viernes, 14 de mayo de 2010

Cynthia Hotton, las creencias y los hechos (A187)

Cynthia Hotton
En algún momento entre ayer por la tarde y esta mañana la diputada nacional y cristiana evangélica fundamentalista Cynthia Hotton decidió que ya no quería ser mi amiga en Facebook, de manera que ya no podré ilustrar por ese medio a ella y a la feligresía que la acompaña y la cubre de bendiciones cada vez que pronuncia sus discursitos melosos sobre los niños “que necesitan un papá y una mamá”.

Ha sido una experiencia interesante. El muro de Hotton está abierto, de todas formas, así que podré seguir leyéndolo. En realidad, me sorprende que la amistad no se haya cortado antes, en vista de mis ocasionales pero filosas observaciones. Entiendo que la gota que rebalsó el vaso debe haber estado en esta conversación (hacer click para ver la imagen original):


En general Hotton no se mete mucho en su propio muro, y sus amigoscasi todos ellos evangélicos fundamentalistas— charlan entre sí. Pero después de la aparición de Hotton hablando contra el matrimonio homosexual en dos programas de televisión en esta última semana hubo en el muro una inundación de comentarios aprobatorios (y alguno crítico o irónico), y Hotton, halagada, se puso a leerlos uno por uno. Como se ve, al final de la conversación donde intervine, dejó una frase de cierre definitiva, y que dice mucho de ella:
no trates de convencernos, estamos muy seguros de lo q creemos
Hay unos cuantos temas sobre los cuales yo podría decir lo mismo, y cualquiera de mis lectores también, creo. Pero si uno lee con cuidado, queda claro que no se trata de convencer. Hotton y sus seguidores piensan en términos de creencias, y proyectan esa manera de pensar hacia todos. Convencer es usar la retórica y un cierto grado de influencia emocional para que el otro cambie de idea o —así lo entiende Hotton— descarte sus creencias.

Yo, por ejemplo, creo que debe existir un consenso, y respetarse como cosa casi sagrada, sobre los derechos humanos. No tengo argumentos objetivos que respalden la idea de que todos los seres humanos debemos ser iguales ante la ley; es una creencia mía, una de ésas de las que le diría a cualquiera “no trates de convencerme, porque estoy muy seguro de lo que creo”. Si quisiera que otro pensara como yo, tendría que buscar convencerlo. Podría usar argumentos racionales de toda clase pero en último término sería cuestión de cambiar creencias.

Por otra parte, yo creo que los homosexuales deben tener derecho a casarse y adoptar hijos, pero lo creo porque que los argumentos en contra basados en supuestos daños a la personalidad y desarrollo de los niños han sido desmentidos por la ciencia. Si alguien intenta hacerme cambiar de idea, lo que tiene que hacer es mostrarme evidencia científica, no convencerme. No es cuestión de creencias o de convencimiento si los homosexuales pueden o no criar niños sanos; es cuestión de hechos.

Ante el destino incierto del asunto de la adopción por parte de parejas gay, Hotton está promoviendo que se realice un plebiscito o consulta popular vinculante para que la población se exprese. Esta noción apela a la instintiva y bastante estúpida idea, común en nuestra Argentina progresista-sólo-en-teoría, de que “cuanto más democrático, mejor”, y encuentra adherentes incluso entre algunos progresistas verdaderos que apoyan personalmente el derecho a la adopción, pero no están seguros de que la sociedad esté lista para ello, o bien creen ingenuamente que la mayoría de los votantes esté a favor.

La realidad es que probablemente no es así, ya que muchos prejuicios y temores irracionales permanecen; pero en todo caso, y como ya dije incontables veces, los derechos civiles no se plebiscitan. Un derecho se reconoce o se niega, pero no se somete al capricho de las mayorías. El caso de la adopción por parte de parejas homosexuales es uno de ésos en que la ley debe ir por delante del consenso social.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Adultos y asustados (A186)

La media sanción legislativa del proyecto que permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo en Argentina causó, a nivel oficial, sorprendentemente pocas reacciones. Unos pocos líderes religiosos lo calificaron en términos duros pero con un lenguaje relativamente mesurado (a excepción de cierto rabino ortodoxo). Bajo esa aparentemente grave compostura, sin embargo, circula una corriente de prejuicio desnudo y de odio indisimulado.

