyendo el silencio propio, el voto de silencio) y el aislamiento físico, acoplados a una alimentación frugal, a la abstinencia sexual y a una disciplina estricta, son herramientas típicas de las órdenes religiosas. No es coincidencia que se parezcan a las normas de una cárcel.
La privación sensorial prolongada puede tener efectos devastadores (por eso se la utiliza como forma de tortura). Cuando la mente no recibe estímulos sensoriales, tiende a crearlos. No es raro que quien está obligado a callar y rodeado por personas en la misma situación comience a escuchar voces en su cabeza. Menos todavía si le vienen machacando con que debe escucharlas si es que nada anda mal. Es verdad que Dios habla en el silencio.
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martes, 9 de agosto de 2011
Apunten al pastor
La noticia en sí no es gran cosa: un pastor protestante holandés, el reverendo Klaas Hendrikse, afirma que no cree que Dios exista como persona sobrenatural, ni que Jesús haya sido el Hijo de Dios, ni que haya vida después de la muerte. Esta clase de religión abstracta en la cual todo es metáfora o símbolo está de moda tanto entre ateos que no se animan a ser ateos como entre creyentes que creen que así pueden zafar de las críticas racionales dirigidas a las creencias tradicionales.
Lo que llama la atención (aunque tampoco es para sorprenderse, la verdad, vista la cantidad de fanáticos que pululan) son las reacciones de los creyentes. Algunos comentarios selectos en la nota que cito arriba, a continuación.
Éste es toda una ternura con su banda rosa y su tiara:
Y éste, que tiene cara de tipo con el que te podrías encontrar de mochilero en cualquier parte y charlar de la vida, está sediento de sangre:
La incompetencia ortográfica y gramatical dan un poco de risa, pero yo creo que deberían causar más miedo que risa. Dejando aparte lo fácil que es para mí encontrar ejemplos risibles/temibles de intolerancia cristiana, cada uno de estos comentarios debería ser una razón más para luchar contra la propagación de esta religión funesta.
Lo que llama la atención (aunque tampoco es para sorprenderse, la verdad, vista la cantidad de fanáticos que pululan) son las reacciones de los creyentes. Algunos comentarios selectos en la nota que cito arriba, a continuación.
Éste es toda una ternura con su banda rosa y su tiara:
A éste le causa gracia la “enfermedad” de pensar de manera distinta a su indoctrinamiento:
Éste es un bot:
Y éste, que tiene cara de tipo con el que te podrías encontrar de mochilero en cualquier parte y charlar de la vida, está sediento de sangre:
La incompetencia ortográfica y gramatical dan un poco de risa, pero yo creo que deberían causar más miedo que risa. Dejando aparte lo fácil que es para mí encontrar ejemplos risibles/temibles de intolerancia cristiana, cada uno de estos comentarios debería ser una razón más para luchar contra la propagación de esta religión funesta.
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miércoles, 20 de julio de 2011
Información vs. cristianismo
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| Josh McDowell |
“Internet le ha dado a los ateos, agnósticos, escépticos, a la gente que desea destruir todo en lo que ustedes y yo creemos, casi el mismo acceso a los hijos de ustedes que el que tienen su pastor o ustedes…”Vale decir, ahora cualquier niño puede sentarse frente a una computadora y, con un poco de criterio y la ayuda de Google o Wikipedia, desengañarse de todas las mentiras con las que los padres y los pastores les han lavado el cerebro en nombre de Jesús. ¡Amén!
“Éste es el problema: desde el principio, cuando Al Gore inventó la Internet” (esto dicho en tono de broma) “yo estuve diciendo durante diez, once años que la abundancia de conocimiento, la abundancia de información, no llevaría a la certidumbre: llevaría a un escepticismo masivo. Y eso, amigos, es exactamente lo que ha ocurrido.”No exactamente (¡qué buena noticia sería!), pero sí se ven algunas señales prometedoras. Ahora los jóvenes tienen la oportunidad de salir de la prisión del dogma mucho antes, apenas aprenden a usar Internet para relacionarse con personas fuera del patéticamente diminuto mundo del cristianismo fundamentalista.
Hace unos 15 años, añadió el apologista, cuando los ministerios juveniles cristianos recaudaban dinero para proyectos juveniles, la gran frase era: “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 18 años, probablemente no llegarás a él.” ¿Y cómo es ahora? “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 12 años, probablemente no llegarás a él.”Esto me hace modestamente feliz. Si llegando a un solo niño puedo arruinarle la fiesta a vendedores de ignorancia y superstición como Josh McDowell, me considero satisfecho.
jueves, 14 de julio de 2011
Palabras en la boca de los ateos
Hace bastante que no leo nada de WebIslam porque, vamos a decirlo, lo que publican allí es mayormente una mezcla de apologética musulmana muy básica y de esoterismo o magufismo. Pero cuando vi un artículo titulado “El ateísmo” en mi lector de feeds, tuve que curiosear.
El que escribe se llama Abdennur Prado. Propone que en realidad el ateísmo occidental (suenan alarmas ya en este punto) no es más que el rechazo de la idolatría cristiana. El Dios cristiano es una persona, se ha encarnado, es concebible parcialmente como un ser humano con quien se puede tener una relación inteligible. El “ateísmo occidental” sería la negación de esta concepción cristiana. Los ateos que rechazamos el islam en realidad lo hacemos porque rechazamos de plano toda religión; si comprendiésemos el islam nos daríamos cuenta de que Dios es la Realidad:
Todo esto es interesante y sería muy útil para tener en cuenta si no fuera por sus múltiples fallas. En primer lugar, el islam ilustrado de Prado y similares no es el islam que siguen mil millones de personas en el planeta; de hecho apostaría a que Prado sería ahorcado o lapidado por blasfemia en casi cualquier lugar del mundo musulmán, o cuanto menos colocado en una lista negra, por negar que se pueda acceder a las intenciones divinas (¿qué sería de los mulás, los ayatolás y demás parásitos si así fuera?). En segundo lugar, es patentemente falso que el islam no sea dogmático o no emplee representaciones de Dios; siendo una religión fuertemente literalista, todo el Corán es como un gran dogma de muchos capítulos (hágase la prueba de negar la veracidad de un solo versículo, si no), y para los fines prácticos Mahoma, el Profeta, funciona como un dios subalterno, de quien se toman ejemplos y preceptos morales como palabra santa e inerrable.
En tercer lugar, y mucho más importante según lo veo, el ateísmo no es la simple negación del Dios cristiano. Existe ciertamente un ateísmo reactivo y hasta un ateísmo infantil; todos conocemos ateos que niegan a Dios y blasfeman de puro gusto y rebeldía, pero por la poca elaboración intelectual que han hecho caen de lleno en los brazos de misticismos varios o de pseudorreligiones como el comunismo o la creencia en extraterrestres benévolos que nos vigilan. Esos ateos, con un esfuerzo considerable de negación de la realidad, podrían ser convencidos de que el islam en su variante más abstracta —como plantea Prado— es una espiritualidad afín. La mayoría de nosotros, me atrevo a decir, no.
Lo de Prado suena muy similar a lo de muchos teólogos cristianos, también preocupados por la imagen infantil que los creyentes tienen de Dios, que transforman a Dios en un concepto inefable e inabarcable en escritos complicadísimos que luego sólo ellos leen. Esta imagen está bastante a salvo de críticas ateas precisamente porque es infalsable, además de irrelevante. La religión a nivel práctico, que es el que nos ocupa salvo que seamos estudiosos profundos del tema, no se basa en conceptos tan elevados y puros.
El concepto de Dios no es abarcable, no porque Dios sea una Realidad superior a nuestro intelecto, sino porque es absurdo. Esto es lo que se llama, si lo entendí bien, ateísmo esencial. Nadie sabe lo que dice cuando dice “Dios”. Por eso, mal que le pese a Abdennur Prado, yo no creo que su dios sea distinto, en ningún sentido fundamental, de los otros constructos verbales sin sentido que pululan en las mentes humanas.
El que escribe se llama Abdennur Prado. Propone que en realidad el ateísmo occidental (suenan alarmas ya en este punto) no es más que el rechazo de la idolatría cristiana. El Dios cristiano es una persona, se ha encarnado, es concebible parcialmente como un ser humano con quien se puede tener una relación inteligible. El “ateísmo occidental” sería la negación de esta concepción cristiana. Los ateos que rechazamos el islam en realidad lo hacemos porque rechazamos de plano toda religión; si comprendiésemos el islam nos daríamos cuenta de que Dios es la Realidad:
Dios es más grande. Más grande que cualquier cosa que se pueda decir, pensar u afirmar de Él. Es una Realidad inabarcable para el ser humano, la propia estructura viviente de las cosas, el fundamento de todo cuanto existe, la misericordia que hace surgir vida de la tierra muerta fertilizada por la lluvia. Negar a Al-lâh equivale a negar la propia existencia de las cosas.Prado reconoce como legítimos los motivos del ateísmo, pero dice que se queda a mitad de camino: el ateísmo niega el dogma, niega las afirmaciones sobre Dios, niega el concepto de Dios como persona, como concepto abarcable por la mente humana y por lo tanto manipulable, niega que se lo pueda representar, y en todo esto —afirma— es igual al islam, pero el islam da un paso más y reconoce que sólo hay un Dios, es decir, una Realidad. Los ateos tenemos una imagen infantil de Dios (la que nos ha vendido el cristianismo) y al rechazarla cometemos el error de rechazar al verdadero Dios.
Todo esto es interesante y sería muy útil para tener en cuenta si no fuera por sus múltiples fallas. En primer lugar, el islam ilustrado de Prado y similares no es el islam que siguen mil millones de personas en el planeta; de hecho apostaría a que Prado sería ahorcado o lapidado por blasfemia en casi cualquier lugar del mundo musulmán, o cuanto menos colocado en una lista negra, por negar que se pueda acceder a las intenciones divinas (¿qué sería de los mulás, los ayatolás y demás parásitos si así fuera?). En segundo lugar, es patentemente falso que el islam no sea dogmático o no emplee representaciones de Dios; siendo una religión fuertemente literalista, todo el Corán es como un gran dogma de muchos capítulos (hágase la prueba de negar la veracidad de un solo versículo, si no), y para los fines prácticos Mahoma, el Profeta, funciona como un dios subalterno, de quien se toman ejemplos y preceptos morales como palabra santa e inerrable.
