viernes, 11 de septiembre de 2009

Torres Gemelas: 8 años

Sería ocioso repetir lo que dije el año pasado. Las causas de la tragedia de las Torres Gemelas no han sido atacadas. Occidente ya no está liderado por un fanático religioso en una cruzada contra el Islam; pero ahora el líder de lo que se llamó “el mundo libre” es un tipo con muy buenas intenciones pero bastante ingenuo (o pusilánime), que cree que lo que hizo que un grupo de fanáticos estrellaran aviones de pasajeros contra edificios es de todas formas “una gran religión”.

En un mundo sin religión, como imaginó John Lennon, no habría atacantes suicidas, ni hubiera habido Cruzadas, ni cazas de brujas, ni los muertos de India y Pakistán o de Irlanda del Norte, ni talibanes, ni pogroms. La religión siempre ha sido el último recurso de la maldad humana para justificar la discriminación y el odio al otro.

Hoy hace ocho años que el mundo cambió, y ya vemos que no ha cambiado para mejor.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Escuela de discriminación (A138)

Los obispos uruguayos han pedido a las escuelas católicas que no contraten maestros homosexuales o divorciados, por medio de un documento de la Conferencia Episcopal titulado “Criterios orientadores para la pastoral educativa en Uruguay”. O al menos, eso ha interpretado la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), cuyo presidente ha dicho que “No sería saludable y además no es lo que los padres buscan” el tener a esta clase de parias personas al frente de una clase.
El presidente de la Conferencia Episcopal, Carlos Colazzi, apuntó que el documento no hace mención específica a la homosexualidad, si bien en ningún momento corrigió la interpretación hecha por la Audec y aclaró que los colegios tienen que hacer las contrataciones convenientes dentro de su dimensión evangelizadora.
No he podido acceder en ninguna parte a los susodichos criterios orientadores, por lo cual deberé confiar en la palabra de los obispos.

Como en otros casos similares, lejos de mí estaría pedir un cambio de políticas a las escuelas católicas. En virtud de las leyes que permiten la creación de escuelas privadas confesionales, y sobre todo, del trasfondo cultural que sustenta su existencia, esta discriminación no me parece incorrecta. Vale decir, una sociedad que acepta la existencia de instituciones donde un dogma religioso tiene precedencia sobre las normas éticas comunes (tales como la tolerancia de la diversidad), y que acepta además que existe un derecho a pagarle a los maestros para que no expongan a sus alumnos a visiones del mundo diferentes a las preferidas por los padres, no puede negarse por principio a la discriminación por orientación sexual o por condición civil. Una sociedad que no se rebela ante la existencia de escuelas privadas confesionales no puede quejarse por las reglas absurdas y arbitrarias que esas instituciones impongan.

Pienso que toda educación debería ser pública, gratuita y laica. Aquí reconozco que no estoy siendo pragmático, que estoy siendo extremo e idealista. Pero es que no veo otra forma. Si uno acepta que la Iglesia Católica (o quien sea) tiene una moral superior que enseñar, esa moral no tiene por qué respetar mi sentido de justicia meramente humano. Si deseo un trato justo, según mis parámetros, para todos los que la Iglesia discrimina, entonces debo quitarle a la Iglesia la posibilidad de sustraerse a esos parámetros. No hay una solución de compromiso aceptable.

Como ejercicio especulativo, me gustaría saber hasta dónde se pueden llevar estos criterios. Los homosexuales y los divorciados son blancos notorios de la discriminación eclesiástica, pero ¿y los maestros que usan preservativos regularmente? ¿Y las maestras que toman anticonceptivos orales? ¿Y los que están en pareja y no están casados? Todos ellos están en pecado mortal y recurrente. Los maestros que no van a misa todos los domingos, igual; ¿se les tomará asistencia en las parroquias?

Y lo más importante: ¿cuántos maestros y profesores verdaderamente católicos quedarán en las escuelas cuando termine la limpieza moral de los obispos?