La nueva familia en Argentina se llama una presentación Powerpoint que está circulando por e-mail, entre personas que no son evangélicos fundamentalistas ni numerarias del Opus Dei, sino probablemente las más típicas señoras de misa dominical. Apelo al autocontrol de los lectores.


Si llegaron hasta el final, verán que la única referencia religiosa es la palabra “Dios” en la última diapositiva. Sin embargo, esto me llegó a través de una persona católica (que estaba algo asqueada por el odio que transmite esta propaganda, y perpleja por la idiotez de los argumentos) que a su vez la recibió de otra con la siguiente nota:
Sin comentarios, pero sería bueno difundirlo. Muchos cristianos (evangélicos, católicos, ortodoxos), parecen desconocer las sagradas escrituras, y más aún algo de Derecho Natural.
No entiendo la referencia a las “sagradas escrituras”, a menos que se refiera a la ley que manda matar a los hombres que se acuestan con otros hombres, y que me atrevería a juzgar incompatible con “respetar a los homosexuales como seres humanos”, que la diapositiva nº 20 considera “indispensable”, aunque las precedentes hagan justamente lo contrario. En cuanto al “Derecho Natural”, quizá algún abogado o académico legal pueda ilustrarme, pero entiendo que esta forma de concebir las leyes y la ética no es necesariamente equivalente a la doctrina católica, antihumanista y represiva, de la cual se pretende hacerla sinónima.

No me detendré en las estúpidas preguntas que se hace la presentación salvo para hacer notar que todas, sin excepción, apelan al miedo: miedo a lo diferente, miedo a la sexualidad, y un terrible miedo —me parece— a que la próxima generación de argentinos sea más libre que la actual y le cuestione a sus padres y abuelos el oscurantismo que su religión les metió en la cabeza.

Soy heterosexual, nacido de un matrimonio casado en primeras nupcias por civil y por la Iglesia Católica; mis padres me bautizaron, me hicieron tomar la Comunión y la Confirmación, asisten a misa con regularidad, y nunca se divorciaron. Hace un siglo, la falta de cualquiera de esos ítems me hubiera hecho a mí o a ellos un paria.

Cuando yo nací, no ser bautizado todavía era una anormalidad (en familias de raíz católica). Y casi estaba en la pubertad cuando la ley de mi país permitió a las parejas infelizmente casadas divorciarse. Mis padres todavía creían que una madre soltera era una aberración, y una pareja no casada algo necesariamente frágil y vagamente inmoral. Si mi orientación sexual se hubiera revelado entonces como homosexual, hubiera sido una tragedia, como una enfermedad en la familia. Para cuando terminé la adolescencia el divorcio todavía era un leve estigma, y la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo, una locura.

Hoy soy un adulto, y a mis padres no les importa un comino si estoy casado o en concubinato, o si voy a misa, y si me casara y me divorciara veinte veces, o les diera un nieto gay, sólo les preocuparíamos nosotros, las personas, y no lo que su religión piensa de nosotros. Y que dos hombres o dos mujeres se casen les tiene sin cuidado.

Hoy el matrimonio gay suena como una rareza, pero una rareza inofensiva, para una mayoría. Creo que ya somos adultos.

domingo, 9 de mayo de 2010

Moral superficial (A185)

La revista Vanity Fair decidió hacer fotos de algunos de los grandes astros del fútbol mundial posando en ropa interior con los diseños de las banderas de sus países. Entre estas figuras mundialmente conocidas está Ricardo Izecson dos Santos Leite, más conocido como Kaká, que se convirtió al evangelismo a los 12 años y es uno de los niños mimados del cristianismo pedestre latinoamericano.

Como Kaká es cristiano, sólo se desnudó el torso y, con los pantalones un poco caídos, dejó que se viera lo suficiente del calzoncillo como para que se identificara la bandera de Brasil. Este gesto de incomparable grandeza moral y virtud cristiana, por el cual (hemos de suponer) no ganó ni un centavo menos que los centenares de miles de dólares que deben haber cobrado sus colegas, lo colocó casi a la altura de un santo. Como dice Protestante Digital,
[A]l parecer intentó la fotógrafa Annie Leibovitz que Kaká se pusiese al mismo nivel de desnudez de sus compañeros.

