El presidente de Francia, François Hollande, hizo campaña prometiendo que haría aprobar legislación para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, y se está preparando ahora para cumplir su promesa. Hace pocos días, luego de grandes manifestaciones de gente que —según ellos mismos— ama a los homosexuales pero quiere que sigan siendo ciudadanos de segunda —pero los aman profundamente, ojo—, Hollande sugirió que podría dejar que cada alcalde de cada ciudad de Francia decidiera según su conciencia si casaría a parejas del mismo sexo o no. Ante el furor que desató, tuvo que desdecirse. El ida y vuelta es una mancha en su curriculum político pero terminó, al menos, del lado que correspondía.
¿Cómo se decidió Hollande a respetar su promesa de campaña sin medias tintas ni compromisos indebidos? Aparentemente el “lobby gay” lo amenazó. Probablemente un grupo comando formado por hombres musculosos, vestidos de spandex rosa y cuero con tachas, irrumpió en su oficina tirando abajo la puerta y lo amenazaron con someterlo sexualmente. El lobby gay es terrible.
Los fanáticos cristianos, sean católicos o evangélicos, aman hablar del lobby gay. Es posible que incluso fantaseen con él, en la forma en que yo lo he presentado hipotéticamente. El lobby gay tiene el poder de torcer la voluntad de casi cualquiera, incluso el presidente de un país del Primer Mundo elegido por más de la mitad del voto popular. El lobby gay controla la Casa Blanca, Hollywood, las Naciones Unidas, las escuelas públicas británicas… La gente común y normal (o sea heterosexual) sólo apoya a los candidatos del lobby gay porque les han lavado el cerebro, luego de privarlos en la niñez de ese muro infalible contra las influencias homosexuales y otras perversiones que solían proveer el catecismo obligatorio y la educación segregada por sexos bajo el férreo control de curas y monjas.
Ya en serio, ¿por qué no permitir a un funcionario que haga objeción de conciencia si no desea oficiar una ceremonia que contraría sus creencias? En primer lugar, porque si la ceremonia es civil, las creencias religiosas deben quedar afuera; lamentablemente, explicar esto no sirve de nada porque los creyentes devotos del cristianismo, como los del islam, son inherentemente integristas, totalitarios: la religión no es una parte separada de sus vidas civiles. Esto es inconveniente pero razonable. En segundo lugar: porque un funcionario que no puede cumplir con una tarea debe renunciar a su puesto; una objeción de conciencia es un acto excepcional, no un pase libre para no hacer lo que no me cae bien. En tercer lugar, y esto sí va al fondo del asunto porque es de la esencia de lo que significa objeción de conciencia en el derecho: no se puede utilizar la objeción de conciencia como si fuese un derecho para quitarle a un tercero un derecho suyo. Si tengo derecho a casarme con otra persona (del sexo opuesto o del mismo, de otro color de piel y ojos o del mismo, más alta que yo o más baja que yo) en el lugar donde resido, entonces ningún funcionario puede negarme ese derecho amparándose en sus creencias. Puede, teóricamente, rehusarse si otro puede suplirlo; pero el espíritu de toda ley que admita una objeción de conciencia es que el derecho del tercero no se vea afectado en lo más mínimo. Por eso no sirve decir “yo no voy a hacerlo pero otro puede en mi lugar” si de hecho esta suplencia obligada retrasa u obstaculiza el derecho de otro, como sin duda es el objetivo de estos pretendidos objetores franceses. Si tengo que rogarle a un funcionario subalterno que haga algo que su jefe no desea y por lo cual puede tener problemas en su trabajo; si tengo que irme a otra ciudad o pasar por varias oficinas; si tengo que esforzarme para ejercer un derecho que no debería ser más que un trámite, entonces la objeción de conciencia es una trampa, un engaño a la legalidad.
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lunes, 26 de noviembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Obispos de Kenya reclaman sexo sin protección
Siempre digo que la verdadera cara de la religión se ve en las épocas y lugares en los que tiene capacidad real para imponer sus doctrinas, que son generalmente aquellos donde la política secular está ausente o mira para otro lado, la educación falta y la pobreza reina. El caso de la polifacética Iglesia Católica es bien conocido. En el mundo desarrollado y en muchas de las grandes urbes de América Latina al catolicismo no le queda más que protestar contra las medidas que buscan, por ejemplo, librar a las mujeres del rol de úteros ambulantes al que las condenan la cultura y la religión tradicionales. No así en otros lugares, donde la palabra de los obispos tiene un peso político mucho más marcado. Allí la retórica moralista, moderada, falsamente respetuosa, desaparece del discurso clerical.
Esto es lo que tenían que decir los obispos de Kenya sobre una iniciativa internacional de planificación familiar a la que el país se unió recientemente, y que dedicará 4.200 millones de dólares a la promoción del acceso a los anticonceptivos para mujeres en países pobres:
Lo único ligeramente fuera de lugar es la acotación de que el uso de anticonceptivos de la forma propuesta es “radical”. ¿Qué cosa no sería “radical”? ¿Qué cosa sería realmente radical? Si me preguntaran, una educación sexual laica, científica y crítica. En el sentido estricto y etimológico, atacaría la raíz del problema: la idea —reforzada religiosamente— de que las mujeres están hechas para ser máquinas reproductoras, que sólo existen para ser madres. Esta idea de que la reproducción es la función primaria del ser humano y de que no puede obstaculizársela de ninguna forma (¡ni emplear los órganos sexuales para otra cosa!) es lo que yo encuentro personalmente “deshumanizante”. Lo que la Iglesia propone es que tengamos, literalmente, sexo como animales: “natural”, sólo reproductivo, sin placer, sin previsión, sin verdadera elección.
Esto es lo que tenían que decir los obispos de Kenya sobre una iniciativa internacional de planificación familiar a la que el país se unió recientemente, y que dedicará 4.200 millones de dólares a la promoción del acceso a los anticonceptivos para mujeres en países pobres:
Esta iniciativa de agencias extranjeras, cuyos motivos apenas comprendemos (…), podría llevar a la destrucción de la sociedad humana y, por extensión, de la raza humana. No podemos permitir que nuestro país sea parte de una agenda internacional manejada por fondos extranjeros, perdiendo así nuestra independencia y nuestros valores africanos de familia y sociedad. Las mismas fuerzas extranjeras están dedicando millones a promover las uniones homosexuales mientras millones de mujeres mueren por falta de instituciones de cuidado materno. Más aún, el uso de anticonceptivos, especialmente en forma tan radical (…), es deshumanizante y va en contra de la Enseñanza de la Iglesia, especialmente en un país como Kenya, donde la mayor parte de la gente es cristiana y temerosa de Dios.Hay que decir que los puntos aquí cubiertos muestran un admirable poder de síntesis. Todo está ahí, en orden:
- La apelación a los sentimientos xenofóbicos y conspirativos (“agencias extranjeras cuyos motivos apenas comprendemos”).
- La hipérbole sobre la extinción humana, que la Iglesia ya asume con naturalidad dentro de su fantasía paranoica de la “cultura de la muerte”, en el cual se incluye todo desde los preservativos hasta el lesbianismo.
- Otra vez la xenofobia, el nacionalismo y la tradición (“nuestra independencia y nuestros valores”).
- El codazo irrelevante (pero necesario, dada la obsesión de los obispos con el sexo gay) al matrimonio homosexual.
- La sensata pero engañosa idea de que se podrían gastar más recursos en maternidades y menos en anticonceptivos (cuando de hecho no hay sistema de salud que soporte una carga demográfica que crece aceleradamente).
- La presunción de que la “Enseñanza de la Iglesia” (es decir, la palabra de quien escribe, elevada a estatus de dogma indiscutible) es representativa de la mentalidad del pueblo y por tanto vale más que cualquier iniciativa estatal.