Si todo esto parece un poco ridículo, recordemos que existe porque le hemos dado a una institución medieval un sitio de privilegio como custodio de la moral pública. Es ridículo porque la mayoría de nosotros sabemos que todas esas personas que la Iglesia Católica ha designado como inmorales, pecadoras contumaces, apartadas del Bien, son en su mayoría gente común y corriente, con las mismas fallas que cualquiera... y sin embargo seguimos tolerando que los príncipes mitrados hablen como desde un pedestal.

martes, 8 de septiembre de 2009

Proyectos de libertad religiosa (A137b)

Detallo aquí la cobertura de prensa del proyecto de ley de “libertad religiosa que, como denuncié hace unos días, esconde una posibilidad bastante clara de censurar a quienes nos atrevamos a criticar a los líderes religiosos y a sus creencias.
Como se ve, el tema fue cubierto ampliamente por los sitios de noticias evangélicos; la noticia aparecida en Protestante Digital proviene en realidad de ACPress.net, una agencia noticiosa cristiana, y fue reproducida por varios otros sitios evangélicos (que no detallaré). La cobertura de La Nación es más breve y tangencial.

El proyecto se basa en uno anterior, elaborado por el Consejo Asesor para la Libertad Religiosa durante la abortada presidencia de Fernando de la Rúa; es la misma gente que forma el actual Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (del que hablamos cuando hizo un acuerdo con la provincia de San Luis para “promover la valoración positiva del hecho religioso”).

En ninguna parte de estos artículos ampliamente favorables a la iniciativa se habla de la censura disfrazada de protección contra la agresión verbal, que sufrirían todos aquellos que osaran criticar con vehemencia a los líderes religiosos. Colegimos, por ejemplo, que algunas iglesias evangélicas son básicamente agencias de recaudación de diezmos, y sabemos que la Iglesia Católica tiene un sistema bien aceitado para esconder a los sacerdotes abusadores de menores; con esta ley aprobada, y dependiendo de la interpretación del juez, proclamar o insinuar estas cosas podría llevarnos a la cárcel. Existe una ley (muy abusada, y de dudosa constitucionalidad) que protege a los ciudadanos, sin distinción, contra la calumnia; este otro proyecto eleva a los ministros religiosos a un nivel superior al del resto de los mortales, por el solo hecho de serlo, penando con prisión de seis meses a dos años quienes critiquen a un sacerdote, pastor, rabino o imán.

En el proyecto también se establece la inembargabilidad de los templos e instalaciones de las religiones (¡se pueden embargar orfanatos y escuelas pero no templos!) y se establecen requisitos para la inscripción de cultos que excluyen específicamente las “prácticas satánicas”. ¿Habrá acaso una comisión de teólogos y sacerdotes encargada de decidir si Satanás se encuentra presente o no en los cultos a considerar? Además se plantean exenciones impositivas y otros beneficios fiscales, todo ello bajo el supuesto de que la actividad religiosa es positiva y deseable.

Para repetir lo que ya he dicho en otras oportunidades, en Argentina existe plena libertad de culto garantizada por la Constitución. En nuestra historia no se han registrado grandes persecuciones religiosas, y desde el retorno de la democracia ha habido, cuanto más, episodios puntuales de discriminación, vinculados a tradiciones obsoletas más que a la falta de un marco legal. En realidad, a casi nadie en este país le importa la religión de su vecino, lo cual es muy bueno.

Lo que realmente mejoraría la situación y constituiría un progreso sería la eliminación total de los privilegios de la Iglesia Católica, que vienen desde la época colonial y no se condicen con la realidad actual. Pero los evangélicos han decidido que “si no puedes vencerlos, únete a ellos”.

Por otro lado, en La Prensa (02/09) se nos avisa algo equívocamente que El Gobierno elevará al Congreso el anteproyecto de libertad religiosa. Este anteproyecto no es el de la diputada Hotton, sino uno elaborado por la Secretaría de Culto de la Nación con asesoría del CALIR y luego de una ronda de consultas con líderes de las religiones mayoritorias en el país. El artículo no da detalles, pero al menos parece que este proyecto no incluye la barbaridad de castigar con prisión las “agresiones verbales” a ministros religiosos. Por la forma en que habla de él, es claro que el Secretario de Culto no espera que el proyecto de Hotton sea un competidor serio.