Pero fue imposible; todo porque Kaká mantiene una moral acorde a su fe cristiana y su vocación de llegar a ser pastor cuando se retire del fútbol. No en vano lleva una vida ordenada, alejada de las salidas nocturnas tan habituales en jugadores de su edad y fama; e incluso llegó virgen al altar, para cumplir su compromiso como joven cristiano de no tener relaciones prematrimoniales.
Se deduce de esto que la moral cristiana es una línea horizontal que pasa aproximadamente por la altura de las crestas ilíacas (en el hombre, claro está), y que la utilización del atractivo sexual para ganar dinero es lícita siempre y cuando uno se deje puestos los pantalones.

Ahora en serio, ¿se dará cuenta alguna de estas personas de lo superficial, esquemática, estúpida que se oye su fe cuando la expresan de esta manera? No salir de noche, llegar virgen al matrimonio y no mostrarse en ropa interior en una sesión de fotos de ropa interior son tres ejemplos de los requerimientos “morales” más idiotas que pueden concebirse. Ni salir de noche, ni el sexo prematrimonial ni bajarse los pantalones pueden, en sí, dañar a nada ni a nadie. Las salidas nocturnas pueden presentar tentaciones difíciles de vencer para un joven famoso y que tiene tanto dinero que puede usar billetes como papel higiénico, así que concedamos que sí, son un peligro para la moral. El sexo… bueno, lo del sexo es la idea fija de las religiones abrahámicas, así que dejémoslo. Pero ¿la ropa interior? ¿Kaká es mejor persona porque sus genitales están cubiertos por dos capas de ropa en vez de una?

Cosas así son las que hacen que muchos ateos, que podríamos ser más comprensivos y respetuosos con ciertos creyentes que no nos hacen daño, perdamos el control y nos larguemos a reír hasta rodar llorando por el piso. El pudor no es moral, es un complejo de tabúes que aceptamos porque nos ordena la vida y no nos molesta demasiado (¡salvo cuando el clima es caluroso y tenemos que esperar a llegar a casa para quitarnos la ropa!). Negarse a mostrar ciertas partes del cuerpo porque un voyeur sobrenatural omnipresente está controlando no hace virtuoso a nadie; que nos digan tal cosa y con tanta solemnidad sólo merece una carcajada.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Matrimonio gay: media sanción (A184)

Ayer fue un mal día para el fundamentalismo religioso en Argentina. A pesar de cadenas de oración y renovado ayuno de los grupos evangélicos conservadores, a pesar de severas advertencias episcopales y de reuniones de lobby de la Iglesia con algunos legisladores, esta madrugada se dio media sanción en la Cámara de Diputados al proyecto de modificación del Código Civil que permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo, con 125 votos a favor, 109 en contra y 6 abstenciones.

Ahora falta el paso por el Senado, que promete ser más difícil debido a la correlación de fuerzas entre conservadores y progresistas, aunque es posible que la derrota numérica y moral de anoche hayan mellado las fuerzas de la homofobia organizada.

Escribo que el proyecto permitirá el matrimonio homosexual, en futuro y no en potencial, porque entiendo que —no mediando una catástrofe sociopolítica— este derecho será garantizado tarde o temprano, por la aprobación de este proyecto de ley o de uno idéntico, si es que la Corte Suprema no decide antes declarar la inconstitucionalidad de los artículos discriminatorios del Código Civil, tema con el que ya está tratando.

Y hablo de la derrota moral de la oposición homofóbica en el Congreso porque, a partir de los discursos que escuché, quedó claro que de ese lado no hay argumentos de sustancia.

El conservadurismo comenzó ya un paso atrás: casi todos los diputados que iban a votar contra el dictamen de mayoría (el de la eliminación total de las referencias a la heterosexualidad del matrimonio) se sintieron obligados a proclamar una y otra vez que no eran discriminadores, que los homosexuales tienen derecho a vivir en pareja y ser reconocidos, que nadie más que ellos querían la igualdad entre todos, etc. etc. La mayoría de estos diputados expresó su adhesión al dictamen de minoría, que era la alternativa de crear una unión o enlace civil para parejas, con menos derechos que el matrimonio.