Lo único ligeramente fuera de lugar es la acotación de que el uso de anticonceptivos de la forma propuesta es “radical”. ¿Qué cosa no sería “radical”? ¿Qué cosa sería realmente radical? Si me preguntaran, una educación sexual laica, científica y crítica. En el sentido estricto y etimológico, atacaría la raíz del problema: la idea —reforzada religiosamente— de que las mujeres están hechas para ser máquinas reproductoras, que sólo existen para ser madres. Esta idea de que la reproducción es la función primaria del ser humano y de que no puede obstaculizársela de ninguna forma (¡ni emplear los órganos sexuales para otra cosa!) es lo que yo encuentro personalmente “deshumanizante”. Lo que la Iglesia propone es que tengamos, literalmente, sexo como animales: “natural”, sólo reproductivo, sin placer, sin previsión, sin verdadera elección.
martes, 17 de mayo de 2011
La marcha antigay (A234)
Hace un par de días nomás, leyendo en Twitter, noté que unos cuantos de mis contactos estaban hablando de una “marcha antigay”. Resultó que #marchaantigay era TT (Trending Topic) en Twitter —y era virtualmente imposible leer todos los mensajes que se iban acumulando sobre el tema— porque en México, más precisamente en Guadalajara, capital del estado de Jalisco, una asociación autotitulada “Mexicanos por la Vida de Todos” había organizado una de esas famosas “marchas por la vida y la familia” que tanto les gusta a los grupos de ultracatólicos que se oponen a todo tipo de vida y a toda familia que no sea e-xac-ta-men-te como les gusta a sus pequeñas y marchitas mentes. El objetivo: oponerse a la reforma de la constitución federal, que incluye el derecho al aborto y la institucionalización de las uniones civiles sin distinción de sexo.
Un punto curioso es que estos grupos antiderechos nunca se identifican claramente y desde el vamos como católicos (o evangélicos, o cristianos) y tratan de evitar los argumentos religiosos en sus apariciones públicas. Esa hipocresía no deja de ser un buen signo: quiere decir que han reconocido que el dogma y la tradición religiosa no sirven de argumento ante sociedades cada vez más seculares, con más información disponible y con mayor libertad para pensar y elegir a partir de una ética no teológica. Se habla de “asociaciones civiles”, de ciudadanos independientes y libremente comprometidos con “valores” que se califican de universales o comunes a todos, pero en realidad son fachadas de la Iglesia Católica o de otras religiones organizadas, con líderes bien adoctrinados. (Sus seguidores, por otra parte, suelen ser bastante básicos.)
Hoy es el Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia, y no está de más recordar que, aunque estas formas de discriminación irracional están enraizadas en la cultura popular desde hace tiempo, son las instituciones religiosas las principales responsables de propagarlas orgánicamente y de sostenerlas a través de la indoctrinación y la educación que el estado les ha entregado.
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| (La foto es de salazargdl.) |
Hoy es el Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia, y no está de más recordar que, aunque estas formas de discriminación irracional están enraizadas en la cultura popular desde hace tiempo, son las instituciones religiosas las principales responsables de propagarlas orgánicamente y de sostenerlas a través de la indoctrinación y la educación que el estado les ha entregado.
jueves, 3 de junio de 2010
Matrimonio homosexual en el Senado argentino (A192)
El proyecto de ley de matrimonio homosexual está siendo debatido en comisiones en el Senado argentino. Sin sorpresas: los activistas anti-derechos de las iglesias evangélicas (aunque no todas) y los líderes católicos, cada uno por su lado, han redoblado sus manifestaciones en contra. Los senadores parecen, al menos, estar dispuestos a escuchar y debatir, lo cual es mucho.
Los evangélicos fundamentalistas agrupados en ACIERA y FECEP, que se caracterizan por su fervor pueril y por una ignorancia supina de las complejidades de la sexualidad humana, del derecho y de la sociología, organizaron una gran concentración frente al Congreso el 31 de mayo pasado, trayendo a fieles militantes de templos de la provincia de Buenos Aires, bajo la consigna de defender el matrimonio entre un hombre y una mujer y el derecho de los niños a tener un papá y una mamá (es decir, defender una cosa que no está amenazada y otra cosa que no existe). Tanto éxito tuvieron que la noticia llegó a España, publicada por la nacionalcatólica cadena COPE (regenteada por el Episcopado), que dijo que habían sido cincuenta mil personas, aunque según el izquierdista Página/12 la cifra fue de entre mil y dos mil, y para el conservador La Nación, unas ocho mil. Nuestra vieja amiga la diputada Cynthia Hotton estuvo allí y dijo “Somos millones”, cosa que probablemente sea cierta en referencia a la homofobia (también hay millones de argentinos racistas, antisemitas o simplemente detestables; claro que la mayoría no se manifiesta públicamente para demostrarlo). Quienes tengan Facebook podrán ver algunas fotos de la movilización en el perfil de ACIERA y, si se hacen amigos, comentar en ellas.
Para no ser menos, el arzobispo de Resistencia, Fabriciano Sigampa, encabezó una manifestación de la muy improbable ONG ad hoc “Ciudadanos Chaqueños Autoconvocados”. Además de la cháchara mentirosa biensonante sobre la vida y la familia, explicó que no es discriminatorio rechazar las uniones homosexuales porque “no se ha visto que un toro se una a otro toro; el toro se une a la vaca”. (Ésta es la gente que luego no acepta que el ser humano es un animal y se opone a la educación sexual moderna porque dice que reduce todo a la genitalidad.) Por alguna razón, posiblemente porque no conseguía suficiente número, Sigampa compartió el liderazgo con algunos pastores evangélicos y llevó a la diputada provincial Clelia Ávila, quien dijo que los homosexuales tienen “el derecho que la naturaleza les ha dado”, barrabasada que debe haber hecho revolver en sus tumbas a todos los difuntos profesores y académicos de Derecho del país. Ávila también se encargó de hacer llegar un petitorio al Congreso Nacional expresando su oposición al proyecto y pidiendo que se discuta en las provincias.
No es probable que sea coincidencia que Chaco, gobernada por el genuflexo Jorge Capitanich, sea la primera provincia donde se celebrarán audiencias públicas. A falta de otras razones, algunos han venido argumentando que el derecho al matrimonio es una inquietud de los homosexuales militantes, progres y sofisticados de Buenos Aires, y no un reclamo nacional, federal, que amerite una modificación del Código Civil (en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya hay unión civil). El reclamo de federalismo está políticamente en el aire desde hace un tiempo, y los porteños tienen una merecida fama de ignorar lo que ocurre en el “país profundo”, lo cual alimenta esta clase de maniobras. Lo cierto es que incluso en la sociedad conservadora y católica de las provincias hay homosexuales y parejas homosexuales (y ateos, y creyentes de religiones minoritarias, y otras aberraciones); lo que ocurre no es que no haya reclamos, sino que éstos son traumáticos y sumamente difíciles de visibilizar.
El sitio católico Notivida ha tenido que desmentir una nota publicada en Clarín por el muy leal Sergio Rubín que decía que la Iglesia favorecería la aprobación del proyecto de ley de unión civil a nivel nacional, como “mal menor” para evitar que se apruebe el de matrimonio. En su siguiente boletín, los de Notivida se dedicaron a denostar a los expositores de la segunda reunión de comisión en el Senado, entre los que estuvieron el actor Pepe Cibrián y la activista María Rachid, llamando al matrimonio entre homosexuales “homomonio”, recurso infantil que movería a risa si no fuera porque se trata de personas mayores (en otros sitios católicos más serios directamente se refieren al “putomonio”).
El futuro de este proyecto en el Senado no está claro. La batalla desde lo dialéctico, desde lo científico y hasta desde lo emocional está perdida para los fundamentalistas (esto último porque aunque muchos argentinos son homofóbicos, a muy pocos les importa realmente si los homosexuales se casan), pero la presión política y los prejuicios de un puñado de senadores pueden retrasar la resolución del tema. Estaremos viendo qué sucede.