En tercer lugar, y mucho más importante según lo veo, el ateísmo no es la simple negación del Dios cristiano. Existe ciertamente un ateísmo reactivo y hasta un ateísmo infantil; todos conocemos ateos que niegan a Dios y blasfeman de puro gusto y rebeldía, pero por la poca elaboración intelectual que han hecho caen de lleno en los brazos de misticismos varios o de pseudorreligiones como el comunismo o la creencia en extraterrestres benévolos que nos vigilan. Esos ateos, con un esfuerzo considerable de negación de la realidad, podrían ser convencidos de que el islam en su variante más abstracta —como plantea Prado— es una espiritualidad afín. La mayoría de nosotros, me atrevo a decir, no.
Lo de Prado suena muy similar a lo de muchos teólogos cristianos, también preocupados por la imagen infantil que los creyentes tienen de Dios, que transforman a Dios en un concepto inefable e inabarcable en escritos complicadísimos que luego sólo ellos leen. Esta imagen está bastante a salvo de críticas ateas precisamente porque es infalsable, además de irrelevante. La religión a nivel práctico, que es el que nos ocupa salvo que seamos estudiosos profundos del tema, no se basa en conceptos tan elevados y puros.
El concepto de Dios no es abarcable, no porque Dios sea una Realidad superior a nuestro intelecto, sino porque es absurdo. Esto es lo que se llama, si lo entendí bien, ateísmo esencial. Nadie sabe lo que dice cuando dice “Dios”. Por eso, mal que le pese a Abdennur Prado, yo no creo que su dios sea distinto, en ningún sentido fundamental, de los otros constructos verbales sin sentido que pululan en las mentes humanas.
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domingo, 12 de junio de 2011
Ningún verdadero ateo…
Los pastores de la Iglesia no sólo están para conducir su rebaño: también se encargan de poner nombre a los lobos según su preferencia.
El Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura en el Vaticano, Cardenal Gianfranco Ravasi, recordó que los ateos que no facilitan el diálogo real con los creyentes no pueden autodenominarse con seriedad ateos.
La pomposidad de este funcionario de la esperpéntica monarquía vaticana no deja de ser un poco patética. No es que muchos ateos leamos ACI Prensa, de todas formas; lo de Ravasi es una admonición a sus feligreses más obedientes (por no decir tontos): no presten atención, les dice, a todos esos ateos que viven su vida sin Dios tranquilamente, moralmente, decentemente, sin molestar a nadie, y sobre todo, no escuchen jamás (cierren los oídos) a los ateos que además de vivir muy bien sin Dios tienen el descaro de manifestarlo y de reírse de ustedes, que tanto tiempo dedican a sus letanías, genuflexiones, postraciones, besamanos y jaculatorias solemnes. Tápense los ojos y niéguense a escuchar a los ateos que no quieren “dialogar” —o sea, soportar homilías vacuas sin chistar o darle crédito a la pseudociencia y la pseudofilosofía católica. Desprecien con un fruncimiento de nariz desdeñoso a los ateos prácticos, que ni siquiera se sonrojan al blasfemar porque saben que una blasfemia es sólo insultar a una entidad ficticia. No les den espacio a los ateos irónicos o sarcásticos, que bromean sobre Dios sin saberse de memoria todas las sofisterías que nuestros teólogos han creado durante mil años para justificarlo. Sólo son ateos “serios” aquellos que estén inquietos por la muerte de Dios, que sufran y anhelen su ausencia y estén dispuestos a entrar en el “Patio de los Gentiles” para oírnos a nosotros, los que tenemos la Verdad.
domingo, 27 de marzo de 2011
La burla no es intolerancia
El presente ensayo nació de un breve intercambio en Twitter con un “pensador libre” (así se describe él), @El_Cambumbo, o Ricky, que posteó lo siguiente:

En este caso y muchos otros, la implicación parece ser que un acto verbal o escrito de crítica que apunte a un texto “sagrado” o a una figura reverenciada es equiparable a —y por tanto justifica— la amenaza cierta de violencia, incluso de muerte violenta. La crítica de Rodeker fue un ataque por vía de descripción: Mahoma, escribió, fue “un jefe guerrero sin misericordia, un saqueador, un asesino de judíos y un polígamo” (que se permitió incluir entre sus muchas esposas a una niña de nueve años). Esto, si uno cree en lo escrito en el Corán, es estrictamente cierto. La crítica de Rushdie ni siquiera fue concebida como tal, aunque es comprensible que así fuera entendida: se permitió mencionar la existencia de los versículos que según la tradición fueron suprimidos por el mismo Mahoma por considerar que eran un engaño, fruto de inspiración satánica. La mayoría de los que juraron vengarse de Rushdie por la ofensa nunca habían leído el libro, de la misma manera en que la mayoría de los que juraron matar a los dibujantes del diario danés Jyllands-Posten tampoco habían visto jamás los comics “blasfemos”.
En todos estos casos la opinión de los líderes religiosos, de los medios y (es de suponer) de gran parte de la opinión pública liberal, progresista, fue que ellos se lo habían buscado.
Ésta es exactamente la misma reacción de quienes, ante la violación de una mujer, justifican implícitamente al violador haciendo notar que la mujer vestía ropas demasiado reveladoras.
Decía Confucio que una de las condiciones para el correcto funcionamiento de la sociedad era la rectificación de los nombres, es decir, emplear las palabras de manera que se ajusten a lo que representan. La receta confuciana en realidad apuntaba a preservar los roles de una sociedad rígidamente jerárquica, en la cual cada uno supiera lo que era y lo que debía hacer, pero a un nivel superficial el principio es útil para nuestra discusión. ¿A qué vamos a llamar “intolerancia”? ¿Qué valor le vamos a dar a ese término tan cargado? ¿Puede una sociedad como la que queremos funcionar correctamente si “intolerancia” —la incapacidad de tolerarnos unos a otros, la incapacidad de aceptar lo diferente— se vuelve un sinónimo de la mera expresión del desacuerdo?
Cuando le respondí a Ricky, en Twitter, él me dijo que “los ateos que se mofan de las creencias de los demás son tan intolerantes como las religiones que critican”. Le dije que no me parecían comparables la burla, la ironía, el sarcasmo o incluso el ataque verbal con la persecución, la intimidación o el asesinato. La respuesta de Ricky fue: “La intolerancia es la causa de ambos casos. La diferencia es que ellos (religión) tienen el poder. Si el poder fuera del que se burla, lo más probable [es que éste] sería el perseguidor, intimidador y asesino”. Y luego:
El discurso de Plait tiene más que ver con la relación entre el pensamiento crítico y la pseudociencia, pero podemos extrapolar con facilidad a otros campos. Parece bastante claro que nadie va a decidir que su religión es falsa porque un ateo tras otro vaya y le grite (o le llene su muro de Facebook o su timeline de Twitter o lo que sea) que sus creencias son idiotas y que él es un retardado mental. Parece bastante claro que insultar o burlarse de las ideas del otro se puede interpretar como un insulto personal, y que como estrategia para “desconvertir” a un creyente, es generalmente inútil o incluso contraproducente. Está clarísimo, supongo, que nadie debería abogar por una prédica del ateísmo basada en ridiculizar al creyente. Don’t be a dick, es decir, no te comportes como un idiota, no seas un energúmeno asocial, no trates a los demás como si te las supieras todas y ellos fueran retrasados. No seas sobrador. No seas creído.
Todo esto no significa, no debe significar, que cada crítica a un pensamiento irracional debe ser una suave y pausada exposición marcada por el respeto a la exquisita sensibilidad del interlocutor. En muchos casos el interlocutor ni siquiera desea escucharnos. El interlocutor no tiene paciencia para nuestros argumentos razonados, porque no tiene ganas de razonar. En un mínimo de casos el interlocutor es realmente un idiota y está orgulloso de su ignorancia. En otros casos el interlocutor es una persona muy inteligente a su manera que cultiva la ignorancia en los demás para su beneficio. Los críticos del argumento de Plait (y hubo muchos apenas se conoció su exposición) señalaron, correctamente, que en los foros abiertos de hoy las discusiones suelen ser leídas y comentadas por muchas personas que no saben muy bien de qué lado están porque no tienen toda la información a mano, y que por eso no siempre (o casi nunca) discutimos para convencer al interlocutor: discutimos para que los expectadores conozcan las ideas del otro y vean cuán falsas o ridículas son en realidad; discutimos para exponer nuestras propias ideas con claridad a un público que quizá nunca las había escuchado, o sólo había tenido contacto con ellas a través de filtros o en forma distorsionada.
El ridículo, la ironía, el sarcasmo, incluso el lenguaje deliberamente fuerte, forman parte del arsenal retórico de la humanidad desde hace siglos. Los intentos de supresión de estos artificios argumentativos también tienen una larga historia. El carnaval fue prohibido y permitido intermitentemente en la cristiandad porque el espíritu del carnaval es la inversión de roles y la licencia para la burla a los superiores y los poderosos, carácter que conserva en algunos lugares (por ejemplo, en el caso latinoamericano, en Uruguay). El carnaval permite que personas comunes se disfracen de obispos o reyes, demostrando así por ostensión que los obispos y reyes no son más que personas comunes. La sátira, estrechamente unida al carnaval, también ha sido siempre un blanco del poder religioso y temporal, a pesar de lo cual surge y vuelve a surgir. Poner a los dueños autonombrados del poder y de la verdad en ridículo es un ejercicio sano de libertad de expresión.