El tema del derecho a la adopción de niños fue usado hasta el hartazgo, al igual que los remanidos asuntos del matrimonio como célula básica de la sociedad “con la cual no podemos ponernos a hacer experimentos”, y el matrimonio concebido como mecanismo de procreación para la supervivencia de la raza humana.

El debate comenzó a las dos de la tarde y terminó más de doce horas después, a la madrugada. Obviamente no pude seguirlo todo, ni seguirlo con atención; en distintos medios están siendo publicados resúmenes, transcripciones y videos de las intervenciones de distintos legisladores, que dejo al lector buscar por su cuenta.

El diputado Ledesma, con bastante mala dicción, comenzó su alocución citando la creación del hombre y la mujer en el Génesis, y afirmando su fe y el carácter católico de la sociedad argentina. La diputada Carrió solicitó una interrupción para pedirle, con su habitual tono mesurado pero demoledor, que hablase por su propia fe, porque otros que también leen la Biblia y son católicos consideran que “la primera Ley es el Amor”. Carrió, un misterio (o una esquizofrénica, según unos cuantos), argumentó luego —dicen— muy bien en favor del matrimonio homosexual, pero terminó absteniéndose en la votación final.

La diputada Hotton dio un discurso que versaba en primer lugar sobre sí misma, víctima (según dijo) de amenazas de muerte por los grupos pro-gay, y dijo que ella no iba a cambiar su voto negativo porque representaba a “millones y millones y millones” (sic) de personas que la votaron. Dijo que había habido “cierta presión” sobre el Congreso para tratar el tema, y después recitó, con dicción de maestra de escuela preocupada, la vieja retahíla sobre el derecho de los niños a tener papá y mamá. Fue con mucho el peor discurso de los que escuché, inarticulado, lleno de clichés y voluntarismo.

La diputada Castaldo aclaró que tenía amigos gays y que eran buenas personas, luego de dedicarle diez minutos a un argumento contra ellos (causa gracia porque al menos en Argentina la muletilla de “yo tengo amigos judíos” es el proverbial preámbulo de los antisemitas no asumidos; lo de los amigos gays va camino de convertirse en un tópico similar). Se detuvo en el tema de los niños, reflexionando que las familias con padres homosexuales siempre serán una minoría, y que como ocurre con las minorías, los niños adoptados por ellas serán discriminados; ergo, no debemos permitir que adopten. Lo obtuso de este argumento, construido a partir de una profecía autocumplida y de un conformismo incompatible con la función del legislador, se le escapó.

La falacia de la pendiente resbaladiza también asomó su fea cabeza, cuando un diputado cuyo nombre no recuerdo reclamó saber con qué fundamento, si dejamos que los homosexuales se casen, le íbamos a negar el matrimonio a grupos de personas, a hermanos entre sí, o a personas con animales. (La diputada Hotton también tocó ese fondo.) El diputado Carlotto denunció esta idiotez por lo que era.

Como cosa aparte y menor, o quizá no, debo decir que la mayoría de las intervenciones de los legisladores anti-MH resultaron de muy baja calidad discursiva y argumental. En particular, muchos de ellos parecían estar leyendo un guión escrito por alguien más y no ensayado, y unos cuantos hubieran merecido un aplazo en lectura. El diputado Fortuna, por ejemplo, perdió por el camino casi todas las eses de fin de sílaba, pronunció todas las equis como eses (¡lo matrimonio ’mosesuale!), y tardó cinco intentos en leer de corrido la palabra “complementariedad”. Lejos de mí discriminar a una persona común por no haber tenido una educación de calidad o por hablar con algún acento no estándar; pero Fortuna no tenía esas excusas.