Hay más cosas que decir sobre este tema, pero ya fue suficiente por hoy. Continuará...

lunes, 7 de septiembre de 2009

La cruz y la espada

Lennier: Hay dos castas de Minbari: la casta guerrera y la casta religiosa. […]

Gajic: Estos dos lados de vuestra cultura, ¿alguna vez se ponen de acuerdo en algo?

Delenn: Sí. Y cuando lo hacen, es algo terrible. Un poder terrible […]. Esperemos que no vuelva a suceder nunca en nuestras vidas.

Babylon 5, temporada 1, episodio 15, Grail.

sábado, 5 de septiembre de 2009

El silencio es sagrado (A137)

Aquí mismo en Argentina, la diputada Cynthia Hotton ha presentado un proyecto de ley de “libertad religiosa que, como es costumbre en estos casos, es exactamente lo contrario. La ley castigaría con penas de prisión la agresión “de hecho o de palabra a un ministro de una confesión religiosa reconocida en ocasión del ejercicio de actos propios de su ministerio o por el hecho de serlo”, dejando peligrosamente libre la interpretación de lo que es una agresión verbal. En este momento está siendo tratado en la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados.

El proyecto también contempla darle una personería jurídica especial y beneficios fiscales a las iglesias y comunidades religiosas no católicas (la Iglesia Católica Apostólica Romana mantendría todos sus privilegios actuales). Hotton es evangélica y ferviente propaladora de sus ideas religiosas desde su lugar político (desde un bloque unipersonal llamado Valores Para Mi País, cercano al PRO y al peronismo de derecha antikirchnerista).

En Página/12 hay un análisis y una editorial extensa, en varios artículos, sobre lo que implica este proyecto. Resumiendo puede decirse que la ley es cuanto menos innecesaria, y cuanto más, riesgosa y discriminatoria. Todos los delitos tratados por ella ya están cubiertos por otras leyes de aplicación general, y el hecho de considerar delito la "injuria o calumnia" es de por sí discutido.

El sociólogo Fortunato Mallimaci opina que la revitalización del papel de las religiones en la opinión pública es resultado del colapso de los partidos políticos y su crisis de representatividad desde la debacle socioeconómica de finales de 2001. Los sectores religiosos reaccionarios se ven libres para opinar sobre temas espinosos como el aborto y los derechos sexuales porque los partidos políticos tienen miedo de agitar las aguas.

Aunque hay una correlación entre ciertos partidos y facciones y determinadas posturas ideológicas, el sistema político argentino parece estructurado (ésta es mi opinión) para facilitar las campañas mediocres y la llegada al poder de candidatos sin plataforma y sobre todo sin ideas controvertidas. No existe ninguna facción política mayoritaria que reivindique consistentemente temas como los derechos reproductivos o la igualdad de género, por no hablar de la laicidad.

La idea de que puede ser lícito criticar duramente a un miembro del clero es considerada chocante por la mayoría de la población argentina, aun por la importante minoría que proclama sin empacho a los cuatro vientos que no cree en la Iglesia “porque se caga en los pobres” y que los pastores evangélicos “son todos ladrones”, entre muchas otras expresiones del mismo tenor que todos los que vivimos en este país hemos oído con frecuencia. Lo que no está socialmente permitido es criticar a la religión y sus pastores públicamente, con vehemencia pero con fundamento; esto se considera molesto, pedante, intolerante o una pérdida de tiempo que podría emplearse para buenas acciones (que nadie hace).

Con esta clase de hipocresía y autocensura, es difícil convencer al público de que debe resistirse a que le quiten el derecho a criticar, incluso a insultar, a los líderes religiosos. No se trata de promover el insulto o la blasfemia, sino de entender que criminalizarlos va en contra de nuestra libertad, y que esta censura no protege sino que amordaza.

viernes, 4 de septiembre de 2009

"Quizá este blog no es para usted", y una pregunta

Buenísimo artículo aclaratorio en El retorno de los charlatanes, blog que se dedica a desbancar pseudociencias y variadas supersticiones antiguas y modernas, incluyendo (aunque no primariamente) la religión.
Este blog habla de asuntos considerados "del mundo del misterio". La definición de ese concepto sin duda raro no la hemos hecho nosotros, sino los que viven "del misterio". Para ellos, "el mundo del misterio" es una colección abigarrada, inconexa, compleja y desorganizada de temas variopintos: adivinación, poderes sobrenaturales, seres sobrenaturales, interpretaciones sin bases de la historia, poderes sobrehumanos, informes de violación de todas las leyes de la física, dioses de todo tipo, curaciones mágicas y algunas otras cosas que cambian según el favor del viento, sin rigor alguno.