Existe un límite al ridículo, difícil de trazar, que es la incitación a la violencia. Los poderosos suelen equiparar el desorden con la violencia. La burla trastoca las relaciones sociales, por lo tanto —así dicen— lleva al caos, a la sedición, a la desintegración. El castigo preventivo ante este improbable desenlace es la supresión de quien se burla, que las religiones (con apoyo del poder temporal) han practicado desde que existen: el exilio, la cárcel, el veneno, la lapidación o la horca. Todo esto parece bastante desproporcionado, y lo es. Cuando alguien me falta el respeto, se lo digo y me voy. Cuando a los intolerantes les faltan el respeto, suprimen a quien lo hizo, y eliminan también la oportunidad de otros de ver qué era aquello tan peligroso, tan subversivo, aquella burla tan desagradable que no podía ser tolerada.
La burla no es intolerancia. Intolerancia es obstruir los derechos del otro, es impedirle ser parte de la sociedad, es decidir que una idea no tiene derecho a existir. Ningún movimiento social progresista de nuestros tiempos se ha basado jamás en quitar derechos a una parte de la población: más bien al contrario, se trata de ampliar y equiparar los derechos de todos. La intolerancia de quien alega una creencia religiosa para imponer sus reglas a la sociedad no es comparable a la reacción de quien se burla de esas creencias, sea como forma oblicua de crítica o simplemente para desahogarse. El respeto absoluto a las creencias de todos, lo dije arriba y lo repito, es conformismo y es un abandono de nuestra responsabilidad social. La burla bien dirigida es, a veces, la única forma disponible para atacar creencias dañinas, venenosas, mortales.
Mi vecino, si sus creencias no hacen daño, no tiene que temer que me burle de ellas, por muy contrarias a las mías que sean. Y si lo hace, puede sentirse seguro, porque un sarcasmo demoledor es lo peor que puede esperar de mí. En manos de verdaderos intolerantes, no tendría esa suerte.
#unsaludo a los #ateos q sienten la necesidad de burlarse de las creencia de los demas. No es lo mismo diferir q burlarse... #growupReconozco que algunas veces me he permitido burlarme de alguna creencia particularmente estúpida, aunque jamás he sentido la necesidad o compulsión de burlarme de las creencias de otra persona en su cara. Pero como sé muy bien de dónde viene esta clase de idea, decidí contestar.
@El_Cambumbo #ateos http://bit.ly/efnKa7 "Si no quieres que me burle de tus creencias, no creas cosas tan ridículas." O desagradables.El vínculo al cual lo referí es una muy interesante nota en La tercera cultura, titulada “La perversión del respeto: las religiones a la búsqueda de la hegemonía cultural”, que había encontrado hacía unos días y que precisamente me proponía comentar aquí. Es la traducción de una charla dictada por Robert Rodeker, filósofo francés que en 2006, luego de una nota publicada por el diario conservador y secularista Le Figaro donde atacaba la figura de Mahoma, pasó a integrar el creciente contingente de críticos del islam amenazados de muerte por los fundamentalistas y abandonados cobardemente a su suerte por las autoridades, los medios y casi todos los autoproclamados amantes de la libertad de expresión por haber infringido los sagrados límites de la corrección política. Como a Salman Rushdie, se le reprochó haber insultado las sensibilidades de los musulmanes.

En este caso y muchos otros, la implicación parece ser que un acto verbal o escrito de crítica que apunte a un texto “sagrado” o a una figura reverenciada es equiparable a —y por tanto justifica— la amenaza cierta de violencia, incluso de muerte violenta. La crítica de Rodeker fue un ataque por vía de descripción: Mahoma, escribió, fue “un jefe guerrero sin misericordia, un saqueador, un asesino de judíos y un polígamo” (que se permitió incluir entre sus muchas esposas a una niña de nueve años). Esto, si uno cree en lo escrito en el Corán, es estrictamente cierto. La crítica de Rushdie ni siquiera fue concebida como tal, aunque es comprensible que así fuera entendida: se permitió mencionar la existencia de los versículos que según la tradición fueron suprimidos por el mismo Mahoma por considerar que eran un engaño, fruto de inspiración satánica. La mayoría de los que juraron vengarse de Rushdie por la ofensa nunca habían leído el libro, de la misma manera en que la mayoría de los que juraron matar a los dibujantes del diario danés Jyllands-Posten tampoco habían visto jamás los comics “blasfemos”.
En todos estos casos la opinión de los líderes religiosos, de los medios y (es de suponer) de gran parte de la opinión pública liberal, progresista, fue que ellos se lo habían buscado.
Ésta es exactamente la misma reacción de quienes, ante la violación de una mujer, justifican implícitamente al violador haciendo notar que la mujer vestía ropas demasiado reveladoras.
Decía Confucio que una de las condiciones para el correcto funcionamiento de la sociedad era la rectificación de los nombres, es decir, emplear las palabras de manera que se ajusten a lo que representan. La receta confuciana en realidad apuntaba a preservar los roles de una sociedad rígidamente jerárquica, en la cual cada uno supiera lo que era y lo que debía hacer, pero a un nivel superficial el principio es útil para nuestra discusión. ¿A qué vamos a llamar “intolerancia”? ¿Qué valor le vamos a dar a ese término tan cargado? ¿Puede una sociedad como la que queremos funcionar correctamente si “intolerancia” —la incapacidad de tolerarnos unos a otros, la incapacidad de aceptar lo diferente— se vuelve un sinónimo de la mera expresión del desacuerdo?
Cuando le respondí a Ricky, en Twitter, él me dijo que “los ateos que se mofan de las creencias de los demás son tan intolerantes como las religiones que critican”. Le dije que no me parecían comparables la burla, la ironía, el sarcasmo o incluso el ataque verbal con la persecución, la intimidación o el asesinato. La respuesta de Ricky fue: “La intolerancia es la causa de ambos casos. La diferencia es que ellos (religión) tienen el poder. Si el poder fuera del que se burla, lo más probable [es que éste] sería el perseguidor, intimidador y asesino”. Y luego:
@alertareligion ¿No apoyas la intolerancia y sin embargo le llamas ridiculo a las creencias de otr@s? La verdad; ¿Quién tiene la "verdad"? Ellos no, pero tampoco tu, entonces ¿Que te da el derecho de llamarle ridiculo? Por como te expresas, es obvio que eres inteligente, y sabes q con ataques no logras nada. Sólo satisfacer los deseos de venganza. "Si quieres cambio verdadero, pues camina distinto" @Calle13Oficial.(Tengo una vaga idea de quiénes son Calle 13, pero dudo que sirva discutir con trozos de canciones. Ignoremos eso.) La noción de que llamar ridículas las opiniones ajenas es intolerante sigue ahí, al igual que el trillado recurso a la imposibilidad de tener la verdad. (Tengo la teoría de que la prédica religiosa constante contra el relativismo ha provocado una contrarreacción irracional, casi alérgica, de muchas personas que no adhieren al fanatismo religioso, volcándolas hacia un relativismo radical que se siente obligado a insistir en la equiparabilidad de todas las creencias. Que nadie tenga la verdad absoluta no implica que todos estemos igualmente lejos de ella. Si yo no creyera que estoy más cerca de la verdad que mi oponente, no me molestaría en debatir con él, ni en luchar contra la imposición de sus ideas, ni en buscar ningún tipo de cambio en la sociedad: todo me daría lo mismo. El relativismo radical es conformismo puro, es puro slogan, como “camina distinto”. No se puede caminar si no hay camino, el camino se hace convenciendo a otros de que cambien de ruta, lo cual requiere debate, confrontación, choque de ideas.) Enseguida, además del texto de Rodeker que cité, me vino a la mente la ya famosa exposición del astrónomo Phil Plait sobre el objetivo del escepticismo, cuyo título informal, Don’t Be a Dick, se ha transformado a su vez en un slogan.
El discurso de Plait tiene más que ver con la relación entre el pensamiento crítico y la pseudociencia, pero podemos extrapolar con facilidad a otros campos. Parece bastante claro que nadie va a decidir que su religión es falsa porque un ateo tras otro vaya y le grite (o le llene su muro de Facebook o su timeline de Twitter o lo que sea) que sus creencias son idiotas y que él es un retardado mental. Parece bastante claro que insultar o burlarse de las ideas del otro se puede interpretar como un insulto personal, y que como estrategia para “desconvertir” a un creyente, es generalmente inútil o incluso contraproducente. Está clarísimo, supongo, que nadie debería abogar por una prédica del ateísmo basada en ridiculizar al creyente. Don’t be a dick, es decir, no te comportes como un idiota, no seas un energúmeno asocial, no trates a los demás como si te las supieras todas y ellos fueran retrasados. No seas sobrador. No seas creído.
Todo esto no significa, no debe significar, que cada crítica a un pensamiento irracional debe ser una suave y pausada exposición marcada por el respeto a la exquisita sensibilidad del interlocutor. En muchos casos el interlocutor ni siquiera desea escucharnos. El interlocutor no tiene paciencia para nuestros argumentos razonados, porque no tiene ganas de razonar. En un mínimo de casos el interlocutor es realmente un idiota y está orgulloso de su ignorancia. En otros casos el interlocutor es una persona muy inteligente a su manera que cultiva la ignorancia en los demás para su beneficio. Los críticos del argumento de Plait (y hubo muchos apenas se conoció su exposición) señalaron, correctamente, que en los foros abiertos de hoy las discusiones suelen ser leídas y comentadas por muchas personas que no saben muy bien de qué lado están porque no tienen toda la información a mano, y que por eso no siempre (o casi nunca) discutimos para convencer al interlocutor: discutimos para que los expectadores conozcan las ideas del otro y vean cuán falsas o ridículas son en realidad; discutimos para exponer nuestras propias ideas con claridad a un público que quizá nunca las había escuchado, o sólo había tenido contacto con ellas a través de filtros o en forma distorsionada.