Del otro lado, algunas intervenciones del bando positivo fueron brillantes; algunos, desde la sociología y la jurisprudencia, enhebraron argumentos abstractos muy buenos; otros, desde lo anecdótico, le dieron vida a un debate que los opositores trataban de despersonalizar. La sorpresa, para mí, fueron los cambios de última hora. Aunque no estoy seguro de cuántos fueron, y cuántos fueron fruto de una verdadera convicción, fui al menos testigo de uno de ellos, cuando la diputada Risko dijo en su alocución que, aunque su postura había sido de duda, escuchar a los que hablaban en contra del proyecto la había convencido de votar a favor. La abstención de Carrió, aunque desilusionó, fue también resonante, ya que al comienzo del debate todos contaban con que iba a votar negativamente, y terminó prometiendo que votaría a favor si su voto fuera crucial.

Éste es un blog sobre religión, tema que jugó muy fuerte tanto explícita como implícitamente en el debate, pero que no fue su objeto principal. Me encuentro de pronto disculpándome con ustedes por escribir tanto sobre un tema que no es el de Alerta Religión. No obstante, creo que tiene su justificación, y esta resistencia inconsciente mía a escribir más es un indicador certero: el matrimonio no se trata de religión, pero el matrimonio como lo hemos conocido hasta ahora giró siempre en torno a la religión en el imaginario social, y las facciones más retrógradas de cada religión han aprovechado el matrimonio, fruto del amor de las parejas y de la necesidad humana de vivir en compañía, para predicar un mensaje de exclusión, de sometimiento de la mujer al hombre y de los niños a los padres, de exaltación de la natalidad y degradación de la infertilidad. Es el Génesis el que en unas pocas frases nos separa en hombres y mujeres, culpa a la mujer de la lujuria del hombre, carga a la mujer con la obligación de parir y sufrir y al hombre con la de trabajar bajo el sol, y nos comanda a ambos a someter por la fuerza del número a las otras formas de vida.

Los derechos de los homosexuales no son el tema de este blog sobre religión, pero la religión ha invadido ese terreno, como una mala hierba de insidiosos rizomas subterráneos, desde siempre. Ella se ha buscado este lugar, de donde ahora hay que expulsarla. El matrimonio, en Argentina y a partir de anoche, ya no se trata tanto de todo esto; las cadenas de la vieja religión se han aflojado un poco.

martes, 4 de mayo de 2010

Legisladores argentinos confundidos por Dios (A183)

La modificación del Código Civil argentino que permitiría el matrimonio homosexual no pudo votarse en la Cámara de Diputados el miércoles pasado por chicanas políticas de oficialismo y oposición —un fiasco de lo más usual—, pero los evangélicos fundamentalistas que venían haciendo fuerza para que la abominación no ganara creen que todo fue gracias a Dios, cuyo poder confundió las mentes de los malvados legisladores pro-gay, como respuesta al ayuno y la oración de los fieles.

Celebrando este triunfo, las agrupaciones evangélicas ACIERA y FECEP enviaron este mensaje a los suscriptos a su lista de correo. Leed y carcajearos.

 ALELUYA, HERMANOS, ¡¡¡DIOS HA MANIFESTADO UNA VEZ MÁS SU SOBERANO PODER!!!
Hemos experimentado una vez más CON PLENO GOZO cómo Dios demuestra ser soberano y estar en control de todo lo que pasa. Hemos comprobado una vez más EL PODER DE LA IGLESIA EN AYUNO Y ORACIÓN.

¡DEBEMOS SEGUIR ASÍ!

Sabiendo que nuestra guerra no es contra sangre ni carne, sino contra potestades en las regiones celestes (Ef. 6:12), deseamos enumerar los hechos, tal como se han ido desencadenando:

El jueves 15 fuimos testigos de una jornada aberrante en las Comisiones de la Cámara de Diputados de Familia y Legislación General, que tuvo como protagonistas a los honorables diputados elegidos por el pueblo. Allí literalmente sufrimos (sin poder decir ni una sola palabra) la aprobación por amplia mayoría del DICTAMEN FAVORABLE para tratar en el recinto el proyecto de ley para habilitar el casamiento de personas del mismo sexo CON ADOPCIÓN, modificando así el Código Civil de la Nación. Esa actitud de impotencia fue el disparador para lo que consideramos un hecho histórico: LA IGLESIA DE CRISTO ESTUVO PRESENTE EN MEDIO DE ESOS ACONTECIMIENTOS.