Si usted está plenamente convencido […] este blog no es para usted. Ofrece datos que impugnan esa creencia, lo puede hacer enojar, pero no pretende convencerlo.
Para leerlo completo desde el principio hay que ir directo al post, Quizá este blog no es para usted. Es muy gracioso, muy expresivo, y no deja dudas. ¿Tendré que escribir uno parecido para Alerta Religión? Pienso que no hace falta, que nadie debe ser excluido a priori, y que las personas que deberían autoexcluirse de leerlo son capaces de hacerlo..., y luego caigo en la cuenta de que no. De hecho, en ocasiones las personas que menos tolerancia tienen a este tipo de lugares de debate abierto, crítico, sano, son las que más concienzudamente buscan entrar.

Hace un tiempo pregunté en la página de Facebook de Alerta Religión: “¿Es intolerante advertir a un lector de un blog que sus ideas son consideradas tontas por la mayoría de los demás lectores?”. Me gustaría volver a plantear esa pregunta. No me interesa excluir a nadie, y no tengo una respuesta fijada en mi cabeza.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El ateísmo es malo para el medio ambiente (A136)

El Papa Benedicto XVI dice que la laicidad y el ateísmo son el origen del abuso al medioambiente. Menos mal que los dinosaurios se extinguieron hace mucho, que si también seríamos culpables de eso...
“¿Acaso no es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso donde se le niega la existencia? Si desfallece la relación de la creatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la "última instancia", y el objetivo de la existencia queda reducido a una afanada carrera para poseer lo más posible.” (Benedicto XVI, 26 de agosto de 2009)
Antes de caer en la simplificación grosera, vamos a tratar de entender lo que dice Herr Ratzinger, ya que como decía Shakespeare, there's method in his madness. No es, supongo que aclararía el papa, que la existencia de ateos y de creyentes apáticos cause el calentamiento global o la extinción masiva de especies, o que los que negamos la existencia de dioses y espíritus nos deleitemos en la destrucción de ecosistemas. Creo.

Quiero creer que el papa no está diciendo que los descreídos y escépticos somos automáticamente más descuidados e indiferentes hacia la destrucción del ambiente; a fin de cuentas, el país que más recursos naturales consume y más contamina sin control es Estados Unidos, la más religiosa de las naciones desarrolladas, mientras que es famosa la política de cuidado medioambiental de los países escandinavos, los más laicos de Europa. (Aunque para el caso, en ambos casos la mayoría de los creyentes son herejes protestantes.) En casi todas partes, además, el movimiento ambientalista suele estar formado por ciudadanos progresistas de tendencias liberales y no por conservadores religiosos.

Tampoco sería sensato pensar que Benedicto acusa de descuidar la Creación a los países más pobres y subdesarrollados del globo. De hecho, se ha mostrado muy feliz por el avance del catolicismo en África, donde las influencias vaticanas han logrado el objetivo de frenar la distribución de preservativos y anticonceptivos a millones de personas, contribuyendo así a una expansión demográfica que sólo el SIDA ha podido frenar. En África no es la codicia humana ni el egoísmo lo que causan la deforestación, la desertificación y la contaminación de las aguas, sino la cantidad de personas pobres y sin educación que no pueden pararse a pensar en la ecología cuando la simple subsistencia está en juego.

Será entonces que Benedicto XVI cree que el hombre necesita creer que Dios hizo el mundo, con toda su hermosa diversidad biológica y complejidad, para no considerarlo como un mero objeto de "posesión egoísta". En ese caso, hay que hacer la salvedad de que el creyente no puede limitarse a las Sagradas Escrituras, sino que debe estar al tanto de la última moda en pronunciamientos ecologistas papales. No cabe duda de que es por eso que la Iglesia no permitió la traducción de la Biblia a las lenguas vernáculas, ni tan siquiera su posesión por parte de la gente común, hasta muy tarde en su historia, y además sigue obligando a los fieles a respetar el comentario y la interpretación de los sacerdotes y teólogos; ya que la Biblia comienza con una orden divina de ocupar el mundo y someterlo, advierte luego que al hombre no debe importarle este mundo sino el próximo, y termina con la promesa de una pronta destrucción de la tierra y el cielo, que serán reconstruidos después pero sólo para una minoría de seres humanos.