El ridículo, la ironía, el sarcasmo, incluso el lenguaje deliberamente fuerte, forman parte del arsenal retórico de la humanidad desde hace siglos. Los intentos de supresión de estos artificios argumentativos también tienen una larga historia. El carnaval fue prohibido y permitido intermitentemente en la cristiandad porque el espíritu del carnaval es la inversión de roles y la licencia para la burla a los superiores y los poderosos, carácter que conserva en algunos lugares (por ejemplo, en el caso latinoamericano, en Uruguay). El carnaval permite que personas comunes se disfracen de obispos o reyes, demostrando así por ostensión que los obispos y reyes no son más que personas comunes. La sátira, estrechamente unida al carnaval, también ha sido siempre un blanco del poder religioso y temporal, a pesar de lo cual surge y vuelve a surgir. Poner a los dueños autonombrados del poder y de la verdad en ridículo es un ejercicio sano de libertad de expresión.
Existe un límite al ridículo, difícil de trazar, que es la incitación a la violencia. Los poderosos suelen equiparar el desorden con la violencia. La burla trastoca las relaciones sociales, por lo tanto —así dicen— lleva al caos, a la sedición, a la desintegración. El castigo preventivo ante este improbable desenlace es la supresión de quien se burla, que las religiones (con apoyo del poder temporal) han practicado desde que existen: el exilio, la cárcel, el veneno, la lapidación o la horca. Todo esto parece bastante desproporcionado, y lo es. Cuando alguien me falta el respeto, se lo digo y me voy. Cuando a los intolerantes les faltan el respeto, suprimen a quien lo hizo, y eliminan también la oportunidad de otros de ver qué era aquello tan peligroso, tan subversivo, aquella burla tan desagradable que no podía ser tolerada.
La burla no es intolerancia. Intolerancia es obstruir los derechos del otro, es impedirle ser parte de la sociedad, es decidir que una idea no tiene derecho a existir. Ningún movimiento social progresista de nuestros tiempos se ha basado jamás en quitar derechos a una parte de la población: más bien al contrario, se trata de ampliar y equiparar los derechos de todos. La intolerancia de quien alega una creencia religiosa para imponer sus reglas a la sociedad no es comparable a la reacción de quien se burla de esas creencias, sea como forma oblicua de crítica o simplemente para desahogarse. El respeto absoluto a las creencias de todos, lo dije arriba y lo repito, es conformismo y es un abandono de nuestra responsabilidad social. La burla bien dirigida es, a veces, la única forma disponible para atacar creencias dañinas, venenosas, mortales.
Mi vecino, si sus creencias no hacen daño, no tiene que temer que me burle de ellas, por muy contrarias a las mías que sean. Y si lo hace, puede sentirse seguro, porque un sarcasmo demoledor es lo peor que puede esperar de mí. En manos de verdaderos intolerantes, no tendría esa suerte.
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Pablo
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lunes, 1 de marzo de 2010
De Saramago, la Biblia, el ateísmo militante y más (parte 2)
Ésta es la segunda parte de la conversación que sostuvimos en Ateos Hispanos en Facebook. Aquí pasamos a hablar, más que del hecho concreto de Saramago y de su crítica bíblica, del papel del ateísmo militante.
Francisco:
Estimado Pablo: Usaste la palabra clave, la "reacción atea". Si el ateísmo militante esquemático decide autolimitarse para sólo ser una mera reacción contra algo, pues todos los movimientos autolimitados al anti-loquesea tienden a estancarse y desnaturalizarse.
Todas las víctimas (de la tiranía, del autoritarismo, de l dogmatismo, etc) deben obtener el apoyo necesario para que dejen de serlo lo más pronto posible. Pero esta ayuda debe ser una ayuda resputuosa de sus propias capacidades y debe empoderarlas. Si nos permitimos caer en el rol de víctima permanente de la ICAR, o de lo que sea, nos sentiremos 'legitimados' para ser igual de acosadores y agresores que nuestros victimarios, y si caemos en el rol de los rescatadores-salvadores, nos sentiremos vacíos sin una víctima que de sentido a nuestra triste y hueca vida.
No sostengo que toda persona inconforme con el dogmatismo, el fundamentalismo o el literalismo bíblico (o coránico, da igual) de un día para otro deje de sentirse víctima. Quizás no lo pueda hacer, pero creo que los clubes y espacios ateos que generalmente se encuentran disponibles en español tienden a cae en esos roles de lo que se llama el "Triángulo Dramático". Rechazar de manera completamente radical el literalismo bíblico no es dedicarme a contar los litros de sangre derramados en sus narraciones, ni la cantidad de oprimidos en su nombre (ahí todavía está fresca la herida). Como historiadores e historiógrafos podremos reflexionar, discutir e investigar sobre ese tema, pero en lo personal debemos pasar esa página para superar ese conflicto.
Mientras nos quedemos a la defensiva con la paranoia normal de una sicología de minoría asediada, nadie que pueda evitarlo se uniría por mucho tiempo a nuestros grupos de resentidos que nos especializamos en lamernos las heridas. En la medida en que el librepensamiento avance y resolvamos el conflicto, si nos liberamos de esos roles trágicos estereotipados, dejaremos de sentirnos minoría asediada (aunque numérica o sociológicamente sigamos siendo pocos) y podremos potenciar nuestras visiones de manera propositiva y creativa a la cultura y la sociedad. Actuar como maestros de primaria regañones dando golpes con la regla del método científico a todo lo que nos huela a subjetividad, ficción o metáfora parece una ocupación ociosa y contraproducente para el avance de nuestros objetivos históricos.
Esa es mi reflexión.
Pablo:
Francisco, no voy a hablar en plural en tercera ni en segunda ni en primera persona, para referirme a los grupos ateos militantes o de resentidos o de reacción. Hablando por mí estrictamente: no me siento parte de una minoría asediada. No me interesan los clubes que se dedican al "religion bashing" (si a alguno pertenezco aquí en Facebook es por que me han invitado y no siempre rechazo las invitaciones) y no me interesa promover esa mentalidad facilista.
Tengo la suerte de contar con un espacio con una cierta cantidad de lectores, y ese espacio es de denuncia y de análisis; si se transforma en un coro de lamentos no es mi culpa sino de lo que la denuncia provoca inevitablemente cuando es algo grave. El librepensamiento en ese contexto pasa por atreverse a asomarse a la mente del otro, aun con repugnancia, para entenderlo y neutralizar sus razones o prejuicios.
Vivimos en una cultura tan impregnada de pensamiento mágico y tan sujeta por esas antiguas estructuras que el librepensamiento puede involucrar más reacción que acción positiva. No estamos, ni de cerca, en la etapa en que podemos limitarnos a proponer y actuar, salvo quizá en enclaves privilegiados. Como dije, no me siento parte de una minoría asediada, pero sí de una minoría ignorada y que no recibe respeto. Me dirás que el respeto no se logra denostando a los otros; te diré que hay personas cuyo respeto no me interesa y personas de las que jamás podré conquistar respeto, y ellas son las que ataco.
Francisco:
Hola Ateos Hispanos: Bueno, Sheridan lo que está haciendo es crítica, literaria, metaliteria, e incluso política. Y ese es el vínculo que encabeza este intercambio.El tema es inagotable y en realidad yo mismo necesito tiempo, que no tengo ahora mismo, para analizarlo en todas sus aristas. Son bienvenidos los comentarios (constructivos).
Saramago (Nobel de Literatura) es un novelista competente, pero como gurú moralista, jacobino e inocuo, deja mucho que desear. En México, en la educación pública hay tal tabú jacobino hacia la Biblia que el tema de la religión es intocable. Yo me opongo a la educación religiosa en la educación pública, pero me parecería importante que se ofrecieran clases de 'Hecho religioso', en las que con el acervo de la sociología, la antropología, la sicología, la historia y el estudio comparativo de las religiones se ofrecieran los mínimos elementos culturales para entender las dimensiones del fenómeno religioso. No hacer esto implica que dejamos a los egresados de la educación pública sin una formación mínima para la vida, y suelen ser presa fácil de cualquier secta orate destructiva o interpretación fundamentalista-reduccionista. Esa es la ventaja que veo a avanzar desde el jacobinismo rancio.
Dado que todavía no se analizan, la religión y la Biblia desde la perspectiva de 'Hecho Religioso' en la educación pública, considero que al menos quienes somos librespensadores (teístas, no-teístas, deístas, agnósticos, ateos, etc.) podemos promover este enfoque e ir convenciendo a autoridades educativas, opinión pública y tomadores de decisones sobre lo indispensable de incluir este enfoque en la educación pública. Pero el hecho es que si sólo nos dedicamos a rechazar (como los grupos que se dedican a comentar con gran detalle cada abuso o incongruencia de cada cura o imam), nos estamos cortando las alas, reducimos nuestros propios alcances, quitamos filo a nuestras mentes...
Y hay mucho que hacer para avanzar en este sentido, sin duda. Pero quizás una de las tareas más importantes sería que nos deje de doler la Biblia (aunque antes solieran golpearnos con ella), hacer las paces con su historia y su literatura me parece indispensable para pasar a la tarea de aportar crativa y corresponsablemente hacia una sociedad democrática que minimice la influencia de los fundamentalismos y literalismos teocráticos.
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Pablo
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josé saramago
sábado, 27 de febrero de 2010
De Saramago, la Biblia, el ateísmo militante y más (parte 1)
Le he pedido permiso a Francisco Javier Lagunes Gaitán, contacto mío en Facebook, para reproducir aquí una discusión que hemos tenido (junto con algunas otras personas) en la página de Ateos Hispanos. No estamos de acuerdo y sin embargo, creo, nos entendemos, lo cual quizá signifique que en el fondo no estamos tan en desacuerdo, y en todo caso, podemos aprender. El disparador de la discusión fue un artículo, Saramago: su Biblia, donde Guillermo Sheridan critica el último libro de José Saramago, Caín, y la actitud “moralista”, “jacobina” y de “apóstata pataleante” de Saramago. Francisco lo cita con beneplácito porque considera que Saramago es una mala noticia como gurú de un ateísmo reaccionario, intolerante y, francamente, poco culto.Para empezar, todavía no he leído Caín, por lo cual no opino sobre la crítica literaria del mismo, aunque no estoy de acuerdo con quienes descalifican a Saramago por leer textualmente la Biblia. Sí he leído El Evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera, que me parecieron muy buenos, de diferentes maneras. (También leí The Day of the Triffids de Wyndham, que no tiene absolutamente nada que ver con Ensayo sobre la ceguera excepto en la más pedestre de las lecturas.) Saramago me agrada aunque no siempre esté de acuerdo con él: a veces es sentimentaloide o se acerca al ludismo (cf La Caverna), pero esto es entendible en un hombre de 87 años que además ha adherido durante añares a una doctrina utópica y trágicamente fallida como el comunismo.