Los evangélicos fundamentalistas agrupados en ACIERA y FECEP, que se caracterizan por su fervor pueril y por una ignorancia supina de las complejidades de la sexualidad humana, del derecho y de la sociología, organizaron una gran concentración frente al Congreso el 31 de mayo pasado, trayendo a fieles militantes de templos de la provincia de Buenos Aires, bajo la consigna de defender el matrimonio entre un hombre y una mujer y el derecho de los niños a tener un papá y una mamá (es decir, defender una cosa que no está amenazada y otra cosa que no existe). Tanto éxito tuvieron que la noticia llegó a España, publicada por la nacionalcatólica cadena COPE (regenteada por el Episcopado), que dijo que habían sido cincuenta mil personas, aunque según el izquierdista Página/12 la cifra fue de entre mil y dos mil, y para el conservador La Nación, unas ocho mil. Nuestra vieja amiga la diputada Cynthia Hotton estuvo allí y dijo “Somos millones”, cosa que probablemente sea cierta en referencia a la homofobia (también hay millones de argentinos racistas, antisemitas o simplemente detestables; claro que la mayoría no se manifiesta públicamente para demostrarlo). Quienes tengan Facebook podrán ver algunas fotos de la movilización en el perfil de ACIERA y, si se hacen amigos, comentar en ellas.
Para no ser menos, el arzobispo de Resistencia, Fabriciano Sigampa, encabezó una manifestación de la muy improbable ONG ad hoc “Ciudadanos Chaqueños Autoconvocados”. Además de la cháchara mentirosa biensonante sobre la vida y la familia, explicó que no es discriminatorio rechazar las uniones homosexuales porque “no se ha visto que un toro se una a otro toro; el toro se une a la vaca”. (Ésta es la gente que luego no acepta que el ser humano es un animal y se opone a la educación sexual moderna porque dice que reduce todo a la genitalidad.) Por alguna razón, posiblemente porque no conseguía suficiente número, Sigampa compartió el liderazgo con algunos pastores evangélicos y llevó a la diputada provincial Clelia Ávila, quien dijo que los homosexuales tienen “el derecho que la naturaleza les ha dado”, barrabasada que debe haber hecho revolver en sus tumbas a todos los difuntos profesores y académicos de Derecho del país. Ávila también se encargó de hacer llegar un petitorio al Congreso Nacional expresando su oposición al proyecto y pidiendo que se discuta en las provincias.
No es probable que sea coincidencia que Chaco, gobernada por el genuflexo Jorge Capitanich, sea la primera provincia donde se celebrarán audiencias públicas. A falta de otras razones, algunos han venido argumentando que el derecho al matrimonio es una inquietud de los homosexuales militantes, progres y sofisticados de Buenos Aires, y no un reclamo nacional, federal, que amerite una modificación del Código Civil (en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya hay unión civil). El reclamo de federalismo está políticamente en el aire desde hace un tiempo, y los porteños tienen una merecida fama de ignorar lo que ocurre en el “país profundo”, lo cual alimenta esta clase de maniobras. Lo cierto es que incluso en la sociedad conservadora y católica de las provincias hay homosexuales y parejas homosexuales (y ateos, y creyentes de religiones minoritarias, y otras aberraciones); lo que ocurre no es que no haya reclamos, sino que éstos son traumáticos y sumamente difíciles de visibilizar.
El sitio católico Notivida ha tenido que desmentir una nota publicada en Clarín por el muy leal Sergio Rubín que decía que la Iglesia favorecería la aprobación del proyecto de ley de unión civil a nivel nacional, como “mal menor” para evitar que se apruebe el de matrimonio. En su siguiente boletín, los de Notivida se dedicaron a denostar a los expositores de la segunda reunión de comisión en el Senado, entre los que estuvieron el actor Pepe Cibrián y la activista María Rachid, llamando al matrimonio entre homosexuales “homomonio”, recurso infantil que movería a risa si no fuera porque se trata de personas mayores (en otros sitios católicos más serios directamente se refieren al “putomonio”).
El futuro de este proyecto en el Senado no está claro. La batalla desde lo dialéctico, desde lo científico y hasta desde lo emocional está perdida para los fundamentalistas (esto último porque aunque muchos argentinos son homofóbicos, a muy pocos les importa realmente si los homosexuales se casan), pero la presión política y los prejuicios de un puñado de senadores pueden retrasar la resolución del tema. Estaremos viendo qué sucede.
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miércoles, 5 de mayo de 2010
Matrimonio gay: media sanción (A184)
Ayer fue un mal día para el fundamentalismo religioso en Argentina. A pesar de cadenas de oración y renovado ayuno de los grupos evangélicos conservadores, a pesar de severas advertencias episcopales y de reuniones de lobby de la Iglesia con algunos legisladores, esta madrugada se dio media sanción en la Cámara de Diputados al proyecto de modificación del Código Civil que permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo, con 125 votos a favor, 109 en contra y 6 abstenciones.Ahora falta el paso por el Senado, que promete ser más difícil debido a la correlación de fuerzas entre conservadores y progresistas, aunque es posible que la derrota numérica y moral de anoche hayan mellado las fuerzas de la homofobia organizada.
Escribo que el proyecto permitirá el matrimonio homosexual, en futuro y no en potencial, porque entiendo que —no mediando una catástrofe sociopolítica— este derecho será garantizado tarde o temprano, por la aprobación de este proyecto de ley o de uno idéntico, si es que la Corte Suprema no decide antes declarar la inconstitucionalidad de los artículos discriminatorios del Código Civil, tema con el que ya está tratando.
Y hablo de la derrota moral de la oposición homofóbica en el Congreso porque, a partir de los discursos que escuché, quedó claro que de ese lado no hay argumentos de sustancia.
El conservadurismo comenzó ya un paso atrás: casi todos los diputados que iban a votar contra el dictamen de mayoría (el de la eliminación total de las referencias a la heterosexualidad del matrimonio) se sintieron obligados a proclamar una y otra vez que no eran discriminadores, que los homosexuales tienen derecho a vivir en pareja y ser reconocidos, que nadie más que ellos querían la igualdad entre todos, etc. etc. La mayoría de estos diputados expresó su adhesión al dictamen de minoría, que era la alternativa de crear una unión o enlace civil para parejas, con menos derechos que el matrimonio.
El tema del derecho a la adopción de niños fue usado hasta el hartazgo, al igual que los remanidos asuntos del matrimonio como célula básica de la sociedad “con la cual no podemos ponernos a hacer experimentos”, y el matrimonio concebido como mecanismo de procreación para la supervivencia de la raza humana.
El debate comenzó a las dos de la tarde y terminó más de doce horas después, a la madrugada. Obviamente no pude seguirlo todo, ni seguirlo con atención; en distintos medios están siendo publicados resúmenes, transcripciones y videos de las intervenciones de distintos legisladores, que dejo al lector buscar por su cuenta.
El diputado Ledesma, con bastante mala dicción, comenzó su alocución citando la creación del hombre y la mujer en el Génesis, y afirmando su fe y el carácter católico de la sociedad argentina. La diputada Carrió solicitó una interrupción para pedirle, con su habitual tono mesurado pero demoledor, que hablase por su propia fe, porque otros que también leen la Biblia y son católicos consideran que “la primera Ley es el Amor”. Carrió, un misterio (o una esquizofrénica, según unos cuantos), argumentó luego —dicen— muy bien en favor del matrimonio homosexual, pero terminó absteniéndose en la votación final.
La diputada Hotton dio un discurso que versaba en primer lugar sobre sí misma, víctima (según dijo) de amenazas de muerte por los grupos pro-gay, y dijo que ella no iba a cambiar su voto negativo porque representaba a “millones y millones y millones” (sic) de personas que la votaron. Dijo que había habido “cierta presión” sobre el Congreso para tratar el tema, y después recitó, con dicción de maestra de escuela preocupada, la vieja retahíla sobre el derecho de los niños a tener papá y mamá. Fue con mucho el peor discurso de los que escuché, inarticulado, lleno de clichés y voluntarismo.
La diputada Castaldo aclaró que tenía amigos gays y que eran buenas personas, luego de dedicarle diez minutos a un argumento contra ellos (causa gracia porque al menos en Argentina la muletilla de “yo tengo amigos judíos” es el proverbial preámbulo de los antisemitas no asumidos; lo de los amigos gays va camino de convertirse en un tópico similar). Se detuvo en el tema de los niños, reflexionando que las familias con padres homosexuales siempre serán una minoría, y que como ocurre con las minorías, los niños adoptados por ellas serán discriminados; ergo, no debemos permitir que adopten. Lo obtuso de este argumento, construido a partir de una profecía autocumplida y de un conformismo incompatible con la función del legislador, se le escapó.