¿Entonces qué está diciendo Benedicto XVI? Volvamos atrás en su discurso:
“La tierra es un don precioso del Creador, que ha diseñado su orden intrínseco, dándonos así las señales orientadoras a las que debemos atenernos como administradores de su creación.”
Ésta es la doctrina de la mayordomía de la Creación, que sostiene que los seres humanos somos meros inquilinos y administradores de una tierra que no es nuestra sino de Dios. Como mayordomos o cuidadores, dice el papa, debemos cuidar la casa para devolverla igual o mejor que como estaba cuando la recibimos de su dueño.

En sí, es un concepto útil, y sería una buena idea... si alguna vez hubiera funcionado, y si no fuera más que palabras vacías en boca del líder de una organización que jamás ha dado el ejemplo.

Las corrientes "verdes" del cristianismo han estado siempre asociadas a la izquierda, blanco preferido de la jerarquía católica; en América Latina, el componente ecológico de la teología de la liberación fue condenado junto con ésta en los términos más enérgicos por el mismísimo Joseph Ratzinger, el inquisidor en jefe de Juan Pablo II.

El papa tuvo tiempo de visitar Brasil y de recibir a su presidente, en preparación para un concordato que asegurará la indoctrinación católica de los niños en las escuelas públicas de ese país, pero no dijo una palabra sobre la devastación sistemática de la selva amazónica, uno de los pulmones del mundo. Cuando estuvo en África, felicitó a la gente por su fervor religioso, pero evitó hablar de la corrupción de sus líderes, que permiten la destrucción del ecosistema y malvenden sus recursos naturales a las naciones ricas de Occidente; además, sus seguidores se congratulan en el fracaso de las políticas de control natal que hubieran, al menos, retrasado la destrucción medioambiental. De la India le preocupa que los católicos sean perseguidos por fanáticos hinduistas, pero no la depredación que sus mil millones de habitantes ejercen por su sola cantidad. De China le preocupa que el Estado controle a la Iglesia y que aliente la anticoncepción y el aborto, pero no la política oficial de recurrir al carbón con alto contenido de azufre (causante de terribles lluvias ácidas) como motor de su desarrollo económico acelerado.

Lo más parecido a la doctrina de la mayordomía de la Creación que tenemos nosotros, los que no hincamos la rodilla ante Ratzinger, es el lema ambientalista, ya trillado pero no menos válido, de que “no hemos heredado la tierra de nuestros padres sino que la hemos tomado prestada de nuestros hijos”. Pero Benedicto XVI no puede transigir sobre este punto. El papa existe para glorificar a Dios (es decir, a sí mismo), y este lema eminentemente sensato deja fuera de la ecuación a la divinidad, haciendo inútiles a sus intérpretes terrenales. En sus propias palabras, el hombre se convierte en la última instancia, viviendo por y para sí mismo. Esto suena a puro egoísmo. Dios es algo maravilloso en ese sentido: hace que cualquier idea suene mejor. Y sin embargo, si lo que hacemos no es para nosotros (y para quienes nos importan), ¿para quién más?

Como esto se ha hecho largo, diré para terminar que, a título personal, el uso del concepto "Dios" para justificar o cimentar buenas ideas me parece una lástima y una salida fácil. Es evidente que hay mucho que ganar con la preservación del equilibrio ecológico, aunque uno no crea que "Dios" va a venir a pedirle cuentas más tarde. Creo que Benedicto se da cuenta perfectamente de esto, y que todos sus discursos y pronunciamientos sobre la necesidad de la fe son simples gestos de aliento para una tribuna cada vez más desencantada. Los que vivimos sin creer en Dios no necesitamos exhortaciones divinas para hacer lo que es correcto. Y lo que sí creen, pero además piensan, tampoco.