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jueves, 14 de febrero de 2013

Todavía no te vayas, Benedicto


Y bien: resulta que el monarca conocido como Benedicto XVI abdica a su trono el próximo 28 de febrero y pasa a llamarse de nuevo por su nombre civil, Joseph Ratzinger. Y esto ha conmocionado al mundo, o eso parece a juzgar por los ríos de tinta (y de bytes) que han corrido desde su sorpresivo anuncio.

Hay quienes dicen que es natural que un hombre de 85 años se sienta físicamente agotado. Otros añaden que es muy natural que se sienta moralmente cansado, luego de años en el nido de serpientes de la Curia vaticana. La mayoría está de acuerdo con que tiene derecho a retirarse, como cualquier otro jubilado; unos cuantos seguramente piensan que ese derecho debería más bien ser obligación a cierta edad.

Los que ven conspiraciones en marcha se han hecho la fiesta. La misma gente que pensaba que Juan Pablo II había sido mantenido en su puesto a la fuerza por un grupo de oscuros poderes tras el trono ahora cree que Benedicto XVI fue obligado a dejar ese puesto por un grupo de oscuros poderes tras el trono. En rigor, ambas cosas son plausibles, a la vez que incomprobables (quizá algo sepamos dentro de veinte, treinta años). Algunos ven a Benedicto como una víctima acosada, otros creen que se trató de un pacto de silencio, un acuerdo donde Benedicto jugó fríamente sus cartas. Y ni hablar de los que sacan a relucir a Nostradamus…

He aquí lo que pienso, no necesariamente todo lo que pienso ni tampoco una opinión definitiva. Benedicto XVI fue un teólogo obligado a bajar de su torre de marfil al nivel del barro de la política. Pronto debe haber descubierto que es más fácil ser el guardián de la ortodoxia y del poder papal que en ella descansa cuando es otro quien tiene que ejercerlo. Aceptó el cargo, limpió algo de la suciedad de su antecesor y barrió como pudo el resto bajo la alfombra, quizá pensando en el bien de su Iglesia (y por tanto olvidando el bien de los individuos perjudicados por su Iglesia), quizá preocupado por su propia complicidad, pasada o presente, por acción o por omisión. Sus admisiones de culpa respecto a los abusos sexuales del clero fueron protocolares, incomprendidas; la sinceridad que pudieran contener no sirvió a nadie. ¿Habrá algo de culpa en Joseph Ratzinger por lo que supo y ocultó, desde los brutales abusos de Marcial Maciel, preferido de Juan Pablo II, hasta su redacción del decreto que conminaba a los obispos de todo el mundo a canalizar todas las denuncias a Roma, antes que a la justicia local? ¿Qué cosas no pudo decir Ratzinger, por inhibiciones propias o por presiones externas? ¿Qué parte de esa ruinosa deuda moral pagará su sucesor?

Es ingenuo quien supone que la dimisión de Ratzinger o la elección del próximo papa no tienen relevancia alguna para el mundo actual o específicamente para los no católicos. El poder eclesiástico no reside en bulas y encíclicas ni emana sólo de las catedrales; la influencia de la ideología y la personalidad papales llega a los últimos rincones de la política secular de incontables países, aunque resulte diluida y distorsionada en el camino. La Iglesia se ha encargado de eso hace tiempo. También están fuera de lugar las celebraciones y las expectativas. Es lamentablemente imposible creer que el sucesor de Benedicto XVI será un progresista; es apenas un poco más posible que el próximo papa sea un mero conservador: la Iglesia Católica ya ni siquiera permanece obstinadamente inmóvil en medio de la corriente del progreso, sino que —ya con Juan Pablo II y luego con Benedicto XVI conduciendo la barca de Pedro— navega resueltamente corriente arriba, impulsada por los remos entusiastas de los obispos más fanáticos y de los movimientos eclesiales sectarios como el Opus Dei o el Camino Neocatecumenal.

La parte de Benedicto en esta historia ya está terminando. El pontífice se retira a la clausura. Como ideólogo y como agente del poder vaticano, no me merece respeto ni respiro alguno. Como persona, es una figura difícil de odiar, al menos para mí. Sería un acto de mínima justicia que luego del 28 de febrero, librado de las ataduras de la política, se sentara a escribir, con las fuerzas que le queden, una confesión de sus crímenes como (su) dios manda, para que al menos algo del daño hecho pueda ser reparado.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Breves post-navideñas

Al igual que las noticias breves pre-navideñas de hace menos de dos semanas, lo que sigue no es verdaderamente noticia, en el sentido de algo novedoso. Pero sólo por si no lo sabían:

  • El mundo no terminó. No hubo apocalipsis maya ni rayo sincronizador fotónico galáctico ni ninguna de todas las inmensas, descomunales idioteces que se dijeron y que los medios supuestamente respetables repitieron sin más espíritu crítico que los propios creyentes.
  • La Navidad pasó y este ateo la festejó tranquilamente, como la mayoría de la gente que festeja la Navidad, sin relacionarla en lo más mínimo con el mito del nacimiento del Hijo de Dios, comiendo y bebiendo en relativa abundancia, aunque sin abusar, dado el asfixiante clima reinante.
  • Como ya es costumbre, el Papa Benedicto XVI emitió un comunicado untuoso donde resaltó que Dios no puede hacer nada por nosotros si no creemos en Él, es decir, en la práctica, si no nos sometemos a Su vicario en la Tierra, es decir, Benedicto XVI, y a las doctrinas emanadas de él y transmitidas por sus esbirros episcopales (estoy parafraseando un poco).
  • Benedicto XVI también se ocupó de pedir paz para el mundo, excepto para los homosexuales, claro está. Se espera que la guerra en Siria termine de un momento a otro gracias a las oraciones del Santo Padre… o, por lo menos, algunos deberían esperar eso, o reflexionar seriamente sobre lo que implica esperar sin resultado alguno.
Eso es todo por ahora. El calor aflojó un poco después de Navidad, pero a cambio me he quedado sin conexión a Internet en casa al menos hasta Año Nuevo, no mediando un milagro post-navideño (que los técnicos adelanten su visita calificaría dentro de esa categoría sobrenatural). Hasta entonces.

martes, 18 de diciembre de 2012

Breves pre-navideñas

El tiempo es tirano y mi tiempo en particular ha sido un tirano despiadado durante estas últimas semanas, razón por la cual no he escrito mucho. De todas formas hay poco que contar, o mejor dicho, poco que sea sorpresa para alguien:
  • Un grupo armado, casi con seguridad talibanes, asesinó en Pakistán a seis trabajadores sanitarios que estaban vacunando a niños contra la poliomielitis. Unos cuantos predicadores musulmanes de la zona han estado propalando que la campaña de vacunación —con apoyo de las Naciones Unidas— es un plan de Occidente para esterilizar a los musulmanes. Esto no es noticia y ya había ocurrido en Nigeria, gracias, de nuevo, a predicadores musulmanes que alimentaron el mismo rumor. La poliomielitis no se erradicó, y millones de niños siguen en peligro de invalidez y muerte, gracias a estos “hombres de Dios”.
  • Después del caso de Savita Halappanavar, que no fue en modo alguno único sino simplemente la gota que derramó el vaso, el gobierno de Irlanda se comprometió finalmente a reglamentar explícitamente el aborto para los casos en que haya riesgo de vida cierto para la mujer. Es muy poco y muy tarde, pero es algo.*
  • El teólogo y monarca antes conocido como Joseph Ratzinger abrió, con bombos y platillos, una cuenta de Twitter, y luego de unos días destinados a crear expectativa en sus fans, procedió a emitir unos pocos mensajes a cual más anodino, que fueron festejados y repetidos por sus seguidores como si fuesen lo más inteligente desde Aristóteles, aun siendo apenas más profundos que el texto de la tarjeta navideña promedio. Esto tampoco es noticia, dado que el pontífice, como todos los teólogos, no se caracteriza por transmitir información útil para la vida real en ningún sentido.
Y eso es todo por ahora… pero sigan sintonizándonos.