La falacia de la pendiente resbaladiza también asomó su fea cabeza, cuando un diputado cuyo nombre no recuerdo reclamó saber con qué fundamento, si dejamos que los homosexuales se casen, le íbamos a negar el matrimonio a grupos de personas, a hermanos entre sí, o a personas con animales. (La diputada Hotton también tocó ese fondo.) El diputado Carlotto denunció esta idiotez por lo que era.
Como cosa aparte y menor, o quizá no, debo decir que la mayoría de las intervenciones de los legisladores anti-MH resultaron de muy baja calidad discursiva y argumental. En particular, muchos de ellos parecían estar leyendo un guión escrito por alguien más y no ensayado, y unos cuantos hubieran merecido un aplazo en lectura. El diputado Fortuna, por ejemplo, perdió por el camino casi todas las eses de fin de sílaba, pronunció todas las equis como eses (¡lo matrimonio ’mosesuale!), y tardó cinco intentos en leer de corrido la palabra “complementariedad”. Lejos de mí discriminar a una persona común por no haber tenido una educación de calidad o por hablar con algún acento no estándar; pero Fortuna no tenía esas excusas.
Del otro lado, algunas intervenciones del bando positivo fueron brillantes; algunos, desde la sociología y la jurisprudencia, enhebraron argumentos abstractos muy buenos; otros, desde lo anecdótico, le dieron vida a un debate que los opositores trataban de despersonalizar. La sorpresa, para mí, fueron los cambios de última hora. Aunque no estoy seguro de cuántos fueron, y cuántos fueron fruto de una verdadera convicción, fui al menos testigo de uno de ellos, cuando la diputada Risko dijo en su alocución que, aunque su postura había sido de duda, escuchar a los que hablaban en contra del proyecto la había convencido de votar a favor. La abstención de Carrió, aunque desilusionó, fue también resonante, ya que al comienzo del debate todos contaban con que iba a votar negativamente, y terminó prometiendo que votaría a favor si su voto fuera crucial.
Éste es un blog sobre religión, tema que jugó muy fuerte tanto explícita como implícitamente en el debate, pero que no fue su objeto principal. Me encuentro de pronto disculpándome con ustedes por escribir tanto sobre un tema que no es el de Alerta Religión. No obstante, creo que tiene su justificación, y esta resistencia inconsciente mía a escribir más es un indicador certero: el matrimonio no se trata de religión, pero el matrimonio como lo hemos conocido hasta ahora giró siempre en torno a la religión en el imaginario social, y las facciones más retrógradas de cada religión han aprovechado el matrimonio, fruto del amor de las parejas y de la necesidad humana de vivir en compañía, para predicar un mensaje de exclusión, de sometimiento de la mujer al hombre y de los niños a los padres, de exaltación de la natalidad y degradación de la infertilidad. Es el Génesis el que en unas pocas frases nos separa en hombres y mujeres, culpa a la mujer de la lujuria del hombre, carga a la mujer con la obligación de parir y sufrir y al hombre con la de trabajar bajo el sol, y nos comanda a ambos a someter por la fuerza del número a las otras formas de vida.
Los derechos de los homosexuales no son el tema de este blog sobre religión, pero la religión ha invadido ese terreno, como una mala hierba de insidiosos rizomas subterráneos, desde siempre. Ella se ha buscado este lugar, de donde ahora hay que expulsarla. El matrimonio, en Argentina y a partir de anoche, ya no se trata tanto de todo esto; las cadenas de la vieja religión se han aflojado un poco.
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viernes, 13 de noviembre de 2009
Uniones de hecho en Chile (A152)
En Chile se está hablando hace un tiempo de la formalización legal de las “uniones de hecho”, es decir lo que aquí llamamos uniones civiles. Los colectivos homosexuales, incluyendo la Brigada Gay del Partido Socialista (juro que no estoy inventando el nombre) ya se lo pedían a Michelle Bachelet antes de que fuera elegida presidente, con el apoyo de Pedro Zerolo, activista español de los derechos homosexuales (el mismo que anduvo hace poco por Argentina, hablando a favor del matrimonio homosexual en la Cámara de Diputados).Por una de esas casualidades, un proyecto de reconocimiento de las uniones de hecho, incluyendo tanto las de parejas heterosexuales como las del mismo sexo, está siendo debatido en la Cámara de Diputados del Congreso chileno; y previsiblemente la Iglesia Católica está en contra, con los argumentos más ridículos de su repertorio.
- Que no pueden “permanecer indiferentes ante una legislación que disminuye el valor y el sentido del matrimonio”: ¿no es al revés? En el pasado reciente y aun ahora en algunos lugares, muchas parejas se casan porque la sociedad ve con malos ojos el concubinato, o porque la mujer se quedó embarazada, o por simple presión de los padres. ¿Eso no es desvalorizar el matrimonio? La unión de hecho reconocida puede ser una etapa definitiva para parejas que no consideran valioso el matrimonio y que por lo tanto no “merecen” casarse, o puede ser un paso intermedio, útil para conocerse, en preparación para el matrimonio.
- Que “correspondería más bien alentar a los jóvenes a casarse y promover que aquellos que han optado por una convivencia regularicen su situación viviendo en matrimonio”: ¿alentar a casarse? ¿Para qué? ¿Para aumentar las ganancias de los abogados que tramitan divorcios, a causa de parejas que no pensaron lo suficiente antes de contraer matrimonio? ¿Para incrementar el sufrimiento de las parejas que descubrieron demasiado tarde su incompatibilidad? El matrimonio no es para cualquiera. La convivencia no es una situación “irregular”, sino una forma de pareja que todos, salvo los creyentes más recalcitrantes, han aceptado en la sociedad.
- Que el matrimonio “contribuye al bien de la sociedad y no sólo se ocupa de intereses privados de los que lo contraen”: ¿según quién? El matrimonio es un contrato privado que el Estado se compromete a honrar reconociendo ciertos derechos a los contrayentes. Si el derecho y la tradición dicen otra cosa, es hora de cambiar la ley y descartar la tradición. En clave bíblica podríamos decir que el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El matrimonio, como todos los contratos, ciertamente contribuye a dar una estructura y un orden a las interacciones sociales, pero ése es un argumento a favor, no en contra, de permitir aunque sea una unión civil reconocida a las parejas homosexuales, que hoy en día están en un limbo legal.
Quienes promueven dar carácter legal a las uniones de hecho, tanto entre personas del mismo sexo como de sexo opuesto, no saben qué es ser hombre y mujer y qué significa el matrimonio.¡No me digas! Claro que no sabemos qué es ser hombre y mujer. No sabemos qué es ser humano. La filosofía lo discute, lo piensa y re-piensa, desde sus inicios. Que el viejo Ratzinger y sus seguidores tengan una idea formada e inflexible no quiere decir que todos tengamos que aceptarla. ¿Qué significa el matrimonio? Significa exactamente lo que la ley, por un lado, y la cultura, por el otro, hacen que signifique.
Otra perla más de este blog católico:
Esto es casi como de libro, el argumento habitual de quienes pertenecen a una sociedad dividida y están del lado bueno de la divisoria (apuesto lo que sea a que este discurso no se encuentra entre los católicos de la India, de Pakistán o de China, que son una minoría frecuentemente perseguida). La medida de una sociedad justa es cómo trata a sus minorías. Cabe plantearse, entre paréntesis, si realmente estamos hablando de “personas en situaciones especiales”: una ley de uniones de hecho no sólo beneficiaría a los homosexuales sino a las parejas de hecho heterosexuales, que en Chile han aumentado bastante, y a los hijos de esas parejas (en 2008 sólo el 30% de los niños nacieron dentro de un matrimonio, según expuso la diputada Ximena Vidal al advertir sobre el lobby conservador contra la ley).Las políticas públicas no pueden pensarse a partir de las minorías o de personas en situaciones especiales: han de pensarse para la mayoría y para lo que es mejor para el país.