Con urgencia, el Cuerpo de Cristo se movilizó para organizarse y manifestarse públicamente. Los pastores, las iglesias y sus miembros reaccionaron con valentía, convicción y compromiso frente a los hechos.

El martes 20, una multitud de personas DIJO PRESENTE en la plaza del Congreso. Se oró. Se dio la palabra profética. Se concretó una manifestación CÍVICO-ESPIRITUAL. Quizás POR PRIMERA VEZ, la iglesia de Cristo se manifestó en la Argentina, en forma pública y masiva a favor de una idea básica de Dios: EL MATRIMONIO ES ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER.

Por la noche, en el programa “Otro tema” de Santo Biassatti, los cristianos pudimos dar nuestro parecer de un modo contundente ante la teleaudiencia. En ese mismo sentido, la manifestación del martes tuvo una buena repercusión en los legisladores nacionales, haciéndoles notar que MILLONES DE ARGENTINOS ENCARNAMOS EL MENSAJE DE LOS NIÑOS:
"QUEREMOS UN PAPÁ Y UNA MAMÁ".
Lo acontecido EL DÍA MIÉRCOLES 28 nos permitió una vez más ver claramente el actuar de Dios ampliamente manifestado en el relato bíblico: JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS desplegó todo su poder y soberanía. LITERALMENTE, nuestro Dios CONFUNDIÓ LA MENTE de los individuos.
La amplia cobertura periodística DIO CUENTA CONTUNDENTE del modo en que la mayoría de los diputados NO PODÍAN ENTENDER CÓMO SE HABÍA FRUSTRADO EL DESARROLLO DE LA SESIÓN. No lograban explicarse cómo EL QUÓRUM QUE ESTABA GARANTIZADO, no se alcanzó. CÓMO LA COYUNTURA POLÍTICA sirvió de excusa para cerrar las puertas al tratamiento de la Ley de casamiento homosexual con adopción de menores. Vimos cómo, CONFUNDIDOS, UNOS SE ENFRENTABAN A OTROS, abiertamente, ante toda la nación.
¡¡HABÍAMOS ESTADO EN AYUNO Y ORACIÓN!! ¡¡Y ES ASÍ COMO SE OBTIENE LA VICTORIA EN EL REINO DE DIOS!!
De modo, amados hermanos, QUE DEBEMOS CONTINUAR POR EL MISMO CAMINO: AYUNO - ORACIÓN - PARTICIPACIÓN CIUDADANA.
Somos la Iglesia de Cristo, columna y baluarte de LA VERDAD. Si persistimos en el ayuno, la oración y la participacion sabemos que sobre nosotros descansa LA MANO PODEROSA DE DIOS.
SIGAMOS LUCHANDO ESPIRITUALMENTE POR LA CAUSA DE CRISTO Y, COMO HEMOS PROCLAMADO CON FE, VEREMOS DÍAS PODEROSOS DE LA MANIFESTACIÓN DE LA GLORIA DE DIOS.
¡A ÉL SEA TODA LA GLORIA, LA HONRA Y LA ALABANZA POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS!


Consejos Directivos de ACIERA y FECEP.
El texto está disponible (sin restricciones) en el hosting de la lista de correo, y probablemente salga publicado pronto en el blog de ACIERA, donde en este momento el último post es la convocatoria que hicieron el lunes 26.

Hay que tener en cuenta que estas personas no están locas, aunque lo parezcan. (Si lo estuvieran, serían mucho menos peligrosas.) Ocurre que viven imbuidos en un modo de pensar que pone los mitos bíblicos como centro y explicación de todos los sucesos. A diferencia de otros creyentes, ellos creen que cada palabra de la Biblia es cierta, que las epopeyas heroicas del pueblo de Israel son historia, y que cada cosa que sucede en el mundo tiene relación con alguna parte del texto bíblico. Se apuntan al Antiguo Testamento y encuentran paralelos entre ellos y el antiguo Israel. Las historias bíblicas atribuyen a Dios y a la voluble devoción de los israelitas las altas y bajas de la historia del reino de Israel, pero en realidad, como vimos al reseñar La Biblia desenterrada, son un intento de los sacerdotes de buscar un origen a las vicisitudes del Pueblo Elegido, que a su vez suelen ser ficticias.