* POSTDATA: Respecto del asunto del aborto en Irlanda, los obispos católicos han dejado en claro su altura moral. Por si alguien albergaba la sospecha de que pudiera haber algo de humanidad o decencia en esos marchitos corazones, han dicho que un cambio de la ley que permita el aborto equivaldría a cambiar “el cuidadoso equilibrio entre el derecho a la vida de una madre y de su hijo no nacido” y que tal cosa es injustificable. Injustificable: no importa que la mujer vaya a morir, no importa que el feto sea inviable. Si la vida de una mujer depende de abortar, la mujer debe ser dejada morir.

jueves, 20 de septiembre de 2012

El Papa pide

Lo que el Papa pide a los africanos… Click para ver más grande.


La noticia original, en la caverna. Todavía no son tan claros para expresarse, estos católicos.

martes, 15 de mayo de 2012

Vanidad de vanidades

Nadie como un monarca absoluto que se cree elegido por Dios para hablar de vanidad, ¿eh?


A ver, vamos a ver, Joseph, o Sr. Ratzinger si le gusta más, ya que es Ud. un hombre bastante mayor y tampoco voy a pretender faltarle el respeto, menos a Ud. que está tan acostumbrado a la pleitesía… La ciencia no aparta a Dios. Dios está apartado de la ciencia. Dios no existe, para empezar, pero pongamos que Dios es el dios de usted, Sr. Ratzinger, y como Ud. cree que existe (¡Ud. habla por Él!) lo dejaremos así. Cuando no había ciencia todos vivían feliz o infelizmente sometidos a los dictados de su dios y no discutían las atroces barbaridades que salían de la boca o escribía la pluma de sus antecesores, los papas: cosas como que era un crimen decir que la Tierra gira alrededor del Sol, o diseccionar cadáveres para ver cómo funciona el cuerpo humano y así poder curarlo mejor, o que el hombre y los animales son parientes. Cuando comenzó a haber ciencia, los científicos (los buenos, al menos) tuvieron el buen tino de separar la ciencia de sus creencias personales. Así nos ha ido. Cierto, tenemos la bomba atómica y los anticonceptivos (cosas que para Ud. y sus empleados los obispos y curas son aproximadamente iguales de graves) pero también tenemos vacunas, antibióticos, y hasta podemos curar enfermedades en fetos dentro del útero materno. Todo eso lo hicimos gracias a la ciencia y jamás tuvimos que pedirle ayuda a Dios (que no la iba a dar, porque no existe, ¿recuerda?) ni mucho menos a sus predecesores y sus empleados los obispos y curas, que han estado más bien en contra que a favor de todos estos progresos (ya sé que no fueron ustedes solamente sino también los herejes británicos, pero me imagino que conocerá la historia de cómo las iglesias cristianas se opusieron al uso de anestesia durante el parto, por aquello del castigo a Eva…). Cada vez que les preguntamos a ustedes por algo, cualquier cosa, que nos interese hacer científicamente, su respuesta es: 1) está mal, 2) en vez de eso vengan más a la iglesia y dejen aquí sus donativos. Por eso es que casi nadie, en el campo de la ciencia, les pregunta nada a ustedes hoy en día (¡aunque bien sabemos cómo les gusta a ustedes dar respuestas a preguntas que nadie les hizo!). ¿No es hora de que se dedique a planear su retiro? Mucha gente todavía lo quiere a usted y a sus empleados y está dispuesta a mantenerlos indefinidamente a cambio de palabras dulces y alguna que otra actividad grupal buena onda, estilo Jornada Mundial de la Juventud. ¿No le parece bien eso? Además, no suena bien que un jefe de estado vestido de oro y que dice ser elegido y representante del mismísimo creador del Universo ande pidiendo humildad a los demás. Quizá Ud. no lo vea así, pero créame que es un poquito chocante. Mire, hasta un ateo le puede dar un buen consejo. Consúltelo con la almohada. No con la Curia, ¿eh? Porque esos tipos todos de púrpura que lo rodean a Ud. no son de fiar: con tal de quedar bien son capaces de alentarlo a decir cualquier barbaridad.

jueves, 10 de mayo de 2012

Muertos, degollados y confundidos

El periodista y político italiano de origen egipcio Magdi Cristiano Allam, converso católico del islam, es un caso curioso. Hasta 2003, fecha en que dejó su trabajo en el diario de centroizquierda La Repubblica, defendía al islam como totalmente compatible con la democracia, una religión que no debía ser juzgada por sus extremistas, y ridiculizaba la idea de una “invasión” musulmana en Europa. En ese momento algo cambió; se convirtió, y en la Vigilia de Pascua de 2008 se hizo bautizar con gran alharaca por el Papa Benedicto XVI, en lo que fue sin duda un triunfo de relaciones públicas para la Iglesia Católica.

Ahora Allam defiende la idea de que el islam es intrínsecamente violento, descubrió que hay terroristas islámicos activos en las comunidades musulmanas de Italia, y afirma que los musulmanes están invadiendo el país de a poco. Eso al menos reporta con gran felicidad el blog cavernario-católico La buhardilla de San Jerónimo, alojado en el sitio web de la agencia de “noticias” InfoCatólica. Allam está especialmente preocupado por la retórica de los líderes musulmanes.
La reflexión se nos impone por las recientes declaraciones de Ezzedine Elzir, presidente de Ucoii (Unión de las Comunidades y de las Asociaciones Islámicas en Italia), expresadas a Klaus Davi, en las cuales afirma que en Italia hay “70.000 que han retornado al Islam”. ¿Por qué “retornados” y no “convertidos”? Nos explica Elzir: “Nosotros preferimos usar la palabra retorno porque es un redescubrimiento de la verdadera fe”. Quiere decir que, para los musulmanes, el Islam no es una religión “diversa” del judaísmo y del cristianismo, a la que por tanto se adhiere convirtiéndose, como ocurre en cualquier otra religión, sino que es una religión “superior” al judaísmo y al cristianismo, la única religión verdadera, el cumplimiento de la revelación y el sello de la profecía, en un contexto donde se considera que todas las personas nacen musulmanas aún si profesan una fe diversa, tienen dentro de sí el Islam aún si lo ignoran, que por lo tanto la adhesión al Islam en un “retorno” redescubriendo “la verdadera fe”.
Es de hecho preocupante que los musulmanes consideren que todos somos musulmanes, porque como todos sabemos, la pena por abandonar el islam (apostasía) es la muerte. ¿Quiere decir que cada vez que decimos ser ateos —o cristianos, judíos, hinduistas o lo que sea menos musulmanes— estamos aceptando merecer la pena capital? Pero a Allam no le preocupa esto sino que Elzir ha tomado la idea de que la gente puede seguir cualquier religión mientras en el fondo busque la espiritualidad (para Elzir, por supuesto, la búsqueda debe terminar en el islam).

No le preocupa que Elzir diga de forma exclusivista, propia de un fanático, que el islam es “la verdadera fe”, porque para Allam es natural y obvio que Elzir está equivocado, dado que la verdadera fe es el catolicismo. Al contrario. Le preocupa que Elzir diga que cualquier fe puede llevar a la verdadera fe, porque eso es “relativismo cultural”.
El mismo Benedicto XVI ha identificado varias veces en la “dictadura del relativismo” el mal profundo que debe combatirse porque nos impone, al dejar de lado la razón, considerar que todas las religiones, las culturas y los valores son iguales, independientemente de sus contenidos. El testimonio elocuente del relativismo religioso reside en la letanía de las “tres grandes religiones monoteístas reveladas, abramíticas, del Libro” que rezarían al mismo dios.
Que un católico pase por alto las obvias similitudes totalitarias entre su religión y la de un musulmán, vaya y pase (esa clase de ceguera autoinfligida es necesaria para creer). Pero que un católico o cualquier otra persona acuse a un fanático musulmán de relativismo cultural es simplemente surrealista. La única explicación que encuentro posible es que Allam, como perro faldero de Benedicto XVI, deseara hacer su crítica usando el ridículo concepto de la “dictadura del relativismo” que fue inventado precisamente por el papa actual.