Recomiendo leer completo el artículo de la revista Capital que cito arriba, porque es toda una exposición de los argumentos falaces, de los prejuicios y de la ideología cerrada del conservadurismo católico, como pocas veces he visto tan claros.
Aquí en Argentina, donde todavía no tenemos una ley nacional de uniones de hecho, esperamos ansiosamente noticias desde el otro lado de los Andes...
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martes, 3 de noviembre de 2009
¿Matrimonio homosexual en Argentina? (más) (A151b)
Hay que decir que La Nación, diario al que nadie podría confundir con un medio progresista o afín a esta clase de reivindicaciones, está haciendo un buen trabajo en su tratamiento de las noticias sobre el proyecto para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo en Argentina. Al menos dan lugar a todas las voces, sin calificarlas. Y hasta permiten opinar a los lectores (en la encuesta hay, en este momento, una saludable y sorprendente mayoría del 70% a favor de los matrimonios sin discriminación de sexo).
Tenemos un artículo donde llama al matrimonio homosexual “un derecho en discusión” y cita voces a favor y en contra, estas últimas, previsiblemente, proveniente del establishment universitario católico que tantos prohombres ha dado al país (si el sarcasmo no se transmite por internet, tome nota el lector): el Instituto de Ciencias para la Familia, dependiente de la Universidad Austral, que aparenta una independencia académica que no tiene (encontrándose cómodamente bajo la sombra del Opus Dei), y el Foro Vida y Familia, de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Su estrategia es simular que están de acuerdo con las uniones civiles (que reglamenten derechos patrimoniales) pero en desacuerdo con las implicaciones más controvertidas del matrimonio entre personas del mismo sexo, como la posibilidad de adoptar niños.
Desde luego, éstas son las mismas personas que gritan que va a venir el Apocalipsis cada vez que se comienza a hablar de una ley de uniones civiles. Pero en estos artículos periodísticos donde se les deja el micrófono abierto amablemente, esas voces son calmas. Forman una fachada respetable ante las hordas fanáticas que hay detrás. Cuando no se los presiona, emplean respetables argumentaciones que parecen científicas, pero nunca vemos los tan mentados estudios que muestran incontrovertiblemente que “un niño necesita de un padre y una madre”, tópico que no se hace cierto por ser repetido o por sonarnos de sentido común.
También se preocupan de las imposiciones ideológicas del estado, de lo privado hecho público, etc., y otras cuestiones que no nos deben hacer olvidar que esta misma clase de personas, en posesión del poder, han impuesto religión, ideología, formas de pensar, de sentir y de vivir a naciones enteras, bajo la amenaza del aislamiento social o del exilio.
Si se los rebate mostrándoles la superficialidad de sus argumentaciones, sacan a relucir la “ley natural”: en este punto es mejor conceder el campo, ya que entramos en terreno teológico, es decir, en la tierra de nadie donde la verdad no vale más que la retórica. Si de todas formas se protesta, el horror y el odio que sienten estas personas por todo lo que es diferente a ellos se manifiesta en toda su potencia. Yo les advertí.
Tenemos un artículo donde llama al matrimonio homosexual “un derecho en discusión” y cita voces a favor y en contra, estas últimas, previsiblemente, proveniente del establishment universitario católico que tantos prohombres ha dado al país (si el sarcasmo no se transmite por internet, tome nota el lector): el Instituto de Ciencias para la Familia, dependiente de la Universidad Austral, que aparenta una independencia académica que no tiene (encontrándose cómodamente bajo la sombra del Opus Dei), y el Foro Vida y Familia, de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Su estrategia es simular que están de acuerdo con las uniones civiles (que reglamenten derechos patrimoniales) pero en desacuerdo con las implicaciones más controvertidas del matrimonio entre personas del mismo sexo, como la posibilidad de adoptar niños.
Desde luego, éstas son las mismas personas que gritan que va a venir el Apocalipsis cada vez que se comienza a hablar de una ley de uniones civiles. Pero en estos artículos periodísticos donde se les deja el micrófono abierto amablemente, esas voces son calmas. Forman una fachada respetable ante las hordas fanáticas que hay detrás. Cuando no se los presiona, emplean respetables argumentaciones que parecen científicas, pero nunca vemos los tan mentados estudios que muestran incontrovertiblemente que “un niño necesita de un padre y una madre”, tópico que no se hace cierto por ser repetido o por sonarnos de sentido común.
También se preocupan de las imposiciones ideológicas del estado, de lo privado hecho público, etc., y otras cuestiones que no nos deben hacer olvidar que esta misma clase de personas, en posesión del poder, han impuesto religión, ideología, formas de pensar, de sentir y de vivir a naciones enteras, bajo la amenaza del aislamiento social o del exilio.
Si se los rebate mostrándoles la superficialidad de sus argumentaciones, sacan a relucir la “ley natural”: en este punto es mejor conceder el campo, ya que entramos en terreno teológico, es decir, en la tierra de nadie donde la verdad no vale más que la retórica. Si de todas formas se protesta, el horror y el odio que sienten estas personas por todo lo que es diferente a ellos se manifiesta en toda su potencia. Yo les advertí.
martes, 25 de agosto de 2009
Adopción para parejas homosexuales en Uruguay (A133)
El arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, está preocupado porque un proyecto de ley a punto de ser aprobado en Uruguay permitiría la adopción de niños por parte de parejas homosexuales.
Como ya explicamos en otra ocasión, para el catolicismo la “naturaleza humana” es algo distinto a lo que la mayoría de nosotros, gente más o menos pensante, creemos que es. La naturaleza humana es definida por los criterios antiquísimos de filósofos muertos hace milenios, más las contribuciones hechas a esa tradición por los jerarcas eclesiásticos y sus escribas desde la Edad Media a esta parte; todo eso se consagra como doctrina invariable y como Verdad (con mayúsculas), y ahí termina la posibilidad de discusión. Cotugno lo dice claramente: la Verdad que él defiende no tiene punto de contacto con la religión (entendida como actividad humana, libre), con la filosofía (que es sobre todo reflexión y búsqueda, no fijación de verdades), ni con la sociología (que es ciencia, autocrítica y en busca de la objetividad). La realidad está excluida.
De más está decir que los formadores de esta Verdad católica son y han sido siempre hombres, heterosexuales (u homosexuales severamente reprimidos), machistas, misóginos, y con criterios que, de no verse legitimados por el título de filósofos o santificados por su pertenencia a una religión popular, consideraríamos absolutamente bárbaros y atrasados. Si los filósofos que alimentaron al cristianismo fueran los dictadores de nuestra sociedad, la esclavitud estaría permitida; nobles y plebeyos estarían separados por ley; las mujeres vivirían segregadas de los hombres; no tendríamos gobiernos democráticos, ni igualdad de sexos, ni libertad religiosa o de conciencia, ni ninguno de los derechos de que hoy disfrutamos (hasta cierto punto) en Occidente.
Poco puede decirse que no haya dicho ya, salvo algo que Cotugno mismo nos señala:
Otra vez mis felicitaciones a los uruguayos, los más laicos de América, que hace poco concedieron a todas las parejas la posibilidad de la unión civil y comenzaron a legislar el uso de células madre embrionarias, todo ello contra la oposición de una Iglesia retardataria y (esperemos) en retirada.
El tema de la adopción de niños por parte de uniones homosexuales no es un tema de religión, de filosofía o de sociología. Es algo que refiere esencialmente al respeto de la misma naturaleza humana. Aceptar la adopción de niños por parejas homosexuales es ir contra la misma naturaleza humana, y consiguientemente es ir contra los derechos fundamentales del ser humano en cuanto persona.Como de costumbre, cualquier intento de conceder a los homosexuales y otras minorías despreciadas por la Iglesia los derechos que tenemos los demás es rechazado con el argumento de que “hay que pensar en los niños” y con esa pseudo-antropología que se resume en “hombre tiene pene, mujer tiene vagina, hombre sólo va con mujer, amén”.