Así pues, los fanáticos de ACIERA y FECEP aparentemente interpretan lo ocurrido en el Congreso como una mezcla entre una intervención directa pero sutil de su dios, como en el mito de la Torre de Babel (en que Dios confundió las lenguas de los que construían la torre, de manera que no pudieron entenderse y su blasfema empresa de llegar al cielo quedó truncada), y una intervención mediada por el ritual, similar a la historia fictica del derribo de las murallas de Jericó (en que Dios ordenó a los israelitas dar vueltas alrededor de la ciudad con el Arca de la Alianza, tocando trompetas y gritando).

Lo que falla en este esquema es que de hecho todos entendemos perfectamente qué ocurrió (políticos mezquinos intentaron engañarse unos a los otros y la sesión fracasó); y el Congreso no se derrumbó sobre los perversos legisladores dispuestos a permitir que los homosexuales se casen entre sí, cosa que sin duda hubiera ocurrido —si no algo peor, involucrando fuego y azufre— si el sangriento Jehová del Antiguo Testamento, Señor de los Ejércitos y primer genocida de la ficción universal, hubiera estado realmente presente.

Además, los partidos ya acordaron tratar el proyecto están tratando el proyecto en este mismo momento. Y salvo sorpresas de última hora, el mismo debería ser aprobado y girado al Senado sin más.

Para quien le interese, FECEP tiene una página en Facebook (de la cual es fan nuestra vieja amiga la diputada Cynthia Hotton) y el usuario de YouTube PulsoCristiano tiene un canal donde ha publicado videos de la manifestación del 20 de abril.

El texto del comunicado me fue enviado por un lector de este blog y cristiano luterano, miembro de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), que tiene una postura positiva sobre este tema. Entiendo que lo hizo porque le pareció terrible y gracioso a la vez, como a mí, y porque debe molestarle un poco que metamos a todos los evangélicos en la misma bolsa que estos cavernícolas. Es justo mencionarlo porque aquí criticamos no la religión en sí sino sus efectos dañinos. ¡Muchas gracias!

domingo, 2 de mayo de 2010

Aguer sobre la laicidad en los liceos militares (A179b)

El Ministerio de Defensa eliminó la asignatura de religión católica del programa de enseñanza de los liceos militares, como habíamos mencionado hace casi un mes, pero aparentemente la decisión se ha hecho oficial recién en estos días, y como era de esperarse, nuestro viejo amigo el obispo antilaicista Héctor Aguer ha tenido palabras poco amables.
Para el presidente de la comisión de Educación del Episcopado, el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, la decisión "implica un lamentable retroceso, ya que la ley de Educación Nacional -que fue sancionada en 2007- consagró el concepto de educación integral. Es evidente que no se debe excluir la dimensión espiritual y religiosa del currículo escolar", puntualizó Aguer ante una consulta de Clarín.
Aguer también mentó a José de San Martín y a Manuel Belgrano, los dos próceres argentinos considerados más impolutos en su trayectoria, recordándome a los conservadores estadounidenses que citan a los Padres Fundadores. La diferencia entre nuestro caso y el norteamericano es que al menos Belgrano y San Martín sí eran creyentes y devotos católicos (San Martín era masón, pero no anticlerical ni laicista como algunos de sus compañeros de logia). San Martín instituyó rezos obligatorios en el Ejército y encargó a Belgrano pagarles sueldos a los capellanes castrenses, aunque seguramente no poco tuvo que ver en esto su necesidad de apoyo de parte de la Iglesia en medio de la guerra por la independencia.

En algo se parecen los países, no obstante, y es que ni aquí ni en Estados Unidos la ley considera las creencias de los padres de la Patria como obligatorias o siquiera indicativas de lo más recomendable para la nación, y eso está muy bien. 