La primera parte de la discusión trata sobre todo de la interpretación de la Biblia y su influencia en la humanidad. La copio a continuación, y la semana que viene sigo con la segunda parte, que es de donde hablamos del rol de los ateos y librepensadores. Los comentarios son bienvenidos.
Glenys:
Wow, yo no lo interpretaría para nada de esa manera, creo que Saramago ha dejado escrito suficiente y ha hablado mucho para saber que no es eso lo que ha querido decir, para él, como para Hitchens y otros ateos agnósticos, este libro sagrado, como muchos otros de su "naturaleza", ha contribuido en el desastre que somos ahora., y ha influenciado la conducta humana en formas negativas desde promover la homofobia hasta la discriminación de géneros, Todavía, muchas de las religiones basadas en ella lo hacen, y eso es sólo algunos de los "pecados".
Obviamente, la naturaleza humana es mucho más vieja que la Biblia y cualquier otro libro y estoy segura de que Saramago lo sabe y tú también. :)))
Francisco:
Es que el autor, Sheridan es un implacable e iconoclasta analista literario, siempre presto a mostrarnos el cobre que en realidad hay detrás de las palabres bienpensantes de los gurús de moda.
Su conclusión me parece imbatible. Saramago es un jacobino ingenuo e inocuo, igual de moralista que cualquier moralista religioso, al pretender juzgar una obra literaria clásica con criterios como para juzgar una novela actual. Y atribuirle a un mero libro la capacidad de torcer para siempre la naturaleza humana demuestra una fe del carbonero en el poder transformador de ese libro que ya lo quisiera cualquier predicador santurrón fanático para un día de fiesta.
Glenys:
Primero, es indiscutible la influencia que ha tenido la biblia en la conducta humana y segundo, Saramago no es un gurú de la época, el tipo ya está a punto de morir.
El que él, tú y yo desde sumamente distintos puntos de vista estemos hablando sobre este libro lo hace más que un "mero" libro. Lo que me parece inocuo es ese deseo de no otorgarle la importancia a la biblia en lo negativo y su responsabilidad en la distribución de ideas nocivas que han impedido el progreso en mcuhas áreas, han permitido el abuso de millones de personas y han "legalizado" la discriminación y el odio hacia muchos. Sólo hay que hablar con cualquier pastor o cura para percatarse de ésto. Por otro lado, millones de personas por todo el mundo CREEN que lo que dice la Biblia es verdad y viven sus vidas de acuerdo a las interpretaciones varias de cada religión basada en este "mero" libro. A lo mejor si Fundación de Asimov tuviera a millones arrodillándose y adorando cada una de sus palabras e interpretaciones varias, estuviésemos ahora discutiendo a Asimov y sus ideas.
El hecho de que tú y los miembros de tu iglesia Unitaria tengan una visión más liberal de este "clásico" como te gusta llamarlo, no impide que veas que la mayoría no piensa como tú ni como yo y muchas de esas normas nocivas a las que nos han sometido, están ancladas precisamente en la biblia y no en fundación. Igual, si estuviésemos en Pakistán a lo mejor ambos ya hubiésemos muerto, y todo porque un libro es tomado al pie de la letra por la mayoría de sus seguidores.
Francisco:
Tienes razón Glenys, quizás Saramago no se propuso nunca concientemente ser considerado como gurú de cabecera de nadie. Pero el hecho es que muchos medios y una buena parte de sus seguidores lo consideran algo muy parecido a eso.
También se han cometido grandes crímenes en nombre de las naciones, las razas, e incluso la ciencia se ha usado como pretexto para abusar de muchos grupos sociales: mujeres, gueis, locos, etc. (véase la obra de Foucault al respecto). Así que te hago una petición encarecida, querida Glenys, no mezclemos las discusiones sobre lo que la Biblia es y sobre los usos que se le han dado. La ciencia no provocó los abusos para los que se usó como pretexto. Tampoco la Biblia.
Los participantes de la Iglesia Unitaria no tenemos dogmas obligatorios y cada uno de nosotros es libre de hacer y rehacer su propio juicio sobre la Biblia, y sobre lo que sea. También hay comecuras anticlericales jacobinos entre nosotros, aunque yo hace tiempo que no me identifico con esa posición.
Ningún libro es un peligro en sí. Las prácticas y usos sociales son los que pueden volver peligroso lo que sea... Si se trata de escoger en qué depositar nuestra confianza última, prefiero depostarla en la humanidad (con los lados obscuros y luminosos de la naturaleza humana) que en un mero texto (lo siento, la fe bíblica no se me da).
Recibe un saludo afectuoso.
Yo:
Me gusta la forma de expresarse de Saramago, aunque no lo considero un gurú ni mucho menos. Lo veo de otra forma: si te presentaran un libro como la Biblia, escrito por un don nadie, luego de leer ciertas partes lo dejarías disgustado y lo tendrías fuera del alcance de los niños pequeños, porque su contenido es repulsivo. Pero como es la Biblia, no es posible eso; un libro con esa antigüedad no es un libro sino una tradición variadísima, porque a un libro lo hacen sus lectores y sus interpretaciones. Saramago elige las interpretaciones más desagradables de la Biblia, que, acordemos, fueron las que predominaron hasta no hace mucho en términos históricos. Si Saramago es inteligente (y creo que lo es) "la Biblia" se refiere no al texto sino a las lecturas del mismo. ¿Cómo va a hacer daño un libro por sí solo? El daño lo hace la adopción de un libro como guía moral.
Wílmer:
Independientemente de las lecturas que puedan hacerse sobre la biblia, está conformada por varios libros escritos para interpretarse literalmente, excepto el apocalipsis. Objetivamente, la biblia es un libro inmoral. Es la sociedad, sacando lo mejor de sí, la que le da una interpretación edulcorada.
Sin embargo, dos mil años de lectura perniciosa no pasan desapercibidos y, a pesar de la intención de los creyentes de rescatar lo mejor de la biblia, su perjudicial legado quedará entre nosotros.
Si. Es cierto que el hombre ha usado a las naciones, razas, e incluso la ciencia como excusa para los peores fines, y es cierto que la biblia es sólo el resultado de la mentalidad de su época, pero esto no la exime de su carácter lesivo al utilizarla como guía moral. Saramago tiene toda la razón en su apreciación final.
Francisco:
Hola Wilmer: Me parece un criterio literariamente muy defectuoso pretender juzgar un libro por lo 'edificante' de su contenido. Me suenas a mi abuelita y a sus criterios de censura literaria.
La Biblia, en mi perspectiva, es una respuesta 100% humana ante el misterio. Es una antología de escritos heterogéneos elaborados, recopilados y re-editados durante un periodo de más de mil años... Con esta perspectiva, puede leerse como un interesante mosaico cultural que documnta, incluso contra la intención de algunos de sus autores o redactores, la evolución del concepto de Dios en un pueblo trashumante que cambia hacia una sociedad urbana.
La Biblia me parece un documento mucho más honesto que quienes hoy se dicen sus seguidores. Encuentras muchos de los principales rasgos de lo humano, anhelos, esperanza, sí; pero también frustración agresión descontrolada, violaciones... Es un mosaico cultural de la experiencia de los pueblos del medio oriente. Y como buen espejo de lo humano, puedes encontrar glorias y miserias, ya que, como decía Alexander Pope, el humanos es "la gloria, el enigma y la burla del mundo". La Biblia es un monumento literario de humanidad.
Los seres humanos tenemos el talento de proyectar lo que somos en obrass externas, tanto para conocernos más profundamente, y también para alienarnos dándoles a esas obras una autoridad y poder que no nos damos ni a nosotros mismos. Precisamente en esta línea de razonamiento, darle a un simple clásico literario antiguo el poder de pervertir y retorcer irrevocablemente la libre naturaleza humana, como señala Sheridan, es mostrar una fe del carbonero a toda prueba, pese a que sea parte de una denuncia al abuso autoritario que toma la Biblia como pretexto, no es sino una continuación de la peor tradición de alienación humana al seguir concediendo a un mero libro un poder absoluto que no tiene.
La negación más radical del literalismo bíblico fundamentalista no es, entonces, rechazar el libro con un moralismo gagá, ni pretender aplicarle criterios para evaluar libros de texto, o de otra clase ajenos a su género, sino devolverla al anaquel de los clásicos literarios, igual que la sangrientísima Iliada, La guerra y la paz, o Cien años de soledad.
Yo:
Los clásicos literarios que mencionas al final, Francisco, nunca fueron la guía moral de pueblos enteros. Para poner la Biblia en el anaquel de los clásicos hacen falta generaciones de trabajo de desacralización y deconstrucción. Las reingenierías literarias como la de Saramago pueden ayudar. La reacción atea al fundamentalismo bíblico se entiende porque estamos en minoría y a la defensiva. No queremos criticar a la Biblia como a un libro de texto, pero como tal la tratan porciones significativas (y en algunos casos crecientes) de la sociedad.
Ateos Hispanos:
Lo que ocurre, Francisco, es que no estamos haciendo crítica literaria. Estamos hablando de un libro que ha influenciado a la humanidad por milenios, que no ha sido leído como un texto más de la literatura universal. El problema radica en que la sociedad moderna toma la biblia como un libro sagrado y esto se presta para fundamentalismos peligrosos. Si la sociedad tomara este libro como herramienta para conocer el pensamiento de un pueblo antiguo todos estaríamos conformes, incluyendo a Saramago; infortunadamente, nuestra situación actual no permite ver a la biblia como un simple clásico de la literatura.Continuará...