Como ya explicamos en otra ocasión, para el catolicismo la “naturaleza humana” es algo distinto a lo que la mayoría de nosotros, gente más o menos pensante, creemos que es. La naturaleza humana es definida por los criterios antiquísimos de filósofos muertos hace milenios, más las contribuciones hechas a esa tradición por los jerarcas eclesiásticos y sus escribas desde la Edad Media a esta parte; todo eso se consagra como doctrina invariable y como Verdad (con mayúsculas), y ahí termina la posibilidad de discusión. Cotugno lo dice claramente: la Verdad que él defiende no tiene punto de contacto con la religión (entendida como actividad humana, libre), con la filosofía (que es sobre todo reflexión y búsqueda, no fijación de verdades), ni con la sociología (que es ciencia, autocrítica y en busca de la objetividad). La realidad está excluida.
De más está decir que los formadores de esta Verdad católica son y han sido siempre hombres, heterosexuales (u homosexuales severamente reprimidos), machistas, misóginos, y con criterios que, de no verse legitimados por el título de filósofos o santificados por su pertenencia a una religión popular, consideraríamos absolutamente bárbaros y atrasados. Si los filósofos que alimentaron al cristianismo fueran los dictadores de nuestra sociedad, la esclavitud estaría permitida; nobles y plebeyos estarían separados por ley; las mujeres vivirían segregadas de los hombres; no tendríamos gobiernos democráticos, ni igualdad de sexos, ni libertad religiosa o de conciencia, ni ninguno de los derechos de que hoy disfrutamos (hasta cierto punto) en Occidente.
Poco puede decirse que no haya dicho ya, salvo algo que Cotugno mismo nos señala:
En definitiva, los niños no pueden ser utilizados como instrumento para la reivindicación de derechos de unas personas, de un grupo; ni la adopción es una institución que pueda regirse por criterios de conveniencia política.Habla el representante de una institución que, con el pretexto de proteger a los niños y a la familia, los utiliza en campañas políticas muy sucias, plagadas de prejuicios y de desinformación, para mantener un statu quo injusto.
Otra vez mis felicitaciones a los uruguayos, los más laicos de América, que hace poco concedieron a todas las parejas la posibilidad de la unión civil y comenzaron a legislar el uso de células madre embrionarias, todo ello contra la oposición de una Iglesia retardataria y (esperemos) en retirada.
miércoles, 10 de junio de 2009
A106: Libertad para discriminar
Por enésima vez nos toca escuchar una reedición (me tienta agregar en tono publicitario: "de los realizadores de La Santa Inquisición y la encíclica Immortale Dei...") del argumento de que aceptar tal o cual cosa es una amenaza para la libertad religiosa. ¿Adivinen qué? Es otra vez el tema del matrimonio homosexual.
El Pew Forum on Religion and Public Life auspició recientemente un debate sobre la supuesta preocupación de ciertos creyentes y líderes religiosos acerca de la aceptación y protección legal de las uniones entre personas del mismo sexo, en un contexto en que gran parte de la población adhiere a religiones que oficialmente rechazan esas uniones como inmorales y antinaturales. La preocupación se plantea así: si la homosexualidad se acepta como normal y si es legal que dos homosexuales se casen, ¿no es discriminatorio, según la ley, predicar que la homosexualidad es una abominación y que los matrimonios homosexuales van contra la ley de Dios? Y en ese caso, ¿no entrarán en efecto las leyes que castigan la discriminación?
Arriba, sin embargo, he escrito "supuesta" porque en realidad dudo que alguien albergue tal preocupación. En ninguna parte del mundo civilizado existen leyes que prohíban la propalación de doctrinas religiosas discriminatorias, siempre y cuando no se llame en ellas a la violencia, e incluso ante esos casos se suele hacer la vista gorda. La libertad religiosa, como forma de las libertades de expresión, pensamiento y asociación, no se discute, y es difícil que eso pueda cambiar en un lapso previsible. La "preocupación" de los líderes religiosos es un espantapájaros sacado a la luz para instalar el tema en las congregaciones y los medios. La escena del pastor bajado del púlpito y arrestado por dar un sermón contra la homosexualidad es irreal.
Supongamos que una ley antidiscriminatoria demasiado restrictiva terminara por producir este resultado. ¿Cuánto duraría esa ley antes de ser anulada como anticonstitucional? ¿Entonces? Fuera de esa posiblidad está algo más concreto:
La única salida viable para estos intolerantes es el recurso a la tantas veces manoseada y abusada objeción de conciencia, pero las autoridades judiciales ya no caen tan fácil en eso. Algunos casos preocupantes para los homófobos:
En algunos casos la situación no es tan clara; tal es el caso de la asociación de estudiantes cristianos a la que se le negó reconocimiento oficial "por rechazar a miembros que practicasen el sexo fuera del matrimonio tradicional", aunque aquí seguramente tenga algo que ver el principio de separación de iglesia y estado que rige en Estados Unidos, por el cual (si mal no recuerdo, y entre muchos otros corolarios) se ha establecido que un grupo religioso sólo puede recibir reconocimiento en una institución estatal si la admisión es libre (sin filtro por religión, como en el estado).
Hace tiempo que vengo llamando la atención sobre la tendencia de las grandes religiones a enfocar toda su prédica contra asuntos políticamente cargados pero de escasa importancia global. El matrimonio homosexual es uno de esos asuntos: no debería molestar a nadie y podría reducirse a cambiar un par de palabras aquí y allá en las leyes, pero se lo plantea como una amenaza a la familia, a la libertad religiosa, y hasta a la supervivencia de la raza humana (!). Ésas son las consecuencias de convertir los prejuicios personales en religión.
El Pew Forum on Religion and Public Life auspició recientemente un debate sobre la supuesta preocupación de ciertos creyentes y líderes religiosos acerca de la aceptación y protección legal de las uniones entre personas del mismo sexo, en un contexto en que gran parte de la población adhiere a religiones que oficialmente rechazan esas uniones como inmorales y antinaturales. La preocupación se plantea así: si la homosexualidad se acepta como normal y si es legal que dos homosexuales se casen, ¿no es discriminatorio, según la ley, predicar que la homosexualidad es una abominación y que los matrimonios homosexuales van contra la ley de Dios? Y en ese caso, ¿no entrarán en efecto las leyes que castigan la discriminación?
Arriba, sin embargo, he escrito "supuesta" porque en realidad dudo que alguien albergue tal preocupación. En ninguna parte del mundo civilizado existen leyes que prohíban la propalación de doctrinas religiosas discriminatorias, siempre y cuando no se llame en ellas a la violencia, e incluso ante esos casos se suele hacer la vista gorda. La libertad religiosa, como forma de las libertades de expresión, pensamiento y asociación, no se discute, y es difícil que eso pueda cambiar en un lapso previsible. La "preocupación" de los líderes religiosos es un espantapájaros sacado a la luz para instalar el tema en las congregaciones y los medios. La escena del pastor bajado del púlpito y arrestado por dar un sermón contra la homosexualidad es irreal.
Supongamos que una ley antidiscriminatoria demasiado restrictiva terminara por producir este resultado. ¿Cuánto duraría esa ley antes de ser anulada como anticonstitucional? ¿Entonces? Fuera de esa posiblidad está algo más concreto:
También está la preocupación por las instituciones religiosas, como hospitales y universidades, que temen verse obligadas a proporcionar los mismos beneficios a las parejas del mismo sexo que actualmente proporcionan a los esposos heterosexuales.En otras palabras, lo que realmente preocupa a los líderes religiosos ahora es el "derecho de admisión" y la posibilidad de tener que compartir espacios con personas diferentes a ellos. Y en el fondo hay un odio profundo y totalmente irracional, el odio de quien necesita un enemigo, un Otro anormal y repulsivo, alguien menos humano, para sentirse seguro en su posición. El temor expresado por estas personas es sencillamente el temor a tener que tratar como iguales a personas que ellos consideran (sin justificación alguna) inferiores e indignas.