La Constitución argentina, aunque incluye una desafortunada adhesión del Estado a la Iglesia Católica, está copiada del modelo liberal de la de Estados Unidos, del cual proviene también la mención de Dios como “fuente de toda razón y justicia” que aparece en el Preámbulo, y que responde a un trasfondo deísta —la Divinidad como estructura de orden—. Si vamos a debatir usando la tradición, podemos soslayar a los próceres, que lucharon por la emancipación de un territorio colonial amplísimo y no por una nación o por una democracia pluralista, y deberíamos también descontar a los gobiernos fraudulentos de la Década Infame y a los gobiernos ilegales militares (todos ellos muy católicos y mimados por la Iglesia).

Los gobiernos que siguieron a la proclamación de la Constitución y que formaron el país fueron de raíz liberal y laica, al igual que el gobierno surgido de la restauración democrática en 1983. El actual gobierno kirchnerista, que no es en absoluto liberal, se ha inclinado de a poco hacia una laicidad pragmática, como resultado de sus pujas de poder con la Iglesia Católica.

El diario derechista La Nueva Provincia reproduce una noticia de la agencia DyN sobre el tema y cita a Aguer hablando de “un laicismo ancestral” que “impide incluir la dimensión religiosa y una visión trascendente en los contenidos de la educación que se enseñan en las aulas”. Dejemos de lado el enigmático adjetivo ancestral. El sutil cambio de laicidad por laicismo sirve al fin de los sofistas como Aguer de relacionar la educación laica con una supuesta ideología atea o marxista. En realidad la “dimensión religiosa” de la que habla Aguer es la doctrina católica tradicional, que en el caso del Ejército ha servido de maravillas para formar soldados y oficiales unidos por un espíritu de grupo y una fe que considera torcidamente la defensa de la Patria —es decir, la buena gente del país, por oposición a marxistas, inmigrantes, masones o judíos— como superior a la ley y a los derechos humanos, y que no ha ganado una sola guerra pero que sí ha servido para justificar repetidos —más bien consuetudinarios— golpes de estado.

Las exhortaciones de Aguer y otros jerarcas eclesiásticos nunca apuntan al pluralismo religioso. La educación laica no plantea objeción alguna contra la idea de una clase de religiones comparadas o una clase de estudio de la historia y mitología de una religión particular. De hecho, en el caso de los liceos militares, una asignatura de este tipo podría servir para contrarrestar décadas de formación exclusivista católica. Pero tal asignatura requeriría primero de maestros formados adecuadamente y dispuestos…

La cantinela sobre la “educación integral” también es una distracción. Por “integral” los obispos entienden una educación que les diga a los alumnos cómo comportarse moralmente, instrucción que por fuerza no puede dar sino un catequista. Atentos a su proclamado principio de primacía de la familia sobre la educación de los niños, los proponentes de la clase de religión en la escuela aclaran que los padres no católicos podrían pedir que sus hijos sean exceptuados de la asignatura. Así se hizo en muchas ocasiones en la escuela pública argentina, creando una división donde no debería haberla, etiquetando a los niños por religión en un espacio donde no debería haber tales diferencias, y transformando a los niños exentos de la clase en niños educados deficientemente. Salvo por esta concesión, los obispos jamás pidieron respeto para el derecho de los padres a educar a sus hijos en su propia religión: ese derecho sólo lo invocan para el catolicismo. Y no cualquier catolicismo: no vaya a ser que algún fan trasnochado de la teología de la liberación o de una corriente progresista se aproveche del título de catequista para meterle ideas revolucionarias en la cabeza a los hijos de los católicos, como que Jesús era un rebelde o que los pobres heredarán la tierra.

Educación “integral” para Aguer y Cía. es también, paradójicamente, una educación a la cual se le han cercenado los contenidos referidos a la sexualidad y a las variadísimas formas en que los seres humanos encaramos esta parte de nuestra existencia. Estos contenidos también serían muy útiles para terminar con la tradición machista y homofóbica del Ejército Argentino. Por desgracia, la Ley de Educación Sexual Integral (sin comillas) formalmente aprobada en 2006 es en casi todo el país letra muerta, en gran medida gracias a la resistencia de la Iglesia y de sus fieles con poder político.


De todas formas, hay motivos para alegrarse. Sin caer en simplificaciones peligrosas, es casi seguro que si Héctor Aguer llama “lamentable retroceso” a algo, estaremos ante un indudable progreso.