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domingo, 11 de octubre de 2009
Permítame que me carcajee
Nada grave por aquí, simplemente una de esas opiniones que causan risa:Un prestigioso científico jesuita dedicado actualmente a explicar las consecuencias metafísicas de los últimos descubrimientos astrofísicos, aseguró que estos hallazgos dejan poco sitio al ateísmo.Sin ser científico, me considero bastante informado sobre las teorías cosmológicas y los hallazgos astrofísicos actuales, y la verdad, mi ateísmo no se ha visto sacudido por una revelación. Ciertamente es posible que, de alguna manera absolutamente inexplicable para nosotros, una entidad extra-cósmica sea la responsable de la creación de nuestro universo, pero para todos los fines prácticos da lo mismo si existe o no, justamente porque de existir estaría fuera de nuestra experiencia y de nuestro alcance. (Toda otra elaboración es teología, o sea, simple retórica.)
… [P]ara el jesuita, filósofo y físico Robert Spitzer, ex rector de la Universidad Gonzaga, la astrofísica contemporánea es "la llave científica para probar la existencia de Dios, pero desafortunadamente muy pocos conocen estos hechos científicos".
En su triple condición de hombre religioso, filósofo y científico, Robert Spitzer debería saber que la existencia de su dios no puede ser probada por la ciencia, y que aun si los descubrimientos modernos sobre astrofísica apuntan a un sugestivo enigma, lo que está en el corazón de ese enigma no tiene muchas posibilidades de ser precisamente su dios.
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sábado, 3 de octubre de 2009
Ateísmo para todos
Tengo aquí una editorial de Ariane Sherine (la periodista que inició la campaña del bus ateo en Gran Bretaña) en la sección Comment is free (Cif) del diario británico The Guardian. Se llama Atheism's open-door policy (“La política de puertas abiertas del ateísmo”) y, aunque en principio el título sugiere el tema de los supuestos requisitos para ser (un buen) ateo, trata específicamente con una crítica al perfil socioeconómico y educativo de los ateos modernos. Lean el extracto que he traducido, y sigan.El viernes, el editor de creencias de Cif Andrew Brown escribió: "Es enteramente posible que el libro de Ariane Sherine sobre el disfrute de una Navidad atea se venda esta Navidad; pero llegado el año nuevo, no se lo encontrará en la repisa del baño sino en lavatorios amablemente calefaccionados por Agas." Su afirmación es que los ateos (o "nuevos ateos", como confusamente nos llama —¿somos los que nos negamos a quedarnos callados?—) son snobs "educados y profesionales", y que usamos nuestra falta de creencia como excusa para mirar desde arriba a la gente de clase trabajadora: "Obviamente, no se usa más denigrar a las clases trabajadoras por ser propensas al ocio, portarse como animales, oler mal o reproducirse demasiado. Pero es perfectamente correcto denigrar a los 'faithheads'* por todas estas cosas: eso demuestra que uno es ilustrado. Es pura coincidencia que los despreciables creyentes sean en su mayoría también de clase baja."Los lectores memoriosos quizá recuerden que se habló aquí brevemente del asunto relacionado de si el ateísmo es para privilegiados, como serpentinamente sugirió Raniero Cantalamessa, predicador vaticano, en una de sus homilías hace no mucho tiempo. La crítica de Andrew Brown es más directa. Efectivamente, para quien sigue el fenómeno del ateísmo militante por los medios globales más importantes, pareciera que los ateos son casi todos hombres blancos con estudios profesionales, de buen pasar económico y felizmente instalados en sociedades secularizadas. O al menos, que los ateos que no estamos en esa posición (ciertamente privilegiada) tenemos a esa clase de personas como referentes.
* faithhead: término coloquial derogatorio, con el significado 'creyente devoto' o 'adicto a la fe', por analogía con palabras como crackhead, 'persona adicta al crack'.Este pensamiento es desconcertante e incorrecto en todos los niveles. Los ateos que conozco tienen una sola cosa en común: no creemos en Dios. Más allá de eso se pueden hacer muy pocas generalizaciones; nuestra clase social, herencia étnica e ideología política son con frecuencia extremadamente distintas (aunque hay una correlación marcada entre el ateísmo y ser liberal, es decir, creer que todo el mundo tiene derecho a hacer y decir lo que le guste y expresarse como lo desee siempre y cuando sus acciones sean pacíficas y no dañen a nadie). […]
El libro que he editado y al que Andrew se refiere, The Atheist's Guide to Christmas ["La guía atea para la Navidad"], brinda un claro ejemplo de cuán diferentes pueden ser los ateos. Cuenta con la participación de 42 escritores librepensadores (28 hombres, 14 mujeres), de edades entre 26 y 79, muchos de los cuales tienen poco en común aparte de su amabilidad y generosidad de espíritu (cada uno de ellos ha contribuido gratis su tiempo y su talento). Con suerte neutralizará los estereotipos sobre la demografía de los ateos: 12 contribuyentes son de minorías étnicas, mientras que cuatro son de los mayormente religiosos Estados Unidos. Muchos de los estilos y visiones de los contribuyentes no podrían ser más distintos […].
Como dice Sherine en su refutación, esto es una falsedad que se demuestra fácilmente. Dejemos de lado la obvia cuestión de la definición de diccionario del ateo. Muchas personas que no creen en Dios, o que no saben muy bien en qué creen, no se llaman a sí mismas ateas. Descartemos los casos de rebeldía adolescente y similares, así como los casos de ateos “intuitivos” e indiferentistas (y ya estamos yendo demasiado lejos).
Nos quedan un cierto número de ateos mentalmente maduros, que han hecho introspección, que han refutado para sí los más comunes argumentos teístas utilizando recursos lógicos y científicos básicos. ¿Es más probable, para quien pertenece a este grupo, tener una educación y un cierto nivel de confort material, además de pertenecer a una cultura y a un grupo social que permita o aliente el librepensamiento? Claro que sí. ¿Es necesario? Por supuesto que no. ¿Alguien ha pretendido que lo sea? No, ¿quién podría hacerlo con alguna autoridad?Si Richard Dawkins se autonombrara Papa del Ateísmo y proclamara que sólo pueden ser ateos quienes conozcan todos los recovecos de la teoría de la evolución y tengan un doctorado y tiempo libre suficiente para asistir a sus conferencias, todos los ateos del mundo se le reirían en la cara y procederían a ignorarlo.
El fenómeno mediático del “Nuevo Ateísmo” es sólo la punta del iceberg. A medida que las sociedades occidentales se secularizan y la información se globaliza, las nuevas generaciones crecen con más oportunidades de encontrar y adoptar alternativas a sus sistemas de creencias tradicionales. La desigualdad socioeconómica se manifiesta aquí, pero sólo hasta cierto punto. Hoy en día no hace falta ser rico para tener una conexión a internet y leer a los clásicos de la filosofía materialista y del librepensamiento, por no hablar de tener acceso a divulgadores como Dawkins. La pobreza no es obstáculo para ejercitar el sentido común que revela a los dioses como absurdos.
La idea de personas como Andrew Brown, de Raniero Cantalamessa y de muchos otros, ateos inclusive, sobre el “lujo” del ateísmo, esconde una condescendencia aún mayor que la que atribuyen a los supuestos “nuevos ateos”: en efecto, lo que dicen sin decirlo es que los pobres, los marginados, los sufridos, necesitan la muleta de la religión para seguir adelante con sus vidas.
Mi opinión personal es que no debemos caer en esa trampa. Aunque nunca he sido realmente pobre, sí he vivido malas épocas. El período de mi vida en que me libré de la religión fue el de mayor penuria material que recuerdo. Conozco, por otra parte, a personas que tienen dinero, una buena familia, un buen trabajo, una capacidad intelectual manifiesta, y no obstante profesan sin pestañear creencias de lo más patéticas y ridículas. La información que necesitan está ahí, pero no les interesa utilizarla.
El ateísmo no es elitista. Hoy en día no hay excusa para no plantearse las preguntas importantes, y responderlas.
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jueves, 3 de septiembre de 2009
El ateísmo es malo para el medio ambiente (A136)
El Papa Benedicto XVI dice que la laicidad y el ateísmo son el origen del abuso al medioambiente. Menos mal que los dinosaurios se extinguieron hace mucho, que si también seríamos culpables de eso...
Quiero creer que el papa no está diciendo que los descreídos y escépticos somos automáticamente más descuidados e indiferentes hacia la destrucción del ambiente; a fin de cuentas, el país que más recursos naturales consume y más contamina sin control es Estados Unidos, la más religiosa de las naciones desarrolladas, mientras que es famosa la política de cuidado medioambiental de los países escandinavos, los más laicos de Europa. (Aunque para el caso, en ambos casos la mayoría de los creyentes sonherejes protestantes.) En casi todas partes, además, el movimiento ambientalista suele estar formado por ciudadanos progresistas de tendencias liberales y no por conservadores religiosos.
Tampoco sería sensato pensar que Benedicto acusa de descuidar la Creación a los países más pobres y subdesarrollados del globo. De hecho, se ha mostrado muy feliz por el avance del catolicismo en África, donde las influencias vaticanas han logrado el objetivo de frenar la distribución de preservativos y anticonceptivos a millones de personas, contribuyendo así a una expansión demográfica que sólo el SIDA ha podido frenar. En África no es la codicia humana ni el egoísmo lo que causan la deforestación, la desertificación y la contaminación de las aguas, sino la cantidad de personas pobres y sin educación que no pueden pararse a pensar en la ecología cuando la simple subsistencia está en juego.