La única salida viable para estos intolerantes es el recurso a la tantas veces manoseada y abusada objeción de conciencia, pero las autoridades judiciales ya no caen tan fácil en eso. Algunos casos preocupantes para los homófobos:
- La comisión de derechos civiles de Nuevo México obligó a una fotógrafa cristiana a pagar 6.637 dólares en costas judiciales tras negarse a fotografiar la ceremonia de compromiso de una pareja homosexual.Si yo decido agasajar a mis amigos con una gran parrillada, y contrato a un fotógrafo para que tome fotos del banquete, ¿tiene el fotógrafo (ya contratado y pagado por adelantado) derecho a negarse alegando que es vegetariano? Si yo soy blanco y mi esposa es negra, ¿tiene derecho mi psicólogo a negarse a hablar de mi matrimonio porque considera antinaturales las relaciones interraciales?
- Una psicóloga fue despedida en Georgia al negarse, por motivos religiosos, a dar consejo a una lesbiana sobre su relación.
En algunos casos la situación no es tan clara; tal es el caso de la asociación de estudiantes cristianos a la que se le negó reconocimiento oficial "por rechazar a miembros que practicasen el sexo fuera del matrimonio tradicional", aunque aquí seguramente tenga algo que ver el principio de separación de iglesia y estado que rige en Estados Unidos, por el cual (si mal no recuerdo, y entre muchos otros corolarios) se ha establecido que un grupo religioso sólo puede recibir reconocimiento en una institución estatal si la admisión es libre (sin filtro por religión, como en el estado).
Hace tiempo que vengo llamando la atención sobre la tendencia de las grandes religiones a enfocar toda su prédica contra asuntos políticamente cargados pero de escasa importancia global. El matrimonio homosexual es uno de esos asuntos: no debería molestar a nadie y podría reducirse a cambiar un par de palabras aquí y allá en las leyes, pero se lo plantea como una amenaza a la familia, a la libertad religiosa, y hasta a la supervivencia de la raza humana (!). Ésas son las consecuencias de convertir los prejuicios personales en religión.
viernes, 15 de mayo de 2009
Alerta 98: Católicos de Costa Rica contra los gays
Creo que sería factible crear una categoría especial o incluso un blog aparte dedicado específicamente a la homofobia cristiana y a reportar los esfuerzos de la Iglesia Católica para marginar legalmente a los gays.El pasado domingo en distintos templos de la capital de Costa Rica, incluida la Catedral de San José, se inició una recolección de firmas para exigir al Tribunal Electoral la convocatoria a un referéndum para manifestar la voluntad de la mayoría en el país contra las uniones homosexuales.Recordar aquel evento contra la homofobia convocado por un sacerdote del que hablábamos el otro día debería dar una idea de las abismales diferencias que existen entre los fieles de la Iglesia, tanto laicos como consagrados. No hay mucho más que agregar, puesto que el discurso público de la jerarquía eclesiástica es uniforme en este sentido:
- Nuestra doctrina vale para todos aunque no sean católicos.
- A los que no creen en nuestra doctrina hay que imponérsela por ley.
- La ley humana sobre el matrimonio debe estar subordinada a nuestra doctrina.
- Si no se aplica nuestra doctrina, el matrimonio perderá valor y la sociedad se autodestruirá.
Lamentablemente, esta clase de iniciativas suele funcionar, porque más allá del grado de religiosidad de un pueblo, la ignorancia, el temor irracional y los prejuicios fomentados desde la religión guían a la mayoría de la gente cuando va a depositar su voto. Como ya dije en otra ocasión, cuando una mayoría vota sobre los derechos de una minoría el resultado no es democracia sino opresión. ¿Alguien cree que el apartheid sudafricano hubiera sido derrotado por el voto de los ciudadanos blancos, o que los estadounidenses de los años '60 se hubieran movilizado mayoritariamente contra la segregación racial?
jueves, 23 de abril de 2009
Alerta 90: Homofobia en El Salvador
La Iglesia Católica de El Salvador ha recolectado y va a entregar a la Asamblea Legislativa 300.000 firmas para prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo, ratificando una reforma constitucional que define el matrimonio estrictamente como una unión de un hombre y una mujer. (La perseguida minoría heterosexual salvadoreña, personas que seguramente estaban preocupadísimas por este tema, deben estar bailando en las calles de alegría por esta trascendental resolución.)El arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, fue a hacer lobby de su doctrina ante los diputados, y luego dijo que esto "no es una discriminación para las personas que tienen una orientación sexual diferente", sino que su objetivo es "salvaguardar el bien de la familia, el bien del matrimonio, el bien de la sociedad".
Hasta donde sé, en El Salvador existe la institución del matrimonio civil, distinta de la del sacramento del mismo nombre. ¿Qué es lo que hay que salvaguardar? Los sacerdotes católicos tienen derecho a no casar por iglesia a los homosexuales. Es su coto privado, sus reglas: dentro del templo, su derecho a discriminar está a salvo. Pero fuera de este exclusivo (excluyente) club, ¿qué tiene que decir un obispo o quien sea sobre un contrato civil celebrado de mutuo consentimiento entre dos individuos adultos y responsables?
En resumen: ¿Qué tienen los católicos contra los homosexuales? (Nada, dirán, no somos homofóbicos, sólo creemos que es inmoral.) No les he visto este enfático ensañamiento contra nada comparable: ni contra los adúlteros, ni contra los abusadores de niños, ni contra los que explotan a los trabajadores, ni siquiera contra los dictadores. Y eso que, a diferencia de todas esas personas, los homosexuales no hacen daño a nadie por su condición. La homosexualidad no es contagiosa, tampoco.
La Biblia condena la homosexualidad (mal que les pese a ciertos homosexuales cristianos, que por alguna razón inexplicable quieren seguir viviendo dentro de una institución que los aborrece), pero la Biblia se puede "reinterpretar"; al fin y al cabo hay en ella todo tipo de cosas tan espantosas como ridículas que nadie cumple. No es ésa la razón.
La única conclusión a la que puedo llegar es que simplemente odian y temen lo que es diferente, rasgo muy común y hasta sensato desde el punto de vista evolutivo, pero peligroso y antisocial en este punto de la historia, además de objetivamente sin sentido. La homofobia tiene estos mismos puntos en común con la xenofobia y el racismo: se basa en el rechazo visceral o asco irracional hacia quien parece ser de alguna manera distinto de "nosotros", aun cuando no nos afecte en nada.
Lo que ocurre es que esta sensación subjetiva se ve justificada y apoyada por la mismísima "Palabra de Dios": aunque claramente no me hace ningún daño que dos hombres o dos mujeres se unan en matrimonio (o como se llame), si Dios dice que está mal, entonces está axiomáticamente mal, y si yo no estoy en contra, entonces estoy contra Dios. Es uno de esos casos en que la moral religiosa contradice los instintos morales superiores de la raza humana.
La elección debería ser clara, como es claro que está mal apedrear gente por adúltera o por blasfema (ambas cosas prescriptas por la Biblia, casualmente muy cerca de donde se condena a la misma pena a los sodomitas): cuando la religión manda rechazar a quienes no nos han hecho nada, hay que dejar de obedecer a la religión y abrazar una ética verdadera humana.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Alerta especial: California y la Proposición 8
Para los que no estuvieron siguiendo el tema, escribo sobre la Proposición 8, aprobada en California, Estados Unidos. Es un texto largo y lo posteo, por lo tanto, directamente en mi sitio web.
Los estadounidenses son tan, pero tan democráticos, que una mayoría simple del voto popular puede cambiar la constitución de un estado y quitarle derechos civiles básicos a parte de la población. En este caso el derecho es a casarse, y los damnificados son los homosexuales. ¿Que no te afecta, que es una tontería? Puede ser... pero el precedente que sienta es terrible.
Los estadounidenses son tan, pero tan democráticos, que una mayoría simple del voto popular puede cambiar la constitución de un estado y quitarle derechos civiles básicos a parte de la población. En este caso el derecho es a casarse, y los damnificados son los homosexuales. ¿Que no te afecta, que es una tontería? Puede ser... pero el precedente que sienta es terrible.