El texto de Allam termina con un alegato que combina con maestría el nacionalismo católico barato, la visión conspirativa y el rechazo a la libertad religiosa que defendía pocas líneas antes:
¡Despertémonos! ¡El Islam está ya dentro de nuestra casa! ¡Son los mismos italianos quienes promueven la conquista islámica, incluidos los cardenales y los párrocos que se prodigan por la difusión de las mezquitas! ¡Liberémonos de la dictadura del relativismo! ¡Detengamos la invasión islámica! ¡Basta de mezquitas!
Cuidado con quien dice “nuestra casa” de esa manera: por ahí es por donde se va al fascismo.

viernes, 13 de enero de 2012

África exporta religión

África es un continente inmenso al cual le ha tocado en suerte ser colonizado múltiples veces; el resultado no ha sido de los mejores. Poco de lo que produce África es de importancia para el resto del mundo, y de ese poco, la mayor parte se obtiene en base al sufrimiento y la explotación de sus pobladores. Pienso en el petróleo y los diamantes, pero también en la anunciada presencia de la predicadora cristiana pentecostal y “cazadora de brujas” nigeriana Helen Ukpabio en Estados Unidos.


Educada en colegios privados cristianos (uno católico, uno anglicano y uno metodista, para que no se diga que la fuente de su locura no es ecuménica), Ukpabio es la principal impulsora de una doctrina que se basa sobre todo en la detección de signos de posesión satánica y de brujería en niños. Gracias a su labor, muchos niños han sido sometidos a “exorcismos” a veces letales, que incluyen torturas para lograr confesiones; padres horrorizados han llegado a prender fuego a sus propios hijos. Ukpabio no es un fenómeno marginal ni extremo. Su “franquicia” de iglesias evangélicas, Liberty Gospel Church, se ha propagado a varias naciones de África occidental y ahora Glorious Praise Ministries, de Estados Unidos, la ha invitado a predicar y recaudar fondos para transmitir su santa paranoia a más gente. Como dice PZ Myers en su cobertura del tema, ésta es justo la clase de persona que debería ser detenida apenas pisar un aeropuerto americano y mandada a juicio por crímenes contra la humanidad.

Ukpabio tampoco es, desde luego, la única que aprovecha la creencia en la brujería, tan extendida en África. Es bastante común que esta superstición popular se acople al cristianismo.

Vale la pena recordar que África es, para el papa Benedicto XVI, el “pulmón espiritual del mundo” y una “tierra de esperanza”. Benedicto ha hecho un par de giras por África y ha vuelto feliz por el recibimiento y por la constatación de que la mayor parte de los africanos siguen teniendo fe, es decir, siguen siendo supersticiosos, temerosos de los seres imaginarios y de sus representantes terrenales, ignorantes, y —en parte gracias a su propia prédica— remisos a utilizar los medios necesarios para protegerse del SIDA, por considerarlos opuestos al plan de Dios, consistente en que la raza humana se reproduzca sin control. Lo único que ha advertido de malo es el “fundamentalismo religioso”, que es la forma en que los cristianos llaman al extremismo musulmán cuando los persigue a ellos (y no cuando, como en muchas oportunidades, se alía con ellos en foros internacionales).

El principal temor de Benedicto en África es que se contagie del “materialismo práctico” del mundo occidental y su pensamiento “relativista y nihilista”. El materialismo, que hace que las personas se preocupen más por su situación socioeconómica en la Tierra y menos por la manutención de parásitos como pastores, curas y monjas, supuestos representantes del Cielo, y el pensamiento relativista que posibilita la convivencia de personas de distintas religiones, ideologías, tendencias políticas, géneros y orientaciones sexuales, en vez de enfatizar sus diferencias como esenciales e inamovibles y poner a unos sobre otros, son males que la religión debe combatir para que África siga siendo una “tierra de esperanza”, fértil para el crecimiento de cultos como el de Helen Ukpabio.


Los “niños brujos” y otros son víctimas de la mezcla explosiva entre una vida sometida a los caprichos azarosos del clima, los gobiernos corruptos y las guerras, por un lado, y por el otro lado una cultura donde prevalece la idea de que todo tiene una causa inteligible y una finalidad. En una cultura así, todo suceso imprevisto puede ser achacado a una fuerza del mal, y se requiere encontrar al culpable o inventar uno para poder castigarlo. Una vez puesto en marcha el sistema, ni siquiera hace falta que ocurra algo específico: parte del éxito de la religión es su arte de crear problemas y luego ofrecer una solución exclusiva y obligatoria para éstos, como ocurre con el pecado original y el bautismo.

Benedicto XVI confiesa en voz alta su preocupación cuando el Primer Mundo “exporta” su ideología materialista, tolerante, progresista, a los países subdesarrollados. ¿Tendrá él, o algún otro de los líderes cristianos mundiales y nacionales, algo para decir sobre la exportación de lo peor del cristianismo africano a Estados Unidos?

martes, 4 de octubre de 2011

Podcast, ep. 13: Día de la Blasfemia, Benedicto XVI y los nazis


En esta edición del podcast de Alerta Religión: el porqué del Día de la Blasfemia, sobre el cual ya escribí en 2010 y en 2009 (“un día para perder el respeto”); la nueva incursión de Benedicto XVI en la pseudohistoria: como ya había hecho el año pasado en Gran Bretaña (motivando una réplica de Richard Dawkins), implicó que la maldad de los nazis provenía del ateísmo o de querer anular a Dios, lo cual hace difícil de entender por qué la Iglesia llamó a votar por Hitler; y la buena noticia de que el Ministerio de Educación de la provincia de Salta ya no está más controlado por el Opus Dei y ahora sí aceptará que se dicten clases de educación sexual.

jueves, 25 de agosto de 2011

Podcast, ep. 10: la JMJ 2013 en Rio de Janeiro


En esta edición del podcast de Alerta Religión: la próxima Jornada Mundial de la Juventud ya está anunciada: será en Rio de Janeiro en julio de 2013. Los obispos brasileños quieren “ir por el Guinness” y convocan a participar a los jóvenes pobres, violentos y drogados. O eso al menos entendí yo. A lo mejor sólo quiso decir que iban a rezar por ellos desde lejos.

ACTUALIZACIÓN: En mi apuro, la versión del audio de este podcast que subí era una mala edición. La versión correcta (espero) está ahora disponible.

martes, 23 de agosto de 2011

JMJ 2011: Madrid es mía, dice el Señor

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el más grande evento de masas auspiciado por el Vaticano desde la beatificación de Juan Pablo II, terminó el domingo con la despedida de Benedicto XVI de España. Yo quería escribir algo sobre esto, pero varias razones me lo impidieron: los sucesos estaban aún desarrollándose y desde miles de kilómetros de distancia era imposible entenderlos todos; todo el mundo estaba escribiendo, comentando, publicando impresiones, y no podía tener en cuenta todo lo que decían, valorarlo, sopesarlo y resumirlo en tiempo real. Había que dejar que se aquietaran las aguas.

Mi masoquismo me llevó finalmente a escuchar, a modo de resumen, el podcast “Punto de Vista”, que graba Alejandro Bermúdez, director de la agencia de propaganda papista ACI. Su tema era explicar por qué lo más significativo de la JMJ fue, para él, la reacción de los jóvenes peregrinos ante las protestas laicas. Aconsejo escuchar, no porque Bermúdez ofrezca información alguna, sino porque el podcast abandona las pretensiones de tolerancia y mesura con que se disfrazan la mayoría de los discursos escritos por la prensa católica.

Para empezar, nos explica que a la marcha laica del 17 de agosto sólo fueron unas dos mil personas, lo cual fue “patético”. Más aún, el gobierno español fue “estúpido” al autorizarla. No se puede autorizar una marcha del Real Madrid en medio de Barcelona o una de fans del Barça en Madrid, graficó. Madrid era “una ciudad de la JMJ”, no podía permitirse otra cosa. El gobierno debió haber prohibido a un grupo pequeñísimo (¿ya dije que era patético?) de manifestantes salir a la calle a protestar, porque la calle era propiedad de otro grupo, mil veces más numeroso, que podría verse de alguna forma afectado.

¿Por qué el gobierno español permitió a los manifestantes laicos salir a levantar la voz contra los jóvenes católicos y el Papa, a quienes obviamente todos los demás ciudadanos habían concedido la propiedad exclusiva de las calles madrileñas? Porque, según Bermúdez, es un gobierno que “tiene un complejo de inferioridad de que tiene que ser demócrata con los que protestan y con los pervertidos, anticlericales y anticatólicos.”

(Fernando Savater dio en el clavo por anticipado. En un artículo de noviembre de 2010, luego de una visita papal a España, recordaba a Churchill diciendo “Han preferido el deshonor a la guerra y ahora tendrán el deshonor y la guerra”. Al Papa se lo trató como a un rey, sin que eso modificara en nada los constantes mensajes mediáticos de la jerarquía católica contra el PSOE y contra las leyes democráticamente aprobadas por el parlamento español que no complacen a la ideología católica. Ninguna deferencia, ningún privilegio es suficiente para la Iglesia, si no es la rendición y sumisión completas.)

¿Y cuál fue el resultado de esta estupidez de respetar la “democracia” y dar libertad de expresión a las minorías patéticas y pervertidas? Que cuando la marcha laica, “liderada por un famoso travesti”, llegó a la Puerta del Sol, por donde tenía que pasar, la misma por casualidad estaba llena de jóvenes de la JMJ, que fueron “tomados por sorpresa”: les cayeron encima “este grupo de pervertidos (alcoholizados, en drogas)”, a provocar, con el susodicho travesti a la cabeza evidentemente “esperando que los jóvenes lo golpearan y crearan un mártir secular” (de ésos que hay como para llenar santorales), pero los jóvenes no hicieron eso: se arrodillaron y se pusieron a rezar. Hubo incidentes luego, pero fueron “entre los pervertidos y la policía” (y algún que otro periodista, seguramente ateo y pervertido también).



De más estar decir que no sólo era sabido que la marcha laica iba a pasar por la Puerta del Sol (habían tenido que reclamar bastante para que se les concediera permiso para eso), sino que había una intencionalidad clara de los peregrinos de estar allí cuando ocurriera. Hubo una convocatoria explícita y en todo caso el evento oficial ya había terminado. Se produjeron incidentes, con culpa de ambos lados y de una inepta actuación de la policía (en esto ambos lados están de acuerdo), y cuando finalmente quedaban pocas personas la policía cargó para desalojar el lugar, agrediendo a los manifestantes laicos, identificables por no llevar la mochila que los sponsors públicos y privados de la JMJ proveyeron a los peregrinos.

Para completar el proceso de victimización un grupo católico grabó y difundió un video (que se ve más arriba) donde se contrasta la beatitud de los jóvenes papistas con la violencia de los manifestantes. En el mismo, claro está, no figura la represión policial que el estado español descargó sobre los últimos en nombre de los primeros, tanto esa noche como en otras oportunidades. En Madrid, durante cuatro días, se dio por hecho que todo aquél que portara la mochila de la JMJ era inocente: angelitos piadosos venidos de todo el mundo a escuchar el mensaje de paz del vicario de Cristo.



Los medios españoles, en general, también se pusieron guantes de seda. No siendo español ni lector habitual de esos medios, me cuesta navegar la intencionalidad política e ideológica que cada uno tiene, pero en algún caso la distorsión es obvia: por ejemplo, Público dice:
La policía ha desalojado a la fuerza la Puerta del Sol después de que esta fuera tomada por los manifestantes de la marcha laica, que consiguieron acceder al interior de la plaza a pesar de los intentos de varios peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) por bloquear su entrada.
Lo que ocurrió fue que la plaza fue tomada por los papistas a sabiendas de que la marcha laica debía pasar por allí, y la policía les hizo el trabajo sucio de “liberarla” para ellos. Hubo desinteligencias de parte de los organizadores de la marcha y también reacciones violentas, pero claramente aisladas. Como dice el documentarista Stéphane M. Grueso, testigo de lo ocurrido, en su blog, algunos cometieron el error de encauzar su protesta hacia los peregrinos, cuando ésta en realidad era hacia el gobierno, las empresas patrocinadoras y la injerencia de la Iglesia en asuntos políticos. Los peregrinos (y ésta es mi opinión) eran entusiastas pero no fanáticos; mucho cántico, mucha ovación, mucho “Benedicto, equis-uve-palito”, pero no responsables directos del oscurantismo feroz y del odio que rezumaban las sentencias del Papa que ellos aplaudían.

La JMJ da para más, pero lo iré procesando de a poquito. Entiendo que debe haber sido muy desagradable, salvo para los papistas, pero también un poco emocionante, por la reacción que se produjo. El Papa ya no es bien recibido en países donde antes podía contar con la adulación y las genuflexiones de todos. Y no sólo no es bien recibido sino que las protestas son ruidosas, mediáticas, inolvidables. Es inevitable que haya excesos: se trata de gente harta, protestando contra un trato manifiestamente privilegiado, pagado por sus impuestos, hacia una organización y una persona que representan la intolerancia y el oscurantismo a nivel global. Esto no va a ser fácil. Siempre es más sencillo aplaudir y agachar la cabeza que gritar las propias razones a quienes no quieren oírlas.

jueves, 18 de agosto de 2011

Podcast, episodio 9: la JMJ y el 17A


En esta edición del podcast de Alerta Religión: la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el festival de los fans católicos de Benedicto XVI, en Madrid, provoca una “marcha laica” en respuesta. Obsceno gasto y pseudo-espiritualidad con la ayuda de un estado español sometido al Vaticano.

lunes, 15 de agosto de 2011

Escucho voces


Cuando leí que Benedicto XVI había dicho que “Dios habla en el silencio, pero hay que saberlo escuchar”, enseguida me causó gracia la forma en que esta declaración perfectamente tonta deja en claro que Dios no existe. Dios nunca está bien definido, pero si algo se repite en las vaguedades que los creyentes repiten como loros sobre su supuesto creador es que Dios es empíricamente indistinguible de la nada (si fuera distinguible sería empíricamente testeable —se podría decidir objetivamente si existe o no— y ya no sería necesaria la fe para creer en Él; reclamarle a Dios pruebas de su existencia es “tentarlo”, lo cual es un pecado prohibido por las Escrituras).

Pensándolo un poco mejor se me ocurrió que Benedicto estaba diciendo una gran verdad sin saberlo. Efectos muy conocidos de la privación sensorial son la producción de alucinaciones y la pérdida subjetiva de los límites entre el propio cuerpo y el resto del mundo. El silencio (incluyendo el silencio propio, el voto de silencio) y el aislamiento físico, acoplados a una alimentación frugal, a la abstinencia sexual y a una disciplina estricta, son herramientas típicas de las órdenes religiosas. No es coincidencia que se parezcan a las normas de una cárcel.

La privación sensorial prolongada puede tener efectos devastadores (por eso se la utiliza como forma de tortura). Cuando la mente no recibe estímulos sensoriales, tiende a crearlos. No es raro que quien está obligado a callar y rodeado por personas en la misma situación comience a escuchar voces en su cabeza. Menos todavía si le vienen machacando con que debe escucharlas si es que nada anda mal. Es verdad que Dios habla en el silencio.

domingo, 17 de julio de 2011

Irlanda se planta frente al Vaticano


Ex-obispo John Magee
Noticias de Irlanda no suelen verse por este blog, pero hago una excepción porque me parece especialmente indignante lo que leo, y sólo se lo puede leer en inglés. No lo que ya sabemos casi todos: que en Irlanda hubo abusos y violaciones de niños por parte de sacerdotes católicos durante décadas, sin que la Iglesia hiciera nada por detenerlos. Tampoco el caso específico del encubrimiento de estos casos por parte del obispo John Magee, secretario privado de tres papas, que se vio obligado a abandonar su puesto en 2009. Y hasta la prensa católica se ha visto obligada a reconocer que el manejo de los casos de abuso en Irlanda fue pésimo.

Lo que no dice ningún medio de la Iglesia es que Magee actuaba dentro de la ley canónica y cumpliendo indicaciones emitidas directamente por el Vaticano. En efecto, la ley canónica dice que antes de reportar acusaciones de abuso por parte del clero a las autoridades civiles debe realizarse una investigación canónica interna. Repetidamente se ha visto que, cuando en esta investigación se encuentran delitos, se traslada al sacerdote a otra diócesis y se silencia a las víctimas con amenazas de excomunión u otros medios de presión, si es que ellas mismas no permanecen calladas por miedo o desconocimiento de sus derechos.

La gota que colma el vaso, en el caso irlandés, cayó cuando la investigación judicial determinó que la Congregación para el Clero había ordenado a los obispos irlandeses, en 1997, cumplir con la ley canónica y no intentar implementar un nuevo conjunto de reglas para lidiar con las acusaciones de abuso. Los obispos habían acordado un documento en el que se ordenaba a todos los clérigos reportar a la justicia civil las acusaciones. Desde el Vaticano se les avisó que esas reglas no serían convalidadas.

Lo que ocurrió hace unos pocos días en Irlanda es inédito y debería ocurrir en todos los países que tienen la desgracia de contar con cabezas de puente vaticanas en sus territorios: el Ministro de Relaciones Exteriores convocó al embajador de la Santa Sede para exigir explicaciones, entendiendo que la orden de no reportar los abusos equivale a una violación de la soberanía nacional. En efecto, se trató de un estado extranjero ordenando a ciudadanos irlandeses violar la ley de Irlanda.

(Una nota al margen. Cuando pasen por delante de una catedral u otra sede episcopal, observen las banderas que flamean frente a ella. La bandera blanca y amarilla del Vaticano siempre está allí, a la misma altura que la bandera del país. Es toda una señal de cómo las lealtades del clero católico, en cualquier punto del planeta, son como mínimo lealtades divididas.)

Esto quisiera escuchar yo alguna vez de boca de mis representantes, cara a cara con un embajador del pseudoestado vaticano:
“Hay una sola ley en este país y todos van a tener que aprender a cumplirla. El Vaticano va a tener que cumplir con la ley de este país. No vamos a dejar pasar esto. Queremos una respuesta del Vaticano a este reporte.”
Eso dijo Eamon Gilmore, Ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda, a Giuseppe Leanza, el nuncio papal. No sabemos si Leanza se asustó o se ofendió, pero espero que algún efecto desagradable le haya provocado el súbito abandono de la deferencia con que desde hace añares, y sin justificación alguna, se viene tratando a los representantes de la teocracia más antigua del planeta.

(Y lo mejor de todo: el papa está pensando dos veces si visita Irlanda, como tenía planeado hacer el año que viene. Bastantes protestas ya se ha encontrado en todos los otros países donde fue.)

jueves, 3 de febrero de 2011

Sofismas sobre el SIDA y los preservativos (A224)

La Iglesia no se rinde, a pesar del golpe mediático que le significaron las declaraciones informales del Papa Benedicto XVI sobre el uso de preservativos. Cuando el Papa miente, los demás católicos no pueden corregirlo, así que todos, incluidos los profesionales médicos, deben mostrarse de acuerdo. Por otro lado, hay una preocupación importante entre los filósofos papistas y los propagandistas en general porque dentro de la misma Iglesia, entre sus mismos líderes y académicos destacados, existen dudas sobre la necesidad de seguir sosteniendo la doctrina inhumana e irrealista sobre la moral sexual y el uso de los condones.

Michel Schooyans es un filósofo y teólogo de la Academia Pontificia por la Vida, es decir, el organismo que se encarga de condenar el sexo de los demás cuando no se hace exactamente como le gusta al Papa. Escribió una reflexión sobre el tema que la agencia Zenit publicó en dos partes (I, II) y que vale mucho la pena leer. Aquí, unas perlas encontradas entre el fango:
Ya que estas declaraciones se refieren al uso del preservativo como medio para no contraer el SIDA, a menudo producen una profunda confusión en la opinión pública y en la Iglesia. Estas declaraciones se acompañan frecuentemente de sorprendentes comentarios sobre la persona del Papa y sobre sus funciones, así como sobre la autoridad de la Iglesia.
Michel Schooyans
¡“Sorprendentes”! Uno casi puede palpar el (seguramente fingido) aire de indignación de este pseudofilósofo a sueldo cuando casi todo el mundo con un mínimo de sensatez cuestiona la figura y las palabras de un viejo teólogo célibe que vive enclaustrado en un palacio medieval y se atreve a opinar sobre las modalidades permitidas del sexo en el siglo XXI. Incluso dentro de la Iglesia nadie debería “sorprenderse” de que haya disenso y confusión. La Iglesia comenzó con una puja entre Pedro, el líder de los apóstoles y uno de los pocos testigos presenciales íntimos de la enseñanza de Jesús, y Pablo, el inventor del cristianismo como fe proselitista (que nunca conoció a Jesús pero se autonombró apóstol porque según él lo vio en una luz brillante al caerse de su caballo).

Schooyans habla del asunto como un tema de moral pero no pasan muchos párrafos antes de comenzar con la desinformación objetiva:
¿Cómo se puede no haber constatado que el efecto de contención del condón es en realidad bastante ilusorio? Es así en cuanto a que el preservativo es mecánicamente frágil, y que anima y incrementa el número de las parejas y la variedad de las experiencias sexuales. Por estos motivos se aumentan los riegos en vez de reducirlos.
Cada una de estas frases es falsa y se ha comprobado científicamente que lo es.
Las declaraciones de estos dignatarios no citan recientes estudios de innegable valor científico, como el del doctor Jacques Suaudeau.
¿Y quién es Jacques Suaudeau, sino un miembro de la Academia Pontificia por la Vida? ¡Todo un estudio independiente! Otro estudio, éste sí independiente, afirma según la cita (truncada y descontextualizada):
“Es oportuno […] subrayar que el condón está considerado como un medio de anticoncepción. Sin embargo […] la tasa de fracaso está colocada generalmente entre el 5% y el 12% por pareja, y por año de uso”.
La tasa de fracaso es el porcentaje de parejas sexualmente activas que conciben en un año a pesar de utilizar habitualmente el preservativo. Esta tasa no es la tasa de falla de los preservativos. El número (bastante poco preciso además) se basa en el uso “típico” del preservativo, que puede ser inconsistente e incorrecto. Esto significa que el hombre quizá olvide usarlo a veces, quizá se lo coloque mal o a mitad de camino de la relación sexual, o no lo utilice cuando no le parezca necesario a pesar de que en realidad lo sea.
“A priori […] con el virus de VIH que es 500 veces más pequeño que el esperma, es difícil pensar en una tasa de fracaso inferior.”
Esta falacia ya la han repetido hasta el hartazgo los apologistas del sexo católico. Es ridícula planteada así —es mezclar peras con manzanas— pero no por eso deja de figurar en su manual, y se enseña y propaga activamente. El HIV no es como un espermatozoide y una infección por HIV no es como un embarazo. Más allá de eso, se ha comprobado empíricamente. Si el preservativo fuera tan inútil, ya nos hubiéramos dado cuenta.

Hay mucho más de esto, pero la crítica parece ser que se le dice a la sociedad que el preservativo es la única forma de prevenir el SIDA y que su uso garantiza la seguridad al 100%. Esto es falso. Cierto es que muchas campañas publicitarias a favor del uso preventivo del condón están mal diseñadas. Pero la causa principal del uso inconsistente o inadecuado del preservativo es la falta de educación sexual en la escuela y en la familia, educación a la que la Iglesia se opone (lo que los católicos llaman educación sexual es pura moralina).

El eje pasa porque la Iglesia no puede transigir:
Se deduce que la Iglesia no predica una moral sexual a los “compañeros”. En vez de esto propone una moral conyugal y familiar. Se dirige a los “esposos”, parejas unidas sacramentalmente en una matrimonio monógamo y heterosexual. Sin embargo las consideraciones de los dignatarios van dirigidas a los “compañeros”, que tienen relaciones pre o extramatrimoniales, intermitentes o persistentes, heterosexuales, homosexuales, lésbicas...No se entiende porque la Iglesia, y mucho menos los titulares del Magisterio, deban -arriesgando el escándalo- socorrer a los que practican el vagabundeo sexual y sentirse responsables del pecado de quien, en muchos casos, no se interesa lo más mínimo, ni en la teoría ni en la práctica, de la moral cristiana.
Más claro, échele agua. La Iglesia (que tiene derecho a inmiscuirse en la vida de todos nosotros) no tiene por qué “socorrer a los que practican el vagabundeo sexual” ni sentirse responsable por el pecado —ni la muerte por enfermedades relacionadas al SIDA, aparentemente— de los que no quieren seguir “la moral cristiana”. La Iglesia, pura y mística, no puede mancharse con los grises de la vida real. ¡Sería como si el hijo de Dios se mezclara con prostitutas o se sentara a comer con cobradores de impuestos! Muy bien, si así lo deciden, nadie los obliga, pero entonces cállense la boca y no salgan a predicar a los diarios y la TV; transmitan la doctrina en persona o por telecomunicaciones cerradas punto a punto a los grupos de fieles fanáticos que encuentren, si es que encuentran alguno donde no haya nadie con interés en el “vagabundeo sexual”, que es lo que el resto del mundo entiende como sexo a secas.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ratzinger y el ateísmo nazi (parte 3)

Poco tengo que añadir al tema del vínculo falso que el papa Joseph Ratzinger ha querido hacer entre el ateísmo y el totalitarismo nazi. El tiro le ha salido por la culata. Su visita a Gran Bretaña será recordada como una pesadilla de relaciones públicas, marcada por protestas multitudinarias como no se habían visto (que yo recuerde) en ningún otro lugar.

Este post lo dedico a los comentarios aparecidos en otros blogs. En particular, Su Nombre en vano le ha dedicado tres muy buenos: uno con varias buenas fotos de la protesta y con el video del encendido discurso de Richard Dawkins (cuya traducción y subtitulado debemos a krisangel23) donde desmonta la mentira de Ratzinger y lo llama “enemigo de la humanidad”, otro más sobre la protesta, y uno centrado específicamente en Hitler y los nazis.

Piensa… luego existe también recoge el video de Dawkins, al igual que Sin Dioses, que nos brinda una transcripción y tiene un interesante análisis del falaz concepto de extremismo ateo.

La revolución naturalista titula lapidariamente “El libelo de Ratzinger contra los ateos es inmoral y contrario a la razón” y analiza las relaciones entre las creencias religiosas del pueblo alemán y de Hitler y el ascenso del nazismo.

Andrés Diplotti nos obsequia, en La pulga snob, con un fino comentario ilustrando la actitud de los que hablaron de “laicismo agresivo” sólo porque alguien se atrevió a tratar al Papa no como un ser especial y único al que hay que excusarle todo, sino como una persona como cualquiera. (Entre estos indignados defensores de Ratzinger ha habido unos cuantos ateos.)

Jesus and Mo también discuten (en inglés) el tema de cómo los ateos, laicistas y en general los que criticamos fuertemente la intolerancia predicada por el Papa somos parecidos a los nazis.

Y hay más, claro está, pero ya basta de prestarle atención a este viejo mentiroso e intolerante.…

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ratzinger y el ateísmo nazi (parte 2)

Ya que Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI, no pudo evitar referirse falsamente al nazismo como fruto de una sociedad sin dios, vinculando ateísmo con totalitarismo y deslizando que el “secularismo” (es decir, el estado laico) lleva a la destrucción de la sociedad, la National Secular Society de Gran Bretaña ha tenido a bien recordarle a él, a sus seguidores por ignorancia o voluntad expresa, y a todos nosotros, que el catolicismo y el nazismo colaboraron gustosamente —y no sólo al final, cuando la Iglesia organizó el escape de miles de nazis a América del Sur, sino desde el principio.


El poster que pueden ver aquí arriba fue impreso para las elecciones del Reichstag (parlamento alemán) de 1933. Su título es:
“¿Por qué el católico debe votar por la lista parlamentaria de Adolf Hitler?”
A continuación se enumeran las razones, aludiendo a los beneficios otorgados a la religión católica por el Concordato firmado entre Alemania y la Santa Sede, y se pide al votante apoyar a Hitler y dar el “sí” al referendum para que Alemania se retirase de la Liga de Naciones.
¿Por qué el católico debe votar por la lista parlamentaria de Adolf Hitler? Porque en el estado nacionalsocialista, intrínsecamente y a través del Reichskonkordat
  1. la Fe es protegida,
  2. la paz con la Iglesia queda asegurada,
  3. se resguarda la moral pública,
  4. se santifica el domingo,
  5. se mantienen las escuelas católicas,
  6. la conciencia del católico ya no es presionada,
  7. el católico tiene derechos igualitarios ante la ley y en la vida nacional,
  8. las organizaciones y asociaciones católicas, en tanto sirvan exclusivamente a propósitos religiosos, caritativos y culturales, pueden operar libremente.
Por eso un católico, este 12 de noviembre, debe votar así:
Referendum: sí
Elección parlamentaria: Adolf Hitler
El Concordato contenía un Suplemento Secreto que preveía una movilización bélica desafiando el Tratado de Versalles, es decir que ya en 1933 la Santa Sede esperaba que Alemania fuera a la guerra y que eventualmente atacara a la Rusia comunista, contra la que Pío XII (según se sabe por una carta de 1943) esperaba que Alemania ganara.

Los últimos dos puntos del poster son reveladores. Al advertir que los católicos tendrían “derechos igualitarios” quedaba implícito que otros, sin la moneda de cambio que representaba la influencia papal, no los tendrían: es decir, el Concordato protegía a unos a sabiendas de que otros serían atacados. Y al hacer explícitas las restricciones al accionar de las organizaciones católicas, se formaliza un pacto de no agresión política entre el nazismo y el catolicismo: los feligreses estarían bien mientras se quedaran calladitos en sus iglesias y sus organizaciones de beneficencia, sin inmiscuirse en los planes del estado para con judíos, gitanos, homosexuales, y todo el largo etcétera de “indeseables”, como de hecho hicieron, con honrosas pero escasísimas excepciones. Una de las condiciones para el pacto fue la disolución del Partido del Centro Católico: el desarme, ordenado por la Santa Sede, de la única tribuna oficial desde donde podría (debería) haber hecho algo concreto contra el régimen nazi.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ratzinger y el ateísmo nazi (parte 1)

El revisionismo histórico católico suele vincular el ateísmo con los regímenes dictatoriales y totalitarios del siglo XX. El vínculo es discutible en el caso de Stalin, Mao y Pol Pot (asunto que no viene al caso dilucidar aquí), pero no se sostiene con Franco, con los Duvalier ni con las dictaduras latinoamericanas. La herramienta favorita de los mentirosos, sin embargo, es Adolf Hitler y el nazismo.

Joseph Ratzinger (alias Benedicto XVI) está de visita en el Reino Unido. En su discurso en Edimburgo, apenas llegar, habló de la “tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad” y dijo:
“Al reflexionar sobre las lecciones sobrias del ateísmo extremista del siglo XX, no olvidemos nunca cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud de la vida pública lleva últimamente a una visión truncada del hombre y la sociedad.”
Hace diez años, el papa Juan Pablo II quiso manchar al ateísmo con la acusación de ser responsable del Holocausto. En el mausoleo de Yad Vashem, en Jerusalén, dijo una vez: “Sólo una ideología sin Dios puede planificar y ejecutar el exterminio de todo un pueblo.” A los judíos que saben algo de historia les debe constar que esto es patentemente falso; donde más sufrieron, antes del siglo XX, debe haber sido en la España de los Reyes Católicos y en sus muy devotas colonias americanas, donde el antisemitismo de raíz cristiana perdura, como así también en la Europa protestante, forjada por aquel Lutero que escribió todo un tratado “Sobre los judíos y sus mentiras”, y en la ortodoxa, piadosisíma Rusia zarista, que legó a la historia la palabra pogrom. El antisemitismo brota fértil de aquella pretendida admisión de culpa del pueblo judío por la muerte de Jesús (“Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”) en el Evangelio de San Mateo, y de las culpas implícitamente cargadas a “los judíos” por San Juan.

El mito del ateísmo de Hitler y del nazismo está tan arraigado que es inútil repetirles a los propagandistas católicos y sus víctimas ignorantes lo que es archisabido y comprobable con una simple búsqueda en Internet o en cualquier libro de historia: que Hitler fue bautizado y criado como católico, que el nazismo daba lugar a un conglomerado difuso de cristianismo y religiosidad pseudopagana, que la Iglesia Católica pactó con un Concordato con Hitler, que Hitler proclamó públicamente su deseo de exterminar a los movimientos ateos, que la educación religiosa fue obligatoria en Alemania por su orden, que los soldados alemanas llevaban la divisa Gott mit uns (“Dios con nosotros”), y finalmente —pero no menos importante— que la inmensa mayoría de los votantes que llevaron al nazismo al poder, la mayoría de los soldados que lo sostuvieron y la mayoría de los que ejecutaron el Holocausto eran protestantes o católicos. Conviene, sin embargo, tener claros estos hechos, para no dejar pasar ni una vez esta clase de calumnias.


Entre diez y veinte mil personas protestaron contra la visita del Papa en Londres este sábado. Richard Dawkins dio un discurso fervoroso contra sus manifestaciones anti-ateas y distorsivas de la historia. La prensa católica y el mismo Ratzinger están haciendo un papel lastimoso, comparando la crítica y el ridículo a los católicos con un “martirio” y llamando al papa “valiente” (como si viajar a todo lujo, con operativo de seguridad y gastos pagos por un país donde no se permite a ningún opositor a él acercarse a menos de un kilómetro requiriera algún coraje).

Gran Bretaña es un país poscristiano, secularizado, donde prima el indiferentismo o la espiritualidad liviana y el ejercicio público y fervoroso de la religión es considerado una rareza. A los británicos no les gusta que un fanático religioso con chapa de jefe de estado les venga a enseñar una versión revisada de la terrible historia que vivieron en carne propia. Creo que Benedicto XVI se ha encontrado al fin, para variar (y bienvenido sea) con gente que no va a tolerar sus mentiras.

lunes, 30 de agosto de 2010

Pregunta retórica

“¿Y realmente se sacrificó Jesús en esa sangrienta cruz de muerte para que este descarado viejo fraudulento pudiera estar sentado allá en Roma como un adorno inútil y decirle a todo el resto del mundo qué cosas no está permitido hacer?”
—Pat Condell, sobre Benedicto XVI

domingo, 25 de abril de 2010

Revisionismo histórico vaticano (por Thomas P. Doyle)

Thomas P. Doyle
El sacerdote católico Thomas P. Doyle es uno de los primeros, dentro de la Iglesia, que denunciaron la práctica habitual de abusos sexuales a menores seguidos por su encubrimiento. Despedido de su puesto como capellán de la Fuerza Aérea estadounidense en 2004, siguió sirviendo a las víctimas y sus familias, dándoles apoyo moral y profesional como terapista, además de consejo legal como abogado canónico. Fue uno de los protagonistas del documental Deliver Us From Evil. Lo que sigue es traducción de un artículo escrito por él con el título Revising history Vatican style (“Revisando la historia al estilo del Vaticano”) para el National Catholic Reporter, un periódico católico progresista independiente de la jerarquía eclesiástica.
El último intento vaticano de “control de daños” es realmente un ejemplo de revisionismo histórico. El Vaticano ha subido a su sitio web una corta explicación del motu proprio de 2001 Sacramentorum sancitatis tutela. Este decreto no estaba oculto por el secreto oficial y es bastante conocido en todo el mundo. El corto artículo brinda un resumen de los principales pasos a tomar en casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Esto no es nada nuevo. La sorpresa, no obstante, se encuentra en una oración: “La ley civil concerniente a la denuncia de crímenes a las autoridades apropiadas debe seguirse siempre.”

Ésta es la primera vez que el Vaticano ha acordado públicamente que el abuso sexual de menores no es sólo un crimen en el mundo secular, sino además un crimen que debería ser reportado a las autoridades civiles.

El escándalo que ha estado dando vueltas en torno a la iglesia institucional durante décadas ha sido causado por el hecho de que regularmente los obispos hicieron precisamente lo contrario de lo que el Vaticano ahora presenta como procedimiento operativo estándar. Pese a los esfuerzos de la jerarquía por controlar, primero, y luego —al fallar eso— contener el problema, éste ha alcanzado finalmente al Vaticano. Esto ha hecho olas en las filas de los creyentes, incluyendo los más cerrados defensores de la jerarquía. Están molestos y aun furiosos, no por la evidencia que se está revelando de que el papa y los burócratas vaticanos han tenido conexión directa con la horrenda plaga de abuso infantil, sino porque las víctimas y sus partidarios, asistidos por los “medios anticatólicos”, han tenido la audacia de atacar al Santo Padre.

Los habitantes del Vaticano, los burócratas de la Curia que realmente manejan la iglesia institucional, están comprensiblemente a la defensiva, y no están haciendo un muy buen trabajo. Si hubieran dejado en paz la frase sobre reportar los casos a las autoridades civiles y ningún vocero del Vaticano hubiera hecho comentarios sobre ella, el daño causado por el documento hubiera sido mínimo. Pero en vez de quedarse callados, salieron a la defensa del papa usando la bien probada pero no muy útil táctica del revisionismo histórico.

Nicole Winfield de The Associated Press reportó que “el Vaticano insiste en que por largo tiempo ha sido política de la Iglesia Católica que los obispos, como todo ciudadano, obedezcan las leyes civiles.” Jeff Lena, el abogado del Vaticano en los Estados Unidos, “argumentó que no había nada en la ley canónica que… prohibiera reportar [los casos de abuso].” También se refirió vagamente al documento del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes, que —afirmó— contiene un “entendimiento implícito de la necesidad de seguir las leyes civiles.” Un vocero vaticano, el P. Ciro Benedettini, dijo que un requerimiento de denuncia de casos de abuso había sido parte de la política interna de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 2003, un hecho que hubiera sido mejor que se guardara para sí. Si esta política ha estado enterrada en un profundo secreto, ¿de qué sirve?

El Vaticano y sus defensores tienen la memoria corta. Luego del tsunami que golpeó [la diócesis de] Boston en enero de 2002, el asunto de las denuncias de abusadores a las autoridades civiles se transformó en un tema saliente. La comunidad secular no lograba entender por qué no se entregaba a la policía a los sospechosos de delitos ni se los reportaba a los servicios de Bienestar Infantil. Algunos miembros de la jerarquía, por otro lado, no lograban comprender por qué la gente tenía la osadía de reclamar que fueran entregados a las autoridades. Esta resistencia encontró apoyo en varios eclesiásticos muy notables, que pontificaron ante los medios de todo el mundo. Aparentemente no les había llegado la noticia de que había una política de larga data que los urgía a reportar casos de abuso.

El Cardenal Óscar Maradiaga, de Honduras, que acusó a los abogados estadounidenses que derrocaron al Cardenal Bernard Law de utilizar tácticas “estalinistas”, dijo que los clérigos que han cometido graves errores deberían ser llevados ante la justicia en tribunales eclesiásticos. Revisionismo histórico, punto uno: violar niños es un error, no un crimen, y los tribunales eclesiásticos, tradicionalmente conocidos por su lentitud y no funcionalidad en lo que se refiere al debido proceso, son la vía hacia la justicia. El Padre Gianfranco Ghirlanda, un influyente abogado canónico de la Universidad Gregoriana en Roma, publicó un artículo en 2002 repleto de sabiduría convencional vaticana. Dijo que las autoridades civiles deberían involucrarse sólo luego de que todos los procedimientos eclesiásticos se hayan probado inútiles. Continuó diciendo que los obispos no son moral ni judicialmente responsables por los actos de los clérigos a su cargo. Y siguió con la ultrajante afirmación de que los actos pasados de abuso de un sacerdote no deben ser revelados a su congregación porque eso “lo desacreditaría totalmente frente a su comunidad parroquial.”

El Cardenal Julian Herrenz, líder (retirado) del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, expresó algunas opiniones igualmente sorprendentes en un artículo publicado por John Allen en 2002. Asumiendo conocimiento experto de las ciencias de la conducta, afirmó que la pedofilia es una forma de homosexualidad. Y volviendo a su papel de experto legal de nivel mundial, rechazó la idea de que a las autoridades eclesiásticas deba solicitárseles, mucho menos requerírseles, que reporten los casos de abuso a las autoridades de la ley civil. Su justificación parece ser la salvaguarda del “acuerdo mutuo de confianza y secreto” entre obispo y sacerdote.

El Cardenal Tarcisio Bertone, quien es ahora el Secretario de Estado del Vaticano, era secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2002 cuando John Allen lo citó diciendo: “En mi opinión, el reclamo de que un obispo está obligado a contactar a la policía para denunciar a un sacerdote que ha admitido el delito de pedofilia no tiene fundamento.” También dijo que “… la sociedad civil debe además respetar el secreto profesional de los sacerdotes, como respeta el secreto profesional de otras categorías.” En ningún lugar de la tradición, el dogma o la ley canónica católica puede uno encontrar justificación alguna para estas opiniones.

En la práctica, la política ha sido tratar de evitar el contacto con las autoridades civiles y encubrir los crímenes y a los criminales. La tradición canónica de reciente creación que impone la denuncia a las autoridades civiles es resultado de una sola cosa: el escándalo público, la exposición mediática y la presión para que los clérigos estén sujetos a rendir cuentas en las cortes civiles. La apariencia de la “Guía para comprender los procedimientos…” es un intento fallido de control de daños a través del revisionismo histórico. No funcionará. El Vaticano nunca podrá “arreglar” el problema de los abusos sexuales en el clero porque el abuso no es el problema esencial que requiere ser arreglado. Es la cultura clerical completa la que necesita ser renovada de adentro hacia afuera.

lunes, 29 de marzo de 2010

Sacerdote abusa sexualmente de niños

El hecho de que el título de esta nota, considerado en sentido general, ya no sea realmente noticia, no es mérito de los medios que reportan y siguen incesantemente la cobertura de los casos de pederastia clerical y su encubrimiento como parte integral de la estrategia de la Iglesia Católica para preservar su imagen.

No obstante, es posible que la repetición nos haga olvidar a las víctimas y nos lleve a concentrarnos en los perpetradores y sus cómplices. Uno desearía, pero le es difícil creerlo, que este olvido fuera el origen de la actitud de la prensa católica y de los católicos devotos ante la ola de denuncias.

Un recuento de las noticias sobre el tema aparecidas en ACI y Zenit, dos de las más importantes agencias papistas de propaganda que publican en español, incluye los siguientes artículos:
Indudablemente no hay nadie que esté dando más cobertura al escándalo que las propias agencias católicas. Una usina de refutaciones espurias y fabricación de excusas está funcionando a toda máquina, tratando de deshacer el daño causado por la difusión de noticias a veces exageradas o sensacionales, pero desde luego no falsas; en apenas cuatro días que he examinado, sólo estas dos agencias han producido diez artículos (y he omitido otros tantos) cuyos objetivos se encuadran en un marco pequeño: disculpar a la Iglesia como institución de los abusos, defender al Papa, echarle la culpa a otros, y dar por terminado todo el incómodo asunto.

Lo único que les falta a estos artículos es lástima real, verdadera, por las víctimas. Falta una declaración inequívoca de culpa, un propósito de enmendar —dentro de lo posible— el daño hecho a muchos niños y a sus familias, y el abandono a su merecida suerte de los culpables. A la violación de niños y su encubrimiento sistemático durante décadas se la denomina “crisis”, como si fuera un suceso azaroso que les ha caído a gente que no tenía nada que ver, y se propone dejarla atrás con medidas internas y haciendo oración y penitencia. ¡Se insinúa incluso que el buen manejo de la “crisis” (que ya se da por hecho) purificará a la Iglesia y fortalecerá políticamente al Papa!

Me consta que muchos católicos de a pie reconocen los terribles crímenes cometidos y no los disculpan. Están, como debe estar cualquier persona normal y decente, horrorizados e indignados. Generalmente se lo callan. No es de esperar que salgan a las calles a pedir la renuncia del Papa. Pero a nivel de la cúpula eclesiástica, ¿qué duda nos puede caber de que estos crímenes son conocidos y aceptados por todos? ¿Y quiénes, sino los que están más arriba, son los más capaces de hacer algo? Ni un solo obispo católico en todo el planeta ha dicho una palabra en contra de sus colegas, y mucho menos contra el obispo de Roma que preside sobre ellos. Todos tienen miedo, o quizá les importe más mantener su imagen inmaculada. Una nota en El País los llama sepulcros blanqueados, refiriéndose a la crítica de Jesús a los maestros de la ley en Mateo 23:27-28:
¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.
De hecho, casi todo el capítulo 23 del evangelio de Mateo es singularmente apropiado para la Iglesia Católica. Pero sospecho que ni Joseph Ratzinger ni los demás príncipes eclesiásticos lo leen con frecuencia. De toda la variada enseñanza de Jesús —que a veces es humanista y singularmente moderna y otras veces refleja lo peor del judaísmo antiguo—, esta admonición contra los sacerdotes, que “atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas”, debe ser una de las más brillantes.

Es en este mismo lugar que Jesús advierte que a nadie deben los fieles llamar “padre” salvo a Dios. Ésa sería una buena idea para comenzar a limpiar la Iglesia: que la palabra “padre”, que expresa amor y cuidado, no sea nunca más asociada a personas que cometieron crímenes aberrantes sobre los niños confiados a su cuidado.