Será entonces que Benedicto XVI cree que el hombre necesita creer que Dios hizo el mundo, con toda su hermosa diversidad biológica y complejidad, para no considerarlo como un mero objeto de "posesión egoísta". En ese caso, hay que hacer la salvedad de que el creyente no puede limitarse a las Sagradas Escrituras, sino que debe estar al tanto de la última moda en pronunciamientos ecologistas papales. No cabe duda de que es por eso que la Iglesia no permitió la traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas, ni tan siquiera su posesión por parte de la gente común, hasta muy tarde en su historia, y además sigue obligando a los fieles a respetar el comentario y la interpretación de los sacerdotes y teólogos; ya que la Biblia comienza con una orden divina de ocupar el mundo y someterlo, advierte luego que al hombre no debe importarle este mundo sino el próximo, y termina con la promesa de una pronta destrucción de la tierra y el cielo, que serán reconstruidos después pero sólo para una minoría de seres humanos.
¿Entonces qué está diciendo Benedicto XVI? Volvamos atrás en su discurso:
En sí, es un concepto útil, y sería una buena idea... si alguna vez hubiera funcionado, y si no fuera más que palabras vacías en boca del líder de una organización que jamás ha dado el ejemplo.
Las corrientes "verdes" del cristianismo han estado siempre asociadas a la izquierda, blanco preferido de la jerarquía católica; en América Latina, el componente ecológico de la teología de la liberación fue condenado junto con ésta en los términos más enérgicos por el mismísimo Joseph Ratzinger, el inquisidor en jefe de Juan Pablo II.
El papa tuvo tiempo de visitar Brasil y de recibir a su presidente, en preparación para un concordato que asegurará la indoctrinación católica de los niños en las escuelas públicas de ese país, pero no dijo una palabra sobre la devastación sistemática de la selva amazónica, uno de los pulmones del mundo. Cuando estuvo en África, felicitó a la gente por su fervor religioso, pero evitó hablar de la corrupción de sus líderes, que permiten la destrucción del ecosistema y malvenden sus recursos naturales a las naciones ricas de Occidente; además, sus seguidores se congratulan en el fracaso de las políticas de control natal que hubieran, al menos, retrasado la destrucción medioambiental. De la India le preocupa que los católicos sean perseguidos por fanáticos hinduistas, pero no la depredación que sus mil millones de habitantes ejercen por su sola cantidad. De China le preocupa que el Estado controle a la Iglesia y que aliente la anticoncepción y el aborto, pero no la política oficial de recurrir al carbón con alto contenido de azufre (causante de terribles lluvias ácidas) como motor de su desarrollo económico acelerado.
Lo más parecido a la doctrina de la mayordomía de la Creación que tenemos nosotros, los que no hincamos la rodilla ante Ratzinger, es el lema ambientalista, ya trillado pero no menos válido, de que “no hemos heredado la tierra de nuestros padres sino que la hemos tomado prestada de nuestros hijos”. Pero Benedicto XVI no puede transigir sobre este punto. El papa existe para glorificar a Dios (es decir, a sí mismo), y este lema eminentemente sensato deja fuera de la ecuación a la divinidad, haciendo inútiles a sus intérpretes terrenales. En sus propias palabras, el hombre se convierte en la última instancia, viviendo por y para sí mismo. Esto suena a puro egoísmo. Dios es algo maravilloso en ese sentido: hace que cualquier idea suene mejor. Y sin embargo, si lo que hacemos no es para nosotros (y para quienes nos importan), ¿para quién más?
Como esto se ha hecho largo, diré para terminar que, a título personal, el uso del concepto "Dios" para justificar o cimentar buenas ideas me parece una lástima y una salida fácil. Es evidente que hay mucho que ganar con la preservación del equilibrio ecológico, aunque uno no crea que "Dios" va a venir a pedirle cuentas más tarde. Creo que Benedicto se da cuenta perfectamente de esto, y que todos sus discursos y pronunciamientos sobre la necesidad de la fe son simples gestos de aliento para una tribuna cada vez más desencantada. Los que vivimos sin creer en Dios no necesitamos exhortaciones divinas para hacer lo que es correcto. Y lo que sí creen, pero además piensan, tampoco.
“¿Acaso no es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso donde se le niega la existencia? Si desfallece la relación de la creatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la "última instancia", y el objetivo de la existencia queda reducido a una afanada carrera para poseer lo más posible.” (Benedicto XVI, 26 de agosto de 2009)Antes de caer en la simplificación grosera, vamos a tratar de entender lo que dice Herr Ratzinger, ya que como decía Shakespeare, there's method in his madness. No es, supongo que aclararía el papa, que la existencia de ateos y de creyentes apáticos cause el calentamiento global o la extinción masiva de especies, o que los que negamos la existencia de dioses y espíritus nos deleitemos en la destrucción de ecosistemas. Creo.
Quiero creer que el papa no está diciendo que los descreídos y escépticos somos automáticamente más descuidados e indiferentes hacia la destrucción del ambiente; a fin de cuentas, el país que más recursos naturales consume y más contamina sin control es Estados Unidos, la más religiosa de las naciones desarrolladas, mientras que es famosa la política de cuidado medioambiental de los países escandinavos, los más laicos de Europa. (Aunque para el caso, en ambos casos la mayoría de los creyentes son
Tampoco sería sensato pensar que Benedicto acusa de descuidar la Creación a los países más pobres y subdesarrollados del globo. De hecho, se ha mostrado muy feliz por el avance del catolicismo en África, donde las influencias vaticanas han logrado el objetivo de frenar la distribución de preservativos y anticonceptivos a millones de personas, contribuyendo así a una expansión demográfica que sólo el SIDA ha podido frenar. En África no es la codicia humana ni el egoísmo lo que causan la deforestación, la desertificación y la contaminación de las aguas, sino la cantidad de personas pobres y sin educación que no pueden pararse a pensar en la ecología cuando la simple subsistencia está en juego.
Será entonces que Benedicto XVI cree que el hombre necesita creer que Dios hizo el mundo, con toda su hermosa diversidad biológica y complejidad, para no considerarlo como un mero objeto de "posesión egoísta". En ese caso, hay que hacer la salvedad de que el creyente no puede limitarse a las Sagradas Escrituras, sino que debe estar al tanto de la última moda en pronunciamientos ecologistas papales. No cabe duda de que es por eso que la Iglesia no permitió la traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas, ni tan siquiera su posesión por parte de la gente común, hasta muy tarde en su historia, y además sigue obligando a los fieles a respetar el comentario y la interpretación de los sacerdotes y teólogos; ya que la Biblia comienza con una orden divina de ocupar el mundo y someterlo, advierte luego que al hombre no debe importarle este mundo sino el próximo, y termina con la promesa de una pronta destrucción de la tierra y el cielo, que serán reconstruidos después pero sólo para una minoría de seres humanos.
¿Entonces qué está diciendo Benedicto XVI? Volvamos atrás en su discurso:
“La tierra es un don precioso del Creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras a las que debemos atenernos como administradores de su creación.”Ésta es la doctrina de la mayordomía de la Creación, que sostiene que los seres humanos somos meros inquilinos y administradores de una tierra que no es nuestra sino de Dios. Como mayordomos o cuidadores, dice el papa, debemos cuidar la casa para devolverla igual o mejor que como estaba cuando la recibimos de su dueño.
En sí, es un concepto útil, y sería una buena idea... si alguna vez hubiera funcionado, y si no fuera más que palabras vacías en boca del líder de una organización que jamás ha dado el ejemplo.
Las corrientes "verdes" del cristianismo han estado siempre asociadas a la izquierda, blanco preferido de la jerarquía católica; en América Latina, el componente ecológico de la teología de la liberación fue condenado junto con ésta en los términos más enérgicos por el mismísimo Joseph Ratzinger, el inquisidor en jefe de Juan Pablo II.
El papa tuvo tiempo de visitar Brasil y de recibir a su presidente, en preparación para un concordato que asegurará la indoctrinación católica de los niños en las escuelas públicas de ese país, pero no dijo una palabra sobre la devastación sistemática de la selva amazónica, uno de los pulmones del mundo. Cuando estuvo en África, felicitó a la gente por su fervor religioso, pero evitó hablar de la corrupción de sus líderes, que permiten la destrucción del ecosistema y malvenden sus recursos naturales a las naciones ricas de Occidente; además, sus seguidores se congratulan en el fracaso de las políticas de control natal que hubieran, al menos, retrasado la destrucción medioambiental. De la India le preocupa que los católicos sean perseguidos por fanáticos hinduistas, pero no la depredación que sus mil millones de habitantes ejercen por su sola cantidad. De China le preocupa que el Estado controle a la Iglesia y que aliente la anticoncepción y el aborto, pero no la política oficial de recurrir al carbón con alto contenido de azufre (causante de terribles lluvias ácidas) como motor de su desarrollo económico acelerado.
Lo más parecido a la doctrina de la mayordomía de la Creación que tenemos nosotros, los que no hincamos la rodilla ante Ratzinger, es el lema ambientalista, ya trillado pero no menos válido, de que “no hemos heredado la tierra de nuestros padres sino que la hemos tomado prestada de nuestros hijos”. Pero Benedicto XVI no puede transigir sobre este punto. El papa existe para glorificar a Dios (es decir, a sí mismo), y este lema eminentemente sensato deja fuera de la ecuación a la divinidad, haciendo inútiles a sus intérpretes terrenales. En sus propias palabras, el hombre se convierte en la última instancia, viviendo por y para sí mismo. Esto suena a puro egoísmo. Dios es algo maravilloso en ese sentido: hace que cualquier idea suene mejor. Y sin embargo, si lo que hacemos no es para nosotros (y para quienes nos importan), ¿para quién más?
Como esto se ha hecho largo, diré para terminar que, a título personal, el uso del concepto "Dios" para justificar o cimentar buenas ideas me parece una lástima y una salida fácil. Es evidente que hay mucho que ganar con la preservación del equilibrio ecológico, aunque uno no crea que "Dios" va a venir a pedirle cuentas más tarde. Creo que Benedicto se da cuenta perfectamente de esto, y que todos sus discursos y pronunciamientos sobre la necesidad de la fe son simples gestos de aliento para una tribuna cada vez más desencantada. Los que vivimos sin creer en Dios no necesitamos exhortaciones divinas para hacer lo que es correcto. Y lo que sí creen, pero además piensan, tampoco.
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jueves, 27 de agosto de 2009
Nuestro destino final
“Hoy vi un programa viejo de Martha Stewart donde hacían lápidas para la Noche de Brujas. Una de las lápidas decía: «Aquí yace un ateo: todo trajeado, y sin ningún lugar adonde ir». Al principio me enojé al ver esto, pero después lo pensé: en realidad, está en lo correcto. El problema con los creyentes que piensan que es gracioso es que no se dan cuenta de que es cierto para todos nosotros, ¡sólo que ellos no lo saben!”
— Comentario de Mbee en RichardDawkins.net
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sábado, 1 de agosto de 2009
Caritas in veritate
Según el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, la última y muy alabada encíclica de Benedicto XVI "se dirige a creyentes y no creyentes". Así las cosas, con las lógicas dudas del caso, me dirigí al sitio web oficial de la teocracia papista para leer la Caritas in veritate. Lamentablemente, mi intento de lectura lineal y completa no pasó de los dos primeros parágrafos, cargados de esa almizclada autocomplacencia dialéctica que es la teología.
Para simplificar mi trámite, por lo tanto, puse a prueba al cardenal Bertone buscando en el extenso documento las expresiones "no creyente", "ateísmo", "ateo" y "laicismo". Hecho esto, copié los parágrafos donde aparecían, y los he reproducido (con cierta edición) aquí abajo, para luego comentarlos. Aliento a los lectores a opinar.
Primero tenemos el libelo estándar contra el laicismo, al cual se acusa de ser una ideología programada por el estado para promover el ateísmo y suprimir la libertad religiosa. No sólo eso: el laicismo ¡es enemigo del desarrollo de los pueblos!
Los países más desarrollados del planeta tienen estados estrictamente laicos (Estados Unidos), o bien un nivel de religiosidad pública de tal carácter e intensidad que la cuestión no se plantea (Europa del norte, especialmente los países escandinavos). Si buscamos países donde la población es sumamente religiosa y/o el estado está íntimamente mezclado con la religión, encontraremos sólo teocracias y países pobres.
La última frase es lisa y llanamente un insulto a todos los no creyentes y a los creyentes que han elegido luchar por la laicidad: es una reafirmación de la idea de los fanáticos religiosos de toda clase que proclaman que debemos creer en Dios para ser seres humanos integrales.
Sobre el asunto de los derechos humanos hay una discusión subyacente, que tiene que ver con la visión de Paolo Flores d’Arcais que comenté en otro post: el ateo puede considerar a los derechos humanos como meros derechos cívicos, pero puede defenderlos como cuestiones irrenunciables aun si no hay una razón objetiva para ello, por un acto de "decisión pura"; de la misma manera, quien tiene fe puede encontrar en ella un fundamento inamovible para lo mismo. Pero hoy vemos que las sociedades laicas modernas son mucho más respetuosas de los derechos humanos que los estados confesionales de ayer y de hoy. Como en el caso del desarrollo económico, observamos que las teocracias y los estados donde una religión particular tiene lugar privilegiado en las leyes son sociedades divididas, con ciudadanos de primera y de segunda, y con grandes restricciones (formales e informales) a la libertad de expresión. O sea que, aun admitiendo que una fe religiosa puede ser necesaria para que algunos mantengan su compromiso con los derechos humanos, está claro que no es suficiente para eso, ni de cerca.
La postura oficial de la Iglesia es que el hombre necesita a Dios, que no es nada sin Dios, y que una sociedad sin Dios es una sociedad fallida. No parece gran cosa (desde el punto de vista del creyente, es obvio), pero entre sus corolarios indirectos está que las leyes que no se conforman con la doctrina de la "ley natural" católica son inválidas. Esta idea autoriza explícitamente la desobediencia civil (que, donde es posible, se disfraza de objeción de conciencia).
La conclusión es:
Y eso es todo. Algo podemos apreciar de Benedicto XVI: más allá de algunos artificios retóricos que sólo pueden funcionar si el lector es acrítico, crédulo y muy ignorante, el hombre tiene claro lo que quiere, y lo dice sin ambages. Si toda la Iglesia Católica fuera así, sería un digno enemigo para las fuerzas de la modernidad y el secularismo. Por supuesto, si tal nivel de coherencia en la pretensión de verdad fuera exigible e irrenunciable para ser miembro, la Iglesia quedaría reducida a un 5% de su tamaño actual, como mucho. En otras ocasiones Benedicto ha dado a entender que no le molestaría tanto un panorama así. La política, ay, impone otras obligaciones.
Para simplificar mi trámite, por lo tanto, puse a prueba al cardenal Bertone buscando en el extenso documento las expresiones "no creyente", "ateísmo", "ateo" y "laicismo". Hecho esto, copié los parágrafos donde aparecían, y los he reproducido (con cierta edición) aquí abajo, para luego comentarlos. Aliento a los lectores a opinar.
Primero tenemos el libelo estándar contra el laicismo, al cual se acusa de ser una ideología programada por el estado para promover el ateísmo y suprimir la libertad religiosa. No sólo eso: el laicismo ¡es enemigo del desarrollo de los pueblos!
29. Hay otro aspecto de la vida de hoy, muy estrechamente unido con el desarrollo: la negación del derecho a la libertad religiosa. […] [A]demás del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos. Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». […] Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo. Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral y les impide avanzar con renovado dinamismo en su compromiso en favor de una respuesta humana más generosa al amor divino. […]Aclaremos un punto antes que nada: el ateísmo práctico, en su sentido más común, no puede ser enseñado o impuesto. El ateísmo práctico, que significa vivir "como si Dios no existiera" (etsi Deus non daretur, según la expresión latina), es una forma de indiferentismo religioso, y si alguien lo ha alentado es la propia religión católica, con su hipocresía, su desconexión con los asuntos modernos y su ritualismo sin sustancia. Ningún estado en el planeta (salvo un par de dictaduras comunistas) alienta a sus ciudadanos a actuar asumiendo explícitamente la inexistencia de Dios; los estados laicos formalmente obligan a sus funcionarios a evitar la presunción de Dios en cuestiones públicas, siendo como es la religión un tema divisivo. Benedicto XVI sabe perfectamente que laicidad estatal no significa imposición del ateísmo, pero confunde los términos con intención.
Los países más desarrollados del planeta tienen estados estrictamente laicos (Estados Unidos), o bien un nivel de religiosidad pública de tal carácter e intensidad que la cuestión no se plantea (Europa del norte, especialmente los países escandinavos). Si buscamos países donde la población es sumamente religiosa y/o el estado está íntimamente mezclado con la religión, encontraremos sólo teocracias y países pobres.
La última frase es lisa y llanamente un insulto a todos los no creyentes y a los creyentes que han elegido luchar por la laicidad: es una reafirmación de la idea de los fanáticos religiosos de toda clase que proclaman que debemos creer en Dios para ser seres humanos integrales.
56. La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. […] La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. […]Este Benedicto tiene una pluma muy afilada. ¿Vieron cómo asoció retóricamente laicismo y fundamentalismo?
Sobre el asunto de los derechos humanos hay una discusión subyacente, que tiene que ver con la visión de Paolo Flores d’Arcais que comenté en otro post: el ateo puede considerar a los derechos humanos como meros derechos cívicos, pero puede defenderlos como cuestiones irrenunciables aun si no hay una razón objetiva para ello, por un acto de "decisión pura"; de la misma manera, quien tiene fe puede encontrar en ella un fundamento inamovible para lo mismo. Pero hoy vemos que las sociedades laicas modernas son mucho más respetuosas de los derechos humanos que los estados confesionales de ayer y de hoy. Como en el caso del desarrollo económico, observamos que las teocracias y los estados donde una religión particular tiene lugar privilegiado en las leyes son sociedades divididas, con ciudadanos de primera y de segunda, y con grandes restricciones (formales e informales) a la libertad de expresión. O sea que, aun admitiendo que una fe religiosa puede ser necesaria para que algunos mantengan su compromiso con los derechos humanos, está claro que no es suficiente para eso, ni de cerca.
La postura oficial de la Iglesia es que el hombre necesita a Dios, que no es nada sin Dios, y que una sociedad sin Dios es una sociedad fallida. No parece gran cosa (desde el punto de vista del creyente, es obvio), pero entre sus corolarios indirectos está que las leyes que no se conforman con la doctrina de la "ley natural" católica son inválidas. Esta idea autoriza explícitamente la desobediencia civil (que, donde es posible, se disfraza de objeción de conciencia).
57. El diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad. Los Padres conciliares afirmaban en la Constitución pastoral Gaudium et spes: «Según la opinión casi unánime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminación». Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. […]O sea, que los no creyentes y los no católicos debemos aceptar como verdad la fe católica (y la doctrina emitida por el Papa, no importa lo repugnante que nos parezca) para ponernos de acuerdo en lo que el Papa predica y en que lo mejor para el mundo es vivir como Dios (es decir, como el Papa dice que Dios) desea que vivamos. Fabuloso. ¡Cuánta apertura!
La conclusión es:
78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). […] Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. […] La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento.
Y eso es todo. Algo podemos apreciar de Benedicto XVI: más allá de algunos artificios retóricos que sólo pueden funcionar si el lector es acrítico, crédulo y muy ignorante, el hombre tiene claro lo que quiere, y lo dice sin ambages. Si toda la Iglesia Católica fuera así, sería un digno enemigo para las fuerzas de la modernidad y el secularismo. Por supuesto, si tal nivel de coherencia en la pretensión de verdad fuera exigible e irrenunciable para ser miembro, la Iglesia quedaría reducida a un 5% de su tamaño actual, como mucho. En otras ocasiones Benedicto ha dado a entender que no le molestaría tanto un panorama así. La política, ay, impone otras obligaciones.
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