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Pablo
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lunes, 25 de agosto de 2008
Alerta 35b: Pensiones por viudez para homosexuales (cont.)
¿Se acuerdan del anuncio de que el ANSeS otorgaría pensiones por viudez a los gays, que reporté hace unos días? Es decir, el organismo nacional de seguridad social de Argentina reconoce administrativamente (como ya lo hizo hace un tiempo con las parejas heterosexuales de hecho) que los miembros de parejas homosexuales tienen derecho a pensiones cuando muere el conviviente.
En mi comentario yo escribí "Todavía no he escuchado reacción alguna de la Iglesia Católica", y también dije que no era una noticia de alto perfil. No es que haya salido una ley revolucionaria ni nada... Bien, temí equivocarme pero aquí está el primer ataque de los reaccionarios de siempre: la Corporación de Abogados Católicos rechaza la pensión por viudez a parejas gays, porque esta medida es parte de un plan en marcha que "entre otras aberraciones, propone el reconocimiento de la homosexualidad como una opción válida en la sociedad", y además "es imperioso defender la familia naturalmente constituida".
No es un comunicado de la oficina de prensa del Vaticano, pero es lo mismo... Las palabras son las mismas, la misma letanía medieval de odio a lo diferente que recitan todos las revistas, los periódicos y los sitios web católicos — primero, que hay un "plan maestro" o conspiración para derribar la "ley natural" que "Dios" les reveló a ellos, los fieles, y hacer que todos seamos seres amorales y tengamos sexo sin culpa con cualquier cosa que se nos cruce; y segundo, que reconocer a las minorías sexuales los mismos derechos que al resto de la humanidad provocará que la familia se desintegre, la sociedad se transforme en una orgía del viva la pepa, y de pronto todos los héteros de buen vivir se sientan libres de cambiar de orientación sexual y se vuelvan locas. Una estupidez monumental.
Lo interesante es que una corporación de profesionales de la ley salga a decir que se oponen a una resolución legal del Estado y en esos términos. ¿Cuántos clientes homosexuales tendrán estos señores abogados? ¿Preguntan, antes de cobrar, si sus clientes respetan la moral católica, y si el dinero de sus honorarios fue ganado en actividades conformes a sus dogmas?
Para ser coherentes con su filosofía, yo les pediría a estos abogados que pusieran en la puerta de su despacho, en forma bien visible, un cartel como éste:
En mi comentario yo escribí "Todavía no he escuchado reacción alguna de la Iglesia Católica", y también dije que no era una noticia de alto perfil. No es que haya salido una ley revolucionaria ni nada... Bien, temí equivocarme pero aquí está el primer ataque de los reaccionarios de siempre: la Corporación de Abogados Católicos rechaza la pensión por viudez a parejas gays, porque esta medida es parte de un plan en marcha que "entre otras aberraciones, propone el reconocimiento de la homosexualidad como una opción válida en la sociedad", y además "es imperioso defender la familia naturalmente constituida".
No es un comunicado de la oficina de prensa del Vaticano, pero es lo mismo... Las palabras son las mismas, la misma letanía medieval de odio a lo diferente que recitan todos las revistas, los periódicos y los sitios web católicos — primero, que hay un "plan maestro" o conspiración para derribar la "ley natural" que "Dios" les reveló a ellos, los fieles, y hacer que todos seamos seres amorales y tengamos sexo sin culpa con cualquier cosa que se nos cruce; y segundo, que reconocer a las minorías sexuales los mismos derechos que al resto de la humanidad provocará que la familia se desintegre, la sociedad se transforme en una orgía del viva la pepa, y de pronto todos los héteros de buen vivir se sientan libres de cambiar de orientación sexual y se vuelvan locas. Una estupidez monumental.
Lo interesante es que una corporación de profesionales de la ley salga a decir que se oponen a una resolución legal del Estado y en esos términos. ¿Cuántos clientes homosexuales tendrán estos señores abogados? ¿Preguntan, antes de cobrar, si sus clientes respetan la moral católica, y si el dinero de sus honorarios fue ganado en actividades conformes a sus dogmas?
Para ser coherentes con su filosofía, yo les pediría a estos abogados que pusieran en la puerta de su despacho, en forma bien visible, un cartel como éste:
"COMO ABOGADO CATÓLICO, CREO QUE SI USTED ES HOMOSEXUAL NO MERECE TENER LOS MISMOS DERECHOS ANTE LA LEY QUE EL RESTO DE NOSOTROS."De esta manera se evitarían lidiar con esos maricas que tanto asco les producen, y tanto los susodichos como el resto de nosotros, que aborrecemos la discriminación y el fanatismo religioso que la causa, nos evitaríamos el pagar por ayuda legal a "profesionales" como ellos.
martes, 19 de agosto de 2008
Alerta 35: Unión civil y pensiones para gays
Hay buenas noticias en Argentina para las parejas homosexuales: como dice Crítica Digital, los gays podrán recibir una pensión por viudez, es decir, a la muerte de la pareja, una vez presentadas al ANSeS (el organismo de la seguridad social) ciertas pruebas que documenten convivencia o compartición de gastos, igual que se ha hecho desde hace tiempo con los heterosexuales. (Esto y lo demás lo posteo también en mi blog personal, Sin calma, con otra contextualización.)
Se trata de una decisión administrativa que no supuso discusión pública sino un reconocimiento de derechos humanos básicos y una reinterpretación de normas ya vigentes, de manera que no fue una noticia de alto perfil.
Por otro lado, aquí en la provincia de Santa Fe hay un proyecto de ley de unión civil, es decir, un contrato de pareja (que no discrimina entre hetero- y homosexuales), que ya está casi listo y que deberá sortear el conservadurismo de un Senado provincial compuesto por mayoría de hombres de pueblo chico, peronistas, católicos y conservadores.
Todavía no he escuchado reacción alguna de la Iglesia Católica. Recordemos que la Iglesia se opone a cualquier unión de pareja que no sea el matrimonio católico y a todo reconocimiento de la condición de las parejas del mismo sexo, argumentando que estas cosas son antinaturales, que son ataques contra la familia y el sagrado sacramento del matrimonio, etc. etc. Es de esperar que se les pase en unas décadas, e incluso que se avengan a casar gays. Al fin y al cabo, hoy en día, en un país como Argentina, casi ningún católico llega ante el altar sin haber conocido (en el sentido bíblico) a su pareja y sin haber convivido con ella en unión de hecho por un tiempo a ver cómo va la cosa, y los curas por supuesto hacen la vista gorda porque los casamientos, con alfombra para la novia, flores blancas en los bancos y la marcha nupcial tocada por un organista, se pagan, y se pagan muy bien, así que no hay que espantar a la clientela.
Se trata de una decisión administrativa que no supuso discusión pública sino un reconocimiento de derechos humanos básicos y una reinterpretación de normas ya vigentes, de manera que no fue una noticia de alto perfil.
Por otro lado, aquí en la provincia de Santa Fe hay un proyecto de ley de unión civil, es decir, un contrato de pareja (que no discrimina entre hetero- y homosexuales), que ya está casi listo y que deberá sortear el conservadurismo de un Senado provincial compuesto por mayoría de hombres de pueblo chico, peronistas, católicos y conservadores.
Todavía no he escuchado reacción alguna de la Iglesia Católica. Recordemos que la Iglesia se opone a cualquier unión de pareja que no sea el matrimonio católico y a todo reconocimiento de la condición de las parejas del mismo sexo, argumentando que estas cosas son antinaturales, que son ataques contra la familia y el sagrado sacramento del matrimonio, etc. etc. Es de esperar que se les pase en unas décadas, e incluso que se avengan a casar gays. Al fin y al cabo, hoy en día, en un país como Argentina, casi ningún católico llega ante el altar sin haber conocido (en el sentido bíblico) a su pareja y sin haber convivido con ella en unión de hecho por un tiempo a ver cómo va la cosa, y los curas por supuesto hacen la vista gorda porque los casamientos, con alfombra para la novia, flores blancas en los bancos y la marcha nupcial tocada por un organista, se pagan, y se pagan muy bien, así que no hay que espantar a la clientela